Tendencias 21
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Agnósticos, laicistas y cristianos en la España actual: ¿Es posible el diálogo?

El Catedrático de Filosofía Política de la UNED Antonio García Santesmases replantea la cuestión religiosa


¿Estamos condenados los españoles a no poder entendernos, a pesar de las diferentes culturas políticas y religiosas? ¿Cuál puede ser el papel mediador de los intelectuales? El profesor Antonio García Santesmases, Catedrático de Filosofía Política (UNED, Madrid), ofrece perspectivas abiertas para un diálogo en un artículo aparecido en la revista Iglesia Viva. Con su autorización, reproducimos algunos textos y se presentan algunos comentarios. Por Leandro Sequeiros.



 A diferencia de otras épocas, en la actualidad existen en España actitudes de pluralismo dentro del agnosticismo, del laicismo y del cristianismo. Esto requiere un análisis riguroso para saber detectar diferencias y convergencias dentro de estas corrientes ideológicas, filosóficas y religiosas.
 
El profesor Antonio García Santesmases, Catedrático de Filosofía Política (UNED, Madrid) ofrece perspectivas abiertas para un diálogo en la revista Iglesia Viva (número 261, enero-marzo 2015, sobre “La política hoy, entre la utopía y el pragmatismo”), en un interesante artículo: “Agnósticos, laicistas y cristianos: entre la confrontación y el diálogo ” que comentamos a continuación.  
 
El intento de agrupar a los intelectuales españoles en un proyecto político común fue uno de los aparentes fracasos de Ortega y Gasset con su Agrupación al servicio de la República. ¿Estamos condenados los españoles a no poder entendernos a pesar de las diferentes culturas políticas y religiosas? ¿Cuál puede ser el papel mediador de los intelectuales? En opinión de Santesmases, nos encontramos en un momento propicio para este inicio de diálogo que construye puentes entre agnósticos, laicistas y cristianos.
 
Escribe: “El tema que abordo en estas páginas muestra que la religión y los temas que colateralmente tienen que ver con ella no ha desaparecido del debate público, sino que, por el contrario, va a estar cada vez más presente, si tenemos una mirada mundial sobre los acontecimientos que están teniendo lugar en España, en Europa y en la política internacional”.

Tipologías dentro del agnosticismo
 
Una de las aportaciones más iluminadoras de este artículo de Santesmases en Iglesia Viva es la presentación de una tipología. Una tipología siempre es reduccionista, puesto que supone un intento artificial de organizar realidades dispersas. Pero tiene la virtud de la claridad.
            
Escribe Santesmases: “En primer lugar, voy a presentar una tipología sobre las diversas corrientes intelectuales y políticas que existen dentro del agnosticismo y veremos cómo se sitúan en la polaridad diálogo/confrontación con el mundo cristiano. En segundo lugar, me centraré en el análisis de un espacio político e ideológico relevante para este tema como es el del PSOE. Finalmente, presentaré una reflexión sobre el futuro teniendo en cuenta el nuevo ciclo político en España y los atentados yihadistas en París en Enero de 2015”. Nos centraremos más en el primer aspecto relegando los dos puntos siguientes a un breve resumen.
 
La postura del agnosticismo
 
Aunque esta postura aparece modernamente con frecuencia en los medios de comunicación, el concepto no es tan antiguo. El Agnosticismo (que
no debe confundirse con gnosticismo) es una palabra que tiene una etimología clásica. La palabra “agnosticismo” (del griego α- [a-], ‘sin’; y γνώσις [gnōsis], ‘conocimiento’) es la postura que considera que los valores de verdad de ciertas afirmaciones —especialmente las referidas a la existencia o inexistencia de Dios, además de otras afirmaciones religiosas y metafísicas — son desconocidas o inherentemente incognoscibles.
           
De acuerdo con el filósofo William L. Rowe, en el sentido popular, un agnóstico es aquel que ni cree ni descree en la existencia de Dios, mientras que un teísta y un ateo cree y descree respectivamente. Se diferencia del ateísmo, en que este es el descreimiento en dioses, mientras que el agnosticismo es la mera suspensión de la creencia.

El biólogo británico Thomas Henry Huxley acuñó la palabra agnóstico en 1869. Sin embargo, algunos pensadores y obras de la antigüedad ya habían promovido puntos de vista agnósticos, incluido el agnosticismo de Sanyaia Belatthaputta (filósofo indio del siglo V a. C.) respecto de la existencia de cualquier forma de vida más allá de la muerte, el de Protágoras (filósofo griego del siglo VI a. C.) sobre los dioses y el del «Himno de la creación », parte del texto sagrado indio Rig-veda (uno de los textos conocidos más antiguos, compuesto probablemente entre 1500–1200 a. C.), acerca del origen del universo. Desde que Huxley creó el término, muchos pensadores han escrito extensamente sobre el tema.
           
El agnosticismo, de hecho, no es un credo, sino un método, cuya esencia radica en la rigurosa aplicación de un único principio. […] Positivamente, el principio puede expresarse: en cuestiones del intelecto, sigue a tu razón tan lejos como ella te lleve, sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Y negativamente: en cuestiones del intelecto no pretendas que son ciertas las conclusiones que no han sido demostrados o no son demostrables.
           
