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Políticas del Norte perjudican a las economías del Sur




Desde el comienzo de la crisis financiera mundial en 2008, el argumento del Centro del Sur ha sido que las respuestas políticas de la Unión Europea y de Estados Unidos padecen graves deficiencias que retrasarían la recuperación, generarían pérdidas innecesarias de ingresos y empleos, y pondrían en peligro el crecimiento y la estabilidad futura.  A […]

Yilmaz Akyuz

Yilmaz Akyuz

Por Yilmaz Akyuz
GINEBRA, Jul 17 2014 (IPS)

Desde el comienzo de la crisis financiera mundial en 2008, el argumento del Centro del Sur ha sido que las respuestas políticas de la Unión Europea y de Estados Unidos padecen graves deficiencias que retrasarían la recuperación, generarían pérdidas innecesarias de ingresos y empleos, y pondrían en peligro el crecimiento y la estabilidad futura. 

A pesar del cauto optimismo del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial no está en buena forma. Tras seis años de crisis, Estados Unidos no se recuperó del todo, la zona euro apenas comenzó a hacerlo, y los países en desarrollo pierden impulso.

Existe el temor de que la crisis se desplace a los países en desarrollo y preocupación en lo que respecta a las perspectivas a largo plazo por tres motivos principales.

En primer lugar, la crisis y la respuesta política a la misma agravaron los problemas sistémicos, por lo que la desigualdad aumentó."La vulnerabilidad financiera externa del Sur está vinculada a la integración de los países en desarrollo a los mercados financieros mundiales y a la considerable liberalización de las finanzas externas y las cuentas de capital de estos países"

La inequidad ya no es solo un problema social, sino que también presenta un problema macroeconómico: frena el crecimiento y provoca la tentación de confiar una vez más en las burbujas financieras con el fin de estimular el gasto.

En segundo lugar, los desequilibrios comerciales globales se redistribuyeron a expensas de los países en desarrollo, por lo que la zona euro, especialmente Alemania, se convirtió en un peso muerto en la expansión mundial.

En tercer lugar, la inestabilidad financiera sistémica sigue sin abordarse, a pesar del entusiasmo inicial por la reforma de la gobernanza de las finanzas internacionales. Además se agregaron nuevas fragilidades debido a la política monetaria ultra expansiva.

La respuesta a la crisis es una combinación de políticas incoherentes, que incluye la austeridad fiscal y la política monetaria ultra expansiva.

Aunque el sector financiero provocó la crisis, la solución de todas maneras se buscó en las finanzas. Los países se concentraron en la búsqueda del auge del gasto privado, impulsado por las finanzas mediante las burbujas de precios de los activos y la expansión del crédito. La política fiscal ha sido invariablemente restrictiva.

La política monetaria ultra expansiva generó más de un billón de dólares en beneficios fiscales en Estados Unidos, más que el estímulo fiscal inicial, que en total se limitó a 800.000 millones de dólares.

Hubo renuencia a eliminar la deuda pendiente mediante una reestructuración general, o sea, para las hipotecas en Estados Unidos y la deuda soberana y bancaria en la Unión Europea. Por lo tanto, la atención se dedicó al rescate de los acreedores.

También hubo renuencia a eliminar la deuda hipotecaria pendiente y ningún intento de gravar a los ricos y ayudar a los pobres, especialmente en Gran Bretaña y Estados Unidos, donde las tasas impositivas marginales son bajas en comparación con las de Europa continental.

Hubo resistencia contra la monetización permanente del déficit y la deuda pública, que no suponen más peligro para los precios y la estabilidad financiera que la política monetaria ultra expansiva.

La situación en Estados Unidos es mejor que en otras economías avanzadas. El país se ocupó de la crisis financiera, no de la económica, por lo cual la recuperación es lenta debido a la carga fiscal y la deuda pendiente. Está previsto que el empleo vuelva a los niveles previos a la crisis recién a partir de 2018.

En cuanto a la zona euro, Japón y Gran Bretaña, los tres tuvieron segundas o terceras caídas desde 2008. Ninguno volvió al nivel de ingresos y empleo previo a la crisis.

