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Blog futurista de Tendencias21


PROSPECTIVA


Continuamos en este post con el segundo tema anunciado en el anterior en relación con actuaciones posibles en los países desarrollados para evitar el "estancameinto secular" hacia el que vamos. Se trata del aumento de las inversiones públicas, conocido remedio inventado por Keynes, que ahora vuelve, quizá un poco, por no saber qué hacer. No está mal ya que cómo se puede leer en la figura ilustrativa del post anterior el gasto de todos y la inversión no se pueden detener, por lo menos hasta que no encontremos otra forma de vida de las personas que no esté relacionada con la producción y el consumo.


Inversión pública en grandes infraestructuras para evitar el "estancamiento secular"
En términos de pura teoría económica el debate sobre si la deuda depende del crecimiento o el crecimiento de la duda, al que nos hemos referido en el post anterior, lo primero es lo más lógico y lo segundo no está además avalado por los hechos. Hoy, por ejemplo, los Estados Unidos crecen a buen ritmo a pesar de tener una duda cercana al 100 % del PIB. Lo mismo ocurre en España, aunque de forma menos clara en cuanto a la robustez del crecimiento del PIB.

En cualquier caso resulta increíble que las dificultades y las miserias de tantas familias dependan hoy de teorías explicativas inciertas sobre los fenómenos económicos y de las actuaciones imprevisibles de los políticos que están siempre aprendiendo y nunca tienen prisa para nada.

Y lo más grave es que la austeridad como objetivo básico de todo, pasó hace algún tiempo de los gobiernos a las empresas y hoy no existe en estas últimas y en la mayoría de las instituciones privadas, en términos de actuación, otra cosa que “Austeridad”, con mayúsculas y entre comillas.

La austeridad actual de las empresas es alarmante y decepcionante, especialmente la de muchas grandes empresas, que además no tienen excesivos motivos para mantener esa política de actuación después de haber reducido sus deudas en muchos casos. No están ni invirtiendo en las mejoras en gestión más elementales con lo que su retraso puede anunciarse por adelantado. Aparte, claro está, de que no invertir en mejoras y no dar trabajo a otras empresas es una forma clara de suicidio colectivo.

Por no hablar, desde luego, de la “austeridad” en los sueldos bajísimos y en los puestos de trabajo precarios que, como es lógico, contribuyen también al bajo consumo actual y a la deflación hacia la que vamos.

Como con tantas otras cosas utilizadas en exceso y en exclusiva, la austeridad está empezando a ser uno de los más graves problemas actuales en países como el nuestro. Especialmente, ahora, la austeridad de las empresas, en la cual parece que muchas se encuentran muy a gusto.

El electroencefalograma plano se está imponiendo en los países desarrollados y resultados modestos como los de España son tratados casi como milagros, creyendo además que todo lo malo ha pasado ya.

Yo soy defensor y admirador de la labor en términos económicos de Rajoy y su gobierno y entiendo muy bien el interés que España está despertando en el mundo, pero no dejo de ser consciente de las debilidades y problemas de los países desarrollados, incluyendo el nuestro.

El exceso de liquidez en manos privadas, la falta de oportunidades de negocio, la escasez de crédito y otras circunstancias actuales, están llevando a la economías de los países desarrollados a una de las peores circunstancias que se puedan imaginar: la baja velocidad del dinero. La deflación que va unida a ello es un riesgo que hay que evitar a la mayor urgencia posible.

Sin dinero y sin que este fluya con rapidez, no puede haber despegue en ninguna economía. Estamos en gran manera bajo el síndrome al que John Maynard Keynes llamó “liquidity trap” o “trampa de liquidez”, un concepto un poco simple y obvio que a él le resultó muy útil para convencer a todo el mundo en su época y desencadenar una oleada de inversiones públicas en todos los países.

En su sentido clásico dicha situación se produce cuando debido a los bajos intereses, la falta de oportunidades de inversión y los altos riesgos, la gente prefiere tener el dinero en su casa y, como consecuencia de ello, no se mueve como debería hacerlo. Situación probablemente agravada hoy porque el dinero que se mueve lo hace a través de Hedge Funds, derivados y otras prácticas especulativas de dudoso beneficio para la sociedad.

