Tendencias 21
25 Aniversario




Nuevas herramientas para ampliar la percepción de la realidad

Las coincidencias significativas deben tener el mismo reconocimiento que los órdenes cuantitativos


Algunos físicos han propuesto una nueva explicación de la realidad otorgando a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos en el conocimiento de lo real. En esa línea, nuestra propuesta consiste en que se reconozca a las coincidencias (sincronicidades) que tienen significados íntimos para el sujeto, el mismo valor que se da a los órdenes cuantitativos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos cuánticos. Por Alicia Montesdeoca.



Will they ever meet?. Imagen: visulogik
Will they ever meet?. Imagen: visulogik
El físico David Bohm, antiguo colaborador de Einstein, utiliza la metáfora del holograma como punto de partida de una nueva explicación de realidad: el orden plegado. La realidad clásica se ha centrado en manifestaciones secundarias, el aspecto desplegado de las cosas, y no en su fuente. Estas apariencias se abstraen de un flujo intangible, invisible, que no se compone de partes. Se trata de una interconexión inseparable... “Bajo la esfera explicada de cosas y acontecimientos separados se halla una esfera implicada de totalidad indivisa, y este todo implicado está simultáneamente disponible para cada parte implicada”.

Según esta visión, que se recoge en su obra “La totalidad y el orden implicado”, fruto de cuarenta años de investigación física y filosófica, en cualquier elemento del universo se contiene la totalidad del mismo: la parte está en el todo, y el todo está en la parte. Detrás de la apariencia del orden desplegado existe un orden implicado, afirma.

Además, para él, “la conciencia (pensamientos, emociones, deseos, voluntad, toda la vida mental o psíquica) está básicamente en el orden implicado como lo está la materia, y, por consiguiente, no es que la conciencia sea una cosa y la materia otra, sino más bien que la conciencia es un proceso material y está ella misma en el orden implicado, como lo está toda la materia, y que la conciencia se manifiesta en algún orden explicado, como hace la materia en general”. Según su hipótesis, la diferencia entre la materia y la conciencia se encuentra en el estado de sutilidad, “la conciencia es posiblemente una forma más sutil de materia y de movimiento, un aspecto más sutil del holomovimiento”.

Para David Bohm, el pensamiento crea un orden de lo “real” que no considera el orden interno de la realidad, el orden no desplegado, no manifestado (...) “El propio pensamiento ha establecido una distinción entre materia y espíritu. Y resulta evidente en qué consiste esta diferencia: lo que no tiene una forma sólida evidente y lo que mueve a algo distinto se llama espíritu” (...) “Así que, finalmente, diríamos que una visión consecuente sería afirmar que algo como la materia no manifiesta desempeña un papel semejante a lo que pensamos como espíritu. Es materia manifiesta en movimiento, pero ambas son materia, una sutil y otra materia bruta. Ahora bien, sea lo que sea lo que queremos decir con lo que está más allá de la materia, es algo que no podemos aprehender con el pensamiento. Quiero decir, el pensamiento puede plantear la cuestión, pero no puede ir más allá”.

El pensamiento no puede percibir lo que está más allá de sí mismo, su mecanismo está atrapado por su propio intento de aprehender en un concepto lo no manifiesto, filtrando, conforme a su pequeña medida, la inmensa totalidad que no se puede ajustar a ningún espacio ni a ningún tiempo (...) “El pensamiento tiene su lugar; pero el pensamiento que intenta trascender su lugar bloquea lo que está más allá”, concluye.

La percepción del orden implicado

David Bohm considera que la intuición es la facultad humana capacitada para penetrar en ese estado de cosas, y cambiar la materia misma, concluyendo que aquella, la intuición, tiene capacidad para cambiar y ordenar la propia materia cerebral. (...) “La idea es que la intuición es una inteligencia que trasciende cualquiera de las energías que podrían definirse en el pensamiento (...) Una inteligencia activa. Es activa en el sentido de que no presta atención al pensamiento. Transforma directamente la materia; puentea, por así decirlo, al pensamiento”.

