El ultimo libro de Kurzweil, Singularity is Near, repetidamente mencionado en este blog, en el que el autor basó sus intervenciones en Toronto, es un libro notable por muchos motivos. En sus más de 650 páginas aborda los aspectos más variados de las cuatro áreas de actividad tecnológica estudiadas en este trabajo, incluidas, como es lógico, las interrelaciones entre ellas, que el autor considera sólidas y prometedoras en términos de resultados. Analiza los impactos posibles de las nuevas tecnologías y establece un fuerte hilo conductor entre ellas, constituido por las tecnologías de la información y la Inteligencia Artificial Fuerte, concepto y denominación de la que es autor.
La primera parte del libro está dedicada a explicar el concepto de singularidad, un término empleado en Física para hablar del momento anterior al Big Bang en el que todo el universo se concentraba en un punto. Algo, ciertamente, difícil de imaginar y, desde luego, de entender.
Para Kurzweil, singularidad hace referencia a un periodo en un futuro no lejano de la humanidad en el que la velocidad del cambio tecnológico será tan elevada y su alcance tan amplio que la vida del hombre en este planeta se verá irreversiblemente afectada. Utiliza ampliamente en relación con ello la “Ley de los Retornos Acelerados” (Law of Accelerating Returns), que desarrolló en los 90 acumulando y analizando muchos datos procedentes del mundo de las tecnologías de la información.
Se atreve incluso a establecer una relación secuencial entre las revoluciones Bio-Nano-Cogno y a fijar fechas. La revolución de la biotecnología cree Kurzweil que llegará a su esplendor hacia el 2020. Quince años después la nanotecnología habrá producido gran parte de lo que de ella se espera. Y hacia la segunda mitad del siglo, las cuatro revoluciones estarán a punto de dar lugar a la Singularidad, lo que puede interpretarse como la aparición de una nueva especie en el planeta, mitad hombre y mitad máquina. Para finales de siglo el hombre posthumano sería una realidad o estaría a punto de serlo.
El optimismo de Kurzweil es elevado y por nada del mundo cree que dicho “nuevo hombre” en todo el sentido de la palabra, dejará de ser humano o de tener origen humano. Dice en concreto en relación con este aspecto:
“Nuestra civilización se mantendrá siendo humana en muchos aspectos, de hecho, será mucho más ejemplar que lo que consideramos humano hoy, aunque el sentido del término humano habrá sobrepasado sus orígenes biológicos”.
La mayoría de los problemas actuales de la humanidad se verán solucionados según Kurzweil, desde el cambio climático o el deterioro del medio ambiente, hasta la energía necesaria para nuestra existencia, las enfermedades, la extensión de la vida o los conflictos de todo tipo entre los hombres. Y lo mejor del caso es que habla siempre en términos científicos de gran altura y no deja de atender a las críticas de todo tipo emitidas en relación con sus escritos por notables, filósofos, teólogos y científicos. Dedica de hecho un capítulo de su libro a dichas críticas, rebatiéndolas todas con gran soltura y sólidos argumentos.
Asombra su atención a temas científicos complejos y sus propuestas de revisión del planteamiento de muchos de ellos. Trata, por ejemplo, los límites del cálculo automático que realizan los ordenadores; la velocidad de la luz y la posibilidad de que no sea constante ni la máxima que pueda darse en el universo; los agujeros de gusano; la paradoja de Fermi; el principio antrópico; los universos múltiples; las radiación de Hawking; y el universo holográfico; entre otros.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
La primera parte del libro está dedicada a explicar el concepto de singularidad, un término empleado en Física para hablar del momento anterior al Big Bang en el que todo el universo se concentraba en un punto. Algo, ciertamente, difícil de imaginar y, desde luego, de entender.
Para Kurzweil, singularidad hace referencia a un periodo en un futuro no lejano de la humanidad en el que la velocidad del cambio tecnológico será tan elevada y su alcance tan amplio que la vida del hombre en este planeta se verá irreversiblemente afectada. Utiliza ampliamente en relación con ello la “Ley de los Retornos Acelerados” (Law of Accelerating Returns), que desarrolló en los 90 acumulando y analizando muchos datos procedentes del mundo de las tecnologías de la información.
Se atreve incluso a establecer una relación secuencial entre las revoluciones Bio-Nano-Cogno y a fijar fechas. La revolución de la biotecnología cree Kurzweil que llegará a su esplendor hacia el 2020. Quince años después la nanotecnología habrá producido gran parte de lo que de ella se espera. Y hacia la segunda mitad del siglo, las cuatro revoluciones estarán a punto de dar lugar a la Singularidad, lo que puede interpretarse como la aparición de una nueva especie en el planeta, mitad hombre y mitad máquina. Para finales de siglo el hombre posthumano sería una realidad o estaría a punto de serlo.
