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Blog futurista de Tendencias21


PROSPECTIVA


Economía

14 Diciembre 2014

Una conferencia de Jurgen Donges en la Fundación Rafael del Pino con el título, "Crecimiento o austeridad: un falso dilema", nos permite continuar debatiendo, o argumentando, sobre la austeridad. Este término, que tan popular se ha hecho, se aplica principalmente a la austeridad en gastos de los gobiernos requerida para eliminar los desequilibrios en los que los países incurren después de una crisis financiera. Lo normal en esas crisis es que el crecimiento disminuya, los déficits públicos aumenten, la balanza de pagos se deteriore y la deuda pública crezca. Además, claro está, de que el desempleo se dispare. La crisis surgida en 2007 en la que todavía estamos, es una de las más largas desde la Gran Depresión de 1929, la cual duró diez años y afectó a un número elevado de países. La recuperación de esta crisis está costando mucho y afectando de forma especial a los países desarrollados. Después de más de siete años todavía se habla en Europa de la posibilidad de una tercera recesión y de un estancamiento largo de la economía. Es lo que se está conociendo internacionalmente como "estancamiento secular", y a lo que nos hemos referido en posts anteriores. En el presente, y ante la poca importancia que Donges da a la austeridad, refiriéndose exclusivamente a la austeridad pública, sugerimos que la austeridad grave en países como el nuestro, es la que han adoptado como norma las grandes empresas y la que sufren, las pequeñas, los autónomos, las familias y, muy especialmente, los desempleados.


Crecimiento o austeridad: ¿un falso dilema?
El tema de la austeridad sigue de actualidad en determinados foros y ambientes. No hay que extrañarse de ello pues la austeridad impide, al menos en parte y de momento, la consecución de un crecimiento importante en los países europeos.

El pasado día 25 de noviembre sin ir más lejos, asistí en la Fundación Rafael del Pino a una conferencia de Junger Donges con el mismo título de este post, salvo por lo que se refiere a los signos de interrogación. El título de Donges era afirmativo en cuanto a que el enfrentamiento entre crecimiento y austeridad era un falso dilema. Yo no lo creo así y pienso que Donges trató con ligereza el tema de la austeridad y así lo indiqué, por cierto, en el coloquio posterior a la presentación, en el que intervine.

Antes de nada, y puesto que voy a hacer algunas ligeras críticas a su intervención, quiero declarar mi respeto por Junger Donges, un economista destacado, asesor de sucesivos gobiernos alemanes, que ha ocupado y ocupa puestos importantes en Alemania y que se mantiene muy al día de la actualidad económica europea y mundial.

Es un alemán nacido en Sevilla que no sé cómo hablará su idioma, pero que el español parece ser su lengua materna y da además la impresión de ser el idioma que habla en familia. Lo que no es óbice para que sea, no sólo alemán, sino un germanófilo de primera magnitud. Se le nota enseguida que comienza a hablar el orgullo que siente por su país, del que siempre habla excelencias, salteadas, lógicamente, de comentarios como, ¡no crean, nosotros también tenemos corrupción!, sobre los que añade con rapidez que ellos sin embargo tienen un buen sistema judicial que pone a los corruptos en la cárcel de forma inmediata.

La verdad es que es un gran economista y que muchos seguimos todas sus frecuentes intervenciones en España. En la Fundación Rafael del Pino en concreto suele pronunciar conferencias cada seis meses aproximadamente. Es, de hecho, muy popular en España y muy considerado como economista y conferenciante.

En la conferencia a la que hago referencia dijo cosas importantes de forma muy sencilla, demostrando una vez más su realismo, así como, desde luego, su tradicionalismo o conservadurismo, su adscripción al neoliberalismo económico y su escepticismo de fondo sobre la Unión Europea. En este último aspecto no sabemos si simplemente se alinea con el pensamiento de Angela Merkel y el oficial de la Alemania actual, o si es él uno de los que crean dicho pensamiento y lo propugnan.

De una manera o de otra Donges repite en sus intervenciones, que no hay otro camino en Europa que el de seguir con las reformas estructurales, con especial referencia a la reforma laboral, que es imprescindible alcanzar los objetivos de convergencia aceptados por todos los países, que el Banco Central Europeo no debe hacer más de lo que hace en la actualidad y que Alemania no debe ayudar más de lo que ayuda y, como consecuencia, que todos los países deben salvarse, o converger, por sí mismos. Lo cual lo lleva a no admitir la necesidad de inversiones públicas importantes en Alemania y a criticar que Francia y otros países lo exijan.

