Tendencias 21
Universidad Comillas




La espiritualidad actual, analizada desde la neurociencia antropológica

¿Por qué en las sociedades occidentales se valora cada vez más lo espiritual, diferenciándolo de lo religioso?


En el mundo occidental actual existe la tendencia ampliamente extendida de valorar el interés por lo espiritual, diferenciándolo claramente del interés religioso. Este movimiento se consolida con éxito en nuestras áreas culturales, y muestra de ello pueden ser las innumerables ofertas orientadas para personas interesadas, en variadas corrientes de espiritualidad no religiosa, provenientes en su mayoría del mundo oriental. Algunas reflexiones, inspiradas en la neurociencia antropológica, pueden iluminar el fenómeno de la relación entre neurociencias, espiritualidades, psicologías y religiones. Por Ramón M. Nogués (*).



La tendencia actual, ampliamente extendida en el mundo occidental, a valorar el interés por lo espiritual diferenciándolo claramente del interés religioso. Este movimiento se consolida con éxito en nuestras áreas culturales, y muestra de ello pueden ser las innumerables ofertas orientadas a introducir a las personas interesadas, en variadas corrientes de espiritualidad no religiosa provenientes en su mayoría del mundo oriental. Algunas reflexiones, inspiradas en la neurociencia antropológica, pueden iluminar el fenómeno de la relación entre neurociencias, espiritualidades, psicologías y religiones.

El mundo interior
 
Con la aparición de las especies humanas, se da en el mundo animal una manifestación espectacular de lo que llamamos mundo interior. Algunos comentan que, con los humanos, hemos pasado de los humanos de las cavernas a las cavernas de los humanos. Quizás el mundo interior pueda denominarse caverna en la medida en que su complejidad y sus múltiples aspectos recónditos, pueden evocar estos espacios oscuros y algo enigmáticos ocupados como refugios de fortuna por nuestros ancestros más lejanos. Precisamente los claroscuros que caracterizan los espacios interiores justifican el renovado interés de todas las culturas para intentar poner orden y algo de luz en los ámbitos de la interioridad.
 
El mundo interior humano es complejo y frágil, y puede ser fácilmente desestabilizado. Se trata del resultado de un cambio neurofisiológico del cerebro y el correspondiente cambio de estado de la mente animal, en virtud del cual aparecen unas lujosas e inquietantes posibilidades mentales como la conciencia reflexiva, el pensamiento lógico, la experiencia de un yo biográfico, la inquietud por el futuro, el vértigo de la libertad y la responsabilidad moral, el amor empático, las inquietudes trascendentes etc. La multiplicidad de perspectivas a las que abre la interioridad humana exige una atención delicada a su cuidado si se quiere realizar con éxito la singladura que cada uno tiene en perspectiva a lo largo del proceso vital en el que le ha colocado la existencia.
 
Así como existe una normal preocupación por el entrenamiento del organismo en sus dimensiones corporales, resulta lógico que se formule una preocupación paralela por el mantenimiento de la dimensión mental. Las habituales atenciones en orden a la prevención de la enfermedad y su curación que establecemos en relación con la biología humana a través de la medicina, deben tenerse presentes también respecto del mundo mental. Ello es ya un hecho establecido en el campo de la salud mental a través de las ciencias psicológicas o psiquiátricas, y se está ampliando a las dimensiones espirituales, sean o no tributarias de un interés religioso. La relación entre el mundo de la psicología, la espiritualidad y las religiones es el objeto de este comentario, que intenta observar cómo se produce la relación entre estas grandes dimensiones de la neurofisiología humana, en nuestra cultura occidental.
 
Cerebro y mente
 
Es obligada una primera alusión a la base neurofisiológica de la mente humana. Los intereses más centrales del vivir humano responden a necesidades mentales que resultan de la integrada influencia de pulsiones vitales, mundo emocional y capacidad de raciocinio. Esta es la naturaleza del entusiasmo por el amor, el arte, la ética, la política, el saber o cualquiera otra de las grandes y brillantes realizaciones de los humanos. Las espiritualidades y las religiones constituyen aportaciones nucleares a esta  cultura humana. Desde la época axial (Karl Jaspers estudió atentamente el  fenómeno), se han conformado como los grandes horizontes del vivir, y aún hoy siguen jugando este papel para la inmensa mayoría de la humanidad. Espiritualidades y religiones son productos mentales complejos de alta calidad en los que confluyen las pulsiones de vida junto con las más profundas emociones y razonamientos.
 
