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De la ciencia a la metafísica: el “ajuste fino” del universo y el significado de la realidad

¿Qué aportan los modelos cosmológicos recientes a la posibilidad de encontrar un “propósito cósmico”?


Desde siempre, los seres humanos se han planteado el sentido y el propósito del universo y de la propia vida. Se trata de preguntas cuyas respuestas siempre han parecido fuera del alcance y capacidad del método científico. ¿Qué aportan los modelos cosmológicos recientes a la posibilidad o no de encontrar un “propósito cósmico”, a partir de los datos de las ciencias? Por Enrique Iáñez.



Universum, Grabado Flammarion, xilografía, publicada en París en 1888. Fuente: Wikipedia.
Universum, Grabado Flammarion, xilografía, publicada en París en 1888. Fuente: Wikipedia.
 En el presente artículo pretendo revisar brevemente los modelos cosmológicos recientes, sobre todo por lo que hace al debate sobre la justificación del ajuste fino de los parámetros básicos del universo (y del principio antrópico). El objetivo es contribuir al diálogo sobre la posibilidad o no de encontrar un “propósito cósmico” a partir de los datos de las ciencias, y mostrar cómo se crean y se usan ciertos modelos de base científica para apoyar o socavar visiones filosóficas y teológicas contrapuestas.

La idea teológica de creación es compatible (pero no se identifica) con la visión científica sobre el origen físico y evolución del universo, aunque esta última puede ser relevante para la acotación de aquella y para la idea que los creyentes puedan tener sobre la relación y acción de Dios con el mundo material.

Introducción

El único dios verdaderamente bien muerto es el dios tapa-agujeros. Y nadie llora su muerte. Tenemos todas las razones para creer que las cuestiones científicamente estables llegarán a recibir respuestas científicamente estables, por difícil que sea a veces encontrarlas. Pero tenemos también todas las razones para creer que hay muchas cuestiones llenas de sentido y dignas de preguntarse, que van más allá del poder interpelador auto-limitado de las ciencias. Se trata de meta-cuestiones, para las que el Dios de la explicación total puede resultar la respuesta adecuada.

John Polkinghorne (2000)
 
Desde siempre, los seres humanos se han planteado una serie de cuestiones relacionadas con el sentido y el propósito (del universo y de la propia vida personal). Se trata de preguntas en las que, aunque la ciencia puede esclarecer y purificar la búsqueda, las respuestas finales parecen quedar fuera del alcance y capacidad del método científico.

En primer lugar, tenemos todo ese mundo de intenciones, deseos, pensamientos, afectos, relaciones, etc. que impulsan la búsqueda de sentido y significado a la vida humana. Las neurociencias pueden estudiar el cerebro, soporte de la actividad mental, pero a lo más que llegan es a ver los correlatos neuronales o cerebrales de la consciencia, sin dar cuenta completa del mundo de la intencionalidad tal como se vive en primera persona (ese es el núcleo del viejo debate mente-cerebro, antes conocido como alma-cuerpo).

Ningún experimento, ninguna tomografía o resonancia cerebral nos va a mostrar el mundo interior, afectivo y espiritual del ser humano concreto, incluyendo el sentido de finalidad y motivación tan característico de los individuos de nuestra especie. Es muy improbable que la ciencia llene nunca el hiato entre la descripción física del mundo y la experiencia subjetiva, en primera persona, que todos tenemos de él. Ahí, aparte de los aspectos “inefables”, quien quiera dar cuenta y razón de tales experiencias, tendrá que recurrir a otros tipos de racionalidades (filosóficas, estéticas, éticas, etc.).

Por otro lado, tenemos el mundo de los fines. Incluso para productos tecnológicos es imposible probar científicamente su razón de ser, que solo puede venir de la expresión de un agente consciente. Ahora bien, podemos inferir alguna finalidad a partir del estudio de sus propiedades. Es importante no caer en los errores de la vieja teología natural del diseño al estilo de William Paley, ya que una cosa es atribuir diseño consciente y fines impuestos a un producto tecnológico y otra distinta es deducir fines externos a los organismos o a seres concretos de la naturaleza, por el hecho de que tengan diseños “adaptados” a su mantenimiento, supervivencia y reproducción.

Finalmente, tenemos la pregunta de por qué hay algo en vez de nada, que nos introduce en la cuestión de la creación. “Si ha de darse una realidad material allí donde se comienza con nada, es preciso admitir la actividad de un infinito no material, un Creador de potencia trascendente que no encaja en la descripción de realidades físicas, por no estar siquiera en el marco espacio-temporal en que actúa la materia” (Manuel Carreira) [1].

Así pues, no podemos remitirnos a otra causa de esa causa (cadena de causas materiales) ni caer en una regresión matemática infinita, sino a algo totalmente nuevo, no constreñido por mecanismos ni leyes. Incluso un universo infinito y eterno, por el hecho de ser material, tendría que tener un Creador que le diera el ser para comenzar a existir y lo mantuviera en su existencia, como ya vio Tomás de Aquino. La idea de Creación no alude a un proceso material, sino que se refiere a la razón explicativa de la existencia del universo.

Por lo tanto, la idea teológica de creación es compatible (pero no se identifica) con la visión científica sobre el origen físico y evolución del universo, aunque esta última puede ser relevante para la acotación de aquella y para la idea que los creyentes puedan tener sobre la relación y acción de Dios con el mundo material.

En el presente artículo pretendo revisar brevemente los modelos cosmológicos recientes, sobre todo por lo que hace al debate sobre la justificación del ajuste fino de los parámetros básicos del universo (y del principio antrópico). El objetivo es contribuir al diálogo sobre la posibilidad o no de encontrar un “propósito cósmico” a partir de los datos de las ciencias, y mostrar cómo se crean y se usan ciertos modelos de base científica para apoyar o socavar visiones filosóficas y teológicas contrapuestas.

La revista Studies in History and Philosophy of Modern Physics, en un recomendable número monográfico reciente (2014) ha abordado las relaciones entre filosofía y cosmología. Su coordinador, Henrik Zinkernagel, en el artículo introductorio [2] reconoce que “la cosmología es una de las pocas disciplinas científicas en las que los científicos debaten abiertamente sobre cuestiones filosóficas”. En el mismo número, el cosmólogo y matemático George Ellis, afirma que “la filosofía subyace a nuestros acercamientos a la cosmología, y ésta se beneficiará al hacer explícitos tales temas filosóficos […] En lugar de negar la relevancia de la filosofía, deberíamos considerar con cuidado la relación filosofía-cosmología y desarrollar una filosofía de la cosmología adecuadamente profunda” [3].

Una moraleja que se puede sacar del debate sobre el significado profundo de los actuales modelos cosmológicos, es una llamada a evitar usarlos como garantes de ideas filosóficas que caen fuera de la competencia de tales modelos (nos referimos a los grandes temas que podríamos etiquetar como cuestiones limítrofes, donde la física confluye con la meta-física, y que incluyen cuestiones de significado).

Origen y evolución del Universo

Según el Modelo Estándar actual que, desde los años ochenta incluye la llamada inflación cósmica, el Universo que observamos (el propio espacio-tiempo) se originó hace unos 13.820 millones de años en un estado microscópico de extrema densidad conocido habitualmente como Big Bang (Gran Estallido). En ese inicio, las fuerzas electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil estaban unificadas (época GUT). A los 10—35 segundos la fuerza nuclear fuerte se separa de la electro-débil y solo a los 10—10 segundos se separa la débil respecto de la electromagnética.

Hasta los 10-34 segundos (prácticamente coincidiendo con la época GUT) se debió producir una fase de inflación, en la que el universo, aún vacío y frío, pasó de ser 1017 veces más pequeño que un átomo a tener el tamaño de una moneda (o sea, aumentó en un factor de por lo menos 1026). Este brutal “estirón” alisó las inhomogeneidades iniciales del espacio-tiempo, haciéndolo muy uniforme, salvo pequeñas irregularidades aleatorias (atribuidas hoy al carácter cuántico del inflatón, el campo cuántico propuesto como responsable de la inflación) que sirvieron más delante de semillas gravitatorias para la formación de estrellas y galaxias.

Al terminar esta fase de expansión exponencial del espacio, la energía potencial de esa descomunal inflación se convirtió en las “familiares” formas de materia-energía que hoy dominan (materia ordinaria bariónica, materia oscura y radiación), y el universo se continuó expandiendo a un ritmo más moderado, acorde con la teoría original del Big Bang [4].

En esta fase de expansión moderada, la materia oscura (mayoritaria hoy respecto de la ordinaria) permitió la acción gravitatoria sobre las semillas de inhomogeneidades, lo que dio origen al agrupamiento de las estrellas en grandes estructuras de supercúmulos de galaxias.

Frente a la extrema simplicidad del universo en el tiempo cero del Big Bang, hoy vemos un universo lleno de estructuras complejas en una gran jerarquía de niveles, desde el nivel microfísico (partículas elementales) hasta las grandes escalas, y en el que (para sorpresa reciente de los científicos), domina desde hace unos 5.000 millones de años una misteriosa energía oscura, opuesta a una gravitación cada vez menor, y responsable de una expansión acelerada (que en el futuro se hará exponencial y conducirá a la total disgregación).

Estamos en un universo evolutivo en el que, por encima de los grandes números cósmicos, en al menos uno de sus rincones, la materia ha generado dos fenómenos nuevos, la vida y la autoconsciencia, manifestaciones de la emergencia (surgimiento) de novedad y complejidad [5].

El modelo cosmológico estándar (cuya versión actual más aceptada se denomina Lambda-Materia Oscura Fría, L-CDM) está apoyado en un gran número de evidencias de observación (que se siguen acumulando) [6]:

1. La teoría predice un remanente “fósil” (procedente de 377.000 años después del Big Bang) en forma de fondo de radiación cósmica de microondas (CMB), indicio de la llamada “era de la recombinación” en la que los electrones y los protones se asociaron para formar los primeros átomos neutros, y los fotones quedaron libres para viajar por el espacio, por lo que el universo se hizo por fin transparente. Tal CMB ha sido efectivamente detectado por una serie de observatorios en satélites (COBE, WMAP, Planck).
 
Por cierto, esta CMB nos muestra el horizonte visual que nos es permitido conocer: la materia que detectamos así es la más antigua y lejana visible por ondas electromagnéticas, pero los eventos anteriores a esta época no los podemos “ver” directamente.

2. Más aún, la teoría actual nos dice que durante la anterior y brevísima fase de inflación debió producirse una serie ondas de choque (ondas gravitacionales), y predice que si es así deberíamos poder detectar las huellas de estas “arrugas” en el espacio-tiempo bajo la forma de un patrón definido de polarización de la radiación de fondo de microondas (CMB) [7]. Se espera que en breve, el satélite Planck y otros ensayos en curso puedan detectar tales ondas gravitacionales primigenias.

3. La teoría predice galaxias más activas a mayores distancias (que corresponden a galaxias muy antiguas, las primeras que se formaron debido a las pequeñas inhomogeneidades del fondo de microondas que sirvieron de “semillas” gravitacionales), que de hecho, igualmente es lo que se observa.

4. La teoría predice con éxito la composición y proporción de los tres elementos químicos mayoritarios, que son los elementos más ligeros (hidrógeno, helio y litio). El resto de los elementos químicos que observamos en el universo (en mucha menor proporción) proceden de dos tipos de procesos:

En primer lugar de reacciones nucleares en el centro de las estrellas. Esta nucleosíntesis estelar solo puede llegar hasta el nivel del hierro dentro de la tabla periódica de los elementos, en la secuencia hidrógeno-helio-carbono-oxígeno àsilicioàhierro. Por otro lado, cuando las estrellas muy masivas agotan su combustible nuclear, explotan como supernovas, expulsando violentamente al medio interestelar una gran cantidad de material enriquecido con elementos más pesados que el hierro.

Más tarde, las nubes de gas y polvo (enriquecidas en estos elementos pesados) expulsadas por las supernovas se pueden contraer por la fuerza gravitatoria, generando discos giratorios que a su vez originan estrellas de nueva generación, eventualmente dotadas de sistemas planetarios. Se piensa que el sistema solar se comenzó a constituir de este modo hace unos 4.600 millones de años. La Tierra se formó como uno de los planetas interiores rocosos que orbitan alrededor del Sol. Según indicios, hace unos 3.800 millones de años parece que surgió la vida en nuestro planeta, que a su vez generó formas sensibles, conscientes y, muy recientemente, autoconscientes.

Volviendo al modelo cosmológico estándar, diremos que aunque existe una notable concordancia entre dicho modelo y sus predicciones exitosas, aún existen importantes cuestiones que resolver: cuál es la naturaleza de la inflación (hay varias teorías al respecto, e incluso modelos alternativos a la inflación); cómo pudieron las supuestas perturbaciones cuánticas durante la inflación servir de semillas para las ulteriores estructuras a gran escala dominadas por la gravedad (cúmulos de galaxias); cuál es la naturaleza de la materia oscura (que constituye el 26,8 % de la materia-energía total actualmente y que preside la dinámica galáctica); qué es la aún más enigmática y mayoritaria energía oscura (68,3 %), responsable de que el universo haya entrado en una fase de expansión acelerada, etc.

El ajuste fino

Desde mediados del siglo XX se fueron acumulando datos desconcertantes sobre el universo que venían a indicar que ciertas leyes, constantes y parámetros eran tales que de haber sido ligeramente diferentes, el universo hubiera evolucionado de un modo que no hubiera generado vida ni observadores inteligentes. A esto se le llama “ajuste fino” del universo, y dio pie a la formulación del llamado principio cosmológico antrópico [8].

Es decir, los parámetros básicos de la física y las condiciones del Big Bang (que podrían haber sido diferentes) fueron tales que hacen posible la vida y la existencia de los humanos en este rincón del universo.