Según la valoración que hace Bohm, el mecanismo de la intuición no sólo acalla el pensamiento, sino que actúa sobre los bloqueos originados por éste, sobre las confusiones, etc. “Es como si tomase un imán y se redispusieran las partículas de una cinta, eso. Sólo que se haría de un modo inteligente, como para eliminar el ruido y conservar limpio el mensaje” (...) “Al ser la inteligencia suprema, la intuición es capaz de reorganizar la materia estructural del cerebro que subyace por debajo del pensamiento, de suerte que quita el mensaje que origina la confusión, deja la información necesaria y el cerebro abierto para percibir la realidad de una manera diferente”. Pero, de momento está bloqueada, los condicionamientos nos bloquean, porque presionan para mantener lo que es familiar y viejo y le meten a la gente el miedo a todo lo nuevo.

Así que la realidad viene limitada por el mensaje que ya se ha grabado profundamente en las células cerebrales desde la primera infancia. La intuición elimina ese mensaje, la parte del mensaje que origina el bloqueo” (...) “Abre el pensamiento para que se refresque y renueve de manera que pueda operar racionalmente. Podría decirse que permanecer en este bloqueo es totalmente irracional. Es el resultado de la presión. Se adopta la idea de que este bloqueo es cierto porque elimina la presión de la incertidumbre”.

La sincronicidad revela los significados universales

Pero, las posibilidades de adquirir nuevas herramientas, que nos permitan acercarnos más a los contenidos de la realidad, no se han agotado; la impresión que seguimos teniendo es que estamos al comienzo del camino, aún creyendo que estamos bien “encaminados”.

Estas certezas se fundamentan en las implicaciones que, en otras disciplinas como la medicina, psiquiatría, psicología, pedagogía, etc., están teniendo las nuevas corrientes científico-filosóficas, generando, asimismo, una sorprendente experiencia práctica y nuevos debates teóricos, que van parejo con una visión más compleja del ser humano y del universo. La primera conclusión, a la que llegamos, es que lo que miramos y lo que somos se definen como algo único, confundido y diluido en una misma y única materia.

F. David Peat nos propone una reflexión que nos coloca en una perspectiva aún más honda de la propuesta por Bohm. Este autor le reconoce a la percepción, a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos, en el conocimiento de la realidad, pero afirma que, “el concepto de un orden plegado sólo nos lleva hasta la mitad del camino. La naturaleza entera de la conciencia y de la mente debe contener niveles más profundos que lleguen hasta una fuente de creatividad incondicional” (...) está claro que determinados aspectos de la mente y de la conciencia parecen ser apropiados para una descripción en términos de órdenes implicados y campos de información activa” (...)

“En otras palabras, aunque el pensamiento y las formas materiales explicadas del mundo deben su existencia a un orden plegado oculto, son capaces de realimentar al movimiento fundamental y darle una nueva forma. Esto sugiere que la realidad se alcanza a través de un movimiento doble. En cierto sentido el universo entero está plegado en cada individuo y en cada región del espacio. La naturaleza de esta realidad, por lo tanto, se puede tocar extendiéndose hacia fuera, hacia las formas explicadas (que realimentan al segundo orden implicado) o hacia dentro, hacia el orden implicado mismo”.

Y aún va más lejos, cuando fija que el movimiento de los órdenes implicados y explicados no tiene por qué terminar en el nivel del segundo orden implicado, sino que puede extenderse indefinidamente hasta órdenes más profundos e incluso más sutiles. Para llegar a esos órdenes se cuenta, dice Peat, con las llamadas sincronicidades. Según este autor la sincronicidad tiene su origen en los patrones fundamentales del universo y no a través de una causalidad de impulsos y tirones que normalmente relacionamos con sucesos de la naturaleza.

Física y Filosofía

Por esta razón, Carl Jung  ha llamado a la sincronicidad un “principio conector acausal". La naturaleza de la sincronicidad se caracteriza como suceso único significativo y acausal que implicaría alguna forma de patrón. Carl Jung demuestra que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una coincidencia. La historia de la sincronicidad comienza con Carl Jung y con el físico Wolfgang Pauli, en ellos se unen los planeamientos de la física y de la filosofía.

