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Blog futurista de Tendencias21


PROSPECTIVA


El presente es el tercer y último post dedicado al capítulo de conclusiones del libro "What have we learned" elaborado por David Romer. Se dedica a recoger las opiniones de este autor sobre la política monetaria y la fiscal, así como a presentar sus conclusiones generales.


Políticas monetarias y fiscales contra las crisis financieras
David Romer en el capítulo por él escrito del libro What have we learned, que venimos comentando, aborda el tema de la política monetaria y se hace eco de lo tratado en la conferencia y recogido en el libro, en relación con fijarse como objetivo un cierto valor límite para la inflación, lo cual fue mencionado en un número importante de ponencias de la conferencia del FMI de la que el libro procede. Tal objetivo se ha demostrado que no es suficiente y que en los últimos años, especialmente en la crisis reciente, no ha sido de mucha utilidad para reequilibrar el sistema económico. Recoge también la idea de que los bancos centrales tengan como objetivo adicional el crecimiento nominal del PIB, aunque concluye que en la conferencia se habló poco del tema y en términos generales existe un desconocimiento bastante elevado sobre dicho objetivo y no se disponen de datos cuantitativos ni de análisis detallados sobre sus costes y sus beneficios y, especialmente, sobre si tal objetivo puede hacer a una economía más resistente a los shocks financieros.

En cuanto a la política fiscal lo más importante surgido de la conferencia es que debería tener más margen de maniobra, aunque dicho margen no es algo definitivo ni mágico. Menciona el caso de países que han tenido grandes problemas fiscales en la crisis a pesar de haber practicado una política fiscal muy responsable antes de ella.

Conclusiones

Su conclusión general es que en la conferencia y en el libro se trataron y se tratan temas bastante simples, técnicos y específicos, y no se abordaron ni se abordan las grandes reformas necesarias para evitar las crisis y resolverlas a corto plazo, así como medidas verdaderamente efectivas para hacer a las economías más resistentes a las crisis financieras.

Parece que en esas condiciones no hay solución para nuestros sistemas financieros, las burbujas seguirán produciéndose y las economías tendrán cada vez menos resistencia para soportar los impactos de los shocks financieros. Ahora por ejemplo, por lo que se refiere a España, estamos, de nuevo, en una espiral de crecimiento de las bolsas, en mi opinión, no justificada y que peligrosamente se acerca a una burbuja. Las únicas razones para ese crecimiento son las especulativas, es decir, las relacionadas con la economía financiera tipo casino que hemos creado y en la que tan a gusto se sienten muchos. Unidas, todo hay que decirlo, a los bajos tipos de interés y el bajo rendimiento de los bonos del Estado y otros productos más seguros y a la falta de oportunidades de inversión en proyectos empresariales.

En cualquier caso, los tres capítulos de conclusiones del libro, What have we learned, que hemos analizado hasta ahora, que se refieren todas a la misma conferencia y al mismo libro, reflejan la mentalidad, ideología o profesión de sus autores, sin querer por ello restar objetividad a sus opiniones. El primero tiene un enfoque más bien de teoría económica, como corresponde a un catedrático y premio Nobel; el segundo refleja las opiniones de un responsable de una institución financiera internacional y sus convicciones profundamente liberales y no intervencionistas en los mercados financieros; y el tercero es intervencionista como corresponde a un neo-keynesiano. Todavía nos quedan por revisar las conclusiones obtenidas por Joseph Stiglitz, también catedrático y premio Nobel, que además es lo más parecido que se puede encontrar en los Estados Unidos a un socialdemócrata europeo.
Adolfo Castilla

Economía

Se continúa en este post con el resumen del capítulo debido a David Romer del libro "What have we learned" que venimos comentando. Pasamos en esta nueva entrega a revisar algunas de las propuestas que el autor hace en términos de medidas para prevenir las crisis financieras y resolverlas con facilidad, así como a para reducir los impactos de los shocks financieros en la economía real.


Medidas a adoptar en relación con las crisis financieras
Terminábamos el post anterior indicando las tres áreas a las que si iba a referir el autor (David Romer) para hacer su resumen de la conferencia del FMI. Son tres: a) medidas a adoptar en el caso de un área de moneda única común, como la eurozona; b) política monetaria; y c) política fiscal.

