Ser imaginativos, creativos e inventores no és suficiente. Para que la innovación tenga lugar hay que estar muy al tanto de lo que ocurre alrededor de uno y de su empresa y aprovechar todas las oportunidades que surjan
Todas las técnicas anteriores activan e impulsan la imaginación, la creatividad y la inventiva y proporcionan métodos para enfrentarse a esas actividades sistemáticamente, pero la innovación es algo más. Para innovar es imprescindible conocer las demandas y necesidades del mercado -- reales o potenciales--, desarrollar estrategias de marketing para los nuevos productos y servicios y desarrollar una labor, larga y decepcionante a veces, de comercialización; todo lo cual exige, entre otras cosas, una inversión considerable.
La historia de los grandes inventos está llena de ejemplos en los que la invención en sí siempre parece que fue más fácil que su introducción en el mercado. Es muy conocido por ejemplo el caso del automóvil de Karl Benz y la contribución de su mujer Bertha a su éxito comercial. La patente del que pasa por ser el primer automóvil del mundo fue conseguida por este inventor en 1886, fue un vehículo de tres ruedas con motor de explosión al que se denominó Motorwagen. Muy pronto el magnífico ingeniero pero mal comerciante y hombre de negocios, que era Benz, comenzó a decepcionarse por la poca atención que el invento despertó entre sus conciudadanos. A todos les parecía algo curioso pero nadie se imaginaba cómo utilizarlo y nadie lo compraba que era de hecho lo que él pretendía.
Fue en 1988 cuando a Bertha Benz (Ringer de soltera) se le ocurrió lo que hoy se habría considerado una impresionante labor de marketing relacionada con el lanzamiento de un producto. Hizo un viaje de 105 Kms desde Mannheim a Pforzheim con dos de sus hijos en el vehículo patentado por su marido y recibió gran atención por parte de la prensa. Fue casi una epopeya para la época debido a la no existencia de carreteras ni estaciones de servicio ni talleres de reparación. A partir de ese momento el vehículo fue adquirido por curiosos, aficionados y gente adinerada con lo que el negocio de Benz empezó a mejorar. Con los beneficios la empresa creció y el producto se perfeccionó con gran rapidez.
La mayor parte de los grandes inventos han seguido procesos similares. Siempre ha sido necesario combinar el Technology Push, es decir, el empujón de la tecnología o de la invención, con el Demad Pull, o tirón de la demanda. Y en todo ello el capital y la financiación juegan un papel muy destacado.
En la actualidad una de las maneras de identificar la demanda es a través de las oportunidades de negocio existentes en el mercado. Descubrir las oportunidades, por otra parte, es algo que puede someterse a una sistemática y en lo que puede utilizarse una cierta metodología.
Eso último es lo que ha hecho Walter Derzko, un conocido consultor y profesor de Toronto. Su último libro, a punto de aparecer, lleva por título, Opportunity 45 Scenarios to Drive Your Business in Challenging Times (Derzko, 2010).
Considera este autor que las oportunidades permiten la generación de ideas y la formulación de estrategias útiles para los emprendedores y directivos en su labor de crear empresas, desarrollarlas y conseguir que tengan éxito. De forma muy directa indica que la innovación es el resultado de poner juntas a la tecnología, a los productos y a los servicios surgidos de las actividades de I+D con las oportunidades de negocio existentes en el mercado.
En línea con esas interpretaciones ha elaborado una verdadera metodología para identificar oportunidades de todo tipo y sacar partido de ellas. Los escenarios que describe proporcionan ejemplos y detalles sobre las muchas oportunidades existentes, siempre, pero particularmente en tiempos difíciles.
Los métodos y técnicas para impulsar la imaginación, la creatividad y la inventiva son muy populares hoy. A mencionar algunos de ellos se dedica esta entrega
En relación con la innovación como labor de los centros de I+D y de las empresas hay mucha teoría explicativa sobre cómo conseguirlo y muchas técnicas orientadas a impulsarlo. Uno de los últimos números de la prestigiosa revista Harvard Business Review (HBR), por ejemplo, dedica cuatro artículos al tema (HBR, 2009). Aborda en concreto temas tan empresariales como la búsqueda de innovadores dentro de la propia empresa, el outsourcing o la apertura al exterior de la empresa de la innovación, la creación de una carrera profesional para los innovadores dentro de la empresa y la utilización de las redes sociales en Internet para innovar.
