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PROSPECTIVA

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11 Diciembre 2006
Si la consciencia misma y todo aquello que llamamos humano, puede ser explicado, copiado y reproducido desde los que somos en términos físicos, no es extraño que en la gran convergencia de la que hablamos tenga un papel relevante el mundo de las TIC. Especialmente la tecnología digital que constituye su base, el ordenador con su capacidad de almacenamiento, cálculo, reproducción y transmisión de información que es su principal producto y el software mismo que permite aplicar todo ello a múltiples tareas, incluyendo la simulación del cerebro humano y de aquello que llamamos inteligencia.

La Inteligencia Artificial , especialmente en la versión que suele denominarse en inglés “Strong AI” (Inteligencia Artificial Fuerte), tiene, de hecho, un papel destacadísimo en la revolución de las tres materias a las que anteriormente se ha hecho referencia. No sólo a través del ordenador y de sus capacidades se ha llegado a la decodificación del genoma humano, a la posibilidad de hacer realidad la ingeniería micro y nano electronico- mecánica y a la “ingeniería inversa” aplicada al cerebro, sino que son los especialistas en esta materia los que están impulsando el debate intelectual y social sobre la Gran Convergencia Tecnológica del Siglo XXI y su impacto económico y social.

Ese debate intelectual, es paralelo a los estudios relacionados con las aplicaciones y aspectos prácticos de las tecnologías avanzadas relacionadas con las NBIC. De hecho hay dos tendencias en la sociedades avanzadas. Una es la de búsqueda de las interrelaciones de las nuevas tecnologías con todo tipo de industrias actuales y sus posibles efectos futuros, a la que se ha dedicado un interesante trabajo reciente en nuestro país dirigido por Emilio Fontela. Y otra, la de reflexión y debate intelectual, en la que se incluyen multitud de aspectos, desde los propios relacionados con la manipulación de la fisiología humana, con sus potenciales resultados positivos y negativos, hasta la peligrosidad de estas tecnologías, la ética necesaria para tratar con ellas, el papel de los poderes públicos en su desarrollo, etc..., a la que en parte se dedica este breve trabajo. El primer enfoque es útil pero hay algo que no se debe olvidar: las tecnologías de las que venimos hablando pueden cambiar el mundo desde sus más firmes cimientos. A veces da la impresión que los hombres al aprender a actuar sobre el interior de la materia inorgánica, sobre la orgánica y sobre la gris, pueden estar poniendo a cero la evolución de la humanidad. Todo puede empezar de nuevo desde las “virutas” de lo antiguo.
Adolfo Castilla

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11 Diciembre 2006
Cambios en las interpretaciones del hombre sobre lo que el mismo y su vida son.

Todos los avances científicos y tecnológicos producidos en las áreas del saber esbozadas brevemente en los párrafos anteriores, han tenido más impacto del que pudiera parecer en la comprensión de nuestro mundo y en las ideas que rigen la interpretación de lo que somos, incluyendo el fenómeno de la vida, el pensamiento y la consciencia. En el terreno de la biología el hombre asume hoy que tiene las claves de la vida, que puede crearla, y que puede manipularla. Considera seriamente, por ejemplo, que con el tiempo podrá curar todas las enfermedades --especialmente las hereditarias--, y la vejez misma, que es tomada hoy por una enfermedad curable.

En el de la nanotecnología el hombre está hoy entusiasmado con las capacidades que está adquiriendo en cuanto a la manipulación de los materiales a nivel micro y nano para dotarlos de características distintas de las que naturalmente tienen. También están avanzando las aplicaciones fisiológicas de la nanotecnología aunque de forma más lenta que las anteriores. Algunos autores creen que la nanotecnología como revolución tecnológica seguirá y complementará a la de la biotecnología y sitúan su expansión unos años más tarde que la de esta ultima.

El terreno, por fin, en el que ambas revoluciones, la biotecnológica y la nanotecnológica, se unirán, es el del cerebro y la mente, objetivo último de los avances que se glosan en este trabajo. La consecución de la “ultra-inteligencia” es, en efecto, lo que muchos autores ven detrás de la gran convergencia tecnológica que supone las NBIC. No se puede pensar en un hombre mejorado fisiológicamente, cuya esperanza de vida se extienda de forma considerable, que quizás colonice el espacio y las estrellas, utilice la energía del espacio exterior a la Tierra y actúe sobre muchas cosas más, sin un cerebro considerablemente más potente y una mente manifiestamente más evolucionada.

