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Robert W. Godwin: la próxima evolución es el viaje al interior humano

La espiritualidad posmoderna es para la gente que puede abandonar la adolescencia


Para comprender como el conocimiento científico realmente se alinea con una comprensión mística tradicional de la relación de Dios con la creación, debemos pensar estereoscópicamente: se debe tomar una perspectiva, el pensamiento científico, y tomar la otra, la sabiduría mística, hasta que ambas se sinteticen a un nivel más alto, explica Robert W. Godwin, autor del libro de reciente aparición "One Cosmos under God". Nos encontramos justo en el inicio del paso al próximo estadio, añade, el de una espiritualidad posmoderna para gente que puede abandonar la adolescencia y convertirse en adulto. Para Godwin hoy hay mucha mayor atención al interior como una nueva frontera, un anhelo de nuevos horizontes y de nuevas experiencias. "Ahora nos movemos hacia adentro. Este es el viaje real y la próxima evolución". Entrevista realizada por Elizabeth Debold. Introducción de Carol Ann Raphael.



Robert W. Godwin
Robert W. Godwin
Robert W. Godwin
Robert W. Godwin
Curiosamente, en nuestra era de especialistas y expertos en campos de estudio más específicos que nunca, las ideas más originales e innovadoras a menudo proceden de individuos que están explorando terrenos en los que tienen escasa experiencia o experiencia no formal. El autodidacta ocasional ha existido durante mucho tiempo, sin embargo estos nuevos exploradores no carecen de educación. Generalmente tienen títulos académicos, pero son temas ajenos a su esfera profesional los que les motivan a leer apasionadamente, pensar y escribir complejas ideas de una forma notablemente fresca e intuitiva, tanto si hablan de arte o de física como del origen del universo.

Robert Godwin es uno de estos pensadores “intrusos” que en su libro One Cosmos under God ha intentado nada menos que revisar la historia entera de la creación tanto desde una perspectiva científica como espiritual, presentando una posible narración cósmica nueva, audaz, poética y sorprendente. Su obra rompe fronteras, emociona y hace reír, y abarca la cosmología, la biología, la física cuántica, la psicología, la antropología, la historia, el misticismo y la teología, entre otros campos.

Godwin, psicólogo clínico, señala que comenzó a interesarse por “todo” antes de cumplir los 30 años. Define su propia mente como sintética en lugar de analítica, por lo que, para darle sentido a lo que estaba aprendiendo, buscó relaciones y patrones entre las verdades que iba recabando en los diversos campos de estudio. En resumidas cuentas, quería “saber”. Llegó a la conclusión de que la única forma de alcanzar verdades espirituales era a través de la experiencia directa y se hizo practicante del yoga integral de Sri Aurobindo. One Cosmos under God es el resultado de lo que descubrió como seguidor de las enseñanzas hindúes de este hombre, unificadas con los frutos de su propia curiosidad insaciable.

Como consecuencia de nuestro incondicional interés por la espiritualidad evolucionista, WIE pretendió indagar más en las ideas de este intelectual intrépido. En la entrevista que viene a continuación, Godwin nos dirige hacia los mayores temas metafísicos y pensamientos místicos. Es desde esta perspectiva, nos dice, desde la que la naturaleza causal, lineal, de la vida en la tierra –la dimensión horizontal- y la dimensión absoluta y trascendente –o vertical- pueden percibirse de una forma integrada. También desde ahí podemos entender las cuatro “singularidades”, aquellas explosiones de novedad evolutiva que comenzaron el universo y radicalmente transformaron la vida en este planeta para siempre. Continuamente, la conversación cambia de dirección y Godwin nos lleva al interior, a los límites más profundos de la psique humana presentándonos sorprendentes relatos sobre el desarrollo psicológico y su relevancia en la evolución de la cultura. Tocando una vertiginosa variedad de temas, desde la educación infantil hasta el sacrificio ritualizado o la capacidad de autoconciencia, une todo magistralmente en una visión de la humanidad a un tiempo infinitamente vasta y cercana.


La verticalidad y la evolución del Cosmos

En su libro, One Cosmos under God, usted crea una notable síntesis de dos tipos de conocimiento –científico y espiritual- dentro de un majestuoso contexto evolutivo para comprender quiénes somos y porqué estamos aquí. ¿Podría comenzar hablándonos del objetivo de su trabajo?