El optimismo de Kurzweil es elevado y por nada del mundo cree que dicho “nuevo hombre” en todo el sentido de la palabra, dejará de ser humano o de tener origen humano. Dice en concreto en relación con este aspecto:
“Nuestra civilización se mantendrá siendo humana en muchos aspectos, de hecho, será mucho más ejemplar que lo que consideramos humano hoy, aunque el sentido del término humano habrá sobrepasado sus orígenes biológicos”.
La mayoría de los problemas actuales de la humanidad se verán solucionados según Kurzweil, desde el cambio climático o el deterioro del medio ambiente, hasta la energía necesaria para nuestra existencia, las enfermedades, la extensión de la vida o los conflictos de todo tipo entre los hombres. Y lo mejor del caso es que habla siempre en términos científicos de gran altura y no deja de atender a las críticas de todo tipo emitidas en relación con sus escritos por notables, filósofos, teólogos y científicos. Dedica de hecho un capítulo de su libro a dichas críticas, rebatiéndolas todas con gran soltura y sólidos argumentos.
Asombra su atención a temas científicos complejos y sus propuestas de revisión del planteamiento de muchos de ellos. Trata, por ejemplo, los límites del cálculo automático que realizan los ordenadores; la velocidad de la luz y la posibilidad de que no sea constante ni la máxima que pueda darse en el universo; los agujeros de gusano; la paradoja de Fermi; el principio antrópico; los universos múltiples; las radiación de Hawking; y el universo holográfico; entre otros.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
Se ha aireado en la prensa el encuentro de Bill Joy con Ray Kurzweil y su discusión amable sobre estos temas de la que ninguno de los dos salió convencido por las ideas del otro. En el artículo del primero, mencionado en el comentario anterior de este blog, se refiere a dicho encuentro y muestra su sorpresa en cuanto a que científicos serios como Kurzweil no vean el peligro de estas tecnologías y no presten atención a las elevadas contingencias negativas que llevan aparejadas.
Como un ejemplo de los temas discutidos en Toronto y la forma de hacerlo, se recogen aquí algunos de los temas debatidos en una de las sesiones más concurridas del congreso: ¿Cómo de serio e importante es el tema del calentamiento global del mundo?. ¿Puede la ciencia y la tecnología prestar mejores servicios a la humanidad?: ¿Son alcanzables las promesas de la nanotecnología?. Inteligencia Artificial versus Conciencia. ¿Tendrá aplicación práctica la computación cuántica?.
La Sociedad de la Información y su futuro fue tratada en diversas ponencias, incluyendo el papel de las telecomunicaciones y los actuales temas relacionados con Internet a los que ya se ha hecho referencia: neutralidad de las redes y el consenso social sobre Internet.
Con todo el debate que suscitó más interés fue el relacionado con Kurzweil y sus optimistas y avanzadas afirmaciones sobre la llamada “Inteligencia Artificial Fuerte”, la Biotecnología y la extensión de la vida; la Nanotecnología y sus posibilidades para la creación de materia orgánica e inorgánica átomo a átomo; y la Ingeniería Inversa en cuanto al cerebro, la creación de la ultra-inteligencia y la aparición de una especie nueva
sucesora de la humana.
Lo más importante de Kurzweil se puede resumir en un par de aspectos:
a) Que siendo un inventor y un hombre de empresa de mucho éxito se ha transformado en los últimos años en un futurista y un intelectual de enorme talla. Son famosos sus debates con lo más florido de la intelectualidad de los Estados Unidos, incluyendo científicos y filósofos. Su presencia en los más prestigiosos medios de comunicación es asimismo asidua. Se le trata entre otras cosas como un nuevo Edison.
b) Que utiliza a la información y a las TIC como el denominador común de las revoluciones científicas del presente siglo (NBIC) y utiliza el modelo de la información para explicar lo que hay detrás de lo que el llama GNR (Genética, Nanotecnología, Robótica). Es considerado algo optimista en cuanto a las posibilidades de estas tecnologías, pero la explicación de cómo de la revolución de las TIC se pasará a la Biotecnología, de esta a la Nanotecnología y de esta última a la actuación sobre el cerebro humano, es profunda y enormemente atractiva.
Como un ejemplo de los temas discutidos en Toronto y la forma de hacerlo, se recogen aquí algunos de los temas debatidos en una de las sesiones más concurridas del congreso: ¿Cómo de serio e importante es el tema del calentamiento global del mundo?. ¿Puede la ciencia y la tecnología prestar mejores servicios a la humanidad?: ¿Son alcanzables las promesas de la nanotecnología?. Inteligencia Artificial versus Conciencia. ¿Tendrá aplicación práctica la computación cuántica?.
La Sociedad de la Información y su futuro fue tratada en diversas ponencias, incluyendo el papel de las telecomunicaciones y los actuales temas relacionados con Internet a los que ya se ha hecho referencia: neutralidad de las redes y el consenso social sobre Internet.
