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La interpretación de las expresiones faciales no es universal

Un estudio con sujetos occidentales y orientales revela que identificamos emociones en el rostro de otros de manera distinta


La manifestación y la intensidad de las seis emociones básicas (alegría, sorpresa, repugnancia, ira, miedo y tristeza) se podrían percibir de manera diferente en función de la cultura de cada sujeto. Esto es lo que revelan los resultados de una investigación realizada con individuos occidentales y orientales, a los que se pidió que identificaran en personas de su etnia y de otras culturas las emociones que transmitían 4.800 animaciones de caras. El hallazgo se opone a la hipótesis más aceptada al respecto en biología y ciencias sociales. SINC/T21.




Ilustración que muestra las diferencias de percepción de seis expresiones faciales de emociones básicas, entre individuos caucásicos (WC) y asiáticos (EA). Fuente: Universidad de Glasgow.
Ilustración que muestra las diferencias de percepción de seis expresiones faciales de emociones básicas, entre individuos caucásicos (WC) y asiáticos (EA). Fuente: Universidad de Glasgow.
En la otra punta del mundo, abrir bien los ojos y la boca puede servir de bien poco si los habitantes de las antípodas no saben identificar la sorpresa que se transmite en las señales faciales del turista.

La hipótesis más aceptada en biología y ciencias sociales establecía que las expresiones faciales de las seis emociones básicas (alegría, sorpresa, repugnancia, ira, miedo y tristeza) eran universales, pero las conclusiones de un estudio que se publica esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) señalan que la comunicación de las emociones cambia en función de la cultura.

“Los datos nos muestran que las expresiones faciales no son universales, sino que han evolucionado y se han diversificado desde sus raíces evolutivas básicas para mejorar la comunicación de las emociones en la interacción social”, ha declarado a SINC Rachael Jack, investigadora del Instituto de Neurociencias y Psicología de la Universidad de Glasgow (Reino Unido), y autora principal del trabajo.

El equipo de científicos europeos llevó a cabo una investigación transcultural con 15 sujetos occidentales y otros 15 orientales. Todos tuvieron que identificar en personas de su etnia y de otras culturas las emociones que transmitían 4.800 animaciones de caras.

Tal y como publicamos anteriormente al respecto en Tendencias21, en el estudio se usaron técnicas de procesamiento estadístico de imágenes para analizar cómo construían los diversos participantes sus propias representaciones mentales (imágenes que cada uno ve en su mente al mirar a alguien) sobre determinadas expresiones faciales.

No es un lenguaje universal

Los occidentales distinguían las seis emociones básicas, mientras que los orientales superponían algunas de ellas. Sobre todo confundieron la sorpresa, el miedo, el asco y la ira.

En relación con la intensidad de las emociones, en una escala del uno al cinco, los orientales se fijaron en las señales de la región del ojo para reconocer el grado de alegría, miedo, repugnancia e ira en una persona.

En cambio, los occidentales dedujeron la magnitud de la emoción por otros músculos faciales.

Estos resultados contradicen la teoría que desarrolló el naturalista Charles Darwin en su libro La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, una obra que contribuyó a reforzar la hipótesis de que las expresiones faciales forman parte de un lenguaje universal para que todas las culturas reconocieran las señales de las emociones internas de los individuos.

Según los científicos, todas estas diferencias pueden producir malas interpretaciones de las señales emocionales, en el marco de las comunicaciones interculturales. Conocerlas resulta importante por tanto para facilitar las relaciones entre individuos de culturas distintas.

Miércoles, 18 de Abril 2012
SINC/T21
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1.Publicado por alberto rodriguez-sedano el 23/04/2012 13:00
La universalidad está en la emoción misma y la estructura de la que ésta depende. Entre otras muchas cosas, el interés de La expresión de las emociones está en el límite abstracto de la representación de la emoción; hay algo en la representación (moral) que lo abstracto no comprende.

La expresión de las emociones puede cambiar de una cultura a otra. Si una cultura estructura de manera muy distinta la expresión de cierta emoción, no debe extrañar que esta expresión sea distinta. ¿O no es la expresión un principio de cambio a partir del que la expresión subjetiva se amolda a su exteriorización?

Es cierto que desde hace unos años se va y se viene con la magnífica obra de Darwin La expresión de las emociones. Lo esencial de esa obra era que se centraba en la función expresiva de las emociones como signo de moralidad: el otro (hombre) es el principal objeto de las emociones; el otro (sujeto de la representación moral) amplía la experiencia subjetiva a partir del cambio sustancial que causa la emoción.

Darwin trató esta cuestión desde muchos aspectos de interés: universalidad de las emociones, origen del lenguaje a partir de una sustancia emotiva, etc.

Darwin tuvo un espíritu amplio que le permitió proponer un paradigma que, como ahora leemos, sigue planteando una cuestión de innegable interés. ¿Hay alguna constante que determine el fondo de la conducta del hombre?. Es decir, no tiene demasiada importancia si la hipótesis de Darwin era cierta; la complejidad de la conducta del hombre es un problema en sí mismo, no la simplicidad de su propuesta de solución, lo que distingue la actividad científica de la filosófica.

Según mi opinión, la verdadera importancia de Darwin al respecto era de especie más filosófica que científica.

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