Dicho esto, conviene acudir otra vez a Santesmases. “En nuestro país y en el contexto europeo detecto cinco tipos de agnósticos, cuyas señas de identidad voy a comentar”.
 
1. El agnóstico neoliberal           

Estamos ante la figura dominante en el contexto económico-político. Una figura representativa de esta posición es Mario Vargas Llosa. Tras la caída del muro de Berlín se ha ido imponiendo como filosofía política dominante. La defensa del mercado, de la productividad, de la competitividad, de la desregulación y  de la privatización ha ido configurando una mentalidad que domina al conjunto de la sociedad y que, por tanto, afecta a la política, a la cultura, a la moral y a la religión.
   
Esta posición hegemónica ha sufrido una inflexión a partir de la crisis del año 2008 La globalización económica descontrolada ha provocado una necesidad cada vez mayor de asentar, de reavivar, de crear algún tipo de identidad. Esta identidad puede ser una identidad nacional-estatal, la identidad de una nación sin Estado, o la  identidad  de una minoría cultural dentro de un Estado.
    
El neoliberal pretende que el retorno de la lucha por la identidad no ponga en cuestión los principios del sistema económico hoy dominante. De ahí el interés por circunscribir a sus justos límites cualquier respuesta cultural, religiosa o moral que pueda atentar contra los imperativos del sistema.

Si se trata únicamente de compensar con algunos principios morales  genéricos los defectos del sistema, la religión es bienvenida. Si, por el contrario, la llamada a la fraternidad puede derivar en una crítica al sistema económico-político hay que procurar reconducir su crítica y metabolizar su denuncia.
     
La alianza entre el neoliberalismo económico y el neoconservadurismo moral ha durado mucho tiempo pero está comenzando a ponerse en cuestión con la llegada de Jorge Bergoglio al Vaticano.
 
 2. El agnóstico liberal
        
Estamos ante un tipo de liberalismo distinto al anterior. Aquí prima el liberalismo político y cultural, pues la preocupación por la autonomía política frente a cualquier tipo de imposición moral es la máxima prioridad. Dado que para este liberalismo la gran apuesta son los derechos cívicos, las religiones aparecen como una  cortapisa que pretende imponer su moral particular al conjunto de la ciudadanía.
 
Las religiones son percibidas como depositarias de una concepción metafísica del bien que considera que la suya es la única moral objetiva y, por tanto, es la que debe regir las leyes del Estado. Los puntos de fricción son conocidos: matrimonio homosexual, eutanasia, regulación del aborto. El choque se produce a la hora de distinguir entre Derecho y Moral, entre Verdad y Libertad, entre la Soberanía de los Parlamentos y el papel de las Iglesias. Figuras representativas de esta posición son Fernando Savater y Amelia Valcárcel.

Este debate lo hemos podido visualizar en torno a la ley que proponía  el ministro Gallardón. Para el mundo liberal-conservador la posición  de la jerarquía eclesiástica le  creaba grandes problemas porque muchos de los que coincidían con su diagnóstico de los males económicos, no compartían la posición moral neoconservadora. Las grandes formaciones políticas liberal-conservadoras saben que no pueden renunciar a dar cauce a las demandas del mundo católico conservador. Ahora bien, si en un momento determinado consideran que  van a sufrir   un precio electoral demasiado elevado, optan por dar marcha atrás.
 
Este ha sido el caso en España provocando la dimisión del ministro Gallardón y la retirada del proyecto de ley.   Una parte de los  votantes del PP que coinciden con la visión de la nación y de los recortes económicos que tiene esta partido, discrepaban abiertamente en lo que consideraban un empecinamiento excesivo del anterior ministro. A pesar de la importancia de Gallardón dentro del mundo conservador y de las presiones de la jerarquía eclesiástica, Rajoy ha decidido no seguir adelante con el proyecto de ley sobre el aborto que propugnaba Gallardón.
    
El liberal permisivo en materia moral suele encontrar su acomodo en el mundo de los partidos liberal-progresistas y en muchos electores de los partidos socialistas. Según él, la religión debe desarrollarse en el mundo de lo privado, sin interferir  en la esfera pública. Esta debe quedar protagonizada por las formaciones políticas que compiten en los procesos electorales y legislan las leyes en los Parlamentos. El mundo religioso es visto con recelo, con precaución, con cautela, como un adversario de la laicidad, del pluralismo moral y  de los derechos cívicos conseguidos.

3. El agnóstico socialista
  
Si el modelo del agnóstico neoliberal puede ser Mario Vargas Llosa y el del agnóstico liberal Fernando Savater,  el exponente máximo del agnóstico socialista está vinculado a la puesta al día del laicismo. En este campo existen diversas tendencias: desde posiciones fronterizas con la creencia cristiana como la que representaba Luís Gómez Llorente, hasta posiciones beligerantemente anticlericales como la que encarna Gonzalo Puente Ojea

Para el laicismo el mundo religioso es visto como antagonista y como aliado. Como antagonista del mundo secularizado de la modernidad al haber sido un factor retardatario de la emancipación política, del avance científico y de la secularización cultural. Un antagonismo que se ha sustanciado en el conflicto educativo que ha dividido a las fuerzas políticas durante años y años.
    
