Existen muchas evidencias de que se aproximan grandes cambios sobre la faz de la Tierra y ya algunos comienzan a reconocer señales apocalípticas en cada evento de la naturaleza que nos golpea e impacta de manera cada vez más fuerte y descontrolada. Este previsible fin de los tiempos o término de una era ya ha ocurrido antes y puede volver a ocurrir por diversas causas: una gran erupción solar gigante, el impacto de asteroides sobre la tierra, grandes erupciones de rayos gamma provenientes de alguna estrella, la presencia de agujeros negros no identificados cerca del planeta, gigantescas nubes espaciales muy densas por las que atravesaría el sistema solar, gran actividad volcánica, cambios en el campo magnético terrestre o una epidemia global. Frente lo anterior resulta conveniente preguntarse si la humanidad con todo su avance tecnológico y científico está mejor preparada hoy en día para enfrentar un nuevo ciclo apocalíptico. Lo que realmente necesitamos y nos falta en este momento, es generar la conciencia necesaria para estar mejor preparados frente a un evento con características apocalípticas.
En algunos momentos de nuestra Historia ha existido, como existe hoy también, una sediciente cultura en clara connivencia con determinadas ideologías políticas. La finalidad es domesticar a las masas y arrinconar a la opinión disidente. Para ello, los medios de comunicación no dudan en fabricar imágenes e interpretaciones distorsionadas de la realidad social. Esa cultura instrumentalizada por la política es claramente antidemocrática en sus contenidos y en sus finalidades.
Tres posibilidades de crisis mayor del sistema político y social amenazan a Estados Unidos: Afganistán, el geiser petrolero del golfo de México y una nueva crisis de créditos hipotecarios. Estas nubes no están por disiparse. Europa debería reforzar su voluntad de ser más autónoma frente a Estados Unidos, para no dejarse arrastrar por el desastre anunciado.
Mientras las “culturas” de otras especies animales se basan exclusivamente en la imitación y otros procesos de aprovechamiento, las culturas humanas no sólo entrañan aprovechar sino, fundamentalmente, cooperar. El Homo Sapiens está adaptado para actuar y pensar cooperativamente en grupos culturales hasta un grado desconocido en otras especies. De hecho, las hazañas cognitivas más formidables de nuestra especie, sin excepción, no son producto de individuos que obraron solos, sino de individuos que interactuaban entre sí, y lo dicho vale para las tecnologías complejas, los símbolos lingüísticos y matemáticos, y las más complicadas instituciones sociales.
La evolución darwiniana reciente ha dado paso al dominio de grandes multinacionales llamadas corporatocracias antropotécnicas, que no son nuevas sino por su tamaño. Estas corporaciones viven de la explotación de las nuevas y tradicionales tecnologías y compiten fuertemente entre ellas. Pero también se alían entre sí para destruir las resistencias a su conquista del poder mundial. Por todo el mundo, esta corporatocracia tecnológica reemplaza las antiguas estructuras de la democracia y la tecnocracia estatal. Tras la crisis financiera, la corporatocracia antropotécnica americana se apoderó de gran parte de los recursos mundiales. Pero su conquista de los mercados globales está amenazada por China, que posee también su propia corporatocracia. Aunque su influencia es todavía menor, África está pasando bajo su control. Estaa competencia entre corporatocracias aumenta el riesgo civilizacional, ya que entre sus estrategias no figuran los intereses globales de la Tierra y de sus especies.
La actual situación que vivimos de “democracia mediática” de la televisión, la del poder diluido, la de los “doctores spin”, la política y la comunicación basura son el epígono, la degeneración final y definitiva del modelo político liberal. Como si con el decaer del siglo pasado y el nacimiento del actual siglo XXI hubiese sucedido igual que en otro radical cambio de época, vivimos un tiempo en el que, caducadas las viejas creencias, la batalla definitiva se da en provocar el cambio de mentalidad y percepción en los propios agentes políticos. Las herramientas de gestión de intangibles, de la reputación, de la crisis y sobre todo de la Responsabilidad Social Corporativa, pueden posibilitar la recuperación de la Democracia, elaborar alternativas y salidas teóricas y prácticas a los tiempos oscuros que estamos viviendo.
La característica común de las ideologías es el pensamiento dualista, ligado al funcionamiento de determinadas regiones de la corteza cerebral. La ideología mostraría la misma estructura que la esquizofrenia: la historia no se vive, sino que se sueña. Esta visión dualista del mundo, al ser más simple, es fácilmente adoptada por la mayoría de la población, donde queda asentada emocionalmente. Corremos así el peligro de volver a vivir cualquier otra ideología con sus nefastas consecuencias.
La consciencia no es un fenómeno todo-o-nada, sino que existen diversos niveles de consciencia. Y la transición de la inconsciencia a la consciencia no es simplemente un cambio de una inactividad a una actividad neuronal, sino que supone un cambio en lo que hacen las neuronas, cambio que hoy por hoy es desconocido. El dualismo que subyace a algunas de las teorías sobre la consciencia plantea la cuestión de cómo superarlo, ya que este dualismo no ha podido aclarar cómo es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar con la materia que es el cerebro. Estamos lejos de comprender el salto cualitativo que supone pasar de la actividad neuronal del cerebro a la experiencia subjetiva de la consciencia.
La reciente reunión mundial en Copenhague sobre cambio climático ha mostrado de nuevo el mundo al que vamos, en el que el poder de decisión y actuación está en manos de los países más poblados y con economías más boyantes. China, Rusia e India se han puesto de acuerdo con los Estados Unidos al margen de todos los demás países presentes. Esta será la fórmula para las decisiones futuras. Las Naciones Unidas hace tiempo que son un convidado de piedra y Europa pierde presencia y poder día a día. Se podría decir que necesitamos hoy más que nunca una nueva Gobernanza y una nueva Geopolítica. Algunas tendencias actuales muestran lo complicado de la situación.