Tendencias 21
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La mística como experiencia holística del universo

Vuelve con fuerza, tras ser ridiculizada y ninguneada por el racionalismo materialista


En el cuarto aniversario del fallecimiento de Raimon Panikkar y acercándose el sesentenario de Teilhard, creo oportuno transmitir algunas reflexiones personales sobre un tema que vuelve hoy con fuerza: el de la mística, su naturaleza y su extensión, tanto actual como potencial. Vuelve un tema ridiculizado y ninguneado por el racionalismo materialista, y que los confesionalismos institucionales siempre han tratado de abducir –bien es verdad que con poco éxito- o alternativamente de neutralizar, presentándolo como algo reservado a unos pocos individuos especiales; algo incomprensible para el común de los mortales. Por José Luis San Miguel de Pablos.



Mevlevíes o derviches giradores en Turquía. Los derviches pertenecen a una tariqa o cofradía religiosa musulmana de carácter ascético o místico. Fuente: Wikipedia.
Mevlevíes o derviches giradores en Turquía. Los derviches pertenecen a una tariqa o cofradía religiosa musulmana de carácter ascético o místico. Fuente: Wikipedia.
La mística es una vía de acceso primordial a la experiencia de la realidad. Es la intuición de que el universo es un todo al que pertenece todo ser humano y con el que forma una unidad esencial.

Esta experiencia llena al hombre de plenitud y de sentido. La experiencia mística es difusa y mistérica, pero el hombre intuye que en ella se haya la verdad del universo y del hombre. En la vivencia mística coinciden todas las religiones y todos los hombres religiosos, ya que lo místico no es posesión elitista de unos pocos, sino un fenómeno extendido, propio de la esencia del ser humano.

En la experiencia mística el hombre se sabe como más allá de los credos de las diversas religiones, y no acierta a interpretarlos. La experiencia mística es el acceso primordial a la dimensión holística de la realidad que culmina mistéricamente en Dios y la experiencia religiosa. Por ello las religiones han sido las grandes escuelas de la mística universal.

No hace mucho, no sé si en esta misma sección o en otra parte, leía el comentario que hacía un teólogo acerca de un artículo sobre misticismo. Decía que “el elitismo” propio de los místicos, según él, no le agradaba; y lo contraponía a “la fe sencilla” de las buenas gentes, que encontraba más cercana a Dios.

Esa lectura me hizo acordarme de un debate que se dio en el marco de aquel formidable programa televisivo que era “La Clave”. José Luis Balbín moderaba un vivo intercambio que versaba sobre religión y ateísmo, en el que participaban Salvador Pániker, Gonzalo Puente Ojea y un joven y risueño sacerdote. En un momento dado, Pániker sacó el tema de la experiencia espiritual directa, de la mística, lo que descolocó bastante a Puente Ojea, aunque lo curioso fue la reacción del probable lector asiduo de Camino: “Yo no tengo ninguna experiencia de ese tipo, ¡ninguna experiencia! Ni la necesito. Tengo fe y con eso me basta”.

Mística y fe, ardua cuestión. Tengo para mí que mística hay una sola, aunque luego se exprese de distintas maneras, mientras que fes hay muchas. No sólo por sus contenidos, lo cual es obvio puesto que cada confesión religiosa tiene los suyos, de los que se derivan “fes” (=religiones) diferentes, sino también en cuanto a su naturaleza intrínseca. Pues no es lo mismo una fe centrada esencialmente en dogmas de definición estricta o en literalidades escriturales, que una fe más que nada “vivida” y “sentida”, que, de hecho, puede estar bastante cerca de la experiencia mística, por más que el revestimiento –casi siempre imaginario más que verbal– sea importante.

No sé qué clase de fe sería la del cura de La Clave, pero en todo caso hay un problema: el que tiene fe y trata de promover esa fe en otros, lo hace desde una formulación. Desde proposiciones concretas. Da igual si su discurso se dirige ante todo a despertar la emocionalidad, como en el caso, tan actual, de los showmen de la predicación (que, por lo demás, tienen largos antecedentes). La fe se tiene y se intenta extender, siempre, desde la asunción de una dogmática (las creencias) que se considera condición salvífica necesaria y que por eso mismo se cree conveniente extender al mayor número posible de personas. La mística es otra cosa que nada tiene que ver.

Un punto de vista filosófico: Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein termina su célebre Tractatus Logico-Philosophicus de una manera sorprendente. Citaré algunos párrafos:

6.432. No es lo místico cómo sea el mundo, sino que sea.

6.52. Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas más vitales todavía no se habrán ni siquiera rozado.

6.522. Lo inexpresable ciertamente existe. Se muestra en lo místico.

6.54. Mis proposiciones esclarecen porque quien me entiende las reconoce finalmente como absurdas cuando, habiendo transitado a través de ellas, ha salido fuera de ellas. (Ha arrojado, por así decir, la escalera después de haber subido por ella). Solo habiendo superado todas las proposiciones se ve correctamente el mundo.

