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La esperanza es posible ante un universo finito

Aunque el universo está abocado a la muerte térmica, avanzaría hacia la perfección


Los pronósticos científicos recientes acerca del destino del universo, más allá de diversos matices y versiones, exhiben un mayoritario consenso respecto de aguardar una muerte térmica de escala cósmica, esto es: una disolución final de la armonía física universal, y la ulterior permanencia de una materia carente de estructuras capaces de generar vida. La cosmología plantea aquí un genuino desafío a la escatología, ya que ésta proclama, antes bien, una plenitud de alcance universal, cuando acontezca la resurrección escatológica de los muertos. En efecto, el Magisterio de la Iglesia presenta a la Segunda Venida como un acontecimiento que, aunque es meta-histórico, tendrá lugar a la vez en la historia tanto de la humanidad como del universo material en su conjunto. Así pues, en esta situación, no resultarían indiferentes los posibles escenarios cósmicos en los que tal consumación habrá de tener lugar. He aquí una verdadera superposición de ámbitos que plantea un estimulante debate. El Papa Juan Pablo II es, probablemente, el primer Pontífice que percibió esta aparente paradoja, refiriéndose al tema en una famosa carta al Director del Observatorio Vaticano en 1988. Por Claudio Bollini.



Diversos rasgos de galaxias mostradas por el telescopio Hubble. Nasa y ESA.
Diversos rasgos de galaxias mostradas por el telescopio Hubble. Nasa y ESA.
Presentaremos, a modo de ejemplo disparador, una nota periodística aparecida en el diario La Nación”, cuyo sugestivo título reza “El destino del universo es disgregarse”, publicada el 6 de noviembre de 2007 y firmada por Nora Bär. Recogiendo las implicaciones de esta reciente noticia, reseñaremos muy sucintamente el estado actual de la cuestión del futuro del universo en la cosmología científica. A continuación, cotejaremos estos datos con el pensamiento de Juan Pablo II, a fin de resaltar su vigencia, en particular en una carta que este Pontífice envió al director del Observatorio Vaticano. Concluiremos con algunas reflexiones personales que procuraran discernir caminos que encuentren la armonía entre ciencia y fe en su interacción en esta desafiante cuestión.

En la precitada nota “El destino del universo es disgregarse”, la redactora reseña que, a partir de las investigaciones (iniciadas en 1995) sobre un cierto tipo de estrellas (supernovas) situadas en “los confines del universo visible”, se concluyó “que el destino del universo es disgregarse en el infinito. Es más, las mediciones de los investigadores indicaban que el cosmos se estaba expandiendo a una velocidad cada vez mayor impulsado por una fuerza oscura que contrarresta la gravedad y surge de la nada”.

“Básicamente, los resultados de nuestras observaciones indican que el universo se expande hoy más rápido que en la época en que nació el sistema solar, y que los objetos se alejan a una velocidad proporcional a su distancia; es decir, que cuanto más lejos están, más rápido se alejan”, explica el argentino Alejandro Clocchiatti, miembro de uno de los grupos de investigación (High Z Supernova Search Team). Así pues, los científicos se encontraron con una sorpresa: “El universo no se desacelera ni mucho ni poco... sino que se acelera”.

“Llegará un momento”, prosigue Clocchiatti, “en que la velocidad de los objetos muy alejados se acercará a la velocidad de la luz. Sólo quedarán dentro de nuestro universo visible los objetos que están ligados a nosotros gravitatoriamente, nuestro vecindario cósmico”. Pero podría suceder algo aún peor: más allá de un escenario de “islas” aisladas en el espacio, esta aceleración cósmica disgregase “incluso el sistema solar y la Tierra misma”.

Ahondemos brevemente en esta referencia periodística.

Entropía y evolución del universo

Examinando los datos de la cosmología científica comprobamos, por un lado, que el universo se nos manifiesta como fértil: abierto, evolutivo y lleno de posibilidades para el desarrollo de la vida, con su proliferación de fuentes de energía. En efecto, dentro de su radio observable de unos 14.000 millones de años-luz, contiene unas 100.000 millones de galaxias (entre ellas, nuestra “Vía Láctea”), cada una de las cuales tiene a su vez unas 100.000 millones de estrellas. Cada una de estas innumerables estrellas constituye en sí misma la unidad generadora de energía por excelencia.

Simultáneamente, existe un proceso físico cuyo accionar parecería contradecir este panorama de universal fertilidad: Los cosmólogos pronostican una muerte térmica universal, a saber, el colapso de sus estructuras sustentadoras y generadoras de vida (tales como estrellas y galaxias), que culmina con la disgregación de las mismas unidades elementales de la materia estructurada (protones). Este oscuro escenario surge de la insidiosa acción de una fuerza llamada entropía (del griego “transformación”).

En el año 1865, Rudolf Clausius (†1888) formuló su famosa “Segunda Ley de la Termodinámica”. En su forma más sencilla, esta Ley afirma básicamente que el calor fluye desde una zona de mayor temperatura (o de mayor agitación energética) hacia una de menor temperatura. Dado que el flujo calórico es unidireccional, el proceso es irreversible en el tiempo. Como consecuencia, la entropía de todo sistema aislado crece, hasta que acontece por fin un equilibrio termodinámico, en el que las moléculas se encuentran distribuidas homogéneamente y tienen una temperatura uniforme.

