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25 Aniversario




La Europa de los 25 plantea nuevos desafíos a la ciencia y la tecnología

Un coloquio celebrado en París desvela la necesidad de la soberanía tecnológica europea por razones económicas y de seguridad


Un coloquio celebrado en París ha desvelado la gravedad de la situación de la ciencia y la tecnología europeas en un mundo que ha cambiado después del 11S y del 11M, y en un contexto continental ampliado que otorga mayores responsabilidades mundiales a la Europa de los 25. El abismo que separa a las inversiones en I+D de Estados Unidos o Japón, de las que se realizan en Europa, requerirá en los próximos años un enorme esfuerzo en la UE que será responsabilidad tanto del sector público como del privado. El euro, considerado una “bomba nuclear financiera”, jugará un papel determinante en este esfuerzo, si finalmente se compromete la voluntad de los gobiernos e instituciones de la nueva Europa en el alumbramiento de un mundo multipolar representativo de las diferentes perspectivas con las que pueden abordarse los más acuciantes problemas internacionales.



La aviación, un campo europeo a desarrollar
La aviación, un campo europeo a desarrollar
París. Eduardo Martínez (Enviado especial).
Los acontecimientos que se han desarrollado entre el 11 de septiembre y el 11 de marzo demuestran que el centro de gravedad de una Europa reunificada hasta las fronteras de la democracia, es sobre todo una unión política de seguridad y de defensa, condición indispensable de su autonomía en la perspectiva de su independencia.

En estos términos se expresó el europeísta francés, miembro del Consejo de Presidencia de Paneuropa Internacional y parlamentario europeo Gérard Bokanpowsky, en el transcurso del coloquio Independencia de Europa y Soberanía Tecnológica, que tuvo lugar en París el pasado 28 y 29 de abril organizado por la Fundación PanEuropa Francia y la revista Autómatas Inteligentes, al que asistieron un total de 400 expertos.

El coloquio, significativamente, se desarrolló en vísperas de la ampliación de la Unión Europea a 25 miembros, lo que supone el nacimiento de una comunidad de naciones de casi 500 millones de habitantes con una compleja realidad socioeconómica y unos importantes desafíos científicos y tecnológicos de cuyo desenlace dependerá en gran medida la evolución política y social de estos 25 Estados en los próximos años.

Una vez alcanzada la unión política y monetaria, y elaborado un proyecto de Constitución que regulará la vida de esta nueva realidad multinacional, el siguiente eslabón del progreso colectivo es la independencia y la soberanía tecnológica europea.

3% a la I+D en 2010

En la cumbre de Lisboa, la Unión Europea decidió consagrar en 2010 el 3% de su Producto Interior Bruto (PIB) a la investigación, frente al 1,9% que dedica en la actualidad.

Según Jean-Claude Empereur, directivo de la Fundación Paneuropa Francia, este objetivo difícilmente podrá alcanzarse debido al contexto económico continental y a las grandes disparidades regionales, considerablemente aumentadas con la incorporación de 10 nuevos países, salvo que se produzca una clara y determinante voluntad política.

Esta incertidumbre europea respecto a la ciencia y la tecnología contrasta con la clara determinación norteamericana, que consagra casi el 3% de su PIB a la investigación, o con la de Japón, que destina hoy el 3,2% a la I+D y elevará esta cifra al 4% en 2005.

En Europa la situación es “hipercrítica”, según Empereur, porque la UE está a punto de bajarse de la locomotora económica mundial. Las tasas de crecimiento económico globales son al respecto bastante elocuentes: países emergentes, un 5%, Estados Unidos, un 4%, Japón un 3%, Unión Europea, un 0%.

Reestructurar la I+D

Para superar esta situación se hace preciso reestructurar, transformar y dinamizar el sistema europeo de investigación y desarrollo (I+D) y aplicar en nuestro continente los tres elementos que aseguran la ventaja competitiva en ciencia y tecnología: la innovación, la inteligencia económica y la influencia.

Para el miembro del Instituto de Locarn, Joseph Le Bihan, la afirmación de Europa como gran actor de las tecnociencias debe incluir sin falta el dinamismo de los polos tecnológicos de la Europa de los territorios, que cada día son más autónomos.

Las tecnologías posteriores a las de los años 70 y 80 del siglo pasado, así como la construcción europea, conducen a la “destaylorización” entre territorios llamados de concepción y territorios de ejecución, y señalan al mismo tiempo la conveniencia de articular una estrategia de desarrollo nueva que sitúe la innovación en los territorios y el desarrollo en el ámbito de los Estados.

