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“Intifada verde” se apodera de aldea palestina




“Oh, verde Battir, madre del aire”, canta la palestina Mariam Ma’mmar en honor a su aldea cisjordana. La estación cálida, próxima a su fin, hizo que la tierra se secara en todas partes, pero no aquí, donde echa raíces una forma pacífica de resistencia contra la ocupación israelí. Los 5.000 habitantes de Battir se enorgullecen […]

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Mustafa Aweinah, un agricultor de Battiri, ara su tierra con la ayuda de voluntarios británicos. Crédito: Pierre Klochendler/IPS.

Mustafa Aweinah, un agricultor de Battiri, ara su tierra con la ayuda de voluntarios británicos. Crédito: Pierre Klochendler/IPS.

Por Pierre Klochendler
BATTIR, Palestina, Nov 5 2013 (IPS)

“Oh, verde Battir, madre del aire”, canta la palestina Mariam Ma’mmar en honor a su aldea cisjordana. La estación cálida, próxima a su fin, hizo que la tierra se secara en todas partes, pero no aquí, donde echa raíces una forma pacífica de resistencia contra la ocupación israelí.

Los 5.000 habitantes de Battir se enorgullecen de su vínculo cultural e histórico con el paisaje que los rodea.

Arrellanada en 554 kilómetros cuadrados de murallas de piedra seca, la mayor red de cultivos en terraza de toda Palestina ofrece una imagen en cascada que termina en un valle profundo.

Gracias a la cisterna y el acueducto de la era del Imperio Romano, el agua fluye todo el día, irrigando las terrazas agrícolas.

Ocho manantiales naturales, rebosantes de vida y compartidos entre ocho familias de Battir, alimentan el antiguo sistema de riego, nutriendo a la vez los sueños de autosuficiencia hídrica.

Atrás quedaron los días en que la reputación de sus berenjenas, las “betinjan battiri”, traspasaba las fronteras de Battir.

Ahora la zona es escenario de una batalla entre diversos cultivos. En una ladera, avanza un frente unido de duros pinos plantados en torno a las colonias israelíes. En la otra, en filas dispersas, los retorcidos olivos, símbolos del apego palestino a la tierra. Las agujas de los pinos acidifican el suelo y ponen en peligro a los olivos, observa Ma’mmar.

Los asentamientos de Har Guiló y Beitar Illit crecen detrás de los pinos. Un tercero, Guivat Yael, está en construcción. El muro de concreto de ocho metros de altura avanza lentamente hacia Battir, incautándose a su paso de vastos tramos de tierra palestina.

“El muro enloquecerá a Battir. Cortará la irrigación. Los agricultores perderán su tierra”, protesta Ma’mmar.

“Oh, Israel, llévate mi vida, no te lleves mi tierra…”, agrega.

Battir es la excepción al mandato de Israel en Cisjordania: se trata de la única aldea palestina donde la Línea Verde no existe.
Iniciada en 2002 en el momento más caliente de la segunda Intifada (levantamiento contra la ocupación) para proteger a los israelíes, la barrera de seguridad, conformada por muros y vallas, invade la mayor parte del territorio que los palestinos avizoran como parte de su futuro estado.

El Ministerio de Defensa de Israel intenta erigir el muro en el valle desde 2006. “

“No hay motivo para construir el muro. Ningún israelí fue herido o asesinado aquí”, dice el alcalde de Battir, Akram Badr.

Los aldeanos solicitaron a la Corte Suprema de Israel que desviara la barrera, impidiendo la confiscación de tierras y la destrucción del rico ambiente y de su sistema de irrigación. Obtuvieron el improbable apoyo de la gubernamental Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel.

En mayo, la Corte intercedió en nombre de los aldeanos. Sugirió que el Ministerio de Defensa propusiera alternativas “no físicas” al muro.

Se espera un fallo judicial para diciembre, pero ya hay alternativas. Se colocan cámaras de vigilancia y sensores en las cimas de las colinas. Rutas de patrullaje entrecruzan el área. Vehículos de seguridad controlan a diario el pasaje seguro de decenas de trenes.

