Tendencias 21
Universidad Comillas




La sincronicidad pudiera explicarse en un universo holístico

Richard Tarnas, filósofo a contracorriente, reabre el debate sobre el alma del mundo en una nueva obra


Los fenómenos de sincronicidad han llamado la atención desde hace ya muchos años. Carl Gustav Jung, junto con su amigo Wolfgang Pauli, se preguntaron cuál pudiera ser su explicación. En realidad, se trata de uno de los muchos fenómenos –el principal es la “conciencia” en el mundo animal y humano– que dificílmente pueden hallar explicación en el marco de una visión reduccionista y desintegrada del Cosmos. Éste, sin embargo, mantiene su misterio, su “encanto” y el actual enfoque holístico –abriéndonos un nuevo campo de intuiciones y conjeturas– podría quizá guiarnos a vislumbrar el sentido de muchos de sus enigmas. Por José Luis San Miguel de Pablos.



Julie Tremblay
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“Estamos solos en un universo sin sentido, en el que somos unos extraños.” “La vida y la consciencia no son sino accidentes aleatorios, de extrema improbabilidad, sobrevenidos en un rincón de un cosmos sin alma ni significado.”

Párrafos como estos se han convertido en clásicos. A través de ellos y de otros similares se proclama la concepción del mundo que sigue predominando ampliamente en nuestra cultura de base científica. Pero ¿estamos seguros de que estas manifestaciones expresan conclusiones sólidas, y no simples apuestas de partida… o de travesía?

Porque también podría ser que, sobre la base de unos primeros resultados interpretados de forma superficial, el hombre moderno hubiese emprendido una deriva práctica que necesitase encontrar apoyo en una concepción como esta. La cual no sería, en suma, más que una coartada para poder seguir recorriendo, sin excesivas trabas psicológicas, un camino equivocado. Richard Tarnas, profesor de filosofía en el CIIS de California, donde dirige el programa “Philosophy, Cosmology and Consciousness”, sugiere que bien podrían ser así las cosas.

La obra de Richard Tarnas La pasión de la mente occidental (cuya edición original data de 1991, y que ha sido traducida a nuestro idioma, hace poco, por Atalanta) consiste, según él, en el tormento espiritual que supone tender sincera y hondamente a la verdad, por un lado, y hallarse, por otro, severamente limitado por los muros de una prisión en la que uno mismo se ha encerrado, y que no es otra que la percepción del mundo exclusivamente a través del prisma de su desencantamiento, convertido en dogma supremo de la Modernidad.

Pero ¿qué es, a fin de cuentas, ese famoso desencantamiento del mundo? Consiste, para decirlo en breves palabras, en la convicción de que la consciencia es ajena a la sustancia básica del universo, y de que, en consecuencia, éste es ciego, sordo, mudo…, en suma totalmente a-consciente y carente por completo de propósito (el cual, obviamente, sólo puede existir para alguna forma de consciencia).

Es, pues, esta idea profundamente asumida, de un mundo desencantado, la que caracteriza al hombre moderno, por encima de todo. Pero a la vista de los callejones sin salida, teóricos y prácticos, en los que dicho hombre se debate hoy, Tarnas –con mayor contundencia en su segundo libro, Cosmos y Psique (traducción española, Atalanta 2008)– se atreve a negar la mayor, y sugiere que tal vez el error está precisamente ahí.

¿Carece realmente de alma la Naturaleza? No deja de ser un dogma de la modernidad. Como anteriormente lo fue también, seguramente, la afirmación contraria, que asumió el Neoplatonismo y antes casi toda la filosofía de la Antigüedad, por no hablar de Oriente. Pero ¿se cuenta acaso con bases objetivas para posicionarse en contra o a favor del Alma del Mundo? (ya que tal es la fórmula, de tradición multisecular, que sintetiza lo que está en discusión). Indicios no faltan.

Argumentos contrarios

Veamos en primer lugar los que apuntan en contra:

1. El mundo físico macroscópico funciona claramente como un mecanismo gobernado por los principios de causalidad local y de continuidad espaciotemporal.

2. El mundo biológico posee indiscutiblemente una base física que, dada su escala espacial, debe seguir las leyes macroscópicas. Y ninguna energía imponderable, ningún “vitalismo sustancial”, puede ser invocado para explicar su funcionamiento.

