La dependencia energética española del exterior crece por encima de la media europea y se sitúa en la actualidad más arriba del 85 %
La dependencia de la Europa de los 25 está en algo más del 56 %. El motivo fundamental de tal dependencia no es tanto el consumo, que aumenta moderadamente, sino la producción nacional que cae continuamente, incluida la de origen nuclear.
No parece posible que en este terreno se produzcan cambios rápidos. “Cisnes negros”, según el término acuñado por Nassim Taleb en el libro de ese título, son ciertamente posibles, como ocurrió en 1974 con el descubrimiento de los yacimientos de petróleo del Mar del Norte que enriquecieron repentinamente al Reino Unido y Noruega, pero podemos asumir que la distribución de combustibles fósiles es bien conocida hoy y no ha de variar sustancialmente en el futuro.
Hay una serie de fenómenos en marcha, en cualquier caso, que afectan y afectarán a nuestro país. Por ejemplo los siguientes:
• La mayor parte de los depósitos de petróleo y gas están en áreas inamistosas para occidente, y deseosas de usar el control de la producción y sus precios como arma con fines políticos o ideológicos. Como consecuencia hay una tendencia al uso de otras fuentes de energía menos sujetas a control hostil.
• Hay una creciente preocupación por la salud de la atmósfera y los mares, pues nadie razonable duda sobre el hecho de que están siendo perjudicados por el uso de combustibles fósiles, que liberan en la atmósfera gases formados con un carbono que fue fijado en forma de fitoplancton y zooplancton hace millones de años en un proceso que hizo la tierra habitable para los animales superiores, y de los que la atmósfera y los océanos no pueden absorber sino la mitad. Como consecuencia hay una presión hacia el uso de fuentes de energía limpias.
• Los combustibles fósiles no sólo son “sucios”, sino también ineficientes, o ciertamente menos eficientes que otras fuentes de energía, tales como las células de combustible que consumen hidrógeno. Por lo tanto los combustibles fósiles están siendo desplazados en favor de medios energéticos más modernos.
.
• Brasil, Rusia, India y China (los BRIC), especialmente los dos últimos, y otras economías emergentes, están absorbiendo la producción mundial de petróleo, provocando su escasez y subiendo o haciendo subir sus precios. Ello nos empuja a los españoles en particular hacia fuentes de energía más baratas y menos disputadas.
La cuestión es cuáles serán esas fuentes de energía, más accesibles, limpias, eficientes y baratas que España necesita. Si olvidamos la nuclear que supone altos riesgos, exige altas inversiones y requiere recursos naturales abundantes, entre ellos agua, la solución podría estar en las energías eólica y solar. España es la segunda nación en el mundo en energía eólica, detrás de Alemania y por delante de los EEUU, con unos 10.000 Mw, el 17% de la producción mundial de esta energía. Pero ello significa solamente alrededor del 10% del consumo total de energía en España, completando a un 50% procedente del petróleo, 1.500.000 barriles diarios, gas natural el 20% y el resto de procedencia nuclear, carbón e hidráulica.
Las perspectivas hoy son de un aumento muy elevado de las fuentes limpias de energía en los próximos años hasta tal punto que dichas energías pueden llegar a cubrir, sin reducirlo, el incremento general del consumo. La dependencia energética será, no obstante, elevada y seguiremos usando fuentes “sucias”. Como consecuencia de ello los gasoductos seguirán cruzando el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán, y los petroleros seguirán atracando a nuestros puertos trayendo crudo a nuestras refinerías, después de haber cargado en puertos no muy amistosos, pagado precios extravagantes y corriendo riesgos y peligros en mares difíciles y aguas conflictivas. Asegurar nuestros suministros es hoy un asunto extremadamente importante para el país y lo será, seguramente más, en el futuro. Los peligros representados por el terrorismo, el fallo y colapso de algunos de los países de procedencia de los productos energéticos, las guerrillas locales, la piratería y otros, son altos y tenderán a aumentar.
No parece posible que en este terreno se produzcan cambios rápidos. “Cisnes negros”, según el término acuñado por Nassim Taleb en el libro de ese título, son ciertamente posibles, como ocurrió en 1974 con el descubrimiento de los yacimientos de petróleo del Mar del Norte que enriquecieron repentinamente al Reino Unido y Noruega, pero podemos asumir que la distribución de combustibles fósiles es bien conocida hoy y no ha de variar sustancialmente en el futuro.
Hay una serie de fenómenos en marcha, en cualquier caso, que afectan y afectarán a nuestro país. Por ejemplo los siguientes:
• La mayor parte de los depósitos de petróleo y gas están en áreas inamistosas para occidente, y deseosas de usar el control de la producción y sus precios como arma con fines políticos o ideológicos. Como consecuencia hay una tendencia al uso de otras fuentes de energía menos sujetas a control hostil.
• Hay una creciente preocupación por la salud de la atmósfera y los mares, pues nadie razonable duda sobre el hecho de que están siendo perjudicados por el uso de combustibles fósiles, que liberan en la atmósfera gases formados con un carbono que fue fijado en forma de fitoplancton y zooplancton hace millones de años en un proceso que hizo la tierra habitable para los animales superiores, y de los que la atmósfera y los océanos no pueden absorber sino la mitad. Como consecuencia hay una presión hacia el uso de fuentes de energía limpias.
• Los combustibles fósiles no sólo son “sucios”, sino también ineficientes, o ciertamente menos eficientes que otras fuentes de energía, tales como las células de combustible que consumen hidrógeno. Por lo tanto los combustibles fósiles están siendo desplazados en favor de medios energéticos más modernos.
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• Brasil, Rusia, India y China (los BRIC), especialmente los dos últimos, y otras economías emergentes, están absorbiendo la producción mundial de petróleo, provocando su escasez y subiendo o haciendo subir sus precios. Ello nos empuja a los españoles en particular hacia fuentes de energía más baratas y menos disputadas.
La cuestión es cuáles serán esas fuentes de energía, más accesibles, limpias, eficientes y baratas que España necesita. Si olvidamos la nuclear que supone altos riesgos, exige altas inversiones y requiere recursos naturales abundantes, entre ellos agua, la solución podría estar en las energías eólica y solar. España es la segunda nación en el mundo en energía eólica, detrás de Alemania y por delante de los EEUU, con unos 10.000 Mw, el 17% de la producción mundial de esta energía. Pero ello significa solamente alrededor del 10% del consumo total de energía en España, completando a un 50% procedente del petróleo, 1.500.000 barriles diarios, gas natural el 20% y el resto de procedencia nuclear, carbón e hidráulica.
Las perspectivas hoy son de un aumento muy elevado de las fuentes limpias de energía en los próximos años hasta tal punto que dichas energías pueden llegar a cubrir, sin reducirlo, el incremento general del consumo. La dependencia energética será, no obstante, elevada y seguiremos usando fuentes “sucias”. Como consecuencia de ello los gasoductos seguirán cruzando el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán, y los petroleros seguirán atracando a nuestros puertos trayendo crudo a nuestras refinerías, después de haber cargado en puertos no muy amistosos, pagado precios extravagantes y corriendo riesgos y peligros en mares difíciles y aguas conflictivas. Asegurar nuestros suministros es hoy un asunto extremadamente importante para el país y lo será, seguramente más, en el futuro. Los peligros representados por el terrorismo, el fallo y colapso de algunos de los países de procedencia de los productos energéticos, las guerrillas locales, la piratería y otros, son altos y tenderán a aumentar.
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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