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Mirarse al espejo puede aliviar el dolor

En ciertos casos es posible engañar al cerebro para sufrir menos


Una investigación desarrollada por científicos británicos ha descubierto una nueva forma de terapia para aliviar el dolor. Basada en la observación, el sistema consiste en situar al paciente ante un espejo que refleja una imagen distorsionada mediante la cual los ojos ven duplicada la parte sana del cuerpo, mientras permanece oculta la parte afectada. El cerebro puede fijarse en esta imagen irreal y dejar de emitir señales de dolor entendiendo que todos los miembros están bien. De momento la técnica se ha comprobado que funciona sólo con síntomas concretos, como el dolor regional complejo o por lesiones de esfuerzo repetitivo, además de que no es eficaz en el cien por cien de los casos. Sin embargo, promete nuevas terapias inteligentes para el tratamiento de ciertos dolores. Por Yaiza Martínez.


Yaiza Martínez
Escritora, periodista, y Directora de Tendencias21. Saber más del autor



El cerebro puede ser engañado por un espejo...
El cerebro puede ser engañado por un espejo...
Aquellas personas que sufren dolores crónicos en sus extremidades pueden decirle adiós a sus problemas. Una nueva forma de terapia, sencilla y efectiva, ha sido descubierta con prometedores resultados por científicos británicos. Se trata de mirarse al espejo convenientemente, siguiendo ciertas instrucciones.

La observación y la reflexión sobre la parte sana del cuerpo, unidas al envío de la información mediante un espejo “trucado” de la imagen del miembro en su parte “sana” al cerebro, se combinan para hacerle creer que la zona afectada está “bien”, y deje en consecuencia de producir las clásicas señales dolorosas de advertencia.

Este innovador tratamiento funciona con personas que sufren el llamado “síndrome de dolor regional complejo” o CPRS (siglas en inglés) y también lesiones por esfuerzo repetitivo (RSI). El CPRS se da en un tercio de las personas que se fracturan la muñeca: una vez que se quitan la escayola, el dolor persiste en sus manos, brazos y hombros.

El CPRS es un trastorno que produce un dolor crónico como resultado de una disfunción del sistema nervioso central o periférico. Este síndrome se caracteriza por cambios radicales en el color y la temperatura de la piel en la extremidad o parte del cuerpo afectada, acompañados de fuertes dolores candentes.

Estos dolores persisten incluso después de que las heridas de los pacientes hayan desaparecido por completo. Por lo tanto, su síntoma principal es un dolor continuo e intenso, desproporcionado para la gravedad de la herida (si es que la hay), y que con el tiempo empeora en lugar de mejorar. Los expertos aseguran que este síndrome afecta sobre todo a mujeres jóvenes.

Frecuentemente el dolor se extiende para incluir todo un miembro (la mano o pierna), aún cuando la herida original haya sido solamente en un dedo. A veces el dolor puede propagarse a la extremidad opuesta. El dolor puede aumentar aún más con el estrés emocional.

El origen de este extraño síndrome se desconoce, y se maneja la probabilidad de que sea debido a varias causas que van desde una afectación en el sistema nervioso simpático al mantenimiento anormal de la respuesta inmune, una vez que la herida ya ha sido sanada.

Las lesiones por esfuerzo repetitivo o RSI son aquellas lesiones que se originan por movimientos físicos repetitivos que pueden dañar tendones, nervios, músculos y otros tejidos del cuerpo. Algunas de ellas afectan a los músicos, a los que trabajan muchas horas con el ordenador o a los tenistas, por poner algunos ejemplos.

Nueva solución

Los síntimas CPRS o de lesiones RSI tienen dificil tratamiento médico. Sin embargo, un estudio realizado por la Universidad de Bath, en el Reino Unido, y dirigido por la doctora Candy McCabe, del Royal National Hospital for Rheumatic Diseases, ha demostrado que tanto el síndrome CPRS como las lesiones de origen RSI se pueden curar gracias a los espejos.

En dicho estudio, publicado por la revista Clinical Medicine, Journal of the Royal College of Physicians, ocho pacientes afectados por CPRS se sentaron delante de una serie de largos espejos.

Estos espejos estaban colocados de tal manera que los pacientes veían sólo la mitad sana de su cuerpo, quedando la enferma oculta. Además, creaban un efecto óptico de reproducción de dicha mitad sana, así que, ante los participantes, aparecían dos partes del cuerpo sanas (resultado de un efecto óptico que une ante el espejo la imagen de los dos lados sanos).

Los pacientes, aunque sabían que estaban ante un efecto óptico, debían concentrarse en la imagen observada e intentar creer que lo que veían era la realidad de todo su cuerpo y de ellos mismos. El resultado del experimento fue sorprendente, comenta New Scientist.

La terapia sirvió para que el dolor desapareciera instantáneamente en tres de los pacientes. Una vez que se les retiraron los espejos, el dolor volvió. Sin embargo, con una terapia de espejo continuada, seis de los ocho pacientes fueron curados del todo. Los otros dos no se curaron debido a ciertas complicaciones añadidas, como úlceras en los brazos y daños físicos reales.


Juego con los espejos. UE
Juego con los espejos. UE
El cerebro redefine la imagen del cuerpo

Desde que probó con este experimento, McCabe asegura que ella ha tratado con éxito a más pacientes con CRPS y RSI con esta misma técnica. En su opinión, el dolor de este tipo de enfermedades se deriva de una “distorsión” en la percepción que tiene el cerebro de lo que le sucede al cuerpo en el momento presente.

El cerebro envía continuamente señales al cuerpo, con el fin de predecir la forma o el peso de los brazos o cualquier otra parte del cuerpo, así como su localización. Los nervios sensitivos responden enviando la información de vuelta, permitiendo así que el cerebro redefina su imagen del cuerpo continuamente.

Así, por ejemplo, cuando tenemos un brazo escayolado e inmóvil, el cerebro envía sus señales para “localizarlo”. Como el brazo no puede responder porque está inmovilizado, entonces el cerebro lanza sus señales de dolor como aviso. La mayoría de la gente deja de sentir ese dolor cuando se le quita la escayola y el cerebro “comprende” que el brazo “sigue ahí”, pero algunas veces el cerebro mantiene esta percepción equivocada del brazo y continúa emitiendo las señales de advertencia.

Algo similar ocurre en el caso de la RSI: cuando un pianista mueve rápidamente las manos sobre el piano, o tecleamos a gran velocidad en el teclado de un ordenador o damos muchos golpes a la pelota jugando al tenis, estos movimientos también originan confusión al cerebro.

Otro estudio

En otro estudio realizado también por la doctora McCabe, se analizaron 41 voluntarios no afectados por el CRPS, a los que también se situó frente a los espejos. Sólo podían ver uno de los lados de su cuerpo, y la observación de este lado debía ir acompañada de una reflexión acerca de él. Como se hizo en el experimento anterior, ese lado se duplicó en dos partes contrapuestas dándoles una imagen completa de la zona a observar, de manera que pudieran creer que aquello era la realidad.

Entonces, los investigadores les pidieron a los participantes que hicieran dos movimientos distintos, uno por cada brazo. La imagen devuelta por el espejo no se correspondía por supuesto con el movimiento real, pero los voluntarios comenzaron a notar ciertos efectos en la parte del cuerpo “escondida”, es decir, que no estaba reflejada en el espejo.

Las sensaciones iban desde los calambres hasta dolores de cierta intensidad, que a algunos de ellos les impidieron terminar la experiencia. Según McCabe, estos dolores provenían de la discordancia entre aquello que el cerebro percibe del cuerpo y la condición real en la que el cuerpo se encuentra. La revista Rheumatology ha dedicado un interesante editorial a comentar la investigación de la doctora McCabe.

Amplio campo de investigación médica

Estos estudios están en consonancia con una línea de investigaciones médicas que pretende encontrar nuevas fórmulas más inteligentes para aliviar el dolor asociado a enfermedades o diversas sintomatologías. En un artículo anterior, ya hemos señalado que la Universidad de Stanford ha descubierto que la actividad cerebral puede controlarse mentalmente para reducir el dolor.

Asimismo, hemos señalado otro estudio según el cual la reacción biológica ante un trauma no es única y universal para cada persona, sino que tiene una relación con la sensibilidad o receptividad del individuo hacia el dolor.

Según este estudio médico, del que ya hemos publicado un artículo, esta constatación reafirma la importancia de la componente subjetiva del sufrimiento, que se basa por un lado en la estructura genética del individuo y por otro lado en la propia experiencia del sujeto.

Finalmente, hemos publicado que investigadores alemanes han podido determinar que la transmisión de los impulsos eléctricos responsables de la percepción del dolor hacia las células nerviosas de la médula espinal, puede ser acentuada o debilitada después de un cierto tiempo, según la naturaleza de una experiencia dolorosa anterior.

El alivio del dolor es uno de los grandes desafíos de la ciencia médica y estas investigaciones están ayudando a concebir nuevos tratamientos que tengan en cuenta los conocimientos alcanzados en disciplinas tan afines como la neurología o la psicología, entre otras.


Miércoles, 28 de Diciembre 2005
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