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Mazzucato: "Las compras de fármacos deberían negociarse como las militares"

La economista defiende que el papel del Estado en la innovación está infravalorado


"El Estado debería negociar los precios de los fármacos como las compras militares". Así lo afirma Mariana Mazzucato, economista italo-estadounidense, que estuvo recientemente en la sede del 'holding' tecnológico eGauss, impartiendo una conferencia sobre su libro 'El Estado emprendedor' (RBA), en el que lamenta que no se valore lo suficiente el papel del Estado en la investigación científica. En una entrevista con Tendencias 21, analiza por ejemplo la apuesta de España por las energías renovables. Por Carlos Gómez Abajo.


Carlos Gómez Abajo
Carlos Gómez Abajo, redactor de Tendencias21, es máster en periodismo (El País-UAM), Experto en... Saber más del autor


Mariana Mazzucato. Foto: The London Speaker Bureau
Mariana Mazzucato. Foto: The London Speaker Bureau
Cambiar la relación entre el Estado y las empresas, en concreto cómo se reparten los beneficios de la innovación y el desarrollo. Eso es lo que defiende la economista Mariana Mazzucato, profesora italo-estadounidense de Economía de la Innovación en la Universidad de Sussex (Reino Unido), estuvo recientemente en la sede del holding tecnológico eGauss, en Madrid, presentando su libro El Estado emprendedor (RBA), en el que recalca que debe hablarse más de la importancia de los organismos públicos en la innovación y en la investigación; la de aquellos que la tienen, al menos.

En su libro, usted insiste en que el Estado asume muchos riesgos, y luego llegan las empresas privadas y se aprovechan de ellos.

Muchos Estados no lo hacen. La cuestión es que hablamos del Estado diciendo que crea las condiciones, no que toma riesgos; decimos que no invierte, sino que regula, que facilita: palabras muy aburridas. Cuando de hecho, los pocos sitios del mundo (no Italia ni España ahora, sí China, sí Alemania, sí EE.UU. en Silicon Valley) que han conseguido crecimiento mediante la innovación han tenido una forma de inversión pública muy activa, especialmente en áreas concretas, para transformar la economía de formas concretas. Por ejemplo en Tecnologías de la Información, o el sector verde. Y se han producido muchos fracasos por cada éxito.

Pero como no admitimos la existencia de esta toma activa de riesgos, ni siquiera hemos pensado en cómo estructurar las recompensas para el Estado. Así que si hacemos como que el Estado no está asumiendo riesgos, cuando se obtienen grandes beneficios de Internet, de la biotecnología, la nanotecnología o el sector verde, permitimos que todos los beneficios sean privados.

Mi argumento es doble: admitamos lo que el Estado debe hacer, y no está haciendo en muchos países; pero cuando lo hace, repensemos lo que eso significa para la distribución de las ganancias. No se trata de nacionalizar las empresas, sino de estructurar, por ejemplo, acuerdos de reinversión. Si una compañía recibe ayuda de un Gobierno para la toma de riesgos, debería haber un acuerdo para que los beneficios que obtenga se reinviertan en innovación, en producción, no en los mercados financieros para obtener ganancias especulativas. Ahora tenemos Estados muy débiles que no son capaces de negociar eso.

España no invierte ahora en innovación, pero sí lo hizo en energías renovables de forma intensa, hasta hace unos años.

Creo que antes de la austeridad, de la crisis, España era una de las primeras, con Dinamarca, y Alemania. Era muy activa, no solo con las renovables, también con las ciudades verdes, el transporte verde, con una visión verde de la economía. Eso no está pasando ahora, por lo que sé, porque hay demasiada austeridad, y eso cuesta dinero. ¿Si el Estado no es capaz de invertir, cómo vas a tener un sector verde potente?

Es muy importante plantear en España si queremos una estrategia verde, qué significa eso para la inversión publica, y si las estructuras actuales del Estado permiten la inversión necesaria para la transición verde. La respuesta es no: no hay suficiente coraje, especialmente desde el lado macroeconómico, el Tesoro, el Gobierno...

No se trata de apostar por una tecnología concreta (solar, eólica), hay que mantener abiertas las opciones. Hay que tener una cartera de posibilidades en lo verde, pero no poner todos los huevos en la misma cesta. Incluso en áreas tradicionales, como el acero, en Alemania o Bélgica hablan de como hacer más verdes estas industrias de materiales pesados (reciclando, etc.) Es uno de los grandes desafios: cómo verdificamos de verdad todos los sectores, esa es la estrategia adecuada. Todas las industrias españolas se podrían verdificar. Si no lo hacen, si solo se apuesta por la solar o la eélica, eso es parte del problema.

El gobierno de EEUU, por ejemplo, apuesta por distintos tipos de energías (fracking, solar, eólica)... El problema es el nivel de riesgo en algunas de estas áreas, y tienes que estar dispuesto a fallar. Solyndra fue una compañía de paneles solares muy grande, que cayó. Pero Tesla Motors es un gran éxito, gracias a que recibió un gran apoyo del Estado. Tenemos que admitir que muchos éxitos vienen de la inversión pública, y también algunos de los fracasos.

Defiende la importancia de los bancos de inversión estatal. ¿Cómo deben funcionar?