La causalidad, dice Peat, no es la apropiada para explicar la complejidad de la realidad, las nuevas leyes de la emergencia y la dinámica orgánica: estructuras disipativas (Prigogine), orden implicado (Bohm), campos formativos (Sheldrake), pueden ayudar a explorar los funcionamientos internos de la sincronicidad, por lo que parece interesante seguir explorando por esas vías ya adelantadas.

“Las sincronicidades nos retan a construir un puente con un fundamento apoyado sobre la objetividad de la dura ciencia y el otro, sobre la subjetividad de los valores personales”. Puesto que, “la causalidad y la sincronicidad no son contradictorias sino percepciones dobles de la misma realidad fundamental”. (...)“De este modo se hace posible conservar una experiencia objetiva de la naturaleza y un sentido del significado e interconexión de las cosas sin necesidad de rechazar el planteamiento científico, dice Peat.

“Es sólo cuando la causalidad, añade el autor, se lleva hasta sus límites que se descubre que el contexto real en que ocurren los sucesos debe extenderse indefinidamente. En otras palabras, todo lo que sucede en nuestro universo es causado, de hecho, por todo lo demás. Se podría considerar que la totalidad del universo se revela o se expresa en sus acontecimientos individuales. Es dentro de esta visión global que es posible considerar a las sincronicidades como sucesos significativos que se originan en el corazón de la naturaleza”.

Peat, siguiéndole los pasos al funcionamiento que siguen las células para construir un organismo complejo, confirma que lo que se da en la naturaleza es una cooperación para la vida, cada unidad orienta su actividad hacia un objetivo, el suyo, su propio desarrollo, y asimismo coopera con las otras unidades en un objetivo más complejo, la construcción de un órgano, de un aparato, de un sistema y de un ser vivo, que se manifiesta como unidad en sí mismo, pero que está creado y desarrollado por la labor de cada unidad.

Según se desprende de la aportación de Peat, la visión que hay que alimentar es aquella que trata de descubrir lo que está escondido, y se niega a construir empalizadas que lo oculten aún más; para ello hay que ir detrás de lo que se ha dado en llamar coincidencias, casualidades, azar, suerte, etc., casi siempre con connotaciones despectivas, y que sin embargo han sido fenómenos que han acompañado el devenir humano.

Nuevo juego

Por eso proponemos un nuevo juego, que a las coincidencias con significados íntimos para el sujeto se les reconozca el valor, por lo menos, que hasta ahora se le ha dado a cualquier factor con capacidad para entrar en los órdenes cuantitativos, para ser empíricamente reconocido, para no ser negada su existencia. El valor de ellas está, cuando menos, en que pone en marcha las preguntas y detrás de ellas la imaginación, y con ella la posibilidad de una permanente tensión con la búsqueda de la verdad que nos seduce.

Las coincidencias significativas (las sincronicidades) permiten que se abran grietas en nuestra visión homogénea del universo, con ellas se rompe la rígida comprensión que tenemos y se flexibiliza esa comprensión. Al flexibilizarse, la realidad manifestada puede tornarse transparente y a partir de ahí surgir el movimiento, la luz, el color, el sonido, la no forma y, con todos ellos, la potencia creadora.

También, la naturaleza de la sincronicidad o de los fenómenos que se manifiestan así, nos ayuda a abundar en la íntima relación entre las manifestaciones externas y los procesos internos, en la unidad del sujeto con el objeto que está en el campo de su atención o de su investigación. A través del lenguaje del arte, la literatura, la música o la ciencia, se despliegan o cabe pensar que se despliegan, aspectos del inconsciente que con fórmulas simbólicas nos comunican la esencia de que estamos hechos y que compartimos con toda la naturaleza. “Los muchos ejemplos de movimientos coincidentes del pensamiento, sentimiento e ideas entre grupos y disciplinas inconexos, sugieren que hay un significado más profundo más allá de estas coincidencias y sincronicidades”.