No es extraño, por tanto, que el Fondo Monetario Internacional esté en la actualidad insistiendo en la necesidad de que los países más importantes inviertan en grandes infraestructuras públicas. Olivier Blanchard, su economista jefe, está difundiendo la idea y escribiendo sobre ella en medios muy diversos. Se refiere sobre todo a países como los Estados Unidos y Alemania que necesitan remozar sus buenas pero viejas infraestructuras.

Hay que esperar que no tenga que pedir excusas sobre ello como pasó hace unos años con su excesivo apoyo a las medidas de austeridad en Europa.

No se puede estar en contra de dichas inversiones pero hay que recordar que España está llena de autopistas de peaje no utilizadas y aeropuertos cerrados sin haber sido inaugurados.

Ninguna de dichas medidas pueden ser desechadas, ni mucho menos las 800 (muchas parecen) aprobadas por los países del G-20 en su reunión de Brisbane, pero yo creo que hay que imaginar nuevas medidas que actúen directamente sobre la excesiva deuda de las PYMES, los autónomos y las familias y sobre las elevadas bolsas de desempleo. Sobre lo primero, y como ya hemos dicho, el mismo Rogoff ha hablado insistentemente de la conveniencia de condonar o hacer quitas de las deudas actuales. Lo ha dicho en multitud de ocasiones en relación con los gobiernos y con los bancos, pero de la misma forma, y con más motivos, se tendría que hacer con las pequeñas empresas y las familias.

En cuanto al desempleo, es hora de emplear medidas directas de creación de puestos de trabajo como la promoción de empresas sociales y la búsqueda y potenciación de la labor de emprendedores. No necesariamente de emprendedores de empresas avanzadas sino de empresas de todo tipo incluyendo las de actividades y servicios más convencionales. Todo menos dejar que la pobreza y la desigualdad se extiendan como se están extendiendo en la actualidad. Tema sobre el que nos ha hablado extensamente Thomas Piketty, en su obra de años y en su ultimo libro, Le capital au XXIe siècle
Adolfo Castilla

Economía

Economía

17 Noviembre 2014

Aunque el debate sobre la austeridad aplicada a las cuentas públicas de los gobiernos lleva años con nosotros, todavía se mantiene muy vivo. La austeridad misma sigue siendo practicada ampliamente, sobre todo en Europa. Y lo peor es que después de ser la única política económica utilizada por muchos gobiernos pasó a ser extensamente seguida también por las grandes empresas. Es verdad que muchas de ellas estaban fuertemente endeudadas y necesitaban reducir sus gastos, pero la austeridad parece haberse instalado sólidamente en las empresas y amenaza con quedarse en ellas por mucho tiempo. Junto con la pública, está contribuyendo a la situación de baja actividad económica en la que nos encontramos en la mayoría de los países desarrollados. A comentar esta situación dedicamos este post.


A vueltas con la austeridad
En la reunión del Proyecto LINK a la que hemos hecho referencia en varios de los últimos posts, se tocaron también, de refilón desde luego, dos temas de relativa importancia y de cierta relevancia internacional. Uno es el de las políticas de austeridad sobre el que tanto se ha discutido en los dos o tres últimos años, y otro, el de las sugerencias recientes del Fondo Monetario Internacional sobre la conveniencia de adoptar políticas de inversión pública en grandes infraestructuras, sobre todo en los Estados Unidos y en las grandes economías europeas.

Sobre lo primero, la historia es bien conocida. En el 2009, una fecha ya lejana, la economista de origen cubano Carmen Reinhart, economista del FMI en dos etapas distintas y profesora de la universidades de Maryland y Harvard, y Kenneth Rogoff, profesor hoy de economía y política pública en la Universidad de Harvard, que trabajó también en el FMI y luego en la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal, publicaron el libro, This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly, el cual se tradujo con rapidez a varios idiomas. Hoy es una referencia por su concienzudo análisis de las crisis financieras a lo largo de ocho siglos.