En relación al laicismo, al republicanismo y a la memoria histórica hay interpretaciones muy diferentes de laicistas y cristianos. Son posiciones plurales y, en ocasiones, antagónicas que se manifiestan visualizan en  los temas  relacionados con el papel del Estado, el lugar de la educación y  la conformación  de una ciudadanía democrática.
   
Si el debate lo vinculamos a las posiciones ante el sistema socio-económico las tornas cambian. Precisamente porque hay diversos tipos de cristianismos, nos encontramos con la existencia de un cristianismo profético dispuesto a luchar por los más débiles y favorable a caminar hacia la periferia del sistema. Este tipo de cristianismo constituye un aliado imprescindible de un socialismo contrario al actual sistema económico dominante.
 
Los sectores ubicados en este cristianismo pueden ser un aliado muy relevante tanto para el socialismo que considera que es deseable volver al modelo social de posguerra que está siendo arrumbado por el mundo neoliberal, como para el socialismo que piensa que  es imprescindible ir más allá del keynesianismo y apostar por un internacionalismo anticapitalista. Lo que el neoliberal vive con pavor en el mensaje del Papa Francisco, el socialdemócrata y el anticapitalista lo vive con esperanza.
 
4. El agnóstico ilustrado
              
Este tipo de agnóstico, como el que analizaré posteriormente, caracterizan al mundo filosófico más que al mundo político. He preferido analizar, en primer lugar, los tres anteriores porque creo que los profesores de filosofía acostumbramos a trascender a toda velocidad el contexto económico-político y ello nos impide captar conflictos de gran relevancia que marcan el mundo actual.

Hay que decir, sin embargo, que estos conflictos no son los únicos y tanto el neoliberal economicista, como el liberal permisivo, como el mismo  socialista se encuentran con un problema de fondo que trasciende estas categorías políticas. Todas ellas son posiciones ideológicas que remiten a la razón, a distintas formas de razón.
     
El problema con la religión (con las religiones), con el cristianismo (con los cristianismos) es que trasciende a la razón, la trata de superar, de completar, de compensar.
    
¿Es viable este intento de ir más allá de los mecanismos del mercado, de los procedimientos democráticos, de las políticas públicas y arribar al mundo del sentido? ¿Estamos ante un Sentido con mayúsculas o ante sentidos fragmentarios?
  
Más allá de precisar en qué medida las religiones pueden sanar el sistema socio-económico o aportar fraternidad a los sectores excluidos, hay aquí un problema de fondo que vuelve a poner encima de la mesa la cuestión de la identidad y los efectos de la globalización. Una identidad que remite a las raíces, a la historia, a los relatos, a las narrativas que nos damos los hombres para argumentar que hay un Sentido que llene nuestras vidas desde el origen hasta el ocaso, desde el principio hasta el fin.
    
Detrás de todos los debates acerca de la memoria de las victimas, de las demandas de justicia y de la apuesta por la reconciliación subsiste este problema. ¿Se le pide a la política que se haga cargo del sentido o es preferible dejar este mundo a las religiones? Un ejemplo de agnóstico ilustrado defensor del desencantamiento definitivo del mundo y receloso de cualquier escatología es Paolo Flores D’Arcais.
 
5. El agnóstico postmoderno
Una posición contraria a la de Flores D’Arcais, - y continuamos con el artículo de Santesmases - favorable a una razón fronteriza entre el mito y la filosofía, entre la modernidad y la posmodernidad, entre la Ilustración y la Postmodernidad sería la de Eugenio Trias.

El esfuerzo continuo de su obra por articular un Sistema y por reconocer la sombra de la existencia muestra ese debate nunca inconcluso entre razón e imaginación que inunda el Arbol de la vida por decirlo con el título del libro que da cuenta de  sus memorias.
       
Aquí la creencia y la increencia se sitúan lejos de la moral, lejos de la economía, lejos de la educación, lejos de las instituciones. Se ubican en ese mundo de la vida que está más allá de la razón  instrumental, en ese mundo donde anidan los sueños, las composiciones musicales o los experimentos cinematográficos. Se establecen en un mundo donde puede habitar lo irracional, lo impensable y por ello formas de identidad transgresoras de lo cotidiano, de lo convencional y también de lo racional. Formas quizás fragmentarias de sentido que tanto interesaron a sociólogos  como José María Mardones y que siguen teniendo fuerza en la actualidad.
 
Estos cinco tipos de agnósticos tienen diversas formas de establecer diálogos y confrontaciones con los diversos cristianismos y con los pensadores cristianos. Sin embargo, el tema que nos ocupa en este texto va más allá de los debates entre intelectuales. Afecta también a organizaciones culturales y a partidos políticos.

Un debate significativo
 
En España, el PSOE es un ámbito político-ideológico donde se entrecruzan diversas tendencias sobre la religión, el agnosticismo, el laicismo, las relaciones con la Iglesia y otras confesiones religiosas, la interacción del partido con los mundos cristianos y religiosos, así como con otras organizaciones enfrentadas a diversos sectores católicos.
   