3. El psiquismo, tanto humano como de los animales superiores, está ligado tan estrechamente a la dinámica neurológica que no cabe hablar de “alma” fuera del cerebro.

Estos tres indicios racionales han bastado para dar por zanjada la cuestión del Alma del Mundo, e incluso la del alma a secas, durante los últimos dos siglos. Y sin embargo…

4. En el mundo submicroscópico no se aplican los principios de causalidad local y de continuidad. Esto ha llevado a algunos físicos (minoritarios) a plantear que quizás la expresión misma “mecánica cuántica” sea inadecuada, desde el momento que resulta irreconocible como tal mecánica.

5. La no-localidad cuántica, en particular, está llena de consecuencias relevantes para la cuestión planteada. El fenómeno principal –aunque no el único– en el que se manifiesta es el “entrelazamiento” (entaglement) de las partículas que tienen un origen común o que, en algún momento, han integrado un mismo sistema. Para ellas el espacio intermedio parece no existir a efectos de transmisión de información (pero no de energía, cuyos “gránulos cuánticos” no pueden superar la velocidad de la luz). Surge, pues, la novedosa noción de una transmisión de información sin señales portadoras e instantánea.

6. La noción de neguentropía (o “entropía negativa”) pasa a ser al mismo tiempo el fundamento de la información (con la que de hecho se identifica) y de la vida o del nivel biológico. La neguentrópica “vida orgánica” no es sino materia altamente in-formada.

7. El “problema (científico y filosófico) de la consciencia” está lejos de haberse resuelto, pero se han producido avances. Resultados recientes indican que es una función neural holística y no localizada en un área cerebral concreta. Además, la idea de que sus manifestaciones superiores, vía entidades biológicas, precisan de alguna clase de coherencia cuántica (hipótesis Penrose-Hameroff) está ganando terreno.

Acontecimientos sincronísticos

Pero Tarnas no argumenta en base a estos temas, sino que se centra en una fenomenología que la mayoría de los científicos no admite pero que, en su opinión, no puede ser ignorada. Se trata de los acontecimientos sincronisticos, puestos de relieve por Carl-Gustav Jung y que el psicólogo-filósofo suizo estudió en colaboración con Wolfgang Pauli. La debilidad de la temática de la SINCRONICIDAD, de acuerdo al punto de vista de la ciencia, está en la no reproducibilidad a voluntad de este tipo de fenómenos (lo que la sitúa al margen del método científico…, sin que ello baste para concluir categóricamente que no existe).

Y su fortaleza reside en lo extendido de la impresión de haber vivido personalmente, en uno u otro momento, sucesos de este género. Es muy posible que el éxito editorial de Paulo Coelho se base, mucho más que en sus méritos literarios, en haberse convertido en el máximo defensor de la realidad de las “señales” (o sucesos sincronísticos), que no estarían reservadas para unos cuantos elegidos, sino a la democrática disposición de todo el mundo.

Pocas personas, a estas alturas, no habrán oido hablar nunca de “sincronicidades”. Para esos pocos, y para quienes no posean más que una información somera –y tal vez sesgada– al respecto, aclaremos que se trata de casualidades. Simples casualidades (en ningún caso “milagros”, “hechos paranormales” ni nada por el estilo) pero eso sí, portadoras o incluso creadoras de sentido para aquél que las vive. Incluso en algunos casos (que, en la forma extrema que adopta el que estamos a punto de contar, desde luego no son frecuentes, pero que genéricamente no son, ni mucho menos, raros) su ocurrencia cambia la vida o el rumbo de los individuos que las experimentan.

Tal fue lo que sucedió a la paciente de Jung que protagonizó la célebre anécdota del escarabajo dorado referida por el psicoanalista y que recoge Tarnas:

El problema de la sincronicidad me preocupa desde hace mucho tiempo, sobre todo desde que mis investigaciones sobre los fenómenos relacionados con el Inconsciente colectivo me hicieron tropezar una y otra vez con conexiones que ya no me era posible seguir explicando como meras acumulaciones de acontecimientos. Tratábase de “coincidencias”, pero tan significativamente conexas que su ocurrencia puramente “casual” representaba una improbabilidad que sólo podría expresarse mediante una magnitud inconmensurable. Citaré como ejemplo un caso de mi propia observación: una joven paciente tuvo, en un momento decisivo del tratamiento, un sueño durante el cual se le regalaba un escarabajo de oro. Mientras ella me relataba el sueño estaba yo sentado de espaldas a una ventana cerrada. De repente percibí detrás de mí un ruido, como si algo golpeara suavemente contra el cristal. Volviéndome, advertí que un insecto había chocado con éste desde fuera…, abrí la ventana y lo cacé al vuelo. Era la analogía más próxima de un escarabajo de oro que cabe encontrar en nuestras latitudes, una cetonia aurata, que evidentemente se había sentido impulsada –en contra de sus hábitos comunes– a penetrar en una habitación que en ese preciso momento estaba oscura. Debo admitir que ni antes ni después me ha sucedido un caso semejante.(…).

En este caso parece existir un fundamento arquetípico del acontecimiento sincronístico. Se trataba de un tratamiento extraordinariamente difícil, en el que, hasta el sueño en cuestión, no se había obtenido progreso alguno. La causa principal de ello residía en que mi paciente había sido educada en la filosofía cartesiana y se hallaba aferrada de tal manera a su rígido concepto de la realidad que ni los esfuerzos de tres médicos psiquiatras (yo era el tercero) habían podido ablandarla. Hacía falta evidentemente un acontecimiento “irracional”, y cuando el escarabajo llegó volando, el ser profundo de la paciente pudo romper la coraza. [siguen diversas consideraciones sobre el significado del escarabajo en la religión egipcia antigua]. (C.G. Jung, La interpretación de la naturaleza y de la psique, Paidós, pp. 30-31).

Se trató aquí evidentemente de una casualidad, no de ninguna clase magia, cosa que, por otra parte, jamás fue sugerida ni por Jung ni por Pauli. Lo que está en juego es otra cosa: ¿son determinadas casualidades de apariencia extraordinaria –o simplemente chocante– portadoras o generadoras de sentido para los individuos que las viven? Planteada así la cuestión, puede parecer absurda; pero sólo si se parte de una convicción previa, la misma que constituye el dogma central de la mentalidad moderna: que el universo es no-orgánico y ajeno, por ello, a la conciencia, que la organicidad se limita al segmento ínfimo que representa la vida biológica, mientras que la conciencia sólo está presente en el dominio todavía mucho más reducido de la vida humana.

Convicción cuestionada

Ahora bien, es justamente esta convicción la que está en entredicho.

Un acontecimiento exterior, vivido obviamente por alguien, por un cierto sujeto humano (y como tal, un dato fenoménico), se da en coincidencia con una determinada expectativa, o mejor, demanda de sentido, proyectada por ese ser humano; y el resultado es una eclosión de sentido surgida en respuesta a dicha demanda. Esta descripción, la más ajustada que he podido encontrar, de la sicronicidad jungiana, implica tres asunciones indudablemente fuertes.

La primera, que la conciencia (lo que hace que signifiquen algo palabras como “yo”, “tú”, “nosotros”, “felicidad”, “sufrimiento”, “amor” y… “significado”) no es algo periférico y prescindible en una concepción consistente del mundo, sino central e imprescindible. La segunda, que “lo noético” (no necesariamente focalizado en un yo autoconsciente: recuérdese la concepción general del inconsciente, y la específicamente jungiana del inconsciente colectivo) puede constituir el basamento de la Realidad.

Esto, que de paso podría explicar algunas paradojas cuánticas y proporcionar una mayor coherencia a las teorías del origen de la conciencia que apuntan a dicho territorio de la Física, converge con el monismo del Unus Mundus. En esta fórmula, recuperada por Jung hacia el final de su vida, se reencuentran el Uno neoplatónico y parmenidiano, el Brahman del hinduísmo y la Sustancia de Spinoza. La tercera asunción es que las dos anteriores, en vez de limitarse a lo puramente abstracto, despliegan consecuencias fenoménicas. Entre ellas, destacadamente, las sincronicidades.