Con todo el debate que suscitó más interés fue el relacionado con Kurzweil y sus optimistas y avanzadas afirmaciones sobre la llamada “Inteligencia Artificial Fuerte”, la Biotecnología y la extensión de la vida; la Nanotecnología y sus posibilidades para la creación de materia orgánica e inorgánica átomo a átomo; y la Ingeniería Inversa en cuanto al cerebro, la creación de la ultra-inteligencia y la aparición de una especie nueva
sucesora de la humana.
Lo más importante de Kurzweil se puede resumir en un par de aspectos:
a) Que siendo un inventor y un hombre de empresa de mucho éxito se ha transformado en los últimos años en un futurista y un intelectual de enorme talla. Son famosos sus debates con lo más florido de la intelectualidad de los Estados Unidos, incluyendo científicos y filósofos. Su presencia en los más prestigiosos medios de comunicación es asimismo asidua. Se le trata entre otras cosas como un nuevo Edison.
b) Que utiliza a la información y a las TIC como el denominador común de las revoluciones científicas del presente siglo (NBIC) y utiliza el modelo de la información para explicar lo que hay detrás de lo que el llama GNR (Genética, Nanotecnología, Robótica). Es considerado algo optimista en cuanto a las posibilidades de estas tecnologías, pero la explicación de cómo de la revolución de las TIC se pasará a la Biotecnología, de esta a la Nanotecnología y de esta última a la actuación sobre el cerebro humano, es profunda y enormemente atractiva.
Para mostrar la importancia del debate internacional sobre los temas que venimos tratando conviene recordar lo ya indicado en este blog sobre un acontecimiento reciente: la reunión anual de la World Futre Society. Durante los días 28, 29, 30 y 31 de julio del pasado año, se celebró en Toronto el congreso anual de esta asociación internacional. Casi mil asistentes de 32 países se reunieron en la moderna ciudad canadiense para reflexionar sobre el futuro de la humanidad y para conocer los avances de todo tipo que prospectivistas, inventores, científicos, hombres de empresa, políticos y profesionales en general, sometían a debate.
Como viene siendo tradicional en los congresos anuales de la WFA los dos primeros días se dedicaron a impartir cursos sobre el estudio del futuro en todos sus aspectos (metodología, técnicas, estudios específicos, etc...). La inauguración oficial del congreso se realizó el viernes 29 por la tarde y las conferencias tuvieron lugar de una forma muy densa (con numerosas conferencias en paralelo) a lo largo del sábado 29 y del domingo 30. El lunes día 31, tuvo lugar el foro de los miembros profesionales de la asociación.
Las más de cien presentaciones, ponencias y conferencias magistrales, cubrieron un amplio espectro de temas, desde los más convencionales y perentorios como la educación, la salud, el desarrollo y la pobreza, a los más futuristas como el cambio climático, la extensión de la vida, el hombre post humano y la vida en el espacio. Todas ellas se distribuyeron alrededor de los siguientes grandes temas: Negocios y Carreras Profesionales; Valores y Espiritualidad; Procesos y Metodologías para el Estudio del Futuro; Tendencias Sociales y Culturales; Gobernabilidad de las Comunidades; Futuros para la Salud; Educación y Aprendizaje; Recursos y Medio Ambiente; y Tecnología y Ciencia.
Dos de las estrellas de la conferencia fueron, sin duda, Ray Kurzweil, autor entre otros famosos libros de, The Age of Spiritual Machines y el más reciente, The Singularity is Near y Joel Garreau, autor de Radical Evolution. Otros destacados autores, investigadores y futuristas pueden mencionarse también, desde los clásicos e incondicionales de estos congresos, Joseph Coates, Ted Gordon, Marvin Cetron, Arthur Shostak, y William Halal, a los destacados Walter Truet Anderson, Marsha Rhea, Barbara Gilles, Gary Marx, Rex Miller, o Erwin Laszlo y los más jóvenes Jeff Wacker, Walter Derzko y el destacado venezolano, José Cordeiro.
Todo lo anterior ha sido ya incluido en notas previas de este blog y lo repetimos ahora porque resulta importante como referencia al debate internacional sobre la convergencia NBIC de la que venimos hablando.
Hay otro autor americano, por ejemplo, que aunque no asistió a la conferencia fue muy nombrado en ella y utilizado como telón de fondo o referencia con la que comparar muchas de las predicciones realizadas. Se trata de Bill Joy (1954 - ), una especie de “bestia negra” de los futuristas optimistas como Kurzweil o de los más utópicos amigos de la ciencia y de la tecnología. Es conocido en los Estados Unidos como un pesimista duro en relación con el futuro de la humanidad y con las nuevas tecnologías a que este trabajo se refiere.
