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¿Amenaza el transhumanismo el futuro de la humanidad?

Es una cuestión ética controlar y evitar que los sistemas automáticos se disparen


¿Perderá la humanidad el control sobre sí misma en un futuro posthumano, transhumano, en que serán las máquinas quienes controlen, de manera autónoma, el curso de las cosas? Aunque el avance tecnológico nos dota de capacidades y posibilidades de vida con las que no contaba el humano primitivo, lo cierto es que esta pregunta aún queda en el aire. Es una cuestión ética controlar y evitar que los sistemas automáticos se disparen al margen de nosotros. Por Javier Elzo.



Imagen: Stevemidbead. Fuente: Pixabay.
Imagen: Stevemidbead. Fuente: Pixabay.
En cada uno de nosotros hay un tecnófilo (agradecemos que la técnica nos ayude en nuestra vida cotidiana) y un tecnófobo (renegamos de la esclavitud de las “maquinitas” en la que, a menudo, caemos).
 
Como tecnófilos pues no podemos no agradecer que, por ejemplo, una prótesis nos ayude a poder andar sin dolor, o que comunicarnos por correo electrónico nos facilite el intercambio de mensajes, rápida, cómoda y casi gratuitamente.
 
Pero somos tecnófobos cuando vemos padecer a nuestros mayores por un encarnizamiento terapéutico que les impide salir de esta vida con dignidad. Somos tecnófobos cuando constatamos que la gestión que antes no llevaba media hora, en la actualidad, con los protocolos que nos imponen las administraciones públicas o privadas, o los cambios que llevan a cabo las empresas informáticas para vender más, nos lleva medio día, si somos capaces de completarlas (ver el libro de David Graeber “La Utopía de las normas”, Ariel, 2015, en que se muestra la maraña en la que la burocracia y la tecnología informática nos han conducido). Seguro que el lector puede multiplicar los ejemplos.
 
El dilema de Nicholas Carr
 
Estamos en el dilema que hace pocos años nos planteaba la lectura del libro de Nicholas Carr (“Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, Taurus, Madrid 2011). Propone dos grandes tesis en presencia: los “instrumentalistas” versus los “deterministas”.
 
Por un lado “los instrumentalistas” que sostienen que las herramientas tecnológicas son, en si mismas consideradas, neutras. Son instrumentos, son medios, de los que nos servimos los humanos y están subordinados a nuestros deseos y prioridades, a nuestros fines en última instancia. Los fines, los objetivos, los ponemos los humanos y las tecnologías no serían sino medios para lograr más fácilmente esos fines.
 
Pero Carr se aproxima a la tesis determinista al escribir que “los medios no son solamente canales de información. Proporcionan la materia del pensamiento y también modelan el proceso de pensamiento” (pág.18), hasta afirmar más adelante que pueden llegar a modificar el funcionamiento del cerebro humano, cuestión a la que dedica todo un capítulo. Al final de su libro escribe que “programamos nuestros ordenadores y, posteriormente, ellos nos programan a nosotros”.
 
Recibimos infinidad de informaciones, de forma casi instantánea, de fuentes que, a menudo no controlamos, informaciones que no sabemos (¿ni podemos?) priorizar de tal suerte que “más información puede significar menos conocimiento” (pág. 257). Y va todavía más lejos cuando, citando el trabajo de Kandel “In Search of Memory”, escribe que “para algunos tipos de pensamientos, especialmente la toma de decisiones morales sobre las situaciones sociales y psicológicas de otras personas, es necesario dejar pasar el tiempo y la reflexión adecuadas.
 
Si las cosas están sucediendo demasiado rápidamente, no siempre se pueden asimilar bien las emociones acerca de los estados psicológicos de otras personas” Sería temerario saltar a la conclusión de que Internet está minando nuestro sentido moral. Pero no sería aventurado sugerir que, a medida que la Red redibuja nuestro camino vital y disminuye nuestra capacidad para la contemplación, “está alterando la profundidad de nuestras emociones y nuestros pensamientos”. Carr (pp. 265-266). Pero, con el movimiento transhumanista, creo que le disputa ha dado un gran paso.
 
He de confesar, de entrada, que hasta el martes 3 de noviembre pasado (2015), no sabía nada del movimiento “transhumanista”, que algunos denominan como lo humano “aumentado” y que, por lo que leí ese martes en el TGV que me llevaba a Paris, nace en 1998 como una Asociación transhumanista mundial fundada por un sueco, Nick Bostrom, que advino, en inglés, “Humanity +”­.

¿En qué consiste el movimiento transhumanista?
 
