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Miércoles, 23 de Abril 2014

Tendencias 21
Universidad Comillas




Economía y religiones parecen caminar juntas

El filósofo Jung Mo Sung reflexiona sobre las tendencias convergentes entre economía y religión


El mundo se encuentra sumido en una grave crisis económica. Salvo algunos países emergentes, todas las naciones se sienten inseguras. La revista CONCILIUM ha abordado recientemente el tema de Economía y Religión. Para los editores de este volumen, existe un vínculo entre religión y economía. Los teólogos cristianos hablan de “economía de la salvación” y los sociólogos de “economía como salvación”. Pero ¿es esta la forma de economía que hay que salvar? El filósofo de las religiones Jung Mo Sung reflexiona sobre las tendencias futuras de las interacciones entre Religión y Economía en un mundo globalizado. Por Leandro Sequeiros.



Bolsa de Nueva York. Fuente: Wikimedia Commons.
Bolsa de Nueva York. Fuente: Wikimedia Commons.
El mundo se encuentra sumido en una grave crisis económica. Salvo algunos países emergentes, todas las naciones se sienten inseguras. La revista CONCILIUM (número 343, noviembre de 2011) aborda el tema de Economía y Religión. “La crisis financiera y económica desencadenada en 2008 y las sucesivas crisis en economías que hasta hace poco eran prósperas en Occidente inducen nuevamente a reflexionar sobre el sistema económico hegemónico, el capitalismo, y sus puntos débiles”.

Para los editores de este volumen (Luiz Carlos Susin y Erik Borgman) existe un vínculo entre religión y economía. Los teólogos cristianos hablan de “economía de la salvación” (Eusebio de Cesarea) y los sociólogos de “economía como salvación” (Max Weber). Pero ¿es esta la forma de economía que hay que salvar? El filósofo de las religiones Jung Mo Sung reflexiona sobre las tendencias futuras de las interacciones entre Religión y Economía en un mundo globalizado.

Vivimos tiempos de penumbras e incertidumbre sobre el futuro. No sabemos las tendencias de las religiones para el siglo XXI. A la contradicción del sistema que genera nuevos pobres, nueva desigualdad social, y pone en riesgo la ecología global, se le suma ahora una profunda crisis interna de confianza.

Para los editores de este volumen de la revista CONCILUM, la llamada “crisis de confianza” recuerda la existencia de dosis de fe en el funcionamiento de la economía mundial. Una fe laica, por supuesto, más vinculada con la credibilidad del sistema global que con la religión como fenómeno social.

Pero existe asimismo un vínculo entre economía y soteriología. Y más aún cuando nos referimos a la teología cristiana fundamentada en el Salvador Jesús. Las crisis sucesivas de los mercados y las tentativas de los Estados de socorrer y “rescatar” a bancos, estados (Grecia, Irlanda, Portugal..) e inversiones privadas apuntarían ahora a esa necesidad vital de "salvación de la economía" (en expresión de Patrick Viveret). Nos encontramos ante un problema ético, cultural, económico, político y religioso.

Pero nos podemos preguntar: ¿es el mercado libre la forma de economía que hay que salvar? Salvar ¿de qué? ¿Quién se beneficia? ¿Es justo salvar a los que han hundido el barco? ¿Quién será el agente de salvación, el “mesías”, de la economía? Como leemos en el artículo editorial que comentamos: “El neoliberalismo, con la tesis del “mínimo Estado” buscó disminuir la intervención del Estado en las economías; y ahora es el Estado el llamado a salvar a los agentes de la economía liberal con dinero público, o sea, a costa de los ciudadanos”.

Pero la relación entre economía y religión no es una característica “occidental”. Al contrario. La racionalidad moderna quiso separar estos espacios tan unificados o simbióticos en culturas premodernas. Sin embargo, incluso en Occidente, la economía y la religión -en este caso el cristianismo- mantienen muchas interfaces e interpenetraciones de dogma y mística.

Teología de la economía

La Iglesia católica, en su magisterio, se ha manifestado cada vez más en el ámbito de la economía, y esta constituye una parte importante de la Doctrina Social de la iglesia.