Dicho de otra forma: el universo tiene rasgos que no parecen impuestos por ninguna necesidad física previa, gracias a los cuales es posible la vida inteligente en al menos un lugar de dicho universo. Esto desencadenó un apasionado debate sobre cómo interpretar esta intrigante coincidencia cósmica.
Veamos en primer lugar los rasgos especiales de nuestro universo que hacen posible que nosotros estemos aquí [9].

1. Carácter abierto: el surgimiento de novedad auténtica (“emergencia”) en el universo depende de la existencia de dinámicas “al borde del caos”, en las que orden y desorden se entrelazan de modos sutiles, como podemos ver en la evolución biológica, que es un juego entre el azar y la necesidad. El carácter básico de la ley física es la mecánica cuántica, la ley más demostrada de la ciencia, y que incluye tanto la fiabilidad (ej., la estabilidad de los átomos) como la apertura (impredecibilidad de los resultados de medida). Si el universo se comportara a nivel básico al modo determinista newtoniano-laplaciano, no habría surgido novedad, ni por lo tanto, la vida ni nosotros.

2. Escenario general: si el espacio hubiera tenido cuatro dimensiones espaciales en vez de tres, la ley de la gravedad seguiría no la ley del inverso del cuadrado de las distancias, sino la del inverso de su cubo, lo que hubiera dado órbitas planetarias inestables.

3. Especificidad cuantitativa de las constantes físicas [10]: Hay cuatro fuerzas o interacciones fundamentales en la Naturaleza (gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil), que determinan ciertas constantes de nuestro universo. Pues bien, los valores de muchas de estas constantes, así como ciertas proporciones entre ellas están finamente ajustadas, de modo que de haber adoptado otros valores (igualmente posibles), el universo no habría evolucionado como lo ha hecho ni habría generado vida basada en el carbono, incluyéndonos a nosotros.
 
a. Si la fuerza nuclear débil no estuviera relacionada de cierta forma (aparentemente casual) con la fuerza gravitatoria, o bien todo el hidrógeno se habría convertido en helio a los pocos segundos del Big Bang, o bien (en sentido contrario), nada del hidrógeno habría pasado a helio, y no se podría haber formado agua, disolvente universal para la vida. Por otro lado, si quisiéramos “diseñar” un universo con supernovas para generar elementos pesados para la vida, nos encontraríamos de nuevo con que las relaciones entre ambas fuerzas (gravitatoria y nuclear débil) deben estar limitadas a ciertos valores muy estrechos.

b. La vida requiere un universo con muchos elementos químicos (carbono, nitrógeno, azufre, fósforo, potasio, etc.), de modo que si el universo se hubiera quedado a nivel de los generados solamente en el Big Bang, que son los más sencillos (hidrógeno y helio), hubiera sido un universo “aburrido” e inerte (y por supuesto, sin observadores internos).

El elemento fundamental para la vida es el carbono, el único capaz de formar moléculas complejas con más carbono y con otros elementos. El carbono solo se forma en las “calderas” de las estrellas, y a su vez se “quema” para producir oxígeno, y otros elementos de la tabla periódica. Pues bien, ello depende de un fino ajuste entre la fuerza nuclear fuerte (que mantiene unidos los núcleos atómicos) y la fuerza electromagnética.

c. Como ya dijimos, los elementos más pesados que el hierro, algunos de los cuales también participan en la materia de los seres vivos, no pueden generarse en el interior de las estrellas, y solo se producen durante las explosiones de supernovas, que además “siembran” el medio interestelar de un “polvo” rico en los elementos generados. La relación entre la masa del protón y la del electrón tiene que ser la observada de 1.840 para que las estrellas produzcan esos elementos interesantes para la vida.

d. Las estrellas tienen otro papel fundamental, ya que al menos algunas de ellas deben de durar miles de millones de años (nuestro Sol lleva 4.600 millones). Para ello, hay un límite estrecho a la relación entre la constante del electromagnetismo y la constante de la gravedad. Si no hubiera sido así, o bien las estrellas se habrían agotado en unos pocos millones de años, o bien habrían sido tan débiles que no habrían generado la química necesaria para la vida.

4. Rasgos relacionados con las condiciones iniciales del universo:

a. La constante cosmológica, que parece estar detrás de la expansión acelerada del universo (y asociada con la misteriosa energía oscura antigravitatoria) está ajustada de un modo sorprendente, a un valor de decenas de órdenes de magnitud. (Las estimaciones teóricas sobre la energía del vacío que hace la teoría cuántica de campos se equivocan en 70 órdenes de magnitud respecto del valor real, cosa extraordinariamente llamativa).  

b. Al parecer estamos en un universo “plano”: las fuerzas expansivas y contractivas del universo están afinadas en grado extremo: la densidad media en el universo está ajustada tan finamente como con un error de 1 en 1060 de la densidad crítica que separa un universo abierto (en expansión indefinida) de un universo cerrado (que se contrae en un “Big crunch” o gran implosión). Si ese dato fuera ligeramente menor, el universo se expandiría tan rápidamente que no se formarían estrellas ni galaxias; si fuera mayor, todo el universo se derrumbaría por gravedad sobre sí mismo. En ambos casos, se obtiene un universo aburrido y sin observadores.  

c. El famoso matemático y físico Roger Penrose, usando principios termodinámicos, llegó a la conclusión de que obtener un universo plano sin inflación es muchísimo más probable que con inflación. Para ello, contabilizó las configuraciones iniciales posibles del campo gravitatorio y del hipotético campo escalar del inflatón (necesario para explicar la inflación cósmica).

Resulta que un universo uniforme y plano como el nuestro es relativamente improbable, pero aun así, tal tipo de universo es muchísimo más probable que se obtenga sin inflación que con ella, en un increíble factor de 10100 Es decir, al contrario que el caos inicial de la teoría inflacionaria, nuestro universo debió de comenzar con un grado de orden increíblemente alto. Eso significa que, de los muchísimos universos posibles, el nuestro es de los pocos (si no el único) con el orden suficiente para producir seres como nosotros.

d. La anisotropía (“arrugas”) de la radiación de fondo de microondas (popularizadas por las imágenes coloreadas de los satélites COBE, WMAP, Planck) muestra las pequeñas inhomogeneidades que sirvieron de semillas para las grandes estructuras del universo (galaxias agrupadas en cúmulos y supercúmulos).
Pues bien, la amplitud de la fluctuación responsable de dicha anisotropía está “ajustada” en torno a una parte por 100.000. De modo que un valor solamente diez veces más alto habría originado un universo solo a base de objetos extremadamente densos como agujeros negros y estrellas de neutrones; y por otro lado, con un valor diez veces menor el universo actual sería una masa laxa y en expansión de hidrógeno y helio, sin capacidad de formar galaxias, estrellas, planetas, vida, etc.

e. En su evolución, el universo tiene que alcanzar una gran edad, un enorme tamaño y una gigantesca cantidad de galaxias (100.000 millones), cada una de ellas con unas 100.000 millones de estrellas, antes de generar vida y seres inteligentes. A primera vista, la enormidad del universo parece apuntar a la insignificancia de una especie de un planeta perdido en esta inmensidad, pero en realidad el argumento se vuelve del revés, ya que, como decimos, es debido a su inmensidad por lo que podemos estar aquí (de haber sido más pequeño o con menos galaxias y estrellas, no habría vida inteligente).
 
5. Precondiciones químicas para la vida:

Hay tres propiedades del agua que son indispensables para la vida, y que dependen de ajustes finos: a) el agua es líquida a las temperaturas en que ocurren las reacciones químicas vitales; b) el agua actúa como disolvente universal; c) posee un alto índice de calor específico que la hace un excelente estabilizador térmico. Estas u otras propiedades dependen de una combinación de tres factores: enlace covalente fuerte entre oxígeno e hidrógeno; forma peculiar de sus moléculas y puentes de hidrógeno entre dichas moléculas. Y estos tres factores, a su vez, dependen de sutiles “ajustes finos” en parámetros básicos de las fuerzas físicas fundamentales.

Ante todo este panorama de “coincidencias cósmicas”, el famoso físico, Freeman Dyson dijo: “Cuanto más examino el universo y los detalles de su arquitectura, más evidente encuentro que el universo, en cierto modo, debía de saber que nosotros estábamos en camino”. Todo ello requiere una justificación. Y sin embargo, la vida autoconsciente es un producto cuantitativamente insignificante aparecido en un pequeño planeta perdido en un cosmos inimaginablemente grande.

Ahora bien, ya advirtió Pierre Teilhard de Chardin que lo importante en el universo tiene que ver más bien con la complejidad y la consciencia [11]. Un moderno teilhardiano, Schmitz-Moormann, ha insistido igualmente en que aquí no valen los argumentos cuantitativos del tipo “solo es relevante lo más abundante” para descalificar el principio antrópico como antropocéntrico; es decir, no sirve apelar a nuestra pequeñez e irrelevancia a escala cósmica, ya que “cualquier investigación no respaldada por el parámetro cuantitativo se convierte en una empresa antropocéntrica… Tenemos que buscar otra clave para interpretar el universo”.

“El hecho de relegar a los seres humanos a la insignificancia en el universo basándose en su presencia cuantitativa podría considerarse como un artilugio ideológico: la cantidad no dice gran cosa sobre el significado del universo” [12].

El cosmólogo y matemático George Ellis, en un notable artículo reciente, aludiendo a las “grandes cuestiones de la cosmología”, argumenta que el hecho de que el universo haya generado un subespacio de posibilidades donde se despliega la acción dotada de propósito de seres inteligentes obliga a conectar la cosmología con el significado de la vida humana, pero para ello hay que introducir datos que se relacionan con la vida en general, y con la humana en particular, incluyendo la experiencia humana ordinaria. Y para ello, el mundo de las ecuaciones no nos sirve, ya que la física no engloba el concepto de mente [13].

Por ahora no seguiremos esta línea de relación entre la antropología y la cosmología, aunque en un próximo artículo intentaremos abordar este fleco reflexivo, sobre todo por lo que se refiere a la evolución biológica y de la humanidad, y sobre los fenómenos dotados de aparente finalidad (teleología) e intencionalidad.
Por el momento nos quedaremos con la pregunta de qué sentido dar al intrigante ajuste fino del universo. Aquí es donde, lo queramos o no, estamos obligados a reflexionar de modo racional, partiendo de la ciencia, pero más allá de ella.

Breve inciso epistemológico

Resumamos lo dicho hasta ahora. El modelo estándar de interacciones físicas y de cosmología inflacionaria contiene unas quince constantes libres especificables. Nadie sabe nada acerca del por qué estas constantes tienen los valores que tienen (dichos valores son empíricos, o sea, se obtienen por observación, sin que ninguna teoría dé razón de su existencia).

Aunque desde Hume algunos (incluidos ahora algunos físicos) nos exhortan a aceptar las propiedades de la materia como datos brutos (“son cosas que pasan”), el descubrimiento del ajuste fino nos pide alguna explicación, interpretación o justificación.

Para dar sentido al enigma de este universo antrópico, en primer lugar debemos mostrar la epistemología que subyace a la cosmología física. Pero como veremos luego, más allá nos enfrentamos a las “grandes preguntas” que nos empujan a cosmologías (cosmovisiones) abiertamente metafísicas.

Una primera cuestión de fundamental importancia es no perder de vista lo que son los modelos explicativos en ciencia (por lo pronto, “el mapa no es el territorio”). Algunos de los modelos sobre el ajuste fino han abandonado uno de los núcleos irrenunciables de lo que hasta ahora se consideraba como ciencia respetable: veremos que algunos de ellos (más allá de su coherencia interna y de su simplicidad o elegancia) son por principio imposibles de contrastar empíricamente (o sea, no son falsables en sentido popperiano).

Como dice Javier Monserrat, “a un modelo imaginado, por muy elegante y bien construido que esté, dando por supuesto que no es contradictorio con los hechos, que es armónico con ellos y pudiera explicarlos, no puede atribuírsele, eo ipso la realidad” [14].

Los modelos científicos, que son provisionales y solo nos hablan de partes de la realidad, no de toda la realidad, están además infradeterminados por la limitación de datos de observación de que disponemos. Por ello, siempre tenemos que hacer suposiciones teóricas para sustentar los modelos, que no dejan de ser tanteos provisionales de captar “lo que hay ahí fuera”.

La cosmología física tiene además dificultades añadidas extraordinarias: se trata de una ciencia histórica (el cosmos tuvo un nacimiento y un desarrollo temporal) pero a diferencia de otras ciencias históricas, cuenta solo con un solo “ejemplar” a estudiar (nuestro universo). Y por otro lado no podemos construir universos en el laboratorio.

Esto nos lleva al problema de la variancia cósmica: la diferencia entre lo que predicen los modelos teóricos (posibles universos alternativos imaginables) y el universo real, el único del que tenemos datos. Estas dificultades no ocurren en otras ciencias.

Ellis llama la atención sobre el giro que ha dado la cosmología desde la década de los setenta del siglo XX: mientras que entonces se daba por supuesto que el universo tenía una naturaleza muy especial, ahora el péndulo se ha ido al extremo opuesto, y muchos cosmólogos, en su búsqueda de explicaciones del ajuste fino, nos dicen que nuestro universo no tiene nada en especial, salvo el trivial de que sus parámetros permiten que estemos aquí. Y para ello se han propuesto todo tipo de especulaciones, muchas de las cuales asumen filosóficamente que nuestro universo en realidad no es improbable, sino que es un ejemplar concreto de múltiples universos sujetos a leyes estadísticas.