Es un ingeniero notable muy conocido por la autoría del software conocido como Berkeley UNÍX, también llamado BSD, del cual surgieron las formas modernas del UNÍX, incluidos, el FreeBSD, el NetBSD, y el OprnBSD. Otras de sus contribuciones han sido el TCP/IP, el vi editor, el NFS entre otros software famosos
Fue co-fundador de Sun Microsystems en 1982, abandonando esta compañía en 2003 para dedicarse a sus asuntos particulares. En el año 2000 se hizo muy conocido a partir se su artículo en la revista Wired Magazine, “Why the future doesn’t need us” , en el que declara que los avances en ingeniería genética y nanotecnología traerán consigo riesgos elevados para la humanidad. Anunciaba en dicho artículo que en un corto plazo de tiempo los robots inteligentes podrían sustituir a los humanos y adquirir el dominio intelectual y social del mundo. Es considerado como un “neo-Luddita” y claramente aboga por el abandono o la renuncia al GNR (Genética, Nanotecnología, Robótica).
Como viene siendo tradicional en los congresos anuales de la WFA los dos primeros días se dedicaron a impartir cursos sobre el estudio del futuro en todos sus aspectos (metodología, técnicas, estudios específicos, etc...). La inauguración oficial del congreso se realizó el viernes 29 por la tarde y las conferencias tuvieron lugar de una forma muy densa (con numerosas conferencias en paralelo) a lo largo del sábado 29 y del domingo 30. El lunes día 31, tuvo lugar el foro de los miembros profesionales de la asociación.
Las más de cien presentaciones, ponencias y conferencias magistrales, cubrieron un amplio espectro de temas, desde los más convencionales y perentorios como la educación, la salud, el desarrollo y la pobreza, a los más futuristas como el cambio climático, la extensión de la vida, el hombre post humano y la vida en el espacio. Todas ellas se distribuyeron alrededor de los siguientes grandes temas: Negocios y Carreras Profesionales; Valores y Espiritualidad; Procesos y Metodologías para el Estudio del Futuro; Tendencias Sociales y Culturales; Gobernabilidad de las Comunidades; Futuros para la Salud; Educación y Aprendizaje; Recursos y Medio Ambiente; y Tecnología y Ciencia.
Dos de las estrellas de la conferencia fueron, sin duda, Ray Kurzweil, autor entre otros famosos libros de, The Age of Spiritual Machines y el más reciente, The Singularity is Near y Joel Garreau, autor de Radical Evolution. Otros destacados autores, investigadores y futuristas pueden mencionarse también, desde los clásicos e incondicionales de estos congresos, Joseph Coates, Ted Gordon, Marvin Cetron, Arthur Shostak, y William Halal, a los destacados Walter Truet Anderson, Marsha Rhea, Barbara Gilles, Gary Marx, Rex Miller, o Erwin Laszlo y los más jóvenes Jeff Wacker, Walter Derzko y el destacado venezolano, José Cordeiro.
Todo lo anterior ha sido ya incluido en notas previas de este blog y lo repetimos ahora porque resulta importante como referencia al debate internacional sobre la convergencia NBIC de la que venimos hablando.
Hay otro autor americano, por ejemplo, que aunque no asistió a la conferencia fue muy nombrado en ella y utilizado como telón de fondo o referencia con la que comparar muchas de las predicciones realizadas. Se trata de Bill Joy (1954 - ), una especie de “bestia negra” de los futuristas optimistas como Kurzweil o de los más utópicos amigos de la ciencia y de la tecnología. Es conocido en los Estados Unidos como un pesimista duro en relación con el futuro de la humanidad y con las nuevas tecnologías a que este trabajo se refiere.
Es un ingeniero notable muy conocido por la autoría del software conocido como Berkeley UNÍX, también llamado BSD, del cual surgieron las formas modernas del UNÍX, incluidos, el FreeBSD, el NetBSD, y el OprnBSD. Otras de sus contribuciones han sido el TCP/IP, el vi editor, el NFS entre otros software famosos
Fue co-fundador de Sun Microsystems en 1982, abandonando esta compañía en 2003 para dedicarse a sus asuntos particulares. En el año 2000 se hizo muy conocido a partir se su artículo en la revista Wired Magazine, “Why the future doesn’t need us” , en el que declara que los avances en ingeniería genética y nanotecnología traerán consigo riesgos elevados para la humanidad. Anunciaba en dicho artículo que en un corto plazo de tiempo los robots inteligentes podrían sustituir a los humanos y adquirir el dominio intelectual y social del mundo. Es considerado como un “neo-Luddita” y claramente aboga por el abandono o la renuncia al GNR (Genética, Nanotecnología, Robótica).
El tercer libro a glosar es el de Francis Fukuyama, Our Post-Human Future. Fukuyama es el conocido autor del controvertido, The End of History and the Last Man. Es Bernard Schwartz Professor de Economía Política Internacional en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales de la Universidad Johns Hopkins. Fue nombrado en 2002 miembro del Consejo Asesor del Presidente de los Estados Unidos sobre Bioética.