Simplemente intento unir la mejor sabiduría espiritual con el mejor conocimiento científico para demostrar que no son incompatibles y que, de hecho, se reflejan el uno al otro. Trato además de acercar la metafísica tradicional a la gente, algo que hacen las religiones.

La idea principal está realmente implícita en la perspectiva religiosa tradicional, que señala que antes de la evolución hubo lo que se denomina la involución de Dios, que podría ser una metáfora del Big Bang. Dios se lanzó a sí mismo a la existencia y casi se pierde a sí mismo en la existencia. La evolución, por tanto, sería el camino de vuelta – la recuperación gradual de diferentes niveles de Dios, cuyo fin es el Yo Soy-. Al final del viaje, se comprende que Dios estuvo todo el tiempo. La cuestión es que Dios jugó a escondidas consigo mismo, se puede decir.

Sin embargo, para comprender como el conocimiento científico realmente se alinea con una comprensión mística tradicional de la relación de Dios con la creación, debemos pensar estereoscópicamente. Se debe tomar una perspectiva, el pensamiento científico, y tomar la otra, la sabiduría mística, hasta que ambas se sinteticen a un nivel más alto. En ese nivel es donde se ve que ambas cosas que parecen separadas en realidad son partes de una sola, dos caras de una misma moneda. Desde ahí podemos saber que la existencia está compuesta de dos dimensiones diferentes.

¿A las que usted llama horizontal y vertical?

Sí, pero los términos no son míos. Muchas personas usan esta metáfora. Es difícil definirlas por separado porque cada una cobra sentido en relación con la otra. La horizontalidad nos es concedida en el transcurso de la evolución material, por la selección genética natural, y opera de forma casi determinista del pasado al presente y al futuro, linealmente, por causa-efecto. La verticalidad, por el contrario, opera de manera “perpendicular” al tiempo cronológico. Es de donde decimos que procede Dios y sus revelaciones (que no vienen del pasado sino de Arriba).

La verticalidad es el eje principal del cosmos, el espacio creativo de la evolución post-biológica. Tiene diversas cualidades, como profundidad o interioridad, y tres verdades trascendentales: la Divinidad, la Verdad, la Belleza. Prácticamente cada cosa que nos define como humanos, que nos aporta dignidad o nobleza, procede de la verticalidad (nuestra capacidad para conocer Verdad, para la belleza estética, para la música o la poesía…). Cualquier práctica religiosa implica abrirse a la energía vertical.

La espiritualidad que yo practico, el yoga de Sri Aurobindo, tiene como objetivo acercar la verticalidad a la horizontalidad. No te dejas el mundo atrás: el Verbo se hace carne, que es como decir que la verticalidad se hace horizontal, potencialmente en todos los seres humanos.

¿Cómo entiende usted la relación entre la verticalidad y la horizontalidad en el cosmos?

La verticalidad está a la cabeza de todas las cosas, es su potencial, su diseño. Ken Wilber habla de ello y dice que es como las formas potenciales aún no concretadas. El proceso completo de la evolución consiste en la manifestación de las formas puras en este plano horizontal. Evolucionamos hacia ella, la evolución es el proceso de actualización de ese diseño.

Creo que por eso hay tantas religiones y revelaciones diferentes. Sólo recientemente nos hemos adentrado en el terreno vertical del Espíritu, y estamos recuperando mucha de la información diversa que la gente encuentra. Al principio, vemos cosas distintas porque aún no hemos hecho un “mapa” bien definido.

En su libro, usted traza la evolución cósmica atendiendo a la relación entre la verticalidad y la horizontalidad. De hecho, argumenta que el Big Bang es la primera de las cuatro “singularidades” principales que nos han llevado hasta donde estamos ahora. ¿Podría explicar que significa para usted la singularidad, y cuáles son las cuatro singularidades?

La singularidad es el término usado para denominar al Big Bang. Los físicos definen una singularidad como un diminuto punto del espacio-tiempo de una densidad tal que es infinita. Pero también es una discontinuidad ontológica. La ontología es el estudio del ser, y cuando una singularidad ocurre, el ser cambia radicalmente de carácter. Esa es la razón por la que no hay una sino cuatro singularidades en la existencia: Materia, Vida, Mente y Espíritu. En cada uno de estos niveles de evolución, hay una interiorización más profunda. Esa es la dimensión vertical, la profundización interior del cosmos. El primer bang convierte la nada en algo ordenado. El segundo, hace que de un universo muerto surja uno vivo. Con la tercera singularidad, pasamos de un universo vivo a uno pesante y creativo, reflejo del creador. La cuarta singularidad produce la revelación espiritual “Yo Soy”, que es inesperada.

