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miércoles 14 Mayo 2008
4:33
Tendencias 21
Una fórmula interactiva para la difusión del conocimiento



La percepción está mediatizada por la cultura

Los factores invisibles sólo se hacen perceptibles a partir de un ejercicio de lentitud profunda


Mirar, en el siglo XXI, debe entenderse como “anticipar”. Para ello es necesario aprender la metodología de la mirada lenta, que consiste en la posibilidad de conocer, mediante “un sólo golpe de ojo ” toda la realidad: su entramado visible y su red subyacente. Los factores invisibles de la realidad de que habla David Bohm, sólo se hacen perceptibles al ojo humano, a partir de un ejercicio de lentitud profunda. Detener la mirada facilita conocer la índole de la realidad porque podemos ver sus caracteres implícitos. Por Manuel Guzmán Hennessey.



Mirada. Forever.
El enfoque de las ciencias del caos sugiere que la realidad está compuesta por unos factores visibles y otros invisibles, y que ver la realidad consiste en relacionar adecuadamente los múltiples componentes de su doble entramado.

La ciencia clásica nos enseñó a fraccionar la realidad en partes a fin de conocerla mejor. Se nos decía: mire primero una cosa y después la otra. La modernidad se empecinó de tal manera en esta concepción hasta el punto de elaborar toda una filosofía de los compartimientos estancos: el positivismo lógico.

La nueva ciencia nos enseña la conveniencia de unir en nuestro cerebro “toda la realidad” para verla, conocerla y aprehenderla como una totalidad dinámica circular . El oficio de ver, en el mundo de la modernidad, consistía simplemente en mirar los cuadros separados de una película que nos era ajena. Pero en el mundo de hoy, dominado por dinámicas de incertidumbre y azar, ese acto de mirar incorpora un nuevo concepto derivado de los más recientes descubrimientos de la neurofisiología: anticipar.

El neurofisiólogo colombiano Rodolfo Llinás ha planteado recientemente que la verdadera función del cerebro no es la de generar comportamientos, como creyó la psicología tradicional, sino la de anticipar lo que va a suceder. El cerebro de los seres vivos, según Llinás, anticipa como mecanismo de autoprotección.

En este ensayo sostengo que mirar, en el siglo XXI, debe entenderse como “anticipar”. Para ello es necesario aprender la metodología de la mirada lenta, que consiste en la posibilidad de conocer, mediante “un sólo golpe de ojo ” toda la realidad: su entramado visible y su red subyacente.

La mirada lenta se ejerce de manera rápida, pero profunda

Voy a poner dos ejemplos: Gustav Janouch le pregunta a Franz Kafka la razón de su conocida aversión por el cine, y Kafka le responde: a pesar de me considero un hombre profundamente observador, he llegado a la conclusión de que la propuesta técnica que propone el cine, perturba mi mirada.

Los movimientos son muy rápidos y el rápido cambio entre una imagen y otra nueva, compele al espectador a ir tras la nueva aparición dejando de lado detalles de la anterior que a pesar de que pudieran haberle parecido interesantes, ya no podrá mirar.

En el cine no es la mirada la que toma posesión de las imágenes, sino lo contrario: es el cinematógrafo quien se apropia del ojo del espectador para obligarlo a ver lo que este quiere que vea.

La mirada lenta entraña el ejercicio de la máxima libertad que le es posible al hombre, aquella de mirar, por el tiempo, la intensidad y el ángulo de perspectiva que él considere apropiado, ese elegido aspecto de la realidad que le interesa.

El autor de esta nota recuerda que en una ocasión tuvo necesidad de suspender una relación sentimental porque su pareja era reiterativa en la pregunta ¿Qué piensas? Y nunca pudo entender la respuesta: no pienso, miro; y mirar –hacía dentro, hacía fuera, hacía el intersecto del adentro/afuera- es el ejercicio de mi inalienable libertad.

Se trataba, por supuesto, de una mirada lenta, que igual podía detenerse en el análisis o la contemplación de la complejidad de los detalles, o efectuar un aéreo “paneo” por la complejidad dinámica circular que circunda, de manera caprichosa, la realidad.

Si uno pasa de un cuadro a otro sin haber comprendido en profundidad lo que había en el cuadro descartado, seguramente conocerá una realidad parcial, y por ende, imprecisa. Los factores invisibles de la realidad de que habla David Bohm, sólo se hacen perceptibles al ojo humano, a partir de un ejercicio de lentitud profunda. Tómate tu tiempo, le aconsejaba Wittgenstein a los filósofos.

