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Integración energética cargada de cortocircuitos




Los esfuerzos de integración energética en América Latina han sido discontinuos, pese a que muchos tienen claro que no hay salvación si no es con todos. Y hacia ese horizonte hay que avanzar, según expertos, para ahuyentar el fantasma del déficit y los altos costos, que acosa a varios países. Los expertos consultados por IPS […]

Complejo hidroeléctrico de Itaipú, un ejemplo de integración energética bilateral que no puede trascender las fronteras de Paraguay y Brasil. Crédito: Darío Montero/IPS

Complejo hidroeléctrico de Itaipú, un ejemplo de integración energética bilateral que no puede trascender las fronteras de Paraguay y Brasil. Crédito: Darío Montero/IPS

Por Marianela Jarroud
SANTIAGO, Oct 29 2013 (IPS)

Los esfuerzos de integración energética en América Latina han sido discontinuos, pese a que muchos tienen claro que no hay salvación si no es con todos. Y hacia ese horizonte hay que avanzar, según expertos, para ahuyentar el fantasma del déficit y los altos costos, que acosa a varios países.

Los expertos consultados por IPS coinciden en que las dificultades para concretar la anhelada integración energética se centran, por ejemplo, en las diferencias entre los programas de suministro de energía. Hay países con manejo estatal centralizado, versus esquemas de participación público-privada.

También afectan la variabilidad de los precios de los combustibles, la incertidumbre en la disponibilidad de gas natural y los conflictos socioambientales en el desarrollo de megaproyectos energéticos.

Para avanzar, dicen, hay que adoptar las reglamentaciones comerciales y técnicas necesarias para viabilizar el mercado internacional de la electricidad, operar los sistemas de interconexión internacional, incluyendo su armonización con las reglamentaciones nacionales, y coordinar una planificación indicativa de los sistemas conectados de la región que propenda al desarrollo del mercado regional de esta energía.

También se debe definir criterios comunes de confiabilidad, prioridades en racionamientos y distribución de rentas de congestión.

El primer estudio serio sobre integración energética e interconexión en América Latina se realizó en 1964, cuando se fundó la Comisión de Integración Eléctrica Regional (CIER), que hoy componen 10 países, entre ellos los fundadores Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, además de siete empresas.

Hasta el momento, el CIER ha desarrollado una veintena de estudios que han establecido que existen posibilidades concretas de unión entre los sistemas eléctricos de la región.

El uruguayo Oscar Ferreño, coordinador internacional de generación del CIER, se manifestó cauteloso ante IPS. A pesar de los estudios realizados, América Latina está lejos aún de concretar una integración energética, aseguró.

Entre los factores que han impedido avanzar más en esta integración se cuentan la falta de voluntad política y las privatizaciones que proliferaron en los años 90 en la región de grandes empresas públicas del área de la producción y distribución energética y compañías petroleras y de gas.

Ferreño precisó que sí existe un área interconectada que agrupa a los países fundadores del Mercado Común del Sur (Mercosur), Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, pero advirtió que “hay una barrera natural difícil de sortear, que es la cordillera de los Andes”.

De cualquier modo, hoy existen varias iniciativas de interconexión bilateral o multilateral que han sido analizadas. Varias de ellas podrían concretarse, adelantó.

Un ejemplo es el proyecto de interconexión eléctrica, impulsado por Uruguay y Brasil, que contempla 500 kilovoltios y una estación convertidora de alta tensión de corriente continua. La obra, cuya longitud es de unos 420 kilómetros y tiene una capacidad de 500 megavatios, se finalizaría este año y se estima que estará operativa a mediados de 2014.

Brasilia discute también con Buenos Aires y Asunción la construcción de una línea de 500 kilovoltios, de 321 kilómetros y capacidad de 2.000 megavatios para interconectar los complejos hidroeléctricos binacionales de Yacyretá, que comparten Argentina y Paraguay, e Itaipú, de Brasil y Paraguay.

El problema es que el contrato suscrito por Itaipú prohíbe la venta a un tercer país.

Mientras, en la zona andina, dos proyectos permanecen aún en los papeles. Uno es derivado del estudio elaborado en 2007 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que alentó las complementariedades existentes en los recursos energéticos de Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú.

El otro plan en ciernes es el de Interconexión Eléctrica Andina, en el que participan esos cinco países y que cuenta con el aval del Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero la idea de establecer una red energética regional apunta a utilizar el petróleo de las cuantiosas reservas de Argentina y Venezuela, el gas de Perú y Bolivia, el sistema hidroeléctrico presente en Chile y Brasil y todo el potencial eólico y solar de la región.

Para Ferreño, “la integración energética es fundamental”, principalmente por la variación que producen las energías renovables no convencionales, cuyo desarrollo tiene un vasto potencial en América Latina.

“El viento puede soplar en el sur en un momento y no en el norte, o puede estar nublado, entonces la integración facilita la homogeneización de todas las producciones energéticas naturales, es fundamental”, dijo.

Por su parte, el director de la consultora TNS Latam, Fernando Meiter, coincidió en que “hoy estamos lejos de una integración energética regional”. Es que “no la puede haber si no hay un marco para que, si un país tiene excedentes, se los pueda dar a un vecino. Ese es básicamente el problema”, añadió.

Meiter aseguró que la interconexión existente entre los países está muy lejos de transformarse en una integración concreta.

“Argentina tiene varios gasoductos hacia Chile y uno hacia Uruguay que en la actualidad no se usan. En el corto plazo, yo no veo” que se concrete la integración, apuntó.
Ese país exportó en forma regular gas natural a Chile hasta 2006, cuando pasó a vender pocas cantidades debido a que debió atender sus propias necesidades.

Chile, aún sin resolver la diversificación de su matriz energética, podría recurrir a Bolivia, otro gran productor. Sin embargo, ambos países están en constantes tensiones diplomáticas por las demandas históricas e infructuosas de La Paz de obtener una salida soberana hacia el océano Pacífico.

Actualmente, Bolivia exporta importantes volúmenes de gas a Argentina.

Según cifras de la Organización Latinoamericana de Energía, el consumo de electricidad en la región alcanzó en 2010 los 1.073 teravatios/hora y altos precios, tanto en el sector residencial como en el industrial.

Datos oficiales indican que Chile se situó en 2011 como el sexto país con más altos precios para el sector industrial entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con 154 dólares el megavatio/hora.

Precisamente, Meiter explicó que entre los beneficios de la integración energética está el poder negociar precios en bloque.

“Por ejemplo, si Argentina, Chile, Brasil y Uruguay pudiesen comprar en conjunto el gas natural a cualquier productor árabe, si fuesen juntos a negociar volúmenes, el precio bajaría”, sostuvo.

A juicio del consultor, la cordillera de los Andes, pese a lo que se ha dicho, no es una dificultad para la integración “porque la infraestructura ya está hecha”. “Entonces se trata de voluntad política”, enfatizó.



Fuente : http://www.ipsnoticias.net/2013/10/integracion-ene...


Martes, 29 de Octubre 2013
Marianela Jarroud
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