Hay algo que sorprende en la Escuela de Economía Austriaca. Se trata de la lógica y validez de sus explicaciones y análisis en contraposición con sus propuestas de actuación, que son en la mayoría de los casos bastante radicales. Comenzamos en este post haciendo referencia a este hecho y dando ejemplos de ello. Posteriormente nos detenemos en aportaciones diversas de los austríacos como sus clarividentes interpretaciones de las crisis financieras y la destacadísima labor realizada en relación con la teoría del capital y el interés, debida en gran manera a Eugen von Böhm-Bawerk.
Eugen von Böhm-Bawerk
(Continuación del post anterior)
No es extraño, a la vista de estas diferencias entre el mundo real y el que preconizan los austríacos que estos últimos sean considerados como anarcocapitalistas. Von Mises y Hayek fueron tratados en vida como “pájaros raros”, siempre clamando en el desierto, aunque desde el punto de vista teórico sean dos cumbres del pensamiento económico, autores de destacadísimos libros y con ideas muy originales aunque algo extremas y radicales. Sus seguidores se mantienen en esa línea y uno se queda impresionado al leer las propuestas de política económica para resolver la crisis actual que hizo un economista tan cualificado como el español Jesús Huerta de Soto en su artículo de 2011 “Economic Recessions, Banking Reform and the Future of Capitalism” (1).
Tres son las medidas que considera necesarias:
1. 100 % de reservas de los depósitos y equivalentes de los bancos.
2. Supresión de los bancos centrales.
3. Privatización de la emisión de moneda.
Puede que tenga razón pero tendrá que acudir al Espíritu Santo para que alguien le haga caso y, sobre todo, para poder ponerlas en práctica. Es, por otra parte, lo que ya habían dicho von Mises y Hayek en su momento.
Pero los austríacos dicen muchas cosas más, algunas de ellas relacionadas con los ciclos económicos y la aparición periódica de burbujas financieras. Explican éstas como consecuencia de la expansión artificial del crédito deducida de unos coeficientes de caja bajos, de la contabilización irregular de los créditos, es decir, de hacer del crédito un simple asiento contable en el activo y en el pasivo, y del hecho de no estar dichos créditos basados en el ahorro.
Es probable que esta parte de sus explicaciones teóricas sea la responsable del interés actual por la Economía Austríaca ya que a los ciclos económicos y a las crisis financieras les han dedicado mucha atención y han hecho análisis muy válidos sobre ellos. La crisis de nuestros días, como ellos dicen, es una crisis financiera causada por los bancos, por su elevado apalancamiento, por su negligencia en la medida del riesgo y por sus facilidades en la concesión de créditos. Amén, claro está, y a esto se refieren menos los austríacos, de los instrumentos de “destrucción masiva” introducidos en los mercados financieros en los últimos tiempos, de las prácticas trasgresoras e ilegales que utilizan bancos e instituciones financieras diversas y de los fallos sin cuento de las agencias reguladoras.
La crisis financiera actual trasciende sin embargo las explicaciones de los economistas austríacos y su solución es más difícil de lo que ellos suponen. Sencillamente porque hemos creado una economía financiera artificial que es como una nueva ola de innovaciones. Es decir, hemos hecho de la economía financiera un instrumento de crecimiento y de creación de empleo igual que lo fue en su momento la industria del automóvil, la industria eléctrica, la industria del transporte aéreo, la radiodifusión, la televisión y otras olas de innovación tecnológica del pasado.
Históricamente y de la mano de uno de los economistas austríacos más notables, Eugen von Böhm-Bawerk, han hecho también importantes aportaciones a la teoría del capital y el interés, señalando y analizando las diversas etapas de los procesos productivos y cómo el “dinero virtual” – como lo llama Huerta de Soto en el artículo mencionado anteriormente -- creado por los bancos, distorsiona y corrompe el comportamiento de los agentes económicos, principalmente el de los empresarios, haciéndolos invertir en el lugar en que no hay demanda.
