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Martes 06 Enero 2009
1:17
Tendencias 21
No sabemos lo que nos pasa y eso es lo que pasa. Ortega y Gasset.


Los niños de cuatro años tienen ya un pensamiento científico

Actúan como si los acontecimientos fueran causales y no aleatorios


Un niño de cuatro años infiere de manera natural que un efecto determinado debe tener una causa, aunque ésta no aparezca ante sus ojos. Más proclives a creer que debe haber una explicación para lo que observan que a pensar que los sucesos son aleatorios, estos niños tan pequeños han demostrado, mediante una del MIT, que la capacidad de deducción es parte de la naturaleza humana. Además, existe en ellos un interés por conocer qué razones ocultas hacen que las cosas sucedan. Por Marta Morales.



OCL
El pensamiento científico forma parte del pensamiento humano desde la infancia, señala un estudio realizado por investigadores del cerebro del Instituto Tecnológico de Massachussets. Al parecer, incluso los niños en edad preescolar esperan que el mundo funcione según las leyes de causa/efecto y, si estas leyes fallan, suponen de manera espontánea que debe haber una razón para ello, aunque la desconozcan.

El estudio ha sido publicado por la revista Child Development con el sugerente título de Dios no juega a los dados: determinismo causal y deducciones causales en preescolares. El MIT ha explicado a su vez el descubrimiento en un comunicado.

Búsqueda de sentido

Para los niños, los sucesos impredecibles y sorprendentes deben tener alguna explicación. Su forma de jugar y de explorar el mundo que los rodea muestra que creen que existen las relaciones de causa-efecto, así como leyes fundamentales que gobiernan la realidad. Y, como asumen que dichas leyes funcionan, éstas afectan a sus propias acciones, así como a su comprensión.

Además, sus suposiciones les ayudan a seguir aprendiendo. Al igual que los científicos, los niños tienen un sistema teórico que les hace comprender de una forma determinada su entorno, e ir ampliando su conocimiento de él.

La pregunta que se hacían los investigadores antes de iniciar el estudio era “¿pueden los niños pequeños aceptar la idea de que las causas de los fenómenos físicos funcionen sólo a veces?”

La profesora de ciencia cognoscitiva del MIT, Laura E. Schulz, y su colega Jessica Sommerville, de la Universidad de Washington, examinaron a 144 niños de cuatro años para determinar si creían que las causas siempre producían efectos.

En uno de los análisis, Schulz y Sommerville enseñaron a los niños que un interruptor podía hacer que un juguete con un anillo metálico se iluminara. A la mitad de los niños se les enseñó un interruptor que funcionaba bien todo el tiempo, a la otra mitad, uno que encendía el anillo metálico del juguete sólo a veces.

Asimismo, también se les enseñó que quitando el anillo, el juguete dejaba de brillar. Las investigadoras mantuvieron el interruptor en funcionamiento, y les dieron el juguete a los niños y les pidieron que hicieran que el juguete dejase de brillar.

Capacidad deductiva

En el caso del interruptor que funcionaba todo el tiempo, lo que hicieron los niños fue quitar el anillo para conseguir que el juguete dejara de estar iluminado. Si el interruptor funcionaba sólo algunas veces, los niños también podrían haber quitado el anillo pero, en lugar de hacerlo, supusieron que las investigadoras tenían alguna “fórmula secreta” adicional para conseguir que el efecto luminoso desapareciera.

E hicieron algo inesperado: cogieron un objeto que había permanecido escondido en las manos de las investigadoras y lo usaron para intentar apagar la luz. De esta reacción, las científicas infirieron que los niños no aceptaban que el interruptor sólo funcionara algunas veces: buscaban una explicación.

Como conclusión, Schulz y Sommerville señalan que los niños son proclives a pensar que existen causas “ocultas” para los efectos que observan, y que los acontecimientos no son aleatorios. Creen que debe haber una causa oculta que explique lo que sucede. Por lo tanto, tienen una capacidad de razonamiento más sofisticada de lo que los adultos pueden pensar.


Jueves 06 Abril 2006
Marta Morales
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1. Publicado por nicelotus el 09/04/2006 04:40
Los niños son curiosos, preguntan siempre "por qué?" . En latín esa pregunta se formula con una sola palabra ¿"Cur"? La curiosidad de los niños y los científicos es la "curiòsitas" latina: andar preguntando ¿"Cur"? ¿por qué? causa "SUCEDE" lo que parece sólo "OCURRIR" .Suceder es lo producido por sucesión, en una concatenación o cadena eslabonada de causas-efectos Lo que ocurre es lo que inesperadamente se encuentra (ob currit = ir al encuentro de), como hallazgo sin causa aparente, lo que acaece ("ad cadit" > ad casum) o sea "cae" por acaso, ( por "ad casum") es decir no pude anticiparme a lo que vendría porque desconocía su antecedente, la causa que lo provocaría. Decimos pues lo mismo en distintas palabras de identica raiz latina. Este análisis filologico nos hace encontrar en la misma lengua el pensamiento más antiguo y siempre presente de la noción de causalidad, contrapuesta a la de casualidad, términos casi homófonos en su sonido pero hoy antitéticos en su significado: En uno se afirma la existencia de la causa y en el otro se dice des-conocerla. Un malentendido epistemológico a sesgado el significado de la palabra casual , "causa no conocida, desconocida" (ausencia del CONOCIMIENTO del objeto causante) hacia la negación de la causa misma. es decir se las desconoce en el sentido que se le niega la existencia (ausencia- inexistencia del OBJETO causante) Se invoca al "acaso" o azar como la no-causa de una realidad existente. cuando en realidad es solo el deconocimiento de dicha causa. No conocer no es argumento para afirmar la inexistencia. El empirismo anglosajón, quedándose a mitad de camino en su análisis del COMO CONOCE EL SER HUMANO se estancó en la sensorialidad pura ( VER la sucesión de fenómenos,) y se atrevió a negar gratuitamente nuestra capacidad de ir más alla de lo aparente a los ojos, negó nuestra capacidad de "ver" lo no visible, es decir penetrar hasta lo solamente inteligible (evidente no a los ojos sino a nuestra COMPRENSION) por eso negó el nexo CAUSAL que une un fenómeno a otro. Decia el empirista " lo que acaece DESPUÉS DE no sucede A CAUSA DE, eso es un agregado que le ponemos nosotros, pero que no existe en la realidad" Demostrar la inconsistencia de esta afirmación por infundada nos llevaría a una argumentación que excede a este breve comentario. Pero simplemente podemos remitirnos como Husserl a la aceptacion sin presupuestos de lo que observamos en la realidad, y esta comprobación de que el niño busca la causa, el "cur" de todo, curioseando el mundo, nos resulta argumento suficiente para reconocer que el principio de causalidad es tan válido para fundamentar el mundo, como el principio antrópico para fundamentar su evolución.

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