Economía
2 Agosto 2012
Se dedica este post a hacer un breve resumen de las aportaciones de la Escuela Austríaca de Economía y de lo que dicen sus representantes o partidarios actuales. Se emiten también algunas opiniones en cuanto a la utilidad de sus propuestas para la salida de la crisis económica que nos atenaza en estos días. Sobre todo ello somos algo críticos al final, pero quiero indicar que somos críticos pero respetuosos y que, por supuesto, sólo emitimos opiniones personales, las cuales, debo decir también, no son las de un especialista. Todo ha sido un esfuerzo, que creo debemos hacer todos, por entender lo que está pasando en nuestro mundo con particular referencia a las ideas y teorías explicativas de nuestros problemas y de sus soluciones aportadas por personas y grupos diversos. No me cabe la menor duda sobre el esfuerzo intelectual de los economistas austríacos y sobre su voluntad de encontrar soluciones. Tampoco las tengo sobre mi honestidad al tratar de comprender lo que dichos economistas proponen.
Adam Smith
(Continuación del post anterior)
El resumen que se puede hacer de la actual oleada de interés por la Economía Austríaca es que en parte es lógica por la repetición de circunstancias de crisis muy parecidas a las que se vivieron en los años 30 del siglo pasado cuando por primera vez se difundieron masivamente sus propuestas. Sus análisis de los ciclos económicos con sus burbujas financieras periódicas son válidos hoy aunque habría que cruzarlos con muchas otras ideas surgidas en la Teoría Económica desde aquellos años. Sorprenden sin embargo sus planteamientos absolutamente básicos y su radicalidad al no tener en cuenta lo ocurrido en el mundo en términos económicos desde entonces.
Son muy atractivas sus ideas sobre la acción humana como fundamento de nuestro mundo, su interpretación de la economía y de los mercados como procesos y la importancia que dan a la subjetividad de los individuos, así como su interpretación de nuestro orden socio-económico como orden espontáneo. Todo ello es, probablemente cierto, y desde luego válido, pero uno no sabe por qué esas interpretaciones no son consideradas por los austríacos como unas más de las que existen en nuestro mundo y no están dispuestos a mezclarlas con otras igualmente válidas.
A pesar de su ataque al racionalismo social choca mucho su racionalismo conceptual y su postura de no dar por válido nada de lo que hayan dicho otros economistas y de lo que se haya construido en el mundo en términos de instituciones, organización económica y leyes socio-económicas. Sobre todo eso la única actitud que yo he visto en los economistas austríacos actuales es la de burla e ironía.
Por cierto que si nuestro orden económico fue espontáneo en sus comienzos y según ellos sigue siéndolo, no se entiende por qué los bancos como existen hoy, las instituciones reguladoras, los estados y sus presupuestos y la economía financiera, entre otras cosas, no son también fenómenos espontáneos que hay que aceptar, aunque haya que reformarlos, algunos de ellos profundamente.
Muchas de sus posturas parecen obcecaciones, como el hecho de no aceptar la medición de los fenómenos económicos, no admitir la intervención estatal en la economía y no creer, a estas alturas, en los bancos y en las instituciones reguladoras.
En cuanto a la libertad del mercado y el equilibrio a largo plazo como principio básico para organizarnos, parece también una exageración “racionalista” y fundamentalista.
Uno no entiende tampoco por qué son enemigos de todo y de todos, como lo fueron sus padres fundadores, y por qué los actuales miembros de este grupo son tan autosuficientes, tan irónicos, como decimos, tan partidarios de clamar en el desierto y tan dados a considerarse pocos y únicos. Son como decíamos al principio de estos posts una especie de iniciados a los que les gusta estar solos y bridar continuamente al sol. Les encanta adscribirse a lo dicho por un personaje español cuyo nombre no recuerdo (aunque puede que fuera Garrigues padre) en el sentido de que “los liberales españoles cabemos todos en un taxi”.
Salvo algunos principios generales no creo que los economistas de esta escuela tengan mucho que aportar a la solución de nuestros problemas económicos actuales. A pesar de sus análisis realmente notables de las crisis financieras, y de la necesidad de reformar el sistema bancario y el financiero en general que preconizan, no me parece que sus propuestas, que son realmente radicales, puedan aplicarse a las economías complejas y globales que hemos creado.
Incluso en relación con las medidas drásticas que está tomando actualmente el gobierno español para salir de la crisis, muchas de las cuales tachadas de ataques a la enseñanza y a la sanidad públicas, a la sociedad del bienestar, a los sindicatos y a otras instituciones, no creo que sean sus ideas las que estén motivando a nuestros dirigentes. La austeridad que necesitamos hoy no tiene por qué ser permanente y no hay nada en contra de los “estados del bienestar” si dichos estados pueden ser mantenidos por la actividad económica de los países y por el orden y la disciplina de las contabilidades públicas.
Es verdad que la experiencia acumulada, sobre todo en Europa, parece indicar que los gobiernos socialistas no son los mejores para alcanzar esos objetivos de crear riqueza y conseguir buena organización presupuestaria, pero ni siquiera eso debe aceptarse como dogma. Otra cosa sería dejar que la ideología a priori marcara nuestros criterios y nuestras posiciones.