Rosa sin por qué

La rosa es sin por qué, dijo Angelus Silesius, pero a la rosa no se puede comprender mediante un acto de visión superficial: es necesario ir al adentro profundo de su corazón, demorarse en su aroma y desentrañar la hermosura agazapada de su pistilos invisibles. La rosa, flor de un día, no se aprende en un día. Es imprescindible reincidir y reincidir. Tomar distancia y volverse a acercar, olvidarse de ella y recordarla luego. Pensar, como decía mi amiga, mirarla nada más con la simple evocación de su recuerdo perfecto.

Los descubrimientos de la nueva física, ocurridos a partir de la primera mitad del siglo XX, indican que al pensamiento derivado de la mecánica clásica newtoniana, sucede hoy otro modo de ver el mundo, pues la realidad, según la nueva visión de la física, no es una entidad regular y controlable, sino azarosa, irregular e incierta, como la rosa.

No vemos con los ojos sino a través de ellos, como dijera el poeta William Blake. Nuestra cultura depende en gran medida de lo que vemos, y lo que vemos no depende exclusivamente de nuestros ojos sino de lo que culturalmente estamos condicionados para ver. El proceso cognitivo en general y el fenómeno de la percepción en particular, han sido notoriamente influidos por la tendencia científica predominante. Ver, conocer y percibir son hoy cosas muy distintas de lo que estas palabras implicaban para los antiguos.

La modernidad difundió el criterio de que percibíamos las cosas que había en el mundo “tal cual eran”, pero una vez descubierta la mecánica cuántica, una nueva manera de ver la realidad se impuso como consecuencia de sus trascendentales descubrimientos: desde la década del setenta, cuando las primeras aplicaciones de la ciencia del caos comenzaron a darse a conocer en campos tan diversos de la ciencia, como la neurofisiología, la biología cognitiva, la epistemología y las ciencias del lenguaje, se abrió camino la concepción de que el aparato perceptivo del hombre era algo más complejo y extendido que sus órganos sensoriales.

Percepción mediatizada

Se empezó a pensar entonces en la velocidad de las miradas y se llegó al consenso científico de que el fenómeno de la percepción está mediatizada por la cultura, el uso del lenguaje, la semiótica, las emociones y los modelos mentales predominantes.

Todo parece indicar que no sólo vemos a través de los ojos, y tampoco simplemente con los ojos, sino que vemos también con el resto de nuestros sentidos, con nuestras manos y con nuestras piernas, con la poderosa intuición y sobre todo, con nuestro cerebro (la hermosa y poderosa máquina del conocimiento).

Uno de los pioneros de la biología cognitiva, Francisco Varela, dijo en 1984 que “lo que el organismo detecta como su mundo, depende de su comportamiento, ya que ambas cosas son inseparables”

Heinz Von Foerster dijo en 1991 que las sensaciones en sí mismas resultan insuficientes para el fenómeno perceptivo, aludiendo sin duda a que en la percepción intervienen con evidente fuerza otros factores, de orígenes muy diversos.

Un giro inglés nos sugiere como sería esta nueva forma de ver que propongo en este ensayo, la mirada lenta: el giro enlightened self-interest, que se traduce como “percepción esclarecida de aquellos intereses que nos son propios” o, dicho de otra manera: “percepción intuitiva de esa realidad que, realmente, necesitamos ver”, la que resultará vital para nuestras vidas, la que nos conectará, efectivamente, con la esquiva posibilidad de ser felices.

Se trata de preocuparse por detenerse y demorarse viendo aquello, que en palabras del poeta colombiano Eduardo Carranza, constituye, lo que vale la pena de la vida .





Manuel Guzmán Hennessey
Manuel Guzmán Hennessey es ingeniero químico, investigador y consultor especializado en aplicaciones de la Teoría del Caos. Dirige actualmente en Bogotá el Centro de Pensamiento y Aplicaciones de la Teoría del Caos. Ha escrito ensayos y artículos para medios científicos y culturales en Argentina y Colombia. Es columnista de opinión de los dos diarios más importantes de Colombia: El Tiempo y El Colombiano.



Viernes 24 Febrero 2006
Manuel Guzmán Hennessey
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