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Blog futurista de Tendencias21


PROSPECTIVA

Bitácora

24 Noviembre 2010

La tesis que seguimos desarrollando en esta entrega es la de que hay que incluir al hombre, especialmente al inventor y al emprendedor, en las explicaciones macroeconómicas.


La Acción Humana
En la entrega anterior de esta serie de artículos dedicados a la crisis económica actual y a la salida de ella habíamos terminado haciendo referencia al milagro económico coreano, llamado con más propiedad “el milagro del río Han”. La potencialidad de crecimiento de ese país se nos antoja superior a la del nuestro y no sería extraño que pronto nos superara, como ocurrirá con otras economías tales como México, Brasil, India o Rusia, países, estos últimos, que lo harán por simple crecimiento vegetativo de sus economías ya que poseen poblaciones muy superiores a la nuestra. Deducimos tal posible resultado, para el caso de Corea, que tiene una población algo superior a la española pero cercana (unos 49 millones de habitantes), del tipo de economía que el país ha creado, basada en los últimos años en la tecnología más avanzada, con particular referencia a la tecnología electrónica y a las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), terrenos en los que compite con los Estados Unidos, Japón y Europa. Sus empresas Hinyx, LG, Samsung, SK o iStation, entre otras, les están complicando la vida a Sony, Apple o Nokia. Según datos recientes Samsung y LG venden casi el 30 % de los terminales móviles del mundo y más del 35 % de los televisores de pantalla plana. Siendo además Corea del Sur uno de los primeros fabricantes de semiconductores con una cuota del mercado mundial del 50 %. (Ver Santiago Millán)

Aparte, claro está, del éxito de los astilleros coreanos y de la industria pesada en general (astilleros, siderurgia, industrias química y petroquímica, construcción y otras) y de las grandes marcas automovilistas que ha sabido crear, entre ellas Hyundai y Kia.

Por qué “llueve” en Corea del Sur más que en nuestro país.

La pregunta ya planteada de ¿cómo y por qué “llueve” económicamente de esa manera en Corea del Sur? tendría respuestas distintas según quien la contestara.

Para un economista sería producto de las buenas condiciones macroeconómicas (déficits públicos y deuda razonables, superávits de la balanza comercial, precios estables, inflación controlada, tipo de cambio correcto, etc..) y de las adecuadas políticas económicas de los sucesivos gobiernos coreanos.

Para un político o administrador público el éxito del país estaría en las fuertes inversiones estatales en infraestructuras de los años 70, de las que las grandes corporaciones coreanas obtuvieron elevados beneficios, y del uso adecuado de ellos para la creación de una industria de más valor añadido. Indicaría también la apuesta por la educación y destacaría su primer lugar dentro de Asia en este terreno y su séptimo en todo el mundo. Así como estar considerado en la actualidad el país más innovador del mundo según el “Índice Global de Innovación”.

Un empresario hablaría, quizá, de la importancia del desarrollo científico obtenido de los Estados Unidos y de otros países industrializados a través del envío masivo de estudiantes a dichos países y de acuerdos diversos de intercambio de tecnología, junto al espíritu empresarial, la competitividad y la cultura de la sociedad coreana muy orientada al futuro y a la tecnología avanzada. Indicaría además que el país cuenta, como se sabe, con una infraestructura de alta tecnología, que tiene el mayor sistema de cableado del mundo y que posee el índice de acceso a Internet de banda ancha per cápita más alto del planeta. En promedio, las conexiones de Internet en el país son las de más capacidad, con una media de velocidad de acceso de 100 Mbps.

Todos, por otra parte, estarían de acuerdo en la orientación de esta nación hacia la exportación, en su apuesta por la industria y en la disponibilidad de sus gentes a sacrificarse y trabajar duro para conseguir el objetivo de competir a escala global y vender mucho a otros países.

El olvido del hombre

Todas las explicaciones son válidas y todas resultan complementarias, pero hay unas relacionadas con el esfuerzo individual, la innovación personal, la capacidad de emprendimiento, la disciplina en el trabajo y en la vida, la preparación, la austeridad de costumbres, la ética y la honestidad y otras, que con frecuencia son olvidadas en las explicaciones de los hechos económicos.

