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25/07/2014


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Universidad Comillas




Roger Penrose propone la existencia de multiversos cíclicos

Sería un modelo cosmológico alternativo al de los multiuniversos de Hawking, que plantea diversos problemas y consecuencias


La edición en español de la última obra de Roger Penrose, “Ciclos del Tiempo. Una extraordinaria nueva visión del universo”, ha hecho llegar de inmediato al público en lengua española las nuevas propuestas del autor. En el fondo, Penrose quiere hablarnos de multiversos, unos multiversos “cíclicos” que permitirían también ofrecer una explicación a las evidencias del Principio Antrópico. Las especulaciones de Penrose son legítimas y viables, aunque también presentan problemas, así como diferencias con respecto a las propuestas de Hawking y consecuencias para la metafísica teísta cristiana. Con todo, tienen el derecho de ser respetadas como propuestas racionales alternativas para desentrañar el enigma de un universo cuya metafísica fundante todavía desconocemos. Por Javier Monserrat.



Pintura al óleo de Urs Schmid (1995) relativa a la teoría de Roger Penrose. Fuente: Wikimedia Commons.
Pintura al óleo de Urs Schmid (1995) relativa a la teoría de Roger Penrose. Fuente: Wikimedia Commons.
En el presente artíclo, nos referiremos al libro de Roger Penrose “Cycles of Time: An Extraordinary New View of the Universe” (2010), cuya versión en inglés y en español (noviembre 2010) ha sido publicada un poco después del ensayo de Hawking "El Gran Diseño". Hawking, años atrás, presentó en “Historia del Tiempo”, una visión cíclica del universo que en 2010 parece haber sido sustituida por una cosmología de multiversos. Sin embargo, la concepción cosmológica de Penrose en 2010 parece más similar (aunque distinta) a la primitiva cosmología de Hawking y del mismo Penrose, en el momento de su conjunta contribución relativista al concepto de singularidad y a la teoría de los agujeros negros.

La edición en español de “Ciclos del Tiempo. Una extraordinaria nueva visión del universo” (Debate, Barcelona, 2010) ha hecho llegar de inmediato al público en lengua española estas nuevas propuestas de Penrose. En el fondo, Penrose quiere también hablarnos de multiversos, pero no parecen ser los multiversos de Hawking, ni los universos “burbuja” ordinarios en la cosmología moderna, sino otros multiversos “cíclicos” que permitirían ofrecer una explicación a las evidencias del Principio Antrópico.

Las especulaciones de Penrose son sin duda intelectual, científica y filosóficamente, no sólo legítimas sino también lógicas y viables, aunque den la impresión de hallarse en un estadio bastante inmaduro. Aún así, no dejan de presentar problemas (que el mismo Penrose reconoce) y, además, distan mucho de poderse considerar probadas por las evidencias empíricas o experimentales. Se trata, como ocurre también con la propuesta de multiversos de Hawking, de pura especulación. Posible, eso sí, pero que no puede exigir en lógica científica que le concedamos el estatuto de realidad, ni de “verdad” científica, mucho más cuanto que no se trata de una especulación única, sino que tiene otras alternativas especulativo-metafísicas (vg. la de Hawking) que son también viables, y que tienen el derecho de ser respetadas como propuestas racionales alternativas para desentrañar el enigma de un universo cuya metafísica fundante todavía desconocemos.

El mismo Penrose es consciente de que su propuesta es sólo una alternativa teórica, de que se trata de una visión cíclica del universo y de que la sucesión de ciclos o eones que en ella se contempla puede equivaler a una teoría cíclica de multiversos. En la concepción de Penrose, como en general para la ciencia, nuestro universo es el único hecho empírico existente, en cuya función podemos especular sobre su naturaleza, sus orígenes y su previsible futuro.

Es la argumentación científica construida, así pues, desde el universo fáctico la que permite pensar en un futuro cuyo estado equivaldría a un pasado. Las condiciones de un estado final que equivaldrían a las condiciones de un estado inicial. Comienzo y fin, pasado y futuro coincidirían en el ámbito de las “singularidades” (de un “estado intermedio singular”) y el discurrir entre ellos sería el presente cósmico. El final de un eón se constituiría en comienzo de otro. Nuestro universo sería uno de los eones, o tiempos cósmicos, que estaría precedido y continuado por otros eones que, en conjunto, serían una infinitud de multiversos que se sucederían unos a otros.

Para que uno de estos universos pudiera tener por azar las propiedades que nos permiten hablar (y este es el caso en nuestro universo) del Principio Antrópico, debería entenderse que cada uno de los universos nacientes pudiera tener unas leyes y unos valores de sus variables diferentes. Si no fuera así –es decir, si el universo naciente en cada uno de los eones fuera similar, es decir, de ontología y valores similares–, entonces esa ontología debería tener en todos ellos los sorprendentes valores del Principio Antrópico (porque el nuestro, uno de los eones, de hecho las tiene). Lo sorprendente del Principio Antrópico quedaría, pues, sin el azar que lo explicaría por ser un caso único dentro de la infinitud de un conjunto de valores en eones diversos.