Pero para los editores de este número de CONCILIUM, se plantea una cuestión metodológica: tratar la economía únicamente en el ámbito de la enseñanza moral, y sobre todo desde fuera del sistema, puede dar la impresión de ser idealista y hasta arrogante e hipócrita.

Tanto la práctica como el propio enfoque teórico han revelado dicha ineficacia. Comprender la economía desde categorías soteriológicas (el negocio de la salvación), mesiánicas, pneumatológicas y teológicas ha arrojado nueva luz sobre la conexión entre economía y religión.

Y viceversa: “Las categorías y normas de la economía que se observan en la religión y que con frecuencia preceden en la religión a lo que después se torna eficaz en la economía, aunque de forma secularizada, también han tenido impacto recientemente en la comprensión de la religión”.

Por último, el mimetismo y la simbiosis, incluso en sociedades más secularizadas, puede estar en el origen de la falta de confianza tanto en la economía como en la religión, y, de forma más específica, en la crisis de confianza sobre la eficacia de ambas.

Por eso, este número de CONCILIUM está dedicado a dichas interfaces e interconexiones entre economía y religión. Y esta aproximación no se hace solo desde el punto de vista de las exigencias éticas que las religiones –y en particular el cristianismo – pueden o deben dictar a la economía, sino de sus implicaciones teológicas.

Esta cuestión se nos antoja importante para el cristianismo en la medida en que es una religión de encarnación que integra la economía desde “el pan nuestro de cada día”, con el pan de la justicia y el pan eucarístico, hasta la mesa del Reino de Dios.

Interacciones entre Religión y Economía según Jung Mo Sung

Tal vez, uno de los autores más creativos en la reflexión crítica sobre las interacciones entre Religión y Economía es Jung Mo Sung. Su misma biografía es ya provocadora. Nacido en Corea, laico y bautizado católico, vive en Brasil desde 1966. Es Doctor en Ciencias de la Religión, con postdoctorado en Educación. Actualmente es profesor en el Programa de Posgrado en Ciencias de la Religión de la Universidad Metodista de Sâo Paulo, en Brasil.

El profesor Jung Mo Sung es autor de 16 libros. Entre ellos cabe destacar: Beyond the Spirit of Empire. Theology and Politics in a New Key. (2009, con J. Roger y N. Míguez); Reclaming Liberation Theology. Desire, Market and Religion (2007); The Subject: Capitalism and Religion (2011); y Deus em nós: o reinado que acontece no amor solidário aos pobres (2010, con el teólogo de la liberación Hugo Assmann).

Su aportación “Religión y Economía: interfaces”, abre el volumen de CONCILIUM ya citado y puede ser leído en Internet. Por ello, completamos su visión con otro trabajo del mismo autor, “Nueva forma de legitimación de la economía: desafíos para la ética y la teología”.

Para Jung Mo Sung, “la relación entre religión y economía es ineludible. Incluso las iglesias o comunidades que niegan dicha relación tienen que pagar los recibos, hacer compras, trabajar o recibir donaciones. Del mismo modo, encontramos en el ámbito económico muchas referencias a la religión o a la teología”.

El autor presenta en este artículo tres posturas básicas sobre las interfaces (y utiliza este concepto extraído de la teoría de la información) entre religión-teología y economía, dando prioridad al punto de vista teológico: la religión y la economía como campos distintos; la crítica a la economía a partir de valores o doctrinas religiosas; y religión y economía a partir de la reproducción de la vida concreta.

1. Religión y economía como campos distintos

Vivimos tiempos de secularización y laicismos. En este contexto cultural, muchos economistas y sociólogos, así como filósofos de la religión, afirman que con el desencantamiento del mundo (Max Weber, 1921) propio de la modernidad no hay o no debería haber ya una relación significativa entre religión y economía. Cada ámbito constituiría una esfera autónoma e independiente una de otra.

Desde esta perspectiva “desencantada”, la economía se ocuparía de las cuestiones materiales de la vida humana, mientras que la religión debería dedicarse exclusivamente a las cuestiones espirituales y/o de la salvación del alma”.