En palabras de Jean Michel Besnier, profesor de filosofía de la universidad Paris Sorbona, publicadas por el diario La Croix, “se trata de un movimiento que pretende mejorar al hombre, “aumentarlo”, gracias al poder de las ciencias y de las técnicas. Los transhumanistas tienen la ambición de transcender los límites biológicos del ser humano, terminar con la enfermedad, el sufrimiento, el azar del nacimiento, y también el envejecimiento y la muerte. Diciendo esto, continúa Besnier, no estamos hablando de cosas fantasiosas, pues hay equipos que están trabajando en la actualidad en este sentido, y con considerables aportaciones financieras”.   
 
Cita Besnier en su entrevista el proyecto “Calico”, que busca prolongar los limites de la esperanza de vida, proyecto sostenido por Google. Entren en Internet en “Calico proyect Google” y leerán, en su entrada, que “Nos estamos enfrentando al envejecimiento, uno de los mayores misterios de la vida”.
 
CALICO es una empresa de investigación y desarrollo, cuya misión es aprovechar las tecnologías avanzadas para aumentar nuestra comprensión de la biología que controla la vida útil. La ejecución de esta misión requerirá un nivel sin precedentes de esfuerzo interdisciplinario y un enfoque a largo plazo para la que la financiación ya está en marcha” (Consultado el 08/11/15).
 
En efecto, en septiembre de 2014, Google anunciaba una inversión 1,5 billones (con “b”) de dólares para este proyecto. En el Dossier de La Croix nos ofrecen una bibliografía de veinte títulos, solamente en lengua francesa, de la que siete son del presente año 2015.
 
Siendo un lego total en el tema, con la bibliografía en la mano me dirigí a una de mis librerías preferidas en Paris, “Compagnie”, rue des Ecoles 58, para pedir consejo y hacerme con algunos libros sobre el transhumanismo.
 
La responsable de Ciencias Humanas, que ya me conoce, no solamente me atendió con suma amabilidad, lo que no siempre es el caso con nuestros vecinos del norte, sino que en un pispás me trajo ocho libros, algunos de los cuales no estaban en la lista de “La Croix”. Me dijo que, en fechas pasadas, habían consagrado una vitrina de la librería al tema. Sí, todavía quedan libreros, aunque lo tienen crudo con la competencia de Amazon que, por cierto, ejerce la censura, en los comentarios a los libros. Doy fe.
 
La Singularity University, ciertamente singular
 
Me hice en mi librería parisina con dos libros y estoy en su lectura. Uno de ellos, “L´ humain augmenté”, dirigido por Édouard Kleinpeter, físico de formación e ingeniero investigador en el Centre Nacional de Recherches Scientifiques (CNRS), editor del volumen el año 2015, es un elenco de 14 textos que abordan el movimiento desde diferentes disciplinas.
 
El otro, “La tentation transhumaniste” de Frack Damour, Ed. Salvator 2015. Damour detalla, (página 46 y ss.) la importancia de la “Singularity University” en Silicon Valley, fundada por Ray Kurzweil, uno de los “gurus” del movimiento transhumanista, Universidad que se presenta con esta idea: “Nuestra misión es educar, inspirar y capacitar a los líderes en la aplicación de tecnologías exponenciales para hacer frente a los grandes retos de la humanidad” (Consultado en Internet el 08/11/15). Entienden por tecnologías exponenciales las que se insertan bajo el acrónimo “NBIC”: nanotecnologías, biotecnologías, informática (Big Data e Internet) y la ciencia cognitiva (inteligencia artificial y robótica).
 
El transhumanismo considera ciertos aspectos de la condición humana, “como la minusvalía, el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento o la muerte como inútiles e indeseables”, (en la Web. de Sing. Univ.) superables gracias a las sinergias que el movimiento está poniendo en marcha.
 
Así dicho, ¿quien no se apuntaría a esta quimera? El deseo de vivir eternamente, no padecer enfermedades, no envejecer, controlar el color de los ojos de los niños, antes del nacimiento etc., que sean altos, guapos e inteligentes, tiene una gigantesca atracción. Luego, también, poder y financiación.
 
En efecto, los credos de este movimiento están en línea con los de los poderes económicos y políticos. Según estos, la prosperidad económica pasa por la innovación tecnológica (que no necesariamente científica) y debe alentarse al máximo. Además, cabe pensar en otra razón. Después de las barbaridades del siglo XX, el hombre de hoy ya no se ama a sí mismo.
 
La humanidad parece atravesar una profunda depresión marcada por esa falta de auto-estima que origina, a su vez, el apego a las máquinas. Para decirlo de otra manera: puesto que el hombre es tan falible, ya que su voluntad condujo a lo peor, ¿por qué no confiar en las máquinas y trabajar para el surgimiento de una nueva humanidad? Así el hombre de hoy, (básicamente en masculino), pone en las máquinas su futuro.