En el primer grupo incluye la política de la tasa de interés a corto plazo (policy rate, en inglés), la cual debe ser fijada sin aviso previo con el objetivo de disminuir los desequilibrios financieros y reducir los riesgos de aparición de crisis. Sería un tipo de medidas, utilizadas hoy por los bancos centrales, con cierto valor para evitar el comienzo de una crisis.

Más importantes cree Romer que son las políticas macroprudenciales y la gestión de las cuentas de capital de las empresas cotizadas en bolsa, aunque piensa que este tipo de medidas requiere mucha habilidad y sabiduría de los responsables de los bancos centrales y de las instituciones reguladoras, mientras no estén más estudiados los problemas y las actuaciones.

Pensar que con la actuación sobre los tipos de interés y con cierta creatividad para ver lo que está mal en el capital de las empresas se pueden impedir las grandes crisis financieras es ilusorio, según Romer, y es por eso por lo que propone medidas de más calado.

Soluciones más profundas de tipo financiero

La idea en este terreno es conseguir que los shocks financieros, si finalmente se producen, tengan poco impacto económico sobre la economía de un país. Para ello Romer considera que hay ideas interesantes en las políticas microprudenciales sobre las que se debatió bastante en la reunión del FMI. Opina que se deben procurar estructuras de capital más fuertes en las empresas y unos requerimientos más exigentes en relación con la liquidez. Asimismo deben existir reglas especiales para las instituciones con altos riesgos sistémicos, y capacidades especiales asignadas a las instituciones financieras especialmente en lo relacionado con actuaciones especiales, tales como el ring-fencing (1) del Reino Unido o el Volcker rule (2) de los Estados Unidos.

A pesar de la conveniencia de dichas medidas, no considera que sean suficientes y vuelve a insistir en que es una pena que en la conferencia del FMI y en el libro posterior, que estamos glosando aquí, no se hayan considerado reformas financieras de más enjundia.

Soluciones de mayor escala en el terreno macroeconómico

El último tema que aborda es el de los cambios que habría que introducir en el sistema financiero para hacer a las distintas economías más resistentes a los shocks financieros en términos macroeconómicos. Considera el autor que en este terreno es donde menos se ha avanzado, tanto en la conferencia del FMI como en términos generales. Para tratar de aportar alguna idea sobre reformas a introducir establece tres áreas de actuación: a) medidas a adoptar en el caso de un área de moneda única común, como la eurozona; b) política monetaria; y c) política fiscal.

En cuanto al primer aspecto, y apoyándose mucho en lo ocurrido en Europa, dice que no es suficiente que algunos de los países miembros tomen medidas de saneamiento de sus bancos. Tendrían que adoptarse las mismas medidas en todos los países de la zona a la vez y además adoptarse una política fiscal única, así como la introducción de mecanismos para corregir las diferencias de competitividad entre países.

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(1) ring-fencing : es cuando una porción de los activos o los beneficios de una compañía se separan sin necesidad de de operar como si fueran dos entidades distintas
(2) Volcker rule : es una reforma del Consumer Protection Act de los Estados Unidos introducida por Paul Volcker cuando era Chairman del FED, consistente en restringir ciertos tipos de especulaciones financieras que no benefician a sus clientes.
Adolfo Castilla

Economía

Resumimos en el presente y en los dos próximos posts el contenido del tercer capítulo de conclusiones del libro "What have we learned". Como se sabe, el libro está editado por George Akerlof, Olivier Blanchard, David Romer y Joseph Stiglitz, y cada uno de ellos escribe un capítulo de conclusiones distinto. Se refieren todos a la misma conferencia organizada por el FMI y al mismo libro realizado con lo discutido en ella.


Tratando de prevenir la próxima catástrofe financiera
El título de este post es más o menos el mismo que el del tercer capítulo de conclusiones del libro What have we learned que venimos comentando. El capítulo en cuestión está escrito por David Romer, profesor de economía política de la Universidad de California en Berkeley y autor de libros y artículos muy influyentes de orientación más bien neo-keynesiana.

Es, como digo, el tercero tras los dos debidos a George Akerlof y Olivier Blanchard ya analizados. El cuarto capítulo de conclusiones que también resumiremos está hecho por el Premio Nobel de Economía de 2001, Joseph E. Stiglitz. En ese año, dicho sea de paso, fueron premiados conjuntamente Akerlof, Stiglitz y Michael Spence, por sus trabajos sobre información asimétrica en los mercados. Spence no asistió a la reunión del Fondo Monetario Internacional de la primavera del año 2013 de cuyas presentaciones y debates se nutre el libro en cuestión.