Esta visión de la modernidad que separa de forma radical la religión de la economía halla su eco en la antropología dualista cartesiana (alma x cuerpo) que persiste en la raíz de la teología tradicional cristiana y también en otras religiones. De ahí se deriva la fuerza de esta cuestión.

Esta separación radical reduce a la religión –en opinión de Jung Mo Sung- y en el caso que nos ocupa a las iglesias cristianas, a un papel muy pequeño en la sociedad, puesto que la gran mayoría de asuntos sociales están relacionados con la economía. La gran excepción aparente sería la sexualidad, donde participan activamente sectores de iglesias que no se implican en cuestiones económicas.

En el caso de la economía, esta separación da la apariencia de emancipación de las doctrinas religiosas y de la ética, cumpliendo el objetivo de hacer de la economía un ámbito autorregulado, a saber, sujeto únicamente a las reglas de la propia economía, sin intervención o regulación por parte de los sistemas externos como política, ética o religión. Podríamos decir, que para los economistas neoliberales dominantes, con el desencantamiento del mundo, los dioses aparecen ahora en forma de poderes impersonales: las leyes del mercado que continúan exigiendo sacrificios humanos.

Hay también economistas contemporáneos, como Joseph Stiglitz, premio Nobel, que emplea categorías teológicas para sintetizar mucho de lo que se hace en la economía en la actualidad. Tras mencionar que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial predicaban un fundamentalismo del mercado, afirma que “los que abogan por las normas que condujeron al desastre estaban tan cegados por su fe en el libre mercado que no vieron los problemas que se estaban creando”.

2. La crítica a la economía desde los valores o doctrinas religiosas

La segunda postura que describe Jung Mo Sung agrupa a todos aquellos que desde posturas religiosas formulan críticas a los modelos económicos. Es oportuno reconocer que varios economistas y sociólogos fueron capaces de percibir aspectos religiosos y teológicos en la economía – tanto en la ciencia económica como en el sistema económico - .

Pero han sido las personas del ámbito teológico las que han pensado y escrito más sobre la crítica a los sistemas económicos desde el lugar epistemológico de las religiones. Entre ellas están las que critican la economía “desde fuera” del ámbito económico, a partir de valores teológico-éticos. Este grupo puede dividirse en dos subgrupos:

a) El primer grupo lo constituyen todos aquellos que se sitúan dentro de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), en especial, de la Iglesia católica. La DSI suele tratar asuntos económicos y sociales como el capitalismo, la pobreza y la injusticia social como temas no teológicos, sino únicamente como un campo en el que se aplican las enseñanzas sociales derivadas de la doctrina teológica. Así, -según Jung Mo Sung – “la Iglesia católica trata, desde un lugar ajeno a la economía, un lugar considerado superior, de enseñar a los economistas, gobernantes y agentes de instituciones económicas cómo debe ser la economía según la “revelación” que la Iglesia recibió de Dios”.

b) Por otra parte, el siguiente subgrupo es el formado por teólogos/as o críticos sociales de inspiración religiosa que hacen de la economía un tema teológico y entienden la economía moderna –consciente o inconscientemente- a partir de una clave propuesta por Max Weber: la modernidad como paso del tiempo religioso que organizaba la “economía de la salvación” a la “salvación por la economía”. Este grupo reconoce que el mundo moderno, sea capitalista-liberal o comunista-marxista, se presenta como portador de salvación, compitiendo con la salvación propuesta por las religiones del mundo premoderno. Por lo general, la crítica a la idolatría del mercado puede convertirse así en una crítica al mercado o a la economía como tal.

Este tipo de enfoque puede conducir a las personas y a las iglesias a buscar un sistema social exento de problemas, sin límites y contradicciones inherentes a todos los sistemas sociales y económicos. Es como si en la nueva sociedad por construir surgiera la posibilidad de una “economía de la salvación” que nos librase de la economía tal y como la conocemos hoy en día.

Un sabio jesuita dedicado a las ciencias sociales escribió hace ya 50 años: “el sistema capitalista es injusto porque explota a los débiles; el sistema comunista es injusto porque oprime al pueblo. ¿Cuál es el mejor sistema? la Doctrina Social de la Iglesia”. Una respuesta demasiado simplista para un problema complejo.