7. Frente a aquello de lo que no se puede hablar, mejor callar.


Estas proposiciones dan cuenta clara de la evolución que ya se estaba produciendo en un profundo pensador que, tras haber desarrollado el método lógico hasta el máximo extremo posible, constataba que la esencia de lo Real no puede formularse ni racional ni verbalmente –es inexpresable– pero que sí puede mostrarse directamente (6.522). Wittgenstein desembocó, pues, en el “¡Esto!” upanishádico, aunque no hiciese mención expresa de la filosofía hindú.

El filósofo centroeuropeo es un exponente de la ruptura koánica que, al igual que en un meditador zen, se acaba produciendo en el pensador plenamente honesto y libre que se esfuerza, a tumba abierta, por acceder a lo Real por la vía del pensar. Wittgenstein repite hasta la saciedad en el Tractatus que sólo contamos con el lenguaje y que contornearlo o superarlo es imposible, pero… termina su obra en los términos que se acaban de reproducir. Wittgenstein ilustra ante sus lectores la “resolución” de un koan.

Observar la evolución experimentada por uno de los más grandes filósofos del lenguaje del siglo XX, como lo fue Wittgenstein, nos permite entender lo que es la mística e incluso nos sugiere una definición: sería una facultad o capacidad humana natural, aun poco desarrollada, de conexión directa con la realidad, con el en-sí de esta, “puenteando” la vía cognitiva racional-verbal, que sólo permite acceder a signos y representaciones –las sombras de la caverna platónica.

¿Existe realmente esa facultad? ¿No será algo ilusorio, un disfraz cultural de alguna patología psíquica, como afirmaba Freud? Pero quizás primero convenga preguntarse si realmente necesitamos salir de la Caverna… Erwin Schrödinger decía que “la física se ha estado ocupando únicamente de sombras desde siempre, desde Demócrito de Abdera e incluso desde antes”, pero que “nadie era consciente de ello, ya que hasta el advenimiento de la física cuántica, los científicos creían que se estaban ocupando del mundo real.”

Y, entretanto, sus colegas, los físicos de Copenhague, estipulaban que sólo cabía formular matemáticamente los fenómenos cuánticos, debiéndose abandonar toda pretensión de interpretarlos, es decir, de acercarse a su ontología, a su en-sí. En nuestro tiempo, el físico francés Bernard d’Espagnat, premio Templeton por cierto, insiste reiteradamente en la idea de que aquello que deja entrever la cuántica indudablemente es (él es un realista, a diferencia de otros colegas suyos), pero se halla velado, resulta inaccesible a cualquier metodología científica, aunque… por otros caminos podría no ser así: tal es la sugerencia que deja en el aire. Algo más de dos siglos atrás, Immanuel Kant venía a decir lo mismo, al sostener la impotencia de la razón para acceder al nóumeno, dado que su campo se reduce a lo fenoménico.

Es esta, en definitiva, la toalla que arrojó “el segundo Wittgenstein”. ¿Podemos darnos, puede alguien darse por satisfecho con esta renuncia? Me parece que no. La interdicción de Copenhague levantó fuertes resistencias entre numerosos físicos cuánticos, que se negaron a aparcar su anhelo de rasgar –¡o al menos de intentarlo!– el velo del misterio ontológico, y fue eso lo que llevó a acuñar la expresión beables (“cosas” susceptibles de ser) que algunos de ellos utilizan al lado de observables.

Así pues, no creo que el foco auténtico de la mística sea Dios, sino… la Realidad (salvo que ésta, en su ultimísima absolutidad, le sea indistinguible). Y mucho menos creo, como ya habrán deducido, que dicho foco sea un Dios personal, por más que los relatos de numerosos místicos confesionales apunten en esa dirección. ¿Pongo en duda sus experiencias? De ninguna manera, pero dado que éstas siempre culminan en una fusión con lo Absoluto, me atrevo a sugerir que la fase inicial de tales experiencias, en la que lo Divino se presenta en forma personal, podría ser un revestimento introductor, explicable en términos de una pertenencia cultural específica.

Cerebro místico

Si se experimenta la necesidad de acceder al ser directamente, más allá de las señales sensoriales que nos llegan de sus múltiples facetas constitutivas del mundo, entonces tal necesidad, como cualquier otra, deberá obtener satisfacción por vía evolutiva y tener su reflejo en nuestro cerebro puesto que somos entidades orgánicas. El cerebro tiene, pues, que ser místico.

Decir esto no es trivial, porque no es que el cerebro produzca, en ciertos casos, experiencias de apariencia mística que serían una suerte de subproductos ilusorios más o menos anómalos…, es que el cerebro ha evolucionado incluso para ser capaz de entrar en contacto, a veces, con lo Real no ya por vía sensorial, mediada, sino también de manera directa y no mediada. Al igual que lo ha hecho para percibir la luz y el sonido, y ser capaz de interpretar esas percepciones en términos de “aproximación” a lo Real.

Leyendo artículos sobre misticismo y neurología, que últimamente abundan, se puede tener la impresión de que la esencia experiencial de lo místico al “neurologizarse” se evapora. Cosa absurda, porque somos energía estructurada mediante nuestra materialidad corporal-neural (que también es energía). ¿Y cómo podríamos acceder a la energía que constituye el Universo –y al fundamento último, tras ella– si no fuese a través del remolino de energía que somos?