En cuanto a la austeridad, refiriéndose sólo a la austeridad pública, dijo claramente que era insuficiente y que de hecho la mayor parte de los países europeos, incluida España, si bien habían reducido sus gastos no lo habían hecho en la cuantía suficiente.

El desempleo, el cierre de empresas, el bajo consumo, el estancamiento de la inversión y la pérdida de potencial de crecimiento, son según Donges, resultados lógicos de la vuelta al equilibrio de las economías europeas y durará todavía algún tiempo. Tras ello el crecimiento volverá y será importante y duradero.

La austeridad en resumen es imprescindible para el crecimiento y uno seguirá a la otra. Así de fácil. Es decir que para Donges no hay dilema entre crecimiento y austeridad, sólo hay una relación secuencial.

Donges parece no darse cuenta de que la crisis en España dura ya demasiado y de que la austeridad que él considera insuficiente a otros nos parece excesiva y concentrada en segmentos de la sociedad débiles de por sí en términos económicos, como los empleados y obreros, los autónomos, la familias y las pequeñas empresas. Unos sectores además fuertemente endeudados que no ven la luz al final del túnel y que no la verán si no hay medidas especiales. La austeridad que el gobierno no ha sabido o no ha podido imponer en lo público ha sido transferida con virulencia a lo privado y ha encontrado además su sitio ideal en las grandes empresas, las cuales no deberían aferrarse a la austeridad como lo están haciendo en la actualidad en España.

La austeridad privada, incluida la de las grandes empresas e instituciones diversas que se encuentran muy a gusto en ella, sí que impide el crecimiento, sobre todo cuando dura casi siete años y afecta ya a lo más imprescindible de las personas como es la vivienda, de la que muchas se ven despojadas.

Donges no parece darse cuenta de que el "estancamiento secular" (estancamiento económico a lo largo de los próximos diez años), la deflación, el euroescepticismo y los populismos y extremismos, son claros riesgos actuales en Europa. Él parece creer poco en ellos, y en relación con la deflación, por ejemplo, insistió en que es un peligro lejano y en que tendríamos que tener muchos meses de variación negativa de los precios para que fuera peligrosa. Criticó asimismo el plan Junker o "Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas" (EFSI), al considerarlo un ejemplo de voluntarismo en vacío en el que los proyectos deberían ir por delante de los fondos y sobre lo que además mostraba su escepticismo neoliberal al considerar que dar "subvenciones" no es lo mejor para una economía desarrollada.

Pero la realidad es que el dinero no se mueve en el caso concreto de nuestro país, su velocidad de circulación es mínima en la actualidad, y así no hay nada que hacer en términos de crecimiento. Parece que ha llegado el momento de “arrojar dinero desde helicópteros”, como metafóricamente dijo Milton Friedman hace años.

Y esto, porque el dinero que se da a los bancos no es la solución ya que no llega a quien lo necesita, y además no es sólo dinero en forma de crédito lo que hace falta, sino actividad y proyectos para las pequeñas empresas y los autónomos. La gente no puede endeudarse más si no hay actividad económica.

Mario Draghi anuncia una y otra vez sus planes para una política monetaria adaptativa y ahora en concreto, después del "quantitave easing" (dinero a los bancos), está esperando, al parecer, al 2015, para poner en marcha la compra de deuda pública a gran escala, a lo que los alemanes, y me imagino que Donges, se oponen todavía con fuerza, y sobre lo que, además, no sabemos si puede ser una solución a corto plazo. Se supone que eso permitirá a los gobiernos tener más liquidez y disminuir sus gastos financieros, con lo que serían más fáciles políticas fiscales de expansión, pero antes de que las inversiones públicas lleguen a beneficiar a las pequeñas empresas, a los autónomos y a las familias, es posible que cambios políticos radicales se extiendan por diversos países europeos. Habrá que estar atentos en este sentido, a Grecia y al posible éxito de Syriza.
Adolfo Castilla

Economía

Continuamos en este post con el segundo tema anunciado en el anterior en relación con actuaciones posibles en los países desarrollados para evitar el "estancameinto secular" hacia el que vamos. Se trata del aumento de las inversiones públicas, conocido remedio inventado por Keynes, que ahora vuelve, quizá un poco, por no saber qué hacer. No está mal ya que cómo se puede leer en la figura ilustrativa del post anterior el gasto de todos y la inversión no se pueden detener, por lo menos hasta que no encontremos otra forma de vida de las personas que no esté relacionada con la producción y el consumo.