La neurofisiología moderna  ilustrada en este punto por A. Damasio, autoridad poco discutible en el tema, y confirmada por los estudios más fiables y prestigiosos, ha llegado a la conclusión  de que no existe en el cerebro humano una red neural racional independiente de las redes emocionales, de manera que no es posible una racionalidad pura independiente de la emocionalidad. No existe una supuesta racionalidad pura hacia la que deban converger todas las racionalidades humanas. Es más, según Damasio, la racionalidad no funciona correctamente si no es asistida por la emocionalidad, lo que sugiere la complejidad y multiplicidad del abordaje racional de las realidades. Religiones i espiritualidades, productos emblemáticos de síntesis de aspectos pulsionales,  emocionales y racionales, juegan pues la imprescindible función de responder humanamente, al lado de las ciencias o las aproximaciones éticas o estéticas, a los grandes enigmas y urgencias del mundo mental humano, simbolizando en relatos los estados mentales y las conductas con que los humanos intentamos ordenar nuestra existencia ante el Misterio, como sugería Einstein.

Dimensiones en juego
 
La Psicología, constituida como ciencia autónoma en sus muchas versiones (multiplicidad que la sitúa como ciencia  todavía poco estable y consensuada), intenta poner orden en el mundo interior a partir de los datos que se consideran fiables desde cada una de las diversas perspectivas que las ciencias psicológicas contemplan. Abordajes más o menos dinámicos, conductistas, organicistas etc, se dan cita en esta interesante aventura de estructurar una normalidad aceptable que acompañe la larga maduración del mundo interior humano. El trabajo psicológico atiende sobre todo a la corrección estructural. Se trata de que pulsiones, emociones y razones puedan coordinarse en la edificación de un yo protagonista, y a la vez propicien la superación de aquellos aspectos u orientaciones que podrían generar un yo excesivamente egocentrado o egoísta. Las diversas corrientes psicológicas contemplan una perspectiva terapéutica que apunta a una progresiva maduración mental del individuo o eventualmente una compensación de algunos excesivos desequilibrios mentales que se puedan producir.
 
Las espiritualidades, profundamente connaturales con todas las culturas, y especialmente florecientes a partir de aproximadamente 2600 años BP, se proponen una profundización en el interior humano que va mucho más allá  de las preocupaciones terapéuticas, aunque no las desconoce. La búsqueda de profundización y calidad preside las variadas iniciativas espirituales de todo signo. La corriente espiritual más  primitiva se  centra principalmente en descubrir la mejor ubicación del ser humano en medio de las fuerzas de la naturaleza.  Unas corrientes espirituales más avanzadas y de alta calidad se centran en la interiorización, es decir, en una búsqueda  rigurosa en los orígenes personales de la experiencia mental, para descubrir qué orientación hay que dar al mundo pulsional y emotivo que forma el zócalo psicológico humano y sobre el que danzan más o menos coordinadas las razones del vivir. En el buceo interior que caracteriza las espiritualidades interiorizadoras destacan las grandes tradiciones orientales hindúes (Yoga, Budismo) o chinas (Confucianismo, Taoísmo). Otro amplio grupo de inquietudes espirituales, que podríamos caracterizar como proféticas, orientan la preocupación del espíritu humano hacia la consecución de un orden justo  y fraternal, y a este fin, dinamizan la persona hacia una acción social potente que luche por la verdad, la justicia y la igualdad.
 
Estas orientaciones espirituales han caracterizado especialmente tanto la reflexión de la filosofía griega como la potente dinámica espiritual del mundo judío y su derivación cristiana. La insistencia de cada una de estas dos grandes orientaciones  espirituales no excluye la otra que se convierte en su correspondiente complementaria. Las espiritualidades deben asumir los objetivos de la psicología acerca de la salud mental humana, pero aportan elementos nuevos de profundidad y dirección al mundo mental. De ahí que, en la cultura avanzada de las sociedades abiertas y tecnificadas, las espiritualidades estén renaciendo con éxito en la propuesta de calidad y profundidad para enriquecer y equilibrar el mundo interior.
 
Las religiones son potentes creaciones humanas que se atreven con las dimensiones trascendentes. Se enfrentan sin remilgos al reto de pasar del agnosticismo a la propuesta, simbolizando a través de sus relatos aquella realidad a la que todos denominan Dios (Tomás de Aquino dixit!). Dios se convierte así en un genérico, que será propuesto, impuesto, proclamado, sugerido, amado, desconocido, deformado, objeto de proyecciones, funcionalizado en favor del poder, cuidador o culpabilizador de la conciencia, liberador u opresor de personas y pueblos, punto focal de los mejores deseos y de las más evidentes fantasías, referencia de alienaciones, motivo o excusa para iniciar y mantener guerras de invasión o liberación, ocasión de todo tipo de idolatrías y de las más generosas dedicaciones. Las religiones se centran en la trascendencia y sus posibles simbolizaciones.
 