Diversidad conceptual de los multiversos en Hawking y en Penrose

En la propuesta de Penrose se transluce una voluntad explícita de que su idea de los multiversos permita resolver por azar el sorprendente cuadro de valores del Principio Antrópico. Sin embargo, su concepción es marcadamente distinta de la de Hawking. En realidad es distinta de la teoría ordinaria de multiversos, anterior a Hawking, y a la que este pretende adherirse en su obra de 2010, El Gran Diseño, dando de ella una interpretación especial propia.

La teoría común de multiversos, o de los “universos burbuja”, sostiene que existe una infinitud de universos (en el sentido de “innumerables”). Pero no es que surjan uno del otro (en el sentido aproximado de que al morir uno se produzca otro). Los universos no se tienen así unos a otros como referencia de origen. La teoría de multiversos, al contrario, considera que los infinitos universos se refieren siempre a (o se fundan en) un metasistema de realidad (o, si se quiere, un metauniverso o una metarrealidad) en que son producidos y en que en alguna manera quedan reabsorbidos.

Para que nazca un universo “burbuja” no es necesario que muera un universo anterior y que esto sea el detonante que lleve al nacimiento del otro. Los universos pueden nacer en paralelo sin referencia entre sí. Su única realidad de referencia es el metauniverso que los genera y los reabsorbe, una vez que ha transcurrido “su tiempo” o eón. Nuestro universo habría nacido pues dentro de un metasistema de realidad en la forma de un big bang (tal como se puede argumentar desde los hechos que conocemos en nuestro universo), discurriría en el tiempo producido por el cambio de sus estados internos y acabaría disolviéndose en estados finales de alta entropía que serían reabsorbidos por el metauniverso en que tienen su origen fundamental. Con los “tiempos propios” cada uno, el metauniverso habría producido otros muchos universos independientes que no interferirían entre sí. Estos universos podrían ser paralelos y no coincidentes: en realidad sus “tiempos” estarían aislados sin forma alguna de interferencia. Para esta teoría no tendría sentido decir que unos salen de otros.

En cambio, la propuesta de Penrose parece hablar de un único universo en el que se producen diferentes ciclos del tiempo. Es un universo que produce un eón, un tiempo, y al morir o diluirse su estado final se convierte en inicio productor de otro eón, otro ciclo del tiempo. Los infinitos universos de Penrose son así sucesivos y uno nace de las cenizas del otro. La imagen de este proceso podría ser dos sinusoides desfasadas en 1800, de tal manera que el punto de coincidencia de las dos ondas sería el tránsito de un eón a otro; el área entre los dos sinusoides sería el espacio en que se desplegarían los estados del tiempo de cada uno de los eones. Habría un tiempo creciente de expansión del área (hasta el punto de mayor amplitud de ambos sinusoides) que daría tránsito a una reducción que llegaría a cero en el punto en que coincidirían las dos ondas: ese punto sería, al mismo tiempo, final del eón anterior y comienzo del nuevo. Penrose entiende que el estado final de un eón equivaldría a una singularidad en que las leyes del espacio-tiempo del eón muriente dejarían de tener vigencia y, por ello, el nuevo eón naciente estaría ontológicamente libre frente al eón anterior (aunque sólo en parte como después explicaremos). Entre eón y eón habría un “estado intermedio singular”.

Roger Penrose en el Laboratorio Nacional Brookhaven, en 2007. Fuente: Wikimedia Commons.
Roger Penrose en el Laboratorio Nacional Brookhaven, en 2007. Fuente: Wikimedia Commons.
¿Es congruente la teoría de Penrose? ¿Qué teoría es más aceptable, la teoría común de multiversos paralelos, por ejemplo, tal como la concibe Hawking, o la teoría de multiversos cíclicos propuesta por Penrose? Inclinarse por una u otra visión depende obviamente de las argumentaciones que las apoyan. Y estas dependen de los hechos empíricos que las avalen. Lo que ocurre es que, en realidad, ni una ni otra tienen evidencias empíricas a su favor. Por ello son concepciones teóricas posibles, pero que no cuentan con evidencias científicas que las respalden. Por consiguiente, la discusión de estas propuestas de multiversos, para juzgar cuál de ellas está mejor concebida en teoría, dependerá de su consistencia lógica interna; es decir, de que el sistema de realidad que proponen sea consistente internamente, más o menos congruente con los hechos empíricos y su existencia sea por ello más verosímil. Se tratará, por tanto, de una discusión sobre la consistencia teórica de ambos modelos.

En otro escrito he presentado mi opinión sobre la congruencia de la hipótesis de multiversos propuesta por Hawking en El Gran Diseño. Debería leerse antes de abordar aquí lo que ahora debemos comentar, a saber, sólo a la propuesta de Penrose. Como veremos, su universo oscilante o cíclico no deja de tener serios problemas de consistencia interna. Por ello, aun tratándose en ambos casos de pura especulación teórica, tal como argumentaremos, tenemos la opinión de que la propuesta clásica de multiversos, a la que parece adherirse la versión propia de Hawking, presenta una mayor consistencia formal. En el fondo es difícil negar que la propuesta de Penrose sea en absoluto posible, aunque se presente con lagunas e inmadurez que el mismo Penrose admite. Pero la visión de Penrose es difícil de mantener y su crítica nos conduce la la teoría ordinaria de multiversos que acabaría llevándonos a admitir una dimensión de metarrealidad que debería producir universos paralelos e independientes en lugar de universos cíclicos.