¿Qué tienen en común estos dos subgrupos? Reflexionan sobre los problemas económicos y sociales desde fuera del sistema de producción y distribución. Esto es: del sistema económico, y en nombre de valores religiosos o espirituales aspiran a crear una nueva economía sin tener en cuenta las dinámicas, límites y lógicas inherentes a la economía que conocemos.

3. Religión y economía a partir de la reproducción de la vida concreta

La tercera tendencia es del segundo grupo: la de los que asumen la relación intrínseca entre teología y economía. Pero, a diferencia del grupo anterior, los seguidores de esta postura parten de la religión o de la teología para criticar el ámbito económico. Pero –y aquí la diferencia – adoptan como punto de partida la noción de producción y reproducción de la vida, que es anterior a la religión y a la economía.

Los nombres principales que han desarrollado esta postura son Franz Hinkelammert (1931- ), el brasileño Hugo Assmann, el argentino nacionalizado mexicano Enrique Dussel (1934- ), el uruguayo Julio de Santa Ana (1934- ), entre otros.

El texto siguiente puede ilustrar este concepto:

REPRODUCCIÓN DE LA VIDA
7 octubre, 2011
________________________________________
Franz J. Hinkelammert y Henry Mora Jiménez

Un análisis del determinismo económico, con una relectura de los aportes de Marx, que siguen vigentes para no caer en la confusión de confundir crecimiento económico con emancipación.

El determinismo económico siempre ha sido una sombra de la economía política, incluso en la tradición crítica iniciada por Marx. Pero creemos que se trata de una suposición (y de una acusación) que hay que evaluar con sumo cuidado, pues no siempre es unívoca, al menos en el caso de Marx.

Un pasaje que en principio la expresa, a la vez que pretende aclararla, es aquel de una conocida carta de Engels a J. Boch (21-22 de septiembre de 1890): “Según el concepto materialista de la historia el momento determinante de la historia es en última instancia la producción y reproducción de la vida real. Más no hemos sostenido nunca ni Marx ni yo.”

Así expresada, se trata de una tesis incluso obvia e irrefutable. Cuando la vida real –la vida corporal- no se reproduce, la misma sociedad en todas sus dimensiones deja de reproducirse. Lo mismo vale para cada persona. Sin vida corporal no hay vida en absoluto.

No se trata, entonces, de una tesis específicamente marxista. De alguna manera todos lo sabemos, aunque quien no vea su vida constantemente amenazada por el hambre, puede pensar que se refiere a situaciones más bien excepcionales o extremas, sobre todo en la “sociedad opulenta”. Además, claramente la tesis no sostiene que la economía sea la «primera instancia», sino, la «última instancia».

El determinismo sistémico neoclásico y neoliberal precisamente sostiene que la economía es «primera instancia» de la vida, cuando por ejemplo afirma que el dinero es como la sangre de la sociedad y que “… solo hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar”. Semejante elevación de lo económico a primera instancia también ocurrió bajo el stalinismo soviético, cuando se erigió al crecimiento económico en el principal objetivo de la vida social e, incluso, de la vida personal. El marxismo ortodoxo descansó, al igual que ayer y hoy lo hace el pensamiento burgués, en un economicismo que eleva lo económico al sitial de «primera instancia». Ambos sustituyen la producción y reproducción de la vida real como condición de cualquier vida, por los criterios cuantitativos y fetichizados del “éxito económico”: la tasa de ganancia y la tasa de crecimiento económico.

Pero cuando se considera la economía como el ámbito de la producción y reproducción de la vida real (economía para la vida), esta se encuentra necesariamente en el lugar de la instancia que decide en último término. Hagamos lo que hagamos, no lo podemos hacer si no es en el marco determinado por la producción y reproducción de la vida real. Si no respetamos este marco, nos encaminamos al suicidio. Pero es un «marco de actuación», no la misma determinación de la acción.