Hay también muchas técnicas para impulsar las funciones previas de imaginar y generar ideas, crear e inventar. Asumiendo el riesgo de formar parte de ese grupo de expertos que explican muy bien las cosas pero que no las hacen, al que me refería anteriormente, podría indicar algo sobre varias de ellas.
En el terreno de la activación organizada de la imaginación se puede acudir a técnicas tales como el tradicional proceso de prueba y error, el Brainstorming, o tormenta de ideas; el Benchmarking, o seguimiento del líder; los actos de Serendipity, o búsqueda aleatoria de felices ideas; la Sinéctica, o reproducción consciente de los fenómenos inconscientes de imaginación y creatividad a través de la conjunción de elementos distintos y aparentemente irrelevantes; y otras.
En cuanto a la creatividad, y ya sabemos que imaginación, creatividad, inventiva e innovación son tareas que se solapan y entrecruzan, son muy populares las técnicas de “pensamiento lateral”, la de “los seis sombreros para pensar” y otras aportadas por Edward de Bono; las ideas aportadas por la teoría de las catástrofes de René Thom y Christopher Zeeman que da importancia a la bifurcación, a la singularidad y al equilibrio estable; los fractales de Benoit Mandelbrot; el pensamiento complejo de Edgar Morin con sus conceptos de lógicas generativa, dialéctica y arborescente y los tres principios: dialógico, de recursividad organizacional y hologramático (Morin, 1994); la Teoría el Caos surgida del estudio del comportamiento impredecible de los sistemas dinámicos; el Análisis Formológico, muy utilizado en Prospectiva; y, en fin, la teoría de los Mapas Mentales y las técnicas del MInd Mapping difundidas por Tony y Barry Buzan, que tienen similaridades con las redes semánticas y los modelos cognocitivos; el Análisis Morfológico, entre muchas otras.
Respecto a la inventiva hay también muchas técnicas posibles destinadas a impulsarla pero sólo mencionaré dos: la denominada TRIZ o “Teoría para Resolver Problemas de Inventiva” y la llamada QFD o “Quality Function Deployment”.
La primera fue introducida por el ruso Genrich S. Altshuller (1926-1999) que fue interventor de patentes en la Unión Soviética y revisó a fondo más de 200.000 solicitudes de patentes. Se interesó al realizar su trabajo por los problemas de inventiva y cómo solucionarlos y encontró que hay patrones generales que se pueden aplicar a inventos de cualquier tipo, creando una sistemática para abordar paso a paso los procesos de invención.
La segunda es una metodología introducida por el japonés Yoji Akao en 1966 quien combinó los enfoques aportados por el aseguramiento de la calidad con los de la ingeniería del valor. Consiste en relacionar a través de una serie de matrices interconectadas las demandas de calidad de los clientes, con el diseño del producto, su ingeniería y su producción.
Hay también muchas técnicas para impulsar las funciones previas de imaginar y generar ideas, crear e inventar. Asumiendo el riesgo de formar parte de ese grupo de expertos que explican muy bien las cosas pero que no las hacen, al que me refería anteriormente, podría indicar algo sobre varias de ellas.
En el terreno de la activación organizada de la imaginación se puede acudir a técnicas tales como el tradicional proceso de prueba y error, el Brainstorming, o tormenta de ideas; el Benchmarking, o seguimiento del líder; los actos de Serendipity, o búsqueda aleatoria de felices ideas; la Sinéctica, o reproducción consciente de los fenómenos inconscientes de imaginación y creatividad a través de la conjunción de elementos distintos y aparentemente irrelevantes; y otras.
En cuanto a la creatividad, y ya sabemos que imaginación, creatividad, inventiva e innovación son tareas que se solapan y entrecruzan, son muy populares las técnicas de “pensamiento lateral”, la de “los seis sombreros para pensar” y otras aportadas por Edward de Bono; las ideas aportadas por la teoría de las catástrofes de René Thom y Christopher Zeeman que da importancia a la bifurcación, a la singularidad y al equilibrio estable; los fractales de Benoit Mandelbrot; el pensamiento complejo de Edgar Morin con sus conceptos de lógicas generativa, dialéctica y arborescente y los tres principios: dialógico, de recursividad organizacional y hologramático (Morin, 1994); la Teoría el Caos surgida del estudio del comportamiento impredecible de los sistemas dinámicos; el Análisis Formológico, muy utilizado en Prospectiva; y, en fin, la teoría de los Mapas Mentales y las técnicas del MInd Mapping difundidas por Tony y Barry Buzan, que tienen similaridades con las redes semánticas y los modelos cognocitivos; el Análisis Morfológico, entre muchas otras.