En diversos encuentros y conferencias – prosigue Santesmases - me han interpelado sobre ese debate en el PSOE. En ciertos ámbitos, especialmente de cristianos progresistas, había causado sorpresa en unos casos, perplejidad en otros y dolor en los más, lo que entendían como una vuelta del PSOE a una posición de dureza en relación a la religión, resucitando un anticlericalismo trasnochado, fruto de un laicismo intransigente que exigía una privatización forzada de las creencias religiosas.
 
Para ellos se trataba de una posición regresiva que reflejaba una clara involución. Entendían que todo el esfuerzo realizado por tender puentes entre el socialismo y el mundo cristiano no había cuajado. Algo había fallado para que después de tantos años de diálogo entre unos y otros el mensaje que salía de la Conferencia Política no recogía en positivo estos esfuerzos. Algunos de mis interlocutores me comunicaron que vieron por Internet el desarrollo de todo el debate y que habían quedado claramente defraudados.
 
Nuevo contexto sociopolítico y nuevos conflictos
 
Pienso – prosigue Santesmases- que los puntos centrales del conflicto actual remiten a la tensión entre el neoconservadurismo moral y el laicismo liberal; entre el nacionalismo católico y el republicanismo laico; entre el neoimperialismo estadounidense y la alianza de civilizaciones; entre el pensamiento único y el cristianismo mesiánico.
  
El primer conflicto es el más claro. Para el militante socialista, herido por tantas dejaciones y por tantas políticas que no comparte, el motivo de orgullo está en la ampliación de los derechos cívicos. Si algo quedó claro en la Conferencia Política es que está muy vivo el combate por el matrimonio entre personas del mismo sexo y la oposición furibunda de la Conferencia Episcopal al matrimonio homosexual.
           
No aparece como un tema baladí, como una cuestión secundaria, como algo propio de un partido radical. Es el motivo principal de orgullo y desde esta perspectiva la Iglesia oficial aparece como el adversario que siempre pone pegas, que moviliza a sus huestes en contra de la libertad, que trata de imponer su Verdad con mayúscula. Desde esta perspectiva, es esencial es reducir el papel público de las Iglesias.
           
Cada uno puede creer lo que quiera en su intimidad pero el espacio público es para la política democrática. Basta ya de injerencias de la Iglesia católica en la legislación de los Parlamentos. Es hora de ponerla en su sitio y reducir los privilegios que se le han concedido.
 
Un debate abierto con dos posturas
 
Entre los concernidos apasionadamente por este tema  podríamos distinguir dos tipos. Hay defensores de la laicidad  que quieren dar continuidad a los pactos de la transición, pero realizando las necesarias reformas que permitan actualizarlos y hacerse cargo de la nueva realidad multicultural. También existen otros defensores de la laicidad,  impregnados de un profundo positivismo,  para los que la religión debe estar fuera de la escuela, porque la escuela es el lugar de transmisión del conocimiento científico y el lugar de la religión está asociado a la superstición, a la ignorancia, al timo.
 
Esta posición laicista en el PSOE quiere dar continuidad a los pactos de la transición, pero considera imprescindible proceder a rectificar errores que se cometieron entonces al aprobar los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede. Hay que superar la situación actual donde solo cabe una enseñanza confesional de la religión.
 
Esta pluralidad de expresiones afecta al mundo de las distintas religiones y  al propio mundo católico. En la Conferencia Política del PSOE pudimos ver la pluralidad de la que  participan  muchos de los miembros del denominado grupo de “cristianos socialistas” y de otros cristianos de izquierda invitados.
           
Algunos aparecían ante muchos militantes como representantes de la Conferencia Episcopal y de la Iglesia jerárquica dentro del partido, como los interlocutores validos con un mundo institucional con el que toda ejecutiva socialista quiere  acordar  y negociar. Muy útiles para esa tarea de mediación institucional, pero no  para conseguir que su posición logre impregnar una nueva cultura política en el partido.
       
Esa perspectiva de mediación institucional es la que choca con otro grupo de cristianos que no quieren ser encuadrados bajo ninguna etiqueta,  que son muy críticos con la jerarquía eclesial y que lo que desean es que se dé primacía a las políticas contra la pobreza, la exclusión y la precariedad laboral. Estos cristianos de izquierda están dentro y fuera del PSOE, pero coinciden en que no ven que  estas políticas prioritarias para ellos hayan sido los objetivos prioritarios en las políticas económicas realizadas por los gobiernos socialistas.                            
     
Estos cristianos de izquierda sintonizan con la base sindical de los partidos socialistas y con la base social que está hoy más allá de los sindicatos y apoya las Marchas por la Dignidad. Forman los núcleos de un cristianismo mesiánico que está muy unido a posiciones anticapitalistas y ecologistas y que representa ejemplarmente Rafael Díaz-Salazar. Es una posición muy cercana a la de un laicismo socialista que asume las conquistas liberales pero trata de trascenderlas.

Conclusión
 
Después de este sugerente análisis del profesor Antonio García Santesmases, se pueden esbozar, con sus propias palabras, algunas conclusiones de todo lo dicho.
 
Se abre un abanico muy amplio de posibilidades que hay que ser capaces de encauzar. Hasta ahora la sospecha generalizada en muchos sectores del PSOE es que se trata de propuestas que, desgraciadamente,  sirven para  adornar los programas electorales pero que no se llevarán  a cabo a la hora de gobernar. Y ello es así porque siempre habrá  otras prioridades más relevantes que marquen  la agenda política.
           