Esta función simbolizadora es importante y generalmente imprescindible, porque los intentos de acceder al mundo trascendente solamente son viables en la mayoría de humanos a través de la concreción simbólica. Aquí los relatos juegan un papel importante y no merecen mucho crédito antropológico los intentos de generalizar una propuesta de transcendencia que no disponga de algún tipo de concreción simbólica. La mente humana es así constitucionalmente. Solamente las minorías místicas acceden ocasionalmente a una transcendencia sin mediaciones simbólicas. La condición para que los relatos puedan ejercer su función, es que sean presentados como tales relatos simbólicos, es decir que expresan verdades que no pueden expresarse de forma descriptiva (p.ej el amor profundo se expresa mejor simbólicamente que en forma descriptiva). La tragedia de muchas religiones es su empecinamiento en considerar hoy como descripciones o crónicas lo que son textos ejemplares que señalan formas de vivir.

Imagen: Pakhnyushchyy. Fuente: PhotoXpress.
Imagen: Pakhnyushchyy. Fuente: PhotoXpress.
El problema de Dios
 
Las religiones merecen un reconocimiento cultural de primer orden por haber dado respuesta a la incoercible necesidad de enfrentarse en algún momento a los enigmas centrales de la existencia con algún tipo de respuesta integradora y “salvadora”. La gran dificultad de esta propuesta “salvadora” está en la imposibilidad de dar al tema de Dios algo más (y no es poco si es de calidad), que la confianza que denominamos fe. La existencia de Dios está en estricto “empate técnico” entre los que la afirman y los que la niegan, y solamente la confianza permite dar el salto hacia una afirmación de Dios de la que inevitablemente se siente  distanciados los que no logran experimentar tal confianza. Existe un acuerdo general sobre el gran interés que lo religioso ha despertado en todas las culturas de todas las épocas, lo que lleva a muchísimos a opinar que estamos programados para creer (es decir, confiar)
 
Las imágenes de Dios quedan sujetas a la limitación de sus  procesos de generación. Efectivamente solamente desde las coordenadas que las estructuras neuromentales humanas autorizan, podemos generar imágenes divinas. Incluso las tradiciones que invocan una revelación son tributarias de esta dependencia, ya que lo que denominamos revelación es, como dice Torres Queiruga en una acertada definición, un “caer en la cuenta” que nos devela una profundidad insospechada a la que nos aboca el estímulo que revela. ¿Cuáles son estos procesos limitantes que condicionan la elaboración de imágenes divinas? Me permitiría hablar de cuatro “pozos” desde los que inevitablemente contemplamos el pequeño cono de luz que la profundidad del pozo autoriza, y que constituye el único acceso a la realidad, que es  mucho más amplia que lo que nuestra limitada a capacidad permite consignar.
 
El primer pozo es el de nuestra condición neurofisiológica. Tenemos una visión de la realidad que es solamente una (seguramente la más completa), de entre los muchos millones de visiones de la realidad a los que la naturaleza ha dado lugar a través de los millones de especies de cerebros que la captan parcialmente. De ahí que nuestra visión de Dios sea inevitablemente humana (es decir producida por cerebros humanos) y además tienda a ser antropomorfa. Pero Dios, por definición, no es humano, y solamente a través de los conocidos procesos de analogía, eminencia y negación,  decimos algo de lo que nos parece posible atribuir a Dios. Estos procesos son muy complejos y exigen operaciones mentales tan difíciles como las de atribuir a Dios características personales diferenciándolas de los procesos de antropomorfización que sabemos que hay que evitar. ¿Cómo imaginar una persona no humana, si  no conocemos otra personalidad que la humana?
 
El segundo pozo depende de la cosmología básica. Nuestro Universo solamente lo concebimos dentro de las condicionantes coordenadas del espacio-tiempo. Nada nos resulta imaginable si lo desproveemos  del  ensamblaje constitutivo de lo espacio-temporal. Pero  Dios no es una “pieza” del Universo ni se mueve en el tiempo. Dios  no es localizable ni “vino” ni “vendrá”. Solamente es un “ES” absolutamente ajeno a la temporalidad y a cualquier tipo de dimensionalidad.  La palabra religiosa solamente nos puede sugerir “quien” (sic!) pueda ser esta realidad a la que llamamos Dios, pero no nos lo puede definir ni poner al alcance de nuestros sistemas de localización. Las religiones no son los GPS (Global Positioning System) para identificar a Dios.
 
El tercer pozo es el mal. Opaco, excesivo, absurdo, injusto, cuasi obsceno... así denominamos al conjunto de eventos adversos completamente naturales y lógicos, que jalonan la existencia humana como consecuencia constitutiva de su naturaleza viviente. ¿A qué viene tanto escándalo ante la normalidad vital? Alguna protesta muy honda resuena en nuestro mundo interior que se revela ante la dura realidad, siempre difícil de aceptar. Una figura tan excepcional como Buda solamente acertó a intentar desactiva el impacto del mal a través de una reflexión sin fin y la negación del deseo, y alguien tan excepcional como Jesús de Nazaret, invocando a Dios, situó la paradoja del mal en la ignominia salvadora de un patíbulo injusto que anunciaba nueva vida.
 