A ese libro que venía precedido de varios otros escritos conjuntamente por estos dos autores y una larga lista de artículos, conferencias y actividades diversas a nivel mundial, sucedieron otros dos grandes trabajos publicados respectivamente en 2010 y 2011. Se trata de Growth in a Time of Debt (NBER) y A Decade of Debt (Peterson Institute).

Las ideas de Reinhart y Rogoff se hicieron populares e inspiraron al parecer las políticas de austeridad fiscal adoptadas por los países de la Unión Europea, las cuales han llevado al estancamiento actual de las economías de dichos países.

Un asunto, este último, dudoso cuando menos, debido a que los objetivos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de 1997 y sus sucesivas modificaciones, incluidos otros pactos posteriores como el Pacto Fiscal Europeo de marzo de 2012, exigen el cumplimiento de unos objetivos fiscales y monetarios que llevan consigo un control riguroso de los gastos públicos y una austeridad imprescindible cuando el déficit público se dispara.

Pero estos dos autores indicaron algo más, basándose en sus investigaciones. En su trabajo, Growth in a Time of Debt, especialmente, indicaron la excesiva deuda pública de los países era contraproducente para el crecimiento, estableciendo la ley de que a partir de un 90 % del PIB la economía podía decrecer hasta un 2 %.

Esto, es muy probable que avivara las políticas de austeridad de toda Europa y las radicalizara, avivando también, sin duda, las críticas a tales posicionamientos considerados neoliberales, y enfureciendo de hecho, a economistas keynesianos como Paul Krugman y Joseph Stiglitz (Premios Nobel de Economía los dos) y otros, que llevaban tiempo clamando por políticas de inversión pública.

El enfrentamiento entre estos economistas, o grupos de economistas, casi llega a las manos (exagerando, claro) cuando a principios de 2013, un estudiante de doctorado de la Universidad de Massachusetts, Thomas Herndon, con la ayuda de sus profesores, Michael Ash y Robert Pollin, descubrió que los cálculos de Reinhart y Rogoff eran erróneos. “Sus cálculos demostraron que los países altamente endeudados crecieron a un ritmo del 2,2 por ciento anual y no al -0,1 por ciento que inicialmente habían concluido Reinhart y Rogoff”, dice la referencia de Wikipedia bajo el nombre de Kenneth Rogoff.

Los dos autores corrigieron sus cálculos posteriormente y siguen defendiendo sus aseveraciones. El propio Rogoff, en una entrevista publicada en ABC Empresarial del 9 de noviembre pasado, insiste en que no entiende que se diga que un déficit público elevado, producto de un bajo crecimiento, hace subir la deuda inevitablemente, y no se quiera admitir la existencia de una relación inversa.

Sin entrar a fondo en la cuestión, sólo decir que en econometría se sabe que la correlación entre dos variables indica una ley, pero también una dirección de dependencia. El consumo nacional, por ejemplo, se puede deducir de la renta disponible de las familias y de otras variables, pero no es correcto deducir la renta disponible del consumo. La relación va siempre en la dirección de que la variable más agregada se deduce de otras menos agregadas, pero no al contrario.
Adolfo Castilla

Economía

Continuamos en este post con las explicaciones sobre la situación económica de los países desarrollados dadas por Brynjolfsson y McAfee, tanto en su libro, ya mencionado, como en sus conferencias TED. No detenemos ahora en las propuestas para la solución de los problemas de aparente bajo crecimiento, reducida productividad y alto desempleo de los países desarrollados. La colaboración con las máquinas y la posible simbiosis con ellas, es la solución que proponen los autores mencionados. En ello ya hace tiempo que han insistido autores como Ray Kurzweil, Peter Diamandis y otros.