Interpretaciones del ajuste fino

Aun si dispusiéramos de todo tipo de datos para elaborar un modelo “completo”, siempre nos tendríamos que enfrentar a la tarea de interpretar dicho modelo. Y como veremos, interpretaciones no faltan, ni mucho menos, pero en ellas es irremediable acudir a razonamientos y conjeturas que van más allá de la ciencia.
Las posturas interpretativas se pueden clasificar en tres tipos:

a. “La existencia del universo se debe a una necesidad emanada de las leyes físicas”. ¿Se pueden proponer teorías científicas capaces de dar cuenta o predecir las magnitudes fundamentales que vemos como necesarias y no como arbitrarias? Einstein lo resumió en otra de sus conocidas frases: “¿Tuvo Dios alguna alternativa al crear?”. Porque si las constantes físicas son “necesarias” y no contingentes (o sea, no pueden ser de otra manera), según algunos se podría “descartar” la “hipótesis teísta” (por ahí va en parte la teoría de cuerdas).
 
Por otro lado, dotar a las leyes físicas de una existencia platónica y una necesidad metafísica separadas de su plasmación en el mundo real es decir demasiado: no parece que se pueda plantear la existencia de leyes preexistentes al espacio-tiempo y a la materia.

Además, si el universo es único (solo hay uno), y dado que la cosmología es una ciencia histórica en la que no podemos realizar experimentos, no está claro cómo podemos distinguir la leyes universales necesarias respecto de las condiciones iniciales y de frontera (contingentes) [15]. Por ejemplo, la famosa segunda ley de la termodinámica, responsable de la flecha del tiempo, parece que se debe a las especiales condiciones iniciales del comienzo del universo.

b. “El universo se debe al azar”. Esta idea es tan chocante que, para evitar lo absurdo de atribuir a la mera suerte la existencia de un cosmos tan peculiarmente ajustado, se han propuesto diversas hipótesis sobre la existencia de multitud de universos, cada uno con una combinación de parámetros básicos y su propia evolución, de modo que nosotros simplemente estaríamos en uno de ellos, sin ninguna peculiaridad especial, aparte de que estamos aquí constatando el que nos ha tocado en la lotería. O sea, se sugiere un juego de azar cósmico que, llevado al extremo propone infinitos universos, lo que quitaría misterio al ajuste fino del nuestro. Lo veremos en una sección ulterior. 

c. “El universo se debe a un propósito o finalidad impartida por algo o alguien ajeno al propio universo”. Por aquí van las propuestas que tratan de mostrar la verosimilitud (que no demostración) de la tesis teísta. Por ejemplo, para Soler Gil, el universo posee unos rasgos de racionalidad, carácter de objeto e indicios de finalidad suficientes para confiar en la razonabilidad de la tesis teísta [16], un Creador que llama a la existencia a nuestro mundo. El riesgo subyacente en esta tercera alternativa es caer en una teología natural con las connotaciones negativas asociadas a la teología del diseño de siglos anteriores (al estilo de Paley), desacreditada para los seres vivos por el evolucionismo darwiniano.

Pero como dice Polkinghorne, la nueva teología natural derivada del principio antrópico es diferente a la del siglo XVIII, ya que afecta al origen de las mismas leyes de la naturaleza, “algo que una ciencia honrada no puede explicar, ya que tiene que asumirlas como la base inexplicada de su registro detallado de fenómenos” [17].

Obsérvese, pues, que una cosa es un modelo explicativo científico sobre cómo es y se comporta el universo que observamos, y otra es explicar la mera existencia del universo: es este segundo caso traspasamos los límites de los modelos causales de base física y pasamos a otros tipos de causación, y entramos en el terreno de la especulación meta-física.

Veamos en resumen las interpretaciones y modelos teóricos que se han propuesto, en los que casi inevitablemente la ciencia entra en diálogo con la filosofía y la teología.

Fuente: Flickr.
Fuente: Flickr.
1. Modelos de inflación

Es el modelo aceptado hoy día, sugerido en su día por Alan Guth [18], que propone un período de expansión muy rápida en los primeros 10-34 segundos tras el Big Bang (inflación) seguido de una expansión “normal·”.

La teoría de la inflación no implica negar la posibilidad de diseño divino, porque podemos preguntar: “¿Por qué la teoría da los valores que da?” Pero además, la inflación a su vez muestra signos poderosos de ajuste fino entre las fuerzas expansivas y las contractivas, responsable del universo tal como lo observamos. Para explicar este equilibrio se han propuesto decenas de modelos de inflación, de modo que como dice Holder [19], se ha producido un fenómeno parecido a lo que ocurrió con la proliferación alambicada de epiciclos sobre epiciclos en la astronomía ptolemaica.

2. Teorías de la gran unificación

Se puede proponer que nuestro universo es único, pero que los valores de los parámetros libres fundamentales no son arbitrarios, sino obligatorios. A las dificultades no resueltas de unificar la gravitación de la relatividad general con las otras tres fuerzas ya explicadas por mecánica cuántica se ha respondido con un aluvión de modelos totalmente hipotéticos. Se intenta conseguir un modelo cuántico de la gravedad, a pesar de que el modelo explicativo actual (basado en la relatividad general) es plenamente satisfactorio.

Por ahora no hay soporte empírico, pero hay experimentos en camino que pueden lograr en el futuro pruebas de dicho carácter cuántico, al igual que se han cuantizado las otras tres fuerzas de la naturaleza.

Ahí nos encontramos teorías de gran unificación que pretenden llegar a una deducción (predicción) de las leyes y parámetros fundamentales, en un intento de convertir estos parámetros  hoy libres (o sea, contingentes) en necesarios. Algunas de dichas teorías se fundamentan a su vez en modelos de teorías de cuerdas o supercuerdas, como la llamada “teoría M”.

Pero las propias teorías de cuerdas se enfrentan a numerosos problemas, entre los cuales hay que destacar su carácter no falsable, es decir, que violan principios básicos de la epistemología científica tal como se entienden desde Popper, como destaca Lee Smolin [20]. En concreto, las teorías predicen seis dimensiones espaciales ocultas a añadir a las cuatro conocidas del espacio-tiempo [21].

Es más, las cinco teorías de cuerdas distintas con capacidad de “predecir” el mundo se pueden interpretar como límites matemáticos de una sola teoría subyacente, llamada teoría M [22]. Sin embargo, las propias teorías no conducen a predicciones unívocas, resultando un espacio abstracto de resultados posibles denominado “paisaje” [23].

Otro problema, al que aludiremos luego, es que dichas teorías parecen exigir la existencia de numerosos universos incomunicados con el nuestro. Cabe preguntarse qué clase de “ciencia” es esta que no puede hacer predicciones unívocas, ni contrastables ni falsables. (Para salir del atolladero en que se encuentran las teorías de cuerdas, se están planteando modelos de intersección de “branas”, planos multidimensionales del espacio-tiempo, algunos de cuyos postulados podrían contrastarse por observaciones cosmológicas y en experimentos de aceleradores de partículas como el LHC).

De todos modos, imaginemos que logramos una teoría de todo (TOE, theory of everything). En este caso la mayor coincidencia antrópica sería que esta teoría, establecida sobre bases de consistencia lógico-matemática, está tan finamente ajustada que genera un mundo evolutivo capaz de producir seres inteligentes capaces de comprender dicha consistencia. Además, habría que explicar cómo tales leyes se encarnan en el mundo real: no podríamos nunca probar por qué ese mundo debería haber llegado a existir [24].

Una "teoría (física) de todo" no explicaría todo

Hay que aclarar que una teoría de todo solo sería aplicable al ámbito de la física, ya que hoy sabemos que estamos en un universo en evolución, por lo tanto con una historia irreversible que incluye contingencias imprevisibles; un universo el que más allá de lo cuantitativo de los grandes números, han surgido minoritarias pero fundamentales novedades ontológicas como la vida y la consciencia, con sus propias leyes y dinámicas, emergidas de los niveles más básicos de la materia, pero irreductibles a ellos [25].

El propio Stephen Hawking reconoce que quizá la teoría omniabarcadora se nos escapará para siempre, y que necesitaremos diferentes teorías para diferentes ámbitos, cada una con su propia versión válida de la realidad [26]. El universo no se deja atrapar por modelos unitarios, sino que su conocimiento requiere multitud de disciplinas no reducibles unas de otras).

De todos modos, si se llegara a una teoría (física) de todo al estilo de la citada teoría M, el teorema de Gödel nos advierte de que ella no podría dar cuenta de su propia validez. El teorema de incompletitud de Gödel viene a decir que no puede probarse que ningún sistema racional de enunciados sea al mismo tiempo consistente y completo [27].

Si la consistencia se acepta como una condición necesaria de toda descripción de la realidad, no podemos llegar a un sistema racional que al mismo tiempo sea completo.

Como se sabe, este golpe a la pretensión de formalizar completamente el lenguaje matemático fue seguido por la demostración por parte de Alan Turing de que no es posible demostrar siempre que la ejecución de un algoritmo en una máquina de cómputo se detenga en un tiempo finito. Este llamado “problema de la detención” implica que no toda la matemática es decidible semánticamente [28]. En esa estela, más recientemente, Gregory Chaitin, ha mostrado que no es posible una teoría de todo para la matemática [29].

Años después de sus aspiraciones iniciales a una teoría de todo, Hawking ha llegado a reconocer que “si existen resultados matemáticos que no pueden ser demostrados, entonces existen problemas físicos que no pueden ser predichos”, de modo que las teorías físicas se hallan referidas a sí mismas, así que “cabe esperar que o bien sean contradictorias o bien sean incompletas”.
Por lo tanto, necesitamos una pluralidad de enfoques y lenguajes, incluido el interdisciplinar, para hacer honor a la complejidad irreducible de lo real sin incurrir en realismos ingenuos [30].
Pasemos a un breve resumen de los modelos de gran unificación.

Universo como resultado de una fluctuación cuántica

En los años setenta del siglo pasado se intentó ampliar teoría cuántica de campos (victoriosa en el ámbito de la microfísica) al plano cosmológico, es decir, tratando el universo en su origen como una partícula elemental sometida a las leyes de la mecánica cuántica. Ello produjo la idea de que nuestro universo podría haber surgido como resultado de una fluctuación cuántica del vacío físico.

En el vacío cuántico se producen continuamente pares de partículas y antipartículas virtuales, que inmediatamente se aniquilan entre sí. La hipótesis propone que el universo pudo ponerse en marcha por un evento en el que la energía fue tomada “en préstamo” durante un instante brevísimo. Además, la energía total no tuvo necesariamente que ser muy grande, a juzgar por lo que nos dice la cosmología del balance total incluyendo energía gravitatoria negativa.
 
  • El primer modelo de este tipo (Edward Tryon, 1973) llevaba a la insatisfactoria respuesta de que nuestro universo es fruto de una mera probabilidad estadística, o sea, que “esto son cosas que pasan, simplemente porque sí”. Algunas de estas ideas volverán a aparecer cuando hablemos de modelos de multiverso.
  • Pero aparte de los problemas técnicos, estas teorías usan a veces un lenguaje confuso, como “tiempo antes del tiempo” y caen en una reificación de entidades matemáticas.
  • Aún más fundamental es la identificación errónea que estas propuestas hacen entre el vacío (una entidad física) y la nada metafísica. Porque el vacío cuántico no es la nada, sino otra entidad material más, descrita por las propias leyes cuánticas, y dotada de los rasgos de lo material [31].
De hecho, esta confusión es frecuente en los divulgadores científicos de moda. Recientemente se ha editado en España un libro con el significativo (y mixtificador) título de “Un mundo de la nada”. Son textos que no esconden su militancia atea (cosa legítima), pero que confunden al público, al hacer pasar como “científico” un postulado metafísico producto de sus propios prejuicios antiteológicos.

Los intentos de llegar a un cosmos autosuficiente no parecen tener mucho éxito. Como dice Mark Worthing, “en el mismo momento en que uno afirma poseer una teoría explicativa de cómo podría el universo haberse originado de la nada, cae uno en una contradicción inevitable (…) Naturalmente, podría afirmarse que no había nada y de repente hubo algo, sin razón ni causa aparente. Pero esto más bien sería el enunciado de una creencia filosófica o teológica que una genuina teoría científica [32].

b) Modelo de Hawking

Stephen Hawking intentó hace años un modelo de universo autocontenido “que no dependiera de un Creador”, a partir de la gravedad cuántica. Buscó una función de onda para el universo como un todo, tratándolo de modo análogo a la función de onda de Schrödinger asociada a las partículas subatómicas.

Para ello Hawking y Jim Hartle aplicaron el método de Feynman para el cálculo de probabilidades de la transición de estado de las partículas cuánticas. Ahora bien, para lograr esto, hay que partir de unos presupuestos arbitrarios, como el tiempo imaginario y las “condiciones de frontera” del universo (se trata de una especie de apuesta a priori).

Sin embargo, tras muchos años en esta línea, no se ha producido ni una sola predicción correcta, por lo que esta vía ha sido abandonada incluso por el propio Hawking.

Pero incluso imaginando que Hawking llevara razón en su apuesta científica, de ella no se seguiría la conclusión de la ausencia de un Creador [33]. Pues una cosa es el modelo científico y otra muy distinta las conclusiones filosóficas. Además, la idea que tiene Hawking del concepto de Creación es bastante pobre, como le han criticado muchos autores.

Entre otros, comete el tipo de error, ya señalado por Tomás de Aquino, de pensar que ex nihilo (de la nada) necesariamente significa post nihilum (después de la nada), de modo que negando la segunda, se deduciría la negación de la primera, y por lo tanto, del Creador [34].