El cuarto pozo es la insultante utilización de Dios que tan frecuentemente han exhibido  las instituciones que han reclamado monopolios de la divinidad. Las instituciones son inevitables y necesarias, pero las religiosas, por la profundidad del tema del que se ocupan, asumen el riesgo de colonizar conciencias y sociedades en sus estratos más profundos, lo que, asociado a la tentación del poder, puede ser devastador y pervertir una imagen de Dios que debería ser liberadora. De hecho en todas las culturas y sociedades de Occidente y Oriente las grandes religiones y cosmovisiones han sido parcialmente secuestradas a través de sus instituciones (iglesias, clérigos…) por  el poder, con la intención de ponerlas a su servicio.
 
Esto vale para el Confucianismo, el Judaísmo, la Religión del Imperio Romano, el Hinduismo, el Cristianismo, el Islam, el Sintoismo, el Budismo… Todos han sido ocasionalmente sometidos por el poder político a favor de sus justificaciones, lo que ha supuesto una losa muy pesada gravitando sobre las imágenes de Dios. Las tradiciones monoteístas han sido en este punto singularmente señaladas como proclives a este maridaje espurio entre Dios y la imposición violenta, el patriarcalismo misógino y otros derroteros muy poco edificantes.   No es pues sorprendente que, especialmente en el ámbito de la anomalía religiosa europea, Dios haya pasado a ser un “problema”. Solamente los místicos de todo pelaje han salvado el tesoro religioso.

Panorama espiritual y religioso
 
Huérfanos de nuestras raíces religiosas (judeocristianas y griegas) y de la espiritualidad que estas raíces cuasi monopolizaron, y después de establecer un tabú sobre la presencia social de la religiosidad, nuestras sociedades europeas se han abocado a una espiritualidad de corte oriental y de origen asiático.

Cuando en cualquier revista occidental se alude a la espiritualidad, casi con toda seguridad se encontrarán referencias taoístas, budistas, vedanta, jainitas, confucianas etc. pero difícilmente se hallarán alusiones a tradiciones espirituales cristianas. Se consideraría poco serio o interesante. Esto es naturalmente un sesgo arbitrario y ridículo, aun respetando profundamente el interés espiritual de las tradiciones orientales, cuajadas de altas cualidades. Lo religioso, por otra parte, queda reducido a jalear pequeñas idolatrías paganas para el consumo doméstico, aquellas que tanto costaron de elaborar hacia religiosidades más profundas.
 
Este panorama exige un cuidadoso trabajo de discernimiento entre tradiciones y propuestas. No todo vale igual, ni todo merece atención u ofrece calidad. Este trabajo de discernimiento no resulta fácil en ausencia de indicaciones institucionales que susciten credibilidad, como sucede en nuestra cultura.
 
En términos generales, por ejemplo, es significativa la diferencia entre corrientes espirituales que tienen la interiorización como objetivo central y solamente como tema adjetivo la exhortación a la benevolencia, o corrientes que se centran en la reivindicación profética de la justicia en su más amplia expresión. Esta diferencia modula de forma muy clara la orientación de toda la dinámica espiritual, diferenciando estructuras personales y sociales en orden a la construcción de las relaciones humanas. Algo de este tipo de planteamientos ha marcado profundamente los estilos sociales y los planteamientos colectivos  de Occidente y Oriente.
 
En cuanto a las referencias que las tradiciones espirituales o religiosas pueden hacer a sus orígenes fundacionales para aquilatar su fidelidad, las diferencias son también muy significativas. Valga como ejemplo y sin ánimo polémico, pero dentro de un contexto de actualidad,  la comparación de la tradición cristiana y la musulmana. Por lo que se refiere al fundador, Jesús fue un profeta itinerante no violento, víctima de los poderes establecidos; Mahoma fue un profeta religioso que extendió su poder espiritual a través de por lo menos tres campañas militares dirigidas por él mismo contra sus enemigos (“infieles”). Se trata pues de perfiles muy distintos y estilos muy opuestos.  Si comparamos algunas de las exhortaciones de sus textos de referencia, mientras que el Evangelio declara abolida la ley del Talión (Mt. 5,38) y exhorta a amar a los enemigos y rogar por los perseguidores (Mt. 5,44), el Corán confirma la ley del Talión (II, 194) y ordena la muerte de los enemigos infieles (II, 191 y IX, 123). Se trata pues de planteamientos opuestos.
 
Todo ello nos exige un preciso y riguroso trabajo de discernimiento que sea respetuoso con la pluralidad, pero que supere un buenismo facilón que tiende a cerrar los ojos a las dificultades hermenéuticas y promueva un irenismo acrítico que no favorece la seriedad que deben merecer las propuesta espirituales o religiosas que pretenden suscitar adhesiones centrales en la vida de las personas. La falta de crítica hecha con lucidez suscita la desconfianza en cualquiera que pueda interesarse seriamente con una propuesta espiritual o religiosa.

