El hombre como ser radiante
El filósofo, rumano de nacimiento pero francés de adopción, muerto en París en junio de 1995, E. M. Cioran, ha dejado escritas frases como las siguientes:
“Todo se puede sofocar en el hombre, salvo la necesidad del absoluto, que
sobrevivirá a la destrucción de los templos, e incluso a la desaparición de
la religión sobre la tierra”
“No se puede apartar al hombre de lo que verdaderamente es, de sus propias
profundidades…” (Cioran, 1995)
Muchos otros filósofos se han referido a esta poderosa fuerza interior del hombre hasta tal punto que es lógico considerarla como esencial y antropológica en él. Aparte de muchas otras cosas más, el hombre es un ser "radiante", en el sentido de que de su interior, radia, emana o fluye, espontáneamente, todo lo que vemos a nuestro alrededor no ligado directamente a la naturaleza. Nuestro mundo de grandes urbes, grandes medios de transporte, grandes obras civiles, grandes sistemas de comunicación y grandes centrales productoras o transformadoras de energía, es un mundo artificial que no existiría sin el hombre. Es un mundo aparentemente ajeno a la naturaleza inorgánica, vegetal o puramente animal, de nuestro planeta y, por lo que sabemos, a la de los planetas y satélites cercanos.
Del interior del hombre salen fundamentalmente, ideas, pero antes de ellas, el hombre, y sus antecesores, fueron capaces de emitir sonidos para expresar algo y de manejar sus manos para hacer utensilios. En términos más precisos, y seguramente históricos, se podría decir que del interior del hombre salen, sonidos guturales, tecnología, arte, palabras, escritura, ideas abstractas y explicaciones científicas. El hombre es en este sentido un torrente imposible de contener, ya sea por su dinámica interna radiante, o "irradiante", o por su capacidad para responder a las dificultades procedentes de su entorno, con soluciones imaginadas desde su interior. A veces da también la impresión de que lo hace porque las metas están delante de él y no se puede resistir a alcanzarlas. Otras, sorprende también, por su capacidad para hacer el mal y destruir.
Es difícil saber con precisión como ocurrieron las cosas en los primeros tiempos de la emergencia del ser humano, pero da la impresión de que mucho antes de que el hombre aprendiera a pensar e incluso a hablar, aprendió a hacer herramientas. El uso de la quijada de un asno para defenderse de otros animales, o desgraciadamente para matar a un semejante, es un primer paso en su ascenso como ser inteligente y consciente.
La piedra de silex golpeada contra otra, el tronco de un árbol vaciado y colocado sobre el agua para flotar, el uso de la fuerza del viento, el “invento” o descubrimiento del fuego, etc., son tempranas apariciones de la técnica o de la tecnología, que nos hablan de su carácter genuinamente humano. Sin mucha discusión se podría decir que la tecnología es parte consustancial del hombre y que ha evolucionado con él en un proceso interactivo continuo, desde que el hombre es hombre hasta nuestros días.
Transcurrió mucho tiempo hasta que el hombre domesticó a los animales, y mucho más hasta que inventó el estribo, la rueda y el carro. El arado vino después y muchos otros inventos tecnológicos elementales. Con ellos el hombre transformó su mundo, se liberó de las fuertes limitaciones a las que lo condenaba su entorno físico y, admitámoslo o no, fue ascendiendo peldaños en la escala de su evolución.
Hablando de individuos o de grupos de individuos, ya sean razas, tribus o pueblos, no cabe la menor duda de que hay, y ha habido, unos más "radiantes" o creativos que otros. Las épocas también han influido en esta desigual respuesta del hombre, resultando hechos constatables los ascensos y decadencias de los pueblos y de las culturas. Es decir, pueblos activos y creativos ayer pueden estar hoy sumidos en la pasividad y la ignorancia.
En relación con la tecnología ha preocupado mucho, especialmente en la segunda mitad del presente siglo, el por qué, el cuando y el cómo de la creatividad tecnológica. Es algo así como preguntarse por: ¿qué es lo que recarga las pilas internas del hombre?. Esta pregunta daría paso a un área adicional a las ya demasiadas, abiertas en este trabajo. Es el área de la invención, de la innovación y de la creatividad tecnológica. En ella se han derramado ríos de tinta desde que en los años 50 economistas americanos, entre ellos Robert Solow, explicaran la importancia de la tecnología en el crecimiento a largo plazo de la economía americana, como ya se ha indicado anteriormente, y desde que en los años 60 la OCDE realizara sus primeros estudios generales sobre el desarrollo tecnológico y sobre los gastos en I+D de los distintos países miembros de esta organización.
