Unas palabras sobre el keynesianismo
Adolfo Castilla | Jueves, 15 de Diciembre 2011

La economía mundial debe iniciar un "U Turn" pero nadie sabe cómo puede hacerlo. Hay poca creatividad en la ciencia social que llamamos Economía y la que hay no es ni entendida ni seguida por los políticos y por la sociedad. Puede que sea, en parte al menos, porque nos encerramos en ideologías trasnochadas y en modelos caducos que actúan como prisiones del pensamiento y de la acción. La insistencia en el keynesianismo para salir de la crisis es un ejemplo de ello.

Unas palabras sobre el keynesianismo
Personalmente creo que hay que dejar de hablar de consenso keynesiano y de keynesianismo. Como muchas otras cosas del pasado y como muchos marcos ideológicos a los que los hombres nos aferramos, son ellas y ellos los que nos impiden tener la creatividad necesaria para encontrar soluciones en un mundo muy diferente al de otras épocas. Los marcos de referencia del pasado y las teorías estereotipadas pueden actuar como prisiones para el pensamiento y la acción.

El keynesianismo no es hoy la respuesta a nada y no podemos ni siquiera aplicarlo. Por un lado mientras persistan los déficits presupuestarios y los desequilibrios financieros actuales y mientras formemos parte del Euro, no podemos hablar de otra política fiscal que no sea la de reducción de gastos y austeridad.

Por otro, el keynesianismo funcionó mientras vivíamos en un mundo en el que los dos desequilibrios posibles eran el desempleo y la inflación y ambos eran incompatibles: o había desempleo o había inflación. El primero se reequilibraba con aumento de la demanda global y el segundo con la disminución de dicha demanda. Dejó de funcionar en la década de los 70 del siglo pasado cuando la inflación no era de demanda sino de costes y producida en concreto por el aumento espectacular de los precios del petróleo. Se produjo entonces desempleo e inflación a la vez y hubo que olvidarse de Keynes. Ahora, para sorpresa de Keynes si volviera a la vida, tenemos una situación nueva caracterizada por la coexistencia del alto desempleo y la baja inflación.

Podría intentarse el aumento de la demanda global sobre todo a través del aumento de las exportaciones pero para ello, en términos macroeconómicos, tendríamos que devaluar nuestra moneda lo cual no es posible porque no es nuestra, es de toda Europa y no podemos actuar sobre ella nosotros solos. Tampoco podemos actuar sobre los tipos de interés aunque estos, como sabemos, están muy bajos hoy y no representan ningún problema.

En otras palabras, el keynesianismo no tiene ningún sentido en la actualidad y hablar de consenso keynesiano está fuera de lugar, dicho sea con mucho respeto hacia los keynesianos y nuevos keynesianos.

Rizando el rizo se podría pensar en una actuación supuestamente keynesiana, aunque yo no la llamaría así, a nivel de la Comunidad Europea, para lo cual, por ejemplo, se podría relajar el objetivo de mantener los déficits nacionales por debajo del 3 % y llevarlos, quizás, al 6 %. El problema que tendríamos entonces, probablemente, es que la inversión pública puede no servir para nada si no hay demanda para las infraestructuras o servicios creados con dicha inversión. El panorama español de aeropuertos cerrados, líneas de ferrocarril sin pasajeros, autopistas sin tráfico y universidades públicas sin alumnos, debe hacernos pensar antes de gastar los caudales públicos.

No debemos olvidarnos tampoco de que la inversión sigue sin producirse a pesar de los bajos tipos de interés dominantes.

En una palabra, necesitaríamos en todo caso una nueva fórmula, un nuevo Keynes distinto al anterior o una nueva teoría económica. Todo eso puede estar actualmente en gestación.

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