El origen de algunas ideas y palabras
Ninguno de estos términos es nuevo en sentido estricto. “Complementariedad”, por ejemplo, hunde sus raíces en las obras de Baruch Spinoza (1632-1677), Gottfried Leibniz (1646-1716), Carl Gustav Jung (1875-1961) y más modernamente en las del filósofo austriaco Herbert Feigl (1902-1988). El también filósofo y psicólogo americano William James (1842-1910) lo usó en su obra para describir las presencia de diferentes personalidades en una misma persona y de él parece haberlo tomado el gran físico danés Niels Bohr (1885-1962) para aplicarlo a los fenómenos cuánticos ya mencionados. (Ver Harald Walach: “The complementary model of brain-body relationship”. Medical Hypotheses (2005) 65, 380-388)
La idea del “enredo cuántico” fue también ampliamente discutida en los años 30, por Erwin Schrödinger (1887-1961), entre otros, al tratar el principio de incertidumbre de Heisenberg y la llamada “Interpretación de Copenhague”. Fue, incluso, objeto de un experimento teórico diseñado por Einstein, Podolsky y Rosen, conocido en física cuántica como “EPR paradox”. Con él quisieron los tres autores mencionados oponerse a la idea de entanglement y argumentar en contra de la mecánica cuántica a la que no consideraban una teoría física completa.
Son términos y conceptos, por otra parte, absolutamente comunes en las facultades de Física, y que forman parte del argot de cualquiera de los estudiantes de esos centros. Hay, asimismo, multitud de trabajos en revistas especializadas y tesis doctorales de todo tipo que se refieren a ellos.
Es decir, que no se puede caer en el error de creer que son nuevos porque de pronto algunos de nosotros los descubramos. Es bastante nuevo, sin embrago, el fenómeno de emplear estos términos y conceptos en terrenos totalmente alejados de su lugar natural. Lo cuántico, lo complejo, lo caótico y todos los términos de estas áreas de actividad están pasando a una velocidad de vértigo al mundo corriente y todas las ciencias sociales se están impregnando de ellos.
En ocasiones no se sabe si dicho traspaso tiene sentido. Algunos nos sorprendemos mucho al ver con qué facilidad se emplean en Ciencias de la Educación y en otras ciencias sociales términos y conceptos que en principio sólo se han detectado en fenómenos del mundo subatómico. A este aspecto me referí en los debates con Harald Walach mantenidos en las conferencias mencionadas anteriormente. Le indiqué que muchas de sus ideas serían tachadas como no científicas, y me contestó que era cierto, sólo constituían hipótesis de trabajo que el mundo científico tendría que confirmar.
La idea del “enredo cuántico” fue también ampliamente discutida en los años 30, por Erwin Schrödinger (1887-1961), entre otros, al tratar el principio de incertidumbre de Heisenberg y la llamada “Interpretación de Copenhague”. Fue, incluso, objeto de un experimento teórico diseñado por Einstein, Podolsky y Rosen, conocido en física cuántica como “EPR paradox”. Con él quisieron los tres autores mencionados oponerse a la idea de entanglement y argumentar en contra de la mecánica cuántica a la que no consideraban una teoría física completa.
Son términos y conceptos, por otra parte, absolutamente comunes en las facultades de Física, y que forman parte del argot de cualquiera de los estudiantes de esos centros. Hay, asimismo, multitud de trabajos en revistas especializadas y tesis doctorales de todo tipo que se refieren a ellos.
Es decir, que no se puede caer en el error de creer que son nuevos porque de pronto algunos de nosotros los descubramos. Es bastante nuevo, sin embrago, el fenómeno de emplear estos términos y conceptos en terrenos totalmente alejados de su lugar natural. Lo cuántico, lo complejo, lo caótico y todos los términos de estas áreas de actividad están pasando a una velocidad de vértigo al mundo corriente y todas las ciencias sociales se están impregnando de ellos.
En ocasiones no se sabe si dicho traspaso tiene sentido. Algunos nos sorprendemos mucho al ver con qué facilidad se emplean en Ciencias de la Educación y en otras ciencias sociales términos y conceptos que en principio sólo se han detectado en fenómenos del mundo subatómico. A este aspecto me referí en los debates con Harald Walach mantenidos en las conferencias mencionadas anteriormente. Le indiqué que muchas de sus ideas serían tachadas como no científicas, y me contestó que era cierto, sólo constituían hipótesis de trabajo que el mundo científico tendría que confirmar.
Adolfo Castilla
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Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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