En términos históricos muy generales sabemos que el mundo científico y tecnológico actual, es producto desde el Renacimiento para acá, de la creatividad de Occidente y más certeramente, por lo que se refiere a los siglos XVI, XVII y XVIII, de la creatividad e iniciativa de los grandes países europeos. Inglaterra tiene el honor de haber culminado la Revolución Industrial y los países anglosajones, incluyendo dentro de ellos a Estados Unidos, el de seguir liderando la producción de tecnología mundial. El tema ha sido tratado en multitud de obras, algunas citadas en el apartado anterior, pero hay un libro reciente que describe magistralmente el éxito y la tragedia de Eurasia, creando el mundo moderno y al mismo tiempo, conquistando, desplazando y diezmando a las poblaciones autóctonas de otras partes del mundo. Se trata de Armas, Gérmenes y Acero, de Jared Diamond. (Diamond, 1998)
Para lo que aquí interesa basta dibujar una imagen de ese animal racional productor de ideas y utensilios que es el hombre. Arriba a la derecha puede verse dicha imagen en la que faltarían las palabras, ciencia, arte, sensasiones y tecnología en las cuatro flechas que van sin título
El filósofo, rumano de nacimiento pero francés de adopción, muerto en París en junio de 1995, E. M. Cioran, ha dejado escritas frases como las siguientes:
“Todo se puede sofocar en el hombre, salvo la necesidad del absoluto, que
sobrevivirá a la destrucción de los templos, e incluso a la desaparición de
la religión sobre la tierra”
“No se puede apartar al hombre de lo que verdaderamente es, de sus propias
profundidades…” (Cioran, 1995)
Muchos otros filósofos se han referido a esta poderosa fuerza interior del hombre hasta tal punto que es lógico considerarla como esencial y antropológica en él. Aparte de muchas otras cosas más, el hombre es un ser "radiante", en el sentido de que de su interior, radia, emana o fluye, espontáneamente, todo lo que vemos a nuestro alrededor no ligado directamente a la naturaleza. Nuestro mundo de grandes urbes, grandes medios de transporte, grandes obras civiles, grandes sistemas de comunicación y grandes centrales productoras o transformadoras de energía, es un mundo artificial que no existiría sin el hombre. Es un mundo aparentemente ajeno a la naturaleza inorgánica, vegetal o puramente animal, de nuestro planeta y, por lo que sabemos, a la de los planetas y satélites cercanos.
Del interior del hombre salen fundamentalmente, ideas, pero antes de ellas, el hombre, y sus antecesores, fueron capaces de emitir sonidos para expresar algo y de manejar sus manos para hacer utensilios. En términos más precisos, y seguramente históricos, se podría decir que del interior del hombre salen, sonidos guturales, tecnología, arte, palabras, escritura, ideas abstractas y explicaciones científicas. El hombre es en este sentido un torrente imposible de contener, ya sea por su dinámica interna radiante, o "irradiante", o por su capacidad para responder a las dificultades procedentes de su entorno, con soluciones imaginadas desde su interior. A veces da también la impresión de que lo hace porque las metas están delante de él y no se puede resistir a alcanzarlas. Otras, sorprende también, por su capacidad para hacer el mal y destruir.
Es difícil saber con precisión como ocurrieron las cosas en los primeros tiempos de la emergencia del ser humano, pero da la impresión de que mucho antes de que el hombre aprendiera a pensar e incluso a hablar, aprendió a hacer herramientas. El uso de la quijada de un asno para defenderse de otros animales, o desgraciadamente para matar a un semejante, es un primer paso en su ascenso como ser inteligente y consciente.
La piedra de silex golpeada contra otra, el tronco de un árbol vaciado y colocado sobre el agua para flotar, el uso de la fuerza del viento, el “invento” o descubrimiento del fuego, etc., son tempranas apariciones de la técnica o de la tecnología, que nos hablan de su carácter genuinamente humano. Sin mucha discusión se podría decir que la tecnología es parte consustancial del hombre y que ha evolucionado con él en un proceso interactivo continuo, desde que el hombre es hombre hasta nuestros días.
Transcurrió mucho tiempo hasta que el hombre domesticó a los animales, y mucho más hasta que inventó el estribo, la rueda y el carro. El arado vino después y muchos otros inventos tecnológicos elementales. Con ellos el hombre transformó su mundo, se liberó de las fuertes limitaciones a las que lo condenaba su entorno físico y, admitámoslo o no, fue ascendiendo peldaños en la escala de su evolución.