No hemos de extrañarnos de la existencia de un orden, de unas leyes permanentes, cuando cualquier creación, aclara este autor, (en el lenguaje, en la música, etc) está enmarcada o sometida a esas leyes que la estructura, y que no por ello, ese llamado orden, impide crear a ningún individuo: lo que se manifiesta como instrumento para ir al encuentro del inconsciente colectivo que diría Jung, u objetivo que concluiría Pauli.

Los mundos simultáneos que vivimos pueden ser el efecto del movimiento de las mareas de la conciencia humana. Estas mareas, producidas por las corrientes internas, ponen de manifiesto aquellos aspectos de lo que somos, en los distintos grados o niveles del inconsciente.

En el lenguaje marinero diríamos que hay mar de fondo cuando lo que emerge es aquello que durante mucho tiempo ha estado oculto, mientras la superficie de la conciencia ha parecido estar en “calma chicha”, para continuar con la terminología costera. Las sincronicidades parecen ser una oportunidad para acercarnos mejor hoy al significado de los fenómenos, aunque siempre han estado ahí provocando nuestra atención.

Si basta con que haya un observador escudriñando el interior de la realidad manifestada, para que se produzca ese aparente resurgir de lo que está plegado, también sucede en la acción contraria. La negación militante de una realidad evocadora de algo más allá de lo que consideramos lo real, hace emerger, sincrónicamente, otros sucesos, acausales, con significado por sí mismos, que nos animan a no dormirnos en lo obvio y a buscar lo que la paradoja trata de indicar.

El viejo paradigma es el que nos permite mirar y medir pero es, asimismo, el que nos dificulta levantar la mirada de lo que enfocamos. También, la mirada que fragmenta es la misma que impide ver los grandes patrones que estructuran la naturaleza y los contextos globales en que se producen los fenómenos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos cuánticos.



Martes, 5 de Diciembre 2006
Alicia Montesdeoca
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1.Publicado por Gonzalez el 06/01/2007 20:50
En la nota de pie de página del comentario que le hice al artículo de Alicia Montesdeoca, publicado el 20 Octubre 2006 en la sección: “La Razón Sensible”, de Tendencias 21, hice alusión acerca de aplicarle a nuestro cerebro las características cognitivas aparentemente antagónicas existentes entre los mecanocuánticos: bosón-(par especular: fermión-antifermión), cuando vemos que “… las dos formas conocer propias de cada uno de los hemisferios del cerebro humano, son las mismas relaciones que por una no-linealidad, o lo que es lo mismo: por una reciprocidad UNITARIAMENTE inversa, existen entre la(s): A) interioridad-continuidad-desorden-simetría intemporalidad intrínsecas al bosón, y: B) exterioridad-discontinuidad-orden-asimetría y temporalidad, inherentes al par especular: fermión-antifermión. Si se contempla esta posibilidad, ambos tipos de conocimiento siguen siendo contrarios… ¡pero para poder complementarse en su propia UNIDAD!”.

El prefijo hemi significa mitad, de donde se colige, en una primera y ordinaria aproximación, que la UNIDAD que TOTALIZA al Humano Conocer debería conseguirse por el solo hecho de simplemente sumarle, a “esta” mitad cerebral 0.5, la “otra” mitad cerebral 0.5. Pero, como dice el refrán: “…del dicho al hecho… ¡hay mucho trecho!”, y las cosas no son tan fáciles como suenan.