Imaginemos que el PSOE fuera la fuerza mayoritaria en las próximas elecciones. Imaginemos que estuviera muy lejos de la mayoría absoluta y tuviera que elegir entre un partido nacionalista moderado dispuesto a abandonar el proyecto independentista y un partido nacionalista secesionista que exige un referéndum  que facilite la independencia. Evidentemente el PSOE apoyaría a los moderados, aunque ello implicara abandonar la promesa de derogar los acuerdos con la Santa Sede.
 
Una vez más los esfuerzos por hacerse cargo de las reformas imprescindibles para alcanzar una auténtica política de laicidad quedarán pospuestas. Parece pues que estamos ante un imposible necesario. Necesario para desbloquear la situación actual,  pero imposible de realizar porque nunca llega a ser la cuestión prioritaria.
           
Es aquí – prosigue Santesmases- donde  me parece que los temas enterrados aparentemente  por la crisis económica, vuelven a aparecer con toda radicalidad: ¿es posible la multiculturalidad?;  ¿cabe una laicidad inclusiva?; ¿es factible una alianza entre la Europa laica y el islamismo moderado?
 
Ante estas preguntas cabe pensar, como hacen y repiten un día sí y otro también los neoconservadores, que la multiculturalidad  genera una asunción de los males  del multiculturalismo que es extraordinariamente perjudicial y peligrosa. Podemos considerar que el antiamericanismo enfermizo de la izquierda cultural no hace sino poner pegas a Occidente sin  confrontarse con el auténtico enemigo. Según los neoconservadores, la izquierda bienpensante sigue poniendo dificultades a la potencia imperial y sigue soñando con alianzas que son imposibles. Piensan que el laicismo acaba en relativismo y que el rearme ideológico es imprescindible.
             
Cabe contestar, por el contrario, que el laicismo republicano es más necesario que nunca, pero que no pervivirá si sigue deteriorándose el modelo social europeo, si la desigualdad sigue aumentando, si la exclusión social permite que crezca el islamismo radical, mientras a la par cerramos los ojos ante la política extremista en Oriente Medio.
 
¿Se puede afianzar el modelo social europeo con las políticas económicas neoliberales?; ¿se puede afrontar la relevancia adquirida por  las políticas de identidad con la creencia positivista de que el único conocimiento sólido es el conocimiento científico?
 
Me parece claro que la respuesta es negativa en ambas cuestiones. El reto que aguarda a la nueva generación que ahora toma el relevo en la vida política dentro del PSOE, de Izquierda Unida o de Podemos es contestar a estas cuestiones sin caer en el error de pensar que todo es economía, que no hay nada más allá de la economía que una buena política económica.                                                                            
 


Leandro Sequeiros es Catedrático de Paleontología, académico en la Academia de Ciencias de Zaragoza, Coeditor de Tendencias21 de las Religiones y miembro del Equipo Académico de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión
                                     
               
             
                    
             



Martes, 1 de Septiembre 2015
Leandro Sequeiros
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Nota

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1.Publicado por Leandro Sequeiros el 01/09/2015 19:23
Es aquí – prosigue Santesmases- donde me parece que los temas enterrados aparentemente por la crisis económica, vuelven a aparecer con toda radicalidad: ¿es posible la multiculturalidad?; ¿cabe una laicidad inclusiva?; ¿es factible una alianza entre la Europa laica y el islamismo moderado?

Creo que el artículo de García SANTESMASES se presta un debate el Tendencias21 de las religiones. Ante estas preguntas cabe pensar, como hacen y repiten un día sí y otro también los neoconservadores, que la multiculturalidad genera una asunción de los males del multiculturalismo que es extraordinariamente perjudicial y peligrosa. Podemos considerar que el antiamericanismo enfermizo de la izquierda cultural no hace sino poner pegas a Occidente sin confrontarse con el auténtico enemigo. Según los neoconservadores, la izquierda bienpensante sigue poniendo dificultades a la potencia imperial y sigue soñando con alianzas que son imposibles. Piensan que el laicismo acaba en relativismo y que el rearme ideológico es imprescindible.

