También en esa misma longitud de onda se sitúa el libro de Ray Kurzweil, The Age of Spiritual, Machines, un paso más en todos los sentidos en el camino iniciado con su anterior publicación, The Age of Intelligent Machines. Kurzveil, que es un reconocido y premiado inventor, padre de la primera lectora de textos comercializada, y que lleva años trabajando con los ordenadores --en el reconocimiento de patrones y otras técnicas--, aborda en sus textos el momento en el que los ordenadores sobrepasarán a la inteligencia humana y la época en la que las diferencias entre hombre y máquina se harán difusas, la línea de separación entre humanidad y tecnología se desvanecerá y la unión entre el alma y el chip será una realidad. (Kurzveil, 1999). la culminación de su pensamiento puede que se encuentre en su último libro, Singularity is Near, también referenciado en notas anteriores de este blog.
Estos libros forman parte de un área de publicaciones y debates conocida en Estados Unidos desde hace años como New Age. En ella se abordan los temas más avanzados y comprometidos presentes en nuestra sociedad, desde un punto de vista muy científico y, en principio, serio. No se trata de Ciencia Ficción, sino de pensamiento avanzado y quizás futurista, sobre las fronteras de nuestro mundo y sobre el futuro de la humanidad. El transhumanismo, el hombre post-humano y otras cuestiones, todas ellas muy relacionadas con la tecnología y con la actual revolución genética, son temas recurrentes dentro de ella.(Devereux, Steele y Kubrin)
(Foto arriba: FreeFoto.com)
Estos libros forman parte de un área de publicaciones y debates conocida en Estados Unidos desde hace años como New Age. En ella se abordan los temas más avanzados y comprometidos presentes en nuestra sociedad, desde un punto de vista muy científico y, en principio, serio. No se trata de Ciencia Ficción, sino de pensamiento avanzado y quizás futurista, sobre las fronteras de nuestro mundo y sobre el futuro de la humanidad. El transhumanismo, el hombre post-humano y otras cuestiones, todas ellas muy relacionadas con la tecnología y con la actual revolución genética, son temas recurrentes dentro de ella.(Devereux, Steele y Kubrin)
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No hay motivos pues, para pensar que la evolución no sigue actuando sobre nuestro mundo y sobre nosotros mismos. Esta es la tesis de Walter Truett Anderson, en su libro, Evolution. Isn't what it used to be. Cree este autor, en línea con lo que está en el ambiente de muchos foros norteamericanos, que se está produciendo una fuerte convergencia entre tecnologías y entre éstas y el propio hombre. Nuestras mentes ven su capacidad aumentada y la verán mucho más en el futuro por los ordenadores y nuevos artefactos actualmente en desarrollo. Nuestros cuerpos se ven también cada vez más afectados por vacunas, ortopedias, órganos artificiales e implantes diversos. El planeta en el que vivimos, por otra parte, se está transformando en un planeta biónico, remodelado, interconectado, cubierto de redes de información que analizan su salud, pronostican su futuro y gobiernan su ecosistema. La convergencia entre las tecnologías de la información y las llamadas bio-ciencias, o ciencias de la vida, -- a lo que ya nos hemos referido ampliamente en este blog al hablar de la convergencia NBIC-- es una realidad palmaria en la actualidad según este autor. Señala también que ninguna de los actuales grandes líneas de investigación tales como la recombinación del ADN, el Proyecto Genoma Humano, o la terapia genética de la que tanto se habla, existirían si no dispusiéramos de los ordenadores avanzados de nuestros días, lo cual muestra que nuestra evolución tiene una lógica general en la cual todo está interconectado. Estamos descifrando el código de la genética humana, aprendiendo cómo alterarlo, transformando la estructura genética de otras especies y creando nuevas formas de vida. La biónica en resumen está desarrollándose ante nosotros y es lógico pensar que esa sea la nueva revolución tecnológica en la que nos veamos inmersos en las próximas décadas, sin que podamos hacer demasiado por evitarlo. (Truett Anderson, 1996)
En esa misma dirección, pero quizás con características más extremas, apunta todo lo que indica el autor español Antonio Dyaz (al que también nos hemos referid en su curioso libro Mundo Artificial, en el que prevé un mundo, y de hecho aboga por él, en el que la tecnología invadirá la mente, el cuerpo y la vida del ser humano. En la cronología de acontecimientos que hace para el siglo XXI, señala el año 2100, como fecha en la que se producirá la muerte y disección del último ser humano. Para entonces, según el autor, toda la vida inteligente sobre la Tierra será artificial, y el mundo convertido en un cerebro global habrá tomado conciencia de sí mismo. (Dyaz, 1998).
