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Personas de todo el mundo bailan al mismo ritmo

Un estudio revela que las músicas del planeta presentan características universales y funcionan siempre como medio de cohesión social


Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Exeter (Reino Unido) y la Universidad de Tokio (Japón) ha revelado que las canciones de todo el mundo tienden a compartir características -como un ritmo fuerte- que permiten la coordinación en situaciones sociales y que fomentan la unión grupal. La investigación desafía el escepticismo acerca de la presencia de aspectos universales en la música.



Imagen: Clearly Ambiguous. Fuente: Flickr.
Imagen: Clearly Ambiguous. Fuente: Flickr.
Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Exeter (Reino Unido) y la Universidad de Tokio (Japón) ha revelado que las canciones de todo el mundo tienden a compartir características -como un ritmo fuerte- que permiten la coordinación en situaciones sociales y que fomentan la unión grupal.

A pesar de décadas de escepticismo acerca de la presencia de aspectos universales de la música a través de las diversas culturas, la presente investigación proporciona una fuerte evidencia de la existencia de rasgos comunes en la música mundial.

Sus resultados, que se publican en
Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), respaldan la idea de que la música es un poderoso aglutinante social que ayuda a la cohesión de las sociedades.

El Dr. Thomas Currie, de la Universidad de Exeter, explica en un comunicado institucional que: "Nuestros hallazgos ayudan a comprender por qué los humanos hacen música. Los resultados muestran que las características más comunes observadas en la música de todo el mundo permiten a las personas coordinar sus acciones, lo que sugiere que la función principal de la música es unir a las personas y grupos sociales".

"En Occidente a veces pensamos en la música como medio de expresión o de muestra del talento personal, pero, a nivel mundial, la música tiende a ser más un fenómeno social. Eso se ve, por ejemplo, en los coros religiosos o en los himnos nacionales. En países como Corea del Norte también podemos ver ejemplos extremos de cómo la música y la danza masivas se pueden utilizar para unir y coordinar grupos".

Características del estudio

En la investigación fueron analizadas 304 grabaciones de música estilísticamente diversas de todo el mundo, con el fin de encontrar en ellas las características comunes.

Aunque no se hallaron universales absolutos, sí que aparecieron docenas de elementos constantes en la mayoría de las canciones, y a través de las diferentes regiones del planeta.

Estas características estaban relacionadas con el tono y el ritmo, así como con el contexto social y con las interrelaciones entre los elementos musicales.

Por ejemplo, se constató que los ritmos basados ​​en dos o tres tiempos estaban presentes en la música de todas las regiones de la muestra: América del Norte, América Central y del Sur, Europa, África, Oriente Medio, Asia Meridional, Asia Oriental, Sudeste de Asia y Oceanía.

El autor principal del trabajo, Pat Savage, estudiante de doctorado de la Universidad de Tokio concluye por su parte que: "En los viejos tiempos, los occidentales creían que las escalas occidentales eran universales. Pero luego, cuando nos dimos cuenta de que otras culturas tenían ideas muy diferentes sobre las escalas, algunos concluyeron que no había nada universal en la música. Ahora hemos demostrado que, a pesar de su gran diversidad superficial, la mayor parte de la música del mundo se compone en realidad a partir de elementos básicos muy similares y realiza funciones muy parecidas, que giran principalmente en torno a unir a las personas".

La importancia del ritmo


Hace tiempo que los científicos sospechan que, en el caso de nuestra especie, las habilidades musicales y rítmicas evolucionaron para fortalecer lazos sociales, como un medio de coordinación e interacción.

El especialista en esta cuestión Edward Large, de la Universidad  de Connecticut (EEUU), ha señalado que los niños se sincronizan con el ritmo eventualmente como parte de un proceso de socialización, de la capacidad de interactuar con otros.

Esto podría explicar el origen evolutivo de dicha capacidad y también el hecho de que nunca haya existido una cultura humana que no tenga música, tal y como ha afirmado el neurólogo Robert Zatorre, catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill, cofundador del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound (BRAMS) en Canadá y uno de los mayores expertos mundiales sobre cómo el cerebro procesa la música y produce emociones.

Referencia bibliográfica:

Patrick E. Savage, Steven Brown, Emi Sakai, and Thomas E. Currie. Statistical universals reveal the structures and functions of human music. PNAS (2015). DOI: 10.1073/pnas.1414495112.



Martes, 30 de Junio 2015
Redacción T21
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