Inversión pública en grandes infraestructuras para evitar el "estancamiento secular"
En términos de pura teoría económica el debate sobre si la deuda depende del crecimiento o el crecimiento de la duda, al que nos hemos referido en el post anterior, lo primero es lo más lógico y lo segundo no está además avalado por los hechos. Hoy, por ejemplo, los Estados Unidos crecen a buen ritmo a pesar de tener una duda cercana al 100 % del PIB. Lo mismo ocurre en España, aunque de forma menos clara en cuanto a la robustez del crecimiento del PIB.

En cualquier caso resulta increíble que las dificultades y las miserias de tantas familias dependan hoy de teorías explicativas inciertas sobre los fenómenos económicos y de las actuaciones imprevisibles de los políticos que están siempre aprendiendo y nunca tienen prisa para nada.

Y lo más grave es que la austeridad como objetivo básico de todo, pasó hace algún tiempo de los gobiernos a las empresas y hoy no existe en estas últimas y en la mayoría de las instituciones privadas, en términos de actuación, otra cosa que “Austeridad”, con mayúsculas y entre comillas.

La austeridad actual de las empresas es alarmante y decepcionante, especialmente la de muchas grandes empresas, que además no tienen excesivos motivos para mantener esa política de actuación después de haber reducido sus deudas en muchos casos. No están ni invirtiendo en las mejoras en gestión más elementales con lo que su retraso puede anunciarse por adelantado. Aparte, claro está, de que no invertir en mejoras y no dar trabajo a otras empresas es una forma clara de suicidio colectivo.

Por no hablar, desde luego, de la “austeridad” en los sueldos bajísimos y en los puestos de trabajo precarios que, como es lógico, contribuyen también al bajo consumo actual y a la deflación hacia la que vamos.

Como con tantas otras cosas utilizadas en exceso y en exclusiva, la austeridad está empezando a ser uno de los más graves problemas actuales en países como el nuestro. Especialmente, ahora, la austeridad de las empresas, en la cual parece que muchas se encuentran muy a gusto.

El electroencefalograma plano se está imponiendo en los países desarrollados y resultados modestos como los de España son tratados casi como milagros, creyendo además que todo lo malo ha pasado ya.

Yo soy defensor y admirador de la labor en términos económicos de Rajoy y su gobierno y entiendo muy bien el interés que España está despertando en el mundo, pero no dejo de ser consciente de las debilidades y problemas de los países desarrollados, incluyendo el nuestro.

El exceso de liquidez en manos privadas, la falta de oportunidades de negocio, la escasez de crédito y otras circunstancias actuales, están llevando a la economías de los países desarrollados a una de las peores circunstancias que se puedan imaginar: la baja velocidad del dinero. La deflación que va unida a ello es un riesgo que hay que evitar a la mayor urgencia posible.

Sin dinero y sin que este fluya con rapidez, no puede haber despegue en ninguna economía. Estamos en gran manera bajo el síndrome al que John Maynard Keynes llamó “liquidity trap” o “trampa de liquidez”, un concepto un poco simple y obvio que a él le resultó muy útil para convencer a todo el mundo en su época y desencadenar una oleada de inversiones públicas en todos los países.

En su sentido clásico dicha situación se produce cuando debido a los bajos intereses, la falta de oportunidades de inversión y los altos riesgos, la gente prefiere tener el dinero en su casa y, como consecuencia de ello, no se mueve como debería hacerlo. Situación probablemente agravada hoy porque el dinero que se mueve lo hace a través de Hedge Funds, derivados y otras prácticas especulativas de dudoso beneficio para la sociedad.

No es extraño, por tanto, que el Fondo Monetario Internacional esté en la actualidad insistiendo en la necesidad de que los países más importantes inviertan en grandes infraestructuras públicas. Olivier Blanchard, su economista jefe, está difundiendo la idea y escribiendo sobre ella en medios muy diversos. Se refiere sobre todo a países como los Estados Unidos y Alemania que necesitan remozar sus buenas pero viejas infraestructuras.

Hay que esperar que no tenga que pedir excusas sobre ello como pasó hace unos años con su excesivo apoyo a las medidas de austeridad en Europa.