Lo que nos dice la creatio ex nihilo es la dependencia fundamental del mundo con respecto a Dios, es decir, su contingencia de existencia y de condiciones límite [31] (véase más adelante). Por otro lado, Hawking comete la simpleza de pensar que lo que no tiene inicio cronológico no tiene causa o principio ontológico, algo que habría hecho sonreír a cualquier aprendiz de filósofo desde Grecia en adelante [36].

c) Modelo de gravedad cuántica de bucles

Martin Bojowald propuso un modelo consistente en cuantizar directamente las ecuaciones de Friedman del modelo cosmológico estándar con ayuda de las matemáticas asociadas a la gravedad cuántica de bucles. Ello hace que el espacio y el tiempo no sean continuos, sino discretos, “a saltos” infinitesimales. De ahí derivaría un universo que colapsa “antes” del Big Bang, alcanza un volumen mínimo, pasa por un estado de energía cero y “rebota”, expandiéndose ya según el modelo estándar [37].

Sin embargo, este curioso universo sigue teniendo los rasgos de un objeto físico: es un objeto aislable y dinámico, y es racionalmente comprensible. De hecho, aquí la racionalidad matemática llega a nuevos extremos insospechados, levantando, una vez más, las objeciones ya aludidas antes. Por lo tanto, sigue siendo un universo tan contingente como otras descripciones de la física [38].

Multiverso. Fuente: Wikimedia Commons.
Multiverso. Fuente: Wikimedia Commons.
3. Multiverso(s)

Decir que todos los parámetros físicos iniciales del universo tienen esas proporciones y relaciones solamente por casualidad es absurdo si postulamos un solo universo, ya que las “casualidades” aluden a hechos probabilísticos, o sea, el azar depende de la probabilidad de diversos resultados.

Para hacer que lo muy improbable se convierta en probable o incluso en obligatorio, algunos han propuesto modelos de múltiples universos (multiverso), bien sean simultáneos o sucesivos.

Las primeras ideas de multiverso arrancan con la interpretación que hizo Hugh Everett del principio de incertidumbre de la mecánica cuántica. Este principio nos viene a decir que antes de una observación, solo existen probabilidades, y que la observación “selecciona” una entre todas esas posibilidades estadísticas. Pues bien, Everett, un opositor acérrimo a la interpretación de Copenhague del principio de incertidumbre, en su propuesta (llamada “de los muchos mundos”) nos dice que para escapar de la paradoja del principio de Schrödinger hay que postular que todas las posibilidades en realidad ocurren, aunque en universos separados y paralelos.

En cada momento estarían surgiendo versiones alternativas de cualquier evento, que por así decir se “ramificarían” a partir del momento previo. O sea, habría infinitos universos, y cada uno de ellos se estaría desdoblando continuamente en otros infinitos nuevos universos [39].

Se han propuesto varios modelos de multiverso con muchos o infinitos universos coexistentes o sucesivos [40]. Como dice, John Leslie, “los teóricos modernos encuentran cosa fácil el inventar mecanismos para lograr que la física aparente y las propiedades manifiestas difieran de un universo a otro, incluso cuando la física subyacente y las propiedades más fundamentales sigan siendo las mismas”.

Resumamos los principales modelos de múltiples universos:
En el peldaño más sencillo o “comprensible” de multiversos tenemos en realidad un solo universo de enorme tamaño o incluso infinito, a base de múltiples dominios coexistentes, a modo de burbujas separadas. En este mega-universo solo podemos tener noticia de un dominio parcial (el nuestro), correspondiente a lo que se llama “volumen de Hubble”, calculado teniendo en cuenta la velocidad finita de la luz y el tiempo que ha pasado desde el Big Bang. Lo que exista más allá de nuestra “burbuja” no lo sabemos (ni lo podremos saber), e incluso las leyes de la física allí podrían ser distintas.

El segundo tipo de multiversos se sustenta en ciertas hipótesis físico-cosmológicas que hoy día no cuentan con apoyo empírico:
  • Ya Edward Tryon postuló en 1973 un vacío físico con una constante actividad de formación y destrucción de partículas diversas con propiedades y masas infinitamente variables. Esas fluctuaciones cuánticas del vacío darían lugar a semillas de universos con todas las combinaciones posibles de rasgos físicos. Cada uno de esos universos sufriría una expansión y evolución distinta e independiente de los otros universos “hermanos”, con los cuales nunca podría conectar. La inmensa mayoría de esos universos serían aburridos o estériles (no podría surgir vida ni vida inteligente).
 
  • Inflación eterna de Andrei Linde y Alex Vilenkin: como consecuencia directa de la mecánica cuántica asociada a una expansión acelerada, una vez iniciado el proceso de inflación cósmica, este no se detiene jamás; ello implica que el espacio en expansión va formando dominios (“universos burbuja”) desconectados entre sí, de modo que nuestro universo observable sería uno de dichos dominios [41].
La extrapolación que se hace aquí desde la física cuántica conocida no solo no está comprobada, sino que seguramente es inverificable. El mecanismo por el que se realizan diferentes vacíos de la teoría de cuerdas en diferentes dominios es totalmente especulativo.

En tal tipo de universo con inflación eterna, tal como dice Alan Guth, “todo lo que puede llegar a ocurrir, sucederá; de hecho sucederá un número infinito de veces”. De esta manera, el ajuste fino pierde su misterio, ya que la combinación de constantes y parámetros se vuelve estadísticamente necesaria debido a la ley de los grandes números.

En esta y otras propuestas parecidas (como algunas de las que Hawking expone en su libro El gran diseño) subyace la idea de la existencia de una especie de meta-universo en estado de superposición cuántica, cuya función de onda colapsa, produciendo los diferentes multiversos o universos. Pero como vienen a decir Javier Monserrat y George Ellis, esto es ilegítimo, porque la base en que se apoyan (incluyendo la electrodinámica cuántica de Feynmann) está pensada para los fenómenos dentro de nuestro universo, y no se puede extrapolar al hipotético meta-universo. Además, en la mecánica cuántica solo es real el estado colapsado medido, no las posibles trayectorias o historias posibles en el estado de superposición [42].
  • El “paisaje cósmico” de Leonard Susskind: la búsqueda de una teoría cuántica de la gravedad (por supercuerdas-teoría M o por gravedad cuántica de bucles) conduce a un multiverso con un número inimaginable de versiones (en torno a 10500; a título comparativo digamos que nuestro universo contiene “solo” 1080 átomos). Susskind propone que todas esas posibilidades son exploradas realmente por la realidad física, viviendo nosotros en una de ellas [43]. De nuevo nos encontramos con una extrapolación ilegítima y no falsable.
  - En su momento, Lee Smolin propuso la idea de multiversos generados por colapso de agujeros negros.  

- Una de las propuestas más atrevidas es la de Max Tegmark, según la cual todas las estructuras matemáticas consistentes imaginables existen también de modo físico, real. Nosotros estaríamos en el único universo que es consistente con nuestra existencia [44].
 
Crítica de los modelos de multiverso

En este apartado comenzaremos retomando algunas de las críticas epistemológicas ya apuntadas en secciones anteriores, centradas en la pregunta de que, dado que todas o casi todas las propuestas de multiversos son por principio inverificables (no falsables), si se pueden considerar como científicas.

Hasta ahora, el núcleo de lo que consideramos como ciencia es su apoyo en los datos de observación y experimentación y su capacidad predictiva. No parece que los modelos de multiversos cumplan dicho requisito.

Ahora bien, dado que en ciencia admitimos ciertas entidades inobservables, ¿podríamos justificar la existencia del multiverso o meta-universo? La respuesta, según Ellis, es negativa porque estas hipótesis (a) carecen de buenos fundamentos; (b) no cuentan con resultados predecibles; (c) el multiverso no es la única manera de explicar los datos del ajuste fino, existiendo otras alternativas, y sobre todo porque (d) carecen de base observacional y experimental [45].

[Un inciso: sin embargo, para algunos científicos, como Lee Smolin, el debate cosmológico del ajuste fino en versión de los multiversos, junto con las especulaciones de las teorías de cuerdas y los intentos de lograr una teoría de todo obligan a replantear seriamente los mismos fundamentos epistemológicos de la propia empresa científica [46]. Para Leonard Susskind, uno de los padres de la teoría de cuerdas, hay que renunciar a la idea de que podamos llegar a comprender la realidad, y defiende que las paradojas y contradicciones de la física actual dan más razones que nunca para adscribirse a las ideas instrumentalistas de Niels Bohr, debiendo conformarnos con realizar y verificar predicciones empíricas («la palabra “reproducible” resulta mucho más útil que la palabra “real”») [47].

Paul Steinhardt, uno de los padres del modelo de inflación, reflexionando sobre los infinitos universos burbuja derivados de la inflación eterna de Linde, dice: “¿Qué significa que la inflación realiza una serie de predicciones […] si todo lo que puede ocurrir sucede un número infinito de veces? Y si una teoría carece de predicciones verificables, ¿cómo puede sostenerse, como suele hacerse, que se halla de acuerdo con las observaciones?” [48].

El físico Paul Davies ha comentado que la “flagrante contradicción de la teoría de la selección cósmica [en el multiverso] es que necesita un número infinito de universos invisibles solo para explicar el que vemos”. Además, “debe presuponer el concepto de ley, y obvia la pregunta de dónde vienen esas leyes y cómo se ‘ligan’ al universo de un ‘modo eterno’”.

Por su parte, Eduardo Battaner declara que “[con las propuestas de multiverso] el nivel de especulación es tan atrevido que no sabemos bien qué tierra estamos pisando, desde luego no la de la Física tradicionalmente entendida, con el experimento y la observación como pilares básicos [49].

Además, muchos autores favorables a multiversos cometen un error categorial al confundir las legítimas preguntas de tipo “cómo” que se hace la ciencia con pretender que la física tiene la respuesta a la pregunta clave de “por qué” existe el universo. Y esto se debe, entre otras cosas a que no pueden explicar por qué las leyes de la física son como son, ni si esas leyes existían (y en su caso cómo eran) “antes” de que el universo apareciera.

Por supuesto, la especulación es posible y es legítima en ciencia, siempre y cuando se respete  el núcleo de los valores epistémicos de la ciencia, cosa diferente a dar por buenos modelos sin posibilidad de apoyo observacional, propuestos por su “elegancia”, su “belleza” o su consistencia matemática (por ejemplo, el modelo de inflación eterna de Linde se basa en relacionar dicha inflación con la compleja matemática de la teoría de cuerdas).

Para John Polkinghorne “este multiverso no es más que una especulación metafísica con un exceso de prodigalidad ontológica”.
  • En la misma línea, para Ellis “es una propuesta extraordinariamente extravagante postular innumerables universos inobservables, solo para explicar una única entidad (el universo observable). No podemos caracterizarla precisamente como un ejercicio de parsimonia, tal como defendía Guillermo de Ockham”.
    En resumen, una teoría solo es científica si permite hacer predicciones unívocas contrastables sobre hechos que podamos observar, y las hipótesis del multiverso presuponen que jamás podremos observar los otros hipotéticos universos hermanos del nuestro. Por lo tanto, estamos ante elucubraciones metafísicas como bien ha hecho notar Carlos Beorlegui en un artículo de Tendencias21 de las Religiones [51].
Pero hacer metafísica no es malo (aquí ya es inevitable); lo malo es, como hacen muchos autores en sus libros de divulgación, esconder bajo la apariencia de ciencia respetable lo que es mera especulación sustentada en modelos no contratados y casi con seguridad inverificables. Para “jugar limpio”, habría que dejar claro que se ha entrado en plenos dominios de la cosmología metafísica, intentado no perder de vista lo que nos dice la cosmología física verificada, pero evitando “colar” una cierta postura filosófica como si estuviera avalada por los datos científicos.

“No hay nada de malo en la especulación filosófica con base científica, que es lo que son las propuestas de multiverso. Pero deberíamos llamarlas por su nombre (Ellis) [52]. “No veo objeciones teológicas fundamentales contra un multiverso […] Solo estoy en contra de la elaboración de hipótesis físicas especulativas acicaladas con cálculos matemáticos para darles apariencia de cientificidad” (Hans Küng) [53].

Una propuesta razonable

Como dice Javier Monserrat, los resultados actuales de la investigación científica, sometidos a reflexión filosófica, no nos imponen una verdad metafísica última del universo, es decir, el universo es ambivalente desde el punto de vista metafísico [54]. Por lo tanto, la ciencia no impone ni el teísmo ni el ateísmo.

Lo que se abren son interpretaciones y propuestas más o menos razonables, que cada cual intentará hacer congruentes con sus creencias. Tanto el creyente como el ateo han de mostrar la razonabilidad de sus respectivas creencias recurriendo a argumentos metafísicos, pero no pueden imponerlas ni existe un tribunal independiente que pueda resolver a favor de uno o de otro.

El creyente legítimamente podrá justificar que el universo (explicado por la ciencia) es coherente con la idea teológica de Creación, e incluso hablar de la creación de un mundo en evolución, aceptando, igual que el ateo, lo que la ciencia legítimamente nos dice sobre el origen físico y decurso histórico del cosmos. Y el ateo puede legítimamente justificar su postura a partir de los mismos datos y modelos científicos.

La ciencia no impone pues una idea de sentido o finalidad en el universo. El concepto de finalidad que usamos aquí no se desprende de la ciencia, no se deriva de ningún principio físico ni de ninguna ecuación o actividad de las fuerzas de la naturaleza, sino que pertenece al campo de la metafísica, aunque para formularlo de modo congruente debamos tener en cuenta lo que nos dice la ciencia sobre la realidad material.

La filosofía y la teología son perspectivas que, al reflexionar sobre la racionalidad, orden y tendencias del mundo natural (desentrañados mediante la ciencia) nos pueden conducir a proponer (no demostrar en sentido estricto) lo razonable de la finalidad de un cosmos contingente y de la existencia de un Creador de dicho cosmos, un Dios que gobierna el mundo contando con el juego entre azar, contingencia y leyes naturales.