Este olvido puede deberse al hecho de que el hombre y su subjetividad han sido desalojados del mundo objetivo de la ciencia económica, con particular referencia al mundo de la macroeconomía. La economía, como ciencia similar a la Física, ha buscado leyes como las que indican que el consumo depende de la renta disponible, la inversión del tipo de interés, el tipo de cambio del déficit de la balanza de pagos o la inflación del crecimiento, sin caer en la cuenta que mientras tales fenómenos dependan del hombre las leyes mencionadas unas veces se cumplirán y otras no. Hay ocasiones, por otra parte, en que tales dependencias pueden ser robustas, como ocurre en las épocas de estabilidad y crecimiento, pero hay otras, como las crisis, en que no se cumplen porque los hombres se hacen irresponsables y arbitrarios. Esto último, además, es más cierto cuanto más financiera y menos real sea una economía.

La teoría económica ha olvidado al hombre como variable explicativa y esto no es correcto, aunque si lo incluimos con todas sus consecuencias, a él, a sus deseos, a sus ambiciones, a su capacidad de hacer y deshacer, de construir y de destruir, de inventar y de ser conservador y no cambiar, de acaparar, de explotar, de trasgredir las normas etc…, será muy difícil establecer algún orden en la complejidad de nuestras sociedades.

Lo que se observa, sin embargo, en las nuevas aportaciones de teoría económica de los últimos años es una búsqueda del hombre, como ya se ha indicado en las primeras entregas de estos artículos sobre la crisis económica.

Guillermo de la Dehesa el autor que utilizamos como referencia en estos artículos habla de esas nuevas aportaciones y del poco caso que se les hace, por cierto, en la práctica económica diaria.

Ludwing Von Mises

Es probable que sea necesario un esfuerzo adicional para introducir las nuevas aportaciones en la corriente principal del pensamiento económico y por eso resulta tan interesante recordar que eso, precisamente, es lo que intentó el economista austriaco emigrado a los Estados Unidos en 1940 Ludwing Von Mises hace ya bastante más de cincuenta años.

Este autor, en su libro Human Action, publicado por primera vez en 1949 indicó que la Economía y otras ciencias sociales formaban parte de una ciencia más amplia, la Praxeología, o ciencia de la acción humana. Dijo además que la ciencia económica no podía ser refutada o comprobada a través de datos observables, y que se trata de un área de conocimientos en la que predominan los juicios a priori al igual que en las matemáticas, la lógica o la geometría. Un verdadero cañonazo a la línea de flotación de lo que la economía es y ha sido bajo el liderazgo anglosajón.

En 2004 fue publicada en español la séptima edición de dicho libro con el título “La Acción Humana”, un voluminoso ejemplar de exactamente 1068 páginas. Se incluyen en ellas un largo estudio preliminar de Jesús Huerta de Soto economista español que pasa por ser uno de los primeros especialistas actuales, no sólo en España sino internacionalmente, en la Economía Austriaca.

En Europa y en España en particular está de moda recurrir a dicha economía, y rara es la ocasión en que no se hace referencia a ella, sobre todo si al que se pregunta o contra el que se argumenta es un economista americano. Hace unas semanas, sin ir más lejos, en una conferencia del profesor de Harvard Robert Barro en la Fundación Rafael del Pino, surgió la inevitable pregunta de por qué no se prestaba hoy más atención a dicha economía. La respuesta de Barro fue estándar: “porque no es objetiva y con ella no se puede investigar ni en el fondo hacer política económica”. No fue una repuesta rara puesto que Barro sólo explicó en su conferencia las investigaciones que estaba llevando a cabo con modelos econométricos tratando de analizar la eficacia de las políticas fiscales en los Estados Unidos calculando el multiplicador de las inversiones públicas. Investigaciones que mostraban parcialmente la no conveniencia de tales políticas.

