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Réplica en miniatura del mítico superordenador Cray

Ingenieros eléctricos afrontan los últimos retos de un proyecto que aspira a preservar la historia de la computación


Dos ingenieros eléctricos estadounidenses se propusieron por diversión reproducir una de las supercomputadoras más conocidas y exitosas de la historia, Cray-1. Sin embargo, el proyecto resultó ser más complicado de lo esperado. Aunque no hubo mayor problema para emular la arquitectura, en un modelo a escala 1/10 del original, resulta complicado recuperar un software de la década de los setenta. Lo que empezaron como afición se ha convertido en todo un reto para preservar la historia de la computación. Por Patricia Pérez




Réplica de Cray-1 frente al superordenador original. Fuente: Chris Fenton
Réplica de Cray-1 frente al superordenador original. Fuente: Chris Fenton
En la década de los setenta la empresa Cray. tenía el dominio absoluto en el mundo de las supercomputadoras. En 1976, el ingeniero estadounidense Seymour Cray lanzó Cray-1, un modelo que fue rápidamente adoptado por laboratorios de todo el mundo. Se trataba de una torre en forma de C con 5,5 toneladas de peso y un poder de 3,4 Megaflop/s, un rendimiento unas diez veces inferior al smartphone más rápido del momento que, además cabe en un bolsillo.

Sin embargo, en su época fue toda una revolución. Hacían falta diez hombres para ayudar a instalarlo y su primer uso fue el diseño de armas nucleares. Pronto dio paso a nuevos y más rápidos modelos, desvaneciéndose por completo en los años noventa, al no alcanzar el rendimiento deseado por los altos costes económicos. Sin embargo, su original diseño y el éxito temprano dejaron una huella duradera en la industria.

Huella que llevó a los ingenieros Chris Fenton y Andras Tantos a plantearse la creación de una réplica en versión sobremesa del Cray-1, aunque lo que empezó como afición se ha convertido en un proyecto más complejo de lo esperado.

El MITA prestó al ingeniero un lector de discos de los setenta. Fuente: Chris Fenton
El MITA prestó al ingeniero un lector de discos de los setenta. Fuente: Chris Fenton
La réplica toma forma

Según recoge un artículo en el blog de tecnología Gigaom, el reto comenzó en 2010, cuando Fenton, un ingeniero eléctrico que trabaja en las supercomputadoras modernas en Nueva York, decidió crear su propio Cray-1 casero a escala 1/10 del original. Descubrió suficiente documentación en la red sobre el hardware, por lo que a priori no tuvo mayor problema. Le bastó una máquina de control numérico (CNC) y pegamento para construir una torre rodeada por un banco de madera. Después pintó la estructura y cubrió el banco con piel artificial.

Para emular la arquitectura original del equipo, Fenton instaló la tarjeta de desarrollo Spartan 3E- 1600, que es lo suficientemente pequeña como para caber en un compartimento integrado en el banco. Y todo por 225 dólares. Teniendo en cuenta que el coste inicial de la máquina original fue entre cinco y ocho millones de dólares, la réplica es toda una ganga.

Hasta aquí todo bien. El muro apareció al iniciar la búsqueda del software. Al comprobar que ningún código del sistema operativo original estaba disponible a través de Internet, determinó que fue analógico. Preguntó en el Computer History Museum (o Museo Histórico de Ordenadores), dedicado a la preservación y presentación de los artefactos de la era digital, pero sin éxito.

A través de un amigo conoció a Donald Lee, un ex ingeniero de software de Cray que tenía un paquete de discos gigante –aquel primitivo medio extraíble para el almacenamiento de datos- en el sótano de su casa de Minnesota, aunque no sabía muy bien cómo había llegado hasta allí. El segundo escollo fue encontrar una unidad de disco de los setenta para ejecutarlo, la cual pidió prestada al Museo de Tecnología de la Información (MITA) en Arlington, Texas.

Sin embargo, las condiciones de preservación del archivo no fueron las más deseables, por lo que Fenton tuvo que improvisar un sistema creado con la Makerbot Thing-o-matic (MADRE), la primera impresora 3D. El robot pasaba lentamente sobre el disco, convirtiendo los datos de analógico a digital. Lamentablemente, el paquete de discos sólo contenía software de pruebas.

Por suerte, para entonces el proyecto de Fenton y su búsqueda de documentación había conseguido cierta popularidad en el ámbito informático, llegando a oídos de Andy Gelme, un desarrollador de software australiano que también trabajó para Cray y tenía otro paquete de discos. Este tampoco contenía el sistema operativo original, pero sí el último desarrollado por la empresa para el sucesor del Cray-1, el Cray X-MP.

Incursión de Tantos

Utilizando el sistema de recuperación que había creado, extrajo la información del disco. No fue capaz de convertirlo en software de trabajo, pero ahí ya estaba iniciando su relación con Tantos, un ingeniero eléctrico de Microsoft que, de forma independiente, también perseguía el sistema operativo de Cray.

Tantos se hizo cargo de trabajar con el disco. Reescribió las herramientas de recuperación, además de un simulador para el software y el equipo de apoyo, como impresoras, monitores, teclados y demás. Durante la mayor parte del año pasado se dedicó al sistema operativo, hasta conseguir que funcionara.

El objetivo actual por tanto es actualizar el equipo para que sea compatible con el sistema operativo del Cray X-MP, al tiempo que buscar un compilador: un programa informático que les permita escribir sus propias aplicaciones. “Ahora basta con pulsar la palabra 'instalar' y el programa se ejecuta. Entonces todo estaba en formato de código fuente y era necesario compilar antes de poder ejecutarlo”, recuerda Tantos.

Al igual que hasta ahora confían en que alguien pueda proporcionarles la información necesaria para culminar su reto, para lo que piden ayuda desde su blog. Como aficionados admiten que abordaron el proyecto por diversión, aunque poco a poco han caído en la cuenta de que se trata de un ejercicio importante para salvaguardar la historia de la computación. Y es que a pesar de la fama de estas primeras supercomputadoras, se hizo poco esfuerzo para asegurar una supervivencia integral.

“En cierto modo es triste, pero en otros aspectos es fascinante”, asegura Tantos. “Al ver lo extremadamente difícil que es conseguir el software de estos primeros ordenadores, es aún más importante que preservemos lo que está disponible”, añade.

Además, cuando finalmente consigan vincular el sistema operativo con el modelo sobremesa del Cray-1, será un hecho novedoso e histórico, ya que se tratará del primer trabajo de esta saga en décadas.


Patricia Pérez
Miércoles, 22 de Enero 2014
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