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Crean un dispositivo de Inteligencia Artificial que lee las emociones para generar felicidad

Utiliza reconocimiento facial y de voz para crear el perfil emocional de su propietario


La idea de una herramienta que pueda medir la emoción de una persona y actuar en función de ello ya está pasando. Es el objetivo de EmoSPARK, un cubo de 90 milímetros capaz de interactuar a nivel de conversación y demostrar emociones humanas mientras ofrece aquella música, juego o vídeos que considera pueden resultar más agradables para su dueño en un momento concreto. Se trata de un dispositivo de Inteligencia Artificial, por lo sigue aprendiendo y afinando resultados con el tiempo. Por Patricia Pérez.




Fuente: EmoSPARK
Fuente: EmoSPARK
La tecnología que mejora nuestras vidas es siempre una prioridad. Aquella que puede mejorar el estado de ánimo y la felicidad en general está más allá de nuestras expectativas, más propia tal vez de Hollywood en películas como Her. Sin embargo, nunca sabremos cuan delgada es la línea que separa la ciencia ficción de la realidad.

Emoshape, una pequeña compañía que nació en Londres y ya opera a nivel internacional desde la apertura de su primera oficina en Estados Unidos hace aproximadamente un año, asegura haber creado la primera Inteligencia Artificial (IA) emocional del mundo. Se trata de EmoSPARK, un dispositivo que no sólo puede medir el estado de ánimo de una persona, sino encontrar la mejor manera de actuar en función de ello.

Según explican en su web, la herramienta captura y almacena cada matiz emocional con la única intención de hacer que el usuario sea feliz. “Como concepto es revolucionario, y como producto completo en el que tecnología y emociones humanas se encuentran es el primero de su tipo”, asegura Brian Fitzpatrick, inversor fundador de Emoshape.

El cerebro de EmoSPARK es un cubo de 90 milímetros con Bluetooth y Wi-Fi que detecta el mundo que le rodea a través de una conexión a Internet, un micrófono, una webcam y un teléfono. De esta forma puede reproducir cualquier canción de una biblioteca digital, sugerir el juego o el vídeo que considera más agradable para su dueño en un momento particular, publicar posts en Facebook y comprobar las últimas actualizaciones de sus amigos, responder a preguntas tirando de Wikipedia, o simplemente conversar.

Aunque pueda parecer futurista la idea se ha vendido bien, pues han sido miles los usuarios que han aportado capital para sufragar la campaña de crowdfunding internacional. Desde sus inicios el grupo se comprometió a crear un producto innovador asequible, fijando el precio al consumidor para cada consola en 160 £ en Reino Unido y 250 $ en EEUU.

Reconocimiento facial y de voz

Pero, ¿cómo se puede entrenar una máquina para que comprenda emociones y actué en función de ello? Según recoge un artículo publicado en la revista NewScientist, en primer lugar la webcam utiliza el reconocimiento facial para identificar a su dueño. A continuación, un algoritmo asigna 80 puntos faciales para determinar, entre otras cosas, si la persona sonríe o frunce el ceño con enojo, desprecio o disgusto. También analiza el tono de voz, un método muy usado para estudiar estados de ánimo.

EmoSPARK utiliza todos esos detalles para reflejar sus emociones. Para ello crea un perfil emocional de su propietario basado en los datos faciales y de voz registrados. Al final de cada día envía esta información a EmoShape, que la remite de vuelta convertida en un perfil a medida para una estrategia concreta. A través de este ciclo de retroalimentación, la personalidad del cubo cambia ligeramente cada día.

Pero siempre asegurándose de que sólo puede atarse emocionalmente a una persona. A pesar de que reconozca a otros individuos en la misma casa o edificio, el dispositivo sólo crea el perfil emocional de su propietario. Aunque eso no quiere decir que no pueda interactuar con nadie más. Fitzpatrick explica que cuando alguien que no es su dueño se burla de él, por ejemplo diciéndole que no le gusta, EmoSPARK manifiesta su descontento con un pulso de luz verde que vibra por el cubo. “Es gracioso, tú tampoco me gustas mucho” –responde-. Si por el contrario hubiera recibido un piropo, habría brillado una luz morada.

Asimismo, también puede ser sutil, callándose información o banalidades que considera que pueden haber disgustado a su propietario con anterioridad. "Si no te gusta una broma que te dice, no te la va a hacer nuevo", asegura Fitzpatrick.

Sin embargo, hasta que el dispositivo no pase algún tiempo en los hogares de sus dueños no se podrá comprobar si realmente puede cumplir con su promesa, o si tener una IA entrenada con el perfil emocional de una persona puede hacer que se sienta feliz. De momento, 133 de los primeros crowdfunders de EmoSPARK han recibido sus cubos y actuarán como conejillo de indias. Se espera que más de 800 estén disponibles este mes.

Humanizar la máquina

Sea un éxito o fracase, Rana el Kaliouby, fundadora de Affectiva, una compañía estadounidense que crea algoritmos de detección de emociones, vaticina que el lanzamiento de la IA emocional no ha hecho más que despegar. Ella justifica esta dimensión emocional en la necesidad. “Como todo lo que nos rodea, desde teléfonos a frigoríficos, se conecta a Internet, necesitamos una manera de moderar la lógica de la máquina con algo más humano”, explica.

Así, no es de extrañar que crea que todos los dispositivos tendrán algún día procesadores de emoción, al igual que ahora tienen un chip GPS. Esto significa que cada dispositivo tendrá su propio algoritmo patentado para interpretar emociones, y actuará en función de ello con sus usuarios.

Hace dos semanas, Affectiva lanzó un kit de desarrollo de software para móviles que permitirá a programadores de smartphones y tabletas utilizar su algoritmo Affdex para evaluar emociones. Ya hay algunos prototipos de aplicaciones en marcha. De hecho, Hershey's, la fábrica de chocolate más grande de Estados Unidos, está utilizando Affdex para comprobar si la gente sonríe ante un dispensador de caramelos. Si se detecta una sonrisa, el usuario obtiene una muestra de chocolate gratis.

Otro ejemplo es una galería de arte que lee las expresiones faciales de los transeúntes y compone en función de ello mensajes en tiempo real en una pared para animar tanto a los deprimidos como a los más felices. "La idea de que se puede medir la emoción y actuar en función de ello es algo que ya está pasando”, subraya el Kaliouby.


Patricia Pérez Corrales
Miércoles, 20 de Mayo 2015
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