(*) El profesor Ramón María Nogués (Barcelona, 1937) acaba de publicar un libro en la Editorial Sal Terrae dirigida por la Cátedra CTR con el título Neurociencia, espiritualidades y religiones . El investigador ha cursado estudios de Pedagogía, Filosofía y Teología en Zaragoza, Navarra y Salamanca; fue Doctorado en Biología en Barcelona y es Catedrático EU de la Unidad de Antropología Biológica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Asimismo, Nogués ha investigado en genética de poblaciones humanas aisladas (Península Ibérica, zona magrebí, contacto magrebí-subsahariano, pueblos autóctonos sudamericanos), y en incidencia de alteraciones de ADN en patologías neurológicas; y ha hecho estudios en neurobiología evolutiva en el grupo primates-humanos. Tiene además colaboraciones en estudio de la conducta humana con psicólogos y psiquiatras en la Fundació Vidal i Barraquer, especialmente en relación con el comportamiento religioso; y ha participado en programas y comisiones de bioética en la Fundació Borja de Bioética y en Comisiones oficiales de la Generalitat de Catalunya y del Ministerio de Sanidad y Consumo (Comisión Nacional  para la Reproducción Humana Asistida), con seminarios sobre estos temas en diversos países.

Por último, ha publicado numerosos artículos relativos a su especialidad, así como diversos libros entre los que cabe citar los  últimos publicados: Sexo, cerebro y género (Paidos, 2003) y Dioses, creencias y neuronas (Fragmenta, 2011), La evolución darwiniana de las religiones “verdaderas" (PPC, 2010) y Cerebro y trascendencia (Fragmenta, 2013).                          
 



Martes, 9 de Febrero 2016
Ramón M. Nogués
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Nota

Comente este artículo

1.Publicado por leandro sequeiros el 09/02/2016 13:47
Interesante artículo del profesor Ramón M. Nogués.. Como complemento, sugiero la lectura de este otro.
http://www.tendencias21.net/Es-la-espiritualidad-una-dimension-de-la-biologia_a40910.html

2.Publicado por leandro sequeiros el 09/02/2016 13:50
Y también en Tendencias21 de la religiones hemos publicado este artículo sobre otro libro del profesor Ramón N. Nogués.
http://www.tendencias21.net/La-espiritualidad-podria-estar-al-margen-de-los-viejos-modelos-de-religion_a10557.html

3.Publicado por Joaquín González Álvarez el 09/02/2016 17:46
No voy a cometer el atrevimiento de comentar un artículo de tanta profundidad como el que nos regala el profesor Nogués, pues no tengo el "background"' (o como se escriba) para ello. Pero lo leeré varias veces pues me encantó el análisis crítico que hace del origen de las religiones y del apropiamento interesado de las mismas por las institusiones religiosas para mover voluntades, explotar ingenuidades para satisfacer mezquinas ambiciones políticas, económicas o simplemente de poder. Además confirmé la idea que tenía de la justificación (?) que enarbola el Islamismo para sus actos criminales.