Lo que Romer comienza diciendo encaja muy bien con la crítica que hemos hecho en este blog a las pequeñas cosas de tipo financiero discutidas en la conferencia y a la poca atención prestada a las verdaderas causas de la crisis financiera del 2008 y de otras previas.

Indica que aunque las presentaciones hechas por los responsables de las instituciones financieras asistentes a la reunión y lo tratado en los debates mantenidos, le habían resultado interesantes, las propuestas emitidas y las conclusiones alcanzadas no cree que fueran suficientes para evitar próximas crisis financieras en el futuro.

Añade que en la conferencia deberían haberse preguntado por las reformas profundas que necesita el sistema financiero internacional para prevenir la ocurrencia de nuevos shocks financieros y por las políticas económicas que permitirían soportar los impactos de dichos shocks.

Dice literalmente lo siguiente: “Ha habido relativamente pocas serias consideraciones sobre ideas válidas para abordar dichas reformas, y no sólo en la conferencia sino en el conjunto de las comunidades académicas y políticas”.

Continúa explicando que las crisis financieras han sido más comunes y frecuentes que excepcionales a lo largo de la historia. Identifica seis grandes crisis de los últimos 30 años y analiza sus características. Las dos que han tenido forma de burbuja han sido las dos últimas: la de los punto.com del 2000 y la del 2008 en la que todavía estamos. Las dos estuvieron precedidas de un crecimiento espectacular de las bolsas, sin que nadie hiciera nada al respecto.

De una manera general concluye que los shocks financieros son frecuentes y difíciles de predecir. Esto último, tanto en lo que tiene que ver con el tiempo de ocurrencia como en la forma cada vez distinta en que las crisis aparecen.

Cree que el sistema financiero necesita reformas de importancia a las que se hacen pocas referencias en el libro. A falta de ideas sobre ellas se preocupa por indicar algunas medidas en relación con los temas tratados que sí podrían adoptarse. Distingue entre, “soluciones de pequeña escala”, “soluciones de más profundidad en el sistema financiero” y “soluciones de más escala en el terreno macroeconómico”.


Adolfo Castilla

Economía

Al hilo del capítulo de conclusiones de Olivier Blancahrd en el libro, What have we learned?, que hemos resumido en los últimos posts, hacemos en éste una serie de comentarios muy personales sobre los fallos de nuestro sistema financiero y las deficiencias de la llamada "economía financiera". Indicamos que nuestro sistema económico está al borde de la bifurcación y que existen prácticas dentro de él que son malas para todos. Mientras que eso está ocurriendo a la vista de todo el mundo, los expertos se dedican a discutir pequeños aspectos de la política monetaria.


Una economía financiera que necesita reformas
Cuando uno lee las pequeñas cosas sobre el sistema financiero que se tratan en el libro que comentamos, tiende por un momento a pensar, como los miembros del Occupy movement americano con su slogan “We are the 99 %”, que el FMI nos engaña y está aquí para proteger a los de “arriba”. Es una idea, en efecto, momentánea, ya que no admito, ni de lejos, esa interpretación de las cosas, y creo que Blanchard y los otros participantes en el libro, son gente honrada, y el FMI una institución necesaria. Sí creo, sin embargo, que debemos protegernos todos de nuestros excesos en las instituciones y en los mecanismos de funcionamiento de nuestras sociedades, que nosotros mismos hemos creado. Y también, que debemos ser realistas y saber de verdad lo que está bien y lo que está mal en nuestras instituciones.

Los derivados que son procesos muy antiguos en la historia de la humanidad, por ejemplo, no se consideraron procesos adecuados para las bolsas de valores hasta 1972. Desde 1930 los mercados financieros estuvieron estrictamente regulados y los derivados financieros no se permitieron hasta la fecha indicada. Desde entonces los derivados han ido demasiado lejos al igual que otros componentes de la llamada “ingeniería financiera”.

Lo peor es que esa economía financiera se está separando de la economía real y comienza a tener sus propias reglas. El dinero produce dinero y el mercado de capitales no es ya el mecanismo por el cual el ahorro de las gentes llega a las empresas productivas, las cuales por su parte necesitan a la población trabajadora y le dan empleo. La economía financiera tiene vida propia y no necesita la nube de mano de obra, cualificada o no, que existe en nuestras sociedades.