“Somos optimistas”, dice Mustafa Aweinah, un agricultor de Battiri.

Esa renovada confianza hace evocar los antecedentes históricos de estas tierras.

Los predios se extienden más allá de las vías férreas de la era del Imperio Otomano, que serpentean entre Jerusalén y Tel Aviv-Iafo.

Estas vías se superponen con la línea de demarcación trazada en el armisticio de 1949 -la famosa “Línea Verde”-, que puso fin a la primera guerra entre árabes e israelíes. Desde entonces, el tren ya no paró aquí.

En aquel tiempo, Hassan Mustafa, un periodista de Battiri graduado en la American University de El Cairo, se las arregló, por medio de la persuasión y de sus contactos, para obtener de Israel una concesión extraordinaria en los anales del conflicto.

A cambio de su compromiso de proteger la ruta del ferrocarril, los agricultores mantuvieron el derecho a cultivar su tierra al otro lado de las vías, dentro de territorio israelí propiamente dicho.

Cuando Israel capturó Cisjordania en 1967, la Línea Verde dejó de prevalecer. La comunidad internacional insiste en que israel la reconozca como la base para futuras fronteras en las actuales negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina hacia una solución de dos estados.

Gracias al héroe local, el estatus especial de Battir sobrevive hasta el día de hoy. “Permanecimos en la tierra por la sabiduría política del difunto Mustafa”, enfatiza Aweinah.

Battir es la excepción al mandato de Israel en Cisjordania: se trata de la única aldea palestina donde la Línea Verde no existe.

En total, 300.000 metros cuadrados –o 30 por ciento de la superficie de la aldea- se ubican sobre la Línea Verde y dentro de Israel. El resto de Battir está o bien bajo control total de Israel (Área C) o bien bajo control conjunto de Israel y Palestina (Área B).

En marcado contraste con otros segmentos planeados de la barrera, donde cada semana se enfrentan manifestantes palestinos con soldados israelíes, en Battir los agricultores cultivan una forma pacífica de resistencia.

“Al promover el ecoturismo, los habitantes de Battir se protegen a sí mismos. Obligan a Israel a garantizarles su tierra”, explica el director del ecomuseo del paisaje de la aldea, Michel Nasser.

Armada con espadas y horquillas, una delegación del consulado de Gran Bretaña en Jerusalén ayuda a Aweinah a arar su terreno y a plantar frijoles.

“Estamos aquí para expresar nuestra solidaridad y contribuir con el ecoturismo del lugar”, dice a IPS el cónsul general británico en funciones, Vincent Fean.

“Nuestro objetivo es garantizar que, junto con la población local, presentamos una perspectiva de coexistencia pacífica y económicamente sólida. Battir puede ser un modelo”, agrega.

Aquí no se arrojan piedras. En cambio, hay senderos para excursionistas, diseñados especialmente para explorar la prístina belleza del área; una posada que se inaugurará este mes, y el ecomuseo que abrió sus puertas en febrero. Miles de turistas visitan Battir a lo largo del año.

Es “una Intifada verde”, dice sonriendo Badr.

Mientras aguardan el fallo judicial, los aldeanos buscan incluir a Battir en la lista de sitios del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que hace dos años aprobó la membresía plena de Palestina.

Esperan que se les conceda la nominación como medida de emergencia para convencer a Israel de que reubique la barrera.

Pero en junio, la Autoridad Nacional Palestina renunció a continuar con el emprendimiento a fin de respetar su compromiso de abstenerse de medidas unilaterales durante los nueve meses que duraran las conversaciones de paz.

El llamado a orar se escucha en todo el valle. Ibrahim, el hermano de Ma’mmar, entona su propia plegaria: “Oh, tierra de Battir, donde nos multiplicamos y vivimos”.

 

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Fuente : http://www.ipsnoticias.net/2013/11/intifada-verde-...


Martes, 5 de Noviembre 2013
Pierre Klochendler
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