Vaya a continuación una observación cosmológica y física: la explicable obsesión por querer saber qué había antes del big bang ha desplazado otro enigma casi de igual magnitud, cual es definir qué fue exactamente lo que brotó (de “la nada” o… de lo que fuera) en el primer nanosegundo del universo. Aquella “singularidad inicial” era, al parecer, energía pura, y surgió en un punto, en una esférula de diámetro infinitesimal.

Vale, pues, decir que la energía omni-generadora primordial se concentraba inicialmente en un solo punto, cuya expansión en las distintas etapas inflacionarias dio origen a la multiplicidad incontable de las estructuras material-energéticas del universo, que incluyen las biológicas. Ahora bien, la investigación cuántica ha revelado que las microentidades que alguna vez integraron un único sistema permanecen vinculadas más allá de cualquier separación espaciotemporal…, es lo que se llama “entrelazamiento” (entanglement).

Pues con el mismo o mayor motivo debería haber “entrelazamiento” entre todo lo que, en el principio, constituía un único punto. La totalidad de la realidad cósmica, al menos en el nivel cuántico o subcuántico, debe pues, lógicamente, estar “entrelazada”, ser ontológicamente inseparable.

Nos hallamos frente a un dato puramente físico que puede ser enormemente relevante de cara a una fundamentación natural de la mística.

Mística y dogma

Ciertamente los místicos pueden tener creencias religiosas, pero dudo mucho que abunden los místicos amantes de los dogmas. Es bastante común que personas de temperamento místico y con experiencias de tal género se hallen divididas entre su espiritualidad experiencial y la fidelidad a la religión dogmática a la que pertenecen.

Es evidente, por lo demás, que los defensores a ultranza de los dogmas religiosos no son místicos. Pueden ciertamente ser intelectuales, es más, suelen serlo si bien de un tipo análogo al de los ateo-materialistas militantes. Ningún místico tiene interés en imponer nada, por la sencilla razón de que es absurdo pretender imponer una experiencia.

Con frecuencia me pregunto por qué algunas de las religiones del Libro (no sé si el Judaísmo) defienden que es necesario creer para salvarse. Me parece que la respuesta es que como no consideran plausible que el común de los mortales pueda tener experiencia alguna de lo Absoluto (o de Dios, o como cada uno prefiera denominarlo), asumen que el único camino hacia la re-ligación pasa por admitir intelectualmente un conjunto de datos que (cláusula fideísta previa) fueron revelados por el Ser Supremo mismo a… ¿un profeta? ¿varios? ¿un cierto número de escritores inspirados? ¿líderes religiosos? ¿una corriente tradicional privilegiada?

No encuentro escapatoria frente a la obviedad de que, tratándose de postulados, puesto que son formulaciones verbalizadas, la única actitud posible de los adherentes a una religión dogmática que desean sinceramente creer –precisamente para poder permanecer en ella– es dejar en suspenso su racionalidad, o contornearla viviendo en una cierta esquizofrenia según la cual unas veces piensan racionalmente y otras no. Sumamente esclarecedor es el caso de Miguel de Unamuno, que deseaba ardientemente creer pero no podía, porque su exigente racionalidad se lo impedía.

Igualmente lo es su avatar literario San Manuel Bueno, mártir. Unamuno no tomaba en consideración ninguna opción fuera de su dilema entre cristianismo católico y materialismo, y digo materialismo más que ateísmo, porque es bien sabido que el filósofo vasco vivía obsesionado con la (no) supervivencia de su yo en sentido estricto. Las religiones orientales le irritaban, con sus sugerencias de posibles modos de supervivencia de la consciencia que no preservaran el precioso yo. Es curiosa la acerba crítica que dirige a los jesuitas en La agonía del cristianismo, que raramente se cita y que creo interesante reproducir.

Unamuno concluye así el capítulo 9 de su célebre ensayo:

i[Esta gente [los jesuitas] trata de detener y evitar la agonía del cristianismo, pero es matándolo, ¡que deje de sufrir!, y le administra el opio mortífero de sus ejercicios espirituales y de su educación. Acabarán por hacer de la religión católica romana algo como el budismo tibetano.]i

¿Sospechaba Don Miguel la apertura verosímil de algunos seguidores de San Ignacio a ciertas formas de budismo –no necesariamente tibetano– y quizás también a otras espiritualidades extremo-orientales? De ser así, no parece que le agradara.

A nadie se le escapa que afrontamos un tiempo de cambios, y no precisamente superficiales. Los dogmas, y no tanto de uno en uno o algún dogma en particular, sino la idea de fondo de una religión de base dogmática, han entrado en una crisis profunda. Las personas pueden creer –o simplemente admitir como plausible– uno u otro horizonte metafísico, unos u otros datos históricos fundacionales, unas u otras interpretaciones de éstos que se consideran relacionadas con aquél…, pero ¿por qué ha de ser necesario, en orden a alcanzar una religación plena o más profunda (¿no sería esto la salvación?), admitir intelectualmente como verdaderos determinados postulados?