Yo creo, finalmente, que ser liberales es algo muy distinto de lo que ellos creen. Aunque no digan mucho más de lo que dijeron los economistas clásicos, incluidos como tales a los marginalistas, el mismo Adam Smith parece tener una visión más comprensiva, más ética y más verdaderamente liberal de la economía y de la sociedad que ellos.
El resumen que se puede hacer de la actual oleada de interés por la Economía Austríaca es que en parte es lógica por la repetición de circunstancias de crisis muy parecidas a las que se vivieron en los años 30 del siglo pasado cuando por primera vez se difundieron masivamente sus propuestas. Sus análisis de los ciclos económicos con sus burbujas financieras periódicas son válidos hoy aunque habría que cruzarlos con muchas otras ideas surgidas en la Teoría Económica desde aquellos años. Sorprenden sin embargo sus planteamientos absolutamente básicos y su radicalidad al no tener en cuenta lo ocurrido en el mundo en términos económicos desde entonces.
Son muy atractivas sus ideas sobre la acción humana como fundamento de nuestro mundo, su interpretación de la economía y de los mercados como procesos y la importancia que dan a la subjetividad de los individuos, así como su interpretación de nuestro orden socio-económico como orden espontáneo. Todo ello es, probablemente cierto, y desde luego válido, pero uno no sabe por qué esas interpretaciones no son consideradas por los austríacos como unas más de las que existen en nuestro mundo y no están dispuestos a mezclarlas con otras igualmente válidas.
A pesar de su ataque al racionalismo social choca mucho su racionalismo conceptual y su postura de no dar por válido nada de lo que hayan dicho otros economistas y de lo que se haya construido en el mundo en términos de instituciones, organización económica y leyes socio-económicas. Sobre todo eso la única actitud que yo he visto en los economistas austríacos actuales es la de burla e ironía.
Por cierto que si nuestro orden económico fue espontáneo en sus comienzos y según ellos sigue siéndolo, no se entiende por qué los bancos como existen hoy, las instituciones reguladoras, los estados y sus presupuestos y la economía financiera, entre otras cosas, no son también fenómenos espontáneos que hay que aceptar, aunque haya que reformarlos, algunos de ellos profundamente.
Muchas de sus posturas parecen obcecaciones, como el hecho de no aceptar la medición de los fenómenos económicos, no admitir la intervención estatal en la economía y no creer, a estas alturas, en los bancos y en las instituciones reguladoras.
En cuanto a la libertad del mercado y el equilibrio a largo plazo como principio básico para organizarnos, parece también una exageración “racionalista” y fundamentalista.
Uno no entiende tampoco por qué son enemigos de todo y de todos, como lo fueron sus padres fundadores, y por qué los actuales miembros de este grupo son tan autosuficientes, tan irónicos, como decimos, tan partidarios de clamar en el desierto y tan dados a considerarse pocos y únicos. Son como decíamos al principio de estos posts una especie de iniciados a los que les gusta estar solos y bridar continuamente al sol. Les encanta adscribirse a lo dicho por un personaje español cuyo nombre no recuerdo (aunque puede que fuera Garrigues padre) en el sentido de que “los liberales españoles cabemos todos en un taxi”.
Salvo algunos principios generales no creo que los economistas de esta escuela tengan mucho que aportar a la solución de nuestros problemas económicos actuales. A pesar de sus análisis realmente notables de las crisis financieras, y de la necesidad de reformar el sistema bancario y el financiero en general que preconizan, no me parece que sus propuestas, que son realmente radicales, puedan aplicarse a las economías complejas y globales que hemos creado.
Incluso en relación con las medidas drásticas que está tomando actualmente el gobierno español para salir de la crisis, muchas de las cuales tachadas de ataques a la enseñanza y a la sanidad públicas, a la sociedad del bienestar, a los sindicatos y a otras instituciones, no creo que sean sus ideas las que estén motivando a nuestros dirigentes. La austeridad que necesitamos hoy no tiene por qué ser permanente y no hay nada en contra de los “estados del bienestar” si dichos estados pueden ser mantenidos por la actividad económica de los países y por el orden y la disciplina de las contabilidades públicas.
Es verdad que la experiencia acumulada, sobre todo en Europa, parece indicar que los gobiernos socialistas no son los mejores para alcanzar esos objetivos de crear riqueza y conseguir buena organización presupuestaria, pero ni siquiera eso debe aceptarse como dogma. Otra cosa sería dejar que la ideología a priori marcara nuestros criterios y nuestras posiciones.
Yo creo, finalmente, que ser liberales es algo muy distinto de lo que ellos creen. Aunque no digan mucho más de lo que dijeron los economistas clásicos, incluidos como tales a los marginalistas, el mismo Adam Smith parece tener una visión más comprensiva, más ética y más verdaderamente liberal de la economía y de la sociedad que ellos.
Nos referimos en este post a aspectos adicionales de la Economía Austríaca que son asimismo interesantes. Su interpretación de los fenómenos económicos como procesos de descubrimiento y aprendizaje es algo muy inteligente y quizás verdadero, aunque es probable que esa afirmación no sea otra cosa que un "racionalismo", es decir, algo muy básico que no elimina otras visiones y que no sirve como concepción única de los mencionados fenómenos económicos. En este post nos referimos con brevedad a esa cuestión, así como a otra, enormemente importante y más general y válida que la anterior, que es la consideración del mercado y de la economía como fenómenos espontáneos sobre los que la intervención, y sobre todo el intervencionismo, son siempre peligrosos. Friedrich Hayek se refirió ampliamente a estas cuestiones.