Se dice que entonces el sistema alcanzó su máximo desorden, pues ya no existen estructuras organizadas sino una uniformidad indiferenciada. Analógicamente, resultan más ordenados unos libros clasificados alfabéticamente en una biblioteca que desparramados por el suelo.

Ahora bien, si el universo como conjunto se considera como un sistema cerrado (no existe nada fuera de él) entonces la 2ª Ley predice que la entropía global del universo siempre crece. Este movimiento implica una creciente tendencia al caos y la muerte: Sucede que, como consecuencia inevitable, el universo se verá finalmente desprovisto de su capacidad de generar energía, al no poder intercambiar trabajo entre fuentes de diferentes temperaturas; en ese momento, se convertiría en un lugar muerto y estéril. A este estado se lo conoce como la “muerte térmica del universo”.

Es cierto que además de la flecha entrópica es menester admitir otro proceso de sentido opuesto: la dirección del orden creciente del universo (o “neg-entropía”). Luego del “Big Bang” inicial, fueron plasmándose sucesivamente entes como quarks, átomos, moléculas, galaxias, estrellas, y, posteriormente, las encumbradas realidades de la vida y la conciencia. Han surgido, pues, sistemas progresivamente organizados. Sin embargo, el mantenimiento de estas estructuras vitales genera, a la par, entropía. Así pues, la entropía total del universo crecería aun cuando decreciera la entropía de un sistema en particular. (Volviendo a la analogía de los libros: mientras que existen una infinidad de modos de desparramar una colección de libros por el suelo en desorden, hay uno sólo en el que quedan ordenados alfabéticamente, y, por eso, es necesario invertir en esta tarea mayor trabajo e información).

En conclusión: La flecha de la entropía crece, mientras que la flecha de creciente organización, yendo a contracorriente, desaparece gradualmente.

Entropía y destino del cosmos

La progresiva e inexorable victoria de la entropía sobre la neg-entropía determina la evolución futura de las fuentes generadoras de vida, y, con ésta, el destino de la vida misma. Las estrellas, como principales unidades generadoras de energía, son las directas responsables de las manifestaciones vitales que conocemos. Su tiempo promedio de vida “fértil” oscila entre 10.000 y 15.000 millones de años. Durante esta etapa, las estrellas viven gracias a un sutil equilibrio entre la expansión, causada por la fuerza termonuclear que surge de la transformación del Hidrógeno (H) en Helio (He), y la contracción, producida por la fuerza gravitatoria. Cuando por fin se agote el H por haberse transformado totalmente en He, su temperatura superficial descenderá lentamente, y en su interior comenzará una nueva fusión nuclear (esta vez a partir del He residual de la etapa anterior), que hará que la temperatura interna aumente paralelamente.

La estrella romperá, al cabo, su equilibrio interno; el incremento de las tensiones superficiales ya no podrá ser contenido por la gravedad, y la estrella aumentará considerablemente de tamaño, mientras que su temperatura superficial descenderá, y su cuerpo virará al rojo. El desenlace final de la vida de la estrella dependerá decisivamente de su masa inicial: Puede terminar tanto pacíficamente, en un cuerpo opaco, de ínfima radiación, llamado “enana marrón” (tal será el caso de nuestro sol), como violentamente, en una explosión de supernova.

Las galaxias, en cuyo seno se producen las estrellas, también encontrarán un similar término. Su declinación comenzará dentro de 10.000 millones de años, cuando la mayor parte de las estrellas que hoy contemplamos haya desaparecido. Si bien, surgirán otras nuevas que ocuparán su lugar (en virtud de la contracción de las nubes de gas acumulados en sus brazos espirales), esta materia, al cabo, se agotará. Conforme vayan apartándose unas de otras, las galaxias consumirán todas sus reservas de gas para formar nuevas estrellas, y las antiguas se apagarán y morirán.

Finalmente, llegará el colapso de todas las estrellas en el interior de cada galaxia, dentro de unos 1.000 billones de años. Conforme el universo se expanda, estas menguantes galaxias irán diluyéndose gradualmente, apagándose y extinguiéndose.
En un futuro inconcebiblemente lejano, toda la materia organizada terminará finalmente por desaparecer: Los protones terminarán por decaer o desintegrarse (según las estimaciones más frecuentes, dentro de unos 10 elevado a 37 años), transformándose en un mar inconcebiblemente tenue de partículas disgregadas: fotones, neutrinos, y un número menguante de electrones y positrones, cada vez más alejados unos de otros. Éste sería el último y definitivo acto del cosmos.