De manera que bien interpretada, la tesis de lo económico como «última instancia», más que una sombra de determinismo económico, debemos verla como un «criterio de discernimiento»: gratia suponit naturam. Para un católico, por ejemplo, el pan bendito representa un valor superior al simple pan sin bendecir; pero no se puede sustituir el pan por la bendición del pan: aun cuando se trate, en «primera instancia», de la bendición, no se la puede tener sin tener el pan en cuanto que «última instancia».

Por eso decíamos arriba que la tesis de la economía como última instancia de la vida humana, entendida la economía como producción y reproducción de la vida real, es irrefutable. Es “marco categorial”, no “hipótesis falsable”, pero no por ello, no científica.

Además, no se la debe entender bajo el prisma positivista (o estructural positivista), esto es, como un sector (el económico), que determina a los demás sectores y a la sociedad en su conjunto. Es criterio de discernimiento y criterio de racionalidad, tanto desde la racionalidad reproductiva (producción y reproducción de la vida real), como desde la racionalidad instrumental medio-fin (el “éxito económico”, la acumulación, el consumismo).

Pero también es comprensible que exista una tensión entre la economía como última instancia (producción y reproducción de la vida real) y los economicismos de la maximización de las ganancias o de la tasa de crecimiento.

En Marx esta tensión se expresa como una contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción: “Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existente, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones (de producción) se convierten en trabas suyas. Se abre así una época de revolución social” (Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política).

Creemos que esta habitual forma de expresión (dentro del marxismo tradicional), hoy no trasmite el significado que Marx pretendió darle. La ortodoxia marxista (en el marco de la “competencia de sistemas”) la interpretó como el deber de impulsar a toda costa el crecimiento económico (el desarrollo de las fuerzas productivas), desvirtuando toda la concepción original de la «emancipación humana».

Sin embargo, lo que Marx sí sostuvo explícitamente fue que la sociedad burguesa contiene una lógica inevitable hacia el socavamiento acumulativo de la producción y reproducción de la vida humana y sus condiciones de existencia; de ahí su conclusión de que la superación del capitalismo es una necesidad histórica. Creemos que esta tesis sigue en pie, y seguramente hoy tenemos mayor conciencia de esto que en tiempos de Marx.

Franz J. Hinkelammert es un destacado filósofo alemán, residente en América Latina desde hace décadas; Henry Mora Jiménez, economista, y ex decano en la Universidad Naciones de Costa Rica. El texto es un aporte de los autores para el blog Izquierda y Desarrollo.


(Publicado además en el semanario Voces (Montevideo), 6 de octubre 2011.)

Vida a través del sistema social

Para estos autores, - de acuerdo con Jung Mo Sung - la vida no se concibe como una sustancia que hay que preservar o defender contra las fuerzas de la muerte. Es, más bien, una característica de los seres vivos que hay que reproducir a través de la producción y consumo de bienes materiales y simbólicos necesarios. Esta producción y reproducción de la vida se da a través de y en el seno del sistema social, que incluye dimensiones económicas, sociales, políticas, culturales y espirituales.

Jung Mo Sung explica en este ensayo los conceptos fundamentales de esta tendencia en las relaciones entre religión y economía: parte del supuesto de que todas las sociedades necesitan resolver de forma adecuada dos aspectos fundamentales de la reproducción de la vida en la sociedad (en el sentido expresado más arriba): en primer lugar, las cuestiones digamos técnicas y operacionales para la producción de al menos el mínimo de bienes materiales y simbólicos necesarios para la reproducción de la vida de los miembros de la sociedad. En segundo lugar, las sociedades necesitan responder a la pregunta sobre el sentido de la vida y de los valores sociales y morales comunes a la sociedad.

Esto nos lleva a tres cuestiones capitales para esta tendencia: la de la distribución de la riqueza, la coordinación social y la división social del trabajo. Precisamente el choque entre el modelo capitalista y el modelo comunista que se dio en el siglo XX puede entenderse como disputa sobre dos formas diferentes de entender la coordinación de la división social del trabajo: libre mercado en el capitalismo, planificación centralizada por el Estado en el comunismo.

“En la economía globalizada de nuestros días, - escribe Jung Mo Sung -el mercado se ha convertido en el principal coordinador de la división social del trabajo. Las personas y empresas prestan servicios o producen lo que los consumidores desean en el mercado, y se compran los bienes materiales y la mayoría de los servicios necesarios en el mercado. Quedar excluido del mercado significa no tener acceso a las condiciones de una vida digna”.