(Continuación del post anterior)
Hemos dicho en el post anterior que los economistas austríacos no creen en los estados finales pero habría que precisar que no es que no crean, sino que no cuentan con ellos porque no pueden conocerse a priori sus características. Los estados finales no son algo en lo que se pueda creer o no, son situaciones de hecho en las que vivimos en un momento determinado, pero son cambiantes y la intervención estatal pueden cambiarlos más, siempre para peor, según los austríacos.
La forma cómo los economistas anglosajones se enfrentan a la competencia y cómo lo hacen los austríacos sería un ejemplo de las diferencias fundamentales entre estos dos grupos de pensamiento económico. Los primeros definen la competencia perfecta como una situación en la que muchas pequeñas empresas compiten con productos homogéneos en igualdad de condiciones y con un conocimiento perfecto de los mercados abierto a todos. Para Hayek y otros austríacos la competencia es el comportamiento de rivalidad y el proceso según el cual unas empresas mejoran o diferencian sus productos, sin que nunca exista una competencia perfecta del mercado. De las estrategias competitivas no se sabe nunca a priori si serán buenas o malas, por lo que competir es siempre un “proceso de descubrimiento”. De ahí, por otra parte, deducen la imposibilidad de políticas de defensa de la competencia, las leyes “antitrust”, las cuotas a la importación y otros proteccionismos de los gobiernos que los austríacos siempre consideran intervencionistas y negativas en cuanto a la benefactora rivalidad competitiva.
Uno de sus mayores éxitos históricos es su ataque frontal a las economías socialistas de planificación centralizada y sus explicaciones en cuanto a su imposibilidad de funcionamiento. Mucho antes del hundimiento de la Unión Soviética tanto von Mises como Hayek habían predicho que tal hecho tendría lugar. Por activa y por pasiva demostraron que la economía tiene que basarse en la libertad individual, en la libertad de los mercados, en la propiedad privada de los medios de producción, en la no intervención estatal y en la no existencia de los órganos reguladores. Hayek en concreto, en su libro “Camino de servidumbre”, indica que las economías socialistas llevan al totalitarismo y a la ausencia de libertad.
Creen, especialmente Hayek que escribió ampliamente sobre ello, que la economía y especialmente el mercado son procesos espontáneos, que no han surgido de la existencia de leyes, instituciones y organizaciones creadas a priori sino que más bien han sido dichos procesos de intercambio surgidos de forma natural y desorganizada, los que han dado lugar al orden que vemos en nuestro mundo. Las instituciones válidas son las que surgen de la acción individual espontánea y el racionalismo orientado a organizar conscientemente el mundo es una seria amenaza para la civilización. No es extraño que los austríacos actuales arremetan contra tanta ingeniería social como vemos a nuestro alrededor.
Hay también un terreno en el que los economistas austríacos se han esmerado haciendo análisis detallados, se trata de la crítica al keynesianismo. Hablaremos de ella en los próximos posts y dedicaremos algo de atención al libro de Juan Ramón Rallo que mencionábamos al comienzo de la actual serie de entregas. Es un libro dedicado precisamente a la refutación total de la “Teoría General”, como se dice en su subtítulo.
De momento podemos decir que los austríacos dan más importancia a la microeconomía que a la macroeconomía y prestan mucha más atención al lado de la oferta que al lado de la demanda. Cosa por cierto que también es muy atractiva después del largo periodo que llevamos dominados por esos segundos enfoques y cansados de sus poquísimos grados de libertad.
(Continúa en el post siguiente)
Hemos dicho en el post anterior que los economistas austríacos no creen en los estados finales pero habría que precisar que no es que no crean, sino que no cuentan con ellos porque no pueden conocerse a priori sus características. Los estados finales no son algo en lo que se pueda creer o no, son situaciones de hecho en las que vivimos en un momento determinado, pero son cambiantes y la intervención estatal pueden cambiarlos más, siempre para peor, según los austríacos.
La forma cómo los economistas anglosajones se enfrentan a la competencia y cómo lo hacen los austríacos sería un ejemplo de las diferencias fundamentales entre estos dos grupos de pensamiento económico. Los primeros definen la competencia perfecta como una situación en la que muchas pequeñas empresas compiten con productos homogéneos en igualdad de condiciones y con un conocimiento perfecto de los mercados abierto a todos. Para Hayek y otros austríacos la competencia es el comportamiento de rivalidad y el proceso según el cual unas empresas mejoran o diferencian sus productos, sin que nunca exista una competencia perfecta del mercado. De las estrategias competitivas no se sabe nunca a priori si serán buenas o malas, por lo que competir es siempre un “proceso de descubrimiento”. De ahí, por otra parte, deducen la imposibilidad de políticas de defensa de la competencia, las leyes “antitrust”, las cuotas a la importación y otros proteccionismos de los gobiernos que los austríacos siempre consideran intervencionistas y negativas en cuanto a la benefactora rivalidad competitiva.
