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Blog futurista de Tendencias21


PROSPECTIVA


Según lo visto en los posts anteriores dedicados a la crisis económica actual, el camino hacia adelante no está despejado en absoluto. George Soros, por ejemplo, cree que la Unión Europea y sobre todo los países europeos del sur, lo tienen muy difícil si Alemania y otros países del norte no se disponen a actuar en favor de una Europa unida. Otros autores también citados anteriormente, como Robert J. Gordon, creen que hay razones más profundas para que la crisis continúe, como son, la muerte de la innovación y el fin del crecimiento. Otros por fin, como James G. Rickards, al que nos referiremos más adelante, anuncian que nos esperan, sobre todo a los Estados Unido, hasta veinticinco años de depresión, crecimiento mínimo y desempleo masivo. La crisis y su posible extensión parece así ser un fenómeno natural que nadie puede detener.


Las crisis económicas como desastres naturales
He dedicado los últimos 15 posts a comentar la crisis económica actual y tengo la impresión de que si alguno los lee todos hasta el final va a obtener la cabeza caliente y los pies fríos. Muchos tacharán lo dicho de pura retórica relacionada con una situación muy difícil para un porcentaje elevado de la población que requiere más soluciones que discusiones. De los economistas se dice que siempre están muy bien preparados para la última crisis y continuamente analizan a posteriori lo ocurrido haciendo inventario de lo aprendido. Un último ejemplo de este fenómeno puede verse en el reciente libro, What have we learned?. Macroeconomic Policy after the Crisis, recopilación de las ponencias de una conferencia organizada por el Fondo Monetario Internacional en abril de 2013 en la que participaron economistas muy destacados, reguladores y responsables de políticas económicas de diversos países e instituciones.(*)

En la conferencia en cuestión se trataba de analizar la larga crisis surgida a finales de 2007 con el desencadenante de las hipotecas subprime en los Estados Unidos y, sobre todo, con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Se buscaba información e ideas sobre, la crisis en sí misma, los motivos de la lenta recuperación posterior y las causas del bajo crecimiento previsto para los próximos años, especialmente en los países desarrollados. Como metáfora del diagnóstico general de la reunión, uno de los participantes en la conferencia y co-editor del libro, George Akerlof, Premio Nobel de Economía de 2001, compara lo que está ocurriendo con la situación de un gato subido a las ramas de un árbol, paralizado por el miedo y sin capacidad para moverse.

Por el gato atemorizado cabe entender el conjunto de instituciones relacionadas con la economía, es decir, gobiernos, instituciones diversas, empresas, consumidores e inversores. O, dicho de otra forma, la sociedad en su conjunto, todos nosotros.

Leyendo este libro he tenido la misma sensación que tuve en una conferencia reciente de un religioso, misionero en Filipinas, intelectual y escritor. Hablaba en su conferencia del subdesarrollo y explicó en un momento determinado sus experiencias directas relacionadas con el ciclón Yolanda, causante de 6.300 muertos el 7 de noviembre de 2013. Indicó que los que ejercen su labor en la zona, como él, los políticos y los administradores públicos locales, habían aprendido mucho de lo ocurrido y habían diseñado como consecuencia de ello muchas medidas y normas a adoptar en circunstancias de ese tipo. Cuando le pregunté en el coloquio posterior a su intervención si se había actuado de alguna forma concreta y qué ocurriría si un ciclón similar se desencadenara de nuevo este año, me reconoció con pesadumbre, la pobreza de las actuaciones y, desde luego, la realidad de que si hoy se produjera un nuevo ciclón en la misma zona seguramente sería igual de catastrófico. Las mismas personas sin recursos habían reconstruido sus mismas misérrimas viviendas en las misma áreas cercanas al mar en donde estaban previamente, sin protección alguna en relación con ciclones y tsunamis.

