Recomendar este blog Notificar al moderador

PROSPECTIVA

Bitácora

0Voto(s)
27 Marzo 2006
Número correspondiente a Noviembre-Diciembre de 2005
Número correspondiente a Noviembre-Diciembre de 2005
The Futurist la revista de la World Future Society sigue siendo en mi opinión la mejor revista sobre el futuro existente en el mundo. Su editor es, y lo ha sido desde su nacimiento, Edward Cornish, periodista insigne, fundador de la WFS y su presidente a lo largo de muchos años hasta muy recientemente. Sus últimos tres números, una de cuyas portadas se incluye en esta referencia, dan muestra de su capacidad para identificar los temas de futuro que más interesan hoy y para mantener una actividad continua de seguimiento de las predicciones más destacadas realizadas en el mundo.

Como miembro del Global Advisory Council de la WFS y como Presidente de su Capítulo Español deseo referirme periódicamente a los artículos y temas tratados en ella.


Adolfo Castilla

Bitácora

0Voto(s)
26 Marzo 2006
En la presentación pública de un trabajo de prospectiva reciente, el presentador, un avezado político, dijo que el trabajo era muy bueno pero que había que esperar diez años para ver si las cosas que en él se decían se cumplían o no.

Cometió, en mi opinión, un grave error en cuanto a la interpretación de la prospectiva y en cuanto a su papel en nuestra sociedad. Se cargó además, automáticamente, el trabajo realizado y su utilidad para las autoridades que lo habían encargado.

¿Quien se va acordar dentro de diez años del trabajo realizado hoy?. ¿Cómo alguien puede gastar dinero en un estudio cuyo resultado se verá dentro de diez años?. ¿Qué utilidad puede tener diez años después el saber si hemos acertado o no?. Etc...

Los trabajos de prospectiva se hacen, no para esperar y comprobar los aciertos de lo que en ellos se dice, sino para disponer en el presente de una lógica explicativa de la realidad mejor que la proporcionada por el conocimiento del pasado y por el análisis de la actualidad.

El hombre sólo vive en el presente, delicada línea móvil imposible de fijar, en la que siente, razona, decide y actúa. Hablando en términos matemáticos diríamos que la vida es la integral de la superficie en el tiempo barrida por tal imaginaria línea avanzando a intervalos infinitesimales. Todo lo que hace, por tanto, tiene lugar en esa leve línea, aunque los resultados y consecuencias de sus actuaciones puedan surgir en el futuro y perdurar en el tiempo.

Históricamente el hombre ha caminado mirando al pasado y deduciendo de él sus patrones de comportamiento. Hoy sabemos que los mapas mentales surgidos en el cerebro de los hombres a través del tiempo, son los que dirigen sus reacciones y modos de actuación. Algunos hombres son capaces de analizar la realidad presente y deducir de ella nuevas concepciones que perfeccionan sus ideas previas. Otros, por fin, -- los más avanzados --, son capaces de imaginar el futuro, tener visiones claras de él y ser creativos en cuanto a las posibilidades que el futuro ofrece. Si esas visiones se combinan en el presente con todo lo demás, y basándose en ello se toman decisiones y se actúa, los resultados finales pueden ser considerablemente mejores que los obtenidos sólo con el bagaje del pasado.

Aunque el hombre vive únicamente en la delicada línea mencionada que constituye el presente, y en todo caso en la superficie barrida por ella, su cerebro, ese prodigio de la evolución para unos y de la intervención puntual de Dios para otros, puede aplicarse con la misma facilidad a la interpretación del pasado, al análisis del presente y a la imaginación del futuro.

En el terreno de la empresa, de la administración pública, o de cualquier institución con propósito, en el que genuinamente se utiliza la prospectiva, la mejor manera de entender los fenómenos, decidir y actuar, es combinado los tres ejercicios preconizados en su método: 1) Ejercicio exploratorio; 2) Ejercicio típicamente prospectivo; 3) Ejercicio normativo.