Uno de sus mayores éxitos históricos es su ataque frontal a las economías socialistas de planificación centralizada y sus explicaciones en cuanto a su imposibilidad de funcionamiento. Mucho antes del hundimiento de la Unión Soviética tanto von Mises como Hayek habían predicho que tal hecho tendría lugar. Por activa y por pasiva demostraron que la economía tiene que basarse en la libertad individual, en la libertad de los mercados, en la propiedad privada de los medios de producción, en la no intervención estatal y en la no existencia de los órganos reguladores. Hayek en concreto, en su libro “Camino de servidumbre”, indica que las economías socialistas llevan al totalitarismo y a la ausencia de libertad.
Creen, especialmente Hayek que escribió ampliamente sobre ello, que la economía y especialmente el mercado son procesos espontáneos, que no han surgido de la existencia de leyes, instituciones y organizaciones creadas a priori sino que más bien han sido dichos procesos de intercambio surgidos de forma natural y desorganizada, los que han dado lugar al orden que vemos en nuestro mundo. Las instituciones válidas son las que surgen de la acción individual espontánea y el racionalismo orientado a organizar conscientemente el mundo es una seria amenaza para la civilización. No es extraño que los austríacos actuales arremetan contra tanta ingeniería social como vemos a nuestro alrededor.
Hay también un terreno en el que los economistas austríacos se han esmerado haciendo análisis detallados, se trata de la crítica al keynesianismo. Hablaremos de ella en los próximos posts y dedicaremos algo de atención al libro de Juan Ramón Rallo que mencionábamos al comienzo de la actual serie de entregas. Es un libro dedicado precisamente a la refutación total de la “Teoría General”, como se dice en su subtítulo.
De momento podemos decir que los austríacos dan más importancia a la microeconomía que a la macroeconomía y prestan mucha más atención al lado de la oferta que al lado de la demanda. Cosa por cierto que también es muy atractiva después del largo periodo que llevamos dominados por esos segundos enfoques y cansados de sus poquísimos grados de libertad.
(Continúa en el post siguiente)
Continuamos en este post resumiendo algunos aspectos de las interpretaciones y explicaciones de la Escuela Austríaca de Economía. Nos referimos ahora al individualismo profundo en el que creen y al subjetivismo que consideran existe en todas las decisiones humanas. También se recoge brevemente la importancia que dan a la acción y la interpretación de la economía como un proceso, más que como un estado final. Estado, cuyas características son siempre difíciles de predecir.
Ludwig von Mises
(Continuación del post anteriror)
Los economistas austríacos ( o mejor dicho, los economistas que siguen las directrices de la Escuela Austríaca de Economía) son partidarios a muerte del Patrón Oro y enemigos, desde luego, del nacionalismo monetario y de los tipos de cambio flexibles. Es curioso pero en ello basa Huerta de Soto su apoyo al Euro en su "paper" “En defensa del Euro: un enfoque austríaco” (2). Considera al Euro una aproximación al Patrón Oro y aunque no es para él la solución óptima cree que es una buena solución para eliminar el nacionalismo monetario de los países europeos, para impulsar el rigor presupuestario en dichos países, para introducir reformas tendentes a mejorar la competitividad y para “poner coto a los abusos del Estado del Bienestar y de la demagogia política”.
NI que decir tiene que consideran al intervencionismo estatal como “mal mayor” sin paliativos y recelan de la visión macroeconómica de la economía. Son enemigos frontales del keynesianismo y también del monetarismo y sus secuelas. No creen ni en la Sociedad del Bienestar, ni en los sindicatos ni, por extensión, en todo aquello que coaccione la libertad económica, la desregulación, la flexibilización de precios y mercados y la reducción del gasto público.
A un nivel más básico creen en el individualismo y consideran a la Economía como el estudio de la acción humana con sentido de propósito. El libro la “Acción Humana” de Ludwig von Mises, publicado por primera vez en 1949, es muy notable y algunos hemos bebido y bebemos continuamente de su contenido. Introduce en él lo que llama Praxeología, es decir, un área de conocimientos, o ciencia, cuyo objeto es la praxis y a la que pertenece la Economía y otras ciencias sociales. Los que creemos profundamente en las acciones de los hombres encontramos muy atractivo lo que dijeron en este sentido los primeros economistas austríacos.
Creen asimismo en el subjetivismo metodológico, es decir, en que las decisiones y las actuaciones de los individuos se basan en una escala de valor propia y única de cada individuo sólo conocida por él mismo. Esto está muy unido a la tradición de la Escuela Austríaca. Para ellos los valores individuales, los planes, las expectativas y el propio entendimiento de la realidad es todo subjetivo.
No creen por tanto en las matemáticas y la estadística aplicadas a la economía. Los procesos económicos sólo necesitan ser entendidos lógicamente y las matemáticas no pueden ser aplicadas a ellos entre otras cosas porque dichos procesos cambian continuamente. En esto se diferenciaron fuertemente de los anglosajones desde el principio.
No creen en los estados finales de los fenómenos económicos sino en los procesos que llevan a ellos. Los costes y los beneficios son subjetivos y sólo los individuos pueden decidir qué acciones son eficientes o ineficientes, lo que hace por otra parte que estas variables no resulten mesurables. No es que los individuos no cuenten en sus planes con los planes y las expectativas de otros sino que la ocurrencia conjunta de miles de planes basados en la subjetividad de cada individuo nunca puede arrojar un resultado predecible. Creen en el equilibrio del mercado pero como algo siempre en movimiento, es decir, que el proceso hacia el equilibrio es un proceso de aprendizaje y de cambio continuo de expectativas, lo que lleva, por cierto, al cambio del equilibrio mismo.