No es difícil encontrar similitudes entre esos desastres naturales y las crisis económicas y financieras, por ejemplo: 1) estas últimas también parecen ser fenómenos naturales sobre los que no tenemos control; 2) aunque se sepa mucho sobre ellas no hay medidas que las detengan; 3) los mecanismos automáticos diseñados para hacerles frente no funcionan; 4) siempre hay nuevas características de las crisis no conocidas previamente que explican dicho no funcionamiento; 5) no hay nadie responsable de tomar medidas, porque no saben, no quieren o no pueden; 6) no se sabe lo que puede ocurrir después de ellas; y 7) y, por supuesto, son siempre las mismas personas las se llevan la peor parte de sus consecuencias. Los 6.300 muertos que nos partieron el corazón hace un año, sin importar la distancia, nos recuerdan a las muchas más personas, cerca de nosotros esta vez, que aunque no mueran se acercan a ello y sufren la pobreza, el desempleo, el cierre de negocios, los embargos, los desahucios y otras desgracias sin fin. Insisto en esto último porque es una realidad que se nos olvida con frecuencia, y considero además, que esta larga crisis no nos va a salir gratis en el caso concreto de España.

Parece mentira, pero crisis como la actual, nos llevan a pensar de esa manera, aunque no sea muy racional y hasta ahora siempre se haya considerado que el mundo construido por los hombres no estaba sometido a las leyes de la naturaleza. La verdad es que nos resulta difícil creerlo así y hemos señalado esas similitudes, no porque las aceptemos, sino porque deseamos señalar que lo peor ante ellas es cruzarnos de brazos. Muchos otros no tienen la misma actitud hoy y están inmovilizados como el gato en el árbol anterior, o, mucho peor, esperan que algo automático como el mercado nos saque de la crisis.
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(*) George Akerlof, Olivier Blanchard, David Romer y Joseph Stiglitz, Wat have we learned?. Macroeconomic Policy after the Crisis, The MIT Press, Cambridge, Massachusetts, 2014.
Adolfo Castilla

Economía

Economía

28 Diciembre 2014

Seguimos hablando en este post de George Soros, el famoso millonario y especulador en los campos de los mercados monetarios, los Hedge Funds y los derivados, o, como él ha sugerido que se le presente, "financiero, filántropo y especulador filosófico". Lo hacemos para indicar que este conocido personaje se siente muy a gusto en la filosofía. Es curioso porque su actividad profesional se desarrolla en los mercados de capital, sus conocimientos tienen mucho que ver con la economía y la política y su vocación profunda se centra en la filosofía y la reflexión intelectual. Sus libros, bastante bien conocidos para no ser un estudioso o profesional del pensamiento, así lo muestran. En ellos cuenta siempre, su experiencia haciéndose multimillonario, la forma cómo lo ha conseguido relacionándose con la teoría económica y con las actuaciones de los políticos y reguladores y las resultados obtenidos en relación con las ideas que rigen el comportamiento humano en las sociedades complejas de nuestros días. En el último terreno, como decimos, es donde se encuentra más a gusto y por eso dedicamos este post a presentar de manera muy sumaria las conclusiones que obtiene en términos de características de las sociedades actuales. Tres de sus conceptos más queridos relacionados con dichas sociedades, "falibilidad", "reflexividad", y el "principio de incertidumbre humana", son explicados con brevedad en lo que sigue.


Teoría Económica y Filosofía
Finalmente hay unas cosas específicas en las que Soros basa su actividad intelectual. Son, su relación con Karl Popper (1902 - 1994), su afición a la filosofía y su aportación, o uso específico, de conceptos en los que insiste una y otra vez desde su primer libro y, muy especialmente, desde que publicó en 2006 su libro The Age of Fallibility, traducido al español con el inocuo título de, Tiempos Inciertos, del que incluimos su portada en este post.

Todo arranca de las explicaciones que da sobre sus estudios en la London School of Economics, en los cuales combinó la economía con la filosofía. Indica que lo que más le sorprendió entonces fue comparar las ideas de Karl Popper sobre la falibilidad de todos los conocimientos, incluidos los científicos, con la seguridad y certeza con la que se enseñaba entonces (final de los años 40) la teoría económica.

En ese terreno, más filosófico, son famosas ya palabras como “fallibility” (falibilidad), “reflexivility” (reflexividad) o “The Human Uncertainty Principle” (El principio de Incertidumbre Humana), que son las que utiliza en el título de su artículo incluido como apéndice de su último libro.

Con el primero se refiere al hecho, ampliamente explicado por Popper, de que todos los conocimientos, incluso los científicos, son falibles. Lo cual es llevado a las ciencias sociales y a la Economía para indicar que son más falibles de lo que creemos. Afirmación que no nos impresiona a muchos porque ya sabíamos que eso era así.