Colaborar con las máquinas en vez de competir con ellas
Terminamos el post anterior con la insinuación de que los argumentos de Brynjolfsson quizá eran cualitativos y no basados en hechos, pero este autor no evita referirse a cuestiones más económicas y estadísticas como hace Gordon. Analiza, por ejemplo, la productividad, el crecimiento y el desempleo y llega a la conclusión de que la primera sigue creciendo y que, de hecho, en la última década (hasta el 2010), el crecimiento promedio de la productividad en los Estados Unidos fue el mayor de la historia. Explica además que en la introducción de la electricidad en las fábricas la productividad se mantuvo estancada durante treinta años, es decir, algo más de una generación, lo que permitió que los gerentes antiguos fueran sustituidos por nuevos gerentes acostumbrados a la nueva tecnología.

En cuanto al crecimiento, no es un problema a la vista de las tasas actuales y previstas en los Estados Unidos, y, sobre todo, que hay, según él, una cantidad impresionante de crecimiento económico en los servicios gratis que la sociedad está recibiendo vía Google, Facebook, Twitter, Skype, TED, Wikipedia y muchas otras plataformas e instrumentos de la nueva economía. Su valoración es la de 300 mil millones de dólares anuales que no se contabilizan en las cuentas nacionales.

En el desempleo, por último, lo único que argumenta es que está desacoplado de la productividad. Históricamente ha crecido paralelamente a ella pero en los últimos años se ha distanciado y muestra un gap elevado y creciente.

Esto para mi es grave y muestra que las nuevas tecnologías no son creadoras de empleo. No es, necesariamente, que no exista crecimiento del PIB, ni innovación, ni decrecimiento de la productividad, sino que las nuevas tecnologías no son generadoras de empleo, especialmente, no son generadoras de empleo no cualificado.

Brynjolfsson y McAfee lo admiten en sus presentaciones, la inteligencia de las máquinas eliminarán muchos empleos de actividades que hasta ahora se consideraban exclusivas del hombre. Esto no se lleva a sus últimas consecuencias en las explicaciones de estos dos autores pero da la impresión de que como dicen ellos mismos, podemos estar a las puertas de una época de gran abundancia, aunque, añado yo, habrá que ocuparse de las personas desempleadas, las clases medias y las de bajos salarios, sin condenarlas a vivir en el limbo de la mera supervivencia.

Nuestros autores sí que tienen una propuesta de actuación ante estas cuestiones, la solución está en que los hombres colaboremos con las máquinas más que compitamos con ellas. Es una idea muy interesante pero que forma parte, un poco, de las ideas imaginativas que los hombres siempre tenemos pero que necesitan plasmarse en cosas más concretas.

Cabe pensar en ese sentido en que, con el tiempo, todos, o una gran mayoría de la población, vivamos conectados a la Red y obtengamos nuestros ingresos de ella. Eso pasa ya hoy con muchas personas y el número de las mismas es creciente.

No entendemos muy bien cómo muchos podremos vivir del intercambio de bienes de información, conocimientos, cultura, educación y entretenimiento, y de una economía gratis total, o economía de coste marginal cero como la que describe Jeremy Rifkin su último libro, pero algo así pasó en la primera revolución industrial. Tampoco entonces se creía que el hombre pudiera vivir del intercambio de bienes industriales. Los fisiócratas en particular eran un grupo de economistas franceses del siglo XVIII, muy ilustrados por cierto, entre los que se incluyen a François Quesnay, Anne Robert Jacques Turgot y Pierre Samuel du Pont de Nemours, que calificaron de estériles las actividades como la manufactura o el comercio. Sólo la naturaleza y la agricultura, según ellos, podía hacer que surgiera un excedente económico, es decir que el resultado fuera superior a los recursos utilizados. Hoy sabemos bien que se equivocaron profundamente.

En cualquier caso hay muchos otros autores optimistas sobre el futuro de la humanidad y que anuncian una y otra vez épocas de abundancia y orden para el mundo. Ray Kurzweil, ampliamente estudiado en mis blogs, autor de libros notables y padre de la “ley de los rendimientos acelerados de la tecnología”, y su colega en varios proyectos como la “Singularity University", Peter H. Diamandis, autor junto con el periodista Steven Kotler del libro, ya publicado en español, Abundancia, son dos de ellos. Son autores que hablan de grandes transformaciones del hombre mismo, al cual ven mejorado y potenciado por la tecnología, a la cual se unirá simbióticamente.

