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Blog futurista de Tendencias21


PROSPECTIVA


Al hilo del capítulo de conclusiones de Olivier Blancahrd en el libro, What have we learned?, que hemos resumido en los últimos posts, hacemos en éste una serie de comentarios muy personales sobre los fallos de nuestro sistema financiero y las deficiencias de la llamada "economía financiera". Indicamos que nuestro sistema económico está al borde de la bifurcación y que existen prácticas dentro de él que son malas para todos. Mientras que eso está ocurriendo a la vista de todo el mundo, los expertos se dedican a discutir pequeños aspectos de la política monetaria.


Una economía financiera que necesita reformas
Cuando uno lee las pequeñas cosas sobre el sistema financiero que se tratan en el libro que comentamos, tiende por un momento a pensar, como los miembros del Occupy movement americano con su slogan “We are the 99 %”, que el FMI nos engaña y está aquí para proteger a los de “arriba”. Es una idea, en efecto, momentánea, ya que no admito, ni de lejos, esa interpretación de las cosas, y creo que Blanchard y los otros participantes en el libro, son gente honrada, y el FMI una institución necesaria. Sí creo, sin embargo, que debemos protegernos todos de nuestros excesos en las instituciones y en los mecanismos de funcionamiento de nuestras sociedades, que nosotros mismos hemos creado. Y también, que debemos ser realistas y saber de verdad lo que está bien y lo que está mal en nuestras instituciones.

Los derivados que son procesos muy antiguos en la historia de la humanidad, por ejemplo, no se consideraron procesos adecuados para las bolsas de valores hasta 1972. Desde 1930 los mercados financieros estuvieron estrictamente regulados y los derivados financieros no se permitieron hasta la fecha indicada. Desde entonces los derivados han ido demasiado lejos al igual que otros componentes de la llamada “ingeniería financiera”.

Lo peor es que esa economía financiera se está separando de la economía real y comienza a tener sus propias reglas. El dinero produce dinero y el mercado de capitales no es ya el mecanismo por el cual el ahorro de las gentes llega a las empresas productivas, las cuales por su parte necesitan a la población trabajadora y le dan empleo. La economía financiera tiene vida propia y no necesita la nube de mano de obra, cualificada o no, que existe en nuestras sociedades.

Si esto sigue así podría producirse una verdadera bifurcación en los países más desarrollados. Hoy ya lo vemos en actuaciones diversas. Los anuncios recientes de las ganancias espectaculares de los bancos, 39 % más que el año pasado en uno y 25 % en otro, de los primeros bancos españoles, lleva a la reflexión. Sin duda es una buena noticia para las bolsas, los mercados financieros, los fondos de inversión y los inversores particulares, y los bancos están obligados a hacer esos anuncios. Para la empobrecida población española y para los casi 13 millones de españoles al borde de la pobreza absoluta, el asunto tiene otra interpretación: es sencillamente una obscenidad.

La bifurcación está ya aquí y los dos componentes de nuestras sociedades funcionan por separado y tienen sus propias leyes. El gran problema, como sabemos, es que eso no puede durar. La inestabilidad política y otros males están a las puertas de nuestro mundo supuestamente desarrollado.

Lo mismo se podría decir de los frecuentes reportajes en nuestros medios de comunicación sobre los resultados económicos de las muchas SICAV existentes en nuestro país. La población no entiende que tan poca gente gane tanto dinero mientras que mucha más gente tiene necesidades extremas y viven tan en precario.

Hay además cosas que nos parecen normales a todos pero que no lo son tanto. Recientemente he oído a un empresario decir que no entendía que llamaran “pelotazo” a invertir 34 millones de Euros en una empresa y venderla en bolsa algún tiempo después por 500. Esos casos nos parecen a todos muy normales en la economía de casino que hemos creado, y mucho más desde luego al que se beneficia de ellos. Es una muestra de nuestra libertad en cuanto a lo que hacemos con nuestro dinero, y mucho más una muestra del mecanismo de libre mercado del que tan orgullosos nos sentimos. La verdad es que tales procesos pueden ser creadores de burbujas y de crisis potenciales, malas para todos. No hay duda al respecto. Van en contra de nosotros mismos y deberíamos protegernos de ellos.

Un ejemplo lo tenemos en la burbuja inmobiliaria vivida recientemente con virulencia tanto en los Estados Unidos como en España. Todos hemos sentido el vértigo que suponía hacernos ricos con el valor de nuestras viviendas, para después, en poco tiempo, hundirnos en la miseria de no vender dichas viviendas ni siquiera bajándolas a menos de la mitad de su precio, mientras que las hipotecas seguían ahí, “vivitas y coleando”.