En cuanto al segundo, su idea es que los grupos sociales formados por gente que piensa y tiene subjetividad, son complejos en cuanto a predecir el comportamiento ya que cada participante piensa de manera distinta y tiene distinta subjetividad sobre los mismos hechos reales, lo cual lleva a actuaciones que afectan al conjunto haciendo que la supuestas variables independientes de la Economía, no lo sean en realidad.

Explica en ese sentido que cada ser pensante tiene dos funciones, la cognitiva y la manipulativa, las cuales son las dos subjetivas. Al darse juntas y a la vez por parte de muchas personas en relación con el estado de la realidad, que es objetivo, el efecto es que las interpretaciones finales se produzcan en múltiples direcciones. Lo cual lleva a una sociedad de valores e ideas múltiples que no son consistentes entre sí, como también indicó Isaiah Berlin (1909 - 1997), y Soros recuerda en su libro. Es decir, que al participar todos en una misma realidad las interpretaciones y opiniones subjetivas de unos afectan a las de otros produciéndose una realidad final subjetiva compleja, circular y recursiva. Parece que Popper difundió mucho la idea de aplicar la reflexividad a las ciencias sociales, y el concepto se relaciona con las ideas de “profecías auto-cumplidas” a las que se refirió el sociólogo norteamericano Robert K. Merton (1910 – 2003). Esta idea es algo más elaborada desde el punto de vista intelectual que lo anterior, pero tampoco es la invención de la pólvora.

En cuanto a su tercera aportación, “El Principio de Incertidumbre Humana”, Soros dice que cuando la falibilidad y la reflexividad se ponen juntas se produce una situación de incertidumbre total que hace que las teorías existentes no sirvan para actuar. La realidad conceptual construida por la subjetividad humana a través de esos dos elementos, sobre todo el de la reflexividad hace que las interpretaciones de los hechos se distancien de los hechos mismos y la incertidumbre final sea más severa de lo previsto. Un alegato que lleva, cuando menos, al pesimismo sobre la interpretación del mundo y sobre la actuación para resolver problemas.

Soros parece estar muy satisfecho con estas aportaciones intelectuales, o filosóficas, a las que por cierto une otros neologismos diversos. Cree que son grandes descubrimientos intelectuales aunque la verdad es que revelan cierta ingenuidad por su parte.

Sus conclusiones generales relacionadas con esas aportaciones intelectuales, van en la dirección de señalar lo poco que sirven las políticas económicas y las actuaciones de los gobiernos cuando no se puede hacer lo que él hace en los mercados, es decir, analizarlos continuamente, hacer hipótesis sobre ellos y sus movimientos, identificar cuándo hay una disonancia entre los errores del mercado y lo que él considera correcto y actuar antes de que los mercados corrijan su posición. Por eso sorprende que dedique tanto tiempo e interés a analizar los errores en cuestión de política económica de la Unión Europea y que proporcione tantas recomendaciones sobre lo que debería hacerse para corregir la crisis del Euro, la cual él ve duradera y grave ya que puede llevar a la desintegración de Europa. Algo que muchos creemos posible y sobre lo estamos francamente preocupados.

La obra de Soros en su conjunto parece, en resumen, una actividad intelectual que pone en marcha, no necesariamente para hacerse un hombre respetable y honorable después de años de hacer dinero especulando, cosa que él considera correcto y legal y por la que no cree que deba pedir excusas, sino para conseguir hacerse un hueco en el mundo de los filósofos y científicos, algo que es siempre más difícil sin ser un verdadero profesional de esos temas. Con su dinero, su inteligencia y su esfuerzo, que no hay que descartarlo, puede darse una pátina de filósofo pero no creemos que termine haciéndose un hueco en la historia de ese mundo. Aunque, dicho sea una vez más, sus reflexiones sobre la UE y el Euro resulten bastante acertadas.
Adolfo Castilla

Economía

Economía

26 Diciembre 2014

George Soros siempre ha criticado a la teoría económica o, mejor dicho, al uso que de ella hacen los políticos y gobernantes. Considera, por un lado, que muchos la utilizan como si fuera una ciencia exacta, y, por otro, que con frecuencia está llenas de falacias que todos siguen sin darse cuenta de ello. Su éxito como especulador suele explicarlo indicando que siempre que identifica una hipótesis falsa en los mercados, en los reguladores o en los gobiernos, apuesta contra ella. En este post nos referimos a esta cuestión sobre todo para argumentar que no es cierto lo que Soros cree sobre la teoría económica, ya que la historia de esta materia está llena de autores que se han referido a su carácter de ciencia social inexacta y siempre cambiante. Ni la teoría económica se considera una ciencia exacta por parte de los economistas, ni existe racionalidad perfecta en las decisiones de los agentes económicos, ni el riesgo y la incertidumbre han sido olvidaos por estos profesionales en sus explicaciones. En lo que sigue damos algunas muestras de ello.