Hablando de individuos o de grupos de individuos, ya sean razas, tribus o pueblos, no cabe la menor duda de que hay, y ha habido, unos más "radiantes" o creativos que otros. Las épocas también han influido en esta desigual respuesta del hombre, resultando hechos constatables los ascensos y decadencias de los pueblos y de las culturas. Es decir, pueblos activos y creativos ayer pueden estar hoy sumidos en la pasividad y la ignorancia.
En relación con la tecnología ha preocupado mucho, especialmente en la segunda mitad del presente siglo, el por qué, el cuando y el cómo de la creatividad tecnológica. Es algo así como preguntarse por: ¿qué es lo que recarga las pilas internas del hombre?. Esta pregunta daría paso a un área adicional a las ya demasiadas, abiertas en este trabajo. Es el área de la invención, de la innovación y de la creatividad tecnológica. En ella se han derramado ríos de tinta desde que en los años 50 economistas americanos, entre ellos Robert Solow, explicaran la importancia de la tecnología en el crecimiento a largo plazo de la economía americana, como ya se ha indicado anteriormente, y desde que en los años 60 la OCDE realizara sus primeros estudios generales sobre el desarrollo tecnológico y sobre los gastos en I+D de los distintos países miembros de esta organización.
En términos históricos muy generales sabemos que el mundo científico y tecnológico actual, es producto desde el Renacimiento para acá, de la creatividad de Occidente y más certeramente, por lo que se refiere a los siglos XVI, XVII y XVIII, de la creatividad e iniciativa de los grandes países europeos. Inglaterra tiene el honor de haber culminado la Revolución Industrial y los países anglosajones, incluyendo dentro de ellos a Estados Unidos, el de seguir liderando la producción de tecnología mundial. El tema ha sido tratado en multitud de obras, algunas citadas en el apartado anterior, pero hay un libro reciente que describe magistralmente el éxito y la tragedia de Eurasia, creando el mundo moderno y al mismo tiempo, conquistando, desplazando y diezmando a las poblaciones autóctonas de otras partes del mundo. Se trata de Armas, Gérmenes y Acero, de Jared Diamond. (Diamond, 1998)
Para lo que aquí interesa basta dibujar una imagen de ese animal racional productor de ideas y utensilios que es el hombre. Arriba a la derecha puede verse dicha imagen en la que faltarían las palabras, ciencia, arte, sensasiones y tecnología en las cuatro flechas que van sin título
Interpretada en ese último sentido, se puede decir que en lo relativo al mundo occidental, han existido cuatro grandes "cosmogonías". La griega, que era fundamentalmente animista, creyendo en un devenir del mundo del que el hombre formaba parte y sobre el que tenía muy poco que hacer. Como sabemos, esa posición básica de que las cosas no dependían del hombre, especialmente en lo físico, hizo que la tecnología evolucionara relativamente poco, en términos diarios y corrientes a lo largo de la civilización helena. Los romanos más adelante compartieron esa visión y la época cristiana que siguió, también hasta cierto punto, aunque por otros motivos.
Una segunda cosmogonía surge con el Renacimiento, y tiene características muy distintas. El mecanicismo es una de ellas. Los monjes en sus largos encierros medievales en los que fundamentalmente han observado el transcurrir del tiempo, han aprendido a medirlo construyendo el reloj mecánico. De ese instrumento surge la idea de Dios como gran relojero del mundo y como gran constructor de mecanismos. El hombre a partir de entonces se entrega a la construcción de máquinas y a actuar sobre la naturaleza a imagen de su Creador. (Mundford,
Una tercera cosmogonía podría situarse hacia 1824, cuando el ingeniero militar y científico francés, Nicolás Léonard Sadi Carnot, formuló el segundo principio de la termodinámica, también llamado "Principio de Carnot". El evolucionismo de Darwin y otros avances del pensamiento contribuyen también a crear una nueva visión del mundo y del papel del hombre. El mundo ya no es fundamentalmente estático y pasivo sino que está sometido a las leyes de la evolución y puede rechazar los intentos del hombre por cambiarlo. Es difícil establecer conexiones claras entre las ideas realmente abstractas sobre lo que somos y lo que hacemos aquí y el mundo concreto de las máquinas y la tecnología, pero no sería difícil sugerir, que el hombre, a partir de un determinado momento y guiado por las nuevas ideas comience a construir sistemas (el ordenador y la simbiosis de la tecnología digital con multitud de actividades), en vez de máquinas. (Carnot, 1987)
Podría decirse en esta línea que la teoría cuántica, actualmente en fase de difusión en la sociedad , es decir, en fase de ser conocida y entendida por la generalidad de las personas, constituiría una nueva cosmogonía. Sus resultados en términos de aparatos construidos por el hombre y de tecnología resultan difíciles de prever, pero algunas ideas pueden ser adelantadas. La nanotecnología, la biotecnología y los grandes avances en los viajes por el espacio pueden ser algunas de sus consecuencias.