Respecto a la inventiva hay también muchas técnicas posibles destinadas a impulsarla pero sólo mencionaré dos: la denominada TRIZ o “Teoría para Resolver Problemas de Inventiva” y la llamada QFD o “Quality Function Deployment”.
La primera fue introducida por el ruso Genrich S. Altshuller (1926-1999) que fue interventor de patentes en la Unión Soviética y revisó a fondo más de 200.000 solicitudes de patentes. Se interesó al realizar su trabajo por los problemas de inventiva y cómo solucionarlos y encontró que hay patrones generales que se pueden aplicar a inventos de cualquier tipo, creando una sistemática para abordar paso a paso los procesos de invención.
La segunda es una metodología introducida por el japonés Yoji Akao en 1966 quien combinó los enfoques aportados por el aseguramiento de la calidad con los de la ingeniería del valor. Consiste en relacionar a través de una serie de matrices interconectadas las demandas de calidad de los clientes, con el diseño del producto, su ingeniería y su producción.
Se hacen alabanzas a tres dimensiones de los procesos de innovación: la figura del inventor-empresario, los inventores de garage y el sentido artesanal de toda innovación
Es una pena que se haya perdido entre nosotros la figura del inventor-empresario que tanto juego dio a finales del siglo XIX y principios del XX. Karl Friedrich Benz, uno de los inventores del automóvil; Alexander Graham Bell, inventor del teléfono; Thomas Alba Edison, inventor de la bombilla, el fonógrafo y hasta mil inventos más; Elisha Gray, otro de los inventores del teléfono y de otros aparatos, los hermanos Wright, inventores del primer avión; George Eastman, inventor del rollo de película para la fotografía y creador de Kodak; y muchos otros, fueron inventores ambiciosos que querían que sus inventos se introdujeran en el mercado y los hicieran millonarios. Todos fueron grandes empresarios o supieron asociarse con empresarios para conseguir el éxito comercial de sus inventos.
Con el tiempo a lo largo del siglo XX y debido en parte a la complejidad que fue adquiriendo la tecnología y a los elevados recursos necesarios para introducir en el mercado un determinado invento, la innovación fue más un producto de los laboratorios de I+D y una labor de las empresas. No ha dejado de funcionar sin embargo el inventor individual de garaje que se trasforma en millonario como claramente atestiguan figuras como Bill Gates (Microsoft), Steve Jobs (Apple), Mark Zuckerberg (Facebook), Sergey Brin (Google), Jerry Yang y David Filo (Yahoo), Pierre Odmidyar (eBay), Jack Dorsay (Twitter) y muchos otros inventores y empresarios actuales.
Como muy bien se puede deducir de ellos y de sus obras, no ha desaparecido la componente artesanal de la invención ni el carácter empresarial de la innovación, sólo ha cambiado el lugar en el que ahora se producen tales actividades. Es en Internet en el que se están produciendo las grandes innovaciones actuales y, curiosamente, los españoles, e incluso los europeos, sin enterarnos.
Con el tiempo a lo largo del siglo XX y debido en parte a la complejidad que fue adquiriendo la tecnología y a los elevados recursos necesarios para introducir en el mercado un determinado invento, la innovación fue más un producto de los laboratorios de I+D y una labor de las empresas. No ha dejado de funcionar sin embargo el inventor individual de garaje que se trasforma en millonario como claramente atestiguan figuras como Bill Gates (Microsoft), Steve Jobs (Apple), Mark Zuckerberg (Facebook), Sergey Brin (Google), Jerry Yang y David Filo (Yahoo), Pierre Odmidyar (eBay), Jack Dorsay (Twitter) y muchos otros inventores y empresarios actuales.
Como muy bien se puede deducir de ellos y de sus obras, no ha desaparecido la componente artesanal de la invención ni el carácter empresarial de la innovación, sólo ha cambiado el lugar en el que ahora se producen tales actividades. Es en Internet en el que se están produciendo las grandes innovaciones actuales y, curiosamente, los españoles, e incluso los europeos, sin enterarnos.
Innovar es imprescindible en un mundo competitivo, libre y global. Pero la innovación es otra palabra para el emprendimiento, ya que innovar no debe necesariamente unirse a lo tecnológico o a lo sofisticado. Una buena y novedosa idea (en algún sentido) que tenga éxito comercial es una innovación.