En este libro Fukuyama parece actuar como regulador profesional de un cuerpo al servicio de una Administración Pública conservadora como la de George Bush Junior. Su mensaje es conservador y a favor del control social de la tecnología, aunque comienza su libro analizando las ventajas para el hombre de las nuevas tecnologías genéticas e introduciendo relatividad sobre el hombre y lo humano, análogamente a los dos autores anteriores. No ve en ese sentido, grandes problemas sobre la superación del Homo sapiens actual y por eso habla también de un futuro post-humano para el hombre. Pronto, sin embargo, comienza buscando algo sobre lo que apoyarse en cuanto a establecer reglas y directrices para actuar sobre dicho futuro.
Buscando razones para el control social de la tecnología genética, recuerda en el primer capítulo de su libro, dos de las publicaciones del siglo pasado más representativas en relación con predicciones sobre el futuro de la Humanidad. Se trata de 1984, de George Orwell (publicada por primera vez en 1949) y Brave New World, de Aldous Huxley, (publicada en 1932) Considera Fukuyama que la primera ha acertado en describir una sociedad de la información y de los conocimientos como la actual, en la que todos los hombres están interconectados, pero ha fallado en cuanto a la existencia de un Big Brother que todo lo controla y centraliza. Internet, según él, va en una dirección absolutamente contraria: es el terreno de la libertad total, de la autonomía individual y de la descentralización.
Considera también que la Sociedad de la Información y las tecnologías de las telecomunicaciones y la comunicación, necesarias para ello, se han desarrollado sin ningún control social, porque nunca se han considerado peligrosas para la sociedad. A este aspecto le da mucha importancia, al basar en la potencial peligrosidad de una tecnología la necesidad o no de control y planificación.
En cuanto a Brave New World, considera que es ahora, y sobre todo en los próximos años, cuando sus predicciones pueden contrastarse con el mundo real, al referirse a un futuro en el que hombre podrá manipularse a sí mismo produciendo criaturas de características determinadas. Prevé que al igual que ha ocurrido con las predicciones de Orwell, tampoco en el caso de Huxley, las cosas llegarán a ser tan malas como este último autor suponía. Confía así, como otros autores, en el hombre y en sus capacidades de encontrar el camino correcto de evolución, por más que haya momentos en que se tengan serias dudas sobre ello.
Para demostrar la existencia de terrenos tecnológicos en los que la sociedad ha actuado con energía controlando y limitando los desarrollos, revisa lo ocurrido con la tecnología nuclear, ratificando el éxito alcanzado. Basándose en este ejemplo concluye que no puede haber reservas en cuanto la capacidad del hombre para controlar determinados desarrollos tecnológicos y en cuanto a la bondad de ello. Avalando así la práctica de una evaluación social de la tecnología.
Como no todo es válido en la revolución genética actual , se plantea trazar las líneas rojas que no deben superarse y encuentra los criterios para ello en la Naturaleza física de mundo y en la conexión del hombre a ella. Es decir, hay una naturaleza humana, íntimamente unida a la Naturaleza con mayúsculas, y surgida de ella, cuya conservación parece merecer la pena.
En cuanto a cómo llevar a cabo el control, es firmemente partidario de la legislación y la regulación, no considerando suficiente la reflexión y el consejo asesor de expertos y científicos.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
En este libro Fukuyama parece actuar como regulador profesional de un cuerpo al servicio de una Administración Pública conservadora como la de George Bush Junior. Su mensaje es conservador y a favor del control social de la tecnología, aunque comienza su libro analizando las ventajas para el hombre de las nuevas tecnologías genéticas e introduciendo relatividad sobre el hombre y lo humano, análogamente a los dos autores anteriores. No ve en ese sentido, grandes problemas sobre la superación del Homo sapiens actual y por eso habla también de un futuro post-humano para el hombre. Pronto, sin embargo, comienza buscando algo sobre lo que apoyarse en cuanto a establecer reglas y directrices para actuar sobre dicho futuro.
Buscando razones para el control social de la tecnología genética, recuerda en el primer capítulo de su libro, dos de las publicaciones del siglo pasado más representativas en relación con predicciones sobre el futuro de la Humanidad. Se trata de 1984, de George Orwell (publicada por primera vez en 1949) y Brave New World, de Aldous Huxley, (publicada en 1932) Considera Fukuyama que la primera ha acertado en describir una sociedad de la información y de los conocimientos como la actual, en la que todos los hombres están interconectados, pero ha fallado en cuanto a la existencia de un Big Brother que todo lo controla y centraliza. Internet, según él, va en una dirección absolutamente contraria: es el terreno de la libertad total, de la autonomía individual y de la descentralización.
Considera también que la Sociedad de la Información y las tecnologías de las telecomunicaciones y la comunicación, necesarias para ello, se han desarrollado sin ningún control social, porque nunca se han considerado peligrosas para la sociedad. A este aspecto le da mucha importancia, al basar en la potencial peligrosidad de una tecnología la necesidad o no de control y planificación.
