Tendencias 21. Ciencia, tecnología, sociedad y cultura



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La no vacunación podría matar a más de un millón de personas

La reaparición de la difteria en España es síntoma de un desprecio generalizado a la ciencia en nuestro país


Hace unos días, se presentaba en nuestro país el primer caso de difteria desde 1987. Un niño contraía la enfermedad por no estar vacunado contra ella. Es cierto que vacunar lleva asociado un pequeño riesgo, pues aproximadamente una persona de cada dos millones puede presentar una reacción grave a las vacunas; pero no vacunar podría matar a más de un millón de personas. Que este hecho resulte obviado solo puede explicarse en un país que mayoritariamente desprecia la ciencia. Por Eduardo Costas (*).




Imagen: Aki Hänninen. Fuente: SINC.
Imagen: Aki Hänninen. Fuente: SINC.
En estos días un niño de seis años lucha por su vida en la UCI del hospital Vall d'Hebron de Barcelona, como consecuencia de una grave infección por difteria. Se trata del primer caso de esta peligrosa enfermedad que se da en España desde 1987. Y la razón por la que este niño contrajo una dolencia que se consideraba erradicada en nuestro país, es alarmante: sus padres, en contra de toda evidencia científica y médica, prefirieron hacer caso al parloteo acientífico de los “grupos anti-vacunas” que, con argumentos falaces, sostienen que los escasos riesgos de utilizar las vacunas son mucho mayores que los incuestionables beneficios que aportan. ¿Cómo pueden existir grupos anti-vacunas (y lo que es peor, como puede alguien hacer caso de sus disparates) en pleno siglo XXI?
 
Indudablemente las vacunas son una de las principales causas de la mejora de la salud y de la calidad de vida del ser humano. Para darnos cuenta solo tenemos que retroceder 100 años en el tiempo: a principios del siglo XX (cuando nadie se vacunaba de difteria), la difteria mató en España a 120.000 personas y no era, ni de lejos, la peor de las enfermedades a las que vencimos con vacunas.

Vacuna viene de 'vacca'
 
El término vacuna viene del latín vacca (vaca). Y tiene un interesante origen: En 1796, Edward Jenner tuvo que hacer frente, como médico rural, a una temible epidemia de viruela que devastó Europa en el siglo XVIII. Jenner observó que las campesinas a menudo contraían la viruela bovina (cowpox), una enfermedad que afectaba al ganado vacuno, y se contagiaba a quienes ordeñaban vacas.

La viruela bovina mostraba síntomas parecidos a la viruela humana, pero era mucho mas benigna. Edward Jenner comprobó que quienes habían padecido la viruela bovina quedaban inmunizados para siempre a la viruela humana y jamás contraían la enfermedad (y a menudo eran los únicos supervivientes de sus comunidades cuando se desataba una epidemia de viruela).
 
 Jenner recogió el pus de las pústulas de las manos de Sarah Nelmes, una campesina contagiada de viruela, e inyectó este fluido a través de escaras hechas con una lanceta, en el brazo del niño de ocho años, James Phipps. Philipps fue el primer vacunado de viruela del mundo y jamás padeció la enfermedad. Desde entonces miles de millones de personas fueron vacunadas con la técnica de Jenner mejorada (de hecho todas las personas mayores nacidas antes de 1980 mostramos las cicatrices de esta vacuna).

El fin de la viruela
 
En 1967, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a propuesta de la Unión Soviética, promovió un masivo programa de vacunación mundial que se llevó a cabo con éxito: apenas 10 años mas tarde se consiguió la erradicación total del virus (el último caso de viruela ocurrido en el mundo fue en Somalia en 1977). A partir de 1980, se suspendió la vacunación de viruela porque ya no había necesidad de prevenirla. La viruela estaba erradicada. Pero sin duda este logro no podría haberse conseguido con los grupos anti-vacunas.
 
Esta terrible enfermedad llevaba milenios matando a muchos millones de personas en el viejo mundo (y dejando cruelmente desfigurados a los poquísimos afortunados que sobrevivían a la enfermedad). Afectó a todas las clases sociales y estilos de vida, desde reyes como Luis I hasta los mas humildes esclavos. Alcanzó América, llevada por los europeos en la época de los descubrimientos, donde acabó con la gran mayoría de las poblaciones nativas, desde civilizaciones muy estructuradas como la Azteca e Inca hasta pueblos de cazadores-recolectores como los Mapuches. Historiadores y epidemiólogos estiman quem en unos pocos añosm redujo la población de nativos americanos desde unos catorce millones de personas a menos de un millón y medio.
 
Pasteur y la prueba del ántrax

Casi 100 años después de Jenner, Louis Pasteur desarrolló una vacuna contra el ántrax, demostrando su efectividad en un brillante experimento en el que una serie de vacas y cabras protegidas por su vacuna no se contagiaron del ántrax, mientras que los animales control sin vacunar murieron.

Este experimento, que llevó asociado un importante despliegue mediático en la prensa, sirvió para convencer a la población de la eficacia de las vacunas. Tras años de experimentación con vacunas en enfermedades de animales, en 1885 Louis Pasteur salva de la rabia al joven Joseph Meister (que había sido mordido por un perro rabioso). En los próximos meses miles de Pasteur trata a miles de personas mordidas por perros rabiosos y los salva.

Vacunas pendientes
 
Hoy en día hay vacunas para casi todas las enfermedades infecciosas. Nos vacunamos nosotros y vacunamos a nuestras mascotas y a los animales de abasto. Conseguimos librarnos de enfermedades (y producir ganado suficiente como para alimentarnos).