La teleología (finalidad) es un concepto que sirve de puente y nexo armonizador entre las ciencias naturales y las humanidades, bien entendido que no nos suministra “demostraciones” ni nos manifiesta los detalles del plan divino [55].

La realidad material es contingente, cambiante, y no puede llegar a existir por sí misma. Como ha quedado claro antes, incluso si se encontrara una teoría que unificara las leyes físicas y los parámetros arbitrarios descubiertos empíricamente, dicha teoría sería igualmente contingente (y en base a los teoremas de incompletitud, las leyes reflejan axiomas no derivables que igualmente no son necesarios).

Para el creyente, la realidad material solo puede llegar a la existencia por un Ser necesario e inmutable, sin limitación alguna. Dicho Ser creó nuestro universo, dotándolo de un dinamismo y ajustando sus parámetros básicos de tal manera que permiten la aparición de vida y de seres inteligentes.

Es decir, la finalidad del universo (un plan racional, pero no demostrable desde la ciencia) sería traer a la existencia (mediante causas naturales derivadas del propio dinamismo natural) seres inteligentes capaces de explorar el mismo universo y preguntarse por su sentido, y llegado el caso, reconocer y honrar a su propio Creador.

La interpretación teísta del principio antrópico da un salto del “parece” al “es”: el universo parece hecho para el hombre porque está hecho para nosotros (y quizá otros seres inteligentes en otras partes del cosmos); el universo está diseñado por un Creador para llamarnos a la existencia y para acogernos.

Insistamos en que el concepto de creación no es una explicación causal (de causas físicas) ya que Dios no es una causa entre causas [56]. La imagen de la creación nos dice que Dios (ser necesario) y el mundo (contingente) son diferentes (en contraste con el panteísmo), señalando la dependencia ontológica de este respecto de aquel. Por otro lado, la “creación de la nada” (idea surgida a comienzos del cristianismo) era un modo de oponerse a enseñanzas gnósticas dualistas que postulaban la maldad de la materia frente al espíritu.

La noción de causalidad en ciencia llega a sus límites cuando se considera el universo como un todo, ya que la causalidad presupone tiempo (ya Agustín de Hipona dijo que la pregunta de qué hacía Dios antes del tiempo carece de sentido). Como dice Berg, “la pretensión cristiana de que el universo es creado no entra en competencia con teorías científicas sino más bien con pretensiones metafísicas de otro tipo referidas a la estructura última de la realidad” [57]. El acto de traer a la existencia el universo no se puede explicar en los términos habituales de causa y efecto, y hay que usar un lenguaje meramente analógico y simbólico.

Insistamos igualmente en algo que no terminan de tener claro algunos físicos ingenuos filosóficamente y algunos creyentes igualmente ingenuos: origen (principio) y creación son conceptos no solo diferentes, sino pertenecientes a categorías epistemológicas distintas.

Entre los astrofísicos que tienen esto claro cabe citar, de nuevo, a Eduardo Battaner: “Si principio y creación son conceptos diferentes, y el tiempo comienza su andadura con la materia, del hecho de que el universo haya tenido un principio no podemos concluir que haya tenido una creación. Y si no hubiera tenido un principio, no por eso habría que descartar que no haya sido creado” [58].

Para Polkinghorne, el orden asombroso que descubrimos en el cosmos, y el hecho de que nuestras mentes puedan entender dicho orden, se pueden igualmente interpretar como un reflejo de la mente de su Creador. Igualmente es relevante el hecho de que la humanidad, en sus diversas épocas y culturas, ha tenido experiencias de lo sagrado a las que ha dotado de una importancia radical [59].

Una vez más: esto no demuestra la existencia de Dios, sino que sugiere (más allá del alcance de la ciencia, pero partiendo de los datos científicos) que la hipótesis teísta es razonable y quizá más sencilla que sus alternativas metafísicas materialistas [60]. Si entendemos la teología natural en esta su nueva y más humilde concepción, quizá podamos decir que sigue viva [61]. 7

Como dice Polkinghorne: “Es ciertamente sorprendente que un universo inteligible, fecundo, abierto e interrelacionado resulte así consistente con la idea de un Creador inmanentemente activo” [62]. Obsérvese de nuevo el matiz: consistencia no significa demostración, sino no contradicción entre distintos ámbitos o sistemas de pensamiento, lo cual permite su convivencia pacífica. Y como dice Javier Leach aludiendo a los distintos tipos de lenguajes y significados que empleamos los humanos, la creencia en la consistencia es una presunción metafísica, lo que implica que tiene no solo valor racional y científico, sino también valor teológico [63].

Para el George Ellis, el universo está diseñado para la ambigüedad, para acceder a la naturaleza oculta de Dios desde el enigma. En el universo no hay “marcas explícitas” de la actividad de Dios que obliguen a creer en Él. En este universo el ser humano es libre ante un Dios que no se le impone. Para Ellis, el universo está diseñado para que surja la libertad y responsabilidad de seres inteligentes, y un requerimiento para ello es que la naturaleza de Dios y su actividad creadora queden ampliamente ocultos de modo que se haga posible dudar.

Sin embargo, Dios no está totalmente oculto, ya que el universo está diseñado para permitir el acceso del hombre a Él, dejando abierta la posibilidad de la duda y del rechazo. Por lo tanto, el diseño del universo es kenótico: Dios “se ha abajado”, ha renunciado a imponer su presencia para dejar sitio a la libertad de sus criaturas inteligentes [64].

Notas

[1] CARREIRA, M. (1997): “El hombre en el cosmos”, Cuadernos Fe y Secularidad, Santander: Sal Terrae, pp. 29-30.
[2] ZINKERNAGEL, H. (2014): “Introduction: Philosophical aspects of modern cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 1-4.
[3] ELLIS, G.F.R. (2014): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[4] Un artículo divulgativo por dos “padres” de la inflación cósmica: GUTH, A.H., STEINHARDT, P.J. (1984): “El universo inflacionario”, Investigación y Ciencia 94 (julio). Años más tarde, el segundo de estos autores mostraba los pros y contras de tal modelo: STEINHARDT, P. J. (2011): “La inflación a debate”, Investigación y Ciencia (junio): 16-23.
[5] Un libro reciente que analiza la complejidad desde multitud de ángulos científicos y filosóficos: LINEWEAVER, CH. H., DAVIES, P.C.W., RUSE. M., coords. (2013): Complexity and the Arrow of Time, Cambridge University Press.
[6] Artículos de divulgación accesibles: TURNER, M.S. (2009): “El origen del universo”, Investigación y Ciencia (noviembre), 18-25; SCHNEIDER, P. (2010): “Cuestiones fundamentales de cosmología”. Investigación y Ciencia 405 (junio), 60-68.
[7] Un artículo de divulgación sobre dichas predicciones, FIGUEROA, D.G., GARCÍA-BELLIDO, J. (2012):”Una ventana al primer instante del universo”, Investigación y Ciencia (diciembre). Y otros sobre la detección de las ondas gravitacionales: SHAWHAN, P.S. (2005): “La detección de ondas gravitatorias”, Investigación y Ciencia 349 (octubre); ANDERSEN, R.D. (2013): “Cómo oír la gran explosión”, Investigación y Ciencia 447: 16-23; SCHWARZ, R. (2014): “Tras las huellas de la inflación”, Investigación y Ciencia 454 (julio): 74-85.
[8] Un texto clásico sobre este principio es BARROW, J, TIPLER, F. (1986): The anthropic cosmological principle, Oxford: Clarendon Press. Para una breve revisión de los conceptos, historia y consecuencias filosófico-teológicas del principio antrópico y del ajuste fino, véase ARTIGAS, M. (2007): Ciencia y religión. Conceptos fundamentales, Pamplona: Eunsa, pp. 291-305.
[9] HOLDER, R.D. (2001): “Fine-Tuning, Many Universes, and Design”, Science and Christian Belief 13, 5–24; POLKINGHORNE, J. (2007): “The anthropic principle and the science and religion debate”, Faraday Papers 4. Véase también, más resumido: POLKINGHORNE (2000): Ciencia y Teología, Santander: Sal Terrae, pp. 57-64.
[10] Véase SOLER GIL, F.J. (2013): Mitología materialista de la ciencia, Madrid: Ediciones Encuentro, pp. 225-232; HOLDER, R.D. (2012): “¿Ha sido diseñado el Universo?”, Faraday Papers nº 10; COLLINS, R. (2005): “La evidencia del ajuste fino”, en F. J. Soler Gil (ed.), Dios y las cosmologías modernas, Madrid: BAC.
[11] TEILHARD DE CHARDIN, P. (1971): El fenómeno humano, Madrid: Taurus.
[12] SCHMITZ-MOORMANN, K., SALMON, J. (2005): Teología de la creación de un mundo en evolución. Estella: EVD. Las citas corresponden, respectivamente a las páginas 71 y 98.
[13] ELLIS, G.F.R. (2014): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[14] MONSERRAT, J. (2011): “La obra de Hawking confirma el enigma metafísico del universo”, Pensamiento 67: 1133-1145. Compárese con ELLIS, G.F.R. (2014): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[15] ELLIS, G.F.R. (2014): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[16] SOLER GIL (2013), op. cit., pp.209-216. Y para las ventajas del teísmo ante los datos antrópicos, pp. 221-232.
[17] POLKINGHORNE, J.C. (2007), op. cit.
[18] GUTH, A.H. (1998): The inflationary universe, Basic Books. Como artículo divulgativo, GUTH, A.H., STEINHARDT, P.J. (1984): “El universo inflacionario”. Investigación y Ciencia 94 (julio).
[19] HOLDER (2012), “¿Ha sido diseñado el Universo?”, Faraday Papers nº 10, cita en p. 3
[20] SMOLIN, L. (2007): Las dudas de la física en el siglo XXI. ¿Es la teoría de cuerdas un callejón sin salida?, Barcelona: Crítica. Un artículo divulgativo al respecto: LÜST, D. (2010): “¿Es la teoría de cuerdas una ciencia?”. Investigación y Ciencia (septiembre), 82-87.
[21] HAWKING, S., MLODINOV, L. (2010): El gran diseño. Barcelona: Crítica. Véase una crítica a este texto en MONSERRAT, J. (2011): “La obra de Hawking confirma el enigma metafísico del universo”, Pensamiento 67: 1133-1145.
[22] DUFF, M.J. (1998): “La teoría M”. Investigación y Ciencia (abril); HAWKING, S., MLODINOV, L. (2010): “La (escurridiza) teoría del todo”. Investigación y Ciencia 411 (diciembre); HAWKING, S., MLODINOV, L. (2010): El gran diseño. Barcelona: Crítica.
[23] BOUSO, R., POLCHINSKI, J. (2004): “El paisaje de la teoría de cuerdas”. Investigación y Ciencia (noviembre)
[24] Véase, p. ej., BERG, CH. (2005): “Entre el dios ‘tapa-agujeros’ y la ‘Teoría del Todo’ ”, Pensamiento 229: 77-94.
[25] Para esta cuestión y su relación con la complejidad del mundo, véase CLAYTON, PH. (2013): “On the plurality of complexity- producing mechanisms”, en Ch. H. Lineweaver, P. C.W. Davies y M. Ruse (eds.),
Complexity and the Arrow of Time, Cambridge University Press. También, un breve ensayo sobre la flecha del tiempo evolutiva frente a la termodinámica: RULL, V. (2012): “Time, evolution and physical reductionism”, EMBO Reports 13: 181-185.
[26] HAWKING, S., MLODINOV, L. (2010): El gran diseño. Barcelona: Crítica.
[27] Para un breve tratamiento de las consecuencias del teorema de Gödel sobre las pretensiones de un conocimiento completo, véase KUNG, H. (2007): El principio de todas las cosas. Ciencia y religión, Madrid: Trotta, especialmente pp. 32-48. Para un análisis más en detalle de los fundamentos y de la filosofía de la matemática, véase LEACH, J. (2011): Matemáticas y religión. Santander y Madrid: Sal Terrae y Ediciones de la Universidad de Comillas.
[28] Para toda esta cuestión, véase LEACH, J. (2011): Matemáticas y religión. Santander y Madrid: Sal Terrae y Ediciones de la Universidad de Comillas.
[29] CHAITIN, G. (2006): “Los límites de la razón”. Investigación y Ciencia (mayo): 58-65.
[30] Véase el volumen 40 de ASINJA, coordinado por Carlos Alonso Bedate (El saber interdisciplinar, Universidad P. Comillas, Madrid, 2014), especialmente MARTÍN MORILLAS, A.M. (2014): “Polimorfismo y movilidad. Fundamentos epistemológicos de la interdisciplinariedad del conocimiento”, en pp. 21-56, y LEACH, J. (2014): “Disciplina y lenguaje. Hacia un lenguaje interdisciplinar”, en pp. 151-159.
[31] Cfr. SOLER GIL, F.J. (2013): Mitología materialista de la ciencia, Madrid: Ediciones Encuentro, pp. 242-245.
[32] WORTHING, M. (2005): “¿Creó Dios el Universo de la nada?”, en F.J. Soler Gil (ed.), Dios y las cosmologías modernas, Madrid: BAC, p. 351.
[33] Todo esto ha sido ampliamente tratado en otro libro de SOLER GIL, F.J. (2008): Lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking, Madrid: Cristiandad. Del mismo autor, véase SOLER GIL, F.J. (2013), Mitología materialista de la ciencia, Madrid: Ediciones Encuentro, pp.247-267).
[34] CARROL, W. (2005): “Tomás de Aquino: Creación y cosmología contemporánea”, en .J. Soler Gil (ed.), Dios y las cosmologías modernas, Madrid: BAC, p. 3-20.
[35] BARBOUR, I. (2004): Religión y ciencia, Madrid: Trotta, especialmente pp. 352-358, dentro del capítulo 8, que trata muchos de los temas cosmológicos aludidos en este trabajo. También se puede consultar UDÍAS, A. (2010): Ciencia y religión. Dos visiones del mundo, Santander: Sal Terrae, especialmente cap. 7.
[36] Al respecto, véase RUIZ DE LA PEÑA, J.L. (1999): Crisis y apología de la fe. Santander: Sal Terrae.
[37] BOJOWALD, M. (2010): Antes del big bang. Una historia completa del universo. Barcelona: DeBolsillo. Un artículo divulgativo del propio autor: BOJOWALD, M. (2008): “Rebote del universo”, Investigación y Ciencia (diciembre) 387:14-19. Véase también SMOLIN, L. (2004): “Átomos del espacio y del tiempo”, Investigación y Ciencia (marzo)
[38] Cfr. SOLER GIL, F.J. (2013): Mitología materialista de la ciencia, Madrid: Ediciones Encuentro, pp. 261-267.
[39] BYRNE, P. (2008): “Los muchos mundos de Hugh Everett”. Investigación y Ciencia 377 (febrero), 72-79.
[40] LESLIE, J. (1998): “The anthropic principle today”, en Modern Cosmology and Philosophy (J. Leslie, coord.), Amherst, Nueva York: Prometheus Books. Textos de divulgación sobre los multiversos: GREENE, B. (2011): La realidad oculta. Universos paralelos y las profundas leyes del cosmos, Barcelona: Crítica; FRANCK, A. (2012): El fin del principio. Una nueva historia del tiempo, Barcelona: Ariel (cap. 10);
[41] LINDE, A. (1995): “El universo inflacionario autorregenerante”, Investigación y Ciencia 220 (enero). VILENKIN, A. (2009): Muchos mundos en uno. La búsqueda de otros universos. Alba Editorial.
[42] MONSERRAT, J. (2011): “La obra de Hawking confirma el enigma metafísico del universo”, Pensamiento 67: 1133-1145. ELLIS, G.F.R. (2013): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[43] SUSSKIND, L. (2007): El paisaje cósmico: Teoría de cuerdas y el mito del diseño inteligente. Barcelona: Crítica.
[44] TEGMARK, M. (2003): “Universos paralelos”, Investigación y Ciencia 322 (julio).
[45] ELLIS, G.F.R. (2014): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[46] Véase, p. ej., SMOLIN, L. (2007): Las dudas de la física en el siglo XXI. ¿Es la teoría de cuerdas un callejón sin salida?, Barcelona: Crítica. Para este autor, la manera de hacer física de los últimos años, con la “moda” de la teoría de cuerdas “perjudica gravemente a la ciencia”. Se trataría de un fracaso no tanto de la teoría, sino del estilo de hacer ciencia. “La lección de los últimos treinta años nos enseña que este estilo pragmático de hacer ciencia no resuelve los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día. Si queremos que el progreso de la ciencia se mantenga, debemos enfrentarnos de nuevo a las preguntas más profundas sobre el espacio y el tiempo, la teoría cuántica y la cosmología. […] Necesitamos nuevas direcciones que restablezcan el contacto de la teoría con la experimentación… trabajando según el estilo reflexivo y fundamental de los pioneros de principios del siglo XX” (pág. 29). En los últimos capítulos (casi la cuarta parte de la obra), el autor realiza una reflexión sobre la ciencia, sus límites, y la posibilidad de superarlos ante la crisis de la física actual. Otro enfoque distinto, en el que según su autor la teoría de cuerdas obligaría a modificar lo que entendemos por ciencia, es la de LÜST, D. (2010): “¿Es la teoría de cuerdas una ciencia?”, Investigación y Ciencia (2010), 81-87.
[47] SUSSKIND, L. (2009): La guerra de los agujeros negros: Una controversia científica sobre las leyes últimas de la naturaleza. Barcelona, Crítica. La cita está tomada de una entrevista: BYRNE, P. (2011): “Los límites del conocimiento”. Investigación y Ciencia 420 (septiembre), 84-87.
[48] STEINHARDT, P. J. (2011): “La inflación a debate”, Investigación y Ciencia (junio): 16-23. La cita se refiere a la pág. 22
[49] BATTANER, E. (2011): ¿Qué es el Universo? ¿Qué es el Hombre?, Madrid: Alianza Editorial. La cita corresponde a la página 237.
[50] POLKINGHORNE, J. (2007): “The anthropic principle and the science and religion debate”, Faraday Papers nº 4, p. 4.
[51] Para una aguda crítica de la mala epistemología y de la metafísica camuflada en muchas de estas propuestas que se hacen pasar por ciencia ortodoxa, véase BEORLEGUI, C. (2014): “Cuando la física sustituye a la metafísica, el conocimiento pierde”, en Tendencias 21 de las Religiones (acceso 12 de abril 2014).
[52] ELLIS, G.F.R. (2011): “¿Existe el multiverso?”, Investigación y Ciencia (octubre): 20-25. Para un tratamiento más en profundidad, ELLIS, G.F.R. (2014): “On the philosophy of cosmology”, Studies in History and Philosophy of Modern Physics 46: 5–23.
[53] KÜNG, H. (2007): El principio de todas las cosas. Ciencia y Religión, Madrid: Trotta, p. 75.
[55] Cfr. ARTIGAS, M. (2007): Ciencia y religión. Conceptos fundamentales, Pamplona: Eunsa, pp. 33-46.
[56] Otros buenos ejemplos de distinción entre Creación y Origen del Universo, en diálogo entre teología y ciencia, en: BARBOUR, I. (2004): Religión y ciencia, Madrid: Trotta, especialmente pp. 325-342; KÜNG, H. (2007): El principio de todas las cosas. Ciencia y Religión, Madrid: Trotta, especialmente pp. 17-38 (análisis de los datos cosmológicos) y pp. 55-91 (Cap. B: “¿Dios como principio?”); HAUGHT, J. (2009): Cristianismo y ciencia. Hacia una teología de la naturaleza, Santander: Sal Terrae, cap. 7 (“Cosmología y Creación”); ARTIGAS, M. (2007): Ciencia y religión. Conceptos fundamentales, Pamplona: Eunsa, voz “Universo y Creación”, pp. 351-365.
[57] BERG, CH. (2005): “Entre el dios ‘tapa-agujeros’ y la ‘Teoría del Todo’ ”, Pensamiento 229: 77-94. La cita es de la pág. 88.
[58] BATTANER, E. (2011): ¿Qué es el Universo? ¿Qué es el Hombre?, Madrid: Alianza Editorial. La cita corresponde a la página 306.
[59] POLKINGHORNE (2007): “The anthropic principle and the science and religion debate”, Faraday Papers nº 4, p. 4.
[60] Un enfoque diferente al mostrado aquí, concretamente de tipo neotomista, se puede consultar en SINISCALCHI, G. (2014): “Fine-tuning, atheist criticism, and the fifth way”, Theology and Science 13: 64-77.
[61] Para una defensa de los signos de Dios a partir del orden y ajuste del cosmos, véase SWINBURNE, R. (2012): ¿Hay un Dios?, Salamanca: Sígueme, especialmente el cap. 4.
[62] POLKINGHORNE, J. (2000): “Science and theology in the twenty-first century”, Zygon 35: 941-953.
[63] LEACH, J. (2011): Matemáticas y religión. Santander y Madrid: Sal Terrae y Ediciones de la Universidad de Comillas (especialmente el capítulo 6). También LEACH, J. (2014): “Disciplina y lenguaje. Hacia un lenguaje interdisciplinar”, en Carlos Alonso Bedate (coord.): El saber interdisciplinar. ASINJA 40, Universidad P. Comillas, Madrid, pp. 151-159.
[64] Cfr MONSERRAT, J. (2010): Hacia el nuevo concilio. El paradigma de la modernidad en la era dela ciencia, San Pablo, Madrid, especialmente los capítulos 4 y 5. MARLÉS, E., coord. (2014): Trininidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva. Editorial Verbo Divino, Estella. Un resumen de este último libro se puede encontrar en GARCÍA DONCEL, M (2014): “Cosmovisión evolutiva y actualización de la teología”, en Carlos Alonso Bedate (coord.): El saber interdisciplinar. ASINJA 40, Universidad P. Comillas, Madrid, pp. 91-133.