En cuanto a Brave New World, considera que es ahora, y sobre todo en los próximos años, cuando sus predicciones pueden contrastarse con el mundo real, al referirse a un futuro en el que hombre podrá manipularse a sí mismo produciendo criaturas de características determinadas. Prevé que al igual que ha ocurrido con las predicciones de Orwell, tampoco en el caso de Huxley, las cosas llegarán a ser tan malas como este último autor suponía. Confía así, como otros autores, en el hombre y en sus capacidades de encontrar el camino correcto de evolución, por más que haya momentos en que se tengan serias dudas sobre ello.
Para demostrar la existencia de terrenos tecnológicos en los que la sociedad ha actuado con energía controlando y limitando los desarrollos, revisa lo ocurrido con la tecnología nuclear, ratificando el éxito alcanzado. Basándose en este ejemplo concluye que no puede haber reservas en cuanto la capacidad del hombre para controlar determinados desarrollos tecnológicos y en cuanto a la bondad de ello. Avalando así la práctica de una evaluación social de la tecnología.
Como no todo es válido en la revolución genética actual , se plantea trazar las líneas rojas que no deben superarse y encuentra los criterios para ello en la Naturaleza física de mundo y en la conexión del hombre a ella. Es decir, hay una naturaleza humana, íntimamente unida a la Naturaleza con mayúsculas, y surgida de ella, cuya conservación parece merecer la pena.
En cuanto a cómo llevar a cabo el control, es firmemente partidario de la legislación y la regulación, no considerando suficiente la reflexión y el consejo asesor de expertos y científicos.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
El segundo libro a revisar se debe a Gregory Stock, un escritor y científico, director en la actualidad del Programa sobre Medicina, Tecnología y Sociedad de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Los Angeles. Su significativo título es Redesigning Humans. Our Inevitable Genetic Future. Al igual que en libros anteriores tales como, Metaman, The Merging of Humans and Machines into a Global Superorganism, y el best-seller The Book of Questions, el autor se enfrenta sin prejuicios ni temores, y aparentemente con grandes conocimientos, a la revolución genética en marcha.
Al igual que Dyaz, defiende este segundo autor las revoluciones en los conocimientos actuales y no se asusta de lo que nos puedan traer consigo, comenzando curiosamente su libro por el capítulo titulado: El último humano (The Last Human).
Antes, y a modo de introducción, establece su actitud de partida con deliciosos poemas de Tucídedes y Marcus Garvey, en los que respectivamente se defienden, el conocimiento y la visión clara de las cosas que se avecinan, ya sean benignas o peligrosas, sin en ningún caso asustarse ni darles la espalda; y la autonomía del hombre sin más límites que Dios y el cielo y sin más medida que la Eternidad.
El posicionamiento general de Stock ante la revolución genética es que nada ni nadie podrá pararla, ni en cuanto a la selección de los genes de un embrión, ni en cuanto a la ingeniería de las células germinales en general, ni siquiera en cuanto a la clonación. Y esto porque nadie se detendrá ante ninguna barrera cuando se trate de salvar la vida de un hijo, evitarle enfermedades o mejorar sus características físicas e intelectuales. Mucho menos, si se trata de mejorar la vida de uno mismo o de alargarla. Cree, sin embargo este autor, que estas cosas no deben asustar porque nunca se harán por verdaderos científicos y médicos hasta que no haya seguridad de tener éxito y estén perfectamente resueltas. No las ve él, por otra parte, tan inmediatas como determinados libros de ciencia ficción y determinadas películas pueden hacernos creer. Da en este sentido mucha importancia al tiempo y a la madurez de la sociedad para enfrentarse a esos cambios, analizando los problemas físicos y morales que la revolución genética puede traer consigo.
A muy largo plazo según Stock, el hombre puede diferenciarse sustancialmente de los humanos actuales, pero más en un sentido verdaderamente evolutivo y sin traumas que en un sentido monstruoso. Tiene confianza en tal futuro porque los hombres aprenderán de sus errores y porque a diferencia, dice él, de la energía nuclear, las nuevas tecnologías genéticas no son peligrosas en cuanto a destrucción masiva de las personas.
Cree poco en la llamada “Constitución Genética” que protegería a los embriones de la manipulación y les daría el “derecho genético” a que nadie altere sus genes. Y, finalmente, es partidario de una orientación en el sentido de libre-mercado donde exista una verdadera libertad de elección de los individuos. Dicha orientación puede ir acompañada de una modesta supervisión de la sociedad y, sobre todo, de robustos mecanismos de aprendizaje social que permitan al hombre protegerse de los abusos y asignar recursos a todo aquello que sea bueno para alcanzar las metas deseadas.