2.Publicado por Beatriz BASENJI el 02/09/2015 01:13
Vaya tema! Muy delicado y comprometido, porque en definitiva a quien atañe es a personas. Ya la Iglesia española es todo un capítulo muy denso. Y me refiero a la "Iglesia española" , porque hay enormes distancias entre por ejemplo la Conferencia Episcopal de Argentina o cualquier otro país sudamericano, y la Conferencia Episcopal de España, muy ceñida a lo dogmático y por eso mismo rechazada de plano en otras latitudes, donde el episcopado ha estado y está comprometido con el Pueblo y sus realidades de orden social, político y económico. Los obispos de Argentina no dejan de señalar los verdaderos índices de pobreza que padecen las clases mas desfavorecidas y están luchando codo con codo con los párrocos para apuntalar al 12% de la población que vive en la pobreza, aunque los políticos se ufanen de haber destruido las bases de datos. Los documentos que han producido los Obispos nunca fueron del agrado de los políticos de turno. Por eso mismo el actual Santo Padre fue ignorado, ninguneado por las máximas autoridades de su país. Acá en España la actitud de la Iglesia es exactamente al contrario: se han ceñido siempre a los dueños del poder de turno. Han juzgado a los fieles hasta con crueldad,como cuando recientemente algunos Obispos han condenado las uniones entre personas del mismo sexo. Si nos decimos Hijos de Dios, debemos aceptar a TODOS los seres , sean cuales fueren sus opciones en relación a su vida privada. Somos seres cuyas vidas están signadas por los dones del Espíritu Santo.No podemos decir que somos Cristianos, si no ponemos toda nuestra Voluntad a los pies de Cristo, y servimos con todo Amor a nuestros hermanos. La única actitud que nos cabe es amarlos, respetarlos y desearles que vivan en Paz y Armonía.
Y lo mismo cabe con los ideales políticos. No podemos rechazar a las personas porque piensan distinto, diferente que nosotros. Porque esas son las bases de toda Democracia y convivencia .
Para muchos de nosotros, la acumulación de riquezas materiales carece de sentido, porque malgastar nuestras vidas - que de por sí son efímeras y sagradas - cuando lo que SI debemos cultivar son nuestras espíritus, y desde allí activar nuestra Conciencia y hacer presentes los dones del Espíritu Santo para realizar la Tarea que seguramente hemos venido a cumplir en el lapso de nuestra existencia. No nos olvidemos que la Divinidad se expresa a través de la Ciencia y del Arte.Si cada uno de nosotros se esmera en brindar a su prójimo lo mejor de si mismo, realmente vamos a poder establecer no solo el diálogo entre sectores tan diversos, sino que iniciaremos una Era donde los valores morales van a triunfar por sobre toda especulación de orden lucrativo.

3.Publicado por Joaquín González Álvarez el 02/09/2015 17:45
Celebro la aparición de este post del Dr. Sequeiros pues significa un brillante inicio de la temmporada post receso veraniego, y especialmente para mi es un ejemplo de temas profundos a tratar en Tendencias que no sigan el estilo de discusión bizantina inútil y sin manera de finalizar del diálogo ciencia-religión el cual en mi opinión ya tconcluyó exitosamente su ciclo hasta ahora enriquecedor.

4.Publicado por Pedro Rubal el 02/09/2015 18:13
Probablemente me desvíe un poco de la temática a comentar, aunque es algo que no me gusta si me conciencio de ello, no siempre fácil a mi edad.
En primer lugar, quisiera recordar lo que dice Lyotard de la suerte que corrieron los grandes relatos en lo que él llama posmodernismo. Y, consecuentemente, resaltar que las verdades absolutas en ellos expresadas fueron diluyéndose en opiniones más o menos verosímiles, víctimas de la introducción de una razón crítica que se encargó (y encarga) de relativizarlas y diversificarlas.
En segundo lugar, la inmersión en este contexto enriquece la multiculturalidad, que yo pienso que, de una forma u otra, siempre estuvo presente en la Historia de la Humanidad. Y, si esto es constatable, la pregunta no es tanto si es posible la multiculturalidad que cómo deberían las sociedades arbitrarse instrumentos para que el hombre sea cada vez más capaz, en un medio crítico, de revertir las actitudes dogmáticas (que todavía colean con vigor en muchos ambientes), introduciendo redes apropiadas de vías de comunicación entre las distintas culturas, que, queramos o no, están ahí y es menester aprovecharse de ellas. Consecutivamente, yo pienso que las conductas anómalas en el seno del islamismo no deberían empañar los NECESARIOS esfuerzos de Europa buscando, en grados sucesivos, alianzas, aunque el laicismo posiblemente debería aceptar y promover el papel de las distintas confesionalidades religiosas, más capaces de avanzar en este objetivo del entendimiento común, sin menoscabo de las sigularidades de cada una de ellas.
En tercer lugar, y perdónenme la osadía, yo no creo que haya tipos de agnosticismo: El agnóstico es agnóstico, el ateo es ateo y el teísta es teísta. Lo que sí hay son DISTINTAS MANERAS DE JUSTIFICAR ESTAS OPCIONES, apoyándose en los recursos conceptuales que las distintas ideologías y de los contextos culturales en los que se vive. Por consiguiente, creo que es tan agnóstico el neoliberal, como el liberal, como el socialista, el ilustrado o el posmoderno. Todo lo demás, modestamente, creo que tiene un importante valor histórico que debe tenerse muy presente a la de abordar comprensivamente esta temático en nuestros días.
Para hacer creíble la importancia del artículo del Dr. García Santesmases, como la oportunidad de Leandro al dárnoslo a conocer, basta pensar que los lectores no hubiéramos tenido ocasión de comentarlo con el interés que veo está despertando.