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En esa misma dirección, pero quizás con características más extremas, apunta todo lo que indica el autor español Antonio Dyaz (al que también nos hemos referid en su curioso libro Mundo Artificial, en el que prevé un mundo, y de hecho aboga por él, en el que la tecnología invadirá la mente, el cuerpo y la vida del ser humano. En la cronología de acontecimientos que hace para el siglo XXI, señala el año 2100, como fecha en la que se producirá la muerte y disección del último ser humano. Para entonces, según el autor, toda la vida inteligente sobre la Tierra será artificial, y el mundo convertido en un cerebro global habrá tomado conciencia de sí mismo. (Dyaz, 1998).
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La muerte de Richard Rorty nos da pie para ciertas reflexiones sobre el hombre y su naturaleza. Sobre lo que es, sobre lo que hace en este mundo y sobre la capacidad de su cerebro para interpretar a ese mundo e intrpretarse a sí mismo. Arrancando quizás del hecho ya glosado en este blog de considerar a la tecnología como parte consustancial de la naturaleza del hombre, de su carácter de elemento imprescindible para su subsistencia y de la inevitabilidad de su evolución, o incluso, la imposibilidad de su desaceleración. El hombre por otra parte, en relación con esas cuestiones, digamos que filosóficas, parece tener características propias no acordes con ciertos corsés que a veces se le quieren imponer o con ciertos ideales y utopías sobre el mundo y la sociedad humana, surgidos de las acaloradas --pero poco informadas-- mentes de algunos miembros de su propia especie.
La humanidad parece estar sometida a una evolución dirigida por la flecha del tiempo que transciende y supera cualquier explicación temporal de los hombres y sobre todo cualquier intento de ellos mismos, de limitar sus potencialidades. Nos parece en ocasiones que controlamos y organizamos nuestras sociedades, pero en realidad es muy poco lo que logramos hacer en este sentido en comparación con la fuerza incontrolable de nuestra naturaleza y la creatividad exuberante del hombre, incluida su creatividad tecnológica.
La evolución continúa actuando sobre nuestro mundo
Si creemos en la teoría de la evolución de las especies formulada inicialmente por Charles Darwin, pero revisada y actualizada en múltiples ocasiones desde el año 1859 en el que el gran naturalista inglés publicó su famoso libro, El origen de las especies, hay que concluir que durante muchos milenios la naturaleza, incluyendo dentro de ella al hombre, evolucionó sin que nadie organizara ni controlara dicha evolución. La tecnología o capacidad para construir utensilios, aparece en el hombre mucho antes que su capacidad para pensar y reflexionar, y a partir de su aparición colabora de forma destacada en el ascenso del hombre.
En un determinado momento --no de la noche a la mañana desde luego--, muy cercano a nosotros en comparación con la edad de nuestro planeta, el hombre adquiere la capacidad de reflexión y cree que el mundo depende de ella, pero en realidad no es así, salvo, definitivamente, para lo malo. Ni siquiera para eso, si aceptamos las explicaciones de James Lovelock , el cual en su libro The Age of Gaia y en varios otros, explica que la Tierra es como un ser vivo que sabe muy lo que le conviene y que no se dejará destruir por uno de los seres vivos que deja vivir sobre su superficie. Si el hombre y todo lo creado por él llegara a poner en peligro la supervivencia del planeta, de sus árboles, ríos y otros animales, ella misma se desharía del hombre. (Lovelock, 1995)
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La humanidad parece estar sometida a una evolución dirigida por la flecha del tiempo que transciende y supera cualquier explicación temporal de los hombres y sobre todo cualquier intento de ellos mismos, de limitar sus potencialidades. Nos parece en ocasiones que controlamos y organizamos nuestras sociedades, pero en realidad es muy poco lo que logramos hacer en este sentido en comparación con la fuerza incontrolable de nuestra naturaleza y la creatividad exuberante del hombre, incluida su creatividad tecnológica.
La evolución continúa actuando sobre nuestro mundo
Si creemos en la teoría de la evolución de las especies formulada inicialmente por Charles Darwin, pero revisada y actualizada en múltiples ocasiones desde el año 1859 en el que el gran naturalista inglés publicó su famoso libro, El origen de las especies, hay que concluir que durante muchos milenios la naturaleza, incluyendo dentro de ella al hombre, evolucionó sin que nadie organizara ni controlara dicha evolución. La tecnología o capacidad para construir utensilios, aparece en el hombre mucho antes que su capacidad para pensar y reflexionar, y a partir de su aparición colabora de forma destacada en el ascenso del hombre.