La expansión acelerada del cosmos

Hasta hace unos pocos años los cosmólogos suponían que, por lógica consecuencia de la fuerza de gravedad (que actúa como freno a la velocidad de alejamiento de las galaxias), la tasa de expansión del universo se hallaba en constante disminución a partir del “Big Bang” que le dio nacimiento. Por eso, se creía que la cuestión de su destino dependía en gran medida de su cantidad total de materia (es decir, si la velocidad de expansión de las galaxias sería suficientemente rápida como para igualar o vencer la fuerza gravitatoria de la masa total existente). Desde hace ya décadas, los cosmólogos habían ya coincidido mayoritariamente en que el destino más probable era el de expansión indefinida.

Gracias al nuevo descubrimiento referido ya en la nota periodística inicial, este escenario pronosticado, lejos de verse refutado, se manifestaba más cierto y próximo de lo que se había supuesto inicialmente: Los astrónomos advirtieron no sólo que el universo se expandirá para siempre, sino que lo hará a velocidades siempre crecientes. Esto aceleraría aún más su proceso entrópico, aunque la incidencia en el acortamiento de los plazos previstos es aún por demás incierta.

Este aceleramiento se generaría gracias a la llamada “energía del vacío” o “energía oscura” que surge en el nivel cuántico de un espacio aparentemente vacío. En la medida en que el universo se expande, la materia se hace menos densa y la gravitación decrece; así, esta fuerza de repulsión cósmica termina por dominar, causando, en vez de la esperada desaceleración, una aceleración en la velocidad de la expansión. La energía oscura ha venido a constituir, pues, una contrafuerza de la atracción gravitatoria de la materia total existente en el cosmos (sea visible u oscura); aliada al impulso inicial del Big Bang, esta energía ganaría, al cabo, la partida.

Una teoría aún más reciente, conocida como “Big Rip”, asegura que si el universo contuviese suficiente energía oscura, la final consecuencia de su continuo accionar podría comportar no ya un alejamiento acelerado entre galaxias o estrellas, sino un desgarramiento (“rip”) liso y llano de toda la materia, que quedaría convertida en un mar de partículas subatómicas. Asimismo, esta aniquilación cósmica acontecería en un plazo mucho menor que el de las predicciones ya citadas: este estado último se alcanzaría “sólo” dentro de unos 20.000 millones de años (ver el artículo de 2003 en donde R. Caldwell, M. Kamionkowski y N. Weinberg propusieron por vez primera esta teoría: “Phantom Energy and Cosmic Doomsday”).

Más allá de las diversas hipótesis que están siendo elaboradas, las investigaciones actuales a partir de los datos recabados tienden a confirman la inevitable degradación de toda estructura cósmica, y, con ella, la imposibilidad de permanencia de la organización, la vida y la conciencia. Advendría de manera inevitable el “final” del universo; esto es, un hito luego del cual no cabe esperar ulteriores eventos físicos. No sería inadecuado calificar a este panorama, donde ningún suceso significativo alterará ya esa árida esterilidad, de “muerte eterna”.

Composición cosmológica.  Azcolvin429.
Composición cosmológica. Azcolvin429.
La esperanza escatológica de Juan Pablo II

Vistas las consecuencias aparentemente inexorables y devastadoras del accionar de la entropía, ¿resulta aún posible esperar desde la fe una consumación definitiva del cosmos y sus creaturas? A menos que se reduzca la fe a un asunto a-histórico entre el individuo y Dios, o que se adopte la actitud de indiferencia de quien no cree concerniente para la fe los pronósticos de la cosmología, no podrá eludirse esta pregunta.

Juan Pablo II (†2005) ha sido, sin duda, uno de los Pontífices que más ha valorado la ciencia, incluyendo sus investigaciones, sus logros y límites, y sus relaciones con la fe. Asumiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II (véase, por ejemplo, el “Mensaje a los hombres del pensamiento y la Ciencia” (8/12/1965) o la Constitución Pastoral “Gaudium et spes”, n. 36), este Papa hizo de la búsqueda de una armonía entre ciencia y fe un tema especialmente predilecto. Las ocasiones en que Juan Pablo II se ha dirigido a científicos en discursos con ocasión de congresos y simposios se cuentan por decenas (unos pocos ejemplos relevantes: “Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias con motivo de la conmemoración del nacimiento de Albert Einstein”, 10/11/1979; “Locución a un grupo internacional de científicos participantes de la Reunión Marcel Grossman sobre Astrofísica Relativista”, 21/6/1985; “Discurso a los participantes de la conferencia ‘Las Fronteras de la Cosmología’” 6/7/1985; “Discurso con ocasión del Jubileo de los científicos”, 25/5/2000; etc.) .

A lo largo de sus numerosos años de pontificado, Juan Pablo II expresó repetida y enfáticamente su aprecio por la actividad científica: Si ésta respeta la dignidad del hombre y pone el mundo a su servicio, goza de plena libertad para indagar la verdad que le es específica a su disciplina, y es acorde a la voluntad divina. En definitiva, el universo es bueno en sí mismo al ser fruto de un gesto gratuito y amoroso del Creador, y posee por ende una verdad íntima que ha de ser explorada y descubierta. “Estos logros científicos proclaman la dignidad del ser humano y aclaran grandemente el rol singular del hombre en el universo” (Juan Pablo II, “Locución a un grupo internacional de científicos participantes de la Reunión Marcel Grossman sobre Astrofísica Relativista”, 21/6/1985).