Conseguir este objetivo dependerá en gran medida de que se cree una red que integre las culturas regionales, las culturas internacionales y los espacios muy innovadores, así como la cultura de la innovación con las singularidades propias de las pequeñas y medianas empresas, según una finalidad estratégica que corresponde establecer a las autoridades regionales.

Una Europa industrial de defensa

El nuevo objetivo común europeo, según Alain Bensoussan, expresidente de la Agencia Espacial Europea, es construir una Europa industrial de defensa que reúna a los grandes grupos continentales, a las pequeñas y medianas empresas y al mundo de la investigación pública.

En gran medida, el proyecto europeo de futuro está centrado en torno a la soberanía tecnológica como instrumento de la defensa común debido a la fractura atlántica que supuso el 11S y el creciente unilateralismo de Estados Unidos.

Después del 11S, tal como lo demuestra también el 11M, el mundo ha cambiado. Han aparecido nuevos peligros que son el resultado de la degradación de los entornos y del crecimiento de las desigualdades, de las que el terrorismo no es más que un sub-producto, si bien esta percepción es sensiblemente diferente a ambos lados del Atlántico.

Europa no ha renunciado a gestionar de forma autónoma los riesgos y las oportunidades existentes y pretende compartir con Estados Unidos la defensa de los valores comunes, para de esta forma alumbrar un mundo multipolar representativo de las diferentes perspectivas con las que pueden abordarse los más acuciantes problemas internacionales.

Marte, objetivo europeo
Marte, objetivo europeo
Europa, potencia autónoma

Eso supone que Europa debe afirmarse como potencia autónoma y para ello es preciso que acometa la conquista de su soberanía tecnológica, de la que hoy adolece, construyendo lo que Empereur denomina “la base tecnológica e industrial de la seguridad”.

Esta base tecnológica e industrial de la seguridad, tal como explicó el Presidente de la Asociación Autómatas Inteligentes, Jean-Paul Baquiast, bascula sobre las que han dado en llamarse “ciencias y tecnologías de la inteligencia”, de las que en gran parte Europa es importadora mucho más que creadora.

Estas ciencias y tecnologías de la inteligencia son los superordenadores, los sistemas de explotación y programación informática (hoy dominados por Microsoft), los robots autónomos (que prevén la aparición en cinco años de la conciencia artificial), las nanotecnologías y las ciencias y redes del conocimiento.

Baquiast recuerda que Europa en los últimos treinta años no ha mostrado mayor interés por investigar e innovar en estas ciencias y tecnologías de la inteligencia, recurriendo enteramente a industrias no europeas para su consumo civil y de seguridad, con todo el costo económico y riesgo para su desarrollo que ello entraña.

Europa sin robot

Alain Cardon, especialista en inteligencia artificial, desvela la gravedad de esta desidia europea hacia segmentos críticos del conocimiento, al señalar que existen en el mundo alrededor de un millón de robots dotados de alguna forma de inteligencia y que en diez años esta cifra alcanzará probablemente los cien millones de robots inteligentes, sin que Europa desempeñe ningún papel significativo en este escenario.

Christophe Jacquemin, redactor jefe de la revista Autómatas Inteligentes, ahondó en el problema al señalar que Japón, primer productor de robots industriales (un sector ya estancado), se ha adentrado en la robótica de nueva generación, la de los robots autónomos dotados de una capacidad de comportamiento, que aprenden y se comunican, con la finalidad de convertir esta actividad en una de las industrias-clave del país en 2020, con un nivel equiparable al de la industria del automóvil. Europa, aunque tiene algunas posibilidades, apenas aporta a esta rama de la investigación estratégica.

Para el ingeniero Alain Costes, el motor de las innovaciones tecnológicas se sitúa en la convergencia entre las biotecnologías, las infotecnologías y las nanotecnologías, de cuyo desarrollo dependerá el futuro económico y la calidad de vida de Europa en la primera mitad del siglo XXI.

En el campo de la defensa y la seguridad, señala el general Favin-Levêque, la superioridad tecnológica es la que juega un papel determinante. Sin embargo, añade, la distancia que aumenta cada día entre las capacidades militares europeas y las de Estados Unidos da la medida del esfuerzo de investigación y de voluntad política que deberá desarrollar la UE para que pueda ser un agente geoestratégico autónomo en los conflictos futuros.