(Fotoo arriba: FreeFoto.com)
Al igual que Dyaz, defiende este segundo autor las revoluciones en los conocimientos actuales y no se asusta de lo que nos puedan traer consigo, comenzando curiosamente su libro por el capítulo titulado: El último humano (The Last Human).
Antes, y a modo de introducción, establece su actitud de partida con deliciosos poemas de Tucídedes y Marcus Garvey, en los que respectivamente se defienden, el conocimiento y la visión clara de las cosas que se avecinan, ya sean benignas o peligrosas, sin en ningún caso asustarse ni darles la espalda; y la autonomía del hombre sin más límites que Dios y el cielo y sin más medida que la Eternidad.
El posicionamiento general de Stock ante la revolución genética es que nada ni nadie podrá pararla, ni en cuanto a la selección de los genes de un embrión, ni en cuanto a la ingeniería de las células germinales en general, ni siquiera en cuanto a la clonación. Y esto porque nadie se detendrá ante ninguna barrera cuando se trate de salvar la vida de un hijo, evitarle enfermedades o mejorar sus características físicas e intelectuales. Mucho menos, si se trata de mejorar la vida de uno mismo o de alargarla. Cree, sin embargo este autor, que estas cosas no deben asustar porque nunca se harán por verdaderos científicos y médicos hasta que no haya seguridad de tener éxito y estén perfectamente resueltas. No las ve él, por otra parte, tan inmediatas como determinados libros de ciencia ficción y determinadas películas pueden hacernos creer. Da en este sentido mucha importancia al tiempo y a la madurez de la sociedad para enfrentarse a esos cambios, analizando los problemas físicos y morales que la revolución genética puede traer consigo.
A muy largo plazo según Stock, el hombre puede diferenciarse sustancialmente de los humanos actuales, pero más en un sentido verdaderamente evolutivo y sin traumas que en un sentido monstruoso. Tiene confianza en tal futuro porque los hombres aprenderán de sus errores y porque a diferencia, dice él, de la energía nuclear, las nuevas tecnologías genéticas no son peligrosas en cuanto a destrucción masiva de las personas.
Cree poco en la llamada “Constitución Genética” que protegería a los embriones de la manipulación y les daría el “derecho genético” a que nadie altere sus genes. Y, finalmente, es partidario de una orientación en el sentido de libre-mercado donde exista una verdadera libertad de elección de los individuos. Dicha orientación puede ir acompañada de una modesta supervisión de la sociedad y, sobre todo, de robustos mecanismos de aprendizaje social que permitan al hombre protegerse de los abusos y asignar recursos a todo aquello que sea bueno para alcanzar las metas deseadas.
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Como es lógico, es absolutamente partidario de la clonación, de la biónica y de lo que hoy llamaríamos un ser post-humano. Tal cosa se puede deducir de la siguiente cita: “Lo que preocupa a los puristas es que si comenzamos a efectuar modificaciones genéticas en las células germinales durante una serie de generaciones, al final el ser humano ya no será como hoy. Se habrá perdido la esencia del Homo sapiens. A mí me parece fantástico. Librarse de todas las fastidiosas enfermedades hereditarias, ampliar mi capacidad muscular, mejorar mis aptitudes intelectuales... ¡Demonios, claro que cambiaremos!. Pero a mejor. No me importaría que me crecieran alas, o propulsores a chorro en las axilas, o que fuera capaz de respirar metano y amoniaco para poder colonizar Venus. Y si el problema es que ya no seguiré siendo un Hombre, en ese caso que los lingüistas y los filósofos busquen nuevos términos”. PP 131-132.
En uno de los apéndices del libro se hace una cronología año por año del siglo actual, con indicación del acontecimiento más destacado en cada uno de ellos. Algunos de dichos acontecimientos son espectaculares:
2013 -- Se prohíben los alimentos de origen natural.
2022 -- La ONU concede al ciberespacio la categoría de séptimo continente.
2032 -- La telepresencia provoca el cierre de la última compañía de vuelos
regulares.
2071 -- Se institucionaliza el vertido de cerebros al ciberespacio, tras la muerte
de los individuos, que se convierten así en entidades autónomas
2088 -- Nacimiento de Beethoven 2, a partir de una clonación.
2100 -- Muerte y disección del último ser humano.
Ante un derroche de imaginación y de posibilidades para el mundo como la mostrada por este libro, la primera reacción es la de preguntarse, si tiene algún sentido un Control Social de la Tecnología en la forma tradicional en la que esta materia ha sido tratada; la segunda, si es posible y aconsejable guiar al hombre en ese mundo potencial que se avecina; y la tercera, ¿cómo hacerlo?.
(Imagen arriba: FreeFoto.com)
En uno de los apéndices del libro se hace una cronología año por año del siglo actual, con indicación del acontecimiento más destacado en cada uno de ellos. Algunos de dichos acontecimientos son espectaculares:
2013 -- Se prohíben los alimentos de origen natural.
2022 -- La ONU concede al ciberespacio la categoría de séptimo continente.