Artículo elaborado por Enrique Iáñez, profesor titular de Microbiología en la Universidad de Granada. El autor desea expresar su agradecimiento al prof. Eduardo Battaner por sus comentarios al manuscrito.



Miércoles, 28 de Enero 2015
Enrique Iáñez
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Nota

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1.Publicado por Pedro Rubal el 28/01/2015 21:07
La excelencia de este trabajo del Dr. Iáñez me pone en el aprieto de esquivar la pedantería por el hecho de atreverme a calificar lo que no domino; pero es inevitable si he de manifestar la gran satisfacción que me ha producido su lectura, no sólo por el contenido, sino porque no es para mí autor desconocido.
En primer lugar, quiero resaltar aquí que 64 notas bibliográficas, utilizadas con pertinencia, acusan el alcance de su documentación, y, al mismo tiempo, pueden entenderse como una invitación a revisar nuestras modestísimas bibliotecas particualres.
No me considero capacitado para profundizar en lo mucho que nos ofrece en su colaboración, en una materia tan apasionante y de especial interés cultural: Investigar las posibilidades de encontrar, con garantías epistemológicas, un cierto "propósito cósmico", con base en los datos que tiene suministrados la ciencia hasta el día de hoy, manejados por D. Enrique con una admirable ponderación crítica. Y justamente por esto me voy a limitar a unas puntualizaciones.
Empiezo por destacar que me llamó la atención el uso que hace de los términos "racional" y "razonable", precisamente para marcar importantes matices epistemológicos en el contenido de su trabajo. En mi opinión, con mucho acierto, algo que no suele siempre encontrarse.
También me parece relevante la diferenciación que hace entre "origen" y "creación", ya que suelen ser objeto de una incorrecta sinonimia, que suele llevar a fundamentar sofísticas argumentaciones.
Confundir la demostración de la existencia de Dios con el planteamiento de una hipótesis teísta RAZONABLE es, sin duda, algo que indiscutiblemente debe ser evitado, puesto que arrastra a posturas inconsecuentes, que comportan apasionadas e inútiles discusiones entre creyentes y no creyentes. En ello reparó D. Enrique.
Una prueba de que fue muy consciente de la necesidad e hilar fino en las cuestiones abordadas en su trabajo, quiero encontrarla en una referencia que hace a J. Leach, relativa a la "creencia en la consistencia". Afirma que se trata de una presunción metafísica, sin valor racional ni teológico: Consistencia tampoco es demostración.
Dice G. Ellis que el Universo está creado de tal manera que surja la libertad y la responsabilidad de los seres inteligentes, y, aunque este aserto se contextualiza en la temática del trabajo, se me ocurre pensar que sería oportuno extrapolarlo a los comportamientos sociales en general. Discúlpenme la digresión.
También se habla de que está diseñado de manera que se pueda acceder a Dios. Esto me hace a recordar el planteamiento zubiriano (¡no puedo evitar esta alusión!), cuando aborda como la realidad física del Mundo nos lleva a esbozar o postular la existencia de una realidad transcendente al mismo, en un artículo titulado "Transcendencia y física", que, según parece, no fue bien interpretado.
Dicho todo esto, quisiera apuntar como una tendencia del siglo XXI la exigencia al teólogo de conocimientos de la física de partículas, que Weinberg entiende como una disciplina que debe combinar la relatividad general, la cosmología física y, por supuesto, la misma física de partículas, porque, a estas alturas de nuestro tiempo, la teología no es bueno que esté distanciada de la ciencia. Este trabajo que comento es un buen ejemplo de ello.
Aprovecho para felicitar al Dr. Iáñez por tan iluminador trabajo y para saludarle cordialmente.

2.Publicado por Gustavo Gómez Rial el 29/01/2015 01:55
Nada más proponer una especulación que desconozco si ya ha sido planteada: Dios podría ser el resultado de la interacción entre infinitos protouniversos (¿endouniversos?), devenido en Creador de este Universo lleno de singularidades y constantes.
Admito que puede ser una idea absurda, pero no por simple y poco fundada menos carente de sentido que teorías más complejas que escapan a la verificación.
La idea de un Dios ordenador (y preordenador) se deja entrever en todas esas constantes expresadas en el presente artículo, así como muchos otros números y constantes presentes en la naturaleza desde el microcosmos al macrocosmos.
Pero esa armonía observable empíricamente también está presente en nuestro lenguaje, en sus ritmos, en su música. Nada escapa a su orden.

3.Publicado por Enrique Iañez el 29/01/2015 16:10
Quiero agradecer al Profesor Rubal sus comentarios, por los que me siento honrado, más viniendo de una autoridad como él, de la que siempre se puede aprender y expandir los horizontes de comprensión de la realidad. Tengo que confesar que, aunque en algún foro he podido marcar mis diferencias (más bien de matiz) con sus posturas, siempre he salido enormemente enriquecido de su sabiduría y de su talante acogedor, dentro de una tradición, la zubiriana, que para mí supone un plus de exigencia y de compromiso. De hecho, algunas de las cosas positivas que pondera en mi colaboración, se deben en buena parte a mi pequeño pero decisivo contacto con la filosofía de Xabier Zubiri.

Estoy de acuerdo con las tesis zubirianas sobre la posibilidad de acceso a la trascendencia a partir de la estructura del mundo, un acceso que no se impone ni obliga, pero que está ahí, abierto a todos, y del que tenemos cumplida cuenta en miles de expresiones culturales ("religiosas") desde el Paleolítico.