Seguridad avanzada

Y aunque el proyecto de Convención Europea preconiza la creación, sobre una base intergubernamental, de una Agencia Europea de defensa y de investigación estratégica, la realidad es que la elaboración de una política común de defensa progresa muy lentamente, retrasando de esta forma la formación de un tejido industrial auténticamente europeo orientado a la seguridad avanzada, que es la que se apoya en las tecnologías estratégicas de vanguardia.

La formación de este tejido industrial es responsabilidad tanto del sector público como del privado. Necesita, según François de la Baume, presidente de la financiera Atlas, de un entorno capaz de crear las condiciones jurídicas y técnicas necesarias para que se disipen los obstáculos psicológicos, políticos y nacionales que frenan la formación de un mercado único para la inversión, particularmente en el ámbito de las nuevas tecnologías.

Para Jean-Jacques Bonnaud, miembro del Consejo Económico y Social de Francia, hay que dotar a este esfuerzo de recursos propios de la nueva dimensión europea, ya sean presupuestarios y extrapresupuestarios, de tal forma que una parte importante del ahorro europeo se destine a la financiación de infraestructuras vinculadas a la defensa común.

Jean Jacquin, presidente del Consejo de Auriga Partners, señala que la bolsa es un instrumento indispensable para la financiación de las pequeñas empresas que aspiran a participar en un mercado global, añadiendo al respecto que en Estados Unidos la gran mayoría de las empresas que se han convertido en líderes mundiales, tanto en tecnologías de la información como en las ciencias de la vida, no habrían sobrevivido sin el Nasdaq.

Inteligencia artificial
Inteligencia artificial
El euro, arma nuclear financiera

El economista Joseph Leddet insiste en la oportunidad que representa la moneda única para este enorme esfuerzo inversor, ya que considera al euro como una verdadera “arma nuclear financiera”.

Añade que el euro se ha convertido ya en la base financiera del corazón de Europa y que está llamado a extenderse rápidamente a las naciones vecinas, lo que facilitará la consolidación del tejido industrial europeo, particularmente en el ámbito de las nuevas tecnologías.

El presidente del Institut Français pour la Recherche sur les Administrations Publiques, Bernard Zimmern, señala que, dado que el Estado y las empresas de capital riesgo, serán insuficientes para financiar a los innovadores, habrán de ser los individuos, el así llamado “capital ángel”, el que deberá completar los recursos necesarios para las inversiones estratégicas en ciencia y tecnología.

Y pone un ejemplo que incita a la reflexión sobre el estado de estas inversiones: los innovadores reciben 10 mil millones de euros en el Reino Unido procedente del capital ángel y en Estados Unidos 100 mil millones. En Francia, sólo 1.500 millones... En gran parte, este comportamiento financiero se debe a exenciones fiscales que habría que inventar en Europa.

Seguridad energética

El ingeniero Maurice Allegre evocó a Paul Valery para señalar que “la era de un mundo finito ha comenzado”. Se refería particularmente al actual modelo energético, sobre el que reposa el conjunto del progreso tecnológico pero sobre el que pesa también una amenaza: dentro de 300 años habremos consumido las reservas de hidrocarburos.

La crisis empezará a notarse entre 2015 y 2030 y tendrá impactos negativos a los que Europa no podrá escapar porque adolece de reservas en combustibles fósiles, a pesar de que está bien posicionada en prospecciones petrolíferas, en la energía nuclear, en energías renovables y en la gestión energética.

Georges Bouchard, directivo de GDF, advierte ante estos riesgos que la seguridad de los aprovisionamientos de energía es condición indispensable para cualquier política de soberanía tecnológica en materia energética, lo que es especialmente preocupante en un contexto en el que la UE está en situación de déficit energético estructural.

Al desafío energético hay que añadir otros no menos relevantes y que también son previos al proyecto de soberanía tecnológica europea. Según el presidente de la Sociedad 2 Bé Finance, Guy Somekh, se trata de la independencia de la calidad alimenticia, de la industria farmacéutica, de la biología, de la cirugía y la ingeniería de los tejidos humanos, terrenos donde los déficits europeos son notorios.

El presidente de Paneuropa Francia, Alain Terrenoire, fue categórico al plantear los desafíos europeos después del 11S, del 11M y de la ampliación a 25 miembros: Europa debe prepararse, sin más retrasos, para la competencia multipolar del mundo del siglo XXI, en el que concurren también, además de Estados Unidos, China, Japón, India y Rusia.


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Sábado, 1 de Mayo 2004
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