No se puede estar en contra de dichas inversiones pero hay que recordar que España está llena de autopistas de peaje no utilizadas y aeropuertos cerrados sin haber sido inaugurados.

Ninguna de dichas medidas pueden ser desechadas, ni mucho menos las 800 (muchas parecen) aprobadas por los países del G-20 en su reunión de Brisbane, pero yo creo que hay que imaginar nuevas medidas que actúen directamente sobre la excesiva deuda de las PYMES, los autónomos y las familias y sobre las elevadas bolsas de desempleo. Sobre lo primero, y como ya hemos dicho, el mismo Rogoff ha hablado insistentemente de la conveniencia de condonar o hacer quitas de las deudas actuales. Lo ha dicho en multitud de ocasiones en relación con los gobiernos y con los bancos, pero de la misma forma, y con más motivos, se tendría que hacer con las pequeñas empresas y las familias.

En cuanto al desempleo, es hora de emplear medidas directas de creación de puestos de trabajo como la promoción de empresas sociales y la búsqueda y potenciación de la labor de emprendedores. No necesariamente de emprendedores de empresas avanzadas sino de empresas de todo tipo incluyendo las de actividades y servicios más convencionales. Todo menos dejar que la pobreza y la desigualdad se extiendan como se están extendiendo en la actualidad. Tema sobre el que nos ha hablado extensamente Thomas Piketty, en su obra de años y en su ultimo libro, Le capital au XXIe siècle
Adolfo Castilla

Economía

Economía

17 Noviembre 2014

Aunque el debate sobre la austeridad aplicada a las cuentas públicas de los gobiernos lleva años con nosotros, todavía se mantiene muy vivo. La austeridad misma sigue siendo practicada ampliamente, sobre todo en Europa. Y lo peor es que después de ser la única política económica utilizada por muchos gobiernos pasó a ser extensamente seguida también por las grandes empresas. Es verdad que muchas de ellas estaban fuertemente endeudadas y necesitaban reducir sus gastos, pero la austeridad parece haberse instalado sólidamente en las empresas y amenaza con quedarse en ellas por mucho tiempo. Junto con la pública, está contribuyendo a la situación de baja actividad económica en la que nos encontramos en la mayoría de los países desarrollados. A comentar esta situación dedicamos este post.


A vueltas con la austeridad
En la reunión del Proyecto LINK a la que hemos hecho referencia en varios de los últimos posts, se tocaron también, de refilón desde luego, dos temas de relativa importancia y de cierta relevancia internacional. Uno es el de las políticas de austeridad sobre el que tanto se ha discutido en los dos o tres últimos años, y otro, el de las sugerencias recientes del Fondo Monetario Internacional sobre la conveniencia de adoptar políticas de inversión pública en grandes infraestructuras, sobre todo en los Estados Unidos y en las grandes economías europeas.

Sobre lo primero, la historia es bien conocida. En el 2009, una fecha ya lejana, la economista de origen cubano Carmen Reinhart, economista del FMI en dos etapas distintas y profesora de la universidades de Maryland y Harvard, y Kenneth Rogoff, profesor hoy de economía y política pública en la Universidad de Harvard, que trabajó también en el FMI y luego en la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal, publicaron el libro, This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly, el cual se tradujo con rapidez a varios idiomas. Hoy es una referencia por su concienzudo análisis de las crisis financieras a lo largo de ocho siglos.

A ese libro que venía precedido de varios otros escritos conjuntamente por estos dos autores y una larga lista de artículos, conferencias y actividades diversas a nivel mundial, sucedieron otros dos grandes trabajos publicados respectivamente en 2010 y 2011. Se trata de Growth in a Time of Debt (NBER) y A Decade of Debt (Peterson Institute).

Las ideas de Reinhart y Rogoff se hicieron populares e inspiraron al parecer las políticas de austeridad fiscal adoptadas por los países de la Unión Europea, las cuales han llevado al estancamiento actual de las economías de dichos países.

Un asunto, este último, dudoso cuando menos, debido a que los objetivos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de 1997 y sus sucesivas modificaciones, incluidos otros pactos posteriores como el Pacto Fiscal Europeo de marzo de 2012, exigen el cumplimiento de unos objetivos fiscales y monetarios que llevan consigo un control riguroso de los gastos públicos y una austeridad imprescindible cuando el déficit público se dispara.