Uno de los temas que personalmente me fascina es precisamente este de la presencia (no aplastante) de los trascendente en la historia humana, y en la experiencia individual.
Hay una posibilidad, reconocida (aunque a veces a regañadientes) por las religiones, de acceder a una experiencia íntima de contacto con lo Trascendente, a "lo más íntimo que mi propia intimidad". Por ello, últimamente estoy interesado en el amplio y proteiforme mundo de las las experiencias de tipo "místico" (a falta de otro nombre). ¿Qué son estas experiencias y a qué apuntan? ¿Cómo se modulan personalmente y en función del sustrato histórico y religioso concreto del individuo que las vive? Ahí he aprendido mucho de lo escrito por el prof. Juan Martín Velasco y de otros autores muy diversos interesados en la fenomenología del acceso a lo "sagrado", incluyendo antropólogos y estudiosos de los intrigantes mundos chamánicos (sin despreciar las experiencias inducidas por ciertos rituales o sustancias). ¿Existe un sustrato común a todas las experiencias religiosas de la humanidad, un mínimo común denominador que exprese la idea de Homo sapiens como capax Dei?

Y estoy de acuerdo totalmente con Don Pedro cuando viene a decir que el teólogo del siglo XXI tiene que estar al tanto de los avances científicos, para poder expresar en lenguaje actual los mensajes que pretende transmitir. Y en este sitio web de Tendencias21 tenemos numerosos ejemplos de tal actitud. Igualmente, y como decía Georges Lemaître, padre de la idea del Big Bang, se le puede pedir al científico creyente, que sus conceptos teológicos estén a la altura de sus conocimientos científicos.

4.Publicado por Joaquín González .Alvarez el 29/01/2015 17:54
Aunque no poseo ni por asomo la maestría del Dr. Rubal para escribir su comentario 1, puedo decir que coincido con todos sus argumentos, sólo quiero apuntar que a la lista de conocimientos necesarios a un teólogo del Tercer Milenio debe añadirse la MECÁNICA CUÁNTICA, pero BIEN APRENDIDA Y ENTENDIDA, , no sólo citada para tratar de valorar alguno que otro disparate. Felicito a D.Pedro.









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5.Publicado por Pedro Rubal el 29/01/2015 21:55
No quiero convertir este espacio de comentarios en un lugar de lisonjas. Mi edad y los vaivenes de la vida me han dotado de suficientes defensas contra ellas. Pero también me han enseñado algo que no veo que se prodigue en nuestros tiempos: El empleo de la educación, el agradecimiento y la deferencia con las personas que son acreedoras a ellas, pienso que tiene un valor muy superior a la taciturnidad pedantesca, y es fermento de las actitudes dialógicas, muy necesarias en estos menesteres intelectuales.
Justamente por esto, quiero manifestar aquí mi sincero agradecimiento al Dr. Iáñez y al Dr. González por las palabras de aprecio que me dedican en los respectivos comentarios, y sobre todo sabiendo que proceden de dos intelectuales serios y amantes del saber, que me superan en talento y formación, lo que les inmuniza contra cualquier ligereza.
Cordialmente.
P. Rubal.

6.Publicado por clean el 01/02/2015 15:51
Tanto sé que sé que no sé nada. https://www.youtube.com/watch?v=RxrWnN0H4Sg

Con el Espíritu Santo y conciencia pura se trasciende en el campo magnetico Universal
Rezar, rezar y rezar. . .?

7.Publicado por Alfonso Sáenz Lorenzo el 01/02/2015 18:47
Ante el amplio y documentado trabajo que nos ofrece el profesor Enrique Iánez sobre el apasionante tema del "ajuste fino del Universo" y obligado por ese espíritu de diálogo a que nos anima tan amablemente Pedro Rubal, voy a realizar algunas reflexiones sobre un tema que a mí personalmente me apasiona desde hace ya unos años.
1.-En primer lugar, hay que agradecer el esfuerzo de síntesis realizado por el autor en el trabajo pues, como se puede apreciar en su lectura, el tema es uno de los "de moda" en el ámbito de la ciencia y sigue siendo ampliamente tratado por físicos teóricos y cosmólogos de todo el mundo, de tal manera que, como bien recoge el trabajo en sus notas de referencias, para la revista "Investigación y Ciencia", edición española de la "Scientific American", es el tema estrella de los últimos años. Y es un acierto del autor el recoger notas abundantes de la citada revista, pues sus trabajos son asequibles para no especialistas y van firmados por autores de primera línea científica, tratando los temas de máxima actualidad.
Sin embargo, en sus abundantes notas bibliográficas, así como el aspecto filosófico y teológico de la cuestión está bien cubierto, echo en falta autores clásicos en la divulgación de la cosmología como Roger Penrose, Michio Kaku, Brian Green, Kip S. Torne, Adane Frank, Sean Carroll o Martin Rees, por citar solo los traducidos al castellano y, entre nosotros, además de Eduardo Battaner que sí es citado, Cayetano López, Juan Pérez Mercader o el mismo David Jou, y, cómo no, a la figura señera de la Física Teórica española, mi admirado profesor de Mecánica Cuántica Alberto Galindo Texaire, que, entre muchas otras cosas, tiene publicado un excelente artículo sobre la nueva Cosmología en la Revista del R.A. de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, muy científico y poco especulativo pero, como todo lo suyo, muy riguroso y clarificador sobre el principio y fin del Universo que recomiendo y está al alcance de todos en Wikipedia.
2.- Junto a la amplitud de cuestiones y enfoques tratados en el trabajo, es de justicia resaltar también su corrección desde el punto de vista científico, lo que no es poco dada la variedad y extensión de los temas que toca y que, precisamente por ello, adolece de cierta estructura, aunque básicamente su argumentación y sus conclusiones son perfectamente inteligibles y asumibles. En definitiva, en mi opinión, se puede suscribir sin reservas la afirmación de John Polkinghorne, recogida en las conclusiones del trabajo, de que "el Universo que conocemos es consistente con la idea de un creador inmanentemente activo". Idea que posiblemente no comparten bastantes de los autores que he citado como ausentes en el apartado anterior pues, aunque Stephen Hawking sea el más importante, no está solo en su afirmación de la autosuficiencia de nuestro Universo. Precisamente por ello, me parece imprescindible incorporar todos los puntos de vista de los especialistas en un debate de esta naturaleza, aunque no compartamos sus tesis. Los argumentos así se fortalecen.
Y, a título anecdótico, se dice en el trabajo que la cosmología física tiene dificultades añadidas extraordinarias pues cuenta solo con un solo ejemplar, y esto es cierto, pero no se dice que en compensación tiene una ventaja sobre todas ellas y es que con sus potentes telescopios de todo tipo observa directamente el pasado hasta casi el mismo origen del Universo, cosa que no pueden hacer las otras disciplinas. Contempla, por así decir, la historia pasada en presente, por eso, y alguna cosa más, es tan apasionante, y provoca tanta envidia en los físicos de otras especialidades. "El rostro de Dios" se dijo cuando se contempló la primera imagen del fondo cósmico de microondas.
3.- Dicho lo anterior, me gustaría aportar algunas reflexiones personales en todo caso destinadas a fortalecer los argumentos que apoyan la tesis del trabajo, y empezaría por la cuestión del valor de las constantes, diecinueve en la mecánica cuántica, ajustadas en sus valores precisos para la existencia de vida, como bien se dice en el texto. En esta cuestión resaltaría, no solo que tienen un valor preciso de libre especificación, sino que entre ellas son independientes, es decir, que no se pueden deducir unas de otras. De tal manera que el ajuste es así mucho más improbable y sorprendente.
Igualmente, en mi opinión, habría que resaltar con mayor énfasis la idea, recogida un tanto de pasada en el trabajo, de que para que aparezca la vida es preciso que el Universo tenga un gran edad y una descomunal dimensión, como la que tiene, pues, efectivamente, este dato echa por tierra la idea de la insignificancia de nuestra tierra y de los seres que habitamos en ella ante la inmensidad del Universo. Si a este dato, de por si relevante pues la edad y el tamaño parecen también tener ajuste fino, añadimos que la aparición de la vida es altamente improbable, y en la hipótesis de que solo en el planeta tierra hubiera surgido, como científicos de primera línea hoy defienden, la cosmología moderna nos devolvería al planeta azul y a sus moradores al centro del Universo que, desde Copérnico, Kepler y Galileo, habíamos perdido. Y si eso fuera así, el dato tendría sin duda trascendencia filosófica y teológica.
Con relación al tema de los multiversos merece ser más resaltado el argumento de Paul Davies, recogido textualmente en el trabajo, de "la contradicción de la teoría de la selección cósmica que necesita un número infinito de universos invisibles solo para explicar el que vemos", entrando poco menos que en el delirio especulativo que cita Eduardo Bataner, y que, en mi opinión, debería conectarse más directamente con "la Navaja de Ockham", ejercicio de parsimonia que ha sido respetado siempre en la investigación científica y, en este caso curiosamente, es olvidado sin piedad por los partidarios de los multiversos.
Y, por último, en el apartado donde se recogen la argumentación de las posturas interpretativas del ajuste fino, resaltar que en punto a) dice Enrique Iáñez : "dotar a las leyes físicas de una existencia platónica y una necesidad metafísica separadas de su plasmación en el mundo real es decir demasiado". Y posiblemente sea decir demasiado a no ser que se sea platónico convencido, como es el caso de Roger Penrouse, en su caso de forma explícita y en el caso de los que ponen por delante las leyes físicas como explicación suficiente, de forma implícita. Los científicos en general, dice textualmente Alan F. Chamlmers en su imprescindible librito "¿Qué es esa cosa llamada ciencia", "no son particularmente expertos en distanciarse de su trabajo y describir y caracterizar la naturaleza de dicho trabajo". En definitiva, le suelen tener pavor a la filosofía y eso se nota mucho en estos debates.
4.- Decir como conclusión que este tipo de trabajos interdisciplinares, tan concienzudos e informados como el que nos presenta el profesor Iánez y muchos otros similares publicados en esta interesante sección de Tendencias 21, son imprescindibles en el momento actual pues abordan sin complejos los temas filosóficos y teológicos que hoy nos plantea en toda su crudeza la ciencia. Teniendo en cuenta además lo reacios que, como comentaba en el punto anterior, son los científicos profesionales a entrar en este tipo de cuestiones y lo incómodos que se sienten igualmente los filósofos y teólogos con el lenguaje de la ciencia, resulta más meritorio. La provisionalidad eterna de la ciencia y la incertidumbre sustancial de la filosofía y la teología no deberían ser impedimento para practicarlas a fondo y con todas las consecuencias. Felicidades pues, y a esperar la próxima entrega.

8.Publicado por Miguel GARCÍA FERRER el 01/02/2015 22:34
Me encanta entrar en el apartado de religiones por lo ridículo que supone leer tanta filosofía idealista mezclada con ciencia. Párrafos enormes para ideas pobres, juegos de palabras y una palpable necesidad de compatibilizar los últimos avances científicos con necesidades demasiado humanas. La ciencia es atea por definición, no contempla ninguna deidad como variable, pues no existe evidencia de ella y los que buscan "causa", "finalidad", "objetivo", "todo", tan sólo se pierden en juegos de palabras, que quizá ni existan. Es mejor decir: no lo sé, que inventar suposiciones adornadas y ornamentadas hasta la arcada. El mundo que vemos a través de nuestros ojos no es más que nuestra propia representación, la que biológicamente nos permiten nuestros sentidos. Desde un punto de vista objetivo el ser humano no está aquí por alguna razón, la razón misma es una palabra de invención antropológica, puesto que la realidad no entiende de lenguaje. El propósito, la finalidad o el objetivo lo instaura el mismo hombre para no sentirse vacío. Nos sentimos tan vivos y reales como lo permite el desarrollo del cerebro.

9.Publicado por Enrique Iañez el 02/02/2015 18:57
Gracias a Miguel García por su comentario, aunque no estoy de acuerdo con el fondo de lo que dice. Me gustaría preguntarle una cosa: ¿en dónde está escrito que la ciencia es atea por definición, si por tal entiende que la ciencia demuestra la inexistencia de Dios? No caigo ahora mismo en ningún experimento ni teoría científica que lo haya demostrado.

10.Publicado por Enrique Iañez el 02/02/2015 19:27
Me gustaría responder a algunos de los comentarios realizados posteriormente a mi primera intervención.
En primer lugar, quiero agradecer el de Joaquín González (nº 4) y el segundo del Profesor Rubal (nº 5 de esta serie). Estoy de acuerdo con don Pedro en su aprecio de los valores... "no epistémicos" a la hora de intervenir en estos foros. Y precisamente él es un ejemplo de cómo hacer compatible la mejor reflexión con algo tan necesario en nuestro mundo como la amabilidad y la empatía. Razón con corazón (razón cordial).

En segundo lugar, expreso mi agradecimiento más sincero a Alfonso Sáenz por sus acotaciones, comentarios y sugerencias, de las que tomo nota para mejorar ulteriores versiones de este artículo. Me siento muy honrado por todo lo que dice y cómo lo dice. Brevemente intento corresponderle con esta respuesta:
- En efecto, en mi artículo no aparecen ciertos autores relevantes para este tema, aunque sí he citado en algún momento a Roger Penrose. Curiosamente, Adam Frank, al que tenía citado en una versión anterior de mi manuscrito (aludiendo a su estupendo libro El fin del Principio , ed. Ariel), debió desaparecer en alguna de las "podas" que hice para la versión publicada. Y esto último (que no es una justificación) explica igualmente la ausencia de otros autores, como Brian Greene (La realidad oculta). De los españoles ausentes, sí quiero aprovechar aquí para recomendar la lectura de los estupendos libros de David Jou (Introducción Al Mundo Cuántico; El laberinto del tiempo). Además, me siento muy identificado (y siempre aprendo) con el talante interdisciplinar del prof. Jou y sus intentos de "dar razón de la fe" sin dejar en ningún momento de ser un buen científico. Para mí es un ejemplo de lo que recomendaba Georges Lemaïtre, padre del Big Bang, a los científicos creyentes: tener una fe religiosa a la altura de su ciencia. A este respecto, recomiendo leer los dos capítulos del prof. Jou en el libro colectivo MARLÉS, E., coord. (2014): Trininidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva. Editorial Verbo Divino, Estella, que cito en la última nota de mi artículo (por lo tanto, Jou sí estaba citado, aunque de modo implícito).