Es curioso porque si hubiera funcionado el mecanismo de mercado de la vivienda, es decir, si las viviendas se hubieran construido para satisfacer las necesidades de alojamiento de las personas, la crisis no se habría producido. El problema surgió cuando algo tan fundamental como tener un hogar se transformó, una vez más, en una economía tipo casino en la que se compraban pisos no para vivir ni para alquilar sino simplemente para esperar a su revalorización y entonces vender. Algo tan básico como la vivienda se transformó así en un bien especulativo.

La sobreventa de hipotecas, el olvido de los cálculos de riesgo, la titulación, o titulización, de paquetes de deudas y otras prácticas, realmente fraudulentas, de los bancos, han sido, una vez más, responsables de lo ocurrido.

La crisis inmobiliaria americana le costó todo su crédito a un economista que había adquirido una imagen espectacular en los Estados Unidos. Alan Greespan, que fue presidente de la FED desde agosto de 1987 a febrero de 2006, mantenido en el puesto por cuatro presidentes americanos consecutivos, favoreció el uso de los derivados y no prestó atención a la burbuja inmobiliaria. Los dos fenómenos causaron la crisis del 2008. A posteriori, cuando las críticas a su gestión arreciaron, sólo acertó a decir que había creído que el mecanismo de mercado funcionaría y llevaría a la economía al crecimiento en equilibrio.

La verdad es que a la vista de lo ocurrido con la Gran Recesión vivida desde el 2008, el FMI y los economistas cercanos a su actividad, deberían, en sus conclusiones sobre lo que han aprendido, referirse a los fallos intrínsecos del sistema financiero, al no funcionamiento en él del mecanismo de mercado, al uso de instrumentos de dudosa validez para todos, como los derivados financieros, y a las prácticas fraudulentas de los agentes, con particular referencia a los bancos.

Adolfo Castilla

Economía

Economía

8 Marzo 2015

Resumimos en este nuevo post el último punto del capítulo de conclusiones de Olivier Blanchard del libro "What have we learned? que venimos comentando. Hace referencia al papel que puede jugar la comunicación en el terreno de la política económica. Después de eso comenzamos a hacer también algunos comentarios sobre la "peligrosa" economía financiera que los hombres hemos creado. Continuaremos con este último tema en el próximo post


Instituciones financieras y crisis
Nos quedan todavía por resumir dos capítulos de conclusiones del libro que venimos comentando, What have we learned?. Macroeconomic Policy after the Crisis. Se deben a David Romer y a Joseph E. Stiglitz y son bastante interesantes. Pero antes me gustaría volver a hacer algunos comentarios sobre las, en mi opinión, débiles o intrascendentes enseñanzas obtenidas de la crisis tal como han sido recogidas en la conferencia del FMI y en el libro en cuestión.

Olivier Blanchard hace una última referencia en su capítulo de conclusiones a la comunicación como herramienta de los bancos centrales y al papel que pueden tener en la economía los anuncios previos de medidas a adoptar por parte de dichas instituciones. Menciona el caso del Banco Central Europeo y su programa Outright Monetary Transactions (OMT), el cual parece haber funcionado a pesar de ser un anuncio antiguo que justo en estos días de primeros de marzo de 2015 se está poniendo en marcha. Los inversores como se sabe, han presionado en los últimos años para que las primas de riesgo de los bonos de los países más endeudados del sur de Europa tuvieran que subir. Fenómeno que repercutía en que fuera más difícil para dichos países pagar sus deudas y salir de la crisis, con lo que se verían abocados en último extremo a abandonar el Euro. Grecia sería un caso claro en ese sentido. El anuncio de la existencia de dinero abundante transferido a esos países por el BCE, junto con medidas estructurales internas, todo hay que decirlo, ha hecho en los últimos años que países como Irlanda, España y Portugal hayan comenzado a superar sus dificultades y las primas de riesgo estén bajando a niveles normales.

Se refiere también en ese sentido al caso del Banco de Japón y a su anuncio de hace unos meses de duplicar la masa monetaria del país. El resultado final dependerá de las expectativas de las familias. Si estas creen que la inflación subirá y adaptan su comportamiento a ello en relación con los precios y los salarios, la inflación en el conjunto del país terminará subiendo, que es lo que Japón necesita. Si no suben las expectativas de la gente la inflación no subirá y el anuncio del Banco Central no producirá ningún efecto.