Universos oscilantes o cíclicos

Penrose es pues consciente de ofrecer una visión alternativa a la teoría clásica de los multiversos, antes mencionada. Además, tampoco acepta la teoría de supercuerdas que es hoy para muchos autores (entre ellos Hawking) un apoyo teórico de importancia en su concepción de los multiversos. Pero su propuesta de un universo cíclico cuyo futuro es un pasado, un fin que es un comienzo, no equivale al tipo de universo oscilante que propuso ya Stephen Hawking en “Historia del Tiempo”.

Para Hawking, la fuerza de expansión del universo presente sufriría un frenado gravitatorio que invertiría la línea del tiempo hacia un proceso de concentración que terminaría en un big cranch, una singularidad que eliminaría el espacio-tiempo y sus leyes, produciendo el nuevo big bang que abriría una nueva fase de tiempo expansivo que acabaría también frenándose y precipitándose a un nuevo big cranch. Esta concepción halló en su momento problemas teóricos y experimentales serios, como fueron la falta de masa crítica que produjera el colapso gravitario capaz de vencer la fuerza expansiva y la misma dificultad teórica de entender una eterna oscilación que evitara la degradación progresiva del sistema.

La propuesta de Penrose no concibe un universo cíclico de este estilo, girando en torno a la fuerza gravitatoria. Su universo, en principio el nuestro (como un eón de una serie infinita), terminaría desapareciendo en una muerte energética por disipación de sus partículas, al llegarse a un estadio final del eón en que dominaría la entropía del sistema que habría alcanzado un máximo al degradar totalmente el orden producido en el tiempo de ese universo. Penrose no concibe, por tanto, un frenado gravitatorio, un big cranch consecuente y un nuevo big bang emergente, al estilo de Hawking.

Lo que sucederá en nuestro universo (y en esto Penrose es congruente con lo que parecen decir las evidencias empíricas en el “modelo cosmológico estándar”) es una “muerte entrópica” de su orden y de su energía. Al desaparecer nuestro universo su energía quedaría “plegada” (la expresión es nuestra) como en un punto y el nuevo universo emergente sería el despliegue de esa energía latente. Por decirlo así, existiría una única energía, un único universo, que nacería y moriría sucesivamente, plegándose y desplegándose indefinidamente en diferentes eones o universos, con propiedades y tiempos diferentes (variedad necesaria para explicar el Principio Antrópico, de una forma similar a como se explica en la teoría ordinaria de multiversos y en la de Hawking). El esquema esencial de esta visión del universo cíclico nos permite ya entender con toda sencillez cuáles son los problemas teóricos a los que Penrose deberá hacer frente (y, digamos de paso, no de una forma sencilla y pedagógica, ya que, así como la obra de Hawking es muy clara, divulgativa y conceptualmente precisa, la de Penrose es todo lo contrario). Seguidamente nos referiremos a estos problemas fundamentales.

Penrose entiende que su propuesta ha tenido ya versiones anteriores, que él sin duda pretende mejorar. En uno de los epígrafes de Cycles of Time (3.3) hace una sumaria revisión de algunas propuestas “pre-big-bang” que considera precedentes de la suya propia; entre ellas no cita obviamente el universo cíclico por colapsos gravitarios, como el de Hawking en “Historia del Tiempo”, ya que, como decíamos, se trata de otra concepción teórica marcadamente diferente.

“Entre los primeros modelos cosmológicos compatibles con la relatividad general de Einstein, a saber, los que propuso Friedmann en 1922, había uno que llegó a ser conocido como el universo oscilante”. “[Su] curva se extiende más allá del único arco que describiría un universo espacialmente cerrado que se expande a partir de su big bang y luego colapsa a su big cranch; ahora tenemos una sucesión de arcos semejantes y podemos considerar que el modelo representa una sucesión interminable de eones”. “Por supuesto, el “rebote” que tiene lugar en cada etapa en la cual el radio espacial se hace cero ocurre en una singularidad espaciotemporal (donde la curvatura del espacio se hace infinita) y las ecuaciones de Einstein no pueden utilizarse de la manera ordinaria para describir una evolución razonable” (167).

Poco después “en 1934, el distinguido físico estadounidense Richard Tolman describió una modificación del modelo de Friedmann”. En ella se introduce el aumento de entropía y “los sucesivos eones tienen duraciones cada vez más largas y radios máximos cada vez mayores” (168-169). Eones que Tolman concibió fundamentalmente como llenos de radiación frente al concepto de polvo cósmico de Friedmann.

