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“La tempestad”, de William Shakespeare, llega con Barco Pirata

La joven productora aborda la obra con creatividad escénica y borbotones de ingenio humorístico


El texto de Shakespeare “La tempestad” alcanza un alto contenido escénico de la mano de la joven compañía de teatro Barco Pirata, bajo el compromiso del creativo Sergio Peris-Mencheta. Intensidad en todas las escenas, uso imaginativo de los elementos materiales o espléndida introducción de la música en vivo acaban ejerciendo un hipnótico sortilegio sobre el espectador. Una función imprescindible para la formación de seres humanos. Por gärt.




Imagen: Antonio Vicente. Fuente: Teatro Alhambra de Granada.
Imagen: Antonio Vicente. Fuente: Teatro Alhambra de Granada.
Cuando hablamos de Shakespeare‎ da la sensación de que el imaginario colectivo tiene omnipresente aquellos monólogos lapidarios de sus tragedias, e incluso esos finales sanguinolentos donde muere hasta el apuntador, sin pararnos a pensar en la enorme trascendencia que siguen teniendo las comedias mágicas, El sueño de una noche de verano y La tempestad (las predilectas de Lorca, dicho sea de paso), donde están ocultas las cargas de profundidad más efectivas de todo el teatro shakespeariano.

Además de la belleza poética y del universo fantástico donde el Bardo de Avon ubica sus textos, gran parte de la virtud de ambas obras reside en lo que ocultan. Aquello que, por razones coyunturales, subyacía entre los hermosos alardes líricos del genial dramaturgo.

Bajo la apariencia de una comedia de enredo amoroso estructurada en forma planos superpuestos y aderezada con oportunas apariciones de trasgos, hadas y duendes, El sueño de una noche de verano contiene una verdad terrible: el amor es producto del azar.

De esa manera, y dadas las posibilidades combinatorias en lo que al sentimiento se refiere, no ocurre con la deseada frecuencia que amemos a la criatura que más nos conviene. Y eso, que parece cuestión baladí, suele acabar mal en la mayoría de las ocasiones.

Digamos, por aquello de los lugares comunes, que El sueño de una noche de verano es un lindo bizcocho empapado en vitriolo y virtuosamente cubierto de merengue.

De igual manera, La Tempestad es un bellísimo cuento sobre el perdón y la reconciliación, que en realidad desliza una fuerte autocrítica hacia la actitud despótica de la metrópoli con respecto a sus colonias.

Próspero, el singular demiurgo que cumple su exilio en una isla perdida junto a su hija Miranda, sojuzga sin la menor piedad a Calibán, legítimo propietario de aquel trozo de tierra, además de esclavizar a Ariel, el duende mágico del cual se vale para ejercer su poder sobre todo lo que le rodea.

Porque, efectivamente, el poder de Próspero, se basa en el uso arbitrario de la magia; una magia que podría ser metáfora de la ciencia y el progreso occidentales aplicados para la explotación de ese tipo de recursos tan frecuentemente ubicados en predio ajeno.

Shakespeare exploró como ningún otro dramaturgo en los vericuetos de la condición humana; tanto en su lado perverso como en sus pequeñas grandezas (que haberlas haylas). El personaje central, Próspero, encarna aquí el lado más oscuro de los imperios, envuelto en una apariencia magnánima, y relativizado por su condición de víctima de las maquinaciones políticas de sus rivales.

Próspero, el hombre entregado a la magia del saber, es al mismo tiempo un arquetipo necesario del mundo civilizado, que insiste en domesticar al resto de la humanidad aunque eso suponga la total extinción de pueblos, culturas y formas de vida que, por lo general, solían desarrollarse en armonía con la naturaleza. Su existencia real está en nosotros mismos.

Porque nosotros somos trasunto de Próspero en la medida que a todos nos convienen esas mismas alambradas -cínicamente bautizadas con el pomposo nombre de "concertinas"- donde se desangran los desposeídos y se ahogan los desesperados.

A pesar del dilema, una función imprescindible

El texto de Shakespeare alcanza un alto contenido escénico de la mano de la joven compañía de teatro Barco Pirata‎, bajo el compromiso del creativo Sergio Peris-Mencheta, cuya propuesta nos sumerge en los entresijos de la creación teatral por medio de un ritmo vertiginoso y la efectiva superposición de planos metateatrales.

Quizá esa mismo ritmo -en ocasiones virtuosamente enloquecido- sea el factor que deja en evidencia la falta de acción dramática de los pasajes centrales. Porque, a diferencia de El sueño de una noche de verano, esta Tempestad no basa su eficacia en el entrecruce de pequeñas historias que van a confluir en un final común.

En este caso -también basado en una estructura coral- la acción queda en suspenso en beneficio de las motivaciones individuales de cada uno de los personajes. No hay aquí un compendio de historias cuya interdependencia estimula la atención del respetable. En La Tempestad los personajes confluyen únicamente en el imaginario de Próspero, y solo a él corresponde la responsabilidad de desfacer su propio entuerto.

Tal vez por ese motivo, la agilidad escénica no es suficiente para paliar el adormecimiento que pueden producir ciertos pasajes claramente marcados por la ausencia de acción dramática.

Un dilema que, dicho sea de paso, apenas llega a desvirtuar la fantástica puesta en escena de uno de los mejores equipos que pisan y agitan nuestros escenarios. Pues la intensidad de todas y cada una de las escenas, el uso imaginativo de los elementos materiales, la sutil ósmosis entre la realidad del trabajo actoral y la ficción de la obra, así como la espléndida introducción de la música en vivo, llegan al punto de ejercer un hipnótico sortilegio sobre un espectador, que apenas dispone de espacio para el distanciamiento.

Para ese tipo de reflexiones, juicios y críticas de andar por casa, existen el bar de la esquina, que es, precisamente, el sitio donde estoy redactando la presente.

Una función imprescindible para aquellos padres y docentes que todavía creen en la idoneidad del teatro para la formación de seres humanos que, el día de mañana, deberían ser mucho más que buenos profesionales, eficaces usuarios y leales contribuyentes.

Referencia:

OBRA: La tempestad
AUTOR: William Shakespeare
DIRECTOR: Sergio Peris-Mencheta
COMPAÑÍA: Barco Pirata
LUGAR y FECHAS: TEATRO ALHAMBRA (GRANADA), días 7 y 8 de febrero de 2014.
PRÓXIMAS REPRESENTACIONES: Las Palmas de Gran Canaria, 16 y 17 Mayo de 2014; Tenerife, 26 y 27 de septiembre; Teatro Guimerá de Gijón, 26 de octubre de 2014.


Jueves, 20 de Febrero 2014
gärt
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