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El verdadero Estado de nuestro tiempo es el dinero

La cultura postmoderna desecha como basura las instituciones democráticas


Vivimos bajo el imperio de la caducidad y la seducción, en el que el verdadero «Estado» es el dinero. Se trata de un tiempo post-histórico que ha abrazado de manera no consciente la cultura postmoderna desechando todo lo anterior como trastos viejos. Entre estos “trastos”, que ni siquiera son restos arqueológicos de poco valor sino basura, los más abultados son las Instituciones de los Estados Democráticos. Por Javier del Arco (*).



Heráclito de Éfeso propuso un paradigma del mundo presidido por el cambio permanente, de manera que todo cambiaba y nada permanecía o era. Sin embargo, este sabio de Grecia no pensó en destruir la polis griega ni su areté. La postmodernidad actual está en ello.
 
En su obra “Modernidad Líquida” Zygmunt Bauman investiga cuáles son las características de las cúspides de la sociedades capitalistas, siempre muy minoritarias y rigurosamente diferentes de la sociedades burguesas o de las viejas hidalguías e infanzonías, tanto de la que se ha mantenido en transcurso del tiempo, como aquellas que han cambiado.
 
Un desmedido afán acumulativo
 
Destaquemos en primer lugar una característica del gran capital: la acumulación por la acumulación. Esta forma de proceder ha estado siempre presente en la estructura de los grandes capitales pero, en el llamado capitalismo tardío, esencialmente financiero y que se corresponde con el final de  la modernidad y comienzo operativo de la postmodernidad, dicho afán acumulativo adquiere un carácter nuclear.
 
Como consecuencia directa de ese desmedido afán acumulativo, se incrementa el individualismo de la población en general y las relaciones humanas devienen en precarias y volátiles. Se trata de competir, no de cooperar, incluso entre colegas. Así, cada vez menos se habla de equipos y mucho más de personajes providencia. Los caza-talentos fichan personas y no equipos conjuntados.
 
Se produce así una sensible disminución de la solidaridad y un incremento exponencial del egoísmo. Este último es una plaga que se extiende y de la que son paradigmas aquellos más pudientes. La sociedad líquida propicia ese cambio porque, como buena hija de la postmodernidad que niega cualquier gran relato, se aleja de cualquier conjunto de valores entrelazados entre si que se pudiesen nutrirse en fuentes humanísticas.
 
De manera que cualquier estructura potente que conforme un marco de justicia, especialmente justicia social, es indeseable.
 
Fluidificar para domesticar y consumir
 
La modernidad líquida, lo repetiremos hasta la saciedad,  es cambio continuo y transitoriedad. Ello implica necesariamente inquietud e inestabilidad. Se diría que los postmodernos líquidos propugnan esa inestabilidad para mantener al límite la tensión de los individuos. Ninguna faceta de la vida humana es estable, especialmente dos fundamentales: el trabajo y la familia.
 
De lo que se trata, escribe Bauman, es de relajar, fluidificar y, finalmente, diluir, cualquier norma que entrañe algún obstáculo para los grandes poderes económicos.
 
Así, desde el nacimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Uruguay en 1993 –en cuyo proceso la inteligencia norteamericana echó el resto- se viene produciendo un proceso imparable de “desregulación, flexibilización y liberalización de los mercados» tal y como señala Bauman.
 
Todo ello genera un cúmulo de tensiones, no sólo sociales sino también existenciales. Estas últimas surgen cuando los humanos nos relacionamos mal –y lo hacemos cada vez peor- o simplemente prescindimos del otro, de nuestro prójimo, salvo para un disfrute material efímero, un uso divertido o placentero, convirtiéndolo, como dice Vicente Verdú, en un “sobjeto” híbrido esperpéntico de sujeto (persona) y objeto (material fungible).

El nuevo Estado como propiedad particular.
 
Estado versus estado. La sociedad líquida se ha segregado para que los modelos y estructuras sociales no puedan perdurar y por lo tanto tampoco enraizarse. Así, vivimos bajo el imperio de la caducidad y la seducción en el que el verdadero «Estado» es el dinero, por lo que se genera un marco en el que se renuncia a la memoria de los hechos, tanto generales como particulares.
 
El olvido no sólo del Ser –que tanto preocupó a Heidegger- sino también del pasado colectivo, constituyen una condición que caracteriza un tiempo post-histórico que ha abrazado de manera no consciente la cultura postmoderna desechando todo lo anterior como trastos viejos.
 
Entre estos “trastos”, que ni siquiera son restos arqueológicos de poco valor sino basura, los más abultados son las Instituciones de los Estados Democráticos
 
Una clase política que máquina su propia autodestrucción
 
Vivimos un periodo histórico de máxima incertidumbre. Nace así una sociedad de múltiples riesgos, en la que se han debilitado los sistemas de seguridad que protegían al individuo en lo social, lo económico, lo educacional, lo cultural, lo jurídico y todo lo que se relaciona con la integridad física y moral de la persona.
 