(Continúa en el post siguiente)
No es extraño, a la vista de estas diferencias entre el mundo real y el que preconizan los austríacos que estos últimos sean considerados como anarcocapitalistas. Von Mises y Hayek fueron tratados en vida como “pájaros raros”, siempre clamando en el desierto, aunque desde el punto de vista teórico sean dos cumbres del pensamiento económico, autores de destacadísimos libros y con ideas muy originales aunque algo extremas y radicales. Sus seguidores se mantienen en esa línea y uno se queda impresionado al leer las propuestas de política económica para resolver la crisis actual que hizo un economista tan cualificado como el español Jesús Huerta de Soto en su artículo de 2011 “Economic Recessions, Banking Reform and the Future of Capitalism” (1).
Tres son las medidas que considera necesarias:
1. 100 % de reservas de los depósitos y equivalentes de los bancos.
2. Supresión de los bancos centrales.
3. Privatización de la emisión de moneda.
Puede que tenga razón pero tendrá que acudir al Espíritu Santo para que alguien le haga caso y, sobre todo, para poder ponerlas en práctica. Es, por otra parte, lo que ya habían dicho von Mises y Hayek en su momento.
Pero los austríacos dicen muchas cosas más, algunas de ellas relacionadas con los ciclos económicos y la aparición periódica de burbujas financieras. Explican éstas como consecuencia de la expansión artificial del crédito deducida de unos coeficientes de caja bajos, de la contabilización irregular de los créditos, es decir, de hacer del crédito un simple asiento contable en el activo y en el pasivo, y del hecho de no estar dichos créditos basados en el ahorro.
Es probable que esta parte de sus explicaciones teóricas sea la responsable del interés actual por la Economía Austríaca ya que a los ciclos económicos y a las crisis financieras les han dedicado mucha atención y han hecho análisis muy válidos sobre ellos. La crisis de nuestros días, como ellos dicen, es una crisis financiera causada por los bancos, por su elevado apalancamiento, por su negligencia en la medida del riesgo y por sus facilidades en la concesión de créditos. Amén, claro está, y a esto se refieren menos los austríacos, de los instrumentos de “destrucción masiva” introducidos en los mercados financieros en los últimos tiempos, de las prácticas trasgresoras e ilegales que utilizan bancos e instituciones financieras diversas y de los fallos sin cuento de las agencias reguladoras.
La crisis financiera actual trasciende sin embargo las explicaciones de los economistas austríacos y su solución es más difícil de lo que ellos suponen. Sencillamente porque hemos creado una economía financiera artificial que es como una nueva ola de innovaciones. Es decir, hemos hecho de la economía financiera un instrumento de crecimiento y de creación de empleo igual que lo fue en su momento la industria del automóvil, la industria eléctrica, la industria del transporte aéreo, la radiodifusión, la televisión y otras olas de innovación tecnológica del pasado.
Históricamente y de la mano de uno de los economistas austríacos más notables, Eugen von Böhm-Bawerk, han hecho también importantes aportaciones a la teoría del capital y el interés, señalando y analizando las diversas etapas de los procesos productivos y cómo el “dinero virtual” – como lo llama Huerta de Soto en el artículo mencionado anteriormente -- creado por los bancos, distorsiona y corrompe el comportamiento de los agentes económicos, principalmente el de los empresarios, haciéndolos invertir en el lugar en que no hay demanda.
(Continúa en el post siguiente)
Economía
30 Julio 2012
En éste y en los próximos posts vamos a tratar de decir algo más específico de lo dicho hasta ahora sobre el contenido teórico de las dos escuelas de economía que están de moda en la actualidad después de muchos años de haber sido formuladas. Me refiero a la Escuela Austríaca de Economía y al Keynesianismo, como bien saben los seguidores de este blog. Son dos escuelas de pensamiento con más de cien años de existencia una y con más de 80 otra, pero que al haber hecho aportaciones básicas en tiempos en los que el pensamiento económico se estaba formando resultan siempre válidas. Al referirse, por otra parte, a principios, concepciones e interpretaciones fundamentales sobre los fenómenos económicos y sobre las políticas de actuación sobre ellos resultan siempre útiles, particularmente en épocas como la actual en las que es difícil saber lo que conviene hacer sobre la economía. Las dos fueron ampliamente utilizadas y debatidas en la época de la Gran Depresión del 29, la cual vista desde el presente resulta muy similar a la que atraviesan hoy los países desarrollados, al menos los europeos.