Pero si el universo es orgánico-holístico e incluye como propiedades intrínsecas la conciencia y la informacion (Susceptible, esta última, de ser transmitida a cualquier punto focal del cosmos, por caminos en los que el áleas sólo es la condición que excluye el funcionamiento mecánico-determinista), entonces, cambiando de registro lingüístico pero sin apartarse ni un ápice del fondo de la cuestión, cabe entender que el universo “tiene alma”, y la fórmula ALMA DEL MUNDO queda de nuevo justificada, tal como sostiene Tarnas.

Una fórmula que no repugnaba en absoluto al teólogo platonizante francés Pierre Abélard quien, en el París del siglo XII, defendía la identidad del Espíritu Santo y el Alma del Mundo, sin que ello le procurase más sinsabores que una leve reprimenda (es muy probable que cuatro siglos después, las consecuencias para él hubiesen sido mucho más graves).

Una fórmula que no podía repugnar tampoco a Francisco de Asís, y que no era extraña a las concepciones del mundo de Giordano Bruno, Kepler y los filósofos del Romanticismo. Pero que sí era susceptible de contrariar, y mucho, el pan-mercantilismo en ascenso, de manera análoga a como la existencia de poblaciones aborígenes (cuya percepción de la Naturaleza “casualmente” era muy similar) estorbaba, en Norteamérica y en otras partes, la expansión del civilizado hombre blanco.


José Luis San Miguel de Pablos, doctor en Geología, Universidad Comillas, Madrid.



El lector interesado en esta temática de la sincronicidad puede seguirla con lecturas como estas: Jung, C.-G., Sincronicidad como principio de conexiones acausales. / Sobre sincronicidad, en Obra completa, vol. 8, Ed.Trotta, 2004; Meier, C.-A., Jung – Pauli. Intercambio epistolar 1932-1958, Alianza Editorial, 1996; Peat, D., Sincronicidad, Kairós, 1988; Tarnas, R., Cosmos y Psique, Atalanta, 2008; VV. AA., La sincronicidad. ¿Existe un orden a-causal?, Gedisa, 1993.



Lunes, 20 de Abril 2009
José Luis San Miguel de Pablos.
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Nota

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1.Publicado por �Alejandro Álvarez Silva el 20/04/2009 17:35
Nuevo tema interesante, que necesita de muchos más estudios para llegar a alguna conclusión, eso sí, ahora parece entrar en el campo de lo posible. Ánimo para seguir en esta línea que desde luego amplía conocimientos y está en la onda de nuestro Paradigma de "Simbiotica´s Blog" (http://simbiotica.wordpress.com/). Saludos.
Alejandro Álvarez

2.Publicado por mvr1981 el 25/04/2009 01:55
Si N = {[Para Todo]}[Por lo Tanto] [Para Todo] U ==> U [Incluido en] N ^ [Para Todo] x [Tal Que] x [Pertenece a] N ==> x [Pertenece a] [Por lo Menos un] U.-

N = Naturaleza
U y U': Universos
x = "Cualquier cosa posible de existir"

:)

3.Publicado por Cornelio Gonzalez el 07/05/2009 18:13

Respecto a la causa de un desengaño fundamental del hombre de ciencia – y por obligada extensión al hombre común –, respecto a los resultados del método científico, se expresa así el autor de este artículo:

“La obra de Richard Tarnas (cuya edición original data de 1991, y que ha sido traducida a nuestro idioma, hace poco, por Atalanta) consiste, según él, en el tormento espiritual que supone tender sincera y hondamente a la verdad, por un lado, y hallarse, por otro, severamente limitado por los muros de una prisión en la que uno mismo se ha encerrado, y que no es otra que la percepción del mundo exclusivamente a través del prisma de su desencantamiento, convertido en dogma supremo de la Modernidad”.

Y a continuación nos explica:

“Pero ¿qué es, a fin de cuentas, ese famoso desencantamiento del mundo? Consiste, para decirlo en breves palabras, en la convicción de que la consciencia es ajena a la sustancia básica del universo, y de que, en consecuencia, éste es ciego, sordo, mudo…, en suma totalmente a-consciente y carente por completo de propósito (el cual, obviamente, sólo puede existir para alguna forma de consciencia). Es, pues, esta idea profundamente asumida, de un mundo desencantado, la que caracteriza al hombre moderno, por encima de todo”.