Los avances son espectaculares en este último terreno, tanto en relación con las neurociencias como en la interpretación de lo que es nuestra mente, nuestro pensamiento y nuestras queridas, introspección, consciencia, responsabilidad, libertad..., base y fundamento de lo que llamamos “humano”. El alma misma, en el que el hombre ha hecho residir desde antiguo, sus profundidades, sus espiritualidades, sus emociones y sus sentimientos, está siendo eliminada de nuestro mundo, o si se quiere decir de un forma más suave, explicada en términos fisiológicos de, morfología del cerebro, funcionamiento de las neuronas y papel de las sinapsis. El dualismo de la mente y el cuerpo que los hombres habían admitido, más o menos generalizadamente, desde Descartes, hace tiempo que ha sido dinamitado.

Adolfo Castilla

Bitácora

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11 Diciembre 2006
El trabajo de la National Science Foundation mencionado en la entrega anterior fue una especie de “puesta de largo” de temas que estaban ya en el ambiente científico e intelectual de los Estados Unidos y de otros países avanzados. Como en muchas otras ocasiones lo único que la NSF hizo en diciembre de 2001 fue organizar un gran congreso en el que todos los que tenían algo que decir sobre la información y lo que en este trabajo llamamos, la revolución de las tres materias (inorgánica, orgánica y gris), asistieran e hicieran sus aportaciones. Acuñó también, por lo que parece, el término NBIC, elaboró un voluminoso informe difundido a todo el mundo en 2002 y llevó a cabo una importante labor de marketing sobre la materia.

Las aportaciones de autores diversos y el debate entre expertos sobre estos temas, sin embargo, y como decimos, tenían años de tradición en las fechas mencionadas. Los estudios de genética, biología molecular y biología en general, han existido desde muy antiguo y recibieron un fuerte impulso a partir de 1953 cuando los investigadores, Francis Crick, Maurice Wilkins y James Watson, introdujeron el modelo de la doble hélice que explica la estructura del ADN. Los tres consiguieron el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1962 por sus descubrimientos “relativos a la estructura de los ácidos nucleicos y su significado para la transferencia de información del material en el que se basa la vida.” A partir de entonces un proceso acelerado de descubrimientos científicos, de desarrollo de conocimientos tecnológicos y de aplicaciones, han transformado de manera increíble el panorama de los conocimientos biológicos.

La nanotecnología es un conjunto de técnicas que se utilizan para manejar la materia a la escala de átomos y moléculas. Un nanómetro es una unidad de medida que se puede expresar como 10–9 metros, es decir, una milmillonésima parte de un metro. Nantecnología pues, no es otra cosa que la actuación a escala de nanómetros de forma similar a como actuamos sobre la materia o las fisiologías humana y animal a escala natural. Su origen es comúnmente asignado al famoso físico, Richard Feynman (1918 –1988). Premio Nobel de Física de 1965 conjuntamente con Julian Schwinger and Shin-Ichiro Tomonaga, quien en su conferencia en “There’s Plenty of Room at the Bottom”, dada el 29 de diciembre de 1959 en reunión de la American Physical Sciety celebrada en el Caltech , describió un proceso mediante el cual se podría desarrollar la habilidad humana de actuar al nivel de la moléculas y en el interior de las células.

La Ciencia del Conocimiento, una denominación poco útil en español, traducción literal de la denominación inglesa Cognitivre Science, que, en cambio y en esa lengua, está llena de contenido, se ha definido como el estudio científico de la mente o de la inteligencia. Se la ha considerado siempre como un área de estudio inter o multidisciplinar en la que se incluyen: la filosofía, la psicología, la inteligencia artificial, la neurociencia, la linguística y la antropología. La educación se incluye a veces también en este grupo de ciencias o áreas de conocimientos y, desde luego, forma parte de las ciencias que constituyen la actual Cognitive Science Society.
Adolfo Castilla

Bitácora

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10 Diciembre 2006
La humanidad ha vivido a lo largo de los últimos cien o ciento cincuenta años avances tecnológicos espectaculares, pero todos ellos pueden ser minucias en comparación con los que se avecinan. La última de las revoluciones, basada en la tecnología digital, que ha traído consigo la Sociedad de la Información y del Conocimiento, sigue acaparando gran parte de la reflexión actual pero muy pronto quedará superada por otras revoluciones y otras sociedades. La mal llamada Nueva Economía, la Sociedad Interconectada, la Sociedad Red y muchas otras interpretaciones explicativas del relativo nuevo mundo en el que vivimos, han llegado ya a los libros de texto y se mantendrán entre nosotros durante algún tiempo, --hasta cierto punto estereotipadas--, pero otros mundos y otras concepciones comienzan ya a surgir en el horizonte y merecen ser analizados y difundidos. Algunos de ellos apuntan a cambios mucho más radicales de los vividos en los últimos siglos.