En términos de política monetaria lo que se deduce del libro del FMI, en este último sentido de la comunicación anticipada de medidas a adoptar, es que los choques psicológicos juegan un determinado papel, y, sobre todo, que el funcionamiento de la política monetaria no es tan mecánico y determinista como indican los libros de texto de economía y finanzas.

Es curioso que Blanchard se refiera a esos aspectos psicológicos y a sus distanciamiento de la teoría económica y no mencione el distanciamiento de otros procesos de los mercados financieros de la teoría y de las buenas prácticas, como son, por ejemplo, las actuaciones fraudulentas de diversos de sus agentes, incluidos los bancos.

Hace poca referencia también al papel de la regulación, o las referencias que hace son muy ligeras y muy formalistas. No menciona, por ejemplo, que existe una concepción de liberalismo o libertad de mercados algo fundamentalista que impide llegar a fondo en situaciones de clara actuación fraudulenta de empresas, bancos y fondos de inversión. Tampoco toca el tema de medidas de los reguladores que no llegan a alcanzar sus objetivos porque hay muchas formas de recurrirlas. Y no entra en dimensiones de nuestro sistema financiero que hoy sabemos son destructivas para todos, como los “hedge funds” y los derivados, los cuales han sido caracterizados como “armas de destrucción masiva”.

Deberíamos ser serios en ese sentido y pensar que nuestro sistema financiero, nuestra economía financiera a la que tanto cuidamos, se nos está yendo de las manos y empieza a ser una carga más que un componente beneficioso de nuestro mundo. Yo no soy un antisistema ni mucho menos, y de hecho creo profundamente en que el capitalismo es espontáneo, es lo que nos ha salido naturalmente a los hombres tratando de subsistir, y mil veces que la humanidad comenzara su andadura por este mundo mil veces llegaríamos a la misma organización económica. La economía financiera forma parte de ese proceso natural y no hay razones para no admitirla. No se trata de eso, pero sí, decididamente, de controlarla, reformarla y regularla.

Adolfo Castilla

Economía

En este post se hace referencia a las distintas políticas relacionadas con los sistemas financieros y a su coordinación, así como a la deuda pública sostenible y a su impacto en la estabilidad de la economía de un determinado país. Son dos aspectos adicionales tratados por Olivier Blanchard en su capítulo de conclusiones del libro "What have we learned?" que venimos resumiendo en este blog.


Política monetaria y su relación con las herramientas macroprudenciales
El siguiente aspecto al que Olivier Blanchard presta atención en su capítulo de conclusiones del libro What have we learned?, es el de las relaciones entre la política monetaria, la macroprudencial y la microprudencial. Lo que utilizando la sugerencia del catedrático de economía de la Universidad de Princeton, Avinash Dixit, se conoce como “MIP, MAP, MOP”.

Políticas macroprudenciales, microprudenciales y monetarias

La primera cuestión abordada es la coordinación de las políticas macroprudenciales y las microprudenciales. En la línea de mínimo intervencionismo que parece seguir Blanchard, este autor no ve demasiados motivos para tal coordinación. Las políticas macroprudenciales deben ser políticas de carácter muy general destinadas a reducir el riesgo sistémico (crisis sistémicas o generalizadas del sistema económico, es decir, no sólo del sector financiero sino de todos los sectores) y las microprudenciales deben referirse al control individual de las instituciones financieras, fundamentalmente de los bancos. Las dos son necesarias en distintos momentos y bajo circunstancias distintas, aunque existieron dudas en la conferencia del FMI en cuanto a si puede ocurrir que un supervisor microprudencial ignore el riesgo sistémico y decida imponer ratios de capital más altos a los bancos mientras que el regulador macroprudencial crea que hay que hacer exactamente lo contrario.

La regulación macroprudencial, por otra parte, parece sólo referirse a los ratios de capital exigidos a los bancos, los cuales deben ser más altos para los bancos más grandes y deben incrementarse cuando los niveles de crédito tienden a aumentar. Hay, por supuesto, más herramientas de actuación macroprudencial pero no resultan adecuadas para un banco central.

En cuanto a dicha regulación macroprudencial y su relación con la política monetaria, la idea general deducida de la conferencia y recogida en el libro, es que ambas deben estar coordinadas, tarea algo complicada que resulta más fácil de decir que de hacer. La primera tiene que ver con los riesgos asumidos pos los inversores y la segunda puede afectar a la demanda general interna de un país.