Hay que reconocer la debilidad de las últimas argumentaciones, entre otras cosas por la poca evidencia de las relaciones entre las ideas interpretativas de carácter abstracto y general y la tecnología como algo concreto que surge por combinación de elementos diversos, muchos de ellos de tipo artesanal, pero no hay duda de que el pensamiento orienta a la acción. De forma no siempre lineal y directa, sin saber muy bien cómo y con decalajes temporales mayores o menores, parece que las ideas originales, a veces, de oscuros pensadores, terminan influyendo en las personas corrientes. En cualquier caso y para lo que interesa en este blog, es preferible tomar como referencia esa tecnología que fluye continuamente del hombre y que constituye el soporte y el punto de apoyo de la mayor parte de su vida, especialmente en aquello que tiene que ver con su supervivencia, su desarrollo y su calidad de vida. A ese aspecto de la tecnología nos vamos a referir ahora, en el ejercicio formal de prospectiva, o de reflexión hacia delante, que intentamos a continuación. Pero para ello conviene, a la vista de las dudas actuales y a las continuas falsas interpretaciones sobre el hombre y las sociedades por él creadas, señalar algunos de sus rasgos característicos. En particular, aquellos que tienen que ver con la creación de tecnología y con esa acumulación exponencial de la misma observada en el presente siglo.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
Una segunda cosmogonía surge con el Renacimiento, y tiene características muy distintas. El mecanicismo es una de ellas. Los monjes en sus largos encierros medievales en los que fundamentalmente han observado el transcurrir del tiempo, han aprendido a medirlo construyendo el reloj mecánico. De ese instrumento surge la idea de Dios como gran relojero del mundo y como gran constructor de mecanismos. El hombre a partir de entonces se entrega a la construcción de máquinas y a actuar sobre la naturaleza a imagen de su Creador. (Mundford,
Una tercera cosmogonía podría situarse hacia 1824, cuando el ingeniero militar y científico francés, Nicolás Léonard Sadi Carnot, formuló el segundo principio de la termodinámica, también llamado "Principio de Carnot". El evolucionismo de Darwin y otros avances del pensamiento contribuyen también a crear una nueva visión del mundo y del papel del hombre. El mundo ya no es fundamentalmente estático y pasivo sino que está sometido a las leyes de la evolución y puede rechazar los intentos del hombre por cambiarlo. Es difícil establecer conexiones claras entre las ideas realmente abstractas sobre lo que somos y lo que hacemos aquí y el mundo concreto de las máquinas y la tecnología, pero no sería difícil sugerir, que el hombre, a partir de un determinado momento y guiado por las nuevas ideas comience a construir sistemas (el ordenador y la simbiosis de la tecnología digital con multitud de actividades), en vez de máquinas. (Carnot, 1987)
Podría decirse en esta línea que la teoría cuántica, actualmente en fase de difusión en la sociedad , es decir, en fase de ser conocida y entendida por la generalidad de las personas, constituiría una nueva cosmogonía. Sus resultados en términos de aparatos construidos por el hombre y de tecnología resultan difíciles de prever, pero algunas ideas pueden ser adelantadas. La nanotecnología, la biotecnología y los grandes avances en los viajes por el espacio pueden ser algunas de sus consecuencias.
