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La neurología explica la base cerebral de los comportamientos terroristas

El miedo al terrorismo puede enfermar a la sociedad entera


El terrorismo es una amenaza global que necesita de un análisis multidisciplinar. Las diversas ramas de la ciencia se han acercado a este problema en especial desde que el 11 de septiembre de 2001 Occidente se diera cuenta de que no es el lugar seguro que creía. Ahora, la neurobiología intenta explicar lo que sucede, a nivel cerebral, en la mente de los terroristas: podría haber una base neurológica que produjese una infravaloración del riesgo, así como la psicopatía, la neurosis o la sociopatología. En un entorno favorable, los comportamientos terroristas podrían desencadenarse. Pero el cerebro nos dice aún más: el miedo al terrorismo puede enfermar a la sociedad entera. Por Yaiza Martínez.


Yaiza Martínez
Escritora, periodista, y Directora de Tendencias21. Saber más del autor



La neurología explica la base cerebral de los comportamientos terroristas
La neurología explica la base cerebral de los comportamientos terroristas
La ciencia tiene algo que decir sobre el terrorismo. Una prueba de ello son los doce millones de dólares que el departamento de seguridad nacional de Estados Unidos destinó en 2005 a la universidad de Maryland para la creación de un centro de investigación para el estudio de los aspectos sociales y de comportamiento del terrorismo.

Se creó así el National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorism (el START, cuyo objetivo es conocer de manera interdisciplinar (desde la psicología, la teología, la sociología o la geografía) el fenómeno del terrorismo, para tratar de evitarlo o contrarrestarlo.

Pero no sólo las ciencias políticas y sociales analizan la amenaza. Desde la biología también se estudian las posibilidades letales del terrorismo bacteriológico, que podría producirse por la dispersión de bacterias como el Bacillus anthracis, que provoca la grave enfermedad del ántrax.

Aunque normalmente transmitida por los animales, el Bacillus anthracis puede también utilizarse como arma contra miles de personas. La ciencia ya ha creado una vacuna que evitaría una pandemia en caso de ataque terrorista, que el ministerio de defensa estadounidense suministra ya a su personal militar.

¿Arma neurológica contra el terrorismo?

La ciencia parece por tanto muy interesada en el terrorismo. Sus causas son de origen variado: social, económico, religioso… ¿pero podría la ciencia encontrarlas también en el cerebro? La científica Susan Greenfield, directora de la Royal Institution of Great Britain, ha señalado al respecto que el estudio de la neurología, desde el punto de vista de las creencias, la identidad y la percepción del riesgo, puede dar ciertas pistas de la existencia de un terrorista en potencia.

En un encuentro celebrado estos días en Sydney sobre la ciencia del terrorismo, organizado por el Australian Science Media Centre, una organización independiente y sin ánimo de lucro que se dedica a informar sobre hallazgos científicos a través de los medios de comunicación para el público general, Greenfield señaló que la neurociencia puede ser un arma contra el terrorismo, si se considera la base neurológica de las creencias.

Según explicó Greenfield en el mencionado encuentro sobre La ciencia del terrorismo, no existe un “lugar” en el cerebro que “obligue” a nadie a ser explícitamente un terrorista, pero lo cierto es que la neurociencia podría hallarse en la base de esta importante cuestión.

Greenfield señaló que el cerebro desarrolla las conexiones celulares principalmente en los primeros 18 años de nuestra vida. Las experiencias que tenemos durante esos años, producen una profunda huella en nuestro cerebro, una huella que nos hace percibir y responder al mundo que nos rodea de determinada forma.

Creencias fijadas

La investigadora y sus colegas del Oxford Centre for Science of the Mind, analizan actualmente cómo las creencias se fijan en nuestros cerebros. Un sistema de creencias determinado puede sin lugar a dudas propiciar actitudes terroristas, que el entorno favorecerá o determinará.

Según Greenfield, las creencias pueden modificarse, pero una vez establecidas son muy difíciles de transformar. Nos hacen ver el mundo de una manera muy determinada, y actuar en function de lo que creemos o pensamos.

Dichas creencias, señala, se establecen en nuestro cerebro, bien porque nos suceda un hecho muy significativo que nos marque, o bien por medio de la repetición constante de frases, oraciones o rituales. La deducción lógica no deja tanta marca en nuestra forma de interpretar la realidad.

Analizando la percepción del riesgo

Un factor clave para comprender lo que sucede en la mente de un terrorista es su percepción del riesgo, aseguró Greenfield. Según ella, la tecnología que manejamos en el tipo de vida actual, podría estar produciendo una generación que no tenga tanto en cuenta el riesgo como antaño.

El hecho de que la tecnología permita una gratificación inmediata propicia que se tengan experiencias continúas, pero no la propia vivencia de las consecuencias de dicha experiencia. Por tanto, no se desarrolla la capacidad de valorar los efectos de nuestros actos.

