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La sociedad del conocimiento deja paso a la del Reconocimiento

Sus procesos están en la base del funcionamiento de Internet y amenazan a la propiedad intelectual


El encuentro Autrans 2004, dedicado a los conocimientos de Internet, ha sido el escenario en el que el prospectivista francés Thierry Gaudin desarrolló una ponencia sobre las claves de la sociedad cognitiva. Gaudin señala que ya no estamos en la sociedad del conocimiento porque la economía cognitiva es una economía del Reconocimiento, que precede al conocimiento y que es ante todo un reconocimiento de uno mismo. Esta realidad afecta no sólo a los humanos, sino también a las máquinas y a los colectivos. Sus procesos están en la base del funcionamiento de Internet y amenazan a la columna vertebral de la era del conocimiento: la propiedad intelectual. Por Daniel Kaplan.





Robótica. Anne Monti 1998.
Robótica. Anne Monti 1998.
Robótica. Anne Monti 1998.
Robótica. Anne Monti 1998.
Thierry Gaudin, prospectivista, presidente de Prospective 2100, impresionó al auditorio de Autrans 2004 al pronunciar la conferencia inaugural.

Poniendo en perspectiva cuestiones como la del bien común, la cooperación y la apropiación social, propuso algunos temas de reflexión que deberían acompañarnos mucho tiempo: el de la sociedad del reconocimiento (mejor que la del conocimiento), el del lugar de los “comunes” y de la propiedad intelectual, así como el de las crisis pasadas y futuras de la sociedad del conocimiento.

Si queremos que la población mundial alcance el equilibrio con el planeta, será necesario que quedemos sólo tres mil millones de habitantes dentro de dos siglos. Este escenario no tiene en cuenta ciertas evoluciones tecnológicas previsibles, como la de habitar los mares. Pero plantea la cuestión de nuestras relaciones con la naturaleza.

Entonces deberíamos considerar la naturaleza como un jardín y al hombre como un jardinero. Pero los conocimientos de la naturaleza no son los del hombre urbano. Para conocer la naturaleza hay que vivir cerca de ella y constituir un patrimonio común de conocimientos sobre la naturaleza.

Hacia la civilización cognitiva

Entramos en otro mundo, una civilización cognitiva, aunque recordemos que África, el Medio Oriente, Sudeste Asiático y el norte de América Latina no llegan todavía a tener 10 líneas de teléfono por cada 100 habitantes.

Sin embargo, se aprecia que los países que han pasado este umbral han basculado de regímenes autoritarios a regímenes democráticos, porque la red ya no permite un control centralizado. Tratándose de Internet, el 10% de la población mundial se ha conectado en 2002, aunque no en todas partes.

Sin embargo, se constata que desde septiembre de 2002, el recuento de Internet (NUA) no se ha vuelto a actualizar. ¿Por qué? Porque cada vez es más difícil contabilizar el número de internautas debido a los spams, los firewalss y a la opacidad en la que generalmente se desarrolla la expansión de Internet.

La mundialización tampoco es un fenómeno nuevo. De hecho ya ha habido muchas mundializaciones: la de la ruta de la seda (hoy se piensa en crear una ruta de fibra óptica); la segunda mundialización “marina”, la de Cristóbal Colón (aparición de los mapas). La mundialización de Internet, de naturaleza digital, es la tercera.

Nuestro análisis de las sociedades contemporáneas es un análisis de transformación de los sistemas técnicos, que cambian con muy poca frecuencia. La anterior transformación a la actual fue la de la revolución industrial.

En la actualidad discurre la revolución cognitiva, cuyo sustrato técnico cruza la ecología, la biotecnología y la opto electrónica, la electricidad y los polímeros, formando las nanotecnologías una especie de intersección. Esta revolución está todavía en sus inicios.

Estas pistas tecnológicas están unidas entre sí. Es verdad, no sólo desde el punto de vista científico con las nanotecnologías, sino también con la acción: ¿cómo pueden las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) contribuir al equilibrio entre el hombre y la naturaleza?

¿Sociedad del reconocimiento o de la desinformación?

Algunas cifras deben ayudarnos a reflexionar:

Unicode permite codificar 65.000 signos. Es insuficiente para codificar todos los signos de las 6.700 lenguas del planeta.

Una lengua contiene en total 60.000 palabras, de las que 6.000 se usan corrientemente.

El Universo tecnológico cuenta con 6 millones de referencias.

Se han contabilizado entre 6 y 30 millones de especies animales y vegetales...

Y por su lado, los ingenieros y directivos encierran en 400 palabras una realidad que se diluye en el lenguaje. Toman el poder para forzar una reducción del vocabulario.

Hoy no estamos en una sociedad del conocimiento, sino en una sociedad de la desinformación alucinógena. Sin embargo, la economía clásica implica agentes informados, lúcidos, vigilantes y racionales.