Ahora bien, los sucesivos eones, ¿deberían tener necesariamente las mismas leyes de la física? Penrose observa que una respuesta negativa fue ya sugerida por la idea de John A. Wheeler “cuando presentó la intrigante propuesta de que las constantes adimensionales de la naturaleza podrían alterarse cuando el universo pasa por un estado singular, como sucede en los momentos de radio cero que ocurren en estos modelos de tipo oscilante.

Por supuesto, puesto que las leyes dinámicas normales de la física han tenido que ser abandonadas para que el universo atraviese estos estados singulares, parece que no hay ninguna razón para no ceder un poco más ¡y dejar que también varíen las constantes básicas!” (172). Estas variaciones podrían dar lugar a la diversidad de eones, uno de los cuales podría responder por azar a los valores del Principio Antrópico. Sea dicho esto sin perder de vista que Penrose, como veremos, se ve obligado también a admitir que deberían darse constantes (como la geometría conforme) y un conjunto de similaridades entre los diferentes eones generados sucesivamente.

Lee Smolin habría propuesto también la idea de que el colapso gravitatorio en los agujeros negros, por efectos cuánticos desconocidos, podría producir una forma de “rebote” que fuera semilla de un nuevo universo en expansión. También desde el punto de vista cuántico se ha tratado de argumentar la posibilidad de un “rebote”; y en especial, aplicando algunas ideas especulativas sacadas de la teoría de cuerdas, autores como Gabriele Veneziano, o Paul Steinhardt y Neil Turok, que son mencionados por Penrose con reservas, ya que, como es sabido, este no ha admitido nunca la viabilidad de la teoría de supercuerdas o teoría M, tan esencial en la teoría de multiversos de Hawking. Además, nos dice Penrose, “existen numerosos intentos de utilizar ideas procedentes de la gravedad cuántica para conseguir un “rebote” desde una fase previa de universo en colapso a una fase posterior de universo en expansión”. “En estos términos, Ashtekar y Bojowald han conseguido una evolución cuántica que atraviesa lo que clásicamente sería una singularidad cosmológica” (175-176). Esto permitiría pensar que el estado final de la evolución cósmica fuera un estado cuántico que equivaliera al concepto de singularidad (en la que, en alguna manera, la realidad escaparía a las leyes del eón anterior).

Sin embargo, aunque estos modelos se acercan más a la propuesta de Penrose, distan todavía mucho de haber abordado en profundidad los verdaderos problemas que se plantean en la concepción físicamente correcta de un universo oscilante similar a lo que Penrose pretende aportarnos. Veamos en qué consiste.

El problema del orden y entropía en el universo cíclico de Penrose

El problema fundamental se plantea por la Segunda Ley de la termodinámica que constata el aumento de entropía de los sistemas. El universo debería diluirse en un máximo de entropía final que daría entrada en un estado en el que el espacio-tiempo y las leyes de nuestro eón perderían vigencia en una singularidad. Ahora bien, tras el momento de disolución final en la singularidad debería mantenerse la energía del universo (ya que ésta ni se crea ni se destruye). Por tanto, si el universo desaparece, la energía (que ha producido el eón final y producirá el siguiente) debería estar como “plegada” o “autocontenida en algún sitio”. Otra cosa no tendría sentido físico. Si al diluirse un eón, su energía no quedara en algún sitio, replegándose, y desapareciera absolutamente, entonces no habría energía para el siguiente eón: no podríamos concebir que de un universo saliera otro, ya que de la nada nada podría salir. Por ello Penrose concibe que existe una continuidad entre un eón y el otro.

“Cuando el universo entra en esa aparentemente etapa final… Los sucesos más excitantes previos a esta Era habrían sido los pops finales de los últimos remanentes minúsculos de agujeros negros, que finalmente desaparecen (se supone) después de haber perdido poco a poco toda su masa mediante el proceso penosamente lento de radiación de Hawking… Un universo que en otro tiempo habría parecido tan excitante… pero todo esto desaparecerá finalmente…” (147-148). Sin embargo, que nuestro universo acabe en una singularidad y que el próximo eón comience por otra, con la consiguiente desaparición de las leyes físicas que han regido en uno y otro, no quiere decir que para Penrose no exista relación entre un eón y otro. “Una cosa de la que podemos estar seguros, si la Cosmología Cíclica Conforme es correcta, es que la geometría espacial general de nuestro propio eón debe empalmar con la del eón previo. Si el eón previo fuera espacialmente finito, por ejemplo, así debería serlo el nuestro” (211). Por tanto, la geometría conforme (después me referiré a ella) debería mantenerse de un eón a otro; pero no sólo, ya que el sistema de eones sucesivos debería mantener siempre la misma energía que pasaría de uno a otro, de acuerdo con las leyes de la termodinámica.