Sin embargo, unas pocas enfermedades todavía se nos resisten: es mas fácil erradicar por vacunación una enfermedad típicamente humana como la viruela (solo hay que vacunar a seres humanos), que una enfermedad que como la rabia que afecta también a animales (y habría que vacunar a todos los animales incluyendo los animales salvajes que son el reservorio de la enfermedad). 
 
Pero aún no hemos sido capaces de desarrollar vacunas contra todas las enfermedades. Por ejemplo, aún están desarrollándose las primeras vacunas eficaces contra la malaria. En una prueba evidente de la falacia de los razonamientos de los grupos anti-vacunas, la malaria (contra la que no se vacuna) es la enfermedad infecciosa que mas personas mata en el mundo: solo en 2013, la malaria causó 755 000 muertos, sobre todo en África. Tampoco tenemos de momento una vacuna para el SIDA y todos conocemos sus terribles consecuencias…

Protección sin vacunación
 
Indudablemente, vacunar lleva asociado un pequeño riesgo: aproximadamente una persona de cada dos millones de personas vacunadas va a presentar una reacción grave a la vacuna (que en los casos mas graves puede incluso matarla). Pero pongámonos en el peor de los casos: las vacunas van a matar a menos de 1 persona de cada 2 millones. Pero no vacunar mataría a mas de un millón…
 
Si yo quiero aprovechar totalmente los beneficios de las vacunas sin correr el mas mínimo riesgo, tengo una forma de conseguirlo: que se vacunen absolutamente todos los demás (incluyendo todos los animales reservorio) y yo no. De esta forma, la probabilidad de contagiarme es prácticamente cero y no corro riesgos al vacunarme. Es lo que le pasa a la gente joven con la viruela: todos los “viejos” estamos vacunados de viruela y gracias  a ello se extinguió la enfermedad y ya no hay que vacunarse.
 
Por el momento esta es la estrategia que siguen (probablemente sin saberlo) los grupos anti-vacunas: están protegidos de la enfermedad porque de momento son muy pocos los que no se vacunan y todos los demás nos vacunamos. Así les funciona el cuento, pero indudablemente son insolidarios para con el resto de la población.

El éxito de Salk
 
Pero lo peor es que en ocasiones los grupos anti-vacunas dejan de ser simplemente insolidarios para convertirse en perversos: Casi todos conocemos a alguna persona mayor gravemente incapacitada como consecuencia de la poliomielitis.

Tras la Segunda Guerra Mundial la poliomielitis se consideraba el peor problema de salud pública en los Estados Unidos con decenas de miles de nuevos afectados en cada verano, de los que miles fallecían quedando con graves parálisis y deformaciones los que conseguían sobrevivir. Incluso el presidente Franklin D. Roosevelt resultó afectado por la poliomielitis.
 
En este ambiente con la población aterrorizada, Jonas Edward Salk desarrolló un trabajo de investigación de muchos años, que culminó en 1955 con una vacuna eficaz contra la poliomielitis. Para darnos cuenta de la magnitud del trabajo, solo para probar la vacuna de Salk participaron mas de veinte mil médicos, sesenta mil académicos y veinte mil voluntarios y se vacunó a mas de 1.800.000 niños en edad escolar.

El éxito acompaño a Salk, quien además, en un acto de altruismo renunció a patentar la vacuna. Cuando le preguntaron en televisión quién era el propietario de la patente de la vacuna de la polio, Salk respondió: "No hay patente. ¿Se puede patentar el sol?"

No solo esto: con el dinero de los premios recibidos Jonas Salk fundó un Instituto de Estudios Biológicos en La Jolla, que en la actualidad sigue siendo un centro de referencia en la investigación biomédica. Salk, ya anciano, dedicó los últimos años de su vida a desarrollar una vacuna contra el Sida.
 
En un alarde de mezquindad, algunos colectivos anti-vacunas (entre ellos un colectivo español representado por letrados de aquí) presentaron una demanda económica contra Salk por los supuestos efectos secundarios de su vacuna…

Décadas de estudio y de esfuerzo
 
Tal vez esto solo pueda explicarse en un país que mayoritariamente se desprecia la ciencia. Un país que considera a personajes como Don Miguel de Unamuno como intelectuales esenciales. Unamuno acuñó la nefasta frase de “que invente ellos”, haciendo gala de su desprecio por el progreso tecnológico, una tendencia que contribuyó a enraizar, condenándonos a ser un país que ha perdido la carrera por el progreso.
 
Por supuesto los argumentos de los grupos anti-vacunas son sencillos de entender, mientras que los argumentos científicos requieren décadas de estudio y esfuerzo. Pero me cuesta creer, que además de ignorancia, no haya un componente de mezquindad en los colectivos antivacuna.



(*)  Eduardo Costas es Catedrático de Genética en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, Académico Correspondiente de la real Academia Nacional de Farmacia y  Promotor de Biotehcnological Environmental Solutions, una empresa de base tecnológica (EBT). Síguelo en su blog de Tendencias21.


Lunes, 8 de Junio 2015
Eduardo Costas
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1.Publicado por Kali Rossi el 09/06/2015 17:31
Creo que las vacunas salvan vidas. PERO: Las todopoderosas industrias farmacéuticas engañan a veces (muchas veces) y entonces la población ya no sabe cuándo creer y cuándo NO. Hay desconfianza porque hay poca honestidad.

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