En un determinado momento --no de la noche a la mañana desde luego--, muy cercano a nosotros en comparación con la edad de nuestro planeta, el hombre adquiere la capacidad de reflexión y cree que el mundo depende de ella, pero en realidad no es así, salvo, definitivamente, para lo malo. Ni siquiera para eso, si aceptamos las explicaciones de James Lovelock , el cual en su libro The Age of Gaia y en varios otros, explica que la Tierra es como un ser vivo que sabe muy lo que le conviene y que no se dejará destruir por uno de los seres vivos que deja vivir sobre su superficie. Si el hombre y todo lo creado por él llegara a poner en peligro la supervivencia del planeta, de sus árboles, ríos y otros animales, ella misma se desharía del hombre. (Lovelock, 1995)
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Debido a mis obligaciones como profesor universitario, más intensas en la época de exámenes finales, informes sobre los alumnos e informes anuales de actividades, he estado alejado de este blog durante unas semanas. Lo siento y prometo una nueva etapa con más continuidad y atención.
Había dejado varios temas abiertos que prometo asimismo tratar en próximas entregas. En concreto me gustaría referirme a: 1) La reunión del Proyecto LINK celebrada en Beijing del 13 al 17 de mayo de 2007; 2) La Economía Wiki introducida por Don Tapscott; y 3)Bioética, como continuidad de mis comentarios sobre Evaluación Social de la Tecnología.
Comienzo sin embargo haciendo referencia al reciente fallecimiento de Richard Rorty el gran filósofo americano de los últimos tiempos, seguidor y renovador del pragmatismo americano que se fue para mal de todos el pasado 8 de junio de 2007. Ocurrió en Palo Alto, California, en donde había profesado en la Universidad de Stanford como profesor de Literatura Comparativa y profesor también "by courtesy", de filosofía. Había nacido en la ciudad de Nueva York en octubre de 1931 por lo que no había cumplido todavía los 76 años, una edad temprana todavía en nuestros tiempos. Ha sido el cáncer de páncreas el que ha cortado una vida muy activa con multitud de publicaciones destacadas y con un enorme éxito mundial.
Parte de tal éxito se debe sin duda a su cercanía a los problemas concretos y diaríos de nuestra sociedad, a su adscripción a los principios básicos del pragmatismo en el sentido de que las ideas deben estar siempre al servicio de la acción, su crítica moderna a la metafísica y su propuesta firme de que la Teoría esté al sevicio de lo concreto y no al contrario.
El hecho mismo de ser en primer lugar un profesor de literautra que se consideraba un filósofo como segunda actividad (ya que la filosofía no puede ni deber ser, según él, una actividad primaria y exclusiva), a pesar de sus grandes aportaciones filosóficas, lo hace muy atractivo y cercano a los que tenemos una cierta afición por la Filosofía y estamos cerca de las obras de John Dewey, William James, los más cercanos a nosotros, W. Quine, Willfrid Sellars, y otros filósofos pragmáticos americanos
Adolfo Castilla
Había dejado varios temas abiertos que prometo asimismo tratar en próximas entregas. En concreto me gustaría referirme a: 1) La reunión del Proyecto LINK celebrada en Beijing del 13 al 17 de mayo de 2007; 2) La Economía Wiki introducida por Don Tapscott; y 3)Bioética, como continuidad de mis comentarios sobre Evaluación Social de la Tecnología.
Comienzo sin embargo haciendo referencia al reciente fallecimiento de Richard Rorty el gran filósofo americano de los últimos tiempos, seguidor y renovador del pragmatismo americano que se fue para mal de todos el pasado 8 de junio de 2007. Ocurrió en Palo Alto, California, en donde había profesado en la Universidad de Stanford como profesor de Literatura Comparativa y profesor también "by courtesy", de filosofía. Había nacido en la ciudad de Nueva York en octubre de 1931 por lo que no había cumplido todavía los 76 años, una edad temprana todavía en nuestros tiempos. Ha sido el cáncer de páncreas el que ha cortado una vida muy activa con multitud de publicaciones destacadas y con un enorme éxito mundial.
Parte de tal éxito se debe sin duda a su cercanía a los problemas concretos y diaríos de nuestra sociedad, a su adscripción a los principios básicos del pragmatismo en el sentido de que las ideas deben estar siempre al servicio de la acción, su crítica moderna a la metafísica y su propuesta firme de que la Teoría esté al sevicio de lo concreto y no al contrario.
El hecho mismo de ser en primer lugar un profesor de literautra que se consideraba un filósofo como segunda actividad (ya que la filosofía no puede ni deber ser, según él, una actividad primaria y exclusiva), a pesar de sus grandes aportaciones filosóficas, lo hace muy atractivo y cercano a los que tenemos una cierta afición por la Filosofía y estamos cerca de las obras de John Dewey, William James, los más cercanos a nosotros, W. Quine, Willfrid Sellars, y otros filósofos pragmáticos americanos
Adolfo Castilla
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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