Hay dudas sobre si las dos deben estar bajo la responsabilidad de los bancos centrales. Sobre la política monetaria no hay duda ya que esto es de lo que se vienen ocupando dichos bancos desde siempre, pero sobre la macroprudencial sí existen muchas dudas ya que entre otras cosas pueden afectar a la independencia de los bancos centrales. La propuesta que se hace es la de seguir el ejemplo del banco central del Reino Unido (Bank of England), el cual tiene dos comités distintos, que actúan en paralelo, uno dedicado a la política monetaria y otro dedicado a la política fiscal. Este último con una serie limitada de herramientas macroprudenciales. Entre ellas no se encuentra, por ejemplo, la de actuar sobre el importante tema de la relación “préstamo-valor” (lo que en inglés se denomina como Loan-to-Value-Ratio, o LTV), es decir, la relación entre la cantidad de dinero de una hipoteca y el valor de la vivienda. Dicha relación está hoy en España en un 80 % pero puede bajarse o subirse con gran facilidad.

Nivel de deuda pública sostenible

El último tema resumido por Olivier Blachard en sus conclusiones es el nivel de deuda que puede considerarse sostenible para un determinado país. Advierte antes de explicar lo tratado en la conferencia que vivimos una época de grandes porcentajes de deudas públicas. Por lo que se refiere a los países desarrollados muchos están en el 100 % del PIB y las previsiones son que suban y que permanezcan en esos niveles durante bastantes años.

Lo indicado en la conferencia, como no podría ser de otra manera, coincide con lo que forma parte de la sabiduría común de los ciudadanos sobre este tema. La elevada deuda es costosa, exige altos impuestos para tratar de disminuirla, aumenta la probabilidad de “default” de los países y hace difícil la sostenibilidad. Además, claro está, de aumentar los “spreads” (desviación entre los intereses de los bonos públicos entre países), así como las transferencias de estas desviaciones a los intereses de los bonos empresariales y al crédito en general. Por no mencionar la inseguridad y volatilidad que las elevadas deudas públicas introducen en el sistema económico y en los niveles de inflación y los porcentajes de los impuestos, temas que, como sabemos, afectan muy directamente a las decisiones de las empresas y a las de las familias.

Se refiere asimismo Blanchard, a la existencia de dos posibles equilibrios con deudas públicas elevadas, un “equilibrio bueno”, en el que los ratios de interés, inflación, spreads y otros, son bajos y la deuda resulta sostenible, y un “equilibrio malo” en el que los ratios son altos y la deuda puede llevar a una suspensión de pagos del país (default).

Menciona a este respecto los casos de España y el Reino Unido en los últimos años. España ha sufrido “spreads” elevados mientras que el Reino Unido los ha mantenido razonablemente reducidos. Aparte de un mejor estado de la economía en general en esos años en el segundo país, se menciona el hecho de que el Banco de Inglaterra tiene más grados de libertad en sus actuaciones lo que lleva a los inversores a confiar más en sus intervenciones para mantener el equilibrio. El Banco Central Europeo (ECB), por el contrario, no tiene el mandato de actuar en el sentido de mantener el equilibrio del sistema económico.
Adolfo Castilla

Economía

Economía

16 Febrero 2015

Continuamos resumiendo en este post el capítulo de conclusiones debido a Olivier Blanchard del libro que venimos analizando, "What have we learned?". En el post anterior nos habíamos referido a la regulación financiera y al papel del sector financiero en el conjunto de la economía, mientras que en este nos adentramos en lo que el mismo Blanchard llama "herramientas macroprudenciales". Antes no hemos tenido más remedio que dedicar unos párrafos a definir ambos términos: microprudencial y macroprudencial. Los dos tienen que ver con la regulación que necesita el sistema financiero internacional. El primero más relacionado con la regulación de las instituciones financieras consideradas individualmente y el segundo orientado a la regulación del sistema financiero en su conjunto.


Medidas macroprudenciales
De lo revisado hasta ahora del contenido del libro What have we learned?, impresiona lo poco que se sabe del funcionamiento de las crisis financieras y del impacto de los shocks financieros en el conjunto de la economía. También es sorprendente los aparentemente pequeños instrumentos que se manejan, como por ejemplo que la única función de un banco central sea mantener el nivel de inflación en un determinado valor, así como el mayor o menor ratio de capital de los bancos comerciales. Cuando se habla de nuevas medidas regulatorias, por último, es increíble las dudas y el escepticismo que causan en todos los economistas a tenor de lo que manifiestan los cuatro coautores del libro, con especial referencia a Olivier Blanchard.