4.Publicado por Pedro Rubal el 10/02/2016 16:21
Para aquellas personas que carecemos de una buena formación en esta temática de la espiritualidad, como es mi caso, no resulta fácil articular un comentario coherente con el contenido del spot, ciertamente muy interesante, no sólo por lo que plantea, sino también por su apretada síntesis de sugerentes horizontes.
La misma pregunta por la mayor valoración de lo espiritual, diferenciándolo de lo religioso, en las sociedades occidentales, pienso que nos invita a una serie de consideraciones, y NO PORQUE no quede muy bien razonada su contestación en el spot, en sentido estricto, SINO PORQUE nos lleva a centrarnos en los hechos que la motivan, no todos explicitados.
Efectivamente, se suele utilizar el término "espiritual" para adjetivar determinadas manifestaciones culturales que ofrecen un cierto grado de sutileza, y hoy en día, incluso se juega bastante equívocamente con el término "virtual", sobre todo en informática, para referirse, aunque sea contradictoriamente, a una " realidad virtual", a la que se le atribuye una existencia aparente.
Llama la atención que se hable, en física cuántica, de particulas virtuales, anticipadas matemáticamente mucho tiempo antes de verificar su existencia, y aunque yo desconozco las razón de esa calificación, tal vez esté en la propiedad que tienen de penetración de los cuerpos y su imposible percepción .Recordemos que en 1.978, un científico soviético, Anatoli Bugorski, recibió el impacto en su rostro de un haz de partículas de alta energía y, aunque le produzco una cicatriz, ni sintió dolor ni dejó de seguir trabajando.
Sin duda, esto no prueba que haya una cierta espiritualidad en sentido sustantivo en la materia; pero si la espiritualidad humana tiene su origen en estructuras cerebrales, como sostienen algunos científicos, no sólo estaríamos en la línea de la virtualidad en lo más profundo de la materia, sino que la polaridad MATERIA / ESPÍRITU quedaría anulada, no superada, al intuir un cierto estado de la materia con propiedades análogas a las espirituales, en los arcanos de los campos cuánticos.
En este caso, se entiende bien que no haya religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión, porque es más extenso el concepto de espiritualidad que el de religión ¿Cabría pensar que tanto la sustantividad como la adjetividad del término "espiritual" se extrapoló de los ámbitos religiosos, para acoger análogas propiedades en otros?. Si fuese así, entre otras causas, las cuatro limitaciones, que se relacionan en la colaboración, en los procesos de generación de las imágenes de Dios, serían decisivas en la debilitación de su uso en lo religioso; pero la percepción del aumento de realidades asimilables, incluso en lo científico, supongo que también tendría su importancia, y no digo que el uso del término virtualidad en informática y física cuántica haya producido directamente un uso más significativo del término espiritualidad; pero sí un sustrato semántico que abre espacios a los usos en otros ámbitos.
Sigo creyendo que, aquí también, la falta de rigor terminológico nos impide diferenciar bien la denotación de las connotaciones de los conceptos: Seguramente en algunos usos "virtual" pasa por "espiritual" y éste está, a su vez, mal empleado, porque ambos son cómodos para designar aquello que no se tiene bien definido.
Reparemos que la exigencia de profundidad, interiorización, penetrabilidad; energía, aliento, vapor (significado del término chino CHI, del que el TAO es su flujo, según nos dicen los estudiosos), son propiedades comunes y fácilmente extrapolables de Oriente, y se prestan para buscar analogías con la espiritualidad, no obstante, como afirma el autor, "las diferencias son muy significativas", como las señaladas entre el acervo doctrinal de Jesús de Nazaret y de Mahoma, por ejemplo, traducidas hoy en día, en delictivas consecuencias.
Aunque referida la espiritualidad al hombre le balice el camino a las profundidades de su más recóndita interioridad, y sea un requerimiento de su mundo pulsional y emotivo, como dice A. Damasio, citado por el autor, "la racionalidad no funciona correctamente si no es asistida por la emocionalidad, lo que sugiere la complejidad y multiplicidad del abordaje racional de las realidades"; pero justamente esto es lo que legitima a las ciencias para sumarse a las respuestas a los enigmas que tiene planteados el hombre, y esta legitimidad se extiende a buscar analogías simbólicas con otras actividades culturales humanas que le permiten hacerse comprender, lo que posibilita una cierta labor interdisciplinar e integradora: Las categorías metafísicas y teológicas en la ciencia pueden servir de recursos de matiz científico, no necesariamente de mera metafísica, así como que la metafísica y la teología utilicen categorías científicas no significa que desnaturalicen su especificidad disciplinar, sino, más bien al contrario, la enriquecen, cuando, en un caso y en el otro, median exigencias pedagógicas y epistemológicas que lo justifican.

5.Publicado por Carlos M. Palacios M. el 11/02/2016 00:29
A propósito de la espiritualidad actual, tema central del artículo de Dn. Ramón Nogués, resulta interesante el “Dicho” Nº 29 del evangelio apócrifo de Tomás (descubierto a mediados del siglo pasado en Nag Hammadi, Egipto). Ese dicho, junto con los otros 113 que conforman el mencionado evangelio, es atribuido a Jesús de Nazaret, y reza así: «El que la carne haya llegado a ser gracias al espíritu es un prodigio; pero el que el espíritu (haya llegado a ser) GRACIAS AL CUERPO , es prodigio [de prodigios]. Y yo me maravillo cómo esta gran riqueza ha venido a alojarse en esta pobreza». (Énfasis añadido).

Obsérvese la secuencia implicada en este texto: 1. Dios (Espíritu) crea la carne, es decir, el hombre físico; y, 2. El espíritu humano llega a existir gracias al cuerpo físico (cerebro y demás órganos físicos). Es así como una “gran riqueza” (el espíritu humano, potencialmente imperecedero) ha venido a alojarse en la “pobreza” (el cuerpo físico, perecedero). Esto constituye una interesante variante respecto al emergentismo materialista moderno, puesto que significa que al crear el cuerpo físico Dios lo hizo de tal manera que el mismo también tuviera capacidad para crear el espíritu humano. En otras palabras: no es que el cerebro por sí y ante sí crea algo inmaterial como es el espíritu humano. No. Lo hace porque el Espíritu le dio el poder de hacerlo.

Me pareció interesante. Por eso me he tomado la libertad de traerlo a este foro.

