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Los valores no determinan siempre las decisiones morales

El contexto puede condicionar una decisión moral con tanta fuerza como los valores


Nuestras decisiones morales no dependen sólo de nuestra escala de valores internos, como se pensaba hasta ahora, sino también del contexto. Ciertamente, nuestros valores más rígidos condicionan las acciones que llevamos a cabo, pero éstas no son tan simples como se creía. Psicólogos de la universidad norteamericana de Northwestern han analizado las reacciones de un grupo de individuos en situaciones en las que se les dieron diversos ejemplos para que decidieran. Se descubrió que si conocían los beneficios finales que obtendrían de sus acciones, sus escalas de valores particulares no eran el factor principal para fomentar sus actos. El descubrimiento se contrapone a otros estudios previos, que señalaban que si se conocían los valores de los individuos podían preverse perfectamente las decisiones que tomarían. Por Marta Morales.




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¿Son nuestras decisiones moralmente motivadas distintas de otro tipo de decisiones que tomamos? Hasta ahora se creía que sí, y se pensaba que determinados valores rígidos podían dejar fuera de consideración en nuestras mentes las consecuencias reales de nuestras acciones, impidiéndonos tener en cuenta sus costes y beneficios.

Las teorías acerca de la toma de decisiones de contenido moral sugerían que si la gente se guía por valores rígidos como “no hacer daño”, dejan de prestar atención a otras acciones (como el no hacer nada y permitir que otros hagan daño) y sus consecuencias, evidentemente también dañinas.

Por otro lado, se suponía que las personas que deciden en función de dichos valores, muestran una cierta insensibilidad hacia aquéllas personas que no los comparten, en ciertas situaciones. De esta manera, se explicarían determinados comportamientos en los que la ideología se pone por encima del resto de las cosas, permitiendo que algunas personas realicen actos extremos (como atentados terroristas suicidas o el heroísmo que pone en riesgo la vida propia, por ejemplo) sin sentir ningún reparo.

No tan rígidos

Este tipo de conducta guiada por normas se denomina conducta deontológica, y se contrapone al consecuencialismo o ética basada en las consecuencias de nuestras acciones.

Ahora, un estudio publicado en enero por la revista Psychological Science (Volumen 18, número 1• enero 2007) y realizado por psicólogos de la universidad Northwestern, sugiere sin embargo que las decisiones guiadas por este tipo de valores podrían no ser tan rígidas como se creía previamente.

Muchos autores han sugerido que las actitudes y comportamientos que mantenemos en nuestras decisiones se comprenden fácilmente a partir de los valores y prioridades morales de cada individuo. Pero recientemente, se han estudiado otras propiedades distintivas de las reacciones moralmente motivadas, que demuestran que éstas no son tan simples.

Según los científicos Daniel Bartels y Douglas Medin, de dicha universidad, las personas que toman decisiones moralmente motivadas podrían de hecho ser sensibles a las consecuencias de sus elecciones, a pesar de regirse por las normas.


Depende del enfoque y del contexto

Esta constatación se deriva de la evaluación en dos procedimientos de la insensibilidad ante sus acciones de los individuos con valores rígidos.

Bartels y Medin replicaron por un lado resultados de estudios previos y, por otro, aplicaron un contexto en que enfocaban a la gente a la realización de una acción que inicialmente podía causar daño, pero que finalmente maximizaba los beneficios, produciendo una “cantidad de sensibilización” en ellos incrementada.

Se demostró que si los participantes conocían los beneficios finales, la tendencia era a actuar en función de dichos beneficios, es decir, que las personas intentaban conseguir el máximo beneficio de sus acciones.

Esto implicaba un aumento de la sensibilidad a la hora de tomar decisiones, a pesar de que fueran individuos de rígidos valores, de lo que se concluye que la voluntad para la realización de determinados actos no depende sólo de los valores involucrados, sino también del objeto de nuestra atención, un factor que varía sustancialmente según el contexto, publica la Association for Psychological Science, que ha emitido un comunicado sobre la investigación.

Sábado, 10 de Febrero 2007
Marta Morales
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