Nicholas Negroponte, uno de los grandes gurús tecnológicos de nuestro tiempo, presidente fundador del Media Lab del MIT, centro en el que se han gestado muchas de las aplicaciones “multimedia” avanzadas hoy en fase de difusión en la sociedad, lo dijo hace unos meses en Madrid: “La Sociedad de la Información, como revolución, es algo ya pasado. Lo que se nos viene ahora encima es mucho más importante: puede que estemos ante una nueva Civilización”.

Los Estados Unidos, el país más avanzado del mundo científica y tecnológicamente hablando, y también quizás el de mayor vigor actual en términos intelectuales y culturales, ha venido anunciando las revoluciones científicas de largo alcance relacionadas con la Biología y la Nanotecnología, ha prestado una atención inusitada desde antiguo a las Ciencias Cognitivas y, más recientemente, ha mostrado un interés serio por el transhumanismo y el hombre post-humano. Por no hablar de la propia revolución digital y de la Sociedad de la Información, obras americanas dónde las haya.

Más recientemente han dado un aldabonazo enormemente sonoro al anunciar lo que puede ser la gran convergencia tecnológica del siglo XXI. Se trata de lo que ellos llaman la convergencia NBIC (Nano-Bio-Info-Cogno), es decir la simbiosis profunda de las tecnologías de la información con la genética y la biotecnología, la nanotecnología y las ciencias del conocimiento.

Uno de los hilos conductores de esa convergencia está formado por la revolución digital, por el consecuente avance de los ordenadores y por la aplicación de ambos a otras áreas activas científica y tecnológicamente hablando. La Sociedad de la Información y sobre todo la tecnología digital en la que se basa, tiene por ello más trascendencia de lo que muchos imaginan. Puede que el máximo de su potencial en cuanto a impacto en la economía, en la sociedad y en los individuos aislados, haya sido de momento alcanzado a través de la gran convergencia entre las Telecomunicaciones, la Informática y Tecnologías de la Información y los Medios, especialmente los Audiovisuales, en el centro de la que nos encontramos. Mucho se ha escrito ya y mucho se discute hoy sobre esta convergencia, la cual dará todavía mucho de sí. Pero mucho más cabe esperar de la interrelación de la tecnología digital, que está en la base de esa Sociedad, con otras tecnologías. Es otra gran convergencia de alcance mucho mayor que la vivida.

La Sociedad de la Información, de la Comunicación o del Conocimiento, como alternativamente se la conoce, hace referencia, sobre todo, a los resultados producidos por esa convergencia de la Telecomunicaciones, la Información y los Medios en términos de tecnología, nuevos productos y servicios, nuevo tipo de empresas, nuevos tipos de trabajos, nuevas profesiones y en general, nueva economía. También y, como consecuencia, nueva organización social, nuevas instituciones nueva legislación. Y finalmente, y a su debido tiempo, nuevas mentalidades, nuevas culturas, nuevos comportamientos y nuevos valores.

Como ha sido señalado en estudios diversos, la Sociedad de la Información y del Conocimiento, y la Nueva Economía por ella generada, constituyen procesos bien estudiados que además se han desarrollado en su totalidad hasta ahora, a la vista de estudiosos con no demasiada edad. El principio de los años 70 es la fecha que muchos autores señalan como comienzo de la nueva sociedad en términos de estadísticas y hechos concretos. En poco más de treinta años los cambios han sido muy destacados y las previsiones apuntan a transformaciones aún más radicales de las vividas. Mucho más importante resulta además saber, que la revolución digital y el paradigma de la información, --por referirnos de alguna manera a esa omnipresencia de la información, su reproducción y su transmisión--, constituyen el soporte o el fundamento de nuevas revoluciones científica y tecnológicas. Se hablará de ello en las páginas que siguen pero para muchos autores actuales, con particular referencia a Ray Kurzweil, uno de los más conspicuos autores y de los más radicales en sus propuestas, el modelo explicativo que hay detrás de la revolución genética, de la nanotecnología y de las ciencias del conocimiento, no es otro que el aportado por la información. El interior de la materia inorgánica, la vida y las profundidades de la materia orgánica y el cerebro y las complejidades de la materia gris, no son otra cosa que procesos de información, o al menos es con el modelo de la información y su reproducción, con el que el hombre se está enfrentando a los nuevos avances en cuanto al conocimiento de su mundo

Adolfo Castilla


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Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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