Pero estos dos autores indicaron algo más, basándose en sus investigaciones. En su trabajo, Growth in a Time of Debt, especialmente, indicaron la excesiva deuda pública de los países era contraproducente para el crecimiento, estableciendo la ley de que a partir de un 90 % del PIB la economía podía decrecer hasta un 2 %.

Esto, es muy probable que avivara las políticas de austeridad de toda Europa y las radicalizara, avivando también, sin duda, las críticas a tales posicionamientos considerados neoliberales, y enfureciendo de hecho, a economistas keynesianos como Paul Krugman y Joseph Stiglitz (Premios Nobel de Economía los dos) y otros, que llevaban tiempo clamando por políticas de inversión pública.

El enfrentamiento entre estos economistas, o grupos de economistas, casi llega a las manos (exagerando, claro) cuando a principios de 2013, un estudiante de doctorado de la Universidad de Massachusetts, Thomas Herndon, con la ayuda de sus profesores, Michael Ash y Robert Pollin, descubrió que los cálculos de Reinhart y Rogoff eran erróneos. “Sus cálculos demostraron que los países altamente endeudados crecieron a un ritmo del 2,2 por ciento anual y no al -0,1 por ciento que inicialmente habían concluido Reinhart y Rogoff”, dice la referencia de Wikipedia bajo el nombre de Kenneth Rogoff.

Los dos autores corrigieron sus cálculos posteriormente y siguen defendiendo sus aseveraciones. El propio Rogoff, en una entrevista publicada en ABC Empresarial del 9 de noviembre pasado, insiste en que no entiende que se diga que un déficit público elevado, producto de un bajo crecimiento, hace subir la deuda inevitablemente, y no se quiera admitir la existencia de una relación inversa.

Sin entrar a fondo en la cuestión, sólo decir que en econometría se sabe que la correlación entre dos variables indica una ley, pero también una dirección de dependencia. El consumo nacional, por ejemplo, se puede deducir de la renta disponible de las familias y de otras variables, pero no es correcto deducir la renta disponible del consumo. La relación va siempre en la dirección de que la variable más agregada se deduce de otras menos agregadas, pero no al contrario.
Adolfo Castilla

Economía

Continuamos en este post con las explicaciones sobre la situación económica de los países desarrollados dadas por Brynjolfsson y McAfee, tanto en su libro, ya mencionado, como en sus conferencias TED. No detenemos ahora en las propuestas para la solución de los problemas de aparente bajo crecimiento, reducida productividad y alto desempleo de los países desarrollados. La colaboración con las máquinas y la posible simbiosis con ellas, es la solución que proponen los autores mencionados. En ello ya hace tiempo que han insistido autores como Ray Kurzweil, Peter Diamandis y otros.


Colaborar con las máquinas en vez de competir con ellas
Terminamos el post anterior con la insinuación de que los argumentos de Brynjolfsson quizá eran cualitativos y no basados en hechos, pero este autor no evita referirse a cuestiones más económicas y estadísticas como hace Gordon. Analiza, por ejemplo, la productividad, el crecimiento y el desempleo y llega a la conclusión de que la primera sigue creciendo y que, de hecho, en la última década (hasta el 2010), el crecimiento promedio de la productividad en los Estados Unidos fue el mayor de la historia. Explica además que en la introducción de la electricidad en las fábricas la productividad se mantuvo estancada durante treinta años, es decir, algo más de una generación, lo que permitió que los gerentes antiguos fueran sustituidos por nuevos gerentes acostumbrados a la nueva tecnología.

En cuanto al crecimiento, no es un problema a la vista de las tasas actuales y previstas en los Estados Unidos, y, sobre todo, que hay, según él, una cantidad impresionante de crecimiento económico en los servicios gratis que la sociedad está recibiendo vía Google, Facebook, Twitter, Skype, TED, Wikipedia y muchas otras plataformas e instrumentos de la nueva economía. Su valoración es la de 300 mil millones de dólares anuales que no se contabilizan en las cuentas nacionales.

En el desempleo, por último, lo único que argumenta es que está desacoplado de la productividad. Históricamente ha crecido paralelamente a ella pero en los últimos años se ha distanciado y muestra un gap elevado y creciente.

Esto para mi es grave y muestra que las nuevas tecnologías no son creadoras de empleo. No es, necesariamente, que no exista crecimiento del PIB, ni innovación, ni decrecimiento de la productividad, sino que las nuevas tecnologías no son generadoras de empleo, especialmente, no son generadoras de empleo no cualificado.

