Europa y Rusia están abocadas a una alianza energética

La UE tiene pocas alternativas al gas ruso y además es el cliente más lucrativo para Rusia


Las divergencias surgidas entre Rusia y Europa a propósito del gas natural están abocadas a derivar en una alianza energética renovada según la lógica de los intereses de cada parte: Europa tiene pocas alternativas al gas ruso y es al mismo tiempo el cliente más lucrativo que tiene Rusia para su gas natural. No obstante hay serios obstáculos para un entendimiento y es preciso actuar en tres frentes, según una investigación de la que informa McKinsey. Por Sergio Manaut.



Europa y Rusia deberían armonizar su posición de cara a una asociación energética imprescindible, según Ivo Bozon, Warren Campbell y Thomas Vahlenkamp, consultores de McKinsey en diversos países de la UE, que han compendiado sus ideas y observaciones en un artículo reciente de la revista trimestral de la prestigiosa consultora.

En su artículo destacan que cuando Rusia cortó el suministro de gas natural a Ucrania, en enero de 2006, campanas de alarma empezaron a sonar a través de la Unión Europea, reavivando la preocupación sobre la fiabilidad de Rusia como socio energético.

La Unión Europea respondió con llamamientos para diversificar sus fuentes de recursos energéticos y comenzó a propalar las virtudes del carbón y de la energía nuclear. Rusia, por su parte, sugirió que podría vender el gas natural a China en vez de a Europa.

A pesar de las aparentes diferencias entre Rusia y Europa, cada bando necesita al otro más de lo que quiere admitir. Europa tiene pocas alternativas económicas para sus necesidades de energía. El carbón genera demasiado dióxido de carbono. La nueva energía nuclear es controvertida y no estará lista antes de una década, aún si se hace políticamente deseable.

Las fuentes alternativas de gas, tales como el gas líquido natural (LNG) del Oriente Próximo y del norte de Africa, no sólo sería extremadamente caro, sino que forzaría a la Unión Europea a competir por su suministro contra mercados de gas más lucrativos, como el de Estados Unidos. De hecho, a la UE le costaría entre 40.000 y 60.000 millones de dólares más satisfacer sus necesidades de energía con fuentes alternativas a Rusia.

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En lo que respecta a Rusia, los consultores estiman que le costaría entre 50.000 y 70.000 millones de dólares vender el gas natural siberiano a regiones alternativas a Europa. Dada la proximidad de Europa y su capacidad de pago, representa el cliente más lucrativo de gas natural para Rusia.

Es más, si a las grandes empresas de energía europeas se les permitiera invertir en el upstream de Rusia, ayudarían a asegurar su desarrollo contribuyendo con aportaciones técnicas y con algunos de los millones de dólares de inversión necesarios para construir la infraestructura de producción y transporte en zonas remotas como el yacimiento offshore de Shtokman y la Península Yamal de Siberia Occidental.

Sin embargo, aparecen algunos obstáculos en el camino del flujo de gas de Rusia hacia Europa. Empresas situadas a ambos lados de la ecuación dudan sobre hacer las inversiones sustanciales necesarias para generar nueva producción. Su cautela surge a partir de las incertidumbres reales que rodean a la futura demanda de gas de la Unión Europea, a la capacidad de suministro de Rusia (cuyas organizaciones desarrollarán los activos energéticos) y al entorno regulador.

Desconfianza

Y aún existe otra bandera roja, al menos para los europeos: la desconfianza generalizada a la voluntad de Rusia de seguir las normas de comercio internacional. Ambos lados deben cooperar para fortalecer su relación tratando de moderar estos riesgos e incertidumbres, y de esta manera asegurar que las inversiones requeridas se hagan en el momento oportuno.

Estos objetivos demandan acción en tres frentes.

- Primero, Rusia y la UE deben implementar reformas reguladoras para reducir el riesgo y facilitar la inversión.

- Segundo, dado que el riesgo nunca puede ser eliminado por completo y muchas reformas requerirán años para dar sus frutos, las empresas y los gobiernos deben buscar caminos para administrar los riesgos remanentes alentando la inversión a través de las fronteras.

- Tercero, deben trabajar juntos para crear una mayor transparencia en una cantidad de factores de mercado.

Según los autores del artículo, satisfacer estas prioridades constituye un potente desafío. La tentación sería permitir que la relación entre Rusia y Europa en este campo evolucionara azarosamente. Pero los fundamentos económicos de la situación exigen una aproximación más deliberada al tema de la energía si ambos lados desean avanzar.



Miércoles, 15 de Noviembre 2006
Sergio Manaut
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