Hacia el final de su papado, Juan Pablo II enfatizó su deseo de corregir mutuos malentendidos y, “más aún, de dejarnos iluminar por la única Verdad que gobierna el mundo”. En este sentido, verdad científica es “en sí misma una participación en la Verdad divina” (“Discurso a los miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias con ocasión del cuarto centenario de la fundación de esta institución”, 10/11/2003).

Ahora bien, queremos poner de relieve una original reflexión de este Pontífice en su carta al Director del Observatorio Vaticano, P. George Coyne, el 1 de junio de 1988, luego una semana de estudio organizada por el Observatorio Vaticano, con ocasión del tricentenario de la publicación de la “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica” de Isaac Newton.

Según el mismo Pontífice relata en esta carta, el encuentro tuvo por propósito “la investigación de “las múltiples relaciones entre la teología, la filosofía y las ciencias naturales” (§ 2). Destaca que se ha entablado el diálogo entre ciencia y religión “a niveles más profundos que antes, y con mayor apertura hacia los puntos de vista de una y otra; hemos comenzado a buscar juntos una comprensión más completa de las disciplinas de una y otra [...] y en especial de las áreas que ambas tienen en común” (§ 9), conservando a la vez tanto la religión como la ciencia “su autonomía y su peculiaridad” [§ 19].

Así pues, este Papa tenía la firme convicción de la importancia de la tarea de procurar hallar un puente entre las perspectivas de la ciencia y de la fe, que permitiera armonizar ambas riveras. ¿Cómo abordar, entonces, el desafío de la cosmología a la escatología cristiana al que nos hemos referido? ¿Puede sostenerse la esperanza cristiana ante el escenario futuro que el accionar de la entropía vaticina? En efecto, Juan Pablo II se pregunta aquí por “las implicaciones escatológicas de la cosmología contemporánea, atendiendo en especial al inmenso futuro de nuestro universo” (§ 24).

Ante la cuestión abierta, así proclama él su esperanza escatológica: Es menester partir de la certeza de la existencia de una unidad de todo en Cristo, “que actúa y está presente en nuestra vida cotidiana”. Es precisamente esta convicción la que “trae consigo la esperanza y la garantía de que la frágil bondad, belleza y vida que contemplamos en el universo se encaminan hacia una perfección y plenificación que no serán aplastadas por las fuerzas de la disolución y la muerte” (§ 10. Las cursivas son nuestras).

Nunca texto magisterial alguno se había pronunciado tan explícitamente sobre la esperanza paulina en la redención cósmica (ver, por ejemplo, Romanos 8,20-22 o Colosenses 1,15-20), teniendo en mente el panorama que nos brinda la cosmología científica.

Continúa Juan Pablo II: Percibimos esta unidad en la creación desde la convicción de “nuestra fe en Jesucristo como Señor del universo”, unidad de cuya exploración la misma física contemporánea “constituye un notable ejemplo”, en su búsqueda de la unificación de las cuatro fuerzas físicas fundamentales”, en un movimiento hacia la convergencia en la comprensión del mundo [§ 13], movimiento de convergencia que se extiende aun a las manifestaciones de la misma vida [§ 14].

En última instancia, mediante esta tendencia hacia la unidad en nuestra peregrinación en la historia, “nos encaminamos el cumplimiento escatológico, cuando en el Espíritu él reconcilie totalmente con el Padre «lo que hay en la tierra y en los cielos»” (Col 1, 20) (Catequesis general del 21/6/1999, n. 5). Cristo es el vencedor sobre toda fuerza destructiva, y su victoria nos hará participar “en la nueva creación, la cual consistirá en una vuelta definitiva de todo a Aquel del que todo procede” (Catequesis general del 26/5/1999, n. 5).

Algunas breves reflexiones finales

Acabamos de atestiguar la esperanza de Juan Pablo II en una intervención final divina que rescate al cosmos de su destino de muerte entrópica. Ahora bien, más allá de esta confiada confesión, ¿podemos esbozar desde la fe una propuesta que supere la paradoja entre el pronóstico científico de muerte y la esperanza cristiana de plenitud del cosmos?

Consideramos que esta incongruencia es sólo aparente. La contradicción entre la capacidad creativa del universo y los pronósticos cosmológicos de caducidad podría resolverse si se considera que, librado éste a sus propias leyes naturales, resultaría, en última instancia, incapaz de permanecer en un estado de indefinida producción de estructuras generadoras de vida.

Desde esta perspectiva, la 2ª Ley de la Termodinámica pierde su connotación de temida fuerza disgregadora, y se transfigura en manifestación cosmológica de la contingencia ontológica del ser creado. Así como la neg-entropía nos muestra la relativa autonomía y el profundo potencial del cosmos, la entropía remite a la imposibilidad de pensarlo como autosuficiente.

Podemos postular al estado actual del universo como una fase germinal para una nueva condición escatológica, que sólo Dios podrá dar nacimiento con un puro don sobrenatural; caso contrario, (tal como la ciencia nos señala) culminaría en la universal esterilidad física. Dios impedirá que su creación caiga en una extinción de sus leyes físicas y en la aniquilación irreversible de sus fuentes cósmicas de energía, con la subsiguiente imposibilidad de supervivencia de cualquier forma de vida.