(Continúa en el siguiente post)
_____________________________________________________________________
(2) Universidad Rey Juan Carlos
Los economistas austríacos ( o mejor dicho, los economistas que siguen las directrices de la Escuela Austríaca de Economía) son partidarios a muerte del Patrón Oro y enemigos, desde luego, del nacionalismo monetario y de los tipos de cambio flexibles. Es curioso pero en ello basa Huerta de Soto su apoyo al Euro en su "paper" “En defensa del Euro: un enfoque austríaco” (2). Considera al Euro una aproximación al Patrón Oro y aunque no es para él la solución óptima cree que es una buena solución para eliminar el nacionalismo monetario de los países europeos, para impulsar el rigor presupuestario en dichos países, para introducir reformas tendentes a mejorar la competitividad y para “poner coto a los abusos del Estado del Bienestar y de la demagogia política”.
NI que decir tiene que consideran al intervencionismo estatal como “mal mayor” sin paliativos y recelan de la visión macroeconómica de la economía. Son enemigos frontales del keynesianismo y también del monetarismo y sus secuelas. No creen ni en la Sociedad del Bienestar, ni en los sindicatos ni, por extensión, en todo aquello que coaccione la libertad económica, la desregulación, la flexibilización de precios y mercados y la reducción del gasto público.
A un nivel más básico creen en el individualismo y consideran a la Economía como el estudio de la acción humana con sentido de propósito. El libro la “Acción Humana” de Ludwig von Mises, publicado por primera vez en 1949, es muy notable y algunos hemos bebido y bebemos continuamente de su contenido. Introduce en él lo que llama Praxeología, es decir, un área de conocimientos, o ciencia, cuyo objeto es la praxis y a la que pertenece la Economía y otras ciencias sociales. Los que creemos profundamente en las acciones de los hombres encontramos muy atractivo lo que dijeron en este sentido los primeros economistas austríacos.
Creen asimismo en el subjetivismo metodológico, es decir, en que las decisiones y las actuaciones de los individuos se basan en una escala de valor propia y única de cada individuo sólo conocida por él mismo. Esto está muy unido a la tradición de la Escuela Austríaca. Para ellos los valores individuales, los planes, las expectativas y el propio entendimiento de la realidad es todo subjetivo.
No creen por tanto en las matemáticas y la estadística aplicadas a la economía. Los procesos económicos sólo necesitan ser entendidos lógicamente y las matemáticas no pueden ser aplicadas a ellos entre otras cosas porque dichos procesos cambian continuamente. En esto se diferenciaron fuertemente de los anglosajones desde el principio.
No creen en los estados finales de los fenómenos económicos sino en los procesos que llevan a ellos. Los costes y los beneficios son subjetivos y sólo los individuos pueden decidir qué acciones son eficientes o ineficientes, lo que hace por otra parte que estas variables no resulten mesurables. No es que los individuos no cuenten en sus planes con los planes y las expectativas de otros sino que la ocurrencia conjunta de miles de planes basados en la subjetividad de cada individuo nunca puede arrojar un resultado predecible. Creen en el equilibrio del mercado pero como algo siempre en movimiento, es decir, que el proceso hacia el equilibrio es un proceso de aprendizaje y de cambio continuo de expectativas, lo que lleva, por cierto, al cambio del equilibrio mismo.
(Continúa en el siguiente post)
_____________________________________________________________________
(2) Universidad Rey Juan Carlos
Hay algo que sorprende en la Escuela de Economía Austriaca. Se trata de la lógica y validez de sus explicaciones y análisis en contraposición con sus propuestas de actuación, que son en la mayoría de los casos bastante radicales. Comenzamos en este post haciendo referencia a este hecho y dando ejemplos de ello. Posteriormente nos detenemos en aportaciones diversas de los austríacos como sus clarividentes interpretaciones de las crisis financieras y la destacadísima labor realizada en relación con la teoría del capital y el interés, debida en gran manera a Eugen von Böhm-Bawerk.
Eugen von Böhm-Bawerk
(Continuación del post anterior)
No es extraño, a la vista de estas diferencias entre el mundo real y el que preconizan los austríacos que estos últimos sean considerados como anarcocapitalistas. Von Mises y Hayek fueron tratados en vida como “pájaros raros”, siempre clamando en el desierto, aunque desde el punto de vista teórico sean dos cumbres del pensamiento económico, autores de destacadísimos libros y con ideas muy originales aunque algo extremas y radicales. Sus seguidores se mantienen en esa línea y uno se queda impresionado al leer las propuestas de política económica para resolver la crisis actual que hizo un economista tan cualificado como el español Jesús Huerta de Soto en su artículo de 2011 “Economic Recessions, Banking Reform and the Future of Capitalism” (1).
Tres son las medidas que considera necesarias:
1. 100 % de reservas de los depósitos y equivalentes de los bancos.
2. Supresión de los bancos centrales.
3. Privatización de la emisión de moneda.
Puede que tenga razón pero tendrá que acudir al Espíritu Santo para que alguien le haga caso y, sobre todo, para poder ponerlas en práctica. Es, por otra parte, lo que ya habían dicho von Mises y Hayek en su momento.