Crítica de la Teoría Económica
En el terreno de la teoría económica es donde más parece columpiarse George Soros, ya que muchas de las cosas que dice son simplistas, erróneas y trasnochadas. Escribe, por ejemplo, que en nuestro tiempo impera la creencia de que la teoría económica es como una ciencia exacta y que los mercados funcionan bajo condiciones de competencia perfecta y racionalidad total de los agentes económicos. Cree en ese sentido que la teoría económica dominante procede de interpretaciones newtonianas del mundo y es determinista en su enfoque.

Puede que en algún tiempo fuera así, quizá en los albores de la Economía como ciencia a finales del siglo XVIII y probablemente en el XIX, pero hace mucho tiempo que los economistas saben que la Economía es sólo una ciencia social, es decir, una pseudociencia, denominación en la que tanto insiste desde hace unos años el filósofo Mario Bunge (nacido en 1919). Como tal, nada hay de seguro ni de carácter infalible en ella. Todo está sometido a comprobación y lo que unas veces funciona otras veces no funciona.

Las leyes de la ciencia económica en lo que tiene que ver con la macroeconomía se refieren a procesos económicos como el consumo, la inversión, el ahorro y otros, que son fenómenos regidos por en el comportamiento humano. Como tales, son leyes variables y volátiles. Existen, eso sí, leyes dentro de la Economía, lo cual la acercan a una ciencia, pero son siempre leyes aproximadas. Cuando dichas leyes se expresan matemáticamente, de lo cual se ocupa la Econometría, para formular cualquiera relación hay que utilizar diversas variables independientes para explicar una variable dependiente, y hay siempre un término aleatorio que puede representar un porcentaje elevado de la ecuación. Los económetras saben muy bien que si el término aleatorio es muy elevado el coeficiente de correlación es bajo y la ecuación no sirve. O que, alternativamente, hay que cambiar la ecuación quitando algunas variables explicativas e introduciendo otras. Nada hay más heurístico, de hecho, que la Economía.

En cuanto a los mercados de capital en lo que sin duda Soros es un experto, los economistas no especializados saben mucho menos, pero, que yo sepa, ningún economista cree que exista un conocimiento perfecto de las leyes que rigen dichos mercados. Lo que los economistas han dicho sobre ellos se ha referido, precisamente, a la incertidumbre, a la aleatoriedad, al papel de la intuición y a la utilización de métodos tan poco científicos como el “chartismo”. Los economistas se han referido también a la forma de reducción de los riesgos y al manejo óptimo de la carteras de valores (o portfolios), pero lo que han indicado sobre ello es siempre orientativo.

Los conocimientos de Soros sobre lo hecho en Economía en cuanto a la incertidumbre y el riesgo, parecen también muy primarios e incompletos. No se puede citar en este terreno simplemente a Frank Knight (1885 – 1972), un autor ciertamente importante y pionero de esta materia, pero al que han sucedido multitud de destacados economistas que han analizado estos temas desde diversas perspectivas. Sólo en los premiados con el Nobel de Economía se puede ver una larga lista de autores que se han enfrentado a la no racionalidad de las decisiones económicas y a las imperfecciones de los mercados de capital.