Saludos

6.Publicado por leandro sequeiros el 11/02/2016 09:06
Gracias a los tres tertulianos habituales a nuestras páginas.. Creo que tocan aspectos muy interesantes. En Tendencias21 de las religiones hemos ido detectando a lo largo de los casi 600 artículos un interés de las culturas y de las tradiciones religiosas y no religiosas por esa vivencia tan especial que es la "espiritualidad". En un mundo global, enigmático (como gusta decir Javier Monserrat), inestable, multicultural y banalmente confuso debido al irrefrenable deseo de tener y de consumir, parece emerger la insatisfacción profunda y el deseo de que "otro mundo es posible", no solo políticamente sino también en el modo de afrontar la vida. Aquí entroncamos el deseo de vivir hacia adentro y no hacia el exterior. Ya lo decía Teilhard. Vivirse hacia el interior para poder disfrutar hacia el exterior. Precisamente, acabamos de publicar "Cristo en la Materia. Tres historias a la manera de Benson"http://www.bubok.es/libros/244545/CRISTO-EN-LA-MATERIA-Tres-historias-a-la-manera-de-Benson
Ahí podemos encontrar algunas claves..

7.Publicado por Joaquín González Álvarez el 11/02/2016 17:58
Vaya!, como profesor de Física me alegra que esté de moda la Mecánica Cuánica. Acerca del término virtual creo interesante recordar su significado en Óptica Geométrica. Se llama imagen virtual dada por una lente como ejemplo, a la formada por la prolongación de los rayos de luz y no de los propios rayos, La imagen formada por los propios rayos se denomina real. La imagen virtual es la que vemos directamente, para ver la real hay que proyectarla en una pantalla. Vemos pues que lo virtual existe sin que tengamos que ir a un análisis existencialista.

8.Publicado por Geo el 12/02/2016 12:20
Pregunta para los expertos: ¿Dios existe o lo estamos creando?

9.Publicado por Carlos M. Palacios M. el 15/02/2016 18:07
Respuesta a Geo (post 8).

Es lógico que usted se haga esa pregunta. Total, es la pregunta que todos los seres humanos nos la hacemos en algún momento de nuestras vidas. La respuesta que se le dé, cualquiera que ella sea, no es posible de probar científicamente (¿Lo será en el futuro?). Los creyentes no pueden aportar prueba científica de la existencia de Dios; tampoco los ateos pueden probar científicamente su inexistencia. Empate técnico.

Cuando las respuestas son afirmativas, como en mi caso, se basan, más bien, en nuestras propias creencias. En otras palabras, la respuesta a su pregunta se construye en el yo profundo de cada individuo, conforme a su propia experiencia de vida.

Cordial saludo

10.Publicado por Geo el 16/02/2016 10:13
Gracias Carlos por tu comentario, que es más que una simple opinión.
Es más, de lo poco que he leído sobre las escrituras bíblicas, puedo al menos percibir en tu respuesta el mismo estilo de respeto al pensamiento que tenía Jesús, sin dirigirlo hacia religión alguna.

Es decir, se nos muestra "un andar" (no un camino), y cada cual es libre de decidir.

Volviendo a mi pregunta, que espero te resulte útil para tu inspiración, he llegado a la inquietud de que puede ser posible creer y no creer a la vez. Mejor dicho: una creencia relativa en la existencia de un Dios.

Asumiendo a priori que un ser creador debe ocupar un espacio en el Universo, y entendiendo Universo en una expresión máxima, el "sub universo" (en minúsculas) en el que estamos pudo ser creado por voluntad divina; de otra forma, me queda la opción de una creación espontánea.

Si este sub universo pudo ser creado desde fuera, parece ser que en su desarrollo desde partículas básicas (semillas), después de uno o dos BigBangs, en su expansión tiende hacia la evolución de seres cada vez más complejos. En el límite, la creación de un "sub dios" (en minúsculas)

Varios científicos de diferentes disciplinas han llegado a pensar que es posible la existencia de universos paralelos y en serie (sub universos, cada uno con su nacimiento o BigBang, crecimiento y evolución)

Por tanto, un sub universo cualquiera puede llegar a crear su respectivo sub dios, no necesariamente siendo todo el sub universo un sub dios en sí mismo, más bien perteneciente a él.

La creencia relativa, de momento me permite no creer en un Dios en este sub universo, pero sí en que lo estamos construyendo entre todos (todos es más que solamente la civilización humana); y por otro lado, me permite creer en un sub dios previo de otro sub universo anterior o paralelo al nuestro. Finalmente, mi creencia que debería existir un Dios mayúsculo para el conjunto de sub universos, el Universo.

Un cordial saludo.

11.Publicado por Carlos M. Palacios M. el 17/02/2016 18:32
Sobre el comentario 10.

Interesante. Y en cierto aspecto coincidente con mi propio pensamiento. Yo también diferencio entre Universo y universo, aunque solo por razones metodológicas: Universo cuando incluyo la noción de Dios; universo cuando no la incluyo y considero solo su materialidad. ¿Y por qué solo por razones metodológicas? Porque para mí la idea de Dios es demasiado grande, demasiado desafiante y sublime, como para acotarla de la manera que sea, o como para encasillarla en una definición de Dios; y porque por eso mismo, para mí Dios es trascendente e inmanente, al mismo tiempo, a todo cuanto existe, universo o multiverso (más allá de que la idea del multiverso me parece solo una salida elegante pero fofa, al problema que plantea el argumento antrópico ("fine tunning").