No parece deducirse nada definitivo de los trabajos presentados ni de las discusiones mantenidas en la reunión del FMI, con lo que no hay nada que permita mejorar la estabilidad del sistema financiero mundial, prever las crisis financieras y, eventualmente, actuar sobre ellas para evitar su impacto negativo sobre las economías. Ni siquiera las herramientas macroprudenciales, que a pesar de su relativa novedad están siendo utilizadas por muchos países, resultan muy adecuadas para este autor, a la luz, claro está, de lo visto y debatido en la reunión del FMI de la primavera de 2013 y en la reunión previa de 2011.

Herramientas macroprudenciales

En relación con esta cuestión lo primero es indicar que se habla indistintamente de herramientas macroprudenciales y de regulación macroprudencial. El primer término parece querer significar la introducción de algunas herramientas nuevas en el control de los bancos y del sistema financiero en general y el segundo parece referirse más bien a un nuevo cuadro regulador general del sistema financiero que elimine o disminuya los riesgos sistémicos.

Como bien se sabe, y parece mentira a la vista de las crisis financieras frecuentes que el mundo ha vivido en los últimos 30 años, hay importantes instituciones reguladoras mundiales que se ocupan de estas cuestiones. El Comité de Basilea, en concreto, nombre corto del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (o BCBS, siglas de la denominación en inglés Basel Committee on Banking Supervision) es la organización mundial que acoge a las autoridades de supervisión bancaria de los países más poderosos del mundo. Su misión es fortalecer la solidez de los sistemas financieros y resulta muy curioso que se sepa tan poco de ella y que su nombre sólo aparezca tras una crisis financiera fuerte. No me refiero a los responsables de los bancos centrales, a los altos directivos de los bancos, y a los reguladores financieros, los cuales sin duda están muy familiarizados con esta institución, sino al hombre de la calle con cierta instrucción que comprueba una y otra vez las barrabasadas que se hacen en el sistema bancario y financiero. Muchos se preguntan, nos preguntamos, si los reguladores no se ocupan de lo que se hace mal en este sistema y si no hay controles que eviten los problemas surgidos de algo tan frecuente en este mundo como el "riesgo moral". Resulta que sí los hay, pero entonces nos surgen otras preguntas: ¿de que nos sirven?, ¿qué medidas toman y cómo se instrumentan?. Volveremos más adelante sobre esta cuestión.

Antes digamos, siguiendo información convencional que se puede encontrar en Wikipedia, que este órgano de control internacional se creó en 1975 por los directores de los bancos centrales de los países y unión de países del G-10. Once bancos centrales en total forman parte de esta institución que tiene una secretaría general constituida por 12 miembros.

Una institución paralela, independiente pero fuertemente relacionada con este comité, es el Banco de Pagos Internacionales (BPI), o Bank for International Settlements (BIS), una especie de banco central de bancos centrales con sede también en Basilea.

El Comité de Basilea ha utilizado desde hace tiempo lo que se llaman políticas microprudenciales, cuyo objetivo es regular el funcionamiento de los bancos, compañías de seguros y otros instrumentos de financiación. Tras la crisis del 2008 puso en marcha la normativa conocida como Basilea III, la cual está destinada a reforzar la gestión del capital y la liquidez de los bancos.

Las medidas macroprudenciales son posteriores y de hecho se trataron como novedosas en la primera reunión del FMI sobre replanteamiento de la política macroeconómica de 2011. El término macroprudencial es antiguo pero se empezó a utilizar para lo que se utiliza hoy a partir de la crisis financiera del final de la primera década del año 2000. Es un enfoque de la regulación financiera destinado a mitigar los riesgos de las “crisis sistémicas” del sistema financiero en su conjunto del tipo de las vividas en los países desarrollados en los últimos seis años.

La regulación microprudencial trata de eliminar o limitar los riesgos de las instituciones financieras individuales y la macroprudencial se orienta a lo mismo pero en el conjunto del sistema financiero.
Adolfo Castilla

Economía

Bitácora

13 Febrero 2015

Terminamos en el presente post el resumen del capítulo de conclusiones que escribe el Premio Nobel de Economía George A. Akerlof en el libro What have we learned?, que venimos comentando, y comenzamos el resumen de las que hace Oliver Blanchard. Cada coautor del libro elabora un capítulo de conclusiones, refiriéndose, claro está, a aspectos distintos de lo tratado en la conferencia de la que el libro procede. En los próximos posts además de terminar las conclusiones de Blanchard seguiremeos resumiendo las de David Romer y Joseph Stiglitz.