Mientras el dogma siga siendo lo central en algunas religiones en vez de serlo el amor (condición necesaria y presupuesto de la mística) se seguirá constatando, por un lado, el desafecto creciente hacia esas religiones entre precisamente aquellas personas cuyas bien amuebladas cabezas más coherencia exigen, y por otro, el crecimiento y fortalecimiento paralelo de los fundamentalismos e integrismos, basados en pétreas fidelidades al dogma en su literalidad, tanto en el interior como en los márgenes de esas mismas religiones.

Cerebro: kittykatfish. Fuente: Flickr.
Cerebro: kittykatfish. Fuente: Flickr.
Mística y ciencia

La cuestión de la mística no sólo es relevante para la religión (en general) y para las religiones, sino que lo es también para la ciencia. Sí (¡no se sorprendan!), lo es también para la ciencia, desde el momento en que lo es, indudablemente, para la epistemología. No es difícil justificar esta opinión, y ya debería dar que pensar el hecho de que determinados paradigmas científicos han tendido históricamente a convertirse en dogmas, un dato clarísimo de la historia de las ciencias.

El método científico se funda en la desconfianza cognitiva no solo hacia la fe religiosa sino también hacia la intuición, que nada tiene que ver con la fe dogmática y sí mucho con la mística; y exige contrastar con los datos empíricos para poder estar (relativamente) seguro de algo. Pero ¿qué es lo que establece inicialmente una idea guía, un paradigma?

De hecho, una intuición, que lleva a ver que “todo casa”, a percibir una mayor coherencia holística en un cierto campo o incluso en la realidad toda. Los indicios empíricos no son sino señales apuntando hacia ese brusco insight, clic o eureka que Kuhn calificó de gestáltico y que se parece mucho a la resolución repentina de un koan, que le supone al meditador zen subir un peldaño de la escalera desde la que contempla la realidad.

Pero, por otra parte, la ciencia moderna nació de la convicción de que todo conocimiento fiable tiene que basarse en datos sensoriales. No puede, pues, ocuparse de la mística en sí, como experiencia interior, aunque puede estudiar sus correlatos cerebrales. Y lo mismo le pasa con la consciencia: puede enfocarse, y lo hace, sobre las dinámicas neurológicas vinculadas con ella, pero es incapaz de justificar y ni siquiera de tratar la consciencia en sí, frente a la cual las ciencias físicas y biológicas mantienen un mutismo desconcertado que permite darse cuenta de sus límites. Sirva esta reflexión para introducir el último punto del presente artículo.

La mística y la consciencia

Para los hindúes y los budistas –también para el que esto escribe– la experiencia mística básica no consiste en una visión, beatífica o sobrecogedora, de Dios o de alguna entidad sublime exterior al sujeto. Consiste en tomar conciencia plena de la propia consciencia.

Consiste en darse cuenta del milagro asombroso que representa SER, en contemplar LA LUZ DE LA PROPIA CONSCIENCIA, que se vive –que todo el mundo vive– como absolutidad, en paradójica contradicción con la multiplicidad aparente de las consciencias, que Erwin Schrödinger, neohinduista convencido, creía ficticia en profundidad.

Claro que esta toma de conciencia, que parece trivial pero que no se da en todo el mundo (aun se diría que hay personas alérgicas a tenerla), solo es una puerta. La puerta que da acceso a la inteligencia mística, sin duda una de las inteligencias múltiples que todos tenemos, aunque en muy diferentes grados de desarrollo.

En un pequeño ensayo cuya publicación se halla muy cercana [1] manifiesto la opinión de que sería sumamente importante que se generalizase lo que denomino “la experiencia mística básica”, que no es otra cosa que la toma de conciencia silenciosa de la maravilla de la consciencia propia, del fondo luminoso de sí mismo, una experiencia, sencilla y trascendental a la vez, hacia la que apuntan grandes intelectuales místicos como Ken Wilber.

En dicho ensayo trato de mostrar que el despertar de la inteligencia mística en un porcentaje relevante de personas puede ser la palanca que nos falta –y que estamos echando cada vez más en falta– para conseguir romper las cadenas que nos bloquean individual y colectivamente, cadenas que están tanto fuera de nosotros –en la realidad social– como en nuestro interior. Y son, en el fondo, las mismas cadenas.

Nota:

[1] San Miguel de Pablos, J. L., La rebelión de la consciencia, Kairós, publicación prevista para octubre de 2014.


Artículo elaborado por José Luis San Miguel de Pablos es geólogo, Doctor en Filosofía, y colaborador de Tendencias21 de las Religiones.



Martes, 16 de Septiembre 2014
José Luis San Miguel de Pablos
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Nota

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1.Publicado por Joaquín González .Alvarez el 16/09/2014 20:09
EXCELENTE ENSAYO DEL DR. JOSÉ LUIS SAN MIGUEL DE PABLOS. SÓLO QUIERO REALIZAR UNA ACOTACIÓN A CUANDO EXPRESA; 'SOMOS ENERGÍA ESTRUCTURADA MEDIANTE NUESTRA MA ERIALIDAD NEURAL (QUE TAMBIÉN ES ENERGÍA). BASÁNDOSE EN E=MC2 SUELE EXPRESARSE QUE ES LO MISMO MATERIA QUE ENEGÍA, LO CUAL NO ES CIERTO, LA FÓRMULA DE EINSTEIN INDICA QUE LA MATERIA SE TRANSFORMA EN ENERGÍA. SI ALGO 'SE TRANSFORMA' EN OTRA COSA NO PUEDEN SER IGUALES. UN BILLETE DE 50 DÓLARES NO ES IGUAL AL PAR DE ZAPATOS QUE CON EL MISMO SE PUEDE ADQUIRIR.