El primero pasa por establecer tendencias de evolución y proyecciones que permitan establecer el futuro o escenario tendencial (o probable) de la realidad estudiada. El segundo exige gran imaginación y creatividad y se refiere al establecimiento de escenarios alternativos al tendencial. El tercero consiste en elegir el escenario más deseable (y posible) de todos los imaginados y establecer el plan de trabajo (en el presente en el que se vive) para alcanzarlo.

Hay como se ve una parte ciertamente predictiva (la primera), pero no es la predicción la que dirige el trabajo prospectivo y la que debe utilizarse para juzgar su eficacia. Al fin y al cabo si una empresa prevé un futuro negativo para su actividad y porque imagina futuros alternativos y toma medidas adecuadas para alcanzarlos, lo evita, quien puede decir que el ejercicio de prospectiva falló. La prospectiva es de esta forma un “truco lógico” que permite mejores decisiones a través de un ejercicio de reflexión sobre los futuros tendenciales, los potenciales y los deseables.

En nuestro mundo hay profetas, adivinadores, brujos, pitonisas y otros personajes que dicen tener la capacidad de adivinar el futuro o hacer predicciones correctas sobre él. El papel de la prospectiva es mucho más humilde: consiste sólo en ayudar a todos aquellos que tenga la urgencia de actuar (en el presente, claro), utilizando la visión de los futuros posibles para fijar objetivos y alcanzarlos. Es un trabajo formal de imaginación y creatividad puesto al servicio de una mejor interpretaciones del presente, una mejor forma de fijar objetivos y unas mejor manera de formular estrategias de actuación.


Adolfo Castilla

Bitácora

0Voto(s)
20 Marzo 2006
En relación con mi artículo anterior, me gustaría indicar que los problemas surgidos con los Estados Unidos al vetar la venta de fragatas y aviones de transporte militar a Venezuela, primero, y más recientemente a otros países, es un ejemplo claro de falta de soberanía tecnológica de Europa.
Adolfo Castilla

Bitácora

0Voto(s)
6 Marzo 2006
Hace unos años en un acto público celebrado en la CEOE en el que intervenía Felipe González -- acto, que como es lógico en estos tiempos, estará recogido y archivado con toda precisión en infinidad de soportes y que aquí se recuerda con mucha vaguedad -- el entonces Presidente de la institución, Ferrer Salat, después de darle la bienvenida muy amablemente, hizo uso de cierta agresividad al pasarle la palabra diciendo algo así como:: “Bueno Sr. Presidente, ahora que está Usted ante la CEOE en pleno, ¿que tiene que decirnos de esa revolución pendiente de la que siempre hablan los socialistas?”. Felipe Gonzáles, en esa época en la que nos deslumbraba a diario a todos, contestó con rapidez y con la frescura, tranquilidad y aplomo de sus primeros tiempos, indicando algo como: “Mire Usted si hoy hay alguna revolución pendiente es la tecnológica….”, continuando su discurso tras haber dejado boquiabiertos y muy predispuestos a su favor a Ferrer Salat, a los empresarios presentes y a los que escuchábamos el acto a distancia.

También hoy en Europa en su conjunto y en algunos países miembros como el nuestro, deberíamos gastar menos tiempo en hablar de soberanías regionales sin sentido y de otras soberanías ciertamente trasnochadas, y concentrarnos en soberanías como la tecnológica en la que con toda seguridad nos jugamos nuestro futuro y se lo juega la Unión Europa en su conjunto. Tal como van las cosas en este terreno somos capaces de desperdiciar años en debates y enfrentamientos sin límite que no tienen nada que ver con lo verdaderamente importante al principio de un nuevo siglo. No debemos olvidar nuestros precedentes históricos en este terreno y poner mucho cuidado además, en que temas tan peculiarmente nuestros como reconstruir países y naciones medievales, reales o imaginarios, no se trasvasen por efecto contagio a una Europa que necesita mirar claramente hacia adelante en vez de hacerlo hacia atrás y ocuparse de temas importantes de naturaleza muy distinta.