Hay que reconocer la debilidad de las últimas argumentaciones, entre otras cosas por la poca evidencia de las relaciones entre las ideas interpretativas de carácter abstracto y general y la tecnología como algo concreto que surge por combinación de elementos diversos, muchos de ellos de tipo artesanal, pero no hay duda de que el pensamiento orienta a la acción. De forma no siempre lineal y directa, sin saber muy bien cómo y con decalajes temporales mayores o menores, parece que las ideas originales, a veces, de oscuros pensadores, terminan influyendo en las personas corrientes. En cualquier caso y para lo que interesa en este blog, es preferible tomar como referencia esa tecnología que fluye continuamente del hombre y que constituye el soporte y el punto de apoyo de la mayor parte de su vida, especialmente en aquello que tiene que ver con su supervivencia, su desarrollo y su calidad de vida. A ese aspecto de la tecnología nos vamos a referir ahora, en el ejercicio formal de prospectiva, o de reflexión hacia delante, que intentamos a continuación. Pero para ello conviene, a la vista de las dudas actuales y a las continuas falsas interpretaciones sobre el hombre y las sociedades por él creadas, señalar algunos de sus rasgos característicos. En particular, aquellos que tienen que ver con la creación de tecnología y con esa acumulación exponencial de la misma observada en el presente siglo.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
Maestro y antecesor de esa autora y de muchos otros en este terreno de cambio de la mentalidad humana y aparición de una nueva conciencia, es, Willis Harman, autor de un libro brillante con el que culminó su carrera, su obra en el Institute of Noetic Sciences de California. y su vida. El libro, Global Mind Change, al que nos referiremos de nuevo más adelante, fue aclamado en Estados Unidos a raíz de su publicación en 1998, poco tiempo después de la muerte de Harman, como un "soberbio testamento sobre el espíritu humano destinado al mundo moderno y post-moderno". (Harman,1998)
Es curioso pero, frente a tanto sistema interpretativo que se viene abajo, frente a un mundo en que no hay verdades absolutas, frente a unas leyes que se reinterpretan continuamente, sólo una cosa parece mantenerse sólida: la tecnología. Para bien o para mal el avance tecnológico continua firme en nuestros días ajeno a sí las leyes físicas se cumplen o no y a sí el hombre tiene dudas sobre la ciencia y las leyes que el mismo construye. Al igual que en la época más pretérita del hombre, la tecnología fluye de forma continua como una realidad a prueba de controversias, y estando o no de acuerdo con la teoría existente. Su utilidad la hace inevitable
La tecnología se mantiene en efecto muy activa movida por fuerzas diversas, entre las que se pueden mencionar a las económicas con un papel destacado. La tecnología evoluciona de una manera autónoma, aunque existan fuertes lazos con los diversos avances científicos. Esta es una de las la tesis sugeridas en el presente trabajo y también la opinión defendida por autores diversos, entre ellos por Langdon Winner en su libro, Tecnología Autónoma, y Ernst Braun en el suyo, Tecnología Rebelde. (Winner, 1979 y Braun, 1986)
Debe preocuparnos sin embargo, las relaciones que pueden existir entre las grandes interpretaciones del hombre sobre su mundo y sobre él mismo y la tecnología que termina abriéndose camino en la sociedad. No hay grandes experiencias en este terreno porque al fin y al cabo la historia de la humanidad consciente no es tan larga como pudiera parecernos. Como hemos dicho anteriormente la historia del verdadero hombre comienza con el Renacimiento lo que significa un periodo de apenas 500 años. Nada en términos de "cosmogonias". Esta nueva palabra se refiere estrictamente hablando a la formación primigenia de la materia y al origen del mundo, pero en un sentido más particular es también utilizada para designar a las grandes interpretaciones generales del hombre sobre su mundo y sobre lo que el mismo hombre hace en él.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
Es curioso pero, frente a tanto sistema interpretativo que se viene abajo, frente a un mundo en que no hay verdades absolutas, frente a unas leyes que se reinterpretan continuamente, sólo una cosa parece mantenerse sólida: la tecnología. Para bien o para mal el avance tecnológico continua firme en nuestros días ajeno a sí las leyes físicas se cumplen o no y a sí el hombre tiene dudas sobre la ciencia y las leyes que el mismo construye. Al igual que en la época más pretérita del hombre, la tecnología fluye de forma continua como una realidad a prueba de controversias, y estando o no de acuerdo con la teoría existente. Su utilidad la hace inevitable
La tecnología se mantiene en efecto muy activa movida por fuerzas diversas, entre las que se pueden mencionar a las económicas con un papel destacado. La tecnología evoluciona de una manera autónoma, aunque existan fuertes lazos con los diversos avances científicos. Esta es una de las la tesis sugeridas en el presente trabajo y también la opinión defendida por autores diversos, entre ellos por Langdon Winner en su libro, Tecnología Autónoma, y Ernst Braun en el suyo, Tecnología Rebelde. (Winner, 1979 y Braun, 1986)
Debe preocuparnos sin embargo, las relaciones que pueden existir entre las grandes interpretaciones del hombre sobre su mundo y sobre él mismo y la tecnología que termina abriéndose camino en la sociedad. No hay grandes experiencias en este terreno porque al fin y al cabo la historia de la humanidad consciente no es tan larga como pudiera parecernos. Como hemos dicho anteriormente la historia del verdadero hombre comienza con el Renacimiento lo que significa un periodo de apenas 500 años. Nada en términos de "cosmogonias". Esta nueva palabra se refiere estrictamente hablando a la formación primigenia de la materia y al origen del mundo, pero en un sentido más particular es también utilizada para designar a las grandes interpretaciones generales del hombre sobre su mundo y sobre lo que el mismo hombre hace en él.