2.Publicado por Pedro Rubal el 16/09/2014 22:35
En efecto, el trabajo que comentamos del Dr. San Miguel de Pablos nos abre a un horizonte que, aunque no es totalmente desconocido, las cuestiones que va trayendo a la palestra en su planteamiento bien merecen un documentado y sosegado tratamiento, porque, en el fondo, introducen un cambio esencial en el conocimiento de la realidad universal, de lo Real, como él mismo dice, introduciendo la MÍSTICA como experiencia holística del universo, contraponiéndola al que llama RACIONALISMO MATERIALISTA.
Aunque no me considero suficientemente preparado para comentar las cuestiones que sustita la lectura de la colaboración, permítanme que me aventure a partir de una concepción evolucionista del universo, del que forma parte el hombre como resultado y sujeto de esa dinámica evolutiva. Me parece que el autor lo aceptará sin grandes reparos. Si fuese así, tengo una pregunta que me he hecho muchas veces: ¿Cómo llegó el hombre a intuir el evolucionismo?. ¿Partió de las observaciones que fue haciendo en la Naturaleza o tuvo una intuición previa que le llevó buscarle algún grado de confirmación en las realidades de su entorno?.
La contestación de estas preguntas, ni en un sentido nin en otro, no restan nada, ni a las intuiciones privilegiadas del científico, que le llevaron a desencadenar un racionalismo materialista, ni a la "intuición de que el universo es un todo al que pertenece todo ser humano y con el que forma una unidad esencial". Aquí sólo me interesa resolver, aunque sea conjeturalmente, de momento, el problema de las prioridades. Vayamos, pues, allá.
Si el hombre evolucionó, evidentemente pasó por varias etapas, hasta llegar al estado actual, y su cerebro también. En cada etapa hay que suponer que tomó contacto con la naturaleza para dar solución a su supervivencia; pero siempre haciendo uso de los medios y las capacidades de que disponía. Pues bien; el cómo la conciencia y la consciencia fueron
apareciendo en él, es algo de lo que apenas se sabe nada. Sin embargo, considerado como integrante de la evolución universal, pudiera aceptarse que, en cada uno de nosotros, como dice Boff (en un trabajo que nos aportó el Dr. Sequeiros), también conjeturalmente, están todas las memorias del universo; pero, aún así,¿cuándo puede activarlas el hombre y qué grado de evolución debe tener su cerebro para activarlas?. Tampoco se sabe.
Lo que sí se sabe es que procesando cerebralmente las impresiones del mundo exterior llegó a construirse ese Mundo 3 de Poppe, y lo hizo precisamente mediante la "racionalidad material", que le permitió abrirse a otros horizontes, y en esta línea de avances, retrocesos y logros, se encuentra con las incertidumbres y la inseguridad de que la realidad que conoce por esta vía sea la Realidad.
Sin duda es iluminadora la sugerencia de que al cerebro hay que suponerlo evolucionado para que forme patrones de la realidad no necesariamenten no mediados (nada en contra!), sino de una forma directa; pero si esto es posible, habrá que situarse en el momento oportuno, aunque ya empiecen a aparecer probables ejemplos de ello. Es que incluso esa racionalidad material y energética parece que nos está llevando por este camino en la física
cuántica y subcuántica; pero no es ajena, si no me equivo, a aquella racionalidad.
En cuanto a la mística y el dogma, creo que estamos llevando la intuición a otro campo, donde la mística es religiosa y el dogma un problema de la revelación, que podría tener algo que ver con la experiencia holística del universo, de la Realidad. Pero es una materia que desconozco, aunque creo que los dogmáticos nada tienen que ver con esto, si no es ser portadores de actitudes más o menos censurables, según los criterios y las experiencias históricas.
Cuando Schrödinger nos habla de la necesidad de salir de la Caverna y agrega que "la física se ha estado ocupando únicamente de sombras desde siempre" y que nadie fue consciente de ello hasta la física cuántica, creo que nos está diciendo que fue necesario llegar hasta aquí para descubrir la necesidad de poner en marcha otras vías, como la intuición; pero tampoco garantiza que no sean noumémicos los resultados, por hablar en términos kantianos.
No niego que las prácticas de los maestros Zen, aplicando el KOAN, estén cerca de la pedagogía y epistemología de la "mística", puesto que las preguntas que formulan a sus alumnos para constatar su progreso, exigen una contestación desvinculada del pensamiento racional, obligándole a subir el nivel de su conciencia (¿consciencia?) hasta situarse más allá del sentido literal de las preguntas: Se propicia un salto de lo racional, como conocimiento mediado, para situarse en el inmediato.Pero el salto hay que darlo apoyándose en el mediado...!
En todo caso, el trabajo que comento me parece excelente, en su línea.
Por tanto, felicito sinceramente a su autor.