¿Puede ahondar en las cuatro singularidades?

La primera es la existencia en sí, la creación a partir de la nada, el Big Bang. Empecé a escribir este libro para tratar de comprender el Big Bang y de donde venía. A medida que se estudia, te das cuenta de que resulta muy misterioso que el fenómeno haya estado gobernado por hermosas ecuaciones, en las que si se hubiese modificado una sola iota, la vida hubiera sido imposible, no estaríamos aquí. El universo sería radicalmente distinto. Por tanto, el Big Bang no fue una explosión aleatoria sino ordenada por las matemáticas, y que contenía una información altamente refinada, que implica la verticalidad desde los inicios. La aleatoriedad no podría haber creado esto.

La segunda singularidad es la Vida, que en sí es inexplicable. Los biólogos de hecho pueden explicarte todo de la vida excepto su porqué. Un día, en este planeta, la materia se enrrolló sobre sí misma y, de pronto, se abrió un nuevo horizonte. Literalmente comenzó un nuevo universo. La tercera singularidad es sorprendente: el desarrollo de la Mente. Esto ha ocurrido relativamente hace poco, y fue el fenómeno que otorgó la humanidad al Homo Sapiens. Esta humanidad parece haber venido de la evolución vertical, no de la horizontal.

De repente, comenzamos a pintar en las cuevas, ritualizamos los enterramientos, decoramos nuestros cuerpos… hay un nuevo tipo de autoconciencia. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? La única manera que yo contemplo es decir que pasamos a una nueva área ontológica, al mundo de la verdad, el amor y la belleza, lo que implica un sentido de verticalidad, de apertura a un espacio mental en el que se reconoce la belleza y la eternidad. Se trata de una forma diferente de ser.

Pero, a pesar de esto, no exiten razones para creer que la mente nos llevará a la cuarta singularidad, que consistió en que, de repente, hace unos tres mil años, con el inicio de los Upanishads, surgió el Yo Soy. No es que yo sea Dios, sino que Dios y yo somos indistinguibles el uno del otro, y la parte más honda de mi ser es Atman, es Brahman. Poco después de esta revelación, alrededor del año 900 a.C. aparecen los profetas judíos y toda la Era Axial: Platón, Jesús, Lao Tse y otros.

Los críticos seculares podrían decir que todo esto es una fantasía, pero lo que a mí me sorprende es la sofisticación metafísica de las grandes tradiciones. Consideremos la increíble sabiduría de la Torah, los cinco primeros libros de la Biblia. Los judíos que la compusieron eran rústicos, ignorantes, gente iletrada. Pero aún hoy sus enseñanzas son aplicadas por los rabinos. ¿De dónde procede esa sabiduría? Debe venir de otra dimensión. No es selección natural sino supernatural. Así opera la verticalidad en los profetas.

La gente que ha descubierto el Yo Soy creo que vivía en otra dimensión que intentaban hacernos llegar. A través de la historia, sus palabras nos han iluminado y nos han dirigido hacia ellos.

Una de las cosas que he encontrado más interesantes sobre su trabajo es su afirmación de que el papel de la verticalidad en la historia humana no se limita a la religión.

Exacto. Si no llega a existir Churchill en la Segunda Guerra Mundial, ¿quién hubiera dado el paso que él dio? Era lo que yo llamo un místico secular. He oído muchas historias acerca de las palabras que oía y que no sabía de donde procedían. Es un ejemplo, pero si lo piensas hay un pequeño grupo de personas, embajadores de la verticalidad, sin las cuales las cosas habrían sido mucho peor de lo que han sido.

Además, la verticalidad también juega un papel en las instituciones humanas, que comienzan siempre con un propósito (militar, educacional, etc.) pero, con el tiempo, acaban ocupándose sobre todo de su propia auto-preservación, por lo que tienden a la horizontalidad. Cuando eso ocurre, personas que forman parte de ellas suelen instintivamente abandonar la institución para intentar encontrar algo más.