Más en línea con lo que venimos tratando hay que mencionar a Joel Mokyr, un historiador económico norteamericano-israelí, profesor también, como Robert Gordon, de la Northwestern University, y autor del conocido libro, La palanca de la riqueza. Creatividad tecnológica y progreso económico.

Este autor rechaza que estemos entrando en una época de estancamiento y permanente bajo crecimiento, e insiste, como Brynjolfsson y McAfee, en que muchos de los beneficios sociales actuales no están siendo medidos por las contabilidades nacionales. Muchos de los descubrimientos más importantes en la actualidad, dice Mokyr, generan productos y servicios cuya contribución al PIB no se está midiendo o se mide mal.

Las espadas están en alto en cuanto a nuestro futuro, especialmente el de los países desarrollados, pero la verdad es que a corto plazo necesitamos medidas urgentes para enfrentarnos a los problemas crecientes e insoportables de la población desempleada y la de bajos ingresos y pobres expectativas. En esa población se incluye hoy, por cierto, muchos jóvenes.
Adolfo Castilla

Bitácora

El título de este post es radicalmente contrario al del anterior. Ninguno de los dos son originalmente míos, reflejan simplemente las posturas de distintos grupos de economistas y tecnólogos ante la situación de la economía mundial, con especial referencia a la de los países desarrollados a la que nos hemos referido como "estancamiento secular". En el presente post sintetizamos las ideas de diversos autores que son básicamente optimistas sobre el crecimiento, la productividad y la innovación


La innovación no ha muerto y el crecimiento volverá pronto
Las perspectivas para los países desarrollados anunciadas por Robert J. Gordon a las que nos hemos referido en el post anterior, son de asombro y de angustia para muchas personas. En los Estados Unidos en particular son para no creerlas, ya que el país se ha construido, por lo menos en las últimas cinco décadas, sobre la confianza en el progreso y la seguridad de que la mejora continua del nivel de vida se mantendría para siempre. Así como en el apego al emprendimiento, la innovación y la tecnología como instrumentos para conseguirlo.

No es de extrañar pues que las explicaciones de Gordon hayan sido replicadas y en parte refutadas con rapidez por personajes diversos, algunos de ellos profesores universitarios como él y estudiosos e investigadores de la tecnología, la innovación y el crecimiento. Uno de los más conspicuos ha sido Erik Brynjolfsson, profesor del MIT, que tiene otra presentación de TED hecha inmediatamente después de la de Gordon y que rebasa las visualizaciones del primero por casi 10.000. En el día en que esto se escribe, Gordon tiene 869,420 y Brynjolfsson 956,115.

En su presentación TED comienza afirmado que el crecimiento no ha muerto, lo cual desencadena un fuerte aplauso de los asistentes. Más adelante explica con detalle que la innovación crece exponencialmente en la revolución tecnológica actual.

Erik Brynjolfsson escribió un pequeño libro en 2011, junto a Andrew McAfee, en el que se encuentran los fundamentos de sus argumentos a favor de la innovación. Se trata de Race Against de Machine, publicado en español por Antoni Bosch, Editor, con el mismo el título, La carrera contra la máquina, en 2013. Algunos nos apresuramos a leerlo y estuvimos muy de acuerdo con sus planteamientos. Digo esto porque hoy, tras visualizar varias veces los vídeos a los que estamos haciendo referencia, me resultan más realistas y fáciles de entender las predicciones de Gordon y más voluntaristas e hipotéticas las de Brynjolfsson.

El libro lleva el siguiente subtítulo: “Cómo la revolución digital está acelerando la innovación, aumentando la productividad y transformando irreversiblemente el empleo y la economía”.

Por cierto que Andrew McAfee, coautor de libro, tiene también una conocida presentación en TED dedicada a preguntarse si los robots quitan el trabajo a los humanos.