3.Publicado por clean el 17/09/2014 07:16
La Fe mayúscula: El Amor del Creador,virtud donde emana la Fe que dia a dia va creciendo
la luz propia y conciencia universal.Cada uno con sus dones.Mt 4:19 venid en pos demí, y os haré pescadores de hombres.Verdadera mistica que habre la puerta de toda la ciencia...?

4.Publicado por Joaquín González .Alvarez el 18/09/2014 19:23
ABUNDANDO EN COMENTARIO 1.
SUELE TENERSE UN CONCEPTO EQUIVOCADO DE ENERGÍA EN FÍSICA.
ENERGÍA ES LA CAPACIDAD DE UN SISTEMA FÍSICO PARA REALIZAR UN TRABAJO, POR EJEMPLO UN CUERPO EN REPOSO SOBRE UNA MESA NO PUEDE REALIZAR NINGÚN TRABAJO, PERO SI LO ELEVAMOS HASTA UNA ALTURA MIENTRAS LO TENGAMOOS SOSTENIDO TENDRÁ LA CAPACIDAD DE REALIZAR UN TRABAJO: EL DE CAER SOBRE LA MESA CUANDO LO SOLTEMOS lLA ENERGÍA ES UNA 'PROPIEDAD DE LOS SISTEMAS', NO ES UN 'ESTADO FÍSICO' NI UNA 'SUSTANCIA'. EL CUERPO DEL EJEMPLO ANTERIOR AL ELEVARSE NO CAMBIÓ EN NADA SU ESTRUCURA, NI SU NATURALEZA, NI SU MASA, NI NADA MATERIAL, SÓLO ADQUIRIÓ ENERGÍA, CAPACIDADPARA REALIZAR TRABAJO. SOBRE TODO EN SEUDOCIENCIAS SUELE DECIRSE 'SE LLENÓ DE ENERGÍA', COMO SI LA ENERGÍA FUERA ALGO ASÍ COMO UN FLUÍDO. QUIZÁS EN POESÍA PUDIERA ACEPTARSE LA FRASE COMO METÁFORA O METONIMIA.

5.Publicado por jose Luis san migue el 21/09/2014 18:30
Me gustaría conocer tu opinión, Joaquín, sobre qué sería la "energía inicial" del primer nanosegundo, desligada obviamente de toda suerte de materia, ya que esta aun no había nacido ni siquiera como partículas elementales...

6.Publicado por Marcel Cabot el 22/09/2014 02:34
Breves comentartios de lo escrito por Joaquín González .Alvarez.
Respecto al primer comentario del 16/09. Para hablar correctamente, la palabra materia debería incluir a la masa y la energía, pues ambas son distintas manifestaciones del mundo "material". O sea que mediante la ecuación de Einstein, relacionamos la masa y la energía, no la materia y la energía. Obvio que la masa y la energía se pueden transformar una en otra, no son lo mismo, pero se puede pensar sin equivocación que la masa es energía "concentrada", o dicho con otras palabras, todo el mundo manifiesto son diferentes expresiones de algo que llamamos "energía".
Respecto al segundo comentario del 18/09. Es cierto que los textos de Física se refieren a que la energía de un cuerpo (o de un sistema) es la capacidad que tiene él para realizar un trabajo, lo que implica que para cambiar su energía debe realizar un trabajo. Pero hay una excepción para esa definición por lo que la convierte en equivocada. En termodinámica un sistema puede tener energía y transferirla a su entorno (cambiando su energía interna) sin necesidad de realizar trabajo, simplemente haciendo una transferencia de calor.

Dejando de lado estas "pequeñeces", estoy en un todo de acuerdo con el artículo de San Miguel de Pablos. La Verdad, la Realidad última hay que buscarla en esa dirección, aunque cada persona tenga su propio camino. En definitiva todos los caminos conducen al mismo lugar.

7.Publicado por jose Luis san migue el 23/09/2014 16:39
Es importante en todo caso debatir la cuestión de qué es realmente la energía... En efecto, parece que la definición que la identifica con el trabajo es insuficiente. Y no olvidamos que existió la corriente fisico-filosofica del "energetismo" que decía "todo es energía" en vez de "todo es materia"... En vista de que la física parece que da solución a la cuestión, pero en el fondo la deja sin resolver, y teniendo en cuenta que, no obstante, la noción intuitiva extendida es bastante clara (" fluidismo" ingenuo aparte), yo propondría la siguiente definición filosofica, de raíz heraclitiana y aristotélica, con un toque de taoísmo: energía es potencial de transformación DE CUALQUIER GENERO, lo que significa: no solo física sino tambien psíquica, psicológica o social. Considero que en esta ocasión (y no es el único caso) la intuición de numerosos "no científicos" resulta cognitivamente mas enriquecedora que las definiciones estrictamente científicas..., de momento al menos.