Se ha descubierto además que los terroristas tienen una predisposición neurológica a la violencia, con tendencia a la psicopatía, neurosis y sociopatología. Sin embargo, es necesario para que su tendencia se concrete en acciones violentas, un entorno o referente que influya en ellos con fuerza.

En definitiva, la neurobiología podría estar en la base de esos comportamientos potenciales, que se activarían en el caso de que hubiera una situación que los favoreciera o indujese.

El miedo a la amenaza terrorista

El estudio del cerebro, señala Greenfield, puede asimismo explicar las respuestas de la población ante las amenazas terroristas. ¿Qué nos provocan como sociedad?, se preguntó la investigadora.

Señaló que en estudios con ratas de laboratorio se ha demostrado que se puede inducir la neurosis a animales si se les provoca una sensación constante de amenaza continua, junto a la certeza de que no tienen escapatoria alguna.

Dado que la amenaza existe, la realidad es que la sociedad se ve afectada por los ataques terroristas, incluso en el caso de que no se produzcan, ya que vive permanentemente asustada por un mal que no puede evitar, del que sabe poco aunque parezca inminente.

De esta forma, el cerebro podría creerse continuamente amenazado, provocando una neurosis general cuyas consecuencias aún deberán medirse, seguramente también desde la ciencia.


Martes, 29 de Agosto 2006
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Nota



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1.Publicado por Alejandro Sánchez el 30/08/2006 18:09
Pues habría que preguntarse qué es el terrorismo antes de hacer un estudio así. O sea, no se puede identificar lo que es terrorismo si no se sabe su definición exacta, pues si nos vamos por su definición gramatical, terrorismo es, por ejemplo, la difusión de películas de terror, digo, esa es la definición libre de tendencias políticas maniqueístas. Antes el Viet Cong era un grupo terrorista que había que combatir, hoy es el ejército de un estado que establece relaciones comerciales con todo el mundo y que se valora por su espíritu de sacrificio y perseverancia.

Conste que luego de la guerra de Viet Nam los combatientes del Viet Cong se dedicaron a actividades pacíficas y a reconstruir su país y nunca más realizaron "actos terroristas". ¿Qué pasó en sus cerebros que cambiaron de ser terroristas a ser estadistas, gobernantes y constructores? Esa es la gran pregunta.

2.Publicado por nicelotus el 02/09/2006 15:38
Continuando la pertinente observación de Alejandro, agrego que evidentemente es posible y hasta de alguna manera beneficioso para la humanidad investigar cómo se desarrollan circuitos neuronales agresivos y conductas consecuentes, por ejemplo, en aquellos pobladores rurales de una zona a la que le disminuimos drásticamente los suministros de agua por razones de NUESTRA CONVENIENCIA, en función de aumentar aún más nuestro presuntamente "omnipotente" poder económico...
El tema de fondo en este ejemplo, quizá no tan ficticio, es saber si tal investigación no resultaría, cuando menos, una SORPRENDENTE FALTA DE SABIDURÍA, -inclusive con resabios de cinismo-, al no dedicarse a considerar el problema abarcando ADEMÁS principios básicos de humanidad, como sería no someter a privaciones a otros habitantes de nuestra balsa-planeta por lisas y llanas conveniencias de BENEFICIO PROPIO y AUMENTOS DEL PROPIO PODER a expensas del resto de los que compartimos el bote.

3.Publicado por Henríquez Velásquez el 25/06/2008 04:30
Es evidente que el hombre sufre algún tipo de entropía cerebral, la agresividad huma es transversal. En América se acusa a España de invasora y genócida, pero ellos a asu vez fueron invadidos por los romanos, los cartagines, los árabes, al final, es un tema circular.Ya no baatan las éticas discursivas, es necesario encontrar las causas neurológicas, bioquímicas, genéticas o lo que sea, que propende a la agrasión humana. Nos olvidamos que somos tan carniceros como los felinos, varíando sólo en la forma y lo hacémos con premeditación. Aunque parezca pobre la idea de rebiologizar la conducta, es bueno ver el eterno problema del doble standard. Predicamos maravillas que no cumplimos. Los que posan de libertadores, antisistémicos, revolucionarios, reproducen las mismas conductas con su gente. Aceptan una relación de vasallaje y adulación, no toleran la competencia. Al final, actuamos igual que las abejas reinas. Llevámos miles de años con el mismo problema. Lombroso, fundador de la criminalistica, dejó un camino abierto. Tenémos que actuar rápido antes que matémos el planeta. La ecología se ha transformado en otro negocio. Loveluck, dice que la tierra es un organismo vivo. ¿irémos a otros planetas a continuar con lo mismo?. Saludos. Nelson, de Valdivia-Chile.-Gracias.-


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