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La economía colaborativa de China ya es la segunda del mundo

Crecerá un 40 por ciento anual en los próximos cinco años, revolucionando los sectores tradicionales


La economía colaborativa ha entrado con fuerza en China, convirtiéndose en la segunda más grande del mundo con una expectativa de crecimiento del 40% anual en los próximos cinco años. La originalidad de los servicios que ofrece, la extensión de los teléfonos inteligentes y la cultura de compartir ya implementada en la población, favorecen esta evolución.




Imagen: Mobike
Imagen: Mobike
La economía compartida también ha entrado en la edad de oro en China. Su dimensión es de 1,95 mil millones de yuanes y es la segunda más grande del mundo, después de la de Estados Unidos. Se espera que crezca al ritmo del 40% anual en los próximos cinco años.

Didi Chuxing, el equivalente chino de Uber, lidera el mercado. En el uso compartido, Tujia.com ofrece servicios similares a la americana Airbnb. Este año, el fabricante de automóviles alemán Daimler comenzó a ofrecer un servicio de compartir automóviles en Chongqing que permite a los clientes usar los coches libremente. El servicio obtuvo cerca de 80.000 registros en dos meses, según la compañía.

El cambio hacia la economía compartida refleja una obsesión entre los chinos por poseer cosas. Esto es clave para que cualquier producto tenga éxito en el mercado chino en la actualidad.

Según informa Nikkei Asian Review (NAR), los consumidores chinos están adoptando cada vez más servicios compartidos ofrecidos porque la desaceleración del crecimiento económico impulsa a muchos a ceder más por menos dinero.

Además de los servicios que ahora son estándares globales, como aplicaciones para compartir taxis, compartir viajes y compartir casas, las empresas chinas ofrecen más variedad.

NAR relata algunos ejemplos de cómo la filosofía de la economía compartida prospera en China. Cuenta la experiencia de Mobike, un servicio de distribución de bicicletas, que se ha popularizado con mucha rapidez.

Ofrece una aplicación que permite a cualquiera localizar en su móvil la ubicación más próxima de una bicicleta. Luego, situando el móvil ante un código QR, es posible acceder a la bici. El costo del servicio se carga automáticamente en el móvil.

La tecnología rodea todo el servicio. El sistema que bloquea las bicicletas tiene una tarjeta SIM que permite el desbloqueo instantáneo al reconocer un móvil registrado. También está equipado con GPS para tener localizadas en tiempo real todas las bicicletas. Los neumáticos también son duraderos, para evitar pinchazos durante su uso.

La rápida implementación de este servicio, que mejora los instalados en ciudades de Europa, se debe no sólo al uso práctico de la tecnología que lo rodea. La estética de las bicicletas también es importante, ya que tienen apariencia de motos adornadas con color naranja, y además puedes dejarla en cualquier parte una vez utilizada.

Mobike opera más de 100.000 bicicletas en Beijing y Guangzhou, entre otros lugares. Como en las ciudades más importantes la contaminación hace estragos, la opción de usar una bicicleta con tanta facilidad se impone, favoreciendo la rápida extensión del servicio. Mobike ha fichado incluso a antiguos dirigentes de Uber en el país para desarrollar el negocio.

Comidas caseras compartidas
 
Otro servicio destacado de la implantación de la economía colaborativa relatado por NAR es Huijia Chifan, que permite a cualquier usuario compartir con otras personas la comida que ha cocinado ese día.

A través de una plataforma de internet, los usuarios, cocineros aficionados, publican fotos de sus platos, el precio y los ingredientes. Los interesados, dicen el lugar y la hora en que quieren recibir el plato y la empresa les trae la comida a la puerta.

La novedad de esta iniciativa es que trasciende el tradicional servicio de comidas a domicilio que ofrecen los restaurantes. Lo que la diferencia es el protagonismo de los ciudadanos, que se convierten en cocineros aficionados que disfrutan preparando un plato y que luego comparten con otras personas a cambio de algo de dinero. Es como cobrar a los amigos cuando vienen a comer a casa.

La empresa, no el Estado, vela por la calidad del servicio. Los cocineros deben acreditar su experiencia para darse de alta. Además, los usuarios pagan un seguro al adquirir el plato que cubre una posible intoxicación u otros problemas. Hasta 300.000 yuanes pueden recibir si tienen problemas.

Cambios en el consumo

Todo se une para favorecer el florecimiento de esta economía compartida en China. Los hábitos de consumo están cambiando en el país al amparo del retroceso en el crecimiento económico que sufre el país.

Las personas consumen más servicios que sean más económicos y no les importa compartir incluso la comida con desconocidos. La extensión de los teléfonos inteligentes, que permiten hacer pagos pequeños, como de un yuan, sin mayores complicaciones, estimula también esta forma de economía.

Servicios de pago ofrecidos por el gigante del comercio electrónico Alibaba Group Holding y la compañía de Internet Tencent Holdings son populares, destaca NAR.

La cultura de compartir, con antecedentes entre los jóvenes que comparten pisos y dormitorios sin problemas, se expande a estas nuevas formas de consumo y alienta nuevos servicios.

A medida que la economía colaborativa crece, la competencia emerge. En Shanghai, un rival de Mobike empezó a ofrecer un servicio similar de bicicletas más barato. Mobike también evoluciona y ofrece también vehículos ligeros a la mitad del precio original, a 0,5 yuanes por 30 minutos.

Como en otros países, la emergencia de esta economía perjudica a sectores tradicionales y la regulación está también sin resolverse, debido a la complejidad de cualquier paso que puedan dar las autoridades.

En Shanghai, las autoridades han reaccionado a la presión de los restaurantes y advertido a la población de no comprar comida por internet entre particulares diciendo que las incidencias son más numerosas que las que ocurren en los restaurantes. Nada nuevo que no conozcamos en nuestras latitudes.

Viernes, 16 de Diciembre 2016
Marta Lorenzo
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