Con las religiones tradicionales también ocurre, pero en ellas el problema radica en que tratan de contener al incontenible Dios y reducirlo a fórmulas y rituales. Esto genera la necesidad de un Mesías, que debe romper los contenidos institucionalizados de los rituales para devolver la cercanía inmediata de Dios a la realidad. Por eso necesitamos constantemente las reformas religiosas.

¿Siente usted que la dimensión vertical juega un papel crucial en la dirección de la humanidad?

No sé si es una metáfora o si es literal, pero existe la idea de que la encarnación de un
avatar ocurre en los momentos clave en que la evolución psicohistórica ha llegado a un punto muerto. Ese avatar desciende para abrirse paso en dicha pausa.


La integración de la psique y la evolución de la cultura

Usted señala que a menudo hay intervenciones verticales en la historia que impulsan a la humanidad adelante. Esto nos lleva al terreno de la evolución cultural. Estoy segura de que pocos negarían que nuestra cultura ha evolucionado a un nivel material (tecnología, higiene, etc.) pero creo que nuestra noción de nosotros mismos y la forma en que sentimos ha sido siempre la misma. Sin embargo, usted argumenta que la experiencia actual del ser humano ha cambiado dramáticamente en el curso de nuestra historia.

Este es un tema controvertido. Yo creo que la humanidad ha cambiado profundamente, aunque por alguna razón resulta políticamente incorrecto pensarlo. La ciencia aún piensa que la inteligencia humana es producto del cerebro pero en realidad es producto de situaciones muy específicas de la especie que nos han llevado a desarrollarla. Si miramos hacia atrás en el tiempo, el cerebro humano creció a una velocidad tan radical que las cabezas de los niños se hicieron demasiado grandes como para atravesar el canal del parto.

Eso llevó a la muerte a las madres, así que la evolución hizo que fuéramos nueve, doce o más meses prematuros. Para que los bebés sobrevivieran en este estado, necesitaban que sus padres lo cuidasen. Y, para ello, fue necesaria la aparición de la oxitocina, que es la hormona que hace que las madres amen a sus bebés. La evolución dio lugar asimismo a la familia porque una madre no puede sobrevivir sola sin ayuda cuando está criando. Tiene que encontrar la manera de atraer a un hombre que la cuide, como hacen otros mamíferos.

Pero como los niños nacen en un estado neurológico incompleto, el cerebro sigue creciéndoles y madurando durante los dos primeros años. Hasta hace poco, unos cuarenta o cincuenta años, no se ha comprendido realmente la manera en que la personalidad se desarrolla gracias a los vínculos y cuidados, que tienen efectos en el cerebro. Cuanto más se entiende lo sensible que es el proceso, comprendemos mejor que si la forma de cuidar a los niños ha cambiado radicalmente, debe haber implicaciones.

Por ejemplo, en la antigua Grecia, se daba el incesto, las niñas eran tratadas de forma bárbara. Si un niño nacía, los padres podían decidir deshacerse de él, simplemente dándoselo a los lobos. Los griegos vivían así en un estado psicológicamente fragmentado, y sus dioses reflejaban dicho estado.

Desde esta perspectiva, cobra sentido el modo en que la religiosidad humana temprana consideraba que los sacrificios humanos podían compensar a estas deidades paganas. Todas las culturas primitivas practicaban estos sacrificios. No existía el concepto del monoteísmo porque la gente no podía entenderlo.

Resulta difícil relacionar el sacrificio humano con la experiencia de lo sagrado. ¿Cómo pueden funcionar ambas cosas a la vez?

Se deben comprender los efectos de la fracturación de la psicología primitiva. Cuanto más primitiva es una mente, psicológicamente hablando, su existencia resulta menos sintética. Este modelo del inconsciente es diferente del establecido en el modelo de Freud, donde se imagina una línea más o menos horizontal, una frontera, entre la conciencia y la inconciencia. El nuevo modelo de la mente reconoce un grupo de fracturas verticales en la conciencia –y no verticales en el sentido que mencionamos antes.

Cuanto más difícil y traumática es la infancia, más fracturas verticales habrá en la mente. Ciertos aspectos de la experiencia no son integrados en el sentido de quienes somos, y estas partes no son capaces de integrarse, ni siquiera cuando las emociones se experimenten de un modo intrusivo. En las culturas en que la educación infantil produce estos niveles de traumas y fracturas mentales, la gente debe encontrar la forma de apaciguar a todos esos enemigos persecutorios que proyecta. Probablemente el sacrificio sea una manera.