La única alternativa para los países desarrollados parece ser la de la creatividad, la inventiva y la innovación, para lo que, entre otras cosas, se necesitan ingentes cantidades de imaginación. Los países desarrollados necesitan impulsar más que nunca la innovación, entendida ésta con un sentido amplio. No es sólo la innovación tecnológica la que se requiere, sino la económica, la social, la política, la cultural y la artística, y además bajo su tradicional sentido de “introducción de productos y servicios que aporten valor a la economía y sirvan para el intercambio y la creación de riqueza”.
Puesto que en países como España, por ejemplo, quizás no podamos seguir viviendo de la fabricación de productos, es importante que intentemos vivir de aquello que creemos, inventemos y diseñemos. Sólo necesitamos que alguien nos pague por ello, es decir, necesitamos innovar.
Para todo eso se requiere concebir adecuadamente la innovación. No es sólo la innovación tecnológica la que debemos buscar sino la innovación de todo tipo. La tecnológica es la innovación que nos trajo el automóvil, el teléfono, la electricidad, el transporte aéreo, el transistor, el ordenador y otros productos inventados e introducidos en el mercado a lo largo de los dos últimos siglos, pero hay otras innovaciones que pueden ser tan importantes o más. Nadie cae en la cuenta de que McDonald, Starbucks, Yahoo, Google, eBay, Facebook o Twitter, al igual que Giorgio Armani, Benetton o Zara, son grandes innovaciones. Es decir, un nuevo negocio, con éxito, es una innovación. Por eso el emprendedor es tan importante en las sociedades avanzadas.
La innovación tiene siempre que ver con algo concreto y que produzca resultados económicos. Tres dimensiones pueden establecerse en ella: 1) la existencia de algún tipo de conocimiento nuevo, ya sea tecnológico, organizativo, artístico, de diseño o de cualquier otro tipo; 2) la factibilidad o concreción en algún producto o servicio; y 3) la introducción en el mercado.
Aquí es donde radica la preocupación que tenemos algunos sobre la actual moda de la innovación. Como tantas veces ocurre entre nosotros (los españoles) todo el mundo se apresta hoy a explicar lo que es la innovación, las técnicas y metodología para innovar, la importancia de la I+D, que no es sólo I+D sino I+D+i, el papel de los parques tecnológicos, el gasto en I+D +i en el país, su porcentaje sobre el PIB y muchos otros aspectos relacionados con la innovación, incluida la utilidad de la Prospectiva a la que se hace referencia en este trabajo, pero muy pocos nos aprestamos realmente a innovar. Muy pocos llegamos a la tercera dimensión indicada en el párrafo anterior.
Puesto que en países como España, por ejemplo, quizás no podamos seguir viviendo de la fabricación de productos, es importante que intentemos vivir de aquello que creemos, inventemos y diseñemos. Sólo necesitamos que alguien nos pague por ello, es decir, necesitamos innovar.
Para todo eso se requiere concebir adecuadamente la innovación. No es sólo la innovación tecnológica la que debemos buscar sino la innovación de todo tipo. La tecnológica es la innovación que nos trajo el automóvil, el teléfono, la electricidad, el transporte aéreo, el transistor, el ordenador y otros productos inventados e introducidos en el mercado a lo largo de los dos últimos siglos, pero hay otras innovaciones que pueden ser tan importantes o más. Nadie cae en la cuenta de que McDonald, Starbucks, Yahoo, Google, eBay, Facebook o Twitter, al igual que Giorgio Armani, Benetton o Zara, son grandes innovaciones. Es decir, un nuevo negocio, con éxito, es una innovación. Por eso el emprendedor es tan importante en las sociedades avanzadas.
La innovación tiene siempre que ver con algo concreto y que produzca resultados económicos. Tres dimensiones pueden establecerse en ella: 1) la existencia de algún tipo de conocimiento nuevo, ya sea tecnológico, organizativo, artístico, de diseño o de cualquier otro tipo; 2) la factibilidad o concreción en algún producto o servicio; y 3) la introducción en el mercado.
Aquí es donde radica la preocupación que tenemos algunos sobre la actual moda de la innovación. Como tantas veces ocurre entre nosotros (los españoles) todo el mundo se apresta hoy a explicar lo que es la innovación, las técnicas y metodología para innovar, la importancia de la I+D, que no es sólo I+D sino I+D+i, el papel de los parques tecnológicos, el gasto en I+D +i en el país, su porcentaje sobre el PIB y muchos otros aspectos relacionados con la innovación, incluida la utilidad de la Prospectiva a la que se hace referencia en este trabajo, pero muy pocos nos aprestamos realmente a innovar. Muy pocos llegamos a la tercera dimensión indicada en el párrafo anterior.
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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