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Tres pequeñas reflexiones al hilo de esta breve incursión en la Filosofía y en la Ciencia. Una, la constatación de que la pérdida de referencias que supuso el Renacimiento y la entrada en la filosofía moderna, debió ser incomparablemente más intensa y grave que la crisis actual del pensamiento. Revisando la labor de los grandes filósofos nos parece todo un proceso lógico y continuo, pero nadie nos habla de lo que debió ser la vida de las personas corrientes. De algo de eso tenemos crueles muestras: Giordano Bruno, entre muchos otros, fue acusado de hereje y quemado vivo en la plaza pública. Otra, la constatación también de que los grandes descubrimientos filosóficos de hace tres siglos están hoy sometidos de nuevo a revisión. Y una tercera, que en paralelo con esos avances del pensamiento de ayer y de hoy, en paralelo con las dudas y vacilaciones, los hombres en la época de la Ilustración y en la época actual, siguen avanzando en el desarrollo de nuevas tecnologías y nuevos servicios, aparentemente sin grandes conexiones entre ambas actividades.
La no admisión de dogmas es algo implícito a esta cultura de final del milenio y de ello algunos sacan conclusiones muy pesimistas. Aparte de los que sencillamente no reflexionan o de los que sólo piensan en el corto plazo y en el beneficio inmediato, cuatro grandes actitudes reflexivas pueden encontrarse hoy entre nosotros. Una, la pesimista: reactiva, conservadora y en sus peores versiones, apocalíptica, fundamentalista y dogmática. Otra, la optimista a ultranza: la tecnología y la ciencia nos ha traído hasta aquí y la tecnología y la ciencia nos sacará de aquí. Otra, la escéptica: quizás reflejada en la frase de Isaiah Berlin, "Creo que el escepticismo es un valor eterno que debemos preservar. Flotamos en un barco sin capitán e ignoramos dónde está el puerto. Hay que seguir, pues, navegando" Y una cuarta, a la que me gustaría adscribirme, la evolutiva: para bien o para mal nuestro mundo está en marcha y, a pesar de todos los males en él vigentes, un porcentaje cada vez más amplio de nuestra población parece vivir medianamente bien durante cada vez más largos periodos de tiempo. Por otra parte, nuestro planeta, nuestro sistema solar y nuestra raza pueden desaparecer mañana, pero también pueden durar cincuenta milenios más, como nos dicen astrónomos y cosmólogos. En resumen, no es mala idea colaborar con la evolución en cuanto al destino de eso a lo que hoy llamamos Hombre. (Ver Sorman, 1991 y Tezanos, Montero y Diaz 1997)
La última puede que sea una actitud prospectiva, ya que el verdadero prospectivista debe ser como el timonel de un barco en medio de la tempestad. Su misión es la de no abandonar el timón y tener esperanza en que la calma llegará y el sol volverá a salir como cada mañana. Mientras tanto, rolar con el viento y contribuir con su esfuerzo a sacar partido del empuje de las olas adaptándose a ellas, es la mejor recomendación. Al menos esa es la apuesta de una prospectivista, o futurista, americana muy activa en los años 90, Barbara Max Hubbar, autora de libros éxito tales como Conscious Evolution y The Revelation. A Message of Hope for the New Millennium. (Max Hubbar, 1995 y 1998)
Contribuir con la evolución y aceptar conscientemente el papel de co-creadores con Dios de nuestro mundo, es la propuesta de esta autora. Ideas como, que la verdadera naturaleza de nuestro mundo es la transformación y el cambio, que estamos en medio de una gran metamorfosis o cambio cuántico, que aceptarlo y colaborar a la transición son las posturas adecuadas y que es posible un "despertar" del hombre moderno y la aparición de una consciencia colectiva a favor de un mundo mejor que el actual, son descritas en sus obras y sus conferencias con gran poder de persuasión. Existe según ella la posibilidad clara de la aparición en nuestro mundo de una consciencia colectiva, ética, ecologista, evolutiva,
humanista y espiritualista, que permita al mundo conjurar y superar las amenazas procedentes de la polución y el deterioro del medio ambiente, de la tecnología avanzada de nuestros días, del agotamiento de los recursos naturales, de la superpoblación y, de la desigualdad, entre otros problemas.. Explicar cómo ese salto hacia la evolución consciente se puede dar e invitar a los habitantes de nuestro mundo a hacerlo, es también parte de lo que sus libros y las instituciones por ella creadas, están tratando de hacer.