También advierto una coincidencia de opiniones con respecto al mensaje de Jesús.
El Maestro no adhirió a organización religiosa alguna; simplemente nos dejó su inmenso mensaje de amor, y mandó a sus discípulos a difundirlo. En mi caso, mi visión tal vez tenga cierto matiz, relativo a la clase de amor que Jesús nos propuso: no tanto el amor espontáneo, cuanto un amor construible, básicamente empático, que nos permite, inclusive, amar "lo que no es amable."

Y en cuanto a diferencias de opinión, menciono el tema de llegar a ser sub-dioses de nuestro universo (o universos). Esta perspectiva no se me pasa por la cabeza, pues no veo cómo, por mucho que tengamos un gran potencial de desarrollo material científico tecnológico, podamos optar a semejante categoría ontológica.

Saludos

12.Publicado por Beatriz BASENJI el 22/02/2016 01:21
Otro post digno de colección.Sin nada que objetar.Acaso no aceptamos totalmente las teorías de A.Damasio del cual extraemos este párrafo:" ha llegado a la conclusión de que no existe en el cerebro humano una red neural racional independiente de las redes emocionales, de manera que no es posible una racionalidad pura independiente de la emocionalidad." Si admitimos que los humanos somos Energía - con cuanto ello significa - todavía falta mucho por descubrir. Precisamente nuestras redes neuronales funcionan de contínuo, como emisoras y transmisoras de una ondas que permanentemente están atravesando al menos nuestro Planeta.Con frecuencia olvidamos que somos mucho más que una apariencia humana, una vibración de todo nuestro Ser y ese Ser está íntimamente ligado a eso que podemos llamar Dios o Inteligencia Divina. Seamos conscientes de ello o nó.

13.Publicado por Geo el 22/02/2016 10:14
Sobre el comentario 11, párrafo final, acerca de la opción teórica de llegar a crear un sub dios como objetivo natural de evolución en este sub universo.

Esta reflexión viene de combinar estudios de física y otros campos relacionados con la teoría del caos, teoría de la complejidad, sistemas adaptativos complejos, dinámica de sistemas, autopoiesis y evolución, antropología, neurociencias, macrosociedad, etc. y un poco de teología.

Rescato de mi perspectiva, que reconozco incompleta, la posibilidad que El Todo ha ido por caminos cuánticos y sigue avanzando con nosotros como recientes expectadores y temporalmente protagonistas de este pequeño pero intenso tramo en el que estamos.

Mirando hacia el futuro, es humilde pensar que ya no necesariamente seremos - los seres humanos - los protagonistas, y en nuestro lugar ocuparán seres y combinaciones de ellos evolucionados, con capacidades cada vez más superiores al eslabón anterior.

Por tanto, proyectar eso hacia un límite, me permite llegar a pensar que el objetivo de un sub universo adaptativo es intentar alcanzar a crear su respectivo sub dios, como expresión máxima, y siempre que los acontecimientos propios hayan sido favorables. Porque también se podría dar la posibilidad que muchos sub universos no alcancen su respectivo objetivo, sino al menos aportar su avance al ecosistema de sub universos más o menos conectados.

Sugiero no limitarnos mirando unicamente el potencial de lo que nuestros cerebros son capaces de lograr, sino del potencial de lo que vendrá a continuación, y a continuación, y así sucesivamente, que parece ser superaría ampliamente nuestras barreras actuales, pasando por "cosechar" y utilizar materias y magnitudes de lo que hasta ahora solo nos permitíamos observar (p.e. desde partículas sub atómicas a nebulosas de estrellas)

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Del comentario 12, siempre es sano pensar que somos algo más que una apariencia humana, pero nuestras neuronas y resto de células emiten su campo electromagnético a una distancia muy corta, en escala milimétrica, y no como las antenas artificiales que con verdadera potencia energética pueden transmitir a escalas mucho mayores.
Entonces, no hay evidencia alguna de ese supuesto ligamiento con algo "divino" que no conviene darlo por cierto tan fácilmente.
En la complejidad del lenguaje humano, se nos olvida anteponer el verbo "creer" vs. asumir supuestas ideas no demostradas.

Por otro lado, sin ánimo de descartar ese ligamento, estoy recopilando estudios sobre las interacciones entre el ambiente que nos rodea y campo electromagnético de nuestro planeta, observando la magnetorrecepción de las pequeñas señales bioeléctricas, intentando encontrar algo de la magnetoemisión cuántica, y de que éstas puedan viajar de una forma que de momento no controlamos, aunque sí alternativamente con experimentos existentes de telepatía electrónica.

Saludos !

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