Carl Menger. Padre de la Ecuela Austríaca de Economía
La Escuela Austríaca de Economía ha hecho aportaciones muy importantes a la Teoría Económica. Personalmente me encuentro muy cerca de esta corriente de pensamiento en muchas cuestiones, aunque como he dicho en anteriores posts, eso no significa nada, ya que también me siento bien viendo salir el sol todas las mañanas y saludando alegre las primeras lluvias de otoño. Muchas de las cosas que dicen los economistas de esta escuela son obvias, como el sol y la lluvia, y nadie puede negarlas. Otras, por supuesto, son obcecaciones. Pero algo parecido ocurre con el Keynesianismo, y también yo me encuentro muy de acuerdo con algunas de las cosas que dicen los partidarios de esta segunda corriente de pensamiento económico y muy en contra cuando se empecinan en cosas que no tienen sentido.
¿Es esto un oxímoron, un contradictio in terminis?. No lo creo. En economía hay sitio para defender el liberalismo económico, por un lado, y la intervención puntual de los estados en la organización y posible regulación de los mercados, por otro. El problema no está en emplear unas u otras concepciones sino en emplearlas bien o mal y en hacerlo con sentido práctico, es decir, si ideología previa y pensando sólo en el bienestar del conjunto de la sociedad.
Igual que en la ciencia y en la tecnología hemos aprendido a combinar el racionalismo con el empirismo y a buscar aproximaciones heurísticas a la verdad relativa -- siempre verdad relativa, por favor --, también podemos hacerlo en la economía y quizás en todas las ciencias sociales. De hecho podremos utilizar ese enfoque mucho más en estas ciencias que en las ciencias naturales, ya que en las sociedades constituidas por hombres y en su organización no hay leyes como las físicas. Quiero decir que la libertad es consustancial con el capitalismo y con lo que llamamos economía o procesos de producción, distribución e intercambio de bienes y servicios, pero los mismos que creamos esos mecanismos hemos creado otros como los estados, los gobiernos, las instituciones de todo tipo, las leyes y los órganos reguladores. Aunque lo quisiéramos no es posible tirar por la borda el mundo que hemos creado. Sólo podemos reformarlo, reorientarlo y corregirlo.
Pero veamos algunas de las cosas que dicen unos y otros.
Los economistas austríacos tienen, para empezar, una serie de “bestias negras”. Son, por ejemplo, enemigos de los bancos centrales y de los bancos en general; de los gobernantes, especialmente de los socialistas; y de los reguladores, particularmente los del sistema financiero. En relación con esto último recientemente he sido testigo de burlas y mofas extremas sobre Basilea II y Basilea III por parte de un cualificado economista austríaco español. Han sido hechas en una conferencia pública organizada por la destacada Fundación Rafael del Pino en un abarrotado salón de conferencias, trufado de banqueros y jóvenes bancarios, que se venía abajo de aplausos y complacencias, incluso cuando el conferenciante decía que el coeficiente de caja debía ser del 100 % de todos los depósitos de un Banco.
Algún tiempo después, por cierto, he asistido en Madrid al curso de verano organizado por la Fundación Ramón Areces en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid con el título: “La reconfiguración del sector bancario español ante la nueva regulación financiera. Alcance e impacto de la crisis”. Han participado en él importantes personajes del sector bancario nacional e internacional, entre ellos Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España y actual Director General del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS). He podido ver el impresionante aparato regulador del sistema bancario que se está montando como parte de Basilea III y los múltiples instrumentos a utilizar incluidas las llamadas “políticas macroprudenciales” como complemento a las más tradicionales “microprudenciales” que funcionan a nivel de los bancos aislados. Estas nuevas políticas están pensadas para contener el riesgo sistémico y para actuar sobre él en cuanto se produzcan los más mínimos indicios de su presencia.
Se recordaron también en el curso anterior las condiciones de coeficientes de caja, liquidez y apalancamiento que prevalecen hoy en la mayoría de los países desarrollados, los cuales están a años luz de distancia, especialmente el primero, del 100 % que preconizaba Ludwig von Mises y que defienden hoy sus seguidores. Depende de cómo se mida este indicador pero por lo que se refiere a los países de la Zona Euro, el coeficiente de caja o porcentaje entre los activos del sistema bancario o reservas y los depósitos entregados por los ahorradores al banco es en la actualidad del 2 %, es decir, que por cada 100 Euros depositados en ahorros en una entidad bancaria la entidad tiene que mantener 2 Euros como reservas legales y puede invertir o conceder créditos por un valor de 98 Euros.
Y en cuanto al apalancamiento, si no me equivoco, un banco español puede apalancarse en la actualidad hasta 90 veces el valor de su capital.
____________________________________________________
(1) Publicado en “Economic Affairs”, vol 31, nº 2, junio 2011, pp 76-84
(Continúa en el post siguiente)
¿Es esto un oxímoron, un contradictio in terminis?. No lo creo. En economía hay sitio para defender el liberalismo económico, por un lado, y la intervención puntual de los estados en la organización y posible regulación de los mercados, por otro. El problema no está en emplear unas u otras concepciones sino en emplearlas bien o mal y en hacerlo con sentido práctico, es decir, si ideología previa y pensando sólo en el bienestar del conjunto de la sociedad.
Igual que en la ciencia y en la tecnología hemos aprendido a combinar el racionalismo con el empirismo y a buscar aproximaciones heurísticas a la verdad relativa -- siempre verdad relativa, por favor --, también podemos hacerlo en la economía y quizás en todas las ciencias sociales. De hecho podremos utilizar ese enfoque mucho más en estas ciencias que en las ciencias naturales, ya que en las sociedades constituidas por hombres y en su organización no hay leyes como las físicas. Quiero decir que la libertad es consustancial con el capitalismo y con lo que llamamos economía o procesos de producción, distribución e intercambio de bienes y servicios, pero los mismos que creamos esos mecanismos hemos creado otros como los estados, los gobiernos, las instituciones de todo tipo, las leyes y los órganos reguladores. Aunque lo quisiéramos no es posible tirar por la borda el mundo que hemos creado. Sólo podemos reformarlo, reorientarlo y corregirlo.
Pero veamos algunas de las cosas que dicen unos y otros.
Los economistas austríacos tienen, para empezar, una serie de “bestias negras”. Son, por ejemplo, enemigos de los bancos centrales y de los bancos en general; de los gobernantes, especialmente de los socialistas; y de los reguladores, particularmente los del sistema financiero. En relación con esto último recientemente he sido testigo de burlas y mofas extremas sobre Basilea II y Basilea III por parte de un cualificado economista austríaco español. Han sido hechas en una conferencia pública organizada por la destacada Fundación Rafael del Pino en un abarrotado salón de conferencias, trufado de banqueros y jóvenes bancarios, que se venía abajo de aplausos y complacencias, incluso cuando el conferenciante decía que el coeficiente de caja debía ser del 100 % de todos los depósitos de un Banco.
Algún tiempo después, por cierto, he asistido en Madrid al curso de verano organizado por la Fundación Ramón Areces en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid con el título: “La reconfiguración del sector bancario español ante la nueva regulación financiera. Alcance e impacto de la crisis”. Han participado en él importantes personajes del sector bancario nacional e internacional, entre ellos Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España y actual Director General del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS). He podido ver el impresionante aparato regulador del sistema bancario que se está montando como parte de Basilea III y los múltiples instrumentos a utilizar incluidas las llamadas “políticas macroprudenciales” como complemento a las más tradicionales “microprudenciales” que funcionan a nivel de los bancos aislados. Estas nuevas políticas están pensadas para contener el riesgo sistémico y para actuar sobre él en cuanto se produzcan los más mínimos indicios de su presencia.
Se recordaron también en el curso anterior las condiciones de coeficientes de caja, liquidez y apalancamiento que prevalecen hoy en la mayoría de los países desarrollados, los cuales están a años luz de distancia, especialmente el primero, del 100 % que preconizaba Ludwig von Mises y que defienden hoy sus seguidores. Depende de cómo se mida este indicador pero por lo que se refiere a los países de la Zona Euro, el coeficiente de caja o porcentaje entre los activos del sistema bancario o reservas y los depósitos entregados por los ahorradores al banco es en la actualidad del 2 %, es decir, que por cada 100 Euros depositados en ahorros en una entidad bancaria la entidad tiene que mantener 2 Euros como reservas legales y puede invertir o conceder créditos por un valor de 98 Euros.
Y en cuanto al apalancamiento, si no me equivoco, un banco español puede apalancarse en la actualidad hasta 90 veces el valor de su capital.
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(1) Publicado en “Economic Affairs”, vol 31, nº 2, junio 2011, pp 76-84
(Continúa en el post siguiente)
Continuamos haciendo un recorrido cándido por las aportaciones recientes de varios economistas, jóvenes y menos jóvenes. La impresión que se obtiene de la revisión de esas aportaciones es que a falta de cosas más importantes que decir o hacer en el terreno de la economía, los economistas actuales se dedican a reactivar viejos debates y viejas polémicas en el terreno de la teoría económica. Se dedican a resaltar las diferencias en planteamientos y en principios básicos, los cuales ninguno es bueno ni malo, ninguno es verdadero ni falso, ninguno es mejor ni peor y ninguno sirve, y esto es lo más importante, para hacer y resolver a corto plazo. Resulta increíble que volvamos a activar debates que ocuparon a los hombres en los años 30 del siglo pasado. Más de 80 años después seguimos discutiendo los mismos puntos de vista unidimensionales, racionalistas y básicos. Parece como si nada hubiera ocurrido desde entonces en el terreno de las ideas económicas.
Para comprobar la pasión que se ha desatado en los últimos tiempos por el liberalismo más extremo y el keynesianismo más básico, sólo hay que acudir a los cientos de libros y miles de artículos que se han publicado en los últimos años sobre estas formas enfrentadas de pensamiento económico. No soy referencia de nada, pero en mi mesa se apilan hoy siete u ocho libros recientes relacionados con estos temas, sobre los que trabajo. Como parte de lo que produzca a partir de ahora en forma de nuevos posts tendrán relación con ellos los menciono a continuación:
1.- “Los errores de la vieja economía. Una refutación de la teoría general del empleo, el interés y el dinero de John Maynard Keynes” de Juan Ramón Rallo (Un joven y destacado economista español, austríaco de pro, alumno, me imagino que predilecto, de Jesús Huerta de Soto y colaborador habitual del hispano-argentino Carlos Rodríguez Braun).
2.- “Volver a Keynes. Fundamentos de la teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” de Axel Kicillof, el ínclito asesor de la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kichner; imagino que asesor en expropiaciones ilegales y otras formas de afanar. El intervencionismo del Estado que Keynes puso de moda, con mucha prudencia y tratando de construir una teoría económica que lo justificara, toma en este ¿político, economista, investigador, autor?, la forma más burda de actuación pública contra el mercado.
Los títulos de estos dos libros muestran claramente por donde van los tiros. La pasión y el “racionalismo”, digámoslo pronto, de estos dos jóvenes autores se dejan ver desde el principio. El primero (1984), que es bastante más joven que el segundo (1971), emplea 318 páginas en explicar lo errado que estaba Keynes y lo acertados que siempre han estado los componentes de la escuela austríaca, con especial referencia a Friedrich Hayek. Y el segundo, que parece ser todavía más racionalista que el primero, dedica 490 páginas justo a lo contrario, incluyendo en sus críticas a los propios keynesianos, que según dice en la Introducción, siempre corrigieron al maestro y se consideraron por encima de él.
Un tercero sería keynesiano también pero menos teórico que los dos anteriores,
3.- “¡Acabad ya con esta crisis!” de Paul Krugman. Presentado recientemente a bombo y platillo en la Fundación Rafael del Pino de Madrid. Acompañando a Krugman, por cierto, e interviniendo a su favor o en su contra, actuaron dos conocidos personajes españoles: Pedro Schwartz y Manuel Conthe
Un cuarto es periodístico pero sumamente interesante por los detalles que da sobre los enfrentamientos Keynes vs Hayek
4.- “KEYNES HAYEK. The Clash That Defined Modern Economics” de Nicholas Wapshott.
Los de Joseph Stiglitz hay que mencionarlos a pares o triples,
5.- “FREEFALL. America, Free Markets, and the sinking of the World Economy” de Joseph E. Stiglitz
6.- “MIS-Measuring our lives” de Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jan-Paul Fitoussi.
7.- “The Stiglitz Report. Reforming the international monetary and financial systems in the wake of the global crisis” de Joseph Stiglitz y miembros de la Comisión de Expertos Financieros de las Naciones Unidas.
Y uno más que habría que situarlo en el terreno de la Economía Mixta y en la línea de las enseñanzas destacadas de Paul Samuelson, un economista de primera magnitud que parece haber sido arrinconado por la virulencia fundamentalista de los últimos tiempos. Se trata de,
8.- “El precio de la civilización” de Jeffrey Sachs.
El más acertado para mi y con el que yo mejor me encuentro a pesar de las críticas profundas del autor a una gran parte de nuestras sociedades y de nuestras economías.
Un panorama en cualquier caso complicado, porque, ¿qué podemos decir de obras tan densas, tan reflexivas, tan bien argumentadas, y, a pesar de ello, tan contrarias y tan enfrentadas unas con otras?. ¿No es esto racionalismo y fundamentalismo?.
¿Qué puede hacer una persona joven que esté tratando de encontrar algo de verdad en la Teoría Económica?. ¿Qué conclusión obtendrá de la lectura de estas obras, una distinta, de que la economía no es un área seria de conocimientos?
1.- “Los errores de la vieja economía. Una refutación de la teoría general del empleo, el interés y el dinero de John Maynard Keynes” de Juan Ramón Rallo (Un joven y destacado economista español, austríaco de pro, alumno, me imagino que predilecto, de Jesús Huerta de Soto y colaborador habitual del hispano-argentino Carlos Rodríguez Braun).
2.- “Volver a Keynes. Fundamentos de la teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” de Axel Kicillof, el ínclito asesor de la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kichner; imagino que asesor en expropiaciones ilegales y otras formas de afanar. El intervencionismo del Estado que Keynes puso de moda, con mucha prudencia y tratando de construir una teoría económica que lo justificara, toma en este ¿político, economista, investigador, autor?, la forma más burda de actuación pública contra el mercado.
Los títulos de estos dos libros muestran claramente por donde van los tiros. La pasión y el “racionalismo”, digámoslo pronto, de estos dos jóvenes autores se dejan ver desde el principio. El primero (1984), que es bastante más joven que el segundo (1971), emplea 318 páginas en explicar lo errado que estaba Keynes y lo acertados que siempre han estado los componentes de la escuela austríaca, con especial referencia a Friedrich Hayek. Y el segundo, que parece ser todavía más racionalista que el primero, dedica 490 páginas justo a lo contrario, incluyendo en sus críticas a los propios keynesianos, que según dice en la Introducción, siempre corrigieron al maestro y se consideraron por encima de él.
Un tercero sería keynesiano también pero menos teórico que los dos anteriores,
3.- “¡Acabad ya con esta crisis!” de Paul Krugman. Presentado recientemente a bombo y platillo en la Fundación Rafael del Pino de Madrid. Acompañando a Krugman, por cierto, e interviniendo a su favor o en su contra, actuaron dos conocidos personajes españoles: Pedro Schwartz y Manuel Conthe
Un cuarto es periodístico pero sumamente interesante por los detalles que da sobre los enfrentamientos Keynes vs Hayek
4.- “KEYNES HAYEK. The Clash That Defined Modern Economics” de Nicholas Wapshott.
Los de Joseph Stiglitz hay que mencionarlos a pares o triples,
5.- “FREEFALL. America, Free Markets, and the sinking of the World Economy” de Joseph E. Stiglitz
6.- “MIS-Measuring our lives” de Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jan-Paul Fitoussi.
7.- “The Stiglitz Report. Reforming the international monetary and financial systems in the wake of the global crisis” de Joseph Stiglitz y miembros de la Comisión de Expertos Financieros de las Naciones Unidas.
Y uno más que habría que situarlo en el terreno de la Economía Mixta y en la línea de las enseñanzas destacadas de Paul Samuelson, un economista de primera magnitud que parece haber sido arrinconado por la virulencia fundamentalista de los últimos tiempos. Se trata de,
8.- “El precio de la civilización” de Jeffrey Sachs.
El más acertado para mi y con el que yo mejor me encuentro a pesar de las críticas profundas del autor a una gran parte de nuestras sociedades y de nuestras economías.
Un panorama en cualquier caso complicado, porque, ¿qué podemos decir de obras tan densas, tan reflexivas, tan bien argumentadas, y, a pesar de ello, tan contrarias y tan enfrentadas unas con otras?. ¿No es esto racionalismo y fundamentalismo?.
¿Qué puede hacer una persona joven que esté tratando de encontrar algo de verdad en la Teoría Económica?. ¿Qué conclusión obtendrá de la lectura de estas obras, una distinta, de que la economía no es un área seria de conocimientos?
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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