Hay varios en el mundo, como el KfW de Alemania, o el Banco Europeo de Inversiones en Europa, pero no todos son iguales. En Italia nuestro banco público no es muy interesante, solo subsidia a la industria. El KfW ha suministrado capital contracíclico [más apoyo cuanto peor está el sector] hacia lo verde. Para verdificar toda la economia, hace falta financiación paciente a largo plazo, que es lo que necesita la innovación. No puedes hacer innovación verde sin inversión a largo plazo y el sistema de banca privada no lo proporciona. También puede hacerse mediante capital riesgo público, como en Israel.

El 23 de noviembre, el ecosistema de innovación Global ImasT, de eGauss, celebra su evento anual en varias universidades y centros de investigación españoles. ¿Qué opina del papel de las universidades en la innovación del Estado?

Tienes que tener un sistema de universidades adecuado que fomente un pensamiento creativo. No puede estar demasiado orientado a los resultados, y tienes que tener instituciones intermedias, como los Institutos Fraunhofer de Alemania, o los centros Catapult en Reino Unido, que crean un vínculo fuerte entre universidades e industria. Pero la investigación de la universidad no puede centrarse en lo que necesita hoy la industria, porque para cuando lo tengan, la industria necesitará algo nuevo.

Es muy importante promover el pensamiento radical en las universidades en todas las áreas, no solo en las ciencias naturales, sino también en historia, poesía, literatura, así como economía, física, química, etc. Tener vínculos con la industria, ayuda a entender las oportunidades que surgen del entorno. Pero muchas universidades tienen demasiada presión para producir resultados para la industria, lo cual las vuelve irrelevantes porque para cuando lo han hecho, la industria ya está en otra cosa.

El sistema de universidades es fundamental, y hace falta investigación financiada públicamente, pero no es suficiente. Hay muchos países que tienen mucha investigación universitaria, pero no la comercializan, porque no tienen las instituciones intermedias adecuadas.

Otra cosa que cuento en el libro es que si observamos los grandes cambios en bio y nanotecnología, la inversión pública se distribuyó a lo largo de toda la cadena de innovación: no solo en ciencia, sino en todo: investigación básica, investigación aplicada, financiación temprana para compañías que provienen del sector público... Y eso no es solo investigación de universidades, sino de distintos tipos de instituciones. Pero la investigación de las universidades es fundamental, claro.

Volviendo a los mecanismos para reequilibrar las relaciones público-privadas, ¿qué propone, aparte de negociar que las empresas reinviertan sus beneficios en investigación?

Hay diferentes mecanismos. En la industria farmacéutica, por ejemplo, podría ser que los precios de los medicamentos reflejaran la contribución pública, en lugar de que los contribuyentes tengan que pagar dos veces: primero la investigación, y luego altos precios por los medicamentos.

O mediante acuerdos de acciones: En Tesla, el Gobierno de EE.UU. debería haber mantenido sus acciones. Podrían así usarlas para cubrir las pérdidas de Solyndra. El contribuyente a menudo asume las pérdidas, pero no las ganancias. El sistema fiscal solía estar suficientemente bien organizado para compensar parte del problema, porque los impuestos eran muchos más altos. Cuando se fundó la NASA [1958] el tipo máximo, lo que pagaban los más ricos, era el 91%. Ahora está en el 39,6%, y se debate cuánto se puede bajar.

La cuestión es que tenemos que repensar esta relación parasitaria. Me interesa cambiar el enfoque, de modo que tengamos una relación simbiótica, no parasitaria, entre lo público y lo privado, porque ambos se benefician al final. El sector privado no se va a beneficiar a largo plazo si el público está axfisiado, porque ¿quién va a hacer estas importantes inversiones de las que luego ellos se benefician? A corto plazo consiguen beneficios, porque se lo llevan todo y no dan nada, pero a largo plazo, el sector privado también sufre, porque desaparece el agente principal.

Las farmacéuticas dicen que sus precios son altos porque invierten mucho en investigación.

Las farmacéuticas invierten sobre todo en desarrollo, en la D de I+D. Está bien, pero el riesgo es mucho mayor en la innovación, la I, la parte inicial. El 75% de las nuevas entidades moleculares están financiados por la investigación pública. Incluso si ves los números de las farmacéuticas sobre lo que cuesta hacer los fármacos, sus cálculos no son ciertos, porque incluyen el coste de oportunidad de invertir en I+D, es decir, lo que podrían ganar en otros apartados si no invirtieran en I+D. Eso no tiene sentido, porque no es una opción dejar de invertir en I+D, e invertirlo en Bolsa. La mitad del coste que calculan es coste de oportunidades, es falsear las cifras.

Deberíamos saber mejor quién ha invertido en crear el fármaco, y distribuir mejor los beneficios. La industria también invierte, y no digo que no tengan beneficios, pero menos de los que tienen ahora. No como si fueran una petrolera. La farmacia no debería ser especulativa, es un derecho humano. La gente se muere porque no puede pagar los fármacos.

Si tan importante es la farmacia, ¿no debería estatalizarse?

Esa es otra opción. O tratarla las compras públicas como en el sector de la Defensa. El Estado dice: "Hazme pistolas y te las compro". Necesita un avión, hace que la industria lo haga, y lo compra, pero el precio que paga refleja también la contribución pública a la investigación. Ese sistema sí funciona. En el farmacéutico no, no pueden elegir el precio. Deberíamos aprender de la Defensa, en términos de negociación. En seguridad nacional el Estado se organiza de forma muy eficiente. Deberíamos considerar la salud una preocupación de seguridad nacional.

Viernes, 7 de Octubre 2016
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