Relaciones peligrosas entre longevidad y reducción de la riqueza global

Mientras en las próximas dos décadas la edad media en Italia subirá de 42 a 51 años, los jóvenes apuestan menos al ahorro


Para rellenar la incipiente brecha entre ahorros globales y riqueza financiera, los hogares y los gobiernos necesitarán incrementar sus tasas de ahorro y generar mayores retornos sobre los bienes que poseen. Sobre este tema se explayan Diana Farell, Sacha Ghai y Tim Shavers, consultores de la firma McKinsey, en la última publicación de la revista MckKinsey Quarterly. Por Sergio Manaut.



Los autores afirman en su trabajo que la población mundial está envejeciendo y esto hace que los balances bancarios dejen de crecer y los estándares de vida, que han mejorado consistentemente desde la revolución industrial, puedan estancarse. La razón es que la población de Japón, Estados Unidos y Europa Occidental, donde se genera la mayor parte de la riqueza del mundo, está envejeciendo rápidamente. Durante las próximas dos décadas, la edad media en Italia subirá de 42 a 51, y en Japón de 43 a 50.

Dado que la gente ahorra menos cuando se retira y las generaciones más jóvenes en sus primeros años productivos son menos frugales de lo que eran sus padres, las tasas de ahorro están destinadas a caer significativamente.

Un mal para todos

Ningún país quedará exento, explican los consultores de McKinsey. Para los Estados Unidos, con su población relativamente joven, mayor tasa de natalidad y firme flujo de inmigrantes, la tendencia de envejecimiento será relativamente menos severa. Sin embargo, su tasa de ahorro es notablemente baja, aún antes de que los baby boomers hayan empezado a retirarse.

Para financiar su déficit de cuentas corrientes, los Estados Unidos confían en los flujos de capital de Europa y Japón, pero deben también enfrentar el rápido envejecimiento de sus poblaciones. Inclusive países de rápido desarrollo como China no serán capaces de generar ahorros suficientes para equilibrar la diferencia.

No será fácil encontrar soluciones. Elevar la edad de jubilación, suavizar las restricciones a la inmigración o alentar a las familias a tener más hijos son acciones que tendrán poco impacto. Provocar un crecimiento económico no es una solución, tampoco lo es la próxima revolución productiva ni los descubrimientos tecnológicos. Para rellenar la brecha entre ahorros globales y riqueza financiera, los hogares y los gobiernos deberán incrementar sus tasas de ahorro y generar retornos más elevados sobre los activos que poseen. Esto cambios implican elecciones duras pero pueden ofrecer un futuro más promisorio.

Cómo incrementar las tasas de ahorro

En muchos países, las generaciones más jóvenes ganan más y ahorran menos que sus mayores. Esta discrepancia es una causa importante de la escasez de riqueza en los Estados Unidos y, más sorprendentemente, en Japón. Si las generaciones más jóvenes ahorraran tanto como sus padres y continuaran ganando más ingresos, un cuarto de la escasez de riqueza en Japón y casi una tercera parte de la brecha de los Estados Unidos se cerraría hacia el 2024.

Persuadir a los jóvenes de ahorrar más es difícil, sin embargo, y los incentivos impositivos que apuntan a incrementar los ahorros del hogar han dado resultados mezclados. En oposición a la sabiduría popular, pedir prestado en demasía no es la el factor culpable en la mayoría de los países. Si bien los pasivos del hogar han crecido significativamente más rápido que los activos (en base a una muestra tomada desde 1982), mantener los préstamos del consumidor en línea con el crecimiento de activos sólo cubriría un 7.5% de la escasez de riqueza proyectada.

Solución

La clave para incrementar los ahorros del hogar es sobrellevar la inercia, manifiesta el estudio de McKinsey. Cuando las empresas automáticamente incluyen a sus empleados en planes de ahorro voluntarios en vez de hacer que la gente los elija activamente, las tasas de participación crecen significativamente.

Por supuesto, los gobiernos también pueden incrementar las tasas de ahorro de sus países a través del mecanismo que está directamente bajo su control: reducir el déficit del presupuesto fiscal. Mantener la disciplina fiscal es vital si los gobiernos deben enfrentar los costes crecientes de salud y pensión que devengarán las poblaciones envejecidas.

Los consultores de McKinsey comentan que si los políticos no pasan a la acción, la baja incipiente en ahorros globales y la proyectada declinación de la riqueza financiera podrían deprimir la inversión, el crecimiento económico y los estándares de vida en los países más grandes y ricos.

El desarrollo futuro de las naciones pobres también estaría en peligro. Un esfuerzo sostenido, concertado, para incrementar la eficiencia de la asignación de capital, fortalecer el ahorro y cerrar los déficits presupuestarios de los gobiernos podría evitar un final que hoy luce preocupante.



Jueves, 12 de Mayo 2005
Sergio Manaut
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