En cuanto a la futura situación histórica del hombre, inmediatamente previa a esta consumación cósmica, esperamos una Venida del Señor que, siendo en sí misma trans-histórica, advendrá a y en la historia humana. Así pues, parece entonces acorde con tal esperanza sostener que persistirá alguna configuración de esta humanidad (entendida como la comunidad de seres corpóreo-espirituales descendientes de la presente historia remida por Jesucristo) peregrinando en esa misma historia de la salvación divina cuando advenga la consumación cósmica.

En esta Parusía el universo será asumido y rescatado por el Señor en la totalidad de su duración creada; entonces, finalmente, el tiempo no medirá ya la degradación entrópica, sino la plenitud inagotable de la presencia divina en su creación.


Claudio Bollini es Doctor en Teología por la Universidad Católica Argentina.


Referencias fundamentales

General

Bollini, C., “Evolución del cosmos: ¿Aniquilación o plenitud?”, 2009, Editorial Epifanía.

Bollini, C., El final del universo y la esperanza de “cielos nuevos y tierra nueva

Russell, R. Eschatology and Scientific Cosmology cesch-body.html.


La cuestión del destino del universo en la cosmología actual


Livio, M., The accelerating universe, New York, 2000.

Gangui, A., El Big Bang. La génesis del cosmos actual, Buenos Aires, 2005.

Perlmutter, S., Supernovae, Dark Energy, and the Accelerating Universe.

Hernández, P., Supernovas de tipo Ia y aceleración del univers


Juan Pablo II y la ciencia


Papanicolau, J., Religión y Ciencia en el pensamiento de Juan Pablo II” (Revista Teología 82, 2003/2)

Para la lista de discursos de Juan Pablo II.

Para el texto de la carta de Juan Pablo II al Rev. Coyne.



Domingo, 25 de Julio 2010
Claudio Bollini.
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Nota

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1.Publicado por joandesdeoktubre el 25/07/2010 18:39
como se dice la esperanza es lo último que se pierde, en aspectos tan desconocidos, asi como en lo cuántico, es imposible denegar la probabilidad de ocurrencia de un suceso... por lo tanto cualquier deducción o teoría será valida siempre que encuadre con el marco de lo conocido y dejará de serlo cuando se demuestren aun mas argumentos que las contradigan y unifiquen el camino hacia la inevitable VERDAD.... excelentes las publicaciones!!!!!

2.Publicado por Mario el 26/07/2010 05:11
No veo qué relación puede haber entre hechos científicos comprobados y relatos bíblicos basados en la fe, entendida ésta como el acto de creer sin necesidad de comprobación. La ciencia es una construcción elaborada por el ser humano que ha tenido que enfrentar en el pasado a los sostenedores de la fe y sus dogmas religiosos, que quisieron frenarla en su avance incontenible en búsqueda de la verdad. Ante la imposibilidad de ahogarla hoy se busca la convergencia que en ningún caso implicará que la ciencia se rinda ante el dogma. Más bien será la religión la que deberá adaptar sus postulados ante la evidencia científica irrefutable.

3.Publicado por Samuel el 26/07/2010 13:20
De nuevo un intento desesperado de mezclar churras con merinas, o ciencia con dogmas. En fin.

4.Publicado por estrella fugaz el 26/07/2010 16:07
Ahora me pregunto,¿la aniquilacion total de las cosas no equivaldria a convertirnos en "La Nada"?,o sea volver a Dios,me refiero a una manera en que todo vuelve a El,convirtiendonos definitivamente en El.En definitiva, El Todo que es contrario a La Nada,solo seria un juego cuantico del mismo Dios.

5.Publicado por carlosaura el 07/08/2010 21:14
La solución de Claudio Bollini me parece muy floja desde un punto de vista filosófico, como la del mismo papa. El pro blema parece muy peliagudo, pero no lo es: piensen que mucho, muchísimo antes de que ocurra, o no, el final del universo, la humanidad del planeta Tierra habrá desaparecido (y quizás el planeta también), ¿o es que nadie recuerda el final de nuestro Sol?, de modo que el verdadero problema vuelve a ser, como dicen Mario o Samuel, si los teólogos no estarán haciendo un ejercicio puramente elucubrativo para justificar lo que bien puede ser no más que una exageración religiosa de san Pablo.

6.Publicado por Raul el 18/08/2010 09:30
No seria posible que esa aceleracion del universo fuera debida a que aun esta en proceso de aceleracion y que en unos millones de años comenzara a estabilizarse?. Es que no entiendo esta parte, por que si la fuerza fuera lo suficientemente grande, podria estar aun acelerandose, lo cual no significaria que va a expandirse infinitamente, sino hasta que dure la fuerza aceleradora. Es una pregunta que siempre he tenido en mi cabeza, a ver si alguien que sepa me dice por que no es posible esto, gracias! ^^

7.Publicado por Jose María el 18/08/2010 13:09
Es mi segundo comentario en una hora en este portal y de nuevo compruebo cómo el paso del tiempo y el alejamiento de la lectura de la Biblia durante tantos siglos ha permitido conclusiones como ésta:

" relatos bíblicos basados en la fe, entendida ésta como el acto de creer sin necesidad de comprobación."