Imagen: Bykst. Fuente: Pixabay.
Imagen: Bykst. Fuente: Pixabay.
Un cardenal aborda el tema
 
Después he sabido que el Cardenal Gianfranco Ravasi en el discurso que pronunció, en su investidura como Doctor Honoris en la Universidad de Deusto, el 4 de marzo de 2014, bajo el título de “Los nuevos desafíos del diálogo entre la moral y la ciencia” ya se había referido al “transhumanismo, propuesto por Julien Huxley en clave social y transferido en los años ochenta del siglo pasado al ámbito científico” y citaba a Robin Hanson cuando afirmaba que “el transhumanismo es la idea según la cual las nuevas tecnologías probablemente cambiarán el mundo en el próximo siglo y en los siguientes, hasta tal punto que nuestros descendientes ya no serán, en muchos aspectos, humanos”. Serán “transhumanos” e incluso “posthumanos”, y, en cualquiera de los casos, “postdarwinianos”.
 
Ravasi aborda en su conferencia los desafíos que la ciencia plantea a la moral y a la religión. Y concluyó su conferencia con estas palabras. “No por casualidad Max Planck, el gran artífice de la teoría cuántica, en su Conocimiento del mundo físico, no dudaba en afirmar que «ciencia y religión no están en contraste, sino que tienen necesidad la una de la otra para completarse en la mente de un hombre que piensa seriamente». Se trata de un diálogo epistemológicamente riguroso y respetuoso, incluso necesario.
 
Hasta tal punto que Einstein, en su autobiográfico Out of My Later Years llegaba a acuñar la famosa fórmula: «La ciencia sin la religión es coja. La religión sin la ciencia es ciega». Y al final de su existencia, en 1955, en una especie de testamento, dejaba en su Mensaje a la humanidad una llamada (…): «Nosotros, los científicos, dirigimos una llamada como seres humanos que se dirigen a seres humanos. Recordad vuestra humanidad y olvidad el resto»”.
 
Conclusión: Filósofos y científicos se inquietan
 
Nadie pone en duda la bondad de los progresos científicos en los campos de la sanidad, de la educación y de lo que se quiera. Pero aquí se pretende, incluso, cambiar la especie humana y, más allá del transhumanismo, algunos ya piensan en el posthumanismo.
 
Es lo que escribía Luc Ferry, renombrado filósofo francés, ministro de educación con Mitterand, en un artículo que publica en “Le Figaro” el jueves 5 de noviembre de 2015 bajo el titulo de “La revolución transhumaniste” que comienza así: “Sobretodo no crean que se trata de ciencia ficción.
 
Recientemente un equipo chino ha logrado reparar el genoma de células humanas embrionarias. Esto es, ya las biotecnologías son capaces de modificar nuestra especie de manera potencialmente irreversible como desde hace años es una realidad en los OGM (organismos genéticamente modificados) vegetales”.
 
Yo no tengo las competencias para valorar en su justa medida el alcance de determinados aspectos del movimiento transhumanista. Pero cuando leo, en el Dossier de “La Croix”, en palabras de Jean Michel Besnier, que “el físico Stephen Hawking, el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el ingeniero Elon Musk se han inquietado recientemente de las amenazas que la inteligencia artificial hace pensar sobre la especie humana”, yo también me inquieto. Preguntaré a amigos de esas ramas de la ciencia qué piensan de todo esto.
 
Pero, como ya me hacen entrever mis todavía escasas lecturas sobre el tema, constato que estamos ante dos planteamientos: uno, el de los que, con seriedad y rigor, desean mejorar la especie humana, pero sin perder su humanidad y el de los que, como Kurzweil y otros, abogan por la “tecnofabricación” de una posthumanidad, es decir, de una especie radical y definitivamente diferente de la nuestra. Y en esto último no entramos solamente en cuestiones de tecnología, sino en una ideología que, más allá de toda ética, se pone de rodillas ante la tecnología.  
 
 
Artículo elaborado en noviembre de 2015 y adaptado para Tendencias21 de las Religiones. Javier Elzo es Catedrático de Sociología en la Universidad de Deusto, Bilbao. 



Martes, 13 de Diciembre 2016
Javier Elzo
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Nota