Y enseguida hace una pregunta crucial – que resalto en mayúsculas – y que también es contestada con un breve comentario, el cual resume la respuesta que sobre el tema ofrece la ciencia contemporánea y que, de acuerdo al criterio de San Miguel de Pablos y que comparto plenamente, sería la causa de este “desencantamiento” que del Mundo que lo rodea y le da albergue, tiene el hombre de hoy:

“¿CARECE REALMENTE DE ALMA LA NATURALEZA? No deja de ser un dogma de la modernidad”.

El tema que he resaltado en mayúsculas constituye la idea central de mi ensayo electrónico ¿Hombre = Cosmos?, ensayo en el cual planteo de modo concreto la posibilidad de que sea precisamente una elemental y aritmético-decimal Ley de UNIDAD, con capacidad de TOTALIZAR en sí mismo al Mundo (y en consecuencia, también de TOTALIZAR en sí mismo al HOMBRE en Él inmerso) . Como consecuencia de ello,se daría igualmente la facultad de restituir en nosotros ese perdido” encantamiento”, cuando poco a poco vamos entendiendo y comprendiendo a través de todas y cada una de nuestras respectivas terrenales experiencias, el hecho palmario de que el Cosmos que habitamos ha sido literalmente hecho a nuestra medida y semejanza*. La manera cómo esto puede suceder, la explico muy sucintamente en el resumen del Capítulo 3 de mi ensayo ¿Hombre = Cosmos? y que textualmente trascribo:

3- El Hombre Cósmico: ¿microondas cósmicas más microondas orgánicas?

Página 34 y siguientes. ¿Existe para el HOMBRE un “software” cósmico que lo TOTALIZE en UNO? La respuesta puede estar oculta en las leyes físicas que permiten las comunicaciones electromagnéticas. Toda comunicación de este tipo necesita dos tipos de onda: una onda portadora de la información y otra onda que la modula es decir que “esculpe” a la onda portadora dándole la “forma” específica de todos y cada uno de los mensajes informáticos. La relación matemática entre las frecuencias de una y otra debe ser “armónica”, es decir que la frecuencia de la onda que modula deber ser siempre un submúltiplo de la frecuencia de la onda portadora. El sentido de esta condición es permitirle a la onda moduladora “ensamblarse” perfectamente a la onda portadora con muy pequeños cambios “armónicos” en su frecuencia. Pero son precisamente esas pequeñísimas alteraciones en la frecuencia de la onda moduladora lo que le permite “codificar” el mensaje sobre la “topografía” de la onda portadora, la cual, una vez codificada y viajando al 0.9999...∞ de la velocidad de la luz C= 1, se irradia hacia el espacio circundante. Ahora bien, el físico Herberth Fröhlich descubrió en 1968 que (cito a Roger Penrose en su libro: Las Sombras de la Mente): “...debería haber efectos vibracionales dentro de las células activas, que resonarían con la radiación electromagnética de microondas, a 10 a la 11 hertzios (Hz), como resultado de un fenómeno de coherencia cuántica biológica. En lugar de necesitar una temperatura baja, los efectos aparecen a partir de la existencia de una gran energía de impulso metabólico. Existe ahora alguna evidencia observacional respetable en muchos sistemas biológicos, precisamente para el tipo de efecto que Fröhlich había predicho”. Mí propuesta entonces tiene mucha lógica: la radiación de fondo cósmico de los 3˚Kelvin es también una radiación de microondas de 10 a la 11 Hz, cuya principal característica es que cubre a la TOTALIDAD del Universo. Ahora bien, si el “hardware” metabólico de nuestras células también produce microondas de 10 a la 11 Hz pero que varían en su frecuencia por efectos tan dispares como el tipo de alimentación, ausencia o presencia de azúcar en la sangre, o lo que es más determinante: por el estrés emocional del diario vivir que induce microvariaciones infinitas en el particular metabolismo celular de cada uno de nosotros, con la consecuente microvariación, también infinita, en las frecuencias de emisión celulares, no es entonces para nada descartable la posibilidad de que nuestras microondas celulares, de modo involuntario, automáticamente se conviertan en moduladoras “ondas “armónicas” que como bosón-(par: fermión-antifermión) y para la eternidad, “graben” a la “cinta-onda” portadora que cubre a la TOTALIDAD UNIFICADA del Cosmos, con nuestro gradiente de conciencia, y con la impronta de nuestra personalidad, (con nuestras moduladoras microondas celulares “que resonarían con la radiación electromagnética de microondas, a 10 a la 11 hertzios” diría con propiedad Roger Penrose). Por ahora, mientras vivimos en carne y hueso la terrenal experiencia, solo “grabamos” en la onda portadora, pero después de morir ingresaremos al interior de la ya “grabada” portadora “cinta-onda” de los 3˚Kelvin e interactuaremos con nuestros propios actos, esculpidos en ella como una doble impresión de mutuos reflejos especulares, gobernados por la(s): desequilibrada termodinámica de emisión en tanto que fermión-antifermión y/o equilibrada termodinámica de absorción en tanto que bosón, intrínseca(s) a la naturaleza de la radiación de fondo cósmica de los 3º Kelvin. La conciencia así obtenida, – si es que en verdad hemos logrado, con sabiduría equilibrar--desequilibrar nuestra experiencia vital – se habrá transformado ya en una auténtica SUPERCONCIENCIA, termodinámicamente equilibrada--desequilibrada en y por la UNIDAD y por ello, eterna e infinita. El sendero investigativo y científico que nos queda por recorrer para corroborar esto, es largo y estará lleno de obstáculos; pero me queda una duda amable lector: ¿he podido sembrar en usted esta profunda inquietud?
........................................................................................
* Y es que no debería ser otro el trabajo a cumplir en todas y cada una de nuestras vitalconscientes terrenales experiencias