- En su punto 2, don Alfonso Sáenz alude a las ventajas que tiene la cosmología física respecto de otras ciencias históricas de poder ver el pasado directamente desde nuestro presente. Subrayo lo de "directamente" porque eso no está tan claro. En primer lugar, como en todas las demás ciencias maduras, nuestros sentidos no captan directamente la realidad externa, sino que esta nos llega mediatizada por artefactos y máquinas registradoras de la información, basados a su vez en ramas científicas con sus propios supuestos, teorías y limitaciones. Y en segundo lugar, porque los mismos datos de observación, "cargados ya de teoría", tienen que ser interpretados a la luz de nuevos supuestos tanto científicos como (llegado el caso) metafísicos. Y en eso es en lo que insistía mi tesis, amparada en buena parte en las de George Ellis y Javier Monserrat. Y aprovecho para reconocer la gran labor del profesor Manuel García Doncel, que lleva lustros contribuyendo a un diálogo ciencia-fe de gran altura, y que ya está dejando poso en la vida académica española e iberoamericana.

- De su punto 3 tomo nota de lo que me dice sobre acentuar la relevancia de ciertos datos antrópicos del ajuste fino, y de cómo parecen ir "anticopernicanamente" a favor de una relevancia de lo humano. Es lo que dicen de un modo u otro gente tan diversa como Teilhard, Schmitz-Moormann, George Ellis o Hans Jonas.

- Y con esto intento también responder en parte al comentario nº 8 (Miguel García Ferrer): es muy difícil sustraerse a extraer consecuencias del hecho obvio de que un universo supuestamente ciego haya generado en al menos uno de sus rincones una entidad autoconsciente y capaz de preguntarse por el sentido de todo. ¿Qué significa desde un punto de vista de cosmología "a lo grande" (como diría Ellis) que nosotros estemos aquí? Algo tenemos que decir, más allá de que "son cosas que pasan". El hecho de que el Universo genere seres dotados de inteligencia, conciencia reflexiva, capacidad estética, filosófica y religiosa, ¿es un mero epifenómeno? ¿Esto está dentro de la capacidad demostrativa de la ciencia? Para ser coherente con la tesis del Sr. García, la misma ciencia no dejaría igualmente de ser un mero epifenómeno, y ese razonamiento se socavaría a sí mismo.
¿O será más bien que ciertos fenómenos que la ciencia estudia pero cuyo significado está fuera de su alcance, nos obligan a replantear ciertas visiones metafísicas reduccionistas? Esas son las preguntas importantes, y no sirve de nada decretar dogmáticamente su irrelevancia.El hecho de que en un mundo en evolución, a partir de la materia haya surgido la consciencia y una ontología de la subjetividad y de lo cualitativo (de primera persona) no reducible a explicaciones de tercera persona ("objetivas" y "formalizables"... desde la propia experiencia (inter)subjetiva) obliga a una reflexión tranquila. Reflexión donde hay ciencia, pero donde todo no es ciencia.

11.Publicado por Carlos Palacios el 03/02/2015 03:50
El artículo sobre el ajuste fino del Dr. Enrique Iáñez es lo mejor y más completo que he leído sobre este tema. Admito que soy más propenso a la crítica que al halago, pero esta vez debo reconocer que se trata de un gran aporte a la reflexión y a la información sobre esa materia.

Cuando dice que “…el universo tiene rasgos que NO PARECEN IMPUESTOS POR NINGUNA NECESIDAD FÍSICA PREVIA, gracias a los cuales es posible la vida inteligente…” está resumiendo de una manera estupenda lo que se puede razonablemente comentar sobre el principio antrópico.

Cuando dice que “El vacío cuántico no es la nada, sino otra entidad material más, descrita por las propias leyes cuánticas…” está ordenando y enriqueciendo el debate sobre la nada, más allá de que yo no soy quien para opinar sobre si el vacío cuántico es o no de carácter material, y solo puedo decir que, en cualquier caso, no es la nada absoluta.

Así mismo, de sus reflexiones sobre los modelos multiverso se desprende claramente que la finalidad de esos modelos es sortear la dificultad que presenta el postular la casualidad, el azar, el “porque sí”, en un modelo de un solo universo. Siempre me ha parecido que la idea del multiverso se basa más en el deseo de refutar que el fine tuning tenga un propósito, que en los méritos propios de una supuesta pluralidad de billones y billones de universos (¡uff!).

En suma, un excelente trabajo.

Saludos.

12.Publicado por Miguel GARCÍA FERRER el 03/02/2015 09:57
En respuesta a Enrique Lañez: Una lástima que no se haya podido mostrar mi anterior comentario en su totalidad, eSi algo define a la ciencia es su método, y si hay algo imprescindible para ella es la carga de prueba. Exigir evidencia de la no-existencia de algo es probatio diabolica, término jurídico de igual forma aplicable. Podríamos decir que un bebé es ateo, de mayor decidirá sus creencias, no hay bebés cristianos ni budistas, en el caso de la ciencia, es atea hasta que se demuestre lo contrario, pues considerar si quiera una idea sólo con la excusa de que no se ha podido demostrar su no-existencia... Por esa regla de tres puede existir cualquier cosa. No es muy difícil, es aplicar el sentido común, ¿quieres que considere la idea de dios? Pues por favor, le invito a que cargue con prueba sus consideraciones, pues yo podré seguir negándolas hasta que existan.

13.Publicado por Enrique Iañez el 03/02/2015 18:52
Deseo expresar mi agradecimiento a Carlos Palacios (nº 11) por sus elogios, aunque me siento "sobrepasado" por ellos. Intento corresponder con este breve comentario.

Efectivamente, la clave del ajuste fino y del principio antrópico es que los parámetros básicos de la física y de la cosmología no pueden deducirse de ningún principio previo ni vienen impuestos por ninguna necesidad: son contingentes y podrían haber sido de otro modo, pero si no es por esas intrigantes coincidencias cósmicas, nosotros no estaríamos aquí. Una manera de salir de este carácter especial de nuestro universo, es adscribirse a los multiversos, con todos los inconvenientes a los que aludo en mi artículo. No se olvide que muchos físicos han declarado abiertamente su oposición a la moda de la especulación salvaje basada solo en modelos matemáticos, saltándose criterios básicos de lo que entendemos como ciencia (falsación popperiana, navaja de Ockham). ¿Vamos a crear una "ciencia" imposible de poner a prueba solo para que a través de un número infinito de universos imposibles de observar "jusifiquemos" el ajuste fino del único que vemos?

En el artículo no aludo a otras coincidencias más a escala galáctica o de sistemas planetarios (y que en buena parte aún no podemos valorar). Las galaxias jóvenes seguramente no han tenido tiempo de generar vida, y en nuestra galaxia, que es más "madurita", solo una minoría de estrellas tienen la masa adecuada para durar el tiempo suficiente dando energía como para generar una zona teóricamente habitable en cierto margen de distancias orbitales. Pero no toda la galaxia es apta para la vida (no lo es cerca del centro, donde muchas galaxias tienen agujeros negros masivos que desgarran la estructura estelar a su alrededor). Si damos como (relativamente) probable que, de haber vida en otras partes del universo, esta deberá igualmente estar basada en química del carbono con agua como disolvente, en el momento actual desconocemos la probabilidad de que una estrella de tipo solar tenga planetas adecuados para la vida (a la distancia adecuada para mantener agua líquida, y una atmósfera permanente), pero seguramente nos movemos en el entorno de probabilidades de ganar el gordo de la lotería de navidad con un solo boleto.
Si usamos el único ejemplo conocido, nuestro planeta, resulta que los planetas potenciales semillas de vida deben cumplir otras condiciones "antrópicas": tener una corteza sólida que se mueva (deriva continental) por un magma interior, poseer un campo magnético que eluda las letales radiaciones cósmicas, que su eje de rotación no oscile demasiado (cosa que en el caso de la Tierra depende de la interacción con la Luna... pero a su vez la Luna procede de una colisión catastrófica entre un objeto del tamaño de Marte con la Tierra cuando el sistema solar aún se estaba constituyendo...). En fin, ya se va viendo la cascada de coincidencias. Pero insisto, nos faltan más muestras de lo que pasa por ahí fuera para generalizar sobre el fenómeno vital. Es posible que la nueva generación de observatorios nos permita detectar planetas extrasolares "adecuados" potencialmente para la vida. Y a partir de ahí, quizá nos podamos hacer una idea de si existe (y en qué proporción cósmica) la vida fuera de nuestro sistema. Por otro lado, con la misma vida nos pasa algo parecido que con el cosmos: que solo tenemos un ejemplar, y no podemos hacer "promedio" ni sacar generalizaciones, aunque sí algunas "predicciones" (o "retrodicciones") basadas en lo que sabemos de aquí, de termodinámica, de química, de biología, etc. Desde luego, de haber vida, será mucho más probable encontrar vida sencilla (no se descarta que pueda haberla en algún satélite de Júpiter y de Saturno) que vida inteligente. Pero no se nos puede olvidar que el universo en inimaginablemente grande,y no sería extraño que los procesos cósmicos que han llevado hasta la vida y la consciencia se hayan producido en otras partes, por minoritarias que sean a escala cósmica.

Y termino insistiendo, como el Sr. Palacios, en que no se confunda la nada ontológica con el vacío físico. Libros de divulgación pero con metafísica oculta como el titulado capciosamente "Un universo de la nada" solo confunden al público e introducen más ruido de fondo. Si alguien quiere leer algo realmente serio sobre cómo encarnar la idea teológica de creación a la altura de nuestros tiempos (asumiendo lo que nos dice la ciencia, pero sin mezclar ámbitos distintos de discurso), le recomiendo encarecidamente el capítulo 4 ("El concepto teológico de creación evolutiva"), por Manuel García Doncel, en MARLÉS, E., coord. (2014): Trininidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva. Editorial Verbo Divino, Estella.

14.Publicado por clean el 04/02/2015 03:05
Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. 2 Pedro 3:10-13Reina-Valera 1960 (RVR1960). partículas fundamentales interactúan electromagnéticamente mediante el intercambio de fotones entre partículas cargadas. La electrodinámica cuántica.Qué fuerzas naturales pueden alterar la presión del sangre en la humanidad. Sol, tierra y agua viento.

15.Publicado por Miguel GARCÍA FERRER el 08/02/2015 23:35
Resulta difícil el debate si los mensajes anteriores son editados. Respecto a la referencia que se me hace en el comentario nº13:

En resumidas cuentas, que no sabemos cómo se ha podido dar la posibilidad de que existan seres autoconscientes, y lo que esto conlleva, en un universo ciego. He aquí el problema del idealista, que en vez de ser honesto con la realidad y decir "no lo sé", inventa argumentos que existen por sí mismos. El universo es demasiado grande, y vivimos ni un instante de lo que su vida sería, no sabemos cuan extrañas fueron las condiciones que se cumplieron para que haya surgido vida, en relación al resto de espacio. El problema es que la base de tu argumento es un criterio de complejidad, te parecemos lo suficientemente complejos como para que se necesite algo más que un universo sin diseño, y por ello buscas ajustes y planes. Como he dicho, no sabemos si han existido, coexisten, o existirán seres autoconscientes en el resto del inmenso universo, lo que planteas me resulta demasiado subjetivo. Y sí, la ciencia es un epifenómeno, pero funciona de tal forma que nos permite predicciones acertadas de la realidad, esos planteamientos metafísicos en absoluto. Hagamos ciencia y dejemos los juegos de palabras para el pasado.

16.Publicado por Beatriz BASENJI el 09/02/2015 22:13
" En este universo el ser humano es libre ante un Dios que no se le impone. Para Ellis, el universo está diseñado para que surja la libertad y responsabilidad de seres inteligentes, y un requerimiento para ello es que la naturaleza de Dios y su actividad creadora queden ampliamente ocultos de modo que se haga posible dudar. "Nos ha ido dejando infinitas señales, para no extraviar el Sendero.Tenía razón Teilhard cuando menciona lo de " la complejidad y la consciencia" , porque es a través de esta última, que va unida a nuestro Espíritu superior, la que logra religarnos a esa Inteligencia Universal, de la que vamos plasmando en este plano de nuestra Humanidad tantos avances de la Ciencia.

17.Publicado por Alexander ARISTIZABAL VALENCIA el 03/05/2015 00:31
Sólo me queda felicitar al autor por lo bien argumentado y la solidez del trabajo hecho. También, dar algunos aportes desde mi perspectiva:
1. El azar no es sujeto, el azar es una intención, "uno decide si adelanta en curva" y por lo tanto proviene de un sujeto. El azar no es explicación de nada.
2. El Big Bang es una imposibilidad lógica desde las leyes de la física, pues para que haya una explosión debe primero haber calor, para que haya calor, debe haber movimiento, para que haya movimiento debe haber interacción. La teoría del Big Bang se resumiría sarcasticamente, como un cúmulo de energía que se mueve per se.
3 La cuántica es una chorrada cargada de intelectualismo cintífico, se mofan del filósofo porque hace metafísica, sin darse cuenta que la cuántica no es más que metafísica con números.
El problema no es con Dios.
Carpe Diem et Memento Mori

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