Los dos, Brynjolfsson y McAfee, desempeñan su trabajo profesional en el MIT. El primero como Profesor de Management de la Sloan School of Management, como responsable de la Cátedra Schussel Family, y como director del Centro de Negocios Digitales, y el segundo como director asociado de dicho Centro e investigador en el terreno de las Tecnologías de la Información en su relación con la empresa y los negocios.

Como estudiosos de las Tecnologías de la Información y de la nueva economía que se está creando alrededor de ellas, creen, como se ha dicho anteriormente, que el crecimiento no desaparecerá y consideran que simplemente estamos en una época de transición hacía una economía mejor organizada y, eso sí, apoyada en cimientos distintos de los de la economía industrial. La innovación según ellos no se detendrá sino que por el contrario se producirá y se está produciendo a más velocidad que en la etapa industrial, de forma más diseminada y con la participación de más personas. Es además una innovación relacionada con el conocimiento y la inteligencia, con lo que estamos pasando de ocuparnos de la materia a ocuparnos de la mente, de hurgar en la parte fisiológica del resto de nuestro cuerpo a entrar a fondo en el cerebro y de estar relacionados con las cosas a estarlo con las ideas.

La nueva revolución está basada en una tecnología que es digital, exponencial en cuanto a su crecimiento y combinatoria, es decir con capacidad de combinarse con todo y penetrar en todo.

Según Brynjolfsson, el ordenador y la digitalización constituyen una tecnología de todo propósito como fue la máquina vapor en la primera revolución industrial y la electricidad en la segunda. Eso quiere decir que se utilizará en muchas actividades y penetrará todo el tejido de nuestra sociedad, dando lugar a cambios múltiples y radicales. ¿Por qué motivos una tecnología así no va a comportarse como las anteriores?, parece preguntarse.

Todos estos son argumentos que manejamos mucha gente y que forman parte de nuestros deseos y nuestras esperanzas en cuanto a que efectivamente las cosas ocurran como en las revoluciones tecnológicas del pasado, pero la realidad es tozuda en nuestros días en los países desarrollados, en los cuales el crecimiento es mínimo y el desempleo muy elevado, además de la existencia de una desigualdad excesiva y creciente y una separación cada vez mayor entre la economía financiera y la real.
Adolfo Castilla

Economía

Seguimos en este post recreando algunos de los debates actuales relacionados con la productividad, la innovación y el crecimiento económico. En la reunión de Nueva York del Proyecto LINK se hizo referencia a ellos aunque sin entrar en mucho detalle. A mi me ha parecido que era conveniente reproducirlos aquí, después de comprobar las predicciones de bajo crecimiento para los países desarrollados presentadas y discutidas en Nueva York. Comienzo con las opiniones autorizadas de Robert J. Gordon, un conocido economista norteamericano, bastante senior ya, que es un gran especialista en productividad e innovación, profesor hoy de la Northwestern University.


Evolución de la renta per cápita utillizado por Robert J. Gordon
Evolución de la renta per cápita utillizado por Robert J. Gordon
Los tres últimos posts los hemos dedicado a presentar un resumen de las predicciones económicas del Proyecto LINK de las Naciones Unidas discutidas en la reunión de Nueva York de los días 22 a 24 del pasado mes de octubre.

Tal como hemos indicado ya, dichas discusiones son casi exclusivamente económicas, debido al carácter del proyecto, muy cuantitativo y econométrico.

Algunas disquisiciones ajenas a los datos de predicción, sin embargo, han sido inevitables por su relación con uno de los diagnósticos generales aportados en la reunión: el “estancamiento secular”.

Desde hace más de un año se viene discutiendo en foros económicos diversos con repercusiones variadas en Internet, sobre el tema que se utiliza en el título de este post: la muerte de la innovación y el fin del crecimiento.

Distintos autores llevan tiempo refiriéndose a las dificultades actuales para conseguir un crecimiento sólido y estable. Yo mismo he escrito y hablado sobre cuestiones hoy sin respuesta como, ¿por dónde podemos crecer? o ¿de dónde vendrá el crecimiento? necesario en los países desarrollados y antiguamente industrializados. Precisamente porque la industria se ha venido abajo y no hay nuevas ondas tecnológicas de importancia como las que se vivieron en siglo XX (el automóvil, la electricidad, los electrodomésticos, las telecomunicaciones, el transporte aéreo, la radiodifusión y televisión, los avances en la química y más adelante el ordenador, las TICs e Internet).