4.Publicado por Cornelio Gonzalez el 13/05/2009 02:14
En relación con el enigma de los sucesos sincrónicos y sobre los cuales Carl Gustav Jung, junto con su amigo Wolfang Pauli, se preguntaron cuál pudiera ser su explicación” y la cual, según el autor de este artículo podría encontrarse en un universo gobernado por normas holísticas, es decir, por normas de TOTALIDAD, quiero presentar ahora al lector el resumen del Capítulo 4 de mi ensayo “Hombre = Cosmos” en donde expongo, de acuerdo con los criterios por mi investigados, los factores que constituyen a la LEY fundamental de la Naturaleza, entendida ésta última como una UNIDAD con capacidad de TOTALIZARSE en y por y por si misma, UNIDAD que por supuesto nos incluye a nosotros, los seres humanos:

4- La Ley: Equilibrio Simétrico-Desequilibrio Asimétrico de la UNIDAD.

Página 41 y siguientes. No es una simple coincidencia que sean el 1 y el 2 los dos primeros números del Sistema de Numeración Decimal y también que sean dos, los tipos estadísticos más elementales de partículas subatómicas: a) el par fermión-antifermión y b) el bosón. Pero las coincidencias van más allá: mientras en el par fermión-antifermión la contabilidad que los regula se basa en 1/2 = 0.5, la contabilidad del(los) bosón(es) se fundamenta en la operación contraria: 2/1 = 2. Esto significa que entre fermión-antifermión y bosón(es) existe una mutua reciprocidad inversa dentro de la UNIDAD que los TOTALIZA dado que 2 × 0.5= 1, relación inversa que nos obliga a referirnos al bosón pero en función del par fermión-antifermión y/o a la inversa: cuando hablamos de bosón es en función del par fermión-antifermión que lo debemos hacer Otra manera de entender lo mismo, es ver la UNITARIA relación recíprocamente inversa entre el perfecto equilibrio en la simetría y continuidad propia del bosón y un consumado desequilibrio en la asimetría y discontinuidad intrínseca al par: fermión-antifermión. La natural dinámica de UNIDAD, propia del par: equilibrio simétrico del bosón - desequilibrio asimétrico entre el par fermión-antifermión, debe ser manejada entonces como la Ley básica de la UNIDAD que TOTALIZA a la Naturaleza, incluyéndonos en Ella, nosotros, los seres humanos.