Herber Simon, por ejemplo, Nobel de 1978, ya se refirió a la no racionalidad de las decisiones en las organizaciones económicas, introduciendo la idea de la racionalidad limitada (bouded rationality). Franco Modigliani, Nobel de 1985, fue un estudioso de los mercados financieros. James Buchanan, Nobel de 1986, trabajó sobre la teoría de la adopción de decisiones económicas y políticas. Harry Markowitz, Merton Miller y William Sharpe, recibieron el Nobel en 1990, por su teoría de la economía financiera. Reinhard Selten, John Forbes Nash y John Harsanyi, lo recibieron en 1994, por su teoría de juegos no cooperativos. Robert C. Merton y Myron Scholes, en 1997, por sus nuevos métodos para determinar el valor de los derivados. Robert Mundell, Nobel de 1999, que fue asesor de la Comisión Europea en la época anterior a la adopción del Euro, trabajó sobre políticas fiscales y monetarias bajo diferentes sistemas monetarios y sobre las zonas óptimas de divisas. Joseph Stiglitz, George Akerlof y Michael Spence, receptores del premio en 2001, trabajaron sobre los mercados con información asimétrica. Daniel Kahneman, por fin, premio de 2002, fue y es continuador de Simon y un inmenso especialista de las relaciones entre psicología y economía. Además, claro está, de los dos ya citados en estos posts, Finn Kydland y Edward C. Prescott, estudiosos de las fuerzas que regulan los ciclos económicos y que recibieron el Nobel en el año 2004. Y quizá también, y por último, Robert Aumann y Thomas Schelling, que lo recibieron en 2005 por sus contribución a la comprensión de los conflictos y la cooperación mediante la utilización de la Teoría de Juegos.

Es decir, que la acusación de ciencia sin fallos que Soros hace a la Economía es un pequeño sofisma que este autor utiliza para defender sus propias ideas.
Adolfo Castilla

Economía

Economía

25 Diciembre 2014

Continuamos en este post comentando el libro de George Soros, "The Tragedy of the European Union". No referimos ahora a sus respuestas a las preguntas del periodista alemán, Gregor Peter Schmitz, corresponsal para Europa de "Der Spiegel", que forman el grueso de esta publicación. Las cuatro entrevistas que dicho periodista realizó a Soros a lo largo de 2013, se refieren, como hemos dicho en posts anteriores, a la situación actual de la Unión Europea y a las posibilidades de salir de lo que Soros llama insistentemente "La Crisis del Euro". Cree este conocido personaje que Europa está abocada a un estancamiento de larga duración, lo que llevaría quizá consigo su desintegración definitiva, si Alemania no se toma en serio el proyecto de unión y no ejerce más el papel hegemónico (razonable y benevolente) que tiene que adoptar.


Diagnóstico sobre la Unión Europea
George Soros (nacido en 1930) considera en su libro, The Tragedy of the European Union. Disintegration or Revival?, que el Euro es para los países hasta ahora deudores (debtors) del sur de Europa como una moneda extranjera en manos de los países acreedores (creditors) del norte (con particular referencia a Alemania), ya que los primeros no pueden solventar sus desequilibrios internos con la devaluación o la emisión de moneda. Para arreglarlos tienen que acudir a la austeridad interna y al estancamiento, algo que ocurrió exactamente así en la década perdida que sufrió Latinoamérica en los años 1980. No puede existir, dice Soros, una moneda única sobre las que unos países imponen las reglas y otros las sufren. Como tampoco puede mantenerse una situación en la que si los países deudores cumplen las reglas y reducen su actividad, son penalizados con elevadas primas de riesgo, lo cual a su vez agrava la situación y extiende y consagra el estancamiento económico. El estancamiento secular es posible en Europa en los próximos años según estas interpretaciones.

Insiste una y otra vez en que Alemania debería, dicho en inglés, “Lead or Leave” el Euro, es decir, liderar el Euro o abandonarlo. Sobre la segunda hipótesis da muchas ideas sugiriendo la existencia de un Euro del Norte liderado por Alemania y un Euro del Sur liderado por Francia.

Reconoce que ese no es el plan de Alemania, país que parece querer el Euro a toda costa, aunque, eso sí, haciendo lo mínimo posible para mantenerlo. Así no pueden funcionar las cosas, según Soros, y para salvar el actual sistema monetario europeo Alemania debería estar dispuesta a hacer mucho más de lo que hace ahora. Debería por ejemplo aceptar los Eurobonos y adquirir más responsabilidades sobre la construcción de una Europa unida de las que hoy admite.

