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Las aves marinas son atraídas por el olor del plástico en descomposición

Al confundirla con el plancton, albatros, petreles y pardelas cometen un error fatal


Las aves marinas son atraídas por el olor del plástico en descomposición, que huele como el plancton, ha descubierto un estudio. Analizando el comportamiento de albatros, petreles y pardelas, se constató que las especies que utilizan el olor para alimentarse son hasta 5 y 6 veces más inclinadas a comer plásticos, cayendo en una fatal trampa olorosa.





Halobaena caerulea en vuelo. Foto: John Harrison. © Regents of the University of California, Davis campus.
Halobaena caerulea en vuelo. Foto: John Harrison. © Regents of the University of California, Davis campus.
El plástico en descomposición tiene el mismo olor que el plancton y atrae por ello a los animales marinos. Además, muchas veces los animales marinos lo confunden con sus presas habituales, como las medusas o partículas orgánicas, llevándoles a cometer errores que resultan fatales para sus vidas.

Así lo pone de manifiesto un estudio dirigido por Matthew Savoca y su equipo de la Universidad Davis de California, que se publica este mes en Science Advances, y del que informa la citada universidad en un comunicado.  

Hasta ahora se creía que los pájaros sencillamente confundían el plástico con alimento, pero este estudio ha profundizado en este proceso estudiando especialmente la experiencia de las aves marinas, las más afectadas por este flagelo.

En 2014, un cuarto de billón de toneladas de plástico flotaban en los océanos, impactando a más de 200 especies de peces, mamíferos marinos, reptiles y aves. Hace 50 años, destacan los autores del estudio, apenas había plásticos en el medio ambiente. En la actualidad, se encuentra en todos los océanos, lagos y ríos.

Comparación asombrosa

Para descubrir el mecanismo que lleva a las aves marinas a consumir plásticos, los investigadores colocaron tres tipos de plástico en pequeñas bolsas de tela (para impedir que pudieran ser ingeridos) en las bahías californianas y a continuación compararon su composición química con la del plástico limpio.

De esta forma descubrieron que el plástico en descomposición en el océano produce un compuesto químico, conocido como sulfato de dimetilo o dimetil sulfuro (DMS), presente en los alimentos de nuestra dieta y también en el zooplancton.

El DMS es producido en el ecosistema marino por la descomposición de algas y de fitoplancton cuando son ingeridos por el zooplancton, especialmente el krill. Algunas aves marinas, como los albatros, petreles y pardelas, son capaces de detectar este olor aunque sea a distancia debido a su fisiología, lo que les permite localizar fácilmente su alimento natural.

Los científicos reunieron datos de 55 estudios sobre 13.350 aves, de las que 25 eran de la familia de los albatros, petreles y pardelas (procellariiformes) y constataron que el 8 por ciento de las especies no sensibles al DMS comían plásticos, frente al 45 por ciento de las especies sensibles a este compuesto químico.

Las especies que utilizan el olor para alimentarse son hasta 5 y 6 veces más inclinadas a comer plásticos que las especies que habitualmente no consumen DMS, según los investigadores, para quienes el plástico constituye toda una trampa olorosa. Gracias a este estudio, los científicos esperan que los pájaros sean mejor protegidos en el futuro.

Los plásticos poseen numerosos compuestos químicos asociados que absorben las toxinas del agua. Una vez ingerido, puede provocar un bloqueo de los intestinos y dañar los órganos internos.

A corto plazo, la ingestión de plástico proporciona una sensación de saciedad en el animal que le lleva a no comer más, explican los investigadores. Y como el plástico no tiene ningún valor nutritivo,  estos animales mueren de hambre.

Diversas proyecciones realizadas en 2015 han llegado a la conclusión que el 99 por ciento de los animales marinos estudiados comerán plásticos de aquí al año 2050.

Referencia

Marine plastic debris emits a keystone infochemical for olfactory foraging seabirds. Science Advances  09 Nov 2016: Vol. 2, no. 11, e1600395. DOI: 10.1126/sciadv.1600395


Martes, 15 de Noviembre 2016
Redacción T21
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