Penrose tiene claro que el eón desaparecerá por aumento de la entropía. Pero sabe también que debe reconocer que un eón, por ejemplo el nuestro, puede poseer, y de hecho posee, un alto grado de orden: por ejemplo, en el nuestro, el complejo orden organizativo de la materia en el mundo físico y en el biológico. Por ello muchos autores han reconocido la existencia de fuerzas “negantrópicas” (es decir, entropía negativa que produce la organización y la complejidad). Penrose por ello admite con flexibilidad el concepto de entropía en la Segunda Ley. “Hay momentos excepcionales u ocasionales en los que hay que considerar que la entropía realmente se reduce… pese a que la tendencia general es hacia el aumento de entropía” (10).

Un curso del tiempo apropiado en un eón podría consistir en el inicio por un big bang que contuviera un orden que fuera degradándose por el aumento de entropía hasta un final de colapso por disolución absoluta del orden. Esto es lo que parece defender Penrose. “Deberíamos tener en cuenta que tiene que haber una extrema organización presente en el big bang, como consecuencia directa de la Segunda Ley, y los argumentos de este libro apuntan a que esta organización tenga un carácter que permite que nuestro big bang se extienda de manera conforme a un eón previo al nuestro, y que esta extensión esté gobernada por una evolución determinista muy específica” (211). Penrose se refiere aquí a que de un eón a otro se mantiene una geometría conforme. Pero en todo caso es manifiesta la necesidad de continuidad de un eón a otro y el mantenimiento de ciertas constantes (vg. la geometría conforme ya mencionada o, a nuestro entender, la energía del sistema). Pensemos que, si la energía fuera disminuyendo, disipándose, llegaría un momento en que ya no habría energía suficiente para el nacimiento de nuevos eones.

Sin embargo, a nuestro juicio, la forma de entender el orden y la entropía en Penrose dista mucho de estar bien argumentada. En gran parte todo depende de la forma de explicar en qué consiste este “estado intermedio singular y conforme” del universo entre eones, es decir, la ontología de la singularidad final de un eón y el comienzo del siguiente.

La ontología “singular” y “conforme” del universo entre eones

Roger Penrose concibe pues un único universo que va produciendo universos o eones sucesivos. En el momento en que nuestro universo, en un futuro lejano, se haya ido disolviendo en partículas aisladas (muchas de ellas provenientes de la radiación de Hawking que disuelve los agujeros negros), que primero perderán su masa hasta quedar reabsorbidas en un estado de referencia que se ha escapado al espacio-tiempo y a las leyes físicas vigentes en nuestro eón, se estará gestando el nacimiento de un nuevo eón, el nuevo “universo” que provendrá del “nuestro”, de la misma manera que nosotros provenimos del previo, dentro de un universo infinito que engendra los eones de cada tiempo finito. Ese estado intermedio entre eón y eón es una “singularidad” porque en él no rigen ya nuestro espacio-tiempo y sus leyes. Además, debe contener “plegada sobre sí misma” (la expresión es nuestra) la energía del eón anterior para poder generar la energía del próximo y debe responder, tal como argumenta Penrose, a una “geometría conforme” (epígrafe 2.3) conservada en el estado intermedio y que estaría vigente en uno y otro eón.

Roger Penrose propone la existencia de multiversos cíclicos
La “geometría conforme” se funda en los ángulos y describe la pura estructura del espacio de una forma no-métrica. Así, por ejemplo, nuestro universo o eón podría desaparecer métricamente (las partículas se diluirían y se llegaría a un radio cero como ocurre al terminar un eón) y, sin embargo, conservar una geometría conforme que se mantendría en el estado singular intermedio entre eones. La geometría conforme puede intuirse en las figuras de Escher (Penrose reproduce algunas en su libro) en que una misma estructura se reproduce reduciéndose hasta el infinito con la misma forma, hasta perder incuso sus propiedades métricas (algo así podría pensarse también en algún sentido de los fractales). Esta geometría estaría presente en todos los eones y, en alguna manera, daría razón de la organización extrema, en opinión de Penrose, que cabría atribuir al momento del big bang que hace nacer un nuevo eón. Por ello entiende Penrose su teoría, y así la nombra, como una Cosmología Cíclica Conforme (CCC). A su vez argumenta también sobre la estructura del espacio de fases en el big bang, de acuerdo con la geometría conforme, para justificar ese orden inicial en el universo tal como lo postula (del que se pasaría después a la entropía final dominante).

El “modelo cosmológico estándar” presenta una imagen del universo que nace con el big bang y acabará en una muerte térmica a medida que el dominio de la entropía se extiende anulando la energía de las últimas partículas residuales. Se trata de una imagen obviamente insuficiente para dar razón de que realmente sea real y existente. Por ello la ciencia, en parte ayudada por la reflexión científico-filosófica, necesita concebir la existencia del universo en el marco de una realidad autosuficiente y absoluta que pueda mantener eternamente su propia realidad. Pero, ¿de qué realidad autosuficiente se trata? En la ciencia debe argumentarse a partir de los hechos que constatamos en nuestro universo. Si el universo nace como una explosión de enorme energía (que debe mantenerse) y, con sorpresa nuestra, acabará en una disolución o muerte energética final, entonces se debe dar razón del origen y estacionamiento final de la energía. Si un eón (en la concepción de Penrose) desaparece y da lugar a un “estado intermedio singular y conforme”, debe pensarse que en ese estado físico queda “replegada” la energía que se “desplegó” en el big bang que le dio origen. El universo debería tener un fondo continuo y constante de energía que explica su aparecer y su desaparecer energético; sería algo así como un fondo de referencia que ya intuyó Paul Dirac en los años veinte con sus operadores de creación y de aniquilación.