Una de sus ideas básicas es que los gobiernos se apoyan muchas veces en teorías económicas erróneas a las cuales se aferran con fuerza y las mantienen a pesar de sus fallos. Considera que tal es el caso de la Unión Europea sobre todo desde el Tratado de Maastricht de 1992 y critica todo el entramado institucional que la UE ha puesto en marcha para conseguir la integración de los países miembros. Habla poco, por ejemplo, del European Stability Mechanism (ESM) establecido en 2012, pero no tiene buena opinión de los dos mecanismos anteriores, a los que esta última institución sustituyó: el European Financial Stability Facility (EFSF), acordado por 27 de los países de la UE en mayo de 2010 para preservar la estabilidad financiera europea, proporcionando ayuda financiera a los países de la eurozona que la necesiten; y el European Financial Stabilisation Mechanism (EFSM), en funcionamiento también desde mayo de 2010, que es un fondo de emergencia que recoge dinero de los mercados con la garantía de la Comisión Europea, para proporcionar ayuda financiera a los países miembros con dificultades económicas.

Impresiona que a pesar de tantos mecanismos de estabilización las cosas no funcionen en Europa y a ello, precisamente, responde Soros diciendo que no pueden funcionar mientras Alemania no ejerza una hegemonía benevolente en Europa, es decir, una dirección de la UE como si fuera una verdadera unión política, en la que Alemania actuara como el Gobierno Federal en los Estados Unidos.

Se refiere también al mal conocimiento de los mercados financieros que la UE y los países miembros demuestran a diario. En esto es donde más agresivo se muestra al considerar que él sí conoce bien dichos mercados y al basar su éxito económico en anticipar o reconocer los movimientos del mercado. Dice que él nunca ha causado las tempestades que se producen en dichos mercados, sino que simplemente sabe “correr la ola” y sacar partido de ello. Explica el caso de su especulación sobre la Libra Esterlina en 1992 como un movimiento por su parte consistente simplemente en apostar por una bajada de esta moneda que era claro que debería devaluarse pero que no podía hacerlo sin salir del Exchange Rate Mechanism (ERM), creado en 1979 como parte del European Monetary System (EMS) para reducir la variabilidad de las monedas europeas y conseguir una estabilidad monetaria en Europa. El Gobierno inglés debía haber actuado antes, pero estaba ligado a un acuerdo con todos los otros países miembros de la UE según el cual su moneda tenía que mantenerse dentro de un margen de fluctuación de + - el 6 % en relación con el Marco. Soros apostó fuertemente porque al final el Reino Unido tendría que salir del ERM y devaluar. Según él mismo dice, acertó, pero podía perfectamente haberse equivocado y en este caso habría perdido mucho dinero.

Esta disposición de los gobierno a mantenerse en posiciones preestablecidas, basadas según él en teorías económicas erróneas, de resistirse a cambiar cuando las circunstancias han variado o de actuar en contra de sus intereses por incontinencia, es llevada por él a la categoría de una ley general. Puede que lo que Soros quiere decir con esta ley, al menos parcialmente, sea algo parecido a la “incontinencia temporal” de los políticos sobre lo que investigaron y escribieron los premios Nobel de Economía de 2004, Finn Kydland (nacido en 1943) y Edward Prescott (nacido en 1940).(*)

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(*) Citado, por cierto, en el libro también utilizado en estos últimos posts, y cuya portada se incluyó en el anterior, Nada es Gratis., página 143
Adolfo Castilla

Economía

Economía

23 Diciembre 2014

Sobre la crisis económica que comenzó a finales de 2007, se materializó en 2008 y llegó a su máximo en términos de decrecimiento en 2009, se ha escrito y hablado extensísimamente en los últimos años. Los economistas, como es lógico, la han analizado en todos sus aspectos, incluidas sus causas, su impacto y las posibles políticas y actuaciones a adoptar para salir de ella. Algunas de dichas políticas han sido puestas en marcha en España por el actual Gobierno y la verdad es que sin estar para tirar cohetes, la situación económica está mejorando y justo a final del presente año hay ciertas esperanzas de dejar atrás lo peor de este fenómeno. Hay de hecho un cierto optimismo, especialmente del lado del Gobierno, para el cual hay motivos, aunque no todos los expertos vean claro el camino adelante, especialmente en Europa. El estancamiento secular, al que tanto nos hemos referido en los últimos posts, es una negativa pero clara posibilidad para los países europeos, y para conjurarla algunos personajes proponen actuaciones drásticas sobre las reglas bajo las que funciona la Unión Europea y el Euro. Uno de ellos es George Soros, cuyo último libro hemos anunciado ya en este blog. Comenzamos en este posts a analizar algo de lo que dice en dicho libro, advirtiendo que aunque no sea la fuente más profesional para estos temas sí que aporta ideas no expresadas tan claramente por otros.