5.Publicado por Leandro Sequeiros el 03/09/2015 19:25
Estoy de acuerdo con lo que dice Pedro Rubal: En tercer lugar, y perdónenme la osadía, yo no creo que haya tipos de agnosticismo: El agnóstico es agnóstico, el ateo es ateo y el teísta es teísta. Lo que sí hay son DISTINTAS MANERAS DE JUSTIFICAR ESTAS OPCIONES, apoyándose en los recursos conceptuales que las distintas ideologías y de los contextos culturales en los que se vive. Por consiguiente, creo que es tan agnóstico el neoliberal, como el liberal, como el socialista, el ilustrado o el posmoderno. Todo lo demás, modestamente, creo que tiene un importante valor histórico que debe tenerse muy presente a la de abordar comprensivamente esta temático en nuestros días". Agnosticismo, ateismo y teismo son tres opciones en nuestra sociedad. Otra cosa es como cada uno justifica, racionaliza e integra en su mente la opción de sentido de la vida.. Antes habia gente que pensaba que la gente atea o agnóstica era "mala". Y los muy creyentes (algunos) decían que se irían de patitas al infierno.. Hoy, desde el Concilio Vaticano II, las cosas han cambiado. Y el respeto -sin renunciar a las propias convicciones- debe dominar en las relaciones humanas en una sociedad laica.

6.Publicado por Alfonso Sáenz Lorenzo el 06/09/2015 14:40
Quiero empezar felicitando a Leandro Sequeiros por introducir un tema tan político en estos debates como el del posible diálogo entre agnósticos, laicistas y cristianos en la España actual. ¿Es posible el diálogo? se pregunta en el mismo título, pues claro pienso yo, no solo es posible sino imprescindible en una democracia ya consolidada como la nuestra. Y dialogo habrá aunque, por las razones que voy a exponer a continuación, dudo que se dé en el seno de los partidos políticos, y los conozco bien.
Igualmente quiero empezar mi comentario mostrando mi acuerdo básico con los escritos de Beatriz Basenji que demuestra conocer bien las diferentes actitudes de la Iglesia en Argentina y en España, y de Pedro Rubal cuando dice que en su opinión, secundada en comentario posterior por Leandro, no hay diferentes tipos de agnosticismo, ateísmo o teísmo sino distintas maneras de justificar esas opciones.
Pero, dado que el "post", de la mano del artículo de Antonio García Santesmases, se adentra en la cuestión del debate ideológico en los partidos, y en concreto en el PSOE, quiero exponer mi punto de vista de un tema que conozco por dentro.
Siempre he admirado a Antonio García Santesmases por su coherencia intelectual, su compromiso ético y su moral de hierro para remar contra corriente, en el interior del PSOE, pero siempre me ha parecido que su posición y su discurso no interesaban excesivamente ni en las bases ni a los cuadros del partido. Para mí ha representado y representa en su seno algo parecido a un predicador en el desierto.
Y ¿por qué es esto así, si los temas ideológicos y políticos que plantea, como el que estamos comentando, son de interés, actualidad e indiscutible alcance? Pues porque los partidos no son el mejor ámbito para realizar ningún tipo de debate intelectual con absoluta libertad de opinión. Y no lo son porque los partidos son, ante todo y sobre todo, instrumentos para alcanzar y conservar, cuando se tiene, el poder político y la representación institucional. Pero el poder político se alcanza en democracia con los votos, cuantos más mejor, y a partir de ahí toda la maquinaria partidaria se dedica básica y fundamentalmente a la seducción del electorado y eso conlleva una desideologización y que sea la opinión pública, recogida regularmente en las encuestas, la que oriente, dentro de unos límites ideológicos muy amplios, los programas y las ofertas electorales. Pensando en el voto se elaboran los programas, por delante de cualquier debate de ideas o principios. Los ejemplos que corroboran esto son infinitos en todos los partidos y tendencias. Por citar los más recientes: el cambio de posición del PP ante el tema del aborto, el ocultamiento público de Podemos con relación a su ideología izquierdista o las ambigüedades del PSOE en el tema del nacionalismo catalán.
Por otra parte, y de cara de nuevo al apoyo electoral, es imprescindible ofrecer la imagen de un partido compacto, homogéneo y sin fisuras pues el electorado no perdona las peleas internas. Las diferencias, por legítimas que puedan parecer, dañan profundamente a las formaciones políticas ante la opinión pública, y raramente resuelven los problemas y todo ello desemboca en la desaparición del debate ideológico con posiciones encontradas en su seno. Las tertulias y los tertulianos en las televisiones y los debates que se suscitan con profusión en los medios orales y escritos, tanto en papel como en internet, han sustituido a los debates partidistas y no son precisos los partidos para que se produzcan.
Por eso bienvenido sea el debate sobre agnósticos, laicistas y cristianos suscitado por Antonio García Santesmases en la revista Iglesia Viva, seguro que sus propuestas tendrán más eco y suscitaran más controversia y dialogo fecundo que las que ha planteado siempre, inasequible al desaliento, en el seno del PSOE.

7.Publicado por Leandro Sequeiros el 06/09/2015 21:17
Muchas gracias, Alfonso, por el extenso comentario. Por lo que tengo entendido, por lo general los partidos llamados "de izquierda" (mera posición geográfica en el hemiciclo) suelen ser poco sensibles a la presencia de cristianos (o de otras confesiones religiosas) entre sus filas. Hay todavía una cierta desconfianza. Recuerdo cuando dentro de Cristianos por el Socialismo (allá por los años 1980) se pedía la carta de ciudadanía de los cristianos dentro de los partidos. Creo que la situación ha mejorado, pero todavía no se ha normalizado. Aún nos falta caminar más en las actitudes de saber vivir y convivir en una sociedad pluralista...