Penrose hace un gran esfuerzo argumentativo, del que tomamos nota, para justificar que nuestra imagen real del universo actual, según las leyes físicas existentes, nos lleva a admitir que lo anterior, el pasado, y lo posterior, el futuro, deben concebirse como eones que se producen a trevés de un estado intermedio singular y conforme. Este estado intermedio, por una parte, conservaría algunas propiedades estables como la geometría conforme (que podría conservarse tras la desaparición métrica del eón anterior y que condicionaría el orden del big bang futuro) y como el fondo energético “plegado” que no puede desaparecer (puesto que ya no habría energía para nuevos eones). Pero, por otra parte, el estado intermedio, aun conservando estas constantes, no estaría atado a las leyes de la física del eón anterior (Wheeler) y el nuevo eón podría generar un universo diferente cada vez (pudiendo coincidir por azar uno de ellos con los valores sorprendentes del Principio Antrópico). De esta manera el universo cíclico autosuficiente consistiría en un sistema sucesivo de eones que se extenderían eternamente, creando cada uno de ellos su propio tiempo (cycles of time).

¿Metarrealidad con multiversos o universo cíclico?

Sin embargo, el estado de referencia necesario para justificar el origen del big bang y para dotar a nuestro universo de un “lugar” que acoja el repliegue de su energía, ¿debe concebirse necesariamente como un proceso continuo a través del “estado intermedio singular y conforme” entre eones, al que se atribuye una geometría conforme de fondo que sería transmitida? No necesariamente, aunque Penrose haga todo lo posible para argumentar qué es así como debemos pensarlo, según las leyes de la física. Hay otra manera de concebir ese fondo de referencia del que nace y en que queda reabsorbido nuestro universo: es simplemente la metarrealidad o metauniverso que se concibe en la teoría ordinaria de multiversos y en la teoría especial de Hawking. Sería un fondo de realidad, concebido como un mar de energía fontanal (que podría conectar con las ideas físicas actuales sobre el vacío cuántico o con el orden implicado de Bohm).

En alguna manera, tanto el “estado intermedio singular” de Penrose como el metauniverso o metarrealidad de la teoría ordinaria de multiversos (vg. en Hawking) deben referirse al concepto físico de vacío cuántico, de constante uso en la mecánica cuántica. El vacío cuántico en la mecánica cuántica ordinaria es un fondo de referencia para los sucesos (creación y aniquilación de partículas) que tienen lugar de forma continua dentro ya de nuestro universo (o eón). Sin embargo, el “vacío cuántico” de la física de “nuestro tiempo eónico” puede ser extrapolado para suponer que el “estado intermedio singular” o el “metauniverso” fueran como un mar de energía fontanal en que pudieran producirse diferentes universos (en la teoría ordinaria de multiversos) o eones sucesivos (en el universo cíclico), de una forma semejante a las fluctuaciones en el vacío cuántico de que hace uso la mecánica cuántica ordinaria. Sin embargo, aun admitiendo que ambas teorías, multiuniversos ordinarios o multiversos en un universo cíclico, son puramente especulativas, ¿cuál de las dos parece mejor construida, más consistente, más simple y lógicamente congruente? En definitiva, ¿cuál de ellas se presenta como más posible? ¿Cuál de ellas se hace más verosímil? Es claro que como constructo teórico ambas teorías parecen verosímiles y, por tanto, cada una tendrá sus seguidores: es lo que vemos en la divergencia entre Penrose (único universo cíclico, sin teoría M) y Hawking (multiuniversos con teoría M). En principio, no podemos excluir la viabilidad teórica de ninguna. Pero en la valoración respectiva de ambas teorías también nosotros tenemos derecho a tener una opinión. Y nos inclinamos claramente por la teoría de multiversos ordinaria (o por la misma teoría de multiversos especial de Hawking).