Si esto sigue así podría producirse una verdadera bifurcación en los países más desarrollados. Hoy ya lo vemos en actuaciones diversas. Los anuncios recientes de las ganancias espectaculares de los bancos, 39 % más que el año pasado en uno y 25 % en otro, de los primeros bancos españoles, lleva a la reflexión. Sin duda es una buena noticia para las bolsas, los mercados financieros, los fondos de inversión y los inversores particulares, y los bancos están obligados a hacer esos anuncios. Para la empobrecida población española y para los casi 13 millones de españoles al borde de la pobreza absoluta, el asunto tiene otra interpretación: es sencillamente una obscenidad.

La bifurcación está ya aquí y los dos componentes de nuestras sociedades funcionan por separado y tienen sus propias leyes. El gran problema, como sabemos, es que eso no puede durar. La inestabilidad política y otros males están a las puertas de nuestro mundo supuestamente desarrollado.

Lo mismo se podría decir de los frecuentes reportajes en nuestros medios de comunicación sobre los resultados económicos de las muchas SICAV existentes en nuestro país. La población no entiende que tan poca gente gane tanto dinero mientras que mucha más gente tiene necesidades extremas y viven tan en precario.

Hay además cosas que nos parecen normales a todos pero que no lo son tanto. Recientemente he oído a un empresario decir que no entendía que llamaran “pelotazo” a invertir 34 millones de Euros en una empresa y venderla en bolsa algún tiempo después por 500. Esos casos nos parecen a todos muy normales en la economía de casino que hemos creado, y mucho más desde luego al que se beneficia de ellos. Es una muestra de nuestra libertad en cuanto a lo que hacemos con nuestro dinero, y mucho más una muestra del mecanismo de libre mercado del que tan orgullosos nos sentimos. La verdad es que tales procesos pueden ser creadores de burbujas y de crisis potenciales, malas para todos. No hay duda al respecto. Van en contra de nosotros mismos y deberíamos protegernos de ellos.

Un ejemplo lo tenemos en la burbuja inmobiliaria vivida recientemente con virulencia tanto en los Estados Unidos como en España. Todos hemos sentido el vértigo que suponía hacernos ricos con el valor de nuestras viviendas, para después, en poco tiempo, hundirnos en la miseria de no vender dichas viviendas ni siquiera bajándolas a menos de la mitad de su precio, mientras que las hipotecas seguían ahí, “vivitas y coleando”.

Es curioso porque si hubiera funcionado el mecanismo de mercado de la vivienda, es decir, si las viviendas se hubieran construido para satisfacer las necesidades de alojamiento de las personas, la crisis no se habría producido. El problema surgió cuando algo tan fundamental como tener un hogar se transformó, una vez más, en una economía tipo casino en la que se compraban pisos no para vivir ni para alquilar sino simplemente para esperar a su revalorización y entonces vender. Algo tan básico como la vivienda se transformó así en un bien especulativo.

La sobreventa de hipotecas, el olvido de los cálculos de riesgo, la titulación, o titulización, de paquetes de deudas y otras prácticas, realmente fraudulentas, de los bancos, han sido, una vez más, responsables de lo ocurrido.

La crisis inmobiliaria americana le costó todo su crédito a un economista que había adquirido una imagen espectacular en los Estados Unidos. Alan Greespan, que fue presidente de la FED desde agosto de 1987 a febrero de 2006, mantenido en el puesto por cuatro presidentes americanos consecutivos, favoreció el uso de los derivados y no prestó atención a la burbuja inmobiliaria. Los dos fenómenos causaron la crisis del 2008. A posteriori, cuando las críticas a su gestión arreciaron, sólo acertó a decir que había creído que el mecanismo de mercado funcionaría y llevaría a la economía al crecimiento en equilibrio.

La verdad es que a la vista de lo ocurrido con la Gran Recesión vivida desde el 2008, el FMI y los economistas cercanos a su actividad, deberían, en sus conclusiones sobre lo que han aprendido, referirse a los fallos intrínsecos del sistema financiero, al no funcionamiento en él del mecanismo de mercado, al uso de instrumentos de dudosa validez para todos, como los derivados financieros, y a las prácticas fraudulentas de los agentes, con particular referencia a los bancos.