8.Publicado por Alfonso Sáenz Lorenzo el 23/09/2014 23:16
Con relación al concepto de energía desde el punto de vista de la física creo pertinente recordar lo que al respecto escribió Richard F. Feyman en su excelente curso de física (The Feyman Lectures on Physics) sobre el concepto de energía. Escribe Feyman: “Es importante darse cuenta que en la física actual no sabemos lo que la energía es”…”Lo que sí sabemos es que se trata de una cierta cantidad numérica que se puede obtener con distintas fórmulas y que se conserva”.
La física, con respecto a una de sus magnitudes fundamentales, no da más de sí y estoy de acuerdo con José Luis San Miguel en que en tales casos, para aportar algo más, hay que recurrir a la mística o a la filosofía.
Me parece espléndida la idea o intuición del autor del artículo cuando relaciona el primer nanosegundo del Universo, en la singularidad inicial, con la posible explicación última del entrelazamiento cuántico. Argumento parecido se da en la teoría estándar de la cosmología moderna para justificar el Big Bang: la uniformidad de la radiación de fondo observada en cualquiera de las direcciones, sería la prueba de un origen común y puntual y eso es hoy ya ciencia..

9.Publicado por Sinesio MADRONA el 25/09/2014 12:36
Sinesio
Hola José Luis

Hace ‘un siglo’ que no nos vemos personalmente, pero no he dejado de seguir tu trayectoria en T21.

Este artículo me parece simplemente genial y me ha servido para darme cuenta de una cosa fundamental en mi propia trayectoria personal. Lo explico en un comentario que he añadido a mi reciente artículo http://www.tendencias21.net/La-paradoja-de-la-subjetividad-para-conocer-el-sentimiento-tambien-es-necesario_a37233.html://. En el comentario menciono que tu artículo ha sido para mí como ‘una vara zen’.

Me doy cuenta que aunque nuestras exposiciones y trayectorias discursivas sean muy diferentes en el fondo estamos hablando de lo mismo. Puedo hacer un paralelismo con lo que dice el propio David Loy (No dualidad) acerca de las diferentes corrientes espirituales de Oriente: en el fondo hablan de la misma experiencia, aunque sus explicaciones sean muy diferentes y hasta parezcan enfrentadas.

Quizá a tus lectores les interese también lo que expongo en mi artículo. Para mí es muy complementario, aunque, claro, en él hablo de la subjetividad y, muchos pueden pensar que soy subjetivo en mi apreciación. Pero precisamente ésa es la paradoja que debemos resolver. Como bien dices: “Consiste en tomar conciencia plena de la propia consciencia.” a lo que yo puedo añadir esta 'paradoja zen' de de mi propio artículo: “Lo objetivo es más objetivo si también es subjetivo,”.

Un saludo cordial
Sinesio

10.Publicado por Cornelio González el 25/09/2014 22:31

Desde mi personal punto de vista pienso que las einstenianas nociones de masa y/o energía no son autónomas en y por sí mismas, ni en su física, ni en su lógica, ni en sus filosóficas ontologías. De hecho, son otra cosa que la mutua inducción (Faraday 1831) entre los que, hasta ahora y mayormente para Einstein, habían sido calificados como los ultra-veloces (1), intrigantes y relativos efectos físicos y lógicos de expresión de la Naturaleza, pero que en verdad, se originan solo por la UNITARIA reciprocidad inversa (no-linealidad), entre las Cósmicas y eternas oscilaciones cuánticas primordiales (2), del siguiente modo:

a) Una(s) másica(s) - Einstein - y estable(s) discontinuidad-asimetría, de y entre, la positividad y/o, la negatividad de cada una de las dos “cargas” eléctricas y conocidas, ahora, relativista y cuánticamente, como el eléctrico par mutuamente especular: fermión (materia) y/o, antifermión (antimateria). Tal másica estabilidad-discontinuidad-asimetría, es el resultado del “colapso” de la…

b) Inestable y continuo-simétrica energía (Einstein) ondulatoria entre los dos polos magnéticos Norte y Sur. De este “colapso” ondulatorio resulta la “emisión”, la “excitación”, de unas…

c) másica(s) (Einstein) y estable(s) discontinuidad-asimetría, de y entre, la positividad y/o, la negatividad de cada una de las dos “cargas” eléctricas, conocidas, relativista y cuánticamente, como el eléctrico par mutuamente especular: fermión (materia) y/o, antifermión (antimateria), par el cual nuevamente se “inhibe”, es decir, se re-absorbe en sí mismo, transformándose de nuevo y con ello, en la...

d) Inestable y continuo-simétrica energía (Einstein) ondulatoria entre los dos polos magnéticos Norte y Sur, ondulatoria energía la cual, nuevamente “colapsa”, resultando de ello una nueva másica “emisión” y/o “excitación” del par: fermión-antifermión, los cuales nuevamente se “inhiben”, es decir, se re-absorben en sí mismos, para… etc., etc., y así, por siempre jamás, sin definidos principio ni final: estas oscilantes transformaciones son, paradójicamente, ¡…instantáneamente ETERNAS…! (Ver tal “eterno presente” en ¿Hombre=Cosmos?, la gráfica de la página 327).

Y para José Luis:

Como ya es habitual de tu parte, este artículo no es sino una perla más que añadir al rosario de aciertos de todas y cada una de tus colaboraciones. Felicitaciones y con complacencia espero tu próxima glosa.
…………………………………………..