Nueva política macroeconómica
Continuando con las conclusiones de George Akerlof habría que añadir su referencia a trabajos recientes en los que se distingue entre crisis financieras y crisis normales, así como a la mayor duración de la recuperación de las primeras en comparación con las segundas. También, a que la gravedad de dichas crisis financieras está fuertemente relacionada con la cuantía de la deuda existente en el sistema.

Se adentra entonces en cómo medir la deuda existente en una época en la que hay un sistema financiero alternativo, un sistema en la sombra formado por los hedge funds, los derivados y otros instrumentos de financiación.

Dicho sistema puede suavizar la salida de la crisis al introducir más liquidez en el sistema, pero puede también exacerbarla al aumentar el juego y la especulación. Eso fue lo que ocurrió al principio de la crisis en los Estados Unidos.

Es decir, que la economía financiera que hemos creado entre todos no sólo está separada de la real sino que crea burbujas internas continuamente, las cuales a su vez dan lugar a crisis financieras que serán cada vez más frecuentes por lo que estamos viendo.

Repensando la política macroeconómica según Blanchard

El siguiente capítulo de conclusiones se debe a Olivier Blanchard, Economista Jefe del Fondo Monetario Internacional y organizador de la conferencia. Se refiere en él a la regulación financiera, al papel general del sector financiero, a las herramientas macroprudenciales y su relación con las microprudenciales, a la política monetaria, al nivel de deuda sostenible y a otros aspectos menos técnicos como el papel de la comunicación y la publicidad en relación con la política económica.

Regulación financiera

Sobre la regulación financiera recoge la posición de muchos participantes en la conferencia en el sentido de señalar la necesidad de más regulación en el sistema financiero tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

Una de las regulaciones que menciona, sobre los que todos tenemos opinión, tiene que ver con el aumento de los ratios de capital en los bancos. Dichos ratios miden el valor del capital de un determinado banco en relación con los riesgos adquiridos, es decir, con los créditos concedidos y otros compromisos financieros. De momento, en la mayoría de los países desarrollados esos ratios son muy bajos y su incremento supondría disponer de unos sistemas financieros más sólidos. Ni que decir tiene que unos participantes en la reunión eran partidarios de dicho incremento y otros no al suponer que destruirían el sistema bancario.

También hace referencia al posible control de los flujos de capital a corto plazo que tanta volatilidad introducen a veces en las economías de determinados países. No hay conclusiones definitivas sobre este punto. Unos consideraron en la reunión que dicho control era necesario, otros que no, y otros, por fin, que los flujos de capital a corto plazo no tienen al final gran impacto en la marcha de la economía del país que los recibe.

El papel del sector financiero

En cuanto al papel del sector financiero en el conjunto de la economía de los países, el famoso tema de la economía real y la economía financiera, también hubo al parecer opiniones diversas. Unos creían que hay separación entre el mundo financiero y el real y hablaron de la existencia de ciclos diferentes en ambos mundos, con las dificultades que eso supone en términos de actuación sobre ambos. Otros creían que aunque no existan ciclos desplazados entre una parte y otra de la economía los shocks financieros constituyen una fuente adicional de perturbación y sobre todo una fuente muy importante de amplificación de las crisis.

También hubo opiniones distintas en cuanto a si el sistema financiero y los shocks de tipo financiero necesitarían ser incorporados a la teoría económica y en concreto a instrumentos como el modelo de las curvas IS-LM. Unos creían que debían incorporarse y otros pensaban que para la dilatada frecuencia con la que tales shocks se producen quizá no merezca la pena hacer nada en la teoría económica existente.

También se trató el tema del papel de los bancos centrales en cuanto a la estabilidad financiera y la estabilidad de todo el sistema económico, no siendo para Blanchard muy concluyentes las posiciones de los distintos participantes que abordaron esta cuestión en la reunión. Unos se inclinaban por no asignar a los bancos centrales más misión que la de controlar la inflación, o en todo caso, y tras la crisis actual, controlar el crecimiento nominal de la economía, mientras que otros pensaban que habría que asignarles misiones más amplias relacionadas con la estabilidad macroeconómica del sistema. De la mano de esa necesidad de que los bancos centrales se ocupen de la estabilidad financiera surge el siguiente tema que Blanchard aborda, el de las herramientas macroprudenciales, de las que hablaremos en el siguiente post
Adolfo Castilla

Bitácora

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.




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