Puede crear un sentido de “sagrado” porque cuando uno se encuentra cerca de la muerte, ocurre algo sagrado. El sacrificio actuaría como la cataplasma sobre la herida, limpiando todos los pecados humanos y eliminando el veneno. Una persona concreta, la sacrificada, soportaría por tanto el peso de todos nuestros pecados. Tras matarla, nos sentimos temporalmente libres de la culpa. Pero hay que repetir el ritual una y otra vez.

Realmente no es éste el retrato del pasado que solemos ver en películas o en la televisión, no puedo imaginarme que la mayor parte de la gente que camina por la calle tuviera tendencias homicidas, como usted dice.

Analizando el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) que es un manual de diagnósticos para los psicólogos que contiene ejemplos del pasado, se comprueba que ciertos desórdenes de la personalidad que hoy son relativamente raros eran mucho más comunes antes.
La personalidad límite es un ejemplo clásico. Estos individuos interiorizan una relación muy caótica con sus padres muy pronto, por lo que su psique está completamente desciontrolada en la edad adulta. Pueden amarte ahora y odiarte el próximo minuto. Son impulsivos. En la Edad Media, mucha gente era así.

Aún nos quejamos de la exposición de los niños a la violencia a través de los medios de comunicación, pero la imagen que usted pinta es muy extrema. Resulta fascinante que sólo recientemente hayamos reconocido la delicadeza del desarrollo de un niño y cuántos cuidados necesitan los niños durante su desarrollo.

Hace quizá tan solo cien años que nos dimos cuenta que el niño tiene una vida interior, que no es un objeto. Cuando la educación de los niños cambio significativamente, apareció una nueva clase de psicología, según Lloyd deMause. No acepto del todo esta perspectiva, pero creo que sí es cierto que apareció una generación con otro tipo de psicología con el baby boom de los años cincuenta. Así comenzamos a ser educados de una forma mucho más humana, más que el resto de los niños en otros periodos de la historia.

Puede haber incluso una base genética de estas psico-clases, lo que resulta controvertido. Hace unos meses, un estudio demostró aún está evolucionando. En ciencia se assume que el cerebro dejó de evolucionar cien o ciento cincuenta mil años. Pero ahora se ha descubierto que sigue cambiando y que grupos diversos evolucionan a diferentes proporciones. Cuanto más humana sea la educación del niño y cuanto mejor sea su nutrición, más oportunidades tenemos de actualizar su potencial. Con el paso del tiempo, ¿llegarán estos cerebros a ser más grandes y complejos? Wilber apuntó también esto. A medida que evolucionamos mentalmente, tiene que haber un sustrato neurológico que se desarrolle al mismo tiempo. No es que reduzcamos la evolución a la neurología, sino que ambas cosas irían de la mano.

Las implicaciones son profundas. Por esa razón el mundo no tiene un único calendario: unos vivimos en 2006, pero hay muchas culturas en las que la gente aún está en 1700 e incluso en 1500. La gente vive en diferentes épocas de desarrollo. En algunos sitios las mujeres y los niños siguen considerándose una propiedad, por ejemplo.

Como parte de mi trabajo como psicólogo clínico, he podido evaluar pacientes de muy diferentes culturas, y créame, hay diferencias. Hay diferencias de fondo, diferencias en la forma de educar a los niños, que explicarían, creo, lo que sucede en la edad adulta. Hay ciertas culturas en las que parece como si todas las personas fueran la misma. Te cuenta la misma historia y las mismas experiencias porque no han descubierto la individualidad. El énfasis en el desarrollo individual es muy reciente en nuestra historia y sólo en Occidente. En la mayoría de las culturas, históricamente, lo importante es la identidad del grupo.

¿Cómo diferenciamos grados de fragmentación en la psique relacionados con nuestra experiencia religiosa o espiritual?

La persona con la psique fragmentada a menudo está predispuesta a experiencias extremas. Pueden tener experiencias muy irreales porque su psique no está regulada, pero son incapaces de estabilizarla. La gente que está traumatizada, por ejemplo por abusos incestuosos, tienden a la disociación y a la irrealidad llegando incluso a estados alterados del ser que son, en cierta forma, espirituales. Pero hay reinos de lo espiritual que son buenos y otros que son malos. La gente con la psique fragmentada puede acceder con facilidad a otras dimensiones.