Adolfo Castilla

Economía

Economía

8 Marzo 2015

Resumimos en este nuevo post el último punto del capítulo de conclusiones de Olivier Blanchard del libro "What have we learned? que venimos comentando. Hace referencia al papel que puede jugar la comunicación en el terreno de la política económica. Después de eso comenzamos a hacer también algunos comentarios sobre la "peligrosa" economía financiera que los hombres hemos creado. Continuaremos con este último tema en el próximo post


Instituciones financieras y crisis
Nos quedan todavía por resumir dos capítulos de conclusiones del libro que venimos comentando, What have we learned?. Macroeconomic Policy after the Crisis. Se deben a David Romer y a Joseph E. Stiglitz y son bastante interesantes. Pero antes me gustaría volver a hacer algunos comentarios sobre las, en mi opinión, débiles o intrascendentes enseñanzas obtenidas de la crisis tal como han sido recogidas en la conferencia del FMI y en el libro en cuestión.

Olivier Blanchard hace una última referencia en su capítulo de conclusiones a la comunicación como herramienta de los bancos centrales y al papel que pueden tener en la economía los anuncios previos de medidas a adoptar por parte de dichas instituciones. Menciona el caso del Banco Central Europeo y su programa Outright Monetary Transactions (OMT), el cual parece haber funcionado a pesar de ser un anuncio antiguo que justo en estos días de primeros de marzo de 2015 se está poniendo en marcha. Los inversores como se sabe, han presionado en los últimos años para que las primas de riesgo de los bonos de los países más endeudados del sur de Europa tuvieran que subir. Fenómeno que repercutía en que fuera más difícil para dichos países pagar sus deudas y salir de la crisis, con lo que se verían abocados en último extremo a abandonar el Euro. Grecia sería un caso claro en ese sentido. El anuncio de la existencia de dinero abundante transferido a esos países por el BCE, junto con medidas estructurales internas, todo hay que decirlo, ha hecho en los últimos años que países como Irlanda, España y Portugal hayan comenzado a superar sus dificultades y las primas de riesgo estén bajando a niveles normales.

Se refiere también en ese sentido al caso del Banco de Japón y a su anuncio de hace unos meses de duplicar la masa monetaria del país. El resultado final dependerá de las expectativas de las familias. Si estas creen que la inflación subirá y adaptan su comportamiento a ello en relación con los precios y los salarios, la inflación en el conjunto del país terminará subiendo, que es lo que Japón necesita. Si no suben las expectativas de la gente la inflación no subirá y el anuncio del Banco Central no producirá ningún efecto.

En términos de política monetaria lo que se deduce del libro del FMI, en este último sentido de la comunicación anticipada de medidas a adoptar, es que los choques psicológicos juegan un determinado papel, y, sobre todo, que el funcionamiento de la política monetaria no es tan mecánico y determinista como indican los libros de texto de economía y finanzas.

Es curioso que Blanchard se refiera a esos aspectos psicológicos y a sus distanciamiento de la teoría económica y no mencione el distanciamiento de otros procesos de los mercados financieros de la teoría y de las buenas prácticas, como son, por ejemplo, las actuaciones fraudulentas de diversos de sus agentes, incluidos los bancos.

Hace poca referencia también al papel de la regulación, o las referencias que hace son muy ligeras y muy formalistas. No menciona, por ejemplo, que existe una concepción de liberalismo o libertad de mercados algo fundamentalista que impide llegar a fondo en situaciones de clara actuación fraudulenta de empresas, bancos y fondos de inversión. Tampoco toca el tema de medidas de los reguladores que no llegan a alcanzar sus objetivos porque hay muchas formas de recurrirlas. Y no entra en dimensiones de nuestro sistema financiero que hoy sabemos son destructivas para todos, como los “hedge funds” y los derivados, los cuales han sido caracterizados como “armas de destrucción masiva”.

Deberíamos ser serios en ese sentido y pensar que nuestro sistema financiero, nuestra economía financiera a la que tanto cuidamos, se nos está yendo de las manos y empieza a ser una carga más que un componente beneficioso de nuestro mundo. Yo no soy un antisistema ni mucho menos, y de hecho creo profundamente en que el capitalismo es espontáneo, es lo que nos ha salido naturalmente a los hombres tratando de subsistir, y mil veces que la humanidad comenzara su andadura por este mundo mil veces llegaríamos a la misma organización económica. La economía financiera forma parte de ese proceso natural y no hay razones para no admitirla. No se trata de eso, pero sí, decididamente, de controlarla, reformarla y regularla.

Adolfo Castilla

Economía

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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