Desde este punto de vista, los aspectos técnicos de la economía no bastan para el buen funcionamiento de la sociedad. Esta sería una mirada miope y poco humanista. No tendría en cuenta la dignidad individual de cada ser humano. Por ello, desde una óptica humanista (que se identifica con el pensamiento cristiano) es imprescindible converger hacia la construcción de valores sociales y morales que lleven a las personas a vivir y a actuar como agentes económicos de acuerdo con las dinámicas del sistema socioeconómico vigente.

Es más. La nueva economía global necesita impulsar una espiritualidad que dé un sentido a la vida y suscitar valores morales comunes.

La crítica a la idolatría del mercado y su espiritualidad

Dentro de esta última corriente de pensamiento y acción, autores como Franz Hinkelammert, Hugo Hassmann y Enrique Dussel han desarrollado una crítica original al sistema de mercado capitalista dominante actual. “No es solo una crítica ética o teológica sobre la economía hecha “desde fuera” utilizando la Biblia o la tradición teológica para “juzgar” la realidad económica analizada a través de las ciencias sociales y de la economía. Es una crítica al sistema de mercado (que es diferente de los sistemas sociales con mercado) a partir del concepto de idolatría”.

El concepto de “idolatría” se constituye en “lugar teológico” para Jung Mo Sung. La crítica a la idolatría del mercado no significa una crítica al mercado como tal, pero sí una crítica a la absolutización de las leyes del mercado y las exigencias sacrificiales que nacen de esa absolutización. El mercado es algo necesario para las economías modernas, pero debe ser limitado, complementado y hasta dirigido por las acciones del Estado y también de la sociedad civil.

La idolatría exige sacrificios humanos. Es evidente que ya no se realizan como en las religiones de la antigüedad, sino que –como afirmó el propio Weber – se siguen dando en nombre no ya de dioses sino de las fuerzas impersonales del mercado. Basta con oir a nuestros políticos europeos y españoles sobre la necesidad de hacer “sacrificios necesarios” exigidos por las leyes del mercado.

La necesaria crítica teológica a la idolatría del mercado tiene también una vertiente de espiritualidad. Además de la crítica a la idolatría del mercado, critica también la espiritualidad perversa, fetichista, que mueve este mercado. Un ejemplo puede desvelar el sentido de estas palabras. En el tiempo de la dictadura militar en Brasil, un importante ministro de economía, Roberto Campos, escribió lo siguiente: “La modernización presupone una mística cruel del rendimiento y del culto a la eficiencia”. Es cruel porque presupone el sacrificio de los que no son eficientes, es mística porque se requiere una fuerza espiritual para llevar adelante, sin problemas de conciencia, un proyecto social de estas características. Y es culto en el sentido en que se diviniza un sistema al que se somete al ser humano.

Por tanto, se desvela así el carácter espiritual, místico e idolátrico del actual sistema de mercado global. Y de esta manera, se puede entender el motivo de la gran fascinación que este “Imperio” global del consumo desmedido ejerce sobre la población mundial. “Además de sacrificar y dar miedo, los ídolos fascinan y atraen”.

“Frente a este miedo, vale la pena recordar la afirmación de Jesús de Nazaret: “Hombres de poca fe, ¿por qué tenéis miedo?” (Mt 8, 25). En otras palabras: superar el miedo que nos paraliza o que nos remite a un mundo ideal pero irreal, para luchar por un mundo más humano y justo, pese a las contradicciones, límites y conflictos inherentes a todo sistema social”- concluye Jung Mo Sung.

Conclusión

Ya es un hecho conocido que el discurso dominante hoy presenta el capitalismo contemporáneo como un sistema social al cual no hay alternativa. Los neoliberales y otros pensadores pro-capitalistas elaboran las más varias teorías para decirnos la misma cosa: no hay alternativa al sistema de mercado capitalista. Sin embargo, este tipo de discurso no es ninguna novedad en la historia. Todos los sistemas de dominación, sea un imperio o un régimen autoritario, se presentan como un modelo social sin alternativa. Esto porque ellos serían una expresión de la voluntad divina, de la evolución de la naturaleza o del orden racional de la historia, o simplemente porque todas las otras alternativas serían inviables. Lo que varía es sólo la forma concreta con que un sistema social dominante se legitima cómo siendo “sin alternativa.”