(1) Ultra-veloces: de hecho, tales einstenianos efectos másico-energéticos suceden, de modo exclusivo, a velocidades cercanas a c o velocidad de la luz, entendida ésta como: c = 0.999999999999… (infinitos nueves) de la UNIDAD de la velocidad de la luz, así:

1= energía/masa, igualdad en la cual y en consecuencia:

a) tanto el valor de la inestable, plural y continuo-simétrica ondulatoria energía (Einstein) del bosón magnético, como:

b) el valor de la(s) másica(s) (Einstein) y estable(s) discontinuidad-asimetría, de y entre, la positividad y/o, la negatividad de la singularidad propia de cada una de las dos “cargas” eléctricas, conocidas ahora, relativista y cuánticamente, como el eléctrico par mutuamente especular: fermión (materia) y/o, antifermión (antimateria)…

… en la UNIDAD, repito, y tanto en a), como en b), sus valores se hacen equivalentes aunque de hecho, sus ontologías físicas y lógicas sean diametralmente opuestas: una continuo-simétrica energía (Einstein) ondulatoria para el bosón magnético y/o, por el contrario: unas discontinuo-asimétricas masa(s) (Einstein) eléctricas, inherentes éstas, a cada uno de los dos componentes del mutuamente especular par eléctrico: fermión (materia)-antifermión (antimateria).
……………………………………..

(2) Cósmicas y eternas oscilaciones cuánticas primordiales las cuales, muy en el fondo, en nada difieren del problema de la “medida” cuántica, planteada por el físico danés Niels Bohr (1885-1962) y que, a continuación, trato cortamente:

b El problema de la “medida” en la mecánica cuántica: ¿uno y el mismo mecanocuántico procedimiento que subyace tras las primordiales oscilaciones cuánticas?

La onda cuántica - o en términos más específicos: función de onda cuántica que intercomunica a las dos polaridades magnéticas Norte/Sur - está constituida por la UNITARIA TOTALIDAD de las probabilidades (léase: posibilidades) estadísticas que constituyen a un sistema cuántico inicialmente conformado por una ondulatoria y continuo-simétrica pluralidad de magnéticos estados cuánticos superpuestos. El mérito que se le atribuye al físico danés Niels Bohr (1885-1962) es su clarificador aporte (aunque quizás y en su momento, no fuera totalmente consciente de su capital importancia) a lo que hoy se conoce como la naturaleza biunívoca (1) del problema de la “medida cuántica” y que nos dice que, cuando el sistema cuántico es medido, observado, (y en este caso lo que se observa, lo que se mide, es la continuo-simétrica UNITARIA TOTALIDAD de la onda cuántica entre las magnéticas polaridades Norte/Sur), el obligado resultado de ello es que con tal medición solo es posible determinar, observar, a uno solo de la plural UNITARIA TOTALIDAD de los estados cuánticos superpuestos que la constituyen, con lo que tal función de onda cuántica pasa de ser, un plural y continuo-simétrico estado de superposición ídem, a un singular estado cuántico no-superpuesto constituido éste por una sola de las dos “cargas” eléctricas, lo que es consistente con el tipo de “medida” que ha sido hecha, y esto por una razón física fundamental: a causa de tal “medida”, la función de onda cuántica se ha “colapsado”, es decir, que la UNITARIA TOTALIDAD de la pluralidad de los superpuestos y continuo-simétricos magnéticos estados cuánticos de la onda cuántica, ha devenido en la tambien UNITARIA TOTALIDAD, pero en esta oportunidad conformada por la discontinuo-asimétrica e individual singularidad de cada uno de los dos estados cuánticos
no-superpuestos y que conocemos ahora como los mutuamente especulares pares eléctricos: fermión-antifermión…los cuales y en sentido inverso, a su vez tambien “miden” a la UNITARIA TOTALIDAD de la pluralidad de los superpuestos y continuo-simétricos magnéticos estados cuánticos de la onda ídem y con ello la “colapsan”, transformándola en un nuevo par de singulares y mutuamente especulares “cargas” eléctricas no-superpuestas y conocidas ahora como: fermión-antifermión, las cuales nuevamente “miden” a la UNITARIA TOTALIDAD de la plural onda cuántica para…. y así, por siempre jamás, sin definidos principio ni final, toda vez que tales “mediciones”…..¡son ETERNAS..!
…………………………………

(1) BIUNÍVOCA: Diccionario RAE: femenino, matemáticas, primera acepción: correspondencia que existe o se establece entre los elementos de dos conjuntos cuando, además de ser unívoca, es recíproca; es decir, cuando a cada elemento del segundo conjunto corresponde, sin ambigüedad, uno del primero.

Mi comentario: al ser el magnetismo y la electricidad recíprocamente inversos dentro de su propia UNIDAD, entre ellos se da, existe y opera, una biunívoca “medición” entre sus condiciones, tanto físicas, como lógicas y/u ontológicas, vale decir que, en su propia UNIDAD, la electricidad es, existe y opera, en función del magnetismo, y/o viceversa: el magnetismo es, existe y opera, en función de la electricidad. De allí su amplia generalización epistemológica y que interpretamos como “campo” electromagnético.

11.Publicado por José Luis San Miguel el 26/09/2014 00:47
Hola, querido Sinesio ! Yo también te he seguido con mucho interés, en T21, todo este tiempo, y ahora mismo me dispongo a leerte. Lo que tenemos que hacer es quedar de una vez... Un abrazo !

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