Todos los pueblos para progresar necesitan grandes proyectos y los pueblos europeos aisladamente considerados hace tiempo que no disponían de ellos. Por eso un proyecto como la UE es beneficioso en extremo para sus veinticinco miembros actuales y para los que se incorporen en los próximos años. Es un proyecto hermoso y lleno de potencialidades en todos los sentidos. Si Europa continúa con él y no permite que se diluya, los europeos no deberíamos estar preocupados de las transformaciones actualmente en marcha en el mundo, algunas tan amenazadoras como la emergencia de grandes potencias mundiales como China, India, Brasil o África del Sur. El proyecto europeo es de más envergadura y tiene más capacidad transformadora que todas ellas.

Así lo presentan trabajos como el libro “El sueño europeo“ de Jeremy Rifkin publicado el pasado año y el más reciente “Por qué Europa liderará el Siglo XXI” de Mark Leonard, actualmente en las librerías. Los dos, junto a otras publicaciones e informes muy diversos, hacen comparaciones con los Estados Unidos en los que Europa tiene claras ventajas a pesar de la falta de dinamismo actual y del considerable bache económico por el que pasan Alemania, Francia y otros países continentales. El segundo libro en particular es de un “optimismo contagioso” como ha dicho de él Javier Solana, según una de las citas de crédito que se incluyen en la versión española. Después de comparaciones sólidas siempre, y exhaustivas a veces, y después sobre todo de infinidad de argumentaciones convincentes sobre la UE, el autor, tras anunciar un “estilo europeo de hacer las cosas”, concluye que asistiremos en los próximos años a la emergencia de un Nuevo Siglo Europeo, caracterizado no por sus formas imperiales o su afán de hegemonía sino por sus revolucionarias, avanzadas y aceptadas por todos los países: instituciones, maneras, valores y costumbres.

Hay sin embargo algunos aspectos clave, no tratados por las publicaciones anteriores por cierto, en los que Europa debe mejorar. Tienen en general que ver con la soberanía tecnológica antes mencionada, la cual hace referencia al atraso europeo en relación con los Estados Unidos en áreas tecnológicas muy avanzadas y muy específicas y a su destacada dependencia de ese país en dichas áreas. En temas tales como la defensa militar, la investigación del espacio, el tráfico aéreo, la observación y vigilancia terrestre y varios otros, así como en las tecnologías que constituyen la base de las nuevas revoluciones tecnológicas en marcha entre las que se encuentran las llamadas NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Información y Ciencias Cognitivas), Europa va manifiestamente retrasada. Además, a diferencia de lo ocurrido en otras épocas, los Estados Unidos no muestran disponibilidad para hacernos partícipes de sus conocimientos en ellas. Después del 11-S y de la toma del poder en aquel país de los neoconservadores, Norteamérica ha cambiado radicalmente frente a Europa a pesar de los paños calientes que periódicamente se aplican a las relaciones atlánticas y de los actos y discursos frecuentes sobre la OTAN y su importancia.

Un poco como protección ante el terrorismo, otro poco como defensa ante la competencia que se avecina y otro poco como consecuencia de su afán de hegemonía mundial y de que el siglo XXI sea el siglo americano por excelencia, los Estados Unidos no son para nadie, ni siquiera para Europa, el país que solía ser. Europa lo ha constatado recientemente y ha decidido tomar medidas correctoras en relación con ciertas áreas en las que la dependencia no era muy preocupante mientras los Estados Unidos facilitaban el acceso a lo más necesario. El movimiento de Soberanía Tecnológica de Europa es un poco un paso obligado ante la posibilidad de que Europa vea coartada su marcha por no tener acceso a ciertas tecnologías y a ciertos conocimientos a los que con frecuencia se hace referencia como Tecnologías de Soberanía.

Muchos en Europa somos a pesar de todo muy pro-americanos, y creemos que lo mejor para el mundo ante un siglo que se presenta complicado y amenazante, sería una fuerte unión atlántica (América-Europa) que constituyera el polo central del planeta. Para ello no obstante, y simplemente para que ninguna de las partes dependa de la otra o contribuya menos al avance del conjunto, Europa debe ser soberana e independiente en términos científicos y tecnológicos.




Adolfo Castilla


Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

Secciones



Tendencias21


RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile