Terminamos los tres posts dedicados a los Hedge Funds y a los derivados finacieros con unas breves explicaciones sobre estos últimos. Hemos intercalado entre lo dicho sobre estos dos temas, sobre los fondos de inversión y sobre la evolución de los mercados de valores a nivel mundial, algunas consideraciones críticas y algunos comentarios sobre los efectos negativos de la dinámica creada en dichos mercados en los últimos veinte o treinta años. Todavía nos queda hacer sugerencias más profundas sobre las razones por las que la economía financiera desarrollada en el mundo es negativa para el conjunto de la economía y sobre las causas que han transformado en algo malo lo imaginado e inventado como bueno.
(Es continuación del post anterior)
Los derivados financieros y los crediticios son productos o instrumentos del mundo de la bolsa y las finanzas complicados de entender por los no expertos en ellos y mucho más por los no inversores en valores y por los no involucrados profesionalmente en temas de financiación. Se puede repetir un poco como papagayo lo que se encuentra en Internet y en manuales diversos especializados en el tema, pero la comprensión profunda de lo que son y la de su funcionamiento es un asunto bastante complicado. Lo es de por sí, pero, muy especialmente, porque la inventiva de las personas trabajando en este terreno es impresionante y cada día surgen nuevas y más variadas formas de utilización.
Yo mismo no soy un experto en estas cuestiones y reconozco que me estoy metiendo en ellas quizás con mucha candidez e ingenuidad, con lo que el resultado no será muy brillante. Lo hago porque lo considero una obligación para un prospectivista. Nuestra función es saber algo sobre hacía donde va el mundo y sobre el futuro que nos espera y no podemos desistir de entender todo lo que está a nuestro alrededor.
No hay nada en la actualidad más importante en esa dirección que saber cómo saldremos de la crisis, cuánto tiempo nos llevará y qué pasará en los próximos años con el crecimiento, el desempleo y el nivel de vida de las personas. También, y muy especialmente, cómo evolucionarán todas las construcciones sociales y políticas que hemos puesto en marcha en los últimos años. Entre estas últimas, el llamado Estado de las Autonomías, en el caso de España; la Unión Europea y el Euro como moneda única, en el caso de Europa en su conjunto; y el nuevo equilibrio mundial, el papel del G-20 y el funcionamiento de un mundo sin países hegemónicos, en el planeta en que habitamos. Todas ellas están hoy en peligro debido a la crisis financiera mundial.
Si nos atenemos a lo que dicen muchos autores actuales, la crisis financiera y económica en la que estamos es capaz de crearnos complicaciones de altísima envergadura, exactamente como pasó en la Gran Depresión del 29, de la que se salió en realidad a través de un conflicto mundial de increíbles proporciones.
¿Pueden unos instrumentos técnicos tan insignificantes como los derivados crediticios y financieros llevarnos a circunstancias tan graves?. La respuesta parece ser que no, y si hay alguna responsabilidad que asignar habría que hacerlo no a los instrumentos sino a las personas que los utilizan. En cualquier caso conviene estar alerta y actuar a tiempo.
Los derivados, como su nombre indica, se derivan de, o se apoyan en, un producto original subyacente. Son productos financieros cuyo valor se basa en el de otro activo existente previamente. Una persona puede tener, por ejemplo, una opción de compra de una tonelada de arroz a un año vista por un precio determinado acordado y cerrado. Es lo que se llamaría un futuro o una opción de futuro sobre el arroz en un determinado mercado en el que tal producto se comercialice. Si el precio acordado es de 100 Euros y el arroz vale en la fecha acordada más de ese precio, el que tiene la opción, es decir el comprador, obtiene una ganancia al quedarse con la tonelada de arroz; si vale menos, el que gana es el que concedió la opción, es decir el vendedor.
La opción de compra a un precio cerrado es un producto nuevo el cual puede a su vez ser comercializado, es decir, pasar de unas manos a otras. La tonelada de arroz es el producto subyacente y la opción de compra de dicha tonelada a un año vista es el producto derivado o simplemente el derivado.
Como se puede fácilmente entender, la forma básica del producto nuevo es un contrato escrito y firmado entre las dos partes que intervienen: el vendedor o emisor de la opción y el comprador o receptor de la misma. Sobre un producto tangible, real y físico como es el arroz, se ha generado un producto intangible como es el contrato de futuros. Este proceso antiguo, simple y correcto, es el que en los últimos tiempos se ha transformado en un infierno de la mano de los especuladores financieros.
Aunque sobre un producto tangible sólo puede y debe crearse un producto intangible, en el maremágnum de la economía financiera actual los intangibles han dado lugar a otros intangibles y a otros y a otros, en una espiral sin límites.
Se puede adelantar que en el caso del arroz indicado, el vendedor puede usar el contrato de venta a un año firmado con un comprador para obtener un crédito de una entidad bancaria. Dicho crédito podría interpretarse como un derivado de segundo nivel. Asimismo el tomador de la opción, o comprador, podría desear no correr riesgos y contratar un seguro sobre la diferencia de precio que pudiera producirse en la fecha de madurez del contrato. El seguro constituiría otro derivado financiero adicional.
El caso de la opción de compra futura del arroz es un derivado muy antiguo utilizado ya en el siglo XVIII en el Japón, según se puede ver en (1). Es posible que la espiral de derivados no ocurriera en ese caso histórico, peo sí se ha tenido lugar en la economía financiera de los últimos treinta años, y no tanto en el comercio de materias primas como en el de operaciones diversas con bonos, acciones, créditos y otros activos financieros.
Los derivados pueden ser de muy variados. Según el tipo de derivado los hay: de intercambio o permuta financiera (swaps en inglés); contratos de futuros, forwards o contratos de compraventa a plazos; opciones, incluidas los “warrants”; y contratos de diferencia.
Según los activos subyacentes los hay de: tipos de interés, acciones, divisas, bonos y de riesgo crediticio. Estos últimos constituyen un grupo propio de derivados al que se suele denominar “Derivados de Crédito” o “Derivados Crediticios”. Fueron en gran manera los responsables de la crisis de las hipotecas sub-primea del 2007 y han contribuido a la crisis financiera actual y a la confusión y el desorden que prevalecen en el sistema financiero mundial.
Llevando la clasificación a sus últimas consecuencias se podrían mencionar también a los derivados no financieros, basados en los mercados de materias primas, productos agrícolas, energía y otros.
En cuanto a la finalidad los hay de: negociación o especulación sobre el precio del producto subyacente; de cobertura, o disminución de riesgo; y de arbitraje de precios.
Hay muchos Derivados Financieros/Crediticios diferentes, pero los más conocidos y usados son los siguientes: CDS (“Credit Default Swap”), CDO (“Collateral Debt Obligations”), CLN (“Credit Linked Notes”), TRS (“Total Return Swaps”), CFD (“Contract for Differences”) y EDS (“Equity Default Swap”), entre otros.
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(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Derivative_(finance)
Los derivados financieros y los crediticios son productos o instrumentos del mundo de la bolsa y las finanzas complicados de entender por los no expertos en ellos y mucho más por los no inversores en valores y por los no involucrados profesionalmente en temas de financiación. Se puede repetir un poco como papagayo lo que se encuentra en Internet y en manuales diversos especializados en el tema, pero la comprensión profunda de lo que son y la de su funcionamiento es un asunto bastante complicado. Lo es de por sí, pero, muy especialmente, porque la inventiva de las personas trabajando en este terreno es impresionante y cada día surgen nuevas y más variadas formas de utilización.
Yo mismo no soy un experto en estas cuestiones y reconozco que me estoy metiendo en ellas quizás con mucha candidez e ingenuidad, con lo que el resultado no será muy brillante. Lo hago porque lo considero una obligación para un prospectivista. Nuestra función es saber algo sobre hacía donde va el mundo y sobre el futuro que nos espera y no podemos desistir de entender todo lo que está a nuestro alrededor.
No hay nada en la actualidad más importante en esa dirección que saber cómo saldremos de la crisis, cuánto tiempo nos llevará y qué pasará en los próximos años con el crecimiento, el desempleo y el nivel de vida de las personas. También, y muy especialmente, cómo evolucionarán todas las construcciones sociales y políticas que hemos puesto en marcha en los últimos años. Entre estas últimas, el llamado Estado de las Autonomías, en el caso de España; la Unión Europea y el Euro como moneda única, en el caso de Europa en su conjunto; y el nuevo equilibrio mundial, el papel del G-20 y el funcionamiento de un mundo sin países hegemónicos, en el planeta en que habitamos. Todas ellas están hoy en peligro debido a la crisis financiera mundial.
Si nos atenemos a lo que dicen muchos autores actuales, la crisis financiera y económica en la que estamos es capaz de crearnos complicaciones de altísima envergadura, exactamente como pasó en la Gran Depresión del 29, de la que se salió en realidad a través de un conflicto mundial de increíbles proporciones.
¿Pueden unos instrumentos técnicos tan insignificantes como los derivados crediticios y financieros llevarnos a circunstancias tan graves?. La respuesta parece ser que no, y si hay alguna responsabilidad que asignar habría que hacerlo no a los instrumentos sino a las personas que los utilizan. En cualquier caso conviene estar alerta y actuar a tiempo.
Los derivados, como su nombre indica, se derivan de, o se apoyan en, un producto original subyacente. Son productos financieros cuyo valor se basa en el de otro activo existente previamente. Una persona puede tener, por ejemplo, una opción de compra de una tonelada de arroz a un año vista por un precio determinado acordado y cerrado. Es lo que se llamaría un futuro o una opción de futuro sobre el arroz en un determinado mercado en el que tal producto se comercialice. Si el precio acordado es de 100 Euros y el arroz vale en la fecha acordada más de ese precio, el que tiene la opción, es decir el comprador, obtiene una ganancia al quedarse con la tonelada de arroz; si vale menos, el que gana es el que concedió la opción, es decir el vendedor.
La opción de compra a un precio cerrado es un producto nuevo el cual puede a su vez ser comercializado, es decir, pasar de unas manos a otras. La tonelada de arroz es el producto subyacente y la opción de compra de dicha tonelada a un año vista es el producto derivado o simplemente el derivado.
Como se puede fácilmente entender, la forma básica del producto nuevo es un contrato escrito y firmado entre las dos partes que intervienen: el vendedor o emisor de la opción y el comprador o receptor de la misma. Sobre un producto tangible, real y físico como es el arroz, se ha generado un producto intangible como es el contrato de futuros. Este proceso antiguo, simple y correcto, es el que en los últimos tiempos se ha transformado en un infierno de la mano de los especuladores financieros.
Aunque sobre un producto tangible sólo puede y debe crearse un producto intangible, en el maremágnum de la economía financiera actual los intangibles han dado lugar a otros intangibles y a otros y a otros, en una espiral sin límites.
Se puede adelantar que en el caso del arroz indicado, el vendedor puede usar el contrato de venta a un año firmado con un comprador para obtener un crédito de una entidad bancaria. Dicho crédito podría interpretarse como un derivado de segundo nivel. Asimismo el tomador de la opción, o comprador, podría desear no correr riesgos y contratar un seguro sobre la diferencia de precio que pudiera producirse en la fecha de madurez del contrato. El seguro constituiría otro derivado financiero adicional.
El caso de la opción de compra futura del arroz es un derivado muy antiguo utilizado ya en el siglo XVIII en el Japón, según se puede ver en (1). Es posible que la espiral de derivados no ocurriera en ese caso histórico, peo sí se ha tenido lugar en la economía financiera de los últimos treinta años, y no tanto en el comercio de materias primas como en el de operaciones diversas con bonos, acciones, créditos y otros activos financieros.
Los derivados pueden ser de muy variados. Según el tipo de derivado los hay: de intercambio o permuta financiera (swaps en inglés); contratos de futuros, forwards o contratos de compraventa a plazos; opciones, incluidas los “warrants”; y contratos de diferencia.
Según los activos subyacentes los hay de: tipos de interés, acciones, divisas, bonos y de riesgo crediticio. Estos últimos constituyen un grupo propio de derivados al que se suele denominar “Derivados de Crédito” o “Derivados Crediticios”. Fueron en gran manera los responsables de la crisis de las hipotecas sub-primea del 2007 y han contribuido a la crisis financiera actual y a la confusión y el desorden que prevalecen en el sistema financiero mundial.
Llevando la clasificación a sus últimas consecuencias se podrían mencionar también a los derivados no financieros, basados en los mercados de materias primas, productos agrícolas, energía y otros.
En cuanto a la finalidad los hay de: negociación o especulación sobre el precio del producto subyacente; de cobertura, o disminución de riesgo; y de arbitraje de precios.
Hay muchos Derivados Financieros/Crediticios diferentes, pero los más conocidos y usados son los siguientes: CDS (“Credit Default Swap”), CDO (“Collateral Debt Obligations”), CLN (“Credit Linked Notes”), TRS (“Total Return Swaps”), CFD (“Contract for Differences”) y EDS (“Equity Default Swap”), entre otros.
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(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Derivative_(finance)
Los "Hedge Funds" que nacieron como fondos mutuos más seguros y más rentables que los fondos normales han terminando siendo fondos de altos riesgos muy peligrosos para el conjunto de los inversores, para las bolsas y para la economía. Los derivados, usados masivamente por esos fondos, surgieron también como instrumentos financieros destinados a disminuir el risgo de los inversores. Al igual que aquellos su exagerado uso, la falta de regulación sobre ellos y la opacidad permitida en su funcionamiento los han transformado en algo enormemente pernicioso para todos.
(Es contiunuación del post anterior)
Hoy se cree que los “Hedge Funds” a través de la utilización masiva de los derivados financieros y crediticios y a través de prácticas especulativas diversas -- por no decir perversas --, de dudosa legalidad por supuesto, e incontrolables de hecho, se han transformado en monstruos que pueden devorar al propio sistema financiero.
La introducción de nuevos instrumentos especulativos ha ido tan deprisa que ningún regulador ha podido seguirlos hasta ahora, a parte de la laxitud legal intencionada en países como los Estados Unidos en la que se ha mantenido a estos monstruos.
Seguramente no ha habido acuerdo tácito entre los propietarios de los Hedge Funds y el Gobierno norteamericano, pero da la impresión de que bajo presidencias como la de George W. Bush ha existido algo así como una negociación virtual en los siguientes términos: “déjennos ustedes libertad de acción y generaremos tal dinámica económica que todo el dinero del mundo se vendrá hacía los Estados Unidos”. Y así ha sido en parte.
Como muy bien dice Michael E. Lewitt en el libro que estamos utilizando como referencia, uno de los cambios más espectaculares de los últimos treinta años ha sido la transformación de la economía americana de ser exportadora de bienes y servicios a ser exportadora de dólares y de productos financieros diversos con particular relevancia de los derivados. Ha tenido para ello la aquiescencia de China, Japón y los países árabes productores de petróleo.
En un post anterior hemos hablado de “droga” para referirnos a los derivados financieros y es verdad que uno se imagina a veces a los especuladores financieros como distribuidores de droga dura. Venden el placer enorme de que el dinero produzca más dinero sin límites y sin riesgos. A esa oferta responde todo el mundo con avidez y entusiasmo.
No les importa, por otra parte, a dichos especuladores, el mal que pueden llegar a producir y no tienen sentido en realidad de lo que es legal y de lo que no lo es. Sobre estas cuestiones hemos visto en los últimos tiempos muchos programas de TV, vídeos humorísticos e incluso películas serias como “Inside Job”, pero no sabemos si servirán de algo.
Fenómenos como el de Bernard Madoff Investment Securities que fue un fraude masivo y por tanto un delito puro y duro, no se entenderían sin esa drogadicción al “flujo constante de beneficios y riesgo mínimo”, junto al apalancamiento y a la deuda, que se ha extendido por el mundo.
Lo de la titulización de las hipotecas sub-prime, que parece que nos afectó menos a los españoles, forma parte de esa misma cultura consistente en hacer que el dinero produzca dinero de una manera continua sin preocuparnos además de cómo es eso posible.
Lo grave del asunto es que de esa cultura participan los bancos y las instituciones financieras más serias que existen hoy. En el caso concreto de los grandes bancos españoles involucrados en el asunto Madoff, por ejemplo, lo que nos turba a todos, a pesar de que reaccionaran resarciendo en parte a sus inversores, es que hayan caído en la “droga”. Da un poco de miedo ya que es como si todos, absolutamente todos en el mundo, termináramos siendo adictos a la cocaína y a otras drogas duras.
A nadie le importa ya ser corrupto, incluidos los grandes bancos, tan activos hoy en la Economía Financiera, en los Fondos de Inversión y en los derivados de todo tipo, los cuales si no delincuentes son con frecuencia grandes transgresores de normas y leyes.
Charles Ferguson, el director de Inside Job, ha dicho que su película trata sobre “la sistemática corrupción de los Estados Unidos por la industria de servicios financieros y las consecuencias de dicha corrupción”.
A pesar de estas últimas consideraciones un poco contrarias a la calma que creo que hay que tener para tratar de la crisis financiera y sus consecuencias, al hecho de que se está creando una predisposición a criticar a los componentes del sistema financiero sin distinción y a la postura adoptada por muchos de considerar que todo el mundo es malísimo en dicho sistema, debemos indicar que no es así.
En posts anteriores hemos hecho referencia al artículo de Warren Buffet en el New York Times del 14 de agosto pasado en el que pedía al presidente Obama más impuestos para los ricos. Es impresionante cómo habla en dicho artículo de sus camaradas los mega-ricos. Dice que son gente muy decente, que aman a América y agradecen enormemente las oportunidades que el país les ha dado, que dan mucho dinero a proyectos sociales y que muchos han prometido dedicar una gran parte de sus fortunas a la filantropía. Él desde luego lo ha hecho y sigue haciéndolo.
Muchos de nosotros, por otra parte, tenemos amigos y familiares trabajando en puestos directivos en bancos, brokers y fondos de inversión, y nos consta lo nobles, decentes y honorables que son. Alguno de ellos me ha explicado en estos días la concepción inicial de los instrumentos financieros de los que estamos hablando, incluidos los derivados sobre los que diremos algo más en el post que sigue, y la forma cómo se emplean en una mayoría de casos, y desde luego hay muy poco que objetar en cuanto a su utilidad y conveniencia.
Esto es muy importante para analizar con mente fría los problemas económicos y financieros actuales, sus causas y sus remedios. No creo que el camino para ello sea el de los “Indignaos”, los 15-M y los “profesores seráficos” que los promueven, por muy buenas intenciones que tengan.
No se pueden solucionar los problemas que nos afectan desde fuera del sitema. Hya que hacerlo desde dentro y sabiendo que todos participamos en la introducción en nuestro mundo de innovaciones y cambios que después puede fallar. Debemos, eso sí, controlar, regular y corregir. Coas que no parece se hayan hecho en relación con los Hedge Funds y los drivados financieros y crediticios.
(Continúa en el siguiente post)
Hoy se cree que los “Hedge Funds” a través de la utilización masiva de los derivados financieros y crediticios y a través de prácticas especulativas diversas -- por no decir perversas --, de dudosa legalidad por supuesto, e incontrolables de hecho, se han transformado en monstruos que pueden devorar al propio sistema financiero.
La introducción de nuevos instrumentos especulativos ha ido tan deprisa que ningún regulador ha podido seguirlos hasta ahora, a parte de la laxitud legal intencionada en países como los Estados Unidos en la que se ha mantenido a estos monstruos.
Seguramente no ha habido acuerdo tácito entre los propietarios de los Hedge Funds y el Gobierno norteamericano, pero da la impresión de que bajo presidencias como la de George W. Bush ha existido algo así como una negociación virtual en los siguientes términos: “déjennos ustedes libertad de acción y generaremos tal dinámica económica que todo el dinero del mundo se vendrá hacía los Estados Unidos”. Y así ha sido en parte.
Como muy bien dice Michael E. Lewitt en el libro que estamos utilizando como referencia, uno de los cambios más espectaculares de los últimos treinta años ha sido la transformación de la economía americana de ser exportadora de bienes y servicios a ser exportadora de dólares y de productos financieros diversos con particular relevancia de los derivados. Ha tenido para ello la aquiescencia de China, Japón y los países árabes productores de petróleo.
En un post anterior hemos hablado de “droga” para referirnos a los derivados financieros y es verdad que uno se imagina a veces a los especuladores financieros como distribuidores de droga dura. Venden el placer enorme de que el dinero produzca más dinero sin límites y sin riesgos. A esa oferta responde todo el mundo con avidez y entusiasmo.
No les importa, por otra parte, a dichos especuladores, el mal que pueden llegar a producir y no tienen sentido en realidad de lo que es legal y de lo que no lo es. Sobre estas cuestiones hemos visto en los últimos tiempos muchos programas de TV, vídeos humorísticos e incluso películas serias como “Inside Job”, pero no sabemos si servirán de algo.
Fenómenos como el de Bernard Madoff Investment Securities que fue un fraude masivo y por tanto un delito puro y duro, no se entenderían sin esa drogadicción al “flujo constante de beneficios y riesgo mínimo”, junto al apalancamiento y a la deuda, que se ha extendido por el mundo.
Lo de la titulización de las hipotecas sub-prime, que parece que nos afectó menos a los españoles, forma parte de esa misma cultura consistente en hacer que el dinero produzca dinero de una manera continua sin preocuparnos además de cómo es eso posible.
Lo grave del asunto es que de esa cultura participan los bancos y las instituciones financieras más serias que existen hoy. En el caso concreto de los grandes bancos españoles involucrados en el asunto Madoff, por ejemplo, lo que nos turba a todos, a pesar de que reaccionaran resarciendo en parte a sus inversores, es que hayan caído en la “droga”. Da un poco de miedo ya que es como si todos, absolutamente todos en el mundo, termináramos siendo adictos a la cocaína y a otras drogas duras.
A nadie le importa ya ser corrupto, incluidos los grandes bancos, tan activos hoy en la Economía Financiera, en los Fondos de Inversión y en los derivados de todo tipo, los cuales si no delincuentes son con frecuencia grandes transgresores de normas y leyes.
Charles Ferguson, el director de Inside Job, ha dicho que su película trata sobre “la sistemática corrupción de los Estados Unidos por la industria de servicios financieros y las consecuencias de dicha corrupción”.
A pesar de estas últimas consideraciones un poco contrarias a la calma que creo que hay que tener para tratar de la crisis financiera y sus consecuencias, al hecho de que se está creando una predisposición a criticar a los componentes del sistema financiero sin distinción y a la postura adoptada por muchos de considerar que todo el mundo es malísimo en dicho sistema, debemos indicar que no es así.
En posts anteriores hemos hecho referencia al artículo de Warren Buffet en el New York Times del 14 de agosto pasado en el que pedía al presidente Obama más impuestos para los ricos. Es impresionante cómo habla en dicho artículo de sus camaradas los mega-ricos. Dice que son gente muy decente, que aman a América y agradecen enormemente las oportunidades que el país les ha dado, que dan mucho dinero a proyectos sociales y que muchos han prometido dedicar una gran parte de sus fortunas a la filantropía. Él desde luego lo ha hecho y sigue haciéndolo.
Muchos de nosotros, por otra parte, tenemos amigos y familiares trabajando en puestos directivos en bancos, brokers y fondos de inversión, y nos consta lo nobles, decentes y honorables que son. Alguno de ellos me ha explicado en estos días la concepción inicial de los instrumentos financieros de los que estamos hablando, incluidos los derivados sobre los que diremos algo más en el post que sigue, y la forma cómo se emplean en una mayoría de casos, y desde luego hay muy poco que objetar en cuanto a su utilidad y conveniencia.
Esto es muy importante para analizar con mente fría los problemas económicos y financieros actuales, sus causas y sus remedios. No creo que el camino para ello sea el de los “Indignaos”, los 15-M y los “profesores seráficos” que los promueven, por muy buenas intenciones que tengan.
No se pueden solucionar los problemas que nos afectan desde fuera del sitema. Hya que hacerlo desde dentro y sabiendo que todos participamos en la introducción en nuestro mundo de innovaciones y cambios que después puede fallar. Debemos, eso sí, controlar, regular y corregir. Coas que no parece se hayan hecho en relación con los Hedge Funds y los drivados financieros y crediticios.
(Continúa en el siguiente post)
Se dedica el presente post a dar unas breves explicaciones sobre los "Hedge Funds" y los llamados derivados financieros. Son instrumentos del mundo de la bolsa y de la inversión en valores en general muy populares hoy y muy presentes en las noticias diarias y en gran parte de la literatura económica y financiera que se publica en nuestros días. Son por unaninimidad de todos "los malos de la película" en relación con la crisis financiera actual. Lo fueron en la debacle de las hipotecas sub-prime de 2007 y en la crisis bancaria de 2008 y lo siguen siendo en la economía fInaciera especulativa en la que seguimos viviendo.
“Hedge” es una palabra inglesa común que significa: seto o valla de separación y protección en el caso de una vivienda, utilizada como sustantivo; cercar, utilizada como verbo transitivo; y dar rodeos o escaparse por la tangente, como verbo intransitivo. En los Estados Unidos es empleada como nombre para designar a los arbustos que establecen los límites de una vivienda unifamiliar con jardín y como verbo es bastante corriente su uso por los políticos, por ejemplo para buscar una salida alternativa (puerta de escape) cuando hacen alguna declaración o promesa.
En economía y finanzas suele utilizarse con el sentido de cubrir o compensar.
La denominación “Hedge Funds” es usada en el mundo de las inversiones con el significado de “Fondos de Cobertura”. Con el tiempo, curiosamente, han adquirido también los sentidos de “Fondos de Inversión Libre”, “Fondos de Inversión Alternativa” y, la más especial, de “Fondos de Alto Riesgo”. Algunos se refieren a ellos, incluso, como los “fondos de la gente rica”.
Los “Hedge Funds” son una modalidad de Fondos de Inversión cuyo origen se sitúa en los años 40 y 50 del siglo pasado cuando los Fondos de Inversión Mutuos, diríamos que normales, se hicieron muy populares en EE. UU. El primer Hedge Fund, según se puede ver en Internet (1) y que por tanto, todos mencionamos y repetimos, fue creado por el sociólogo y periodista financiero Alfred Winslow Jones (1901 – 1989) en 1949.
Lo que se le ocurrió a este australiano emigrado a Norteamérica a los 4 años con su familia, que se graduó en Harvard, hizo un doctorado en Columbia y se trasformó en un experto en finanzas y en bolsa, fue muy simple. Para neutralizar los movimientos del mercado de valores en su conjunto y disminuir el riesgo de una inversión, decidió equilibrar su cartera comprando a largo plazo activos que esperaba que subieran y vendiendo a corto plazo activos que esperaba que bajaran. Alfred W. Jones fue un hombre innovador y aportó también las ideas de invertir con apalancamiento, compartir el riesgo y pagar honorarios según los resultados obtenidos. Dijo que su fondo estaba “hedged”, es decir, cercado, separado, asegurado o protegido del conjunto de la bolsa en cuanto a la forma cómo manejaba su exposición al riesgo.
Se adelantó así, en lo relativo a la diversificación de carteras para disminuir el riesgo, a la labor del economista Harry Markowitz (1927- ) que ganó el Premio Nobel de Economía de 1990 compartido con Merton H. Miller (1923-2000) y William F. Sharpe (1934- ). Premio concedido, no obstante, más que a la labor puntual de Markowitz sobre la llamada “Portfolio Theory” y sus dos teoremas (sobre la frontera eficiente y sobre la selección de carteras), y a las de los otros dos galardonados, al hecho de que las finanzas, o la Economía Financiera, habían llegado a ser muy importantes para el mundo en esa época.
Con toda la atención que se ha prestado históricamente a la disminución del riesgo, parece mentira hoy que un instrumento pensado para ello y para asegurar los resultados obtenidos en la bolsa para una cartera de valores, como los Hedge Funds, hayan terminando siendo algo que introduce volatilidad, turbulencia y riesgo.
Los Hedge Funds se describen hoy como fondos llevados de forma muy agresiva que utilizan estrategias muy sofisticadas y que, a diferencia de los fondos mutuos que sólo invierten en acciones y bonos y supuestamente a largo plazo, comercian e invierten en todo tipo de actividades. Lo hacen a largo, y a corto, en la bolsa y “over the counter” (OTC), y en todo tipo de ciclos de las bolsas, tanto al alza como a la baja, con el objetivo de obtener altos resultados positivos bajo cualquier circunstancia por la que pasen los mercados de valores.
A ello contribuye el hecho de ser fondos -- mayoritariamente norteamericanos, por cierto -- con una legislación muy permisiva que al no estar abiertos al público en general no están controlados por nadie y tienen una elevada opacidad. NI las autoridades, ni instituciones diversas de las bolsas, ni los medios de comunicación, ni siquiera los propios inversores, conocen con detalle lo que estos fondos hacen.
Tienen la característica además, de que los responsables de su gestión están fuertemente involucrados en las ganancias a través de unos porcentajes sobre las mismas muy elevados. Es decir, por pura dinámica deducida de cómo están concebidos, se transforman en una espiral de beneficios movida por la avaricia y la codicia en la que los límites entre lo legal y lo ilegal desparecen.
Utilizan mucho los derivados crediticios y los financieros, lo que hace muy difícil saber de dónde vienen las órdenes de venta cuando las bolsas bajan y el precio al que se hacen las operaciones. En el libro de Michael E. Lewit, mencionado en un post anterior, “La muerte del capital”, se dice lo siguiente en relación con la crisis financiera de 2008 que estuvo a punto de destruir el sistema financiero mundial:
“Lo que no fue evidente para los observadores del mercado (en particular los medios de comunicación) es que la presión de venta se generaba en el universo paralelo de los mercados de derivados crediticios, completamente opacos, sin regulación alguna, y cuyos precios se ocultaban, en su mayoría, tanto a los medios como al público. El descubrimiento de los precios se convirtió en algo equivalente a lanzar dardos en la oscuridad, porque no había puntos de referencia para medir el valor. La causa es que los tradicionales puntos de referencia – los precios de los instrumentos crediticios en efectivo – estaban siendo impulsados por los precios en la sombra de sus derivados, en mercados ocultos regidos por fórmulas matemáticas que tenían poca o ninguna relación con el mundo real, donde se producían las transacciones y actuaban seres humanos de carne y hueso”. (Página 223).
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(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Hedge_fund
(Continúa en el siguiente post)
En economía y finanzas suele utilizarse con el sentido de cubrir o compensar.
La denominación “Hedge Funds” es usada en el mundo de las inversiones con el significado de “Fondos de Cobertura”. Con el tiempo, curiosamente, han adquirido también los sentidos de “Fondos de Inversión Libre”, “Fondos de Inversión Alternativa” y, la más especial, de “Fondos de Alto Riesgo”. Algunos se refieren a ellos, incluso, como los “fondos de la gente rica”.
Los “Hedge Funds” son una modalidad de Fondos de Inversión cuyo origen se sitúa en los años 40 y 50 del siglo pasado cuando los Fondos de Inversión Mutuos, diríamos que normales, se hicieron muy populares en EE. UU. El primer Hedge Fund, según se puede ver en Internet (1) y que por tanto, todos mencionamos y repetimos, fue creado por el sociólogo y periodista financiero Alfred Winslow Jones (1901 – 1989) en 1949.
Lo que se le ocurrió a este australiano emigrado a Norteamérica a los 4 años con su familia, que se graduó en Harvard, hizo un doctorado en Columbia y se trasformó en un experto en finanzas y en bolsa, fue muy simple. Para neutralizar los movimientos del mercado de valores en su conjunto y disminuir el riesgo de una inversión, decidió equilibrar su cartera comprando a largo plazo activos que esperaba que subieran y vendiendo a corto plazo activos que esperaba que bajaran. Alfred W. Jones fue un hombre innovador y aportó también las ideas de invertir con apalancamiento, compartir el riesgo y pagar honorarios según los resultados obtenidos. Dijo que su fondo estaba “hedged”, es decir, cercado, separado, asegurado o protegido del conjunto de la bolsa en cuanto a la forma cómo manejaba su exposición al riesgo.
Se adelantó así, en lo relativo a la diversificación de carteras para disminuir el riesgo, a la labor del economista Harry Markowitz (1927- ) que ganó el Premio Nobel de Economía de 1990 compartido con Merton H. Miller (1923-2000) y William F. Sharpe (1934- ). Premio concedido, no obstante, más que a la labor puntual de Markowitz sobre la llamada “Portfolio Theory” y sus dos teoremas (sobre la frontera eficiente y sobre la selección de carteras), y a las de los otros dos galardonados, al hecho de que las finanzas, o la Economía Financiera, habían llegado a ser muy importantes para el mundo en esa época.
Con toda la atención que se ha prestado históricamente a la disminución del riesgo, parece mentira hoy que un instrumento pensado para ello y para asegurar los resultados obtenidos en la bolsa para una cartera de valores, como los Hedge Funds, hayan terminando siendo algo que introduce volatilidad, turbulencia y riesgo.
Los Hedge Funds se describen hoy como fondos llevados de forma muy agresiva que utilizan estrategias muy sofisticadas y que, a diferencia de los fondos mutuos que sólo invierten en acciones y bonos y supuestamente a largo plazo, comercian e invierten en todo tipo de actividades. Lo hacen a largo, y a corto, en la bolsa y “over the counter” (OTC), y en todo tipo de ciclos de las bolsas, tanto al alza como a la baja, con el objetivo de obtener altos resultados positivos bajo cualquier circunstancia por la que pasen los mercados de valores.
A ello contribuye el hecho de ser fondos -- mayoritariamente norteamericanos, por cierto -- con una legislación muy permisiva que al no estar abiertos al público en general no están controlados por nadie y tienen una elevada opacidad. NI las autoridades, ni instituciones diversas de las bolsas, ni los medios de comunicación, ni siquiera los propios inversores, conocen con detalle lo que estos fondos hacen.
Tienen la característica además, de que los responsables de su gestión están fuertemente involucrados en las ganancias a través de unos porcentajes sobre las mismas muy elevados. Es decir, por pura dinámica deducida de cómo están concebidos, se transforman en una espiral de beneficios movida por la avaricia y la codicia en la que los límites entre lo legal y lo ilegal desparecen.
Utilizan mucho los derivados crediticios y los financieros, lo que hace muy difícil saber de dónde vienen las órdenes de venta cuando las bolsas bajan y el precio al que se hacen las operaciones. En el libro de Michael E. Lewit, mencionado en un post anterior, “La muerte del capital”, se dice lo siguiente en relación con la crisis financiera de 2008 que estuvo a punto de destruir el sistema financiero mundial:
“Lo que no fue evidente para los observadores del mercado (en particular los medios de comunicación) es que la presión de venta se generaba en el universo paralelo de los mercados de derivados crediticios, completamente opacos, sin regulación alguna, y cuyos precios se ocultaban, en su mayoría, tanto a los medios como al público. El descubrimiento de los precios se convirtió en algo equivalente a lanzar dardos en la oscuridad, porque no había puntos de referencia para medir el valor. La causa es que los tradicionales puntos de referencia – los precios de los instrumentos crediticios en efectivo – estaban siendo impulsados por los precios en la sombra de sus derivados, en mercados ocultos regidos por fórmulas matemáticas que tenían poca o ninguna relación con el mundo real, donde se producían las transacciones y actuaban seres humanos de carne y hueso”. (Página 223).
_____________________________________________
(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Hedge_fund
(Continúa en el siguiente post)
De los fondos de inversión mutuos, que se supone invierten sólo en bonos y acciones y sólo a largo plazo, con lo que prestan un gran favor a las empresas y a la economía, surgieron en su momento los "Hedge Funds", que invierten de forma agresiva y especulativa en todo lo que se les pone por delante . Dichos instrumentos, junto con los derivados finacieros, de los que también hablaremos más adelante, han contribuido a lo que se conoce como "financiarización" de la economía. Es lo que nosotros venimos llamando Economía Finaciera, la cual ha generado en parte la ilusión de que todos podemos vivir de los bancos, de la bolsa y de las finanzas. Cuando en realidad sólo viven de ellos los que ya son ricos.
(Es continuación del post anterior)
Los Fondos de Inversión son las grandes empresas de nuestro tiempo pero a diferencia de las empresas industriales que proporcionaban mucho empleo, adquirían muchos productos a otras empresas, creaban mucho valor añadido y tenían un alto coeficiente multiplicador, los fondos aportan muy poco al conjunto de la economía de un país. En general, obtienen altos márgenes con muy pocas personas empleadas, no adquieren nada a otras empresas ni dan trabajo externo y todo su valor añadido es, como decimos, en forma de margen, sobre el que además se suelen pagar pocos impuestos.
La mayoría de los grandes fondos, por otra parte, son internacionales y mueven sus inversiones de unas bolsas a otras con toda libertad. El “sudden stop” (1), fenómeno del que tenemos previsto decir algo en este blog más adelante, ha afectado enormemente en sentido negativo a la marcha económica de los países en vías de desarrollo en el pasado reciente y está afectando ahora a la de los países desarrollados.
Se supone que las bolsas y los fondos de inversión deberían ser complementarios de la producción física (productos y servicios) pero eso es lo curioso de la actividad económica de nuestros días en muchos países desarrollados: la industria disminuye y desaparece y la actividad de la bolsa aumenta. Con el consiguiente incremento de la volatilidad que ha hecho, por ejemplo, que estemos bajo mínimos en todas las bolsas mundiales a finales de agosto de 2011, cuando esto se escribe.
¿Sobre qué se fundamenta este fenómeno?. Parece que sobre la globalización de la economía, sobre los movimientos especulativos del capital mundial, sobre el apalancamiento de todo el mundo y sobre la impresionante deuda acumulada. Es lo que se ha dado en llamar la “financiarización” de la economía.
Pero los Fondos, como decimos, son instrumentos legales bendecidos por todos los países y muy bienvenidos por todas las bolsas cuando invierten en ellas.
¿Cuál es el problema entonces?. Hay por supuesto varios problemas pero de momento mencionaremos sólo algunos de ellos, en particular que:
1) una actividad que gira sobre sí misma cómo es la compra de acciones para que los precios de estas suban o la venta para que bajen y que se olvida de las actividad real de las empresas y de sus circunstancias, es decir, una actividad que no añade valor o que el valor que añade es bajo, ficticio o especulativo, no tiene más remedio que ser algo no excesivamente bueno y que lleve sin remisión a burbujas y estallidos;
2) aunque todos los inversores y todos los Fondos de Inversión actuaran como dice Warren Buffet que él actúa, es decir, invirtiendo a largo plazo, y haciéndolo en compañías con proyectos sólidos, bien gestionadas y varias otras cosas más que suenan muy bien, el efecto multiplicador sobre la economía de estas inversiones es incomparablemente menor que el de las inversiones físicas de otras épocas; basta para ello revisar las propias cifras dadas por Buffet en su artículo mencionado en el post anterior para comprobar lo ridículo que resulta utilizar sólo 21 personas para ganar del orden de 40 millones de dólares anuales;
3) es una economía que no crea puestos de trabajo para personas no cualificadas;
4) es una economía que prácticamente sólo crea riqueza para los que ya la tienen;
5) las condiciones fiscales establecidas por los países para estos fondos son tan favorables que cualquier individuo, familia o grupo empresarial, si tiene hoy dinero en abundancia, no se le ocurrirá nunca, ni por asomo, crear una empresa manufacturera ni de otro tipo más o menos relacionado con lo físico, con la mano de obra y con las infraestructuras, a todos lo que se les ocurre hoy es crear un Fondo de Inversión;
6) ningún político es capaz, además, de cambiar el status de los Fondos de Inversión, especialmente los llamados "Hedge Funds", porque todos tienen miedo a que los inversores huyan a otros mercados como explica muy bien Michael E. Lewitt en su reciente libro “La muerte del capital” (2);
y 7) a los bancos, instituciones centrales de este mundo, que han perdido todo norte y todo horizonte y que además manejan muchos de los fondos, les interesa incomparablemente más invertir en bolsa y en bonos del tesoro que prestar dinero a las medianas y pequeñas empresas, con lo que se han transformado en lo que son hoy, “instituciones para no dar créditos”.
Todo eso es a lo que ha dado lugar un instrumento en principio inocente como los Fondos de Inversión sobre el que, como decimos, nadie se atreve a actuar.
Y todavía no hemos llegado a los instrumentos más sanguinarios de todos: los “Hedge Funds”, que son Fondos de Inversión especiales; y tampoco a los derivados financieros, manejados masivamente por dichos “Funds”.
_________________________________________________________
(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Sudden_stop_(economics). Tema del que es un gran especialista el economista mexicano afincado en los Estados Unidos, Guillermo A. Calvo.
(2) Michael E. Lewitt, “La Muerte del Capital”. La Esfera de los Libros, Madrid 2011.
Los Fondos de Inversión son las grandes empresas de nuestro tiempo pero a diferencia de las empresas industriales que proporcionaban mucho empleo, adquirían muchos productos a otras empresas, creaban mucho valor añadido y tenían un alto coeficiente multiplicador, los fondos aportan muy poco al conjunto de la economía de un país. En general, obtienen altos márgenes con muy pocas personas empleadas, no adquieren nada a otras empresas ni dan trabajo externo y todo su valor añadido es, como decimos, en forma de margen, sobre el que además se suelen pagar pocos impuestos.
La mayoría de los grandes fondos, por otra parte, son internacionales y mueven sus inversiones de unas bolsas a otras con toda libertad. El “sudden stop” (1), fenómeno del que tenemos previsto decir algo en este blog más adelante, ha afectado enormemente en sentido negativo a la marcha económica de los países en vías de desarrollo en el pasado reciente y está afectando ahora a la de los países desarrollados.
Se supone que las bolsas y los fondos de inversión deberían ser complementarios de la producción física (productos y servicios) pero eso es lo curioso de la actividad económica de nuestros días en muchos países desarrollados: la industria disminuye y desaparece y la actividad de la bolsa aumenta. Con el consiguiente incremento de la volatilidad que ha hecho, por ejemplo, que estemos bajo mínimos en todas las bolsas mundiales a finales de agosto de 2011, cuando esto se escribe.
¿Sobre qué se fundamenta este fenómeno?. Parece que sobre la globalización de la economía, sobre los movimientos especulativos del capital mundial, sobre el apalancamiento de todo el mundo y sobre la impresionante deuda acumulada. Es lo que se ha dado en llamar la “financiarización” de la economía.
Pero los Fondos, como decimos, son instrumentos legales bendecidos por todos los países y muy bienvenidos por todas las bolsas cuando invierten en ellas.
¿Cuál es el problema entonces?. Hay por supuesto varios problemas pero de momento mencionaremos sólo algunos de ellos, en particular que:
1) una actividad que gira sobre sí misma cómo es la compra de acciones para que los precios de estas suban o la venta para que bajen y que se olvida de las actividad real de las empresas y de sus circunstancias, es decir, una actividad que no añade valor o que el valor que añade es bajo, ficticio o especulativo, no tiene más remedio que ser algo no excesivamente bueno y que lleve sin remisión a burbujas y estallidos;
2) aunque todos los inversores y todos los Fondos de Inversión actuaran como dice Warren Buffet que él actúa, es decir, invirtiendo a largo plazo, y haciéndolo en compañías con proyectos sólidos, bien gestionadas y varias otras cosas más que suenan muy bien, el efecto multiplicador sobre la economía de estas inversiones es incomparablemente menor que el de las inversiones físicas de otras épocas; basta para ello revisar las propias cifras dadas por Buffet en su artículo mencionado en el post anterior para comprobar lo ridículo que resulta utilizar sólo 21 personas para ganar del orden de 40 millones de dólares anuales;
3) es una economía que no crea puestos de trabajo para personas no cualificadas;
4) es una economía que prácticamente sólo crea riqueza para los que ya la tienen;
5) las condiciones fiscales establecidas por los países para estos fondos son tan favorables que cualquier individuo, familia o grupo empresarial, si tiene hoy dinero en abundancia, no se le ocurrirá nunca, ni por asomo, crear una empresa manufacturera ni de otro tipo más o menos relacionado con lo físico, con la mano de obra y con las infraestructuras, a todos lo que se les ocurre hoy es crear un Fondo de Inversión;
6) ningún político es capaz, además, de cambiar el status de los Fondos de Inversión, especialmente los llamados "Hedge Funds", porque todos tienen miedo a que los inversores huyan a otros mercados como explica muy bien Michael E. Lewitt en su reciente libro “La muerte del capital” (2);
y 7) a los bancos, instituciones centrales de este mundo, que han perdido todo norte y todo horizonte y que además manejan muchos de los fondos, les interesa incomparablemente más invertir en bolsa y en bonos del tesoro que prestar dinero a las medianas y pequeñas empresas, con lo que se han transformado en lo que son hoy, “instituciones para no dar créditos”.
Todo eso es a lo que ha dado lugar un instrumento en principio inocente como los Fondos de Inversión sobre el que, como decimos, nadie se atreve a actuar.
Y todavía no hemos llegado a los instrumentos más sanguinarios de todos: los “Hedge Funds”, que son Fondos de Inversión especiales; y tampoco a los derivados financieros, manejados masivamente por dichos “Funds”.
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(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Sudden_stop_(economics). Tema del que es un gran especialista el economista mexicano afincado en los Estados Unidos, Guillermo A. Calvo.
(2) Michael E. Lewitt, “La Muerte del Capital”. La Esfera de los Libros, Madrid 2011.
La pasión de todo el mundo por invertir en bolsa y conseguir "ganar dinero con el dinero" es lo que está detrás de la Economía Financiera actual. Los fondos de inversión, a su vez, están detrás de esa pasión y de esa economía. Es probale que sea algo similar a otras pasiones, euforias y burbujas de la historia, como el ferrocarril, el petróleo y la electricidad del siglo XIX, y el automóvil, el transporte aéreo, las telecomunicaciones y los medios de comunicación del XX. El gran problema es que la nueva economía tiene bajos coeficientes multiplcadores y requiere mucha menos mano de obra que las anteriores "economías", y además, ninguna con baja cualificación. El elevado desempleo, por tanto, parece ser una característica de dicha economía.
(Es continuación del post anterior)
El primer Fondo de Inversión como fondo mutuo se creó en los Estados Unidos en 1924. Fue el “Massachusetts Investors Trust”, el cual consiguió tener en poco tiempo 200 socios y más de 390.000 dólares de la época en activos. Según puede verse en fuentes diversas (1), la crisis del 29 supuso un parón de este instrumento de inversión pero justo después de dicha crisis se regularon y se sometieron a una serie de leyes que los perfeccionaron, introdujeron normas que aumentaron la confianza de los inversores y les dieron importancia y popularidad.
En 1960 los fondos de inversión llegaron en los Estados Unidos a unos 270, con más de 48 mil millones de dólares en activos. Para 2007 ya había en aquel país 8.015 fondos asociados al ICI (Investment Company Institute) con más de 12.300 mil millones de dólares de activos. Y en 2008 el valor de todos los fondos de inversión mundiales superaba la asombrosa cifra de 26 billones (españoles, es decir 26 millones de millones) de dólares.
En España los fondos de inversión no llegaron hasta los años 80 del siglo pasado y teniendo en cuenta lo tradicionalistas y poco apegados a las innovaciones que somos, no tuvieron mucho éxito al principio. Hubo que esperar a la introducción de ciertos cambios en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas en 1991 y a la posterior creación de las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), como sociedades anónimas de ciertas características, para que se produjera un fuerte despegue de estos instrumentos de inversión. Como se sabe, estas compañías tienen unas condiciones fiscales muy favorables al considerarse las inversiones que llevan a cabo como inversiones a largo plazo y diferirse el pago de impuestos. Anualmente sólo pagan, de hecho, el 1 % de sus ganancias (2).
Todos los fondos son gestionados por equipos profesionales como corresponde a cualquier otra empresa que es lo que en realidad son, con lo que la inversión en acciones y bonos, básicamente, para sacar altas rentabilidades, se transforma en una tarea similar a la de las empresas manufactureras, comerciales o de cualquier otro tipo.
El fondo suele ser una empresa o estar asociado a una, la cual con frecuencia no paga intereses, al distribuirse todos los beneficios entre las empresas participantes.
A pesar de las limitadas alternativas de inversión que existen en las bolsas, Fondos de Inversión hay muchísimos y de muy diverso tipo, entre otras cosas porque los mercados de valores se ha liberalizado y globalizado y todo el mundo puede invertir en todo el mundo.
Tampoco se puede estar en contra de estos instrumentos tan populares hoy entre toda clase de inversores, grandes y pequeños, no ya porque muchos de estos últimos tienen allí su ahorros y confían en ellos para tener una jubilación decente, sino porque como hemos dicho anteriormente, la actividad de la bolsa es una parte importante de la economía mundial actual. Si se ponen juntos todo lo que constituye el sector financiero de un país, con las bolsas, los bancos, las empresas de capital riesgo, financieras extrabancarias, fondos de inversión, tarjetas de crédito y todo tipo de instituciones relacionadas con actividades de financiación, no es extraño llegar a cifras que supongan casi 1/3 del PIB de un país. La cantidad de personas dedicadas a trabajar en este hipersector es muy superior al total de personas trabajando en la Industria en su totalidad en cualquier país desarrollado actual. A esto es a lo que expresamente llamamos “Economía Financiera” como comparación con la “Economía Industrial” de la que procedemos o con la “Economía de la Información” hacia la que vamos.
Como diversas innovaciones anteriores la Economía Financiera ha sido útil a la humanidad, especialmente a lo largo del siglo XX en el que se ha desarrollado con fuerza a pesar de ser sus raíces mucho más antiguas. Al principio como complemento de la Economía Industrial que ocupó una parte importante de dicho siglo y más adelante con vida propia y autonomía respecto de la economía productiva tradicional. Esto último parece que no puede tener continuidad en muchos países a la vez, sobre todo si, como ocurre en muchos de dichos países, se destruye al mismo tiempo, e irreversiblemente, la actividad económica real, la que emplea a muchas personas, la que invierte en plantas, equipos e infraestructuras, la que genera y usa tecnología, la que crea nuevos productos y nuevos servicios y la que, como consecuencia de todo ello, tiene un efecto multiplicador importante sobre el conjunto de la economía.
La Economía Financiera como la estamos viviendo en los últimos años es una economía de intangibles y la verdad es que no podemos vivir todos del intercambio de tales bienes. Pueden vivir de ello y de hecho viven, países como Suiza y otros pequeños países catalogados como paraísos fiscales, pero no una generalidad de los países del mundo. Al menos eso es lo que parece. Sería magnífico desde luego que pudiéramos vivir todos de los bancos como ocurre en Suiza o en Bermuda, por ejemplo. Como le decía uno al otro de los dos magníficos cómicos Faemino y Cansado en uno de sus programas en televisión hace años, “yo no sé por no podré tener yo un puesto de trabajo normal como todo el mundo en la Caja de Ahorros”.
A pesar de que la Economía Financiera ha surgido espontáneamente entre nosotros, como tantas otras cosas, su expansión sin límite y el abuso de ella ha introducido en el mundo un número importante de hábitos muy negativos, como la especulación, el endeudamiento elevado y continuo, el apalancamiento, la desregulación, la opacidad, la falta de ética, la codicia generalizada y varios otros.
_________________________________________________
(1) http://www.bolsaone.net/manuales/fondos-inversion/historia/
(2) http://www.fondosmutuos.info/historia.htm
(Continúa en el siguiente post)
El primer Fondo de Inversión como fondo mutuo se creó en los Estados Unidos en 1924. Fue el “Massachusetts Investors Trust”, el cual consiguió tener en poco tiempo 200 socios y más de 390.000 dólares de la época en activos. Según puede verse en fuentes diversas (1), la crisis del 29 supuso un parón de este instrumento de inversión pero justo después de dicha crisis se regularon y se sometieron a una serie de leyes que los perfeccionaron, introdujeron normas que aumentaron la confianza de los inversores y les dieron importancia y popularidad.
En 1960 los fondos de inversión llegaron en los Estados Unidos a unos 270, con más de 48 mil millones de dólares en activos. Para 2007 ya había en aquel país 8.015 fondos asociados al ICI (Investment Company Institute) con más de 12.300 mil millones de dólares de activos. Y en 2008 el valor de todos los fondos de inversión mundiales superaba la asombrosa cifra de 26 billones (españoles, es decir 26 millones de millones) de dólares.
En España los fondos de inversión no llegaron hasta los años 80 del siglo pasado y teniendo en cuenta lo tradicionalistas y poco apegados a las innovaciones que somos, no tuvieron mucho éxito al principio. Hubo que esperar a la introducción de ciertos cambios en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas en 1991 y a la posterior creación de las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), como sociedades anónimas de ciertas características, para que se produjera un fuerte despegue de estos instrumentos de inversión. Como se sabe, estas compañías tienen unas condiciones fiscales muy favorables al considerarse las inversiones que llevan a cabo como inversiones a largo plazo y diferirse el pago de impuestos. Anualmente sólo pagan, de hecho, el 1 % de sus ganancias (2).
Todos los fondos son gestionados por equipos profesionales como corresponde a cualquier otra empresa que es lo que en realidad son, con lo que la inversión en acciones y bonos, básicamente, para sacar altas rentabilidades, se transforma en una tarea similar a la de las empresas manufactureras, comerciales o de cualquier otro tipo.
El fondo suele ser una empresa o estar asociado a una, la cual con frecuencia no paga intereses, al distribuirse todos los beneficios entre las empresas participantes.
A pesar de las limitadas alternativas de inversión que existen en las bolsas, Fondos de Inversión hay muchísimos y de muy diverso tipo, entre otras cosas porque los mercados de valores se ha liberalizado y globalizado y todo el mundo puede invertir en todo el mundo.
Tampoco se puede estar en contra de estos instrumentos tan populares hoy entre toda clase de inversores, grandes y pequeños, no ya porque muchos de estos últimos tienen allí su ahorros y confían en ellos para tener una jubilación decente, sino porque como hemos dicho anteriormente, la actividad de la bolsa es una parte importante de la economía mundial actual. Si se ponen juntos todo lo que constituye el sector financiero de un país, con las bolsas, los bancos, las empresas de capital riesgo, financieras extrabancarias, fondos de inversión, tarjetas de crédito y todo tipo de instituciones relacionadas con actividades de financiación, no es extraño llegar a cifras que supongan casi 1/3 del PIB de un país. La cantidad de personas dedicadas a trabajar en este hipersector es muy superior al total de personas trabajando en la Industria en su totalidad en cualquier país desarrollado actual. A esto es a lo que expresamente llamamos “Economía Financiera” como comparación con la “Economía Industrial” de la que procedemos o con la “Economía de la Información” hacia la que vamos.
Como diversas innovaciones anteriores la Economía Financiera ha sido útil a la humanidad, especialmente a lo largo del siglo XX en el que se ha desarrollado con fuerza a pesar de ser sus raíces mucho más antiguas. Al principio como complemento de la Economía Industrial que ocupó una parte importante de dicho siglo y más adelante con vida propia y autonomía respecto de la economía productiva tradicional. Esto último parece que no puede tener continuidad en muchos países a la vez, sobre todo si, como ocurre en muchos de dichos países, se destruye al mismo tiempo, e irreversiblemente, la actividad económica real, la que emplea a muchas personas, la que invierte en plantas, equipos e infraestructuras, la que genera y usa tecnología, la que crea nuevos productos y nuevos servicios y la que, como consecuencia de todo ello, tiene un efecto multiplicador importante sobre el conjunto de la economía.
La Economía Financiera como la estamos viviendo en los últimos años es una economía de intangibles y la verdad es que no podemos vivir todos del intercambio de tales bienes. Pueden vivir de ello y de hecho viven, países como Suiza y otros pequeños países catalogados como paraísos fiscales, pero no una generalidad de los países del mundo. Al menos eso es lo que parece. Sería magnífico desde luego que pudiéramos vivir todos de los bancos como ocurre en Suiza o en Bermuda, por ejemplo. Como le decía uno al otro de los dos magníficos cómicos Faemino y Cansado en uno de sus programas en televisión hace años, “yo no sé por no podré tener yo un puesto de trabajo normal como todo el mundo en la Caja de Ahorros”.
A pesar de que la Economía Financiera ha surgido espontáneamente entre nosotros, como tantas otras cosas, su expansión sin límite y el abuso de ella ha introducido en el mundo un número importante de hábitos muy negativos, como la especulación, el endeudamiento elevado y continuo, el apalancamiento, la desregulación, la opacidad, la falta de ética, la codicia generalizada y varios otros.
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(1) http://www.bolsaone.net/manuales/fondos-inversion/historia/
(2) http://www.fondosmutuos.info/historia.htm
(Continúa en el siguiente post)
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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