La escuela austriaca.

El interés actual por la escuela austriaca tiene en mi opinión tres motivos: uno es la consabida orientación intelectual en su mal sentido de los economistas y de los españoles en general, que nos lleva a que toda la cultura de occidente (filosofía, sociología, economía, literatura, pintura, música, cine, etc…) pase por nuestra lengua de forma continua, lo cual requiere volver a lo que unos y otros han dicho y escrito sin ton ni son; otro, que Von Mises, como componente de tal escuela, hizo grandes aportaciones en el terreno de la economía monetaria y la inflación y escribió sin ambages sobre los ciclos económicos y las crisis mostrando claramente que estas últimas se producen por el exceso de crédito; y otro, por fin, que nuestro autor escribió mucho sobre las diferencias entre las economías controladas por los gobiernos y el libre mercado y anunció la imposibilidad de que ningún régimen socialista pudiera subsistir.

Von Mises murió en Nueva York en 1973 a la edad de 92 años pero en 1991 la caída de la Unión Soviética hizo que muchos recordaran sus predicciones. Robert Heilbroner, el gran economista americano de izquierdas, profesor de la New School for Social Research de Nueva York, por ejemplo, dijo entonces que no había más remedio que aceptar que Von Mises había tenido razón.

Para muchos Von Mises es la quintaesencia de la extrema derecha y actualmente el Ludwing von Mises Institute es considerado el mayor reducto del movimiento más libertario en favor del libre mercado. Friedrich Hayek fue su alumno y su subordinado y siempre tuvo una gran admiración por él. En 1947 Mises fue uno de los fundadores de la Monte Pelerin Society. Milton Friedman, economista de su misma cuerda, lo consideraba intolerante. Y, por último, en esta lista de componentes críticos de su biografía, fue muy amigo de Ayn Rand, la famosa escritora autora de “El manantial” que ha pasado a la historia por ser la creadora del Objetivismo y por sus opiniones extremas a favor del egoísmo, el individualismo y el capitalismo y en contra del socialismo, el altruismo y la religión.

En lo que a mi respecta mi interés por Mises es anterior a la moda actual y forma parte de mi vocación hacia Joseph Schumpeter otro economista de la escuela austriaca contemporáneo y amigo de Von Mises que también emigró a los Estados Unidos y fue profesor de Harvard. Los dos estudiaron con Carl Menger y Eugen von Böhm-Bawerk y conocieron y trataron a Max Weber. Y, lo que es más importante, los dos, antes de ser teóricos de la economía, fueron hombres de acción y trabajaron en la administración pública y en la empresa y los dos consideraron básica la función del empresario. Hayek dijo de Von Mises, después de haber trabajado con él en una agencia del gobierno austriaco, que era un ejecutivo tremendamente efectivo. Schumpeter fue por su parte Ministro de Finanzas de Austria y Presidente del Biedermann Bank.

La Acción Humana es un tratado muy ambicioso concebido como una interpretación alternativa a la anglosajona de la Ciencia Económica y la obra de Schumpeter, aunque menos pretenciosa, aborda también cuestiones relevantes como el futuro del capitalismo, el socialismo y la democracia, sobre todo en la publicación del mismo nombre (Capitalismo, Socialismo y Democracia). Ambos autores, y esto es lo más importante, coinciden en la importancia del individualismo y del empresario-emprendedor así como el papel destacado en la economía del emprendimiento (entrepreneurship).

Joseph Schumpeter en particular, pasa por ser el primer académico en estudiar a fondo este tema y en introducirlo en la teoría económica. Indicó que la innovación y el cambio tecnológico, que tan importantes son para la actividad económica y el crecimiento, proceden de la acción de los emprendedores, a los cuales considera como “espíritus salvajes”. En vez del término de raíz francesa mencionado (entrepreneurship) acuñó un nombre en alemán que incorporaba los conceptos de “almas apasionadas” y “espíritu” para describir el carácter de los inventores-innovadores y de los empresarios-emprendedores.

Adolfo Castilla

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Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.







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