2032 -- La telepresencia provoca el cierre de la última compañía de vuelos
regulares.
2071 -- Se institucionaliza el vertido de cerebros al ciberespacio, tras la muerte
de los individuos, que se convierten así en entidades autónomas
2088 -- Nacimiento de Beethoven 2, a partir de una clonación.
2100 -- Muerte y disección del último ser humano.
Ante un derroche de imaginación y de posibilidades para el mundo como la mostrada por este libro, la primera reacción es la de preguntarse, si tiene algún sentido un Control Social de la Tecnología en la forma tradicional en la que esta materia ha sido tratada; la segunda, si es posible y aconsejable guiar al hombre en ese mundo potencial que se avecina; y la tercera, ¿cómo hacerlo?.
(Imagen arriba: FreeFoto.com)
A ello se refieren publicaciones actuales muy variadas, --ya mencionadas, por cierto-- debidas a autores tales como: Kurzveil (1999), Truett Anderson (1996), Stock (1993 y 2002), Silver (1998), Comings (1996), Dyaz (1999), Fukuyama (2002) y muchos otros.
Para los objetivos perseguidos en esta serie de notas sobre el hombre posthumano, relacionados con la conveniencia o no de guiar y controlar la investigación y la tecnología producida por el hombre, se revisarán someramente tres de esas publicaciones: Dyaz, Stock (2002) y Fukuyama.
La primera, titulada Mundo Artificial, es un libro reducido, aparentemente informal y desenfadado, publicado en España en 1998, por una editorial de divulgación atacada a veces por su literatura “basura”, pero que resulta enormemente sugerente y se adelanta en el tiempo a lo publicado a nivel internacional más recientemente. No se utiliza la denominación “Post-Humano”, pero si los conceptos que hay detrás de ella, sobre todo al establecer en su primer capítulo la ecuación:
Homo sapiens v.1.0 + hi-tech = Homo sapiens v.2.0
la cual se explica a lo largo de los tres siguientes, titulados: “Mente y tecnología”, “Cuerpo y tecnología” y “Vida artificial”.
El autor, un hombre polifacético, educado y muy informado, se declara totalmente partidario de lo artificial definido como: “todo aquello incapaz de aparecer de manera espontánea fuera del hábitat del ser humano o de cualquier derivación de dicho hábitat”. Parece, de hecho, despreciar todo lo natural y la naturaleza propiamente dicha, tachando de miedos y prejuicios, las reservas existentes en el mundo en cuanto a lo artificial y en cuanto a la defensa a ultranza de la naturaleza y los productos naturales. Productos, que en lo relativo a la alimentación, serán abolidos en el planeta, según él, tempranamente en el siglo actual.
En contra de una parte importante del pensamiento actual, el autor declara como objetivo del hombre el robo de terreno a lo natural con tecnología punta y la defensa del hombre ante la naturaleza, entre otras cosas, creando espacios artificiales en los que dicha naturaleza no esté presente.
(Imagen arriba:FreeFoto.com)
Para los objetivos perseguidos en esta serie de notas sobre el hombre posthumano, relacionados con la conveniencia o no de guiar y controlar la investigación y la tecnología producida por el hombre, se revisarán someramente tres de esas publicaciones: Dyaz, Stock (2002) y Fukuyama.
La primera, titulada Mundo Artificial, es un libro reducido, aparentemente informal y desenfadado, publicado en España en 1998, por una editorial de divulgación atacada a veces por su literatura “basura”, pero que resulta enormemente sugerente y se adelanta en el tiempo a lo publicado a nivel internacional más recientemente. No se utiliza la denominación “Post-Humano”, pero si los conceptos que hay detrás de ella, sobre todo al establecer en su primer capítulo la ecuación:
Homo sapiens v.1.0 + hi-tech = Homo sapiens v.2.0
la cual se explica a lo largo de los tres siguientes, titulados: “Mente y tecnología”, “Cuerpo y tecnología” y “Vida artificial”.
El autor, un hombre polifacético, educado y muy informado, se declara totalmente partidario de lo artificial definido como: “todo aquello incapaz de aparecer de manera espontánea fuera del hábitat del ser humano o de cualquier derivación de dicho hábitat”. Parece, de hecho, despreciar todo lo natural y la naturaleza propiamente dicha, tachando de miedos y prejuicios, las reservas existentes en el mundo en cuanto a lo artificial y en cuanto a la defensa a ultranza de la naturaleza y los productos naturales. Productos, que en lo relativo a la alimentación, serán abolidos en el planeta, según él, tempranamente en el siglo actual.
En contra de una parte importante del pensamiento actual, el autor declara como objetivo del hombre el robo de terreno a lo natural con tecnología punta y la defensa del hombre ante la naturaleza, entre otras cosas, creando espacios artificiales en los que dicha naturaleza no esté presente.
(Imagen arriba:FreeFoto.com)
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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