El apóstol Pablo no se refirió así a la fe sino como la comprobación evidente de las cosas que no se ven (Carta a los Hebreos 11:1)

La identificación de la fe con la credulidad es incorrecta desde un punto de vista bíblico (independientemente de los retorcimientos que se haya con la Biblia en estos últimos 20 siglos)

Fe no es creer sin ver porque sí, sino creer sin ver porque hemos llegado a la conclusión de que mediante el estudio y la investigación bíblica, las pruebas llevan a la fe.

Un afectuoso saludo,

Jose María

8.Publicado por carlosaura el 19/08/2010 23:06
Hola, José María, en el nº 7. Te escribo directamente porque escribiste una frase que no entiendo, a ver:
"... mediante el estudio y la investigación bíblica, las pruebas llevan a la fe", pero si tienes "pruebas" no necesitas tener "fe", son cosas diferentes, una cosa es "saber" (porque tengo pruebas) y otra cosa es "creer" (porque confío en quien me lo dice, o porque "supongo" que debe ser así, o cualquier otro motivo), por ejemplo: yo no "creo" que Londres sea la capital del Reino Unido, yo "sé" que es la capital del Reino Unido, porque tengo pruebas suficientes. Y si mi memoria no me falla, "creo" recordar que san Pablo dijo lo mismo que yo, algo así que, cuando estemos ante Dios no necesitaremos fe alguna. No quiero extenderme más. Espero haberte ayudado. Saludos.

9.Publicado por Jose María el 20/08/2010 10:09
Hola Carlos, gracias por tu mensaje.

Ahora que sé por otro post la versión que utilizas, cito de la Biblia de Jerusalén Hebreos 11:1:

1 La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. (http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=325&capitulo=4363)

Como puedes leer, el apóstol Pablo dice que la fe es "la prueba" de las realidades que no se ven. Es decir, que para tener fe esta fe ha de estar basada en pruebas. Eso es lo que dice la Biblia.

(si alguien que tú conoces siempre que te ha dicho algo has podido comprobar que era cierto y que nunca te ha mentido y con su palabras y sus actos te ha demostrado que nunca miente y engaña, ¿no creerías en lo que te dice esta persona aunque no vieras todo lo que te dice?)

Un saludo.

10.Publicado por carlosaura el 20/08/2010 17:53
Hola, José Mª: Te digo: Si vas a utilizar la Biblia como argumento inamovible, mejor lo dejamos ya el debate. Sólo una cosa: la persona que nunca me ha mentido tampoco me sirve, sencillamente porque puede estar equivocada de buena fe y me dice algo que no es cierto creyento que sí lo es, "creyendo", José Mª, que no es lo mismo que "sabiendo", siento que no alcances a ver la diferencia. Saludos

11.Publicado por Jose María el 24/08/2010 09:48
Hola,

Utilizaba la Biblia como referencia bibliográfica común, puesto que había sido parte del argumentario del otro hilo donde hemos comentado. Lamento que haya dejado de ser una fuente común de consulta.

Yo confío en ella por las pruebas de veracidad a las que la he sometido y el resultado de las mismas me permitido emitir un "post-juicio" en el que basar el resto de mis razonamientos.

Pero puedo entender que a otras personas no les baste con esas pruebas. Aunque es posible que esas pruebas nunca sean suficientes. Cuando uno creo haber adoptado una posición, las presuntas pruebas a favor suelen pesar más que las presuntas pruebas en contra, ¿no creen? Es como si unas pruebas merecieran más confianza que otra (por ejemplo, un estudio científico vs un análisis bíblico) sólo porque han sido mayoritariamente aceptadas (como que el átomo era indivisible, tal y como quería indicar su nombre)

Sé (y no creo saber) de qué me hablas con lo de creer y saber. Sólo he pretendido llevar la conversación a un campo semántico en el que sostenía que el término fe tiene unas connotaciones en el lenguaje común que no coincide con la definición bíblica de fe, que implica probar lo que se cree. (el comodín del público de Quiere ser millonario no tiene por qué estar acertado) siento no haberme explicado mejor.

Un afectuoso saludo.

12.Publicado por carlosaura el 25/08/2010 19:59
Hola, José Mª. "Yo confío en ella por las pruebas de veracidad a las que la he sometido y el resultado de las mismas me permitido emitir un "post-juicio" en el que basar el resto de mis razonamientos". Esta afirmación tuya ha despertado mi curiosidad, no sabía que existieran "`pruebas de veracidad" aplicables a la Biblia. Si no es mucha molestia, te ruego que me las des a conocer, y si quieres hacerlo directamente, puedes escribirme a carlosaura06@terra.es, te estaré muy agradecido. Saludos.