Diagnósticos y actuaciones sobre la crisis
Puede resultar curioso acudir a George Soros, que no es, desde luego, un economista ni un profesional de la empresa o de la economía, para buscar soluciones a la crisis, pero hay alguna aportación de interés en su último libro aunque sólo sea por las críticas que hace a la UE y las ideas que expone sobre la crisis del Euro. Soros es, como se sabe, un especulador que ha amasado una fortuna de más de 20.000 millones de dólares actuando principalmente en el terreno de las divisas y siendo responsable, entre otras hazañas, de provocar en 1992 la quiebra del Banco de Inglaterra. Es un experto en Hedge Funds y derivados, productos financieros de “destrucción masiva”, generalizadamente odiados y denostados. Creador en 1973 de Quatum Fund una empresa que al parecer llevan hoy sus hijos, y una figura en resumen, de gran fama aunque esta sea de carácter más bien negativo.

Como elementos positivos de su biografía se habla siempre de sus obras sociales y de su filantropía, además de su amor por la “sociedad abierta” como la definió Karl Popper, También se cita con frecuencia su decisiva contribución a la caída de la Unión Soviética y a la eliminación de su presencia en Polonia, en donde apoyó al movimiento Solidaridad, en Checoeslovaquía, soportando a Carta 77, y, más recientemente, en Georgia, financiando la Revolución de las Rosas.

Soros se considera un “filósofo frustrado” y lleva mucho tiempo escribiendo y publicando libros diversos. Recuerda insistentemente sus estudios de grado en filosofía en la London School of Economics en la que tuvo como tutor a Karl Popper. Se graduó en 1952 y siempre ha mencionado su experiencia decisiva en el terreno del conocimiento al combinar la economía y la teoría económica con la filosofía. En 1999 apareció en español, publicado por la editorial Debate, su libro La Crisis del Capitalismo Global, en el que expuso gran parte de las ideas que sigue defendiendo hoy sobre el error que supone mezclar las hipótesis teóricas de la economía con el comportamiento humano, cosa por cierto, y dicho sea de paso, un tanto contradictoria, ya que la verdadera teoría económica lo que explica es el comportamiento humano en relación con los fenómenos económico.

Ha publicado bastantes otros trabajos y se sorprende de la poca atención que su obra ha despertado en los medios académicos, por lo que parece dar un gran valor a la publicación en enero de 2014 en la revista Journal of Economic Methodology, de su artículo, “Fallibility, Reflexivity and the Human Uncertainty Principle”, el cual, por cierto, se incluye como apéndice en el libro que estamos empleando, a cuyo contenido nos referimos algo más a continuación.

Nos parece un poco como acudir a un curandero en busca de tratamiento para la enfermedad europea conociendo la gran labor llevada a cabo en los últimos tiempos por lo más florido de los economistas actuales desde los consagrados como Krugman, Stiglitz, Sachs, Phelps, Peter Schiff o Robert J. Shiller, a los también importantes, Ian Bremmer, Kenneth Rogoff, Nouriel Roubini, Olivier Blanchard, o el mismo Ben Bernanke. Por no hablar de los economistas españoles más destacados como los que se mueven alrededor de FEDEA o, incluso, los relacionados con el blog “Nada es gratis”, del que ya en 1911 surgió el libro con el mismo título firmado con el seudónimo Jorge Juan, nombre del humanista, ingeniero y científico español del siglo XVIII, Jorge Juan y Santacilia (1713 – 1773), bajo el que se agrupan hasta seis destacados y jóvenes economistas españoles, la mayoría con brillantes carreras internacionales. El libro, cuya portada recogemos en este post, resulta muy aconsejable para saber algo sobre actuaciones para evitar el estancamiento de larga duración al que estamos abocados en Europa.

Lo que dice Soros en su libro, por otra parte, no es novedoso, repite muchos de los términos y conceptos que ya difundió en sus libros anteriores, The Alchemy of Finance, de 1987; The Crisis of Global Capitalism, de 1998; The Age of Fallibility, de 2006; y The New Paradigm for Financial Markets, de 2008. Revela no obstante en este libro de entrevistas un gran conocimiento de la situación política, económica y social de la Unión Europea y argumenta con fuerza a favor de una reforma del sistema financiero europeo actual basado en el Euro.

Seguimos revisando sus ideas en el siguiente post.
Adolfo Castilla

Economía

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.



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