Pero los austríacos dicen muchas cosas más, algunas de ellas relacionadas con los ciclos económicos y la aparición periódica de burbujas financieras. Explican éstas como consecuencia de la expansión artificial del crédito deducida de unos coeficientes de caja bajos, de la contabilización irregular de los créditos, es decir, de hacer del crédito un simple asiento contable en el activo y en el pasivo, y del hecho de no estar dichos créditos basados en el ahorro.
Es probable que esta parte de sus explicaciones teóricas sea la responsable del interés actual por la Economía Austríaca ya que a los ciclos económicos y a las crisis financieras les han dedicado mucha atención y han hecho análisis muy válidos sobre ellos. La crisis de nuestros días, como ellos dicen, es una crisis financiera causada por los bancos, por su elevado apalancamiento, por su negligencia en la medida del riesgo y por sus facilidades en la concesión de créditos. Amén, claro está, y a esto se refieren menos los austríacos, de los instrumentos de “destrucción masiva” introducidos en los mercados financieros en los últimos tiempos, de las prácticas trasgresoras e ilegales que utilizan bancos e instituciones financieras diversas y de los fallos sin cuento de las agencias reguladoras.
La crisis financiera actual trasciende sin embargo las explicaciones de los economistas austríacos y su solución es más difícil de lo que ellos suponen. Sencillamente porque hemos creado una economía financiera artificial que es como una nueva ola de innovaciones. Es decir, hemos hecho de la economía financiera un instrumento de crecimiento y de creación de empleo igual que lo fue en su momento la industria del automóvil, la industria eléctrica, la industria del transporte aéreo, la radiodifusión, la televisión y otras olas de innovación tecnológica del pasado.
Históricamente y de la mano de uno de los economistas austríacos más notables, Eugen von Böhm-Bawerk, han hecho también importantes aportaciones a la teoría del capital y el interés, señalando y analizando las diversas etapas de los procesos productivos y cómo el “dinero virtual” – como lo llama Huerta de Soto en el artículo mencionado anteriormente -- creado por los bancos, distorsiona y corrompe el comportamiento de los agentes económicos, principalmente el de los empresarios, haciéndolos invertir en el lugar en que no hay demanda.
(Continúa en el post siguiente)
No es extraño, a la vista de estas diferencias entre el mundo real y el que preconizan los austríacos que estos últimos sean considerados como anarcocapitalistas. Von Mises y Hayek fueron tratados en vida como “pájaros raros”, siempre clamando en el desierto, aunque desde el punto de vista teórico sean dos cumbres del pensamiento económico, autores de destacadísimos libros y con ideas muy originales aunque algo extremas y radicales. Sus seguidores se mantienen en esa línea y uno se queda impresionado al leer las propuestas de política económica para resolver la crisis actual que hizo un economista tan cualificado como el español Jesús Huerta de Soto en su artículo de 2011 “Economic Recessions, Banking Reform and the Future of Capitalism” (1).
Tres son las medidas que considera necesarias:
1. 100 % de reservas de los depósitos y equivalentes de los bancos.
2. Supresión de los bancos centrales.
3. Privatización de la emisión de moneda.
Puede que tenga razón pero tendrá que acudir al Espíritu Santo para que alguien le haga caso y, sobre todo, para poder ponerlas en práctica. Es, por otra parte, lo que ya habían dicho von Mises y Hayek en su momento.
Pero los austríacos dicen muchas cosas más, algunas de ellas relacionadas con los ciclos económicos y la aparición periódica de burbujas financieras. Explican éstas como consecuencia de la expansión artificial del crédito deducida de unos coeficientes de caja bajos, de la contabilización irregular de los créditos, es decir, de hacer del crédito un simple asiento contable en el activo y en el pasivo, y del hecho de no estar dichos créditos basados en el ahorro.
Es probable que esta parte de sus explicaciones teóricas sea la responsable del interés actual por la Economía Austríaca ya que a los ciclos económicos y a las crisis financieras les han dedicado mucha atención y han hecho análisis muy válidos sobre ellos. La crisis de nuestros días, como ellos dicen, es una crisis financiera causada por los bancos, por su elevado apalancamiento, por su negligencia en la medida del riesgo y por sus facilidades en la concesión de créditos. Amén, claro está, y a esto se refieren menos los austríacos, de los instrumentos de “destrucción masiva” introducidos en los mercados financieros en los últimos tiempos, de las prácticas trasgresoras e ilegales que utilizan bancos e instituciones financieras diversas y de los fallos sin cuento de las agencias reguladoras.
La crisis financiera actual trasciende sin embargo las explicaciones de los economistas austríacos y su solución es más difícil de lo que ellos suponen. Sencillamente porque hemos creado una economía financiera artificial que es como una nueva ola de innovaciones. Es decir, hemos hecho de la economía financiera un instrumento de crecimiento y de creación de empleo igual que lo fue en su momento la industria del automóvil, la industria eléctrica, la industria del transporte aéreo, la radiodifusión, la televisión y otras olas de innovación tecnológica del pasado.
Históricamente y de la mano de uno de los economistas austríacos más notables, Eugen von Böhm-Bawerk, han hecho también importantes aportaciones a la teoría del capital y el interés, señalando y analizando las diversas etapas de los procesos productivos y cómo el “dinero virtual” – como lo llama Huerta de Soto en el artículo mencionado anteriormente -- creado por los bancos, distorsiona y corrompe el comportamiento de los agentes económicos, principalmente el de los empresarios, haciéndolos invertir en el lugar en que no hay demanda.