13.Publicado por Cosme el 26/08/2010 18:32
Los que hemos sido profundamente creyentes, hemos estado tan aislados de la realidad, que sólo la comprensión de la evolución de las especies y de la influencia que en ello han tenido los acontecimientos como la caída del meteorito de Yucatán que provocó la última extincion, pueden conducirnos a una reflexión profunda por miedo a equivocarnos. Las demostraciones matemáticas pueden ayudar a tu mente a darte cuenta de las contradicciones, pero la evolución ayuda a sentirte "sabio", no especialista en una materia.
Cosme

14.Publicado por Beatriz Basenji el 27/08/2010 01:56
Ignoro si podré hacer un aporte positivo sobre este tema. Pero habré de intentarlo.
Para mis sentidos humanos el Universo = Dios . La mayoría de las personas tienden a pensar que la entidad divina se encuentra en alguna remota zona del Universo. No es así. Absolutamente todos los seres , somos parte de LA DIVINIDAD. No estamos fuera de ELLA , SINO CONTENIDOS EN ELLA.
Nuestras vidas - es decir nuestra existencia - por ese motivo, reviste caracteres sagrados. Les invito a meditar sobre lo siguiente: cada vez que realizamos una ingesta estamos incorporando a nuestro ser alimentos provenientes tanto de vegetales, minerales y animales. Vale decir, que diariamente vamos nutriendo nuestro cuerpo humano con comestibles salidos de los tres reinos de la Naturaleza. En nosotros, van expresados , sintetizados, elevados a la humana dimensión, la cual nunca deja de ser una de las dimensiones divinas.

15.Publicado por Samuel el 27/08/2010 09:41
Qué facilidad de autoengaño tiene la mente humana ante la necesidad de creer algo. Se retuercen tanto los argumentos irracionales que, aún estando basados en dogmas "revelados" ó más bien imaginados por algún listillo del año catapum, parecen cobrar sentido. En el fondo son una sarta de invenciones credas a imagen y semejanza de nuestras necesidades y debidas a ellas.

Es cierto que es muy triste la levedad del ser, pero por favor, no intenten compartir sus autoengaños con los demás, es lamentable escuchar una y otra vez las mismas metafísicas de cuarto de baño.

Un saludo.

16.Publicado por Beatriz Basenji el 27/08/2010 15:27
Samuel : Si tanto miedo tienes a "creer" , por qué circulas por aquí ? No vengas , hombre, que tus palabras no nos mueven un ápice de aquello que sentimos y ten la seguridad que ninguno de nosotros nos estamos autoengañando. Han sido nuestras experiencias ,nuestras búsquedas las que nos han inclinado a pensar como pensamos.

17.Publicado por Samuel el 27/08/2010 21:47
"Han sido nuestras experiencias ,nuestras búsquedas las que nos han inclinado a pensar como pensamos."

La religión se encarga de responder de una forma irracional (por usar dogmas impuestos) a cuestiones metafísicas tradicionales. Y por ser cuestiones metafísicas, por definición están fuera del alcance de cualquier experiencia Real. Lo que tú llamas tus experiencias, no son más que deseos subconscientes que se encarga de malinterpretar los hechos reales. Además, hablas de una búsqueda; esa búsqueda no es más que un deseo desesperado interior por encontrar sentido a la realidad nihilista en la que vivimos. Y cómo buscas en la metafísica te puedes engañar de mil maneras diferentes.

Jesús, Ala, Buda, Zeus, Superman, el monstruo espagueti, etc. en la metafísica podemos encontrar todo lo que queramos; hay infinitas formas de autoengañarse, es cuestión de gustos y de lo desesperada y dura que sea tu vida. De lo necesitado que estés de "buscar" ayuda para sobrellevar la vida -aunque sea encontrando la promesa de que tras la muerte habrá otra vida sin sufrimiento-.

Es decir, que buscamos consuelo en la metafísica de la religión, y nos dejamos engañar o más bien nos vamos autoengañando malinterpretando las experiencias que nos llegan del mundo.

Dejad de buscar consuelo o sentido; esta vida es dura y triste, sí, pero debemos ser estóicos y aceptar la realidad tal como es. Quizás no sea un buen consuelo, como lo es agarrarse a imaginaciones metafísicas, pero es mucho más digno para un ser que presume de ser racional.

Un saludo.



18.Publicado por Cosme el 28/08/2010 13:49
"Han sido nuestras experiencias ,nuestras búsquedas las que nos han inclinado a pensar como pensamos."

Dime lo que has leído y te diré lo que piensas.
Los que hemos sido profundamente creyentes, necesitamos lecturas que nos reexpliquen "qué és el mundo, de dónde venimos, a dónde vamos". No debemos tener miedo de dejar de creer, supongo que es como dejar una droga (no es mi caso pero sí el de mi hija con el tabaco, mediante parches de nicotina no sufrió casi nada y ahora está contentísima). Yo tuve la suerte de experimentar una duda y busqué lecturas al margen de los libros de bachillerato, pero como en aquellos tiempos (hacia 1953) no había lecturas apropiadas me resultó doloroso dejar de creer que no viviría después de muerto. Pero con los libros actuales es fácil entender qué es la vida y disfrutar de sentirse vivo, entender por qué somos altruistas, por qué podemos besar mentalmente a otras personas y sentirnos felices, etc.