Brynjolfsson y McAfee lo admiten en sus presentaciones, la inteligencia de las máquinas eliminarán muchos empleos de actividades que hasta ahora se consideraban exclusivas del hombre. Esto no se lleva a sus últimas consecuencias en las explicaciones de estos dos autores pero da la impresión de que como dicen ellos mismos, podemos estar a las puertas de una época de gran abundancia, aunque, añado yo, habrá que ocuparse de las personas desempleadas, las clases medias y las de bajos salarios, sin condenarlas a vivir en el limbo de la mera supervivencia.

Nuestros autores sí que tienen una propuesta de actuación ante estas cuestiones, la solución está en que los hombres colaboremos con las máquinas más que compitamos con ellas. Es una idea muy interesante pero que forma parte, un poco, de las ideas imaginativas que los hombres siempre tenemos pero que necesitan plasmarse en cosas más concretas.

Cabe pensar en ese sentido en que, con el tiempo, todos, o una gran mayoría de la población, vivamos conectados a la Red y obtengamos nuestros ingresos de ella. Eso pasa ya hoy con muchas personas y el número de las mismas es creciente.

No entendemos muy bien cómo muchos podremos vivir del intercambio de bienes de información, conocimientos, cultura, educación y entretenimiento, y de una economía gratis total, o economía de coste marginal cero como la que describe Jeremy Rifkin su último libro, pero algo así pasó en la primera revolución industrial. Tampoco entonces se creía que el hombre pudiera vivir del intercambio de bienes industriales. Los fisiócratas en particular eran un grupo de economistas franceses del siglo XVIII, muy ilustrados por cierto, entre los que se incluyen a François Quesnay, Anne Robert Jacques Turgot y Pierre Samuel du Pont de Nemours, que calificaron de estériles las actividades como la manufactura o el comercio. Sólo la naturaleza y la agricultura, según ellos, podía hacer que surgiera un excedente económico, es decir que el resultado fuera superior a los recursos utilizados. Hoy sabemos bien que se equivocaron profundamente.

En cualquier caso hay muchos otros autores optimistas sobre el futuro de la humanidad y que anuncian una y otra vez épocas de abundancia y orden para el mundo. Ray Kurzweil, ampliamente estudiado en mis blogs, autor de libros notables y padre de la “ley de los rendimientos acelerados de la tecnología”, y su colega en varios proyectos como la “Singularity University", Peter H. Diamandis, autor junto con el periodista Steven Kotler del libro, ya publicado en español, Abundancia, son dos de ellos. Son autores que hablan de grandes transformaciones del hombre mismo, al cual ven mejorado y potenciado por la tecnología, a la cual se unirá simbióticamente.

Más en línea con lo que venimos tratando hay que mencionar a Joel Mokyr, un historiador económico norteamericano-israelí, profesor también, como Robert Gordon, de la Northwestern University, y autor del conocido libro, La palanca de la riqueza. Creatividad tecnológica y progreso económico.

Este autor rechaza que estemos entrando en una época de estancamiento y permanente bajo crecimiento, e insiste, como Brynjolfsson y McAfee, en que muchos de los beneficios sociales actuales no están siendo medidos por las contabilidades nacionales. Muchos de los descubrimientos más importantes en la actualidad, dice Mokyr, generan productos y servicios cuya contribución al PIB no se está midiendo o se mide mal.

Las espadas están en alto en cuanto a nuestro futuro, especialmente el de los países desarrollados, pero la verdad es que a corto plazo necesitamos medidas urgentes para enfrentarnos a los problemas crecientes e insoportables de la población desempleada y la de bajos ingresos y pobres expectativas. En esa población se incluye hoy, por cierto, muchos jóvenes.
Adolfo Castilla

Bitácora

El título de este post es radicalmente contrario al del anterior. Ninguno de los dos son originalmente míos, reflejan simplemente las posturas de distintos grupos de economistas y tecnólogos ante la situación de la economía mundial, con especial referencia a la de los países desarrollados a la que nos hemos referido como "estancamiento secular". En el presente post sintetizamos las ideas de diversos autores que son básicamente optimistas sobre el crecimiento, la productividad y la innovación


La innovación no ha muerto y el crecimiento volverá pronto
Las perspectivas para los países desarrollados anunciadas por Robert J. Gordon a las que nos hemos referido en el post anterior, son de asombro y de angustia para muchas personas. En los Estados Unidos en particular son para no creerlas, ya que el país se ha construido, por lo menos en las últimas cinco décadas, sobre la confianza en el progreso y la seguridad de que la mejora continua del nivel de vida se mantendría para siempre. Así como en el apego al emprendimiento, la innovación y la tecnología como instrumentos para conseguirlo.