Por consiguiente, habida cuenta de que ambas teorías son especulativas y de que por ello no podemos tener sino una mera preferencia teórica “débil”, ¿por qué sin embargo preferimos la teoría ordinaria de multiversos? Primero porque es una teoría más general, no restrictiva y por ello ofrece más posibilidades abiertas en la forma de entender la realidad y la variedad de universos que podrían producirse. Segundo porque el nacimiento de nuestro universo, así como los otros posibles, pueden ser explicados perfectamente como simples fluctuaciones en el mar de energía fontanal de referencia, dentro de un espectro amplísimo en la variación de sus propiedades ontológicas. Tercero porque cabe entonces concebir la existencia de infinitos universos paralelos sin interferencia (unos con unas ontologías y otros con otras, con o sin teoría M), que de manera simple nacen y mueren (como se constata en nuestro universo según el “modelo cosmológico estándar”). Cuarto porque una metarrealidad de ontología no restringida y abierta permitiría especular mejor sobre el nacimiento de universos con ontologías diferentes, cabiendo en este marco mejor el azar en que situar el universo con propiedades antrópicas (el nuestro). Quinto porque si sólo existe un universo cíclico y el “estado intermedio singular y conforme” es el único universo existente entre eones, aunque “replegado en sí mismo” como una singularidad sin espacio-tiempo métrico y sin leyes físicas (pero manteniendo en estado latente la energía y la estructura de la geometría conforme), es entonces mucho más difícil teóricamente argumentar a) el tránsito indefinido de un eón a otro, b) la conservación del orden sin degradación, sin llegar a puras eclosiones de energía sin orden, y c) las condiciones que permiten un cambio radical de las leyes físicas de un eón a otro (como sería necesario para dar razón por azar del Principio Antrópico), ya que la geometría conforme sería un condicionamiento mantenido que debería unificar la semejanza fundamental entre un eón y el otro.

A nuestro entender, la teoría ordinaria de multiversos (o la especial de Hawking) es mucho más simple conceptualmente, más general y abierta, menos restringida a ciertas condiciones básicas (como la energía limitada de nuestro universo y la geometría conforme), más especulativa y por ello mismo más verosímil en su posible realidad. El sistema de metarrealidad sería un mar de energía ilimitada, podría general ontologías y sistemas físicos variadísimos en desarrollo paralelo sin interferencias, y en una de sus fluctuaciones energéticas habría producido nuestro universo. El flujo de energía que se desplegaría entonces respondería a unas propiedades determinadas (fueran las de la teoría M, como piensa Hawking, o no, como piensan Smolin y el mismo Penrose). Esas propiedades de la materia germinal (la ontología de la radiación germinal) contendrían la raíz ontológica del orden futuro del universo, pero el flujo energético no tendría orden inicial ya que sería pura radiación sin orden (quizá en estado de coherencia cuántica). Pero poco a poco las propiedades ondulatorias de la radicación habrían producido el nacimiento del orden de la materia fermiónica (de los cuerpos estables, físicos y biológicos, donde las partículas mantienen su función de onda sin diluirse en un plasma de coherencia cuántica). La fuerza energética inicial impulsaría la creación de estados de orden posibles por la ontología ondulatoria de la radiación generada en el big bang de nuestro universo. Aparecerían el orden físico y biológico estable. Pero a medida que el orden quedara constituido por esta energía negantrópica (productora de orden), en el curso del tiempo producido en ese mismo universo, se iniciaría un continuo proceso de aumento de entropía que conduciría al inexorable final de ese universo que quedaría reabsorbido en el sistema de metarrealidad que lo generó. Nuestro universo tendría así su principio y su final, manteniéndose la autosuficiencia estable en el metauniverso o metarrealidad de referencia, sin necesidad de construir la compleja argumentación para mostrar que nuestro universo muriente se transformará, como el Ave Fénix, en otro eón (al estilo de la compleja argumentación de Penrose).

Sólo vemos un punto en que el modelo de Penrose es superior al de multiversos. En este último es muy difícil pensar que puedan hallarse pruebas empíricas ordinarias de la existencia de otros universos (e incluso pruebas de la teoría M, tan esencial para Hawking). Se trata de universos paralelos, independientes y sin interferencia. Sin embargo, el universo cíclico de Hawking concibe la dependencia de unos eones de otros a través del “estado intermedio singular y conforme”. Por ello, podrían más fácilmente concebirse posibles pruebas (o contrastaciones empíricas) que permitieran atisbar la existencia del eón precedente (por la continuidad entre eones que se postula). Penrose reconoce que estas pruebas no existen en la actualidad, e incluso que cabe pensar que la enorme temperatura del big bang inicial (aunque se produjera dentro del orden de la geometría conforme) habría borrado todas las posibles huellas del eón anterior. Sin embargo, en la última sección de su obra (3.6), estudia las posibles implicaciones observacionales de su visión del universo pudiera tener, volviendo a especular sobre posibles circunstancias igualmente difíciles de llegar a ser asequibles.

La metafísica teísta cristiana desde la ciencia

Hagamos algunos comentarios conclusivos.

Primero. Viabilidad de una cosmología sin Dios. Es un hecho que el universo existe y que ha producido evolutivamente la realidad humana, incluida la razón. Es esta la que establece el supuesto básico de que, si el universo (y nosotros) existe, es porque puede existir: es decir, porque es el real en un ámbito de suficiencia en orden a poder ser real. La razón científico-filosófica (ya que la pura ciencia no puede abordar las últimas preguntas según su propio método) intenta construir explicaciones que “den razón” de la realidad del universo. Si este fuera un universo único, y además con las propiedades empíricas del nuestro, sería muy difícil atribuirle la suficiencia (suficiencia en el sentido de eterna consistencia y estabilidad). Ha habido muchas teorías de “universo único”, pero se han abandonado por los muchos problemas que planteaban. Por ello, en la actualidad, quienes se esfuerzan es ofrecer una teoría cosmológica autosuficiente lo hacen por lo general en el marco de los multiversos. Es el caso de la teoría ordinaria de multiversos, y de la versión especial de Hawking, o de la teoría de multiversos en una “cosmología cíclica conforme”, propia de la versión de Roger Penrose (con los precedentes que él menciona y que antes hemos aludido). Si el universo aparece como autosuficiente en orden a justificar su propia realidad, se trata entonces de una metafísica última que no necesita a Dios para justificar la realidad del universo. Son cosmologías ateas, cosmologías sin Dios. Sin embargo, advirtamos que una cosmología atea (esto es, “sin Dios”) no implica siempre necesariamente la negación de la existencia de Dios. En otras palabras: que el universo pudiera ser explicado sin Dios no significa eo ipso que Dios no exista, ya que Dios pudiera haber qurido crear un universo que pudiera ser explicado sin Él.