Mírelo de esta forma. Toda ciencia es una reducción de la multiplicidad a la unidad. Cualquier gran teoría científica toma un amplio espectro de fenómenos y los organiza en una visión que los unifica. Por tanto tiene sentido que cuanto más unificados estemos como personas, más claramente veamos luz. De esta forma, la experiencia espiritual es unificadora. Cuanto más unitarios somos interiormente, con mayor profundidad podremos ver hacia fuera.

¿Hacia dónde cree que nos dirigimos? ¿Hacia donde nos dirige el individualismo occidental?

En primer lugar, debo decir que este tipo de trabajo de profundización, la exploración de la conciencia, cada vez está al alcance de más gente. En el pasado, sólo llegaba a las pocas personas que ingresaban en un monasterio. Con la modernidad, por vez primera, las personas corrientes tienen realmente la posibilidad y los recursos –toda la literatura mística y los recursos cognitivos, psicológicos y emocionales actuales- para buscar la espiritualidad.

Aunque el lado oscuro del individualismo occidental, por supuesto, es el narcisismo, la autoabsorción y la idea de que todo puede ejecutarse horizontalmente. Todo lo que aparece en televisión es un reflejo de la horizontalidad, que elimina la verticalidad. Ahora debemos buscar aquello que llamamos “autenticidad”.

Se da una situación espinosa porque la manera tradicional de acceder a la verticalidad es a través de la religión. Pero muy pocos de nuestros posmodernos individualistas miran hacia la tradición. Para avanzar, parece como si necesitáramos algo nuevo.

Es un buen apunte. ¿Cómo encuentran los sarcásticos algo que reverenciar y de lo que no se burlen? Ésa es la cuestión. De alguna manera, debemos necontrar algo que espontáneamente reverenciemos. Y no puede ser algo más bajo. Debe ser algo tan grande que nos haga caer de rodillas. Intento reanimar y volver a despertar el sobrecogimiento, y evitar el sarcasmo reconociendo esta aventura de la conciencia que tenemos la suerte de vivir.

Creo en la ruptura de la tradición como en nuestra adolescencia se rompe con la autoridad paterna. Pero no se puede ser un adolescente para siempre y en eso estamos atascados. Ahora debemos encontrar la manera de adentrarnos en una verdadera madurez espiritual, no en la vieja autoritaria adultez ni en la rebelión adolescente del materialismo, el secularismo, el marxismo, etc.
Nos encontramos justo en el inicio del paso al próximo estadio. Andrew Cohen, Ken Wilber y yo mismo –cada uno desde diversos puntos- intentamos crear una espiritualidad posmoderna para gente que puede abandonar la adolescencia y convertirse en adulto. Esto conlleva un nuevo tipo de responsabilidad. Hay un deseo espontáneo de dar. Y cuando se encuentra a un viajero semejante en el camino, es una gran alegría. Intentamos crear más viajeros afines, popularizar los territorios que hemos descubierto.

Me gustaría terminar con una metáfora. Mire el movimiento hacia el exterior de la evolución humana: salió de África hacia Europa, luego cruzó el Atlántico, llegó después a la costa este de los Estados Unidos y, más tarde, lentamente, emigró hacia la frontera, la costa occidental. Entonces la frontera se cierra. No hay nada más que abandonar desde 1890 y en ese momento se inicia realmente el viaje interior a un nivel cultural. Comenzamos a encontrarnos con personajes posmodernos, como James Joyce, Einstein o Picasso. De pronto, hay mucha mayor atención al interior como una nueva frontera que está aquí y ahora. Al frontera interior está aquí mismo, lista para ser conquistada, explorada y habitada.

Es apasionante. Ahora nos encontramos en este increíble viaje interior, y nos damos cuenta de que este es el único viaje. Porque, para nosotros, las fronteras exteriores realmente fueron fronteras interiores todo el tiempo. Hay un anhelo de nuevos horizontes y de nuevas experiencias. Pero ahora no tenemos el inconveniente de tener que preocuparnos por el mundo material. Ahora “entramos y subimos. Nos movemos hacia adentro”. Este es el viaje real y la próxima evolución.


Entrevista publicada originalmente en What Is Enlightenment? Magazine, January-March 2007. © 2007 EnlightenNext, Inc. All rights reserved. Se reproduce con autorización. Traducción del inglés: Yaiza Martínez.




Miércoles, 25 de Abril 2007
Elizabeth Debold y Carol Ann Raphael
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