Quiero poner especial énfasis el siguiente parágrafo:

“…la UNITARIA relación recíprocamente inversa entre el perfecto equilibrio en la simetría y continuidad propia del bosón y un consumado desequilibrio en la asimetría y discontinuidad intrínseca al par: fermión-antifermión”

Explico:

Si en términos de tal UNITARIA relación se acepta a la ahora complementada frase: “…un perfecto equilibrio en la simetría y continuidad propia de la ondulatoria energía relativista del bosón…” en tanto que una sinonimia de sincronía, es decir, de diversidad de sucesos acaeciendo al mismo tiempo (léase:“intemporalidad” * ), nos veremos obligados a aceptar al no por eso menos UNITARIO y “temporal” procedimiento inverso que como 1/2= 0.5 identifica a una de las dos másico-relativistas polaridades eléctricas (fermión) - y consecuentemente al “otro” 1/2= 0.5 entendido como la “otra” másico-relativista polaridad eléctrica (anti-fermión) -.Y es una “temporalidad” por cuanto fermión y antifermión no pueden existir al mismo tiempo en el mismo espacio, viéndonos por ello obligados a aceptar a un consumado desequilibrio en la asimetría y discontinuidad intrínseca al másico-relativista par: fermión-antifermión.

Desde el punto de vista expresado en el anterior parágrafo “…las “coincidencias”, tan significativamente conexas que su ocurrencia puramente “casual” representaba una improbabilidad que sólo podría expresarse mediante una magnitud inconmensurable…” y con las Jung trata de definir a las sincronicidades que en más de una oportunidad se hicieron presentes en su actividad como psicoterapeuta, muy bien podrían ser descritas estas como una “...diversidad de sucesos acaeciendo al mismo tiempo (léase:“intemporalidad”)…” y ello en función del “…perfecto equilibrio en la simetría y continuidad, propia de la relativista energía ondulatoria del bosón.

……………………………………………..

* “Intemporalidad” y ello según la fórmula 2/1= 2, en donde el número primo 2, en tanto que cociente 2, identifica a la intemporal continuidad y simetría entre los dos polos magnéticos del bosón.

5.Publicado por Anonimo el 25/08/2011 01:10
Me parece mentira que en una epoca en la que hemos podido leer experiencias tan maravillosas como las que vivio Carlos Castaneda, y afortunadamente nos enseño, nos planteemos la opcion de: ¿cambiara un evento sincronico y coincidente el modus operandi de un individuo segun sus creencias o consideraciones?. Es una pregunta digna del mas pragmatico de los cerebros, y para mi sinceramente, el mas cobarde de todos. El mundo esta vivo, y tan solo pensar que un elemento tan extraordinario como el del escarabajo es mera coincidencia sin significado, apañados vais. He VISTO cosas que derrumban con la mayor violencia todo el cientificismo en el que estais sumergidos y que solo os permite pensar en terminos de "leyes a las que servimos".

NO HAY LEYES, las leyes solo se fundamentan en nuestra importancia personal, y en la fijeza de nuestros esquemas.

De hecho he llegado hasta esta pagina, porque llevo una semana con una sincronidad asombrosa con determinada secuencia de numeros. Cada noche mientras escucho musica o veo la tele, del modo mas desentendido y relajado, miro la hora con la idea de "me voy a acostar", y ahi esta la secuencia bien ordenadita. Se que no es coincidencia, pero aun no se que quiere decir.

Saludos!

6.Publicado por Beatriz Basenji el 25/08/2011 17:18
Los seres estamos dotados para percibir el ALMA DEL MUNDO. Esa "alma del Mundo" se está manifestando a través de la Naturaleza permanentemente. Los mismos cazadores comentan lo difícil que resulta poder cazar algún ejemplar, porque,apenas ellos arriban al sitio escogido,las aves del lugar lanzan la voz de alarma y de inmediato los demás animales obran en consecuencia. No frecuentan las aguadas.Permanecen con sus sentidos vigilantes y guarecidos en aquellos lugares que son sus refugios naturales. Hay entre los cazadores ciertas consignas. No cazar elefantes.Conozco personalmente una persona que desafió ese tabú y cazó un elefante en Africa. Cuando regresó a su casa, se encuentra con que su hijito de menos de un año, está muy grave. El mismo lo toma en sus brazos y el niño muere. Se cumple lo que la Ley no escrita marcaba para los cazadores.
Continuamente estan sucediendo sincronicidades. Una noche recordé al actor Roberto Benigni. A la mañana siguiente me entero que había tenido un récord extraordinario de audiencia en el programa "Vieni vía con me" y esa misma tarde, mis chicos junto a dos compañeros se pusieron a ensayar el tema de "La Vida es Bella", por la cual Benigni obtuvo el Oscar.

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