Segundo. El enigma persistente del universo. El problema de una cosmología de multiversos (en unas versiones u otras) lleva siempre consigo el problema de ser una pura construcción teórica especulativa. No existen pruebas empíricas que nos induzcan a pensar y admitir que cuanto dicen estas teorías cosmológicas sea efectivamente la verdadera realidad. No tenemos así evidencias disponibles para saber si es verdad (si se corresponde con la realidad existente) lo que dice Hawking o lo que dice Penrose. Sin embargo, aunque podamos considerar la teoría de Hawking o la de Penrose mejor o peor construida, y nos inclinemos hacia una u otra (como nosotros hemos hecho), no parece posible negar que ambas son posibles como pura teoría. No es posible excluir que lo afirmado por Hawking o por Penrose pudiera ser realidad; naturalmente, no las dos cosas al mismo tiempo, sino la una o la otra. Por consiguiente, en resumidas cuentas, ¿cuál es la metafísica fundante del universo? El hecho hasta el momento incontrovertible es que, al razonar científico-filosóficamente desde su interior a partir de nuestra experiencia fenoménica, no tenemos acceso a una explicación única. El “modelo cosmológico estándar”, fundado en las evidencias empíricas de la ciencia, es fragmentario, muy problemático, y no llega al fondo metafísico del universo. La especulación científico-filosófica permite pues diversas hipótesis, que se formulan con legitimidad lógica (como es el caso de las visiones de Hawking y Penrose) y por ello tiene sentido decir que el universo se nos presenta como un enigma metafísico. Se trata de algo hasta tal punto complejo que se nos presentan diversos constructos especulativos posibles que, en el fondo, no desvelan un enigma final del universo que persiste sin resolverse.

Tercero. Otra hipótesis alternativa: el teísmo científico-filosófico. Que las hipótesis de Hawking o Penrose, u otras, sean lógico-científica-filosóficamente viables no quiere decir que la hipótesis tradicional del teísmo (con una historia mucho más larga e importante socialmente) no sea también viable. Es decir, no hay ningún argumento científico-filosófico que la excluya. Se trata, evidentemente, de otra hipótesis que está también dentro de la especulación (al igual que Hawking, Penrose o la Magic Theory). Pero es una especulación posible. La hipótesis teísta considera que el universo que constatamos pudiera tener su fundamento metafísico suficiente (la suficiencia última metafísica) en un Ser Divino, personal e inteligente, que por vía de creación habría producido el universo visible. La idea de Dios que se argumenta está construida en función del papel creador que Dios debe jugar como fundamento del universo (ya que sólo para serlo se considera justificado postular su existencia real). Esta hipótesis considera, por tanto, que la dimensión de metarrealidad que funda nuestro universo es un Ser Divino Creador. Es la alternativa a un sistema de metarrealidad ciego (que es el metauniverso de la teoría ordinaria de multiversos). El teísmo es perfectamente conforme con todo lo afirmado en el “modelo cosmológico estándar”. Ofrece una explicación a) al problema de la consistencia y estabilidad del universo, b) al problema del origen de la racionalidad y orden del universo en lo físico y en la vida, c) ofrece una explicación desde la ontología fundante, holística y sensible de Dios al hecho de que se hayan producido en la evolución física la sensibilidad y la conciencia, con las propiedades fenomenológicas propias del psiquismo. El teísmo no se impone, es especulativo, no es la hipótesis única, pero es lógicamente viable como hipótesis científico-filosófica que entra en congruencia con la gran tradición religiosa de la humanidad.

Cuarto. Ateísmo dogmático y teísmo teocéntrico. El hecho de que la cultura de la modernidad lleve a reconocer que el universo es un enigma al que se pueden dar dos interpretaciones últimas viables (teísta y ateísta) representa un problema tanto para el dogmatismo ateo (principalmente decimonónico, pero que todavía persiste hoy en algunos), como también para el teísmo dogmático teocéntrico, como ha sido (y todavía sigue siendo en amplios sectores) lo que he llamado el “paradigma greco-romano” como enfoque hermenéutico antiguo en el cristianismo.

Quinto. El paradigma de la modernidad en el cristianismo. Pero el cristianismo no está necesariamente identificado con la hermenéutica