8.Publicado por Pedro Rubal el 07/09/2015 16:55
Vuelvo a este espacio no tanto con la pretensión de aportar algo nuevo a cuanto se dejó ya dicho por los comentaristas que me peceden, sino para, tangencialmente, manifestar mi convicción de que "lo político" en nuestro país peca de un difuso atavismo que lo confunde todo: Cuando quiere ponerse a la altura de los tiempos lo hace con savia atávica, por eso esta pretensión de actualización se esfuma sin signos de identidad definidos, o rebasando los moldes ideológicos de un pasado que incluso no se puso ningún empeño en conocer, y por eso devienen inapropiados; cuando la realidad se impone y señala el camino a seguir, o bien se oculta el político, obstinándose en lo erróneo, o bien incardina las soluciones en las dificultades creadas por los "otros", o bien se acude al asesoramiento de un primado número de asesores, eludiendo la aristocracia del pensamiento para resaltar la democracia del número, o bien se cambia descaradamente la semántica de los términos para que "si el calzado no se ajusta al pie, hacer que éste se ajuste al calzado; (...). Porque...la autocrítica brilla por su ausencia, y no me extraña ya que sólo es un instrumento al servicio de la inteligencia.
En un contexto así, a mi no me extraña que prime lo meramente formal sobre los contenidos, aplicando lo que me atrevo a llamar "hipocresía metodológica": Si no encaja en la izquierda lo religioso, se hace alarde de preterirlo, aunque el sentimiento personal vaya por otro camino, y como en la derecha luce bien lo religioso, se encorbata el atuendo oficial y se acude a la procesión, por más que personalmente no haga mucha gracia. Hay excepciones, claro; pero la tónica general, según me acusa mi modesta experiencia, la veo comprometida con un elevado grado de INAUTENTICIDAD y MENDICIDAD: Inautenticidad, porque vivimos más preocupados por mantener las formas que en aplicarnos a lo sustancial, y esto ocurre con aquéllas personas no pueden proporcionarse un estatus por vía sustancial.
Así que mi concordancia con las opiniones que me preceden pienso que no están sólo fundamentadas en la autoridad cultural de los mismos, que reconozco, sino que también dimanan de mi propio pensamiento. Y me alegraría que así fuese, porque confirmaría el acierto de mi pronóstico de que este post despesparía el interés de los lectores.
Saludos.

9.Publicado por Alfonso Sáenz Lorenzo el 08/09/2015 00:05
Leandro, gracias a ti tambien por tu contestación que me vas a permitir aproveche para explicar como veo yo lo que planteas.
En los partidos políticos de izquierda en España hay, sin duda, un trasfondo de anticlericalismo que en su caso tiene su fundamento y justificación en el papel político jugado por la Iglesia católica a lo largo de la historia española del siglo XX. Pero, aunque en menor medida, también lo hay en el PP, aunque en este caso más difícil de justificar.
Pero todo ello no es óbice para que, en concreto en el PSOE, haya un clima de tolerancia y respeto a la conciencia personal de sus miembros. El PSOE es un partido de poca intensidad ideológica, muy alejado de posiciones dogmáticas de ningún tipo, y eso hay que agradecérselo a Felipe González cuando en su día se negó a dirigir, frente a las posiciones de Gómez Llorente, a un partido de obediencia marxista. Ejemplo señero de ese respeto es la figura de Gregorio Peces Barba que fue un referente político e institucional del PSOE y a nivel personal era un católico practicante. Otra cosa es, y ha sido, la reticencia ante los grupos organizados dentro del propio partido, llamense izquierda socialista o cristianos por el socialismo. A esos grupos se les ve con prevención por su influencia en el control interno de propio partido.
Los apoyos internos en la organización son imprescindibles para acceder a los puestos de representación y esto exige el apoyo y control de las agrupaciones en las que está organizado el partido. Y por ese control, al margen de ideologías o creencias personales, la pelea interna es feroz. Por eso cuando en una federación hay compañeros que se agrupan por sensibilidades o corrientes de opinión, sean de la índole que sean, los dirigentes de turno los combaten, pero ese rechazó no tiene trasfondo ideológico, es lucha interna por el poder pura y dura.
Entra en el partido el que quiere, se va de él el que le da la gana y a nadie se le piden credenciales de ningún tipo. Se les pide, eso sí, que apoyen internamente a quien les han apadrinado en su entrada.
Sin duda en España aún nos falta, como bien dices, avanzar y mejorar en una convivencia de respeto y libertad pues nos falta mucha tradición en su práctica, pero ese problema no es específicamente de los partidos políticos sino de toda la sociedad.

10.Publicado por Leandro Sequeiros el 08/09/2015 20:59
Hola Alfonso. Estoy de acuerdo contigo.. El mundo político es complicado. Y lo es su canalización a través de un sistema democrático. Pero, desgraciadamente, como dijo Churchill, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos..

11.Publicado por clean el 10/09/2015 20:46
Es posible el diálogo.El problema es el conflicto entre la justicia y la maldad...?
La justicia que es por fe. Ro 9:30-33.

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