La economía cognitiva es ante todo una economía del Reconocimiento. La noción esencial en la revolución cognitiva no es el conocimiento, sino el reconocimiento (que precede al conocimiento, como dice Piaget en su obra "La construcción de lo real en el niño".

Esto es verdad no sólo para los humanos, sino también para las máquinas, los colectivos... El reconocimiento es ante todo un reconocimiento de uno mismo. Son estos procesos los que están en la base del funcionamiento del Internet. Por eso hay que interesarse por el reconocimiento y sus procesos.

¿Qué “comunes” en la sociedad cognitiva?

Es preciso reconquistar los “comunes” porque no existe sociedad sin comunes: pastos comunales en una sociedad agraria, infraestructuras de transporte en una sociedad industrial.

En la sociedad cognitiva, ¿cuáles son los “comunes”? Por ejemplo, los conocimientos de los vegetales y los animales, los conocimientos necesarios para la higiene (por ejemplo, la apertura al público del portal de Internet Vidal, que informa sobre productos farmacéuticos, al que se han opuesto los médicos); los resultados de los ensayos realizados con productos comerciales (por ejemplo el laboratorio nacional de ensayos)...

¿Cuáles son las informaciones que deberían ser comunes o compartidas:

Las normas: el hecho de que sean a la vez obligatorias y de pago es escandaloso. Por lo que respecta a las normas jurídicas, la puesta en línea de los Juegos Olímpicos de 1990 por Adminet, la web administrativa y ciudadana, fue un verdadero acto de “reconquista”

Las estadísticas, las imágenes de satélites (hoy comprados por los agricultores para prever las hambrunas e identificar así los próximos mercados lucrativos), las imágenes médicas...

B[El lugar de la propiedad intelectual]b

En la sociedad cognitiva, se asiste también a una modificación de los “territorios”, de las posesiones estratégicas. En la civilización agrícola, lo importante era la posesión de la tierra. En la sociedad industrial era el capital. En la sociedad cognitiva lo importante es el lugar que se ocupa en lo mental, de ahí la batalla por la propiedad intelectual, las frecuencias...

Es más, en materia de propiedad intelectual, se asiste a una lógica winner takes all (todo para el vencedor). Estamos así en un capitalismo de la desmesura: la fortuna de la familia Walton (Wal-Mart) es equivalente al Producto Interior Bruto de Egipto... Los derechos de autor han jugado un papel central en la constitución de las principales fortunas mundiales.

La reconquista de los comunes plantea entonces la cuestión de la propiedad intelectual. En Internet, esto se refleja en el debate sobre los estándares, los programas libres, los lenguajes...

Respuestas oficiales y oficiosas a las crisis

Cuando una sociedad cambia de sistema técnico, como de hecho ya ha ocurrido, vive un proceso lento que viene acompañado de una crisis de juventud.

Al principio, la tecnología presta sus servicios, y eso no plantea ningún problema. Después comienza a tener consecuencias sobre el empleo, desencadenando así una crisis social.

Las respuestas oficiales al Siglo XIX: los grandes trabajos y la educación para todos. En los siglos XX y XXI: Internet para todos.

La respuesta de los menos favorecidos es diferente: por ejemplo, los sistemas de intercambios locales (SEL). Pero más ampliamente, desde la autonomía rural a los programas libres, lo que se pretende es una especie de capitalismo con rostro humano.

Se puede pensar, en prospectiva, que el Siglo XXI vivirá tres períodos diferentes, de alrededor de 40 años cada uno de ellos:

1980-2020 : desarrollo de las diferentes etapas de la sociedad del espectáculo

2020-2060 : la sociedad de la educación y de los grandes trabajos, que reproducirán los modos de la revolución industrial

2060-2100 : la sociedad de la creación, o “del homo Coca-colensis al Homo Sapiens”...

¿Qué guerra en la economía del conocimiento?

Antiguamente, lo esencial de las batallas era la posesión del territorio. Las batallas capitalísticas son diferentes: originan muertos, pero no de la misma forma, salvo las guerras por el aprovisionamiento de materias primas, que son las guerras actuales.

También se da hoy una batalla abstracta que bascula en torno a la propiedad intelectual: la vemos desarrollarse ante nuestros ojos, por los contenidos, los estándares, las patentes...

La gran cuestión es saber si el movimiento hacia la libertad que representa la difusión a través de Internet va, o no, a favorecer el hundimiento del sistema de propiedad intelectual.

Es en este terreno en el que se sitúa la batalla, cuyo desenlace se desconoce. Es una batalla costosa (particularmente en honorarios de abogados): el precio para entrar en una demanda ante los tribunales americanos frente a una falsificación evidente es de dos millones de dólares. ¿Es un precio asequible para las pequeñas empresas o para los no americanos?



Artículo publicado originalmente por la Fundación Internet Nueva Generación Fing. Se reproduce con autorización del autor, Daniel Kaplan, y del conferenciante, Thierry Gaudin.


Domingo, 4 de Abril 2004
Daniel Kaplan
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