(Foto arriba: FreeFoto.com)
La no admisión de dogmas es algo implícito a esta cultura de final del milenio y de ello algunos sacan conclusiones muy pesimistas. Aparte de los que sencillamente no reflexionan o de los que sólo piensan en el corto plazo y en el beneficio inmediato, cuatro grandes actitudes reflexivas pueden encontrarse hoy entre nosotros. Una, la pesimista: reactiva, conservadora y en sus peores versiones, apocalíptica, fundamentalista y dogmática. Otra, la optimista a ultranza: la tecnología y la ciencia nos ha traído hasta aquí y la tecnología y la ciencia nos sacará de aquí. Otra, la escéptica: quizás reflejada en la frase de Isaiah Berlin, "Creo que el escepticismo es un valor eterno que debemos preservar. Flotamos en un barco sin capitán e ignoramos dónde está el puerto. Hay que seguir, pues, navegando" Y una cuarta, a la que me gustaría adscribirme, la evolutiva: para bien o para mal nuestro mundo está en marcha y, a pesar de todos los males en él vigentes, un porcentaje cada vez más amplio de nuestra población parece vivir medianamente bien durante cada vez más largos periodos de tiempo. Por otra parte, nuestro planeta, nuestro sistema solar y nuestra raza pueden desaparecer mañana, pero también pueden durar cincuenta milenios más, como nos dicen astrónomos y cosmólogos. En resumen, no es mala idea colaborar con la evolución en cuanto al destino de eso a lo que hoy llamamos Hombre. (Ver Sorman, 1991 y Tezanos, Montero y Diaz 1997)
La última puede que sea una actitud prospectiva, ya que el verdadero prospectivista debe ser como el timonel de un barco en medio de la tempestad. Su misión es la de no abandonar el timón y tener esperanza en que la calma llegará y el sol volverá a salir como cada mañana. Mientras tanto, rolar con el viento y contribuir con su esfuerzo a sacar partido del empuje de las olas adaptándose a ellas, es la mejor recomendación. Al menos esa es la apuesta de una prospectivista, o futurista, americana muy activa en los años 90, Barbara Max Hubbar, autora de libros éxito tales como Conscious Evolution y The Revelation. A Message of Hope for the New Millennium. (Max Hubbar, 1995 y 1998)
Contribuir con la evolución y aceptar conscientemente el papel de co-creadores con Dios de nuestro mundo, es la propuesta de esta autora. Ideas como, que la verdadera naturaleza de nuestro mundo es la transformación y el cambio, que estamos en medio de una gran metamorfosis o cambio cuántico, que aceptarlo y colaborar a la transición son las posturas adecuadas y que es posible un "despertar" del hombre moderno y la aparición de una consciencia colectiva a favor de un mundo mejor que el actual, son descritas en sus obras y sus conferencias con gran poder de persuasión. Existe según ella la posibilidad clara de la aparición en nuestro mundo de una consciencia colectiva, ética, ecologista, evolutiva,
humanista y espiritualista, que permita al mundo conjurar y superar las amenazas procedentes de la polución y el deterioro del medio ambiente, de la tecnología avanzada de nuestros días, del agotamiento de los recursos naturales, de la superpoblación y, de la desigualdad, entre otros problemas.. Explicar cómo ese salto hacia la evolución consciente se puede dar e invitar a los habitantes de nuestro mundo a hacerlo, es también parte de lo que sus libros y las instituciones por ella creadas, están tratando de hacer.
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Los ingleses Locke (1632-1704), Berkeley (1685-1753) y Hume (1711-1776), contribuyeron también a consolidar la filosofía moderna, pero con su menor apego a los grandes sistemas explicativos idealistas y con su mayor sentido común, dieron a luz al empirismo inglés y desencadenaron, probablemente, el mundo científico y tecnológico que conocemos.
La llamada post-modernidad nos ha sumido a todos en un profundo relativismo y surrealismo. No hay verdades absolutas, no hay leyes, no hay reglas, no hay valores únicos y verdaderos, sólo opiniones, puntos de vista, elecciones personales y estilos de vida Es el "pensamiento débil" o "pensamiento pobre" de lo que hablaban mucho los filósofos hace diez años o, más generalmente, la crisis del pensamiento a la que algunos llamaron "la gastritis de Platón". De ella no se han salvado, como hemos dicho, ni las leyes físicas procedentes de las ciencias naturales. Muy al contrario, de la no permanencia del pensamiento newtoniano, de las nuevas visiones aportadas por la Teoría de la Relatividad de Einstein, por la Teoría Cuántica de Max Planck y por otros descubrimientos o interpretaciones posteriores, sobre la naturaleza del mundo sub-atómico, sobre el Big Bang y el origen y evolución de nuestro mundo y sobre las estrellas y el cosmos, surge esa fractura del determinismo benefactor anterior y de aquellas leyes aceptadas por todos, que ligaban las causas a sus efectos y estos a sus consecuencias.