La nueva sociedad liquida rezuma riesgos e incógnitas. Y la clase política que habita en ella –al servicio de oscuros intereses espurios que en su momento no hurtaremos al lector-  es incapaz de percibir que en el fondo hoy labra, con mayor o menor presteza, su propia aniquilación.
 
Pero hay algo mucho peor en el horizonte que la desaparición de una élite política en el sentido “paretiano” de la misma. Ese eclipse sería bueno en si mismo porque dicha clase se halla deshecha por la corrupción y los particularismos.
 
La política democrática de calidad muy baja, crecientemente alejada de los ciudadanos, se devalúa día tras día y de esas devaluaciones surgen inevitablemente populismos que son antesala directa del totalitarismo.
 
 Y los hechos que acaecen parecen indicar que ese tiempo está próximo.
 


(*) Javier del Arco Carabias, Biólogo y Filósofo, es profesor de Universidad. Este artículo se publicó originalmente en su blog Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, que edita en Tendencias21.



Viernes, 18 de Octubre 2013
Javier del Arco
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Nota

Comente este artículo

1.Publicado por Beatriz Basenji el 19/10/2013 01:29
No podemos negar que cuanto nos trasmite este artículo se halle fuera de la realidad.Mas allá de esas circunstancias dictadas por el egoísmo de unos pocos, se van dando situaciones que revelan que las personas se mueven por solidaridad hacia quienes les necesitan. Cada vez mas personas donan su tiempo , para brindar compañía, comunicación, asistencia social a grupos de abuelos, personas discapacitadas, familias con niños en edad escolar , etc.etc. Se van formando asociaciones que recaudan TIEMPO,de aquellos que se ofrecen a brindarlo para mejorar la situación de otras personas. Igual que Maestros de diferentes actividades artísticas que brindan su orientación de forma totalmente desinteresada. Realmente, nunca como ahora, hemos visto tanto AMOR en acción, repartiéndose en distintas latitudes.

2.Publicado por EDUARDO CASAS GONZALEZ el 19/10/2013 16:52
Nada que agregar, un articulo muy acertado del pronto apocalipsis ... nada detiene esta maquina sin frenos

3.Publicado por Nostram el 23/10/2013 20:25
No estoy de acuerdo, con el titular.
Debería decir esto otro:

EL VERDADERO DIOS DE NUESTRO TIEMPO ES EL DINERO.

Ya que ni de lejos se constituye en Estado, sino en motor, exige devoción, exige sacrificios, exige sangre, exige desvelos, no perdona, nunca está satisfecho y es insaciable.

El dinero tiene todas las características de un Dios, y ni con mucho el Dios bondadoso que todos querríamos que existiera, sino todo lo contrario, el Satanás perverso, al que le vendemos el alma.

No hay frase más cierta que la que dice "Todo por la pasta", es tan fuerte su contenido, que incluso acepta el canje de la vida o la muerte a cambio de dinero, a veces por la vía del asesinato, a veces por caminos mejor vistos como la hipoteca.

Pero indiscutiblemente el DINERO se ha convertido en nuestro Dios, y es por él a él al que todos reverenciamos, trabajamos, nos motivamos.

Pero como todo Dios, es esquivo, nos ignora, nos insulta, y raras veces nos vemos tocados por su gracia.

DINERO = DIOS = DINERO
No hay más.

4.Publicado por Gala Limón el 25/10/2013 06:17
Creo que el sobjeto ha existido desde siempre, se califica al ser por sus capacidades de servir, y ser útil para los demás. Antes era parte de la estructura social y hoy reside en el individuo la decisión de ver así a las personas. Coincido en que la sociedad es inestable, creo se está diversificando de maneras increíbles e impensables, esto claramente genera la flexión y la incertidumbre de mercados, pero vuelve al empresario más creativo, toda crisis y problemas hacen funcionar aquel hemisferio del cerebro sólo está en espera de algún problema para ponerse a trabajar. La actualidad es contrastante, creo que así como hay personas cada vez más conscientes de sí y del entorno, también hay muchísima gente que se encuentra despegada de su centro. Por otro lado las realidades del planeta son infinitas y vuelve difícil plantear un zeitgeist real de la época sin tener un diámetro geográfico. En fin, el mundo siempre ha permanecido funcionando de milagro , por eso considero tan importante la fe en éste mismo y en las personas, sin relacionarla ninguna religión, simplemente fe y consciencia de nuestra capacidad para crear realidades.

5.Publicado por Gerson Tabosa el 26/01/2014 21:54
Na minha perspectiva tal texto um aviso pois, estamos a ver a classe política não tendo mais serventia e, visualizamos o domínio das estratégias políticas feitas pelos grandes capitais com o único intuito do dinheiro pelo dinheiro, tal ingerência se dá a nível mundial, mesmo aqueles países cuja economia é insignificante.Não advogo o fim do mundo, todavia é preocupante o nível de nossos presidentes, o mundo, a sociedade precisa de um novo objetivo, talvez possamos evoluir em direção a uma nova fronteira pois, só assim, penso Eu, poderemos sair desse tédio a que estamos sendo submetidos, tédio esse perigoso ao Homem e á Sociedade.

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