Es difícil indicar la forma en las que estas dudas, que entre otras cosas están en el aire y forman parte del espíritu de los tiempos, se han concretado en algo que capta la atención de muchos y es generalizadamente discutido, pero es muy probable que se deba a los hoy ya famosos dos artículos del conocido economista americano Robert J. Gordon, con el que todos aprendimos sobre las relaciones entre productividad e innovación. Se trata de: 1) Is U.S. Economic Growth Over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds, NBER Working Paper No. 18315, de agosto de 2012; y 2) Why Innovation Won't Save Us, artículo publicado en The Wall Street Journal del 21 de diciembre de 2012.

Sobre dichos artículos hay además una presentación TED del autor, de febrero de 2013, que acumula hoy casi 900,000 visualizaciones. No voy a decir nada nuevo, por tanto, haciendo referencia a esta cuestión. Al final, no obstante, aportaré alguna idea sobre las revoluciones tecnológicamente en marcha, que las hay y son serias.

Cree este reconocido economista, con especial referencia al caso de los Estados Unidos, que la productividad ya no crece al ritmo que lo hizo a lo largo del siglo XX, por diversos motivos que explica. Entre ellos, que no existen ya revoluciones tecnológicas del tipo de las mencionadas anteriormente. Por ejemplo, la de la electricidad y los electrodomésticos, que supuso una liberación total del trabajo doméstico y exigió la fabricación masiva de relativamente complejos aparatos como las lavadoras, los frigoríficos, los lavavajillas y otros. En su vídeo TED Robert Gordon utiliza el gráfico incluido arriba en el que se muestra la evolución de la renta per cápita, real e hipotética, desde el año 1300 al 2100. Es un gráfico verdaderamente impactante.

Una clara conclusión obtenida por Gordon de su análisis es que los americanos ya no verán sus estándares de vida multiplicados por dos en el trascurso de una generación como ocurrió en el mencionado siglo XX. Piensa que, por el contrario, los americanos verán a su hijos viviendo con unos niveles de vida de la mitad o, incluso de la cuarta parte que los suyos.

Se refiere además, muy gráficamente, a los vientos de cabecera que se identifican en los Estados Unidos. Son cuatro los que menciona Gordon: 1) Demografía. La población disminuye y envejece y el porcentaje de personas en edad de trabajar es cada vez más pequeño. 2) Endeudamiento. El endeudamiento público, el de las empresas, y especialmente el de las familias, comienzan a ser una fuerte rémora para el crecimiento. 3) La Educación. La educación en los colleges es cada vez más cara, cada vez se tienen que endeudar más las familias o los propios estudiantes para pagarla, y, como la consecuencia, cada vez hay menos estudiantes. 4) Desigualdad. La desigualdad creciente observada sobre todo en los largos años de la crisis actual y, dicho sea de paso, la desaparición de la clase media, son fenómenos que actúan negativamente sobre la disminución de la renta per cápita.

Gordon en su vídeo TED muestra un gráfico según el cual hasta el año 2011 la renta per cápita creció en los Estados Unidos a un promedio anual del 2 % y cree que los vientos de cabecera mencionados actuarán en contra de ese promedio en los próximos años, dándole cada uno un bocado que lo llevará a un mero 0,8 % de crecimiento anual.

Bob Gordon, como lo llaman sus colegas, se pregunta a continuación, si la innovación puede acudir al rescate, y concluye que no, debido, sobre todo, a que las tecnologías actuales no actúan de forma importante sobre la productividad.

Es en relación con este punto de las argumentaciones cuando el debate se ha animado con la participación de personajes muy conocidos también, como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, autores del libro “La carrera contra la máquina”, Joel Mokyr, historiador económico norteamericano e israelí, y varios otros.
Adolfo Castilla

Economía

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.







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