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23/11/2014

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Los padres perfeccionistas pueden propiciar trastornos alimenticios en sus hijos

La anorexia y la bulimia están relacionadas con actitudes paternas hacia los niños y jóvenes


Hablar con los hijos y darles una imagen positiva de ellos mismos ayuda a que no tengan trastornos en la alimentación, señala un estudio. Por el contrario, los padres perfeccionistas que exigen de sus hijos que destaquen en sus estudios sin tener una buena comunicación con ellos, pueden propiciar que los jóvenes busquen ideales inalcanzables. La subsiguiente frustración, amplificada por la publicidad, es el origen de la anorexia y la bulimia, entre otras patologías clínicas. Por Vanessa Marsh.




Bulimia. Gobierno de Canadá.
Bulimia. Gobierno de Canadá.
Los padres perfeccionistas, que exigen buenos resultados en los estudios, pueden propiciar problemas con la alimentación a sus hijos en edad escolar, tales como la anorexia y la bulimia, según un estudio realizado en la Penn State University.

Los desórdenes alimenticios son cada vez más frecuentes, llegando a convertirse en ocasiones en un drama social: la anorexia tiene una tasa de mortalidad 12 veces mayor en el caso de las mujeres estadounidenses de entre 15 y 24 años, que cualquier otra causa o enfermedad.

Generalmente se considera que los desórdenes alimenticios se producen, de un lado, por la tendencia creciente a consumir comida rápida, y por otro lado, debido también a la presión social y cultural que ejercen determinados valores.

Estos valores, que bombardean a los ciudadanos a través sobre todo de la publicidad, tienen un efecto especialmente nocivo en los niños y en los jóvenes que puede ser amplificado con determinadas actitudes paternas.

Con frecuencia, estos efectos derivan en desórdenes en la alimentación, como la anorexia o la bulimia nerviosas, que provocan delgadez excesiva y la preocupación u obsesión psicológica por no ganar peso.

Sin embargo, revela el estudio mencionado, las causas de estos desórdenes alimenticios no están únicamente en los anuncios de la televisión, sino que se relacionan con un compendio de exigencias inalcanzables que frecuentemente son inculcadas en el hogar.

La utopía de la perfección

Tal como explica al respecto la universidad Penn State en un comunicado, una encuesta realizada a 424 estudiantes en edad escolar reveló que, tanto en niños como en niñas, la presión del padre –y no de la madre- para que sus hijos destaquen en los estudios puede propiciar malos hábitos alimenticios que desemboquen en anorexia, bulimia u otras enfermedades clínicas.

La directora del estudio, Michelle Millar-Day, explica al respecto que el nivel de exigencia de los estudiantes alentado por los padres, en combinación con las pautas que marcan los anuncios publicitarios en lo que se refiere al “físico ideal”, hace sentir a los jóvenes que no tienen el suficiente control sobre sus vidas ni sobre sus cuerpos. La comida se transforma entonces en un área en la que pueden controlar personalmente algo.

Según Millar-Day, los tratamientos para curar los desórdenes alimenticios deben tener en cuenta la red de relaciones familiares y sociales tejida alrededor de los niños y los jóvenes, ya que esta red de relaciones es la que marca su universo de sentido.

Millar-Day pone un énfasis especial en la relación de los niños y jóvenes con sus padres, puesto que los comportamientos alimenticios tienen mucho que ver con la comunicación o el tipo de relación establecida entre padres e hijos.

Una buena comunicación, elemento esencial para la autoestima

El estudio de la Penn State University analizó asimismo los patrones de comunicación de los adolescentes con sus padres y descubrió que si los padres enfatizaban la aceptación por sus hijos de unas exigencias paternas desmesuradas, el riesgo de que los hijos desarrollen trastornos alimenticios aumenta.

De hecho, una actitud paterna de este tipo provoca que los adolescentes se vuelvan más vulnerables a las exigencias de los mensajes publicitarios de lo que se considera como “un físico ideal”, esto es, la moda y los anuncios.

Por el contrario, si la comunicación con los hijos favorece que éstos obtengan refuerzos positivos acerca de ellos mismos, los jóvenes parecen menos propicios a intentar alcanzar la perfección a través de sus cuerpos y, por lo tanto, tienen menos riesgos de caer en malos hábitos de alimentación.

Sábado, 6 de Mayo 2006
Vanessa Marsh
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