19.Publicado por Samuel el 28/08/2010 17:54
Bla,bla,bla...metafísica de cuarto de baño.

De todas formas está bien que cada uno se consuele como quiera; ya sea con una actitud estóica o autocreyéndose cuentos e imaginaciones a la carta.

De todas formas sigo pensando que tomar una actitud estóica y a la vez escéptica sobre toda metáfisca es la actitud más racional, sensata y noble.

Un saludo.

20.Publicado por Samuel el 28/08/2010 17:57
Por cierto, amig@: "...entender por qué somos altruistas,..."

Te recomiendo la lectura del libro "El gen egoísta" del biólogo Richard Dawkins. Si lo llegas a leer y a entender, te llevarás una sorpresa sobre lo que la ciencia moderna dice sobre ese supuesto -y falso- altruismo del que a veces parece que hacemos gala.

Un saludo.

21.Publicado por Investigador el 10/02/2011 15:05
Ante el final del universo, no creo que la ciencia ni ahora la religión de respuestas a todo, quien confía en la ciencia como infalible cae en el mismo error dogmático, en mi opinión deberiamos todos mantener una posición estrictamente agnóstica, por qué en realidad no sabemos que existe más allá de nuestro universo, sea finito o infinito, tenga principio (big-bang) o no lo tenga, la ciencia va ha ganar por que funciona, pero lo cierto es que en la ciencia no encontraremos lo que la religión inventada o no por el hombre da esperanza y salvación , sea cual sea el credo budista, jainista, hinduista, musulmana, etc, si pierde la religión con la ciencia entonces alegría para unos y tristeza para muchos otros ante la no-trascendencia, con lo cual, el universo azaroso es poco más que una tomadura de pelo cósmica, no hay esperanza ninguna de supervivencia, sólo como decía Demócrito "sólo átomos y vacío" muchos asumiran el triste destino pero otros no quieren que esto sea así. Cuando ocurra el final del universo nuestras futuras generaciones, perecerán o por el contrario un dios, lo que sea, impedirá su destrucción, entonces sabremos que hay un Dios, y si no es así, entonces asumiremos nuestra destrucción ante la no existencia de dios. Un saludo.

22.Publicado por Daniel el 06/03/2011 18:08
Algunas reflexiones:
-Los escépticos o racionales no son mejores que los irracionales o religiosos en cuestiones metafísicas, ni su punto de vista es más sostenible en estos temas. En el reino de lo material, casi sin discusión, los primeros son reyes y por tanto en ese plano, tratar de argumentar con ideas filosófico-religioso-espirituales, es casi fútil y vano.
-Resulta perfectamente posible, a la manera hindú, que desde el mundo de lo no-manifestado (lo que no vemos, no medimos, fuera de nuestras dimensiones) se genere, cree y se destruya lo manifestado (este universo). Creer, que solo el universo manifestado es todo lo que existe y solo ahí se desarrolla la realidad y nuestra experiencia trascendente como espíritus humanos, es, al menos, limitado.
-Hablar desde el pasado, e incluso presente, de nuestras religiones y sus desaciertos o desaciertos, no agrega ni quita argumentos al postulado de la presencia de Dios, o de una realidad trascendente.
- Probablemente, los que estructuran y validan la realidad a través de la racionalidad y lo material demostrable, estén en distinto estado evolutivo de consciencia, o en distinto estado de experiencia humana que aquellos que la estructuran, aun cuando no lo han confirmado, desde la metafísica (=más allá de la física). Es decir, ambos grupos validan su realidad de conciencia por lo que creen y piensan, pero ambos son solo dos etapas más de la conciencia humana.
- Falta mucho por conocer...

23.Publicado por Beatriz Basenji el 06/03/2011 22:27
17 / 18 : Samuel y Cosme: Acabo de leer vuestros envíos. El último de los comentarios, dejado por DANIEL, coincide con lo que os deseo manifestar. Sinceramente, no me preocupa en absoluto lo que suceda mas allá de la muerte. Lo he dicho muchas veces: nosotros somos seres limitados, que vivimos en un Universo con quizás mas de cuatro dimensiones. Por alguna causa, en ciertas circunstancias que escapan a nuestra voluntad, hay seres que logran introducirse en alguna de esas otras dimensiones o planos. Se dice que a través de la Ciencia o del Arte ello es posible. No sé que mas decirles, porque si en algo las palabras estan todas sobrando, es en este Tema. Como se dice en el budismo Zen: "¿Qué es el Tao?" La respuesta es " EL Tao " . Podemos pasar un siglo escribiendo, Y seguiremos en el mismo punto. No lo busques y lo encontrarás. ¿Por qué no lo encontramos? Porque nuestra mente siempre está dispersa, volcada a preocupaciones, ansiedades, temores, angustias, reflexiones, pensamientos,análisis, ideas. Cuando seamos capaces de eliminar de nuestra mente toda esa chatarra, y nuestra mente esté en blanco , ahí puede ser. Felicidades para todos!


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