En términos científicos estamos desde hace años bajo la influencia de las teorías de la Relatividad de Albert Einstein (nacido en Ulm en 1879 y muerto en Princeton en 1955), formulada por primera vez a primeros de siglo, y la Cuántica de Max Planck (nacido en Kiel en 1858 y muerto en Gotinga en 1947), establecida por este científico alemán en 1900. Hasta llegar a estos dos autores y hasta la situación actual del pensamiento científico ha habido un largo recorrido iniciado como hemos dicho anteriormente con el Renacimiento y la Ilustración y basado en la labor científica de Copérnico (1473-1543), Galileo Galilei (1564-1642) y Isaac Newton (1642-1727). El pensamiento newtoniano ha durado 250 años, siendo a partir de mediados de este siglo, una vez difundidas las ideas de Einstein y de Planck, cuando una nueva interpretación general de nuestro mundo físico comenzó a abrirse camino.
A las ideas de Einstein y Planck han hecho contribuciones importantes a lo largo del siglo, Niels Bohr, Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg y más recientemente David Bohm. Con lo aportado por todos ellos, sabemos, que no hay materia sólida en el interior de las partículas elementales, electrones, protones u otras partículas subatómicas. Al fondo de todo sólo existen trozos--o "quantums"-- de energía. También, que todas las cosas están conectadas unas a otras y que es posible ir hacia delante y hacia atrás en el tiempo, porque todo el tiempo existe de una vez. Que las cosas físicas pueden moverse a velocidades más altas que la de la luz, aparentemente pueden moverse de forma instantánea. Y finalmente, que lo que modela los quantums de energía y decide lo que es real, es la capacidad humana de consciencia.(Wolf, 1981)
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La llamada post-modernidad nos ha sumido a todos en un profundo relativismo y surrealismo. No hay verdades absolutas, no hay leyes, no hay reglas, no hay valores únicos y verdaderos, sólo opiniones, puntos de vista, elecciones personales y estilos de vida Es el "pensamiento débil" o "pensamiento pobre" de lo que hablaban mucho los filósofos hace diez años o, más generalmente, la crisis del pensamiento a la que algunos llamaron "la gastritis de Platón". De ella no se han salvado, como hemos dicho, ni las leyes físicas procedentes de las ciencias naturales. Muy al contrario, de la no permanencia del pensamiento newtoniano, de las nuevas visiones aportadas por la Teoría de la Relatividad de Einstein, por la Teoría Cuántica de Max Planck y por otros descubrimientos o interpretaciones posteriores, sobre la naturaleza del mundo sub-atómico, sobre el Big Bang y el origen y evolución de nuestro mundo y sobre las estrellas y el cosmos, surge esa fractura del determinismo benefactor anterior y de aquellas leyes aceptadas por todos, que ligaban las causas a sus efectos y estos a sus consecuencias.
En términos científicos estamos desde hace años bajo la influencia de las teorías de la Relatividad de Albert Einstein (nacido en Ulm en 1879 y muerto en Princeton en 1955), formulada por primera vez a primeros de siglo, y la Cuántica de Max Planck (nacido en Kiel en 1858 y muerto en Gotinga en 1947), establecida por este científico alemán en 1900. Hasta llegar a estos dos autores y hasta la situación actual del pensamiento científico ha habido un largo recorrido iniciado como hemos dicho anteriormente con el Renacimiento y la Ilustración y basado en la labor científica de Copérnico (1473-1543), Galileo Galilei (1564-1642) y Isaac Newton (1642-1727). El pensamiento newtoniano ha durado 250 años, siendo a partir de mediados de este siglo, una vez difundidas las ideas de Einstein y de Planck, cuando una nueva interpretación general de nuestro mundo físico comenzó a abrirse camino.
A las ideas de Einstein y Planck han hecho contribuciones importantes a lo largo del siglo, Niels Bohr, Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg y más recientemente David Bohm. Con lo aportado por todos ellos, sabemos, que no hay materia sólida en el interior de las partículas elementales, electrones, protones u otras partículas subatómicas. Al fondo de todo sólo existen trozos--o "quantums"-- de energía. También, que todas las cosas están conectadas unas a otras y que es posible ir hacia delante y hacia atrás en el tiempo, porque todo el tiempo existe de una vez. Que las cosas físicas pueden moverse a velocidades más altas que la de la luz, aparentemente pueden moverse de forma instantánea. Y finalmente, que lo que modela los quantums de energía y decide lo que es real, es la capacidad humana de consciencia.(Wolf, 1981)
(Foto arriba: FreeFoto.com)
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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