(Continúa en el post siguiente)
Economía
30 Julio 2012
En éste y en los próximos posts vamos a tratar de decir algo más específico de lo dicho hasta ahora sobre el contenido teórico de las dos escuelas de economía que están de moda en la actualidad después de muchos años de haber sido formuladas. Me refiero a la Escuela Austríaca de Economía y al Keynesianismo, como bien saben los seguidores de este blog. Son dos escuelas de pensamiento con más de cien años de existencia una y con más de 80 otra, pero que al haber hecho aportaciones básicas en tiempos en los que el pensamiento económico se estaba formando resultan siempre válidas. Al referirse, por otra parte, a principios, concepciones e interpretaciones fundamentales sobre los fenómenos económicos y sobre las políticas de actuación sobre ellos resultan siempre útiles, particularmente en épocas como la actual en las que es difícil saber lo que conviene hacer sobre la economía. Las dos fueron ampliamente utilizadas y debatidas en la época de la Gran Depresión del 29, la cual vista desde el presente resulta muy similar a la que atraviesan hoy los países desarrollados, al menos los europeos.
Carl Menger. Padre de la Ecuela Austríaca de Economía
La Escuela Austríaca de Economía ha hecho aportaciones muy importantes a la Teoría Económica. Personalmente me encuentro muy cerca de esta corriente de pensamiento en muchas cuestiones, aunque como he dicho en anteriores posts, eso no significa nada, ya que también me siento bien viendo salir el sol todas las mañanas y saludando alegre las primeras lluvias de otoño. Muchas de las cosas que dicen los economistas de esta escuela son obvias, como el sol y la lluvia, y nadie puede negarlas. Otras, por supuesto, son obcecaciones. Pero algo parecido ocurre con el Keynesianismo, y también yo me encuentro muy de acuerdo con algunas de las cosas que dicen los partidarios de esta segunda corriente de pensamiento económico y muy en contra cuando se empecinan en cosas que no tienen sentido.
¿Es esto un oxímoron, un contradictio in terminis?. No lo creo. En economía hay sitio para defender el liberalismo económico, por un lado, y la intervención puntual de los estados en la organización y posible regulación de los mercados, por otro. El problema no está en emplear unas u otras concepciones sino en emplearlas bien o mal y en hacerlo con sentido práctico, es decir, si ideología previa y pensando sólo en el bienestar del conjunto de la sociedad.
Igual que en la ciencia y en la tecnología hemos aprendido a combinar el racionalismo con el empirismo y a buscar aproximaciones heurísticas a la verdad relativa -- siempre verdad relativa, por favor --, también podemos hacerlo en la economía y quizás en todas las ciencias sociales. De hecho podremos utilizar ese enfoque mucho más en estas ciencias que en las ciencias naturales, ya que en las sociedades constituidas por hombres y en su organización no hay leyes como las físicas. Quiero decir que la libertad es consustancial con el capitalismo y con lo que llamamos economía o procesos de producción, distribución e intercambio de bienes y servicios, pero los mismos que creamos esos mecanismos hemos creado otros como los estados, los gobiernos, las instituciones de todo tipo, las leyes y los órganos reguladores. Aunque lo quisiéramos no es posible tirar por la borda el mundo que hemos creado. Sólo podemos reformarlo, reorientarlo y corregirlo.
Pero veamos algunas de las cosas que dicen unos y otros.
Los economistas austríacos tienen, para empezar, una serie de “bestias negras”. Son, por ejemplo, enemigos de los bancos centrales y de los bancos en general; de los gobernantes, especialmente de los socialistas; y de los reguladores, particularmente los del sistema financiero. En relación con esto último recientemente he sido testigo de burlas y mofas extremas sobre Basilea II y Basilea III por parte de un cualificado economista austríaco español. Han sido hechas en una conferencia pública organizada por la destacada Fundación Rafael del Pino en un abarrotado salón de conferencias, trufado de banqueros y jóvenes bancarios, que se venía abajo de aplausos y complacencias, incluso cuando el conferenciante decía que el coeficiente de caja debía ser del 100 % de todos los depósitos de un Banco.
Algún tiempo después, por cierto, he asistido en Madrid al curso de verano organizado por la Fundación Ramón Areces en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid con el título: “La reconfiguración del sector bancario español ante la nueva regulación financiera. Alcance e impacto de la crisis”. Han participado en él importantes personajes del sector bancario nacional e internacional, entre ellos Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España y actual Director General del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS). He podido ver el impresionante aparato regulador del sistema bancario que se está montando como parte de Basilea III y los múltiples instrumentos a utilizar incluidas las llamadas “políticas macroprudenciales” como complemento a las más tradicionales “microprudenciales” que funcionan a nivel de los bancos aislados. Estas nuevas políticas están pensadas para contener el riesgo sistémico y para actuar sobre él en cuanto se produzcan los más mínimos indicios de su presencia.
Se recordaron también en el curso anterior las condiciones de coeficientes de caja, liquidez y apalancamiento que prevalecen hoy en la mayoría de los países desarrollados, los cuales están a años luz de distancia, especialmente el primero, del 100 % que preconizaba Ludwig von Mises y que defienden hoy sus seguidores. Depende de cómo se mida este indicador pero por lo que se refiere a los países de la Zona Euro, el coeficiente de caja o porcentaje entre los activos del sistema bancario o reservas y los depósitos entregados por los ahorradores al banco es en la actualidad del 2 %, es decir, que por cada 100 Euros depositados en ahorros en una entidad bancaria la entidad tiene que mantener 2 Euros como reservas legales y puede invertir o conceder créditos por un valor de 98 Euros.