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1.Publicado por Pedro Rubal Pardeiro el 13/12/2016 19:13
Inmediatamente después de terminar de leer el brevísimo, pero "entrañable" (por lo que tiene de comunicación íntima, casi familiar y afectuosa), artículo, cuyo contenido justifica la pregunta ¿AMENAZA EL TRANSHUMANISMO EL FUTURO DE LA HUMANIDAD?, me arriesgo, gracias a mi supina ignorancia en la materia, a formular la mía: ¿Puede entenderse y racionalizarse como un paso en el ámbito del proceso evolutivo el transhumanismo vinculado a la computación?. Y pregunto esto porque acabo de leer un interesante artículo de ERIC STEINHARD, muy cuidadosamente traducido por D. Guillermo Agudelo Murguía, titulado TEILHARD DE CHARDIN Y EL TRANSHUMANISMO, y me quedé con la impresión de que se quiere entender este "transhumanismo" como una etapa en la evolución del hombre, correlacionándola con algunos pasajes de Teilhard. Ofrezco los siguientes renglones: "Para Teilhard, la Singularidad llega después, la fusión de la humanidad con la tecnología es el nacimiento de la noosfera y la emergencia del espíritu de la Tierra". Toma el autor del artículo citado "un generalizado sistema nervioso, proveniente de ciertos centros definidos y cubriendo la superficie entera del globo", de Teilhard, como "un sistema de computadoras interconectadas" y añade que "el Internet es una versión temprana de este sistema nervioso", e incluso afirma que Teilhard sostiene que eventualmente los humanos se integrarán en una sola super-mente.
Tal vez, para facilitar la comprensión y apoyar todo esto, acude Steinhard a Barrow y Tipler que identifican el alma con el programa corporal, considerando que la parte importante de una computadora no es el hardware particular, sino el programa. Así, la esencia del ser humanmo no sería el cuerpo, sino el programa que lo controla.
Dicho esto y partiendo de mi indocumentada postura de que lo transhumano no puede articularse como una etapa en la evolución del hombre que lo lleve a desaparecer como especie para dar lugar a una posthumanidad, a otra especie diferente de la nuestra, mi contestación a la pregunta titular de este post, no puede ser otra que, dudando de las tesis de Kurzweil, y esperando que los temores de Stephen Hawking, y otros prestigiosos intelectuales, carezcan de fundamento, y que la inteligencia artificial no sea una soga para el "phylum" humano, espero que los seres humanos sepamos aprovechar inteligentemente los progresos tecnológicos, como meros instrumentos, por sofisticados que sean, al servicio de nuestras capacidades. Eso sí, vigorizando e incrementando las propiedades adquiridas por apropiación. Las amenazas son el pan de cada día de la Humanidad; pero siempre fueron superadas con respuestas enriquecedoras. ¿Es una corazonada?. Puede serlo, pero la vía cordial también tiene acceso a alguna perspectiva de la realidad.
Me gustó la colaboración y la razonabilidad que la preside.
Saludos.

2.Publicado por De dbió nombrarse al autor que contribuyó con un so;lo artículo en el citado período. el 13/12/2016 20:34
Joaquín González Álvarez
Recuerdo que Einstein o alguien de ssimilar talla dijo algo así"sin los medios de información y y de divulgación de la ciencia a tono con el desarrollo de la tecnología de exposición, la humanidad se encamina a un mundo de idiotas.

3.Publicado por Carlos M. Palacios Maldonado el 14/12/2016 01:21
El avance científico y tecnológico es imparable; está en nuestra naturaleza desde siempre. El tema está en plena efervescencia, y es bueno que así sea, al menos por dos motivos: porque hay que estar plenamente conscientes de las implicaciones de largo plazo del desarrollo científico-tecnológico, y, sobre todo, porque es necesario definir cuáles deben ser las líneas rojas, aquellas que no debemos sobrepasar. Es necesario no caer en los extremos de demonizar el avance científico-tecnológico, pero tampoco de creer ingenuamente que todo desarrollo tecnológico es bueno. Respecto a lo segundo, debo decir que lamentablemente hay quienes parecen rendir culto al desarrollo tecnológico en sí mismo. Alguna vez leí acerca de alguien que creía que el crecimiento científico y tecnológico puede ser ilimitado, y que en el largo plazo el hombre puede llegar a adquirir conocimiento y poder inimaginables; conocimiento y poder de dimensiones cósmicas, que finalmente lo convertirán en un ser omnisciente y omnipotente, amo y señor del universo. Entonces sí habrá un dios, un dios que ahora no existe, decía el ateo. El transhumanismo y el poshumanismo se quedaban cortos ante tamaña desmesura.

Saludos

4.Publicado por clean el 17/12/2016 13:44
Toda la ciencia y tecnología, en simbiosis con la naturaleza y su Creador.
las pirámides,instrumentos de situación en el universo con el cambio climático, y conocimiento de las fuerzas naturales...?

5.Publicado por ivan el 21/12/2016 15:14
Cuando leo estas cosas mas admiro a Orwell el tipo fue un visionario sin igual. La tecnología es necesaria y puede hacernos mejores, pero también podría ser todo lo contrario. El hombre es un ser egoísta y ambicioso si con la ayuda de la tecnología no se moldea la mente para contrarrestar ésto seguirá siendo un mundo injusto y dominado por unos pocos ayudado por la inteligencia artificial. Los porblemas de hoy son Contaminación, sobrepoblacion, consumismo hambrunas, guerras un ser humano si no apuntamos a solucionar ésto, pobre de nosotros.

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