Jueves, 19 de Enero 2012
Leandro Sequeiros
Artículo leído 7662 veces



Nota

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1.Publicado por juan perro el 20/01/2012 01:10
Y la hoguera, la censura, las dictaduras, las guerras, la insesatez, la falta de humanidad, la mentira, la discriminación de la mujer, la homofobia, la muerte, .....

2.Publicado por Beatriz BASENJI el 21/01/2012 21:00
Tras mencionar que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial predicaban un fundamentalismo del mercado, afirma que “los que abogan por las normas que condujeron al desastre estaban tan cegados por su fe en el libre mercado que no vieron los problemas que se estaban creando”. Ni el FMI ni el BM poseen entidad etíca ni moral sobre la cuestión. Los llamados países emergentes han vivido en carne propia las "recetas" de ambos. Nefastas siempre. Luego esa FE EN EL LIBRE MERCADO, nunca fue tal. Desde Universidades como las de Harvard,Columbia, etc, se diseñó un modelo puesto en práctica por economistas salidos precisamente de esas casas de estudios, que TUMBARON LA ECONOMÍA MUNDIAL ADREDE.
En este artículo no se hace ninguna mención religiosa fuera del Cristianismo. Ignoro si ello es así para no indisponerse con otras religiones, o porque NADIE SE ATREVE A TOCAR ESA CUESTIÓN. Lamentablemente este capitalismo nos lleva directamnte a una ESCLAVITUD DE MASAS. Se están dejando a millones de personas sin trabajo, sin empleo, en todos los continentes. No obstante las leyes que los países aplican persiguiendo el trabajo en negro, se puede afirmar, que de diez personas que pierden hoy su trabajo apuntalado por las leyes laborales, la seguridad social, etc. quien sabe si UNA PERSONA , volverá al sistema.

3.Publicado por Beatriz BASENJI el 22/01/2012 19:03
El Economista Paul Krugman, en una nota publicada en el dia de hoy con el título "IMPUESTOS INDEFENDIBLES" ( El País,22/01/2012 ) nos pone el ejemplo del candidato a la presidencia de los Estados Unidos, MITT ROMNEY, el cual ha hecho público que tributa solo el 15 % de sus ingresos . Paul Krugman se pregunta: "Hay un buena razón por la que la carga fiscal de los ricos deba ser tan increíblemente ligera ?" .
Esto es sin lugar a dudas ESCANDALOSO. Nos sirve de ejemplo la primera potencia mundial, los Estados Unidos, país que alberga en su territorio quizás al mayor número de multimillonarios.Es decir, que se está privilegiando a los mas ricos y haciendo recaer la carga pública del Estado en las clases mas desfavorecidas. Como Cristianos esta situación nos parece una auténtica INJUSTICIA.
Es este egoísmo instalado LEGALMENTE en la mayoría de los países desarrollados - este privilegiar a quienes ya son privilegiados - lo que está provocando millones y millones de seres carenciados en todos los países del Planeta.
Si somos cada uno de nosotros LA VOLUNTAD DE DIOS MISMO, tenemos que aceptar que HAY SERES QUE HAN TERGIVERSADO Y PROPICIADO LA MISERIA DE LAS NACIONES. La verdadera crisis reside en las CONSCIENCIAS de quienes con todo impunidad juegan con cifras de dinero astronómicas en las diversas Wall Street de los países. La verdadera crisis está propiciada por los políticos venales que se dejan corromper para que un puñado de ricos traslade por sus variados paraísos fiscales sumas colosales. Sumas que son sustraídas al torrente circulatorio de las naciones. No hay una FE dirigiendo estas maniobras. Hay un espíritu egoísta, carente de escrúpulos, capaz de encaramarse donde sea para medrar con la miseria humana que van produciendo a su paso.

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