Y en cuanto al apalancamiento, si no me equivoco, un banco español puede apalancarse en la actualidad hasta 90 veces el valor de su capital.
____________________________________________________
(1) Publicado en “Economic Affairs”, vol 31, nº 2, junio 2011, pp 76-84
(Continúa en el post siguiente)
¿Es esto un oxímoron, un contradictio in terminis?. No lo creo. En economía hay sitio para defender el liberalismo económico, por un lado, y la intervención puntual de los estados en la organización y posible regulación de los mercados, por otro. El problema no está en emplear unas u otras concepciones sino en emplearlas bien o mal y en hacerlo con sentido práctico, es decir, si ideología previa y pensando sólo en el bienestar del conjunto de la sociedad.
Igual que en la ciencia y en la tecnología hemos aprendido a combinar el racionalismo con el empirismo y a buscar aproximaciones heurísticas a la verdad relativa -- siempre verdad relativa, por favor --, también podemos hacerlo en la economía y quizás en todas las ciencias sociales. De hecho podremos utilizar ese enfoque mucho más en estas ciencias que en las ciencias naturales, ya que en las sociedades constituidas por hombres y en su organización no hay leyes como las físicas. Quiero decir que la libertad es consustancial con el capitalismo y con lo que llamamos economía o procesos de producción, distribución e intercambio de bienes y servicios, pero los mismos que creamos esos mecanismos hemos creado otros como los estados, los gobiernos, las instituciones de todo tipo, las leyes y los órganos reguladores. Aunque lo quisiéramos no es posible tirar por la borda el mundo que hemos creado. Sólo podemos reformarlo, reorientarlo y corregirlo.
Pero veamos algunas de las cosas que dicen unos y otros.
Los economistas austríacos tienen, para empezar, una serie de “bestias negras”. Son, por ejemplo, enemigos de los bancos centrales y de los bancos en general; de los gobernantes, especialmente de los socialistas; y de los reguladores, particularmente los del sistema financiero. En relación con esto último recientemente he sido testigo de burlas y mofas extremas sobre Basilea II y Basilea III por parte de un cualificado economista austríaco español. Han sido hechas en una conferencia pública organizada por la destacada Fundación Rafael del Pino en un abarrotado salón de conferencias, trufado de banqueros y jóvenes bancarios, que se venía abajo de aplausos y complacencias, incluso cuando el conferenciante decía que el coeficiente de caja debía ser del 100 % de todos los depósitos de un Banco.
Algún tiempo después, por cierto, he asistido en Madrid al curso de verano organizado por la Fundación Ramón Areces en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid con el título: “La reconfiguración del sector bancario español ante la nueva regulación financiera. Alcance e impacto de la crisis”. Han participado en él importantes personajes del sector bancario nacional e internacional, entre ellos Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España y actual Director General del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS). He podido ver el impresionante aparato regulador del sistema bancario que se está montando como parte de Basilea III y los múltiples instrumentos a utilizar incluidas las llamadas “políticas macroprudenciales” como complemento a las más tradicionales “microprudenciales” que funcionan a nivel de los bancos aislados. Estas nuevas políticas están pensadas para contener el riesgo sistémico y para actuar sobre él en cuanto se produzcan los más mínimos indicios de su presencia.
Se recordaron también en el curso anterior las condiciones de coeficientes de caja, liquidez y apalancamiento que prevalecen hoy en la mayoría de los países desarrollados, los cuales están a años luz de distancia, especialmente el primero, del 100 % que preconizaba Ludwig von Mises y que defienden hoy sus seguidores. Depende de cómo se mida este indicador pero por lo que se refiere a los países de la Zona Euro, el coeficiente de caja o porcentaje entre los activos del sistema bancario o reservas y los depósitos entregados por los ahorradores al banco es en la actualidad del 2 %, es decir, que por cada 100 Euros depositados en ahorros en una entidad bancaria la entidad tiene que mantener 2 Euros como reservas legales y puede invertir o conceder créditos por un valor de 98 Euros.
Y en cuanto al apalancamiento, si no me equivoco, un banco español puede apalancarse en la actualidad hasta 90 veces el valor de su capital.
____________________________________________________
(1) Publicado en “Economic Affairs”, vol 31, nº 2, junio 2011, pp 76-84
(Continúa en el post siguiente)
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Últimos apuntes
Blog de Tendencias21 y Fundación Telefónica
-
La mente como un ordenador (y II)
01/05/2013 22:10 -
La mente como un ordenador (I)
30/04/2013 22:02 -
Los reconocedores de patrones del cerebro y la estructura de un patrón (y II)
30/04/2013 01:44
Blog de Tendencias21 y Fundación Telefónica
-
La aceleración tecnológica y nuevas fases de la racionalidad humana
30/04/2013 13:58 -
Ciencia, tecnología y progreso.
29/04/2013 13:56 -
La racionalidad científico-tecnológica en los primeros años de la Revolución Industrial
10/04/2013 21:28
Archivo
Compartir este sitio
Blog Prospectiva de Tendencias21
Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850








