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"Etcétera” reinventa “El retablo de maese Pedro”

La compañía de marionetas de Enrique Lanz celebró su 25 aniversario en el Parque de las Ciencias de Granada


El pasado 25 de junio, la compañía de marionetas “Etcétera” culminó las celebraciones de su 25 aniversario en el Parque de las Ciencias de Granada con la representación de “El retablo de maese Pedro”. A pesar de algunos de los inconvenientes de las instalaciones y del sonido, el trabajo de los titiriteros no dejó de ser asombroso. Por gärt.




Cuando entré en la sala de exposiciones del Parque de las Ciencias de Granada me pregunté qué mente privilegiada había tenido la feliz idea de ejecutar la obra de Falla/Cervantes en un lugar tan poco idóneo. Gran parte de las butacas carecían de visibilidad, a algunos rincones no llegaba la audición, y la mayoría de los sitios eran incómodos.

Algunos padres habían llevado a sus hijos a ver la obra, supongo que por aquello de que se trataba de un evento musical con marionetas. Pero los niños no se enteraron del tema porque la soprano que realizaba el papel del muchacho recitador -el Trujamán- optó por afinar las notas en detrimento de darle nitidez a las consonantes. No sucedió así en cambio con el tenor, que ejecutó con acierto los recitativos que correspondían a maese Pedro.

Al niño sentado a mi lado no lo callaban ni los timbales, los espectadores del tinglado de arriba apenas consiguieron ver toda la escena; el sonido de las voces carecía de nitidez. A pesar de todo: el trabajo de los titiriteros no dejó de ser asombroso.

“Qué hago yo aquí”. Esa era la pregunta. Lo cierto es que sería injusto por mi parte pretender realizar una crítica ponderada, cuando en realidad asistí a la ejecución de una pieza en la que nunca había depositado mi confianza.

La obra de Manuel de Falla descansa, para mí gusto, en un exceso de recitativos que hacen perder eficacia a las excelencias de la parte orquestal. Efectivamente, aquel día, cuando intenté penetrar en El retablo de maese Pedro, del compositor gaditano, lejos de recrearme en aquel vigésimo sexto capítulo del segundo libro del Quijote‎, acabé lamentando la ausencia de armonías en las intervenciones vocales.

Pero el caso es que nunca dejé de disfrutar con los otros dos planos de la obra: el del retablo en sí, concebido para una compañía de titiriteros; y el de los actores/cantantes que desarrollaron los roles de don Quijote, el Trujamán, maese Pedro y otros figurantes a modo de público.

Sobre la obra

En la obra tenemos pues, dos líneas de público: el que rodea al ingenioso hidalgo y al Trujamán -un muchacho que narra las peripecias de don Gayferos y doña Melisendra-, esto es, Sancho Panza, el Ventero, y el resto de la clientela; y ese al que pertenecemos nosotros. Entre los personajes del Quijote y nosotros, se sitúa una pequeña orquesta con clavecín.

Aclaremos un concepto. El libreto de este retablo no está basado en un episodio del Quijote: está copiado casi al pie de la letra. O, para ser más modernos, diremos que fue intertextualizado.

Eso no quita ni pone para que el opúsculo sea bueno o malo. La idea cervantina es sublime, pues resulta de lo más que eficaz para describir la mente del hidalgo. El relato del rescate de doña Melisendra por don Gayferos contado a medias por la voz del Trujamán o joven narrador, y las marionetas, entra de tal forma en el imaginario de don Quijote que, llegado el momento, éste no sabrá distinguirlo de la realidad.

A partir de estas y otras reflexiones sobre el descomunal ejercicio estilístico de Cervantes al superponer los planos presuntamente reales con los -no menos presuntamente- imaginarios, Falla construye una escena musical con títeres, que se ha ido abriendo camino entre el público gracias, entre otras cosas, a los avances tecnológicos. Hoy está al alcance de un buen número de aficionados acceder a la versión de Charles Dutuit en youtube.

El mérito de “Etcétera”

El gran mérito de la compañía "Etcétera", de Enrique Lanz, con El retablo ha sido la búsqueda de una nueva dimensión en el espectáculo total, rompiendo el tradicional segundo plano con actores o cantantes y sustituyéndolo por marionetas gigantes.

Don Quijote, Sancho, el ventero, el Trujamán y Maese Pedro, eran títeres de hasta ocho metros de altura que rodeaban un segundo escenario de marionetas. La capacidad expresiva del cuadro resultó impactante, y la ejecución, tanto de los títeres en sí como de los movimientos, fue en ocasiones asombrosa.

El instante final en que don Quijote tira de espada y, pretendiendo defender la integridad de Gayferos y Melisendra, descabeza a las marionetas que les persiguen y arrambla con toda la escenografía, contuvo los ingredientes de la plena apoteosis.

Todo el montaje de "Etcétera" quedó al descubierto, los dieciséis especialistas que movían los muñecos gigantes se mostraron en plena faena y don Quijote, siempre en su línea, tratando de salvar a los héroes imaginarios, volvió a meter la pata de lleno.

Eso sí, el ideal que representa el personaje de Cervantes, poseía esas virtudes de las que carecemos la mayoría de los españoles. Es aquel que antepone el bien de los demás al suyo propio, aquel que se entrega en cuerpo y alma por sus propios sueños. Don Quijote es ese que se lanza al agua para salvar al perro de perecer ahogado, a sabiendas de que se llevará algún que otro mordisco.

Don Quijote seguirá vivo en la historia de España. Se reencarna en aquellos grandes hombres que trataron de mejorar esta tierra ingrata, y fueron apaleados, pateados y expulsados. Don Quijote fue Esquilache y, en cierto modo, Manuel Azaña. Tal vez no volvamos a merecer otro Alonso Quijano en muchos años.


Viernes, 12 de Julio 2013
gärt
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