No es de extrañar pues que las explicaciones de Gordon hayan sido replicadas y en parte refutadas con rapidez por personajes diversos, algunos de ellos profesores universitarios como él y estudiosos e investigadores de la tecnología, la innovación y el crecimiento. Uno de los más conspicuos ha sido Erik Brynjolfsson, profesor del MIT, que tiene otra presentación de TED hecha inmediatamente después de la de Gordon y que rebasa las visualizaciones del primero por casi 100.000. En el día en que esto se escribe, Gordon tiene 869,420 y Brynjolfsson 956,115.

En su presentación TED comienza afirmado que el crecimiento no ha muerto, lo cual desencadena un fuerte aplauso de los asistentes. Más adelante explica con detalle que la innovación crece exponencialmente en la revolución tecnológica actual.

Erik Brynjolfsson escribió un pequeño libro en 2011, junto a Andrew McAfee, en el que se encuentran los fundamentos de sus argumentos a favor de la innovación. Se trata de Race Against de Machine, publicado en español por Antoni Bosch, Editor, con el mismo el título, La carrera contra la máquina, en 2013. Algunos nos apresuramos a leerlo y estuvimos muy de acuerdo con sus planteamientos. Digo esto porque hoy, tras visualizar varias veces los vídeos a los que estamos haciendo referencia, me resultan más realistas y fáciles de entender las predicciones de Gordon y más voluntaristas e hipotéticas las de Brynjolfsson.

El libro lleva el siguiente subtítulo: “Cómo la revolución digital está acelerando la innovación, aumentando la productividad y transformando irreversiblemente el empleo y la economía”.

Por cierto que Andrew McAfee, coautor de libro, tiene también una conocida presentación en TED dedicada a preguntarse si los robots quitan el trabajo a los humanos.

Los dos, Brynjolfsson y McAfee, desempeñan su trabajo profesional en el MIT. El primero como Profesor de Management de la Sloan School of Management, como responsable de la Cátedra Schussel Family, y como director del Centro de Negocios Digitales, y el segundo como director asociado de dicho Centro e investigador en el terreno de las Tecnologías de la Información en su relación con la empresa y los negocios.

Como estudiosos de las Tecnologías de la Información y de la nueva economía que se está creando alrededor de ellas, creen, como se ha dicho anteriormente, que el crecimiento no desaparecerá y consideran que simplemente estamos en una época de transición hacía una economía mejor organizada y, eso sí, apoyada en cimientos distintos de los de la economía industrial. La innovación según ellos no se detendrá sino que por el contrario se producirá y se está produciendo a más velocidad que en la etapa industrial, de forma más diseminada y con la participación de más personas. Es además una innovación relacionada con el conocimiento y la inteligencia, con lo que estamos pasando de ocuparnos de la materia a ocuparnos de la mente, de hurgar en la parte fisiológica del resto de nuestro cuerpo a entrar a fondo en el cerebro y de estar relacionados con las cosas a estarlo con las ideas.

La nueva revolución está basada en una tecnología que es digital, exponencial en cuanto a su crecimiento y combinatoria, es decir con capacidad de combinarse con todo y penetrar en todo.

Según Brynjolfsson, el ordenador y la digitalización constituyen una tecnología de todo propósito como fue la máquina vapor en la primera revolución industrial y la electricidad en la segunda. Eso quiere decir que se utilizará en muchas actividades y penetrará todo el tejido de nuestra sociedad, dando lugar a cambios múltiples y radicales. ¿Por qué motivos una tecnología así no va a comportarse como las anteriores?, parece preguntarse.

Todos estos son argumentos que manejamos mucha gente y que forman parte de nuestros deseos y nuestras esperanzas en cuanto a que efectivamente las cosas ocurran como en las revoluciones tecnológicas del pasado, pero la realidad es tozuda en nuestros días en los países desarrollados, en los cuales el crecimiento es mínimo y el desempleo muy elevado, además de la existencia de una desigualdad excesiva y creciente y una separación cada vez mayor entre la economía financiera y la real.
Adolfo Castilla

Economía

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.







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