La razón para tal dificultad hay que buscarla en la consciencia que debemos tomar sobre todas y cada una de nuestras relaciones, mejor diríamos, de nuestras co-relaciones. En cualquier relación se necesitan mínimo dos entidades que la lleven a cabo y cuando sostengo que más que relación es una co-relación la que hay que llevar a cabo, es porque el(la) “otro(a) también tiene, no solo el derecho, sino inclusive, el deber de manifestar(se) (de “desplegarse”, para usar una terminología muy cara a Bohm) tal y como el(ella) es. Con otras palabras: el “despliegue”, la manifestación y el intercambio entre las individualidades propias de cada par (en este caso las individualidades de cada uno de los dos componentes del par cerebro-hemisferial), debe ser una sana y equilibrada co-relación. Y aquí el paralelismo entre las identidades de nuestros dos hemisferios cerebrales (es decir, nuestra propia identidad), con las condiciones básicas del mecanocuántico par especular: fermión-antifermión, es evidente: necesitamos a como dé lugar, manifestarnos, desplegarnos, externo-discontinuo-asimétrico-ordenada y temporalmente en tanto que individuos constituyentes de una sociedad que a toda costa, repliega, y tiende a impedir que manifestemos nuestras individualidades, llámese tal sociedad: familia, escuela, barrio, municipalidad, nación o planeta Tierra.

Pero el proceso inverso es igualmente necesario y evidente: ¿no es precisamente a partir de algo previa y sanamente plegado, que ese tal “algo” puede desplegarse, manifestarse y que este “algo”, ahora previa y sanamente desplegado, manifestado, pasa naturalmente a plegarse, a in-manifestarse....para volverse a desplegar, a manifestarse…para de nuevo plegarse…y así por siempre jamás?

Esto es justamente lo que sucede entre los dos hemisferios cerebrales, toda vez que como mecanocuántico par especular fermión-antifermión ya han manifestado, ya han desplegado su(s) conocimiento(s), y naturalmente vuelven a re-plegarse sobre si mismos y con ello pasan automáticamente a su condición de in-manifestados bosones…que nuevamente se despliegan como par especular: fermión-antifermión…los que otra vez se repliegan para…etc., y así por siempre jamás….Y siendo muy a mi pesar, conscientemente redundante, no es otra la razón por la cual, en la nota de pié de página del anterior artículo de Montesdeoca, haya afirmado que: “… las dos formas conocer propias de cada uno de los dos hemisferios del cerebro humano, son las mismas relaciones que por una no-linealidad, o lo que es lo mismo, por una reciprocidad UNITARIAMENTE inversa, existen entre la(s): A) interioridad-continuidad-desorden-simetría e intemporalidad intrínsecas al bosón, y B) exterioridad-discontinuidad-orden-asimetría y temporalidad inherentes al par especular: fermión-antifermión. Si se contempla esta posibilidad, ambos tipos de conocimento siguen siendo contrarios… ¡pero para poder complementarse en su propia UNIDAD!

Quedaría tan solo una duda por despejar. Cuando Montesdeoca nos dice: “…por esta razón, Carl Jung ha llamado a la sincronicidad un “principio conector acausal”. La naturaleza de la sincronicidad se caracteriza como suceso único significativo y acausal que implicaría alguna forma de patrón. Carl Jung demuestra que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una coincidencia. La historia de la sincronicidad comienza con Carl Jung y con el físico Wolgang Pauli, en ellos se unen los planeamientos de la física y de la filosofía…”; (hasta aquí Montesdeoca).

Me pregunto entonces: ¿no es acaso lícito pensar que sincronismo y acausalidad son palabras sinónimas de la intemporalidad inherente a las internas continuidad y simetría, propias del bosón? Recuerde el lector, que para el Diccionario de la RAE, la palabra sincronismo significa: “correspondencia en el tiempo entre las diferentes partes de los procesos”, es decir que no hay diferencias ni temporales ni espaciales entre las diferentes partes de un proceso y por lo tanto hay simetría y continuidad entre ellas. Para usar un término genuinamente mecanocuántico, todas las partes del proceso bosónico, están “enmarañadas”, entrelazadas, es decir: son sincrónicas.

2.Publicado por Drughieri el 11/01/2008 16:23
Publicado en VDA.
Me pareció un artículo sumamente interesante, lo publiqué con comentarios y link a este sitio.


3.Publicado por Luchetti el 01/04/2008 17:19


Hola Sincrónicos!!!:

Es un fotón el que une suceso y símbolo en la mente. Tomaríamos la
sincronicidad como un fenómeno permanente que posee maneras de
ser traducido a la conciencia si el sujeto está alerta, y después que
la coincidencia se ha producido. Es provechoso releer a Poe, porque
en su cuento "El escarabajo de oro" el elabora, sin saberlo, una
teoría de la sincronicidad donde el escarabajo es real hy es símbolo
en un mapa que señala un lugar físico... El presente continuo no
es inasible si se ven los lazos de unión practicando la escucha o la
visión de repeticiones de símbolos durante un día completo de 24 hs.
Chau, gracias.

4.Publicado por Nsimalen el 18/05/2008 02:03
¿Sabéis de lo que habláis?
Sólo veo palabrería vacua y absurda...

5.Publicado por Luchetti el 19/05/2008 20:55


Hola Nsimalen!!!!!

Sé de que hablo. Las repeticiones de símbolos son las que nos indican
el lugar donde la mente resuena, la frecuencia que "ha tocado" y el
lugar hacia dónde mirar... El símbolo en el mapa y en la realidad o la
"coincidencia" en el cuento de Poe llevan al Tesoro. Al personaje lo
pica un coleóptero, ese mismo insecto aparece en el mapa... Es
también un escarabajo el que aparece en un sueño de una paciente
de Jung y que golpea en la ventana y que el mismo Jung utiliza
para explicar la sincronicidad. En la sincronicidad el mundo externo
y el interno (nuestra mente) resuenan como se explica en el
artículo según Peat. ¿O de qué hablamos...?
Chau, gracias

6.Publicado por Antonio Jimenez el 19/05/2009 15:22
Ver parte del contenido del libro "Viaje a la Divinidad" en el sitio web de la coctelera o entrando en Google, nos habla de una nueva forma de ver lo que nos rodea y de entender que hay cosas que nos rodean y no vemos.
Saludos

7.Publicado por hugo luchetti el 19/05/2009 21:12



LAS PALABRAS E IMAGENES que èstas representan, resuenan en la MENTE GLOBAL (plano general de los habitantes de la Tierra). Las repeticiones que se producen son ACORDES. Estas resonancias son electroacùsticas e independientes de su significado o contenido el cual depende de cada individuo. El significado pertenece a la melodìa de lo que decimos o pensamos o escuchamos... Pero la resonancia
del acorde es como el sonido de un bajo que acompaña al resto de los instrumentos. Cuando esos acordes se oyen, producen sincronicidad o uniòn entre el ambiente y uno mismo... Chau, gracias

8.Publicado por Manuel Muñoz-Luza el 21/05/2009 20:23
Es esto similar a los conceptos que surgen de las estructuras disipativas que pueden ayudar a conmprender y modelizar sistemas geográficos, ecológico y humanos. En Ilya Prigogine: El tiempo y el Devenir (Coloquio de Cérisy), Gedisa editorial (cap.2 (37-49) se discute lo siguiente : "La critica más grave hacia los modelos utilizados en investigación operativa, geografía, planificación,etc....es que cada modelo es único, una descripción de un caso particular, basado en la idea de cuasi equilibrio(utilidad entropía máxima). ¿como estas estructuras disipativas facilitan que no sean únicos?

9.Publicado por hugo luchetti el 22/05/2009 14:09



FLUIDOS Y FORMAS:

Debe tomarse al pensamiento, a la palabra, la idea, el hablar, el escribir... como FLUIDOS y aplicarles las leyes de la mecànica de fluìdos, y usar el nùmero de Reynolds aplicado al lenguaje. El vaivèn de .lo dicho
es fluìdo, las formas que se utiizan o partìculas flotantes en el fluìdo son LETRAS. Todas las letras que se mueven durante 24 hs. sobre el PLaneta, constituyen la MENTE GLOBAL. Alguien pensarà que esto es imposible de ser medido por infinito, pero esa mente global tiene resonancias, como si fuesen los estribillos
de una melodìa. Y esta orquesta puede escucharse, nosotros somos los instrumentos...Chau,gracias


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