Los desequilibrios comerciales no se eliminaron, pero se redistribuyeron. El superávit de Asia oriental se redujo drásticamente y América Latina y África subsahariana contrajeron grandes déficits. El saldo favorable de los países en desarrollo cayó de 720.000 millones a 260.000 millones de dólares.

Por el contrario, las economías avanzadas pasaron del déficit al superávit. El déficit de Estados Unidos se redujo y la zona euro pasó de un saldo negativo de 100.000 millones de dólares a un superávit de 300.000 millones de dólares.

A medida que el “tapering” (contracción de inyección de liquidez por los bancos centrales) llegue a su fin y la Reserva Federal de Estados Unidos deje de comprar activos, la atención se dirigirá a la cuestión de la salida, la normalización y las expectativas de una mayor inestabilidad de los mercados financieros de Estados Unidos y las economías emergentes.

Esta salida también creará problemas fiscales para Estados Unidos porque, a medida que venzan los bonos en poder de la Reserva Federal y cese la expansión monetaria cuantitativa, las tasas de interés a largo plazo subirán y los beneficios fiscales de la política monetaria ultraexpansiva se invertirán.

Los países en desarrollo perdieron impulso mientras la recuperación de las economías avanzadas se mantuvo débil o ausente debido al efecto de desgaste de las políticas anticíclicas y la reducción del margen para aplicar políticas. China no puede seguir invirtiendo y haciendo lo mismo.

Otro factor que contribuye al cambio de contexto en los países en desarrollo es la menor afluencia de capitales, que adquirieron una fuerte inestabilidad con la profundización de la crisis de la zona euro y el posterior tapering de la Reserva Federal.

Varias economías emergentes experimentan presión ya que los mercados están reflejando la normalización de la política monetaria, incluso antes de que haya comenzado.

La vulnerabilidad financiera externa del Sur está vinculada a la integración de los países en desarrollo a los mercados financieros mundiales y a la considerable liberalización de las finanzas externas y las cuentas de capital de estos países.

Algunos ejemplos de esto son la apertura de los mercados de valores, los préstamos privados en el extranjero y la apertura a los bancos extranjeros.

Si bien los países en desarrollo no manejaron adecuadamente los flujos de capital, el FMI no los respaldó en este campo y toleró los controles de capital solo como último recurso y con carácter temporal.

Varios países en desarrollo en déficit y con burbujas de activos, de crédito y de gasto son particularmente vulnerables. Aquellos con fuertes reservas de divisas y sólida situación de cuenta corriente no estarían aislados de los shocks, como se vio tras el colapso de la empresa financiera Lehamn Brothers en 2008.

Cuando un país está integrado al sistema financiero internacional sentirá el golpe de una manera u otra, aunque los países con déficits siguen siendo los más vulnerables.

En cuanto a la reacción política en el caso de una renovada inestabilidad, es conveniente cambiar la forma de actuar habitual, lo cual incluye el uso de las reservas y los préstamos del FMI o de las economías avanzadas para financiar las salidas de efectivo.

El FMI presta, no para reactivar la economía, sino para mantener estables los niveles de deuda y evitar el default. También es inconveniente el ajuste a través de los recortes y la austeridad.

Deben hallarse medios para sacar de apuros a los inversionistas y prestamistas extranjeros, y utilizar los controles de cambio y las moratorias temporarias de la deuda. En este sentido, el FMI debe apoyar estas estrategias con préstamos a los países en mora.

Más importante aún, la Reserva Federal de Estados Unidos es la responsable del surgimiento de esta situación y debe asumir su responsabilidad y actuar como prestamista de última instancia para las economías emergentes, a través de swaps o la compra de bonos.

Estas medidas no son necesariamente más tóxicas que los bonos emitidos en el momento de la crisis de las subprime, los créditos hipotecarios de riesgo.

Estados Unidos tiene mucho en juego en la estabilidad de las economías emergentes.

Yilmaz Akyuz es el economista jefe del Centro del Sur, con sede en Ginebra. Una versión más extensa de este análisis se encuentra en el South Centre Bulletin (no. 80  , 30 de junio de 2014). 



Fuente : http://www.ipsnoticias.net/2014/07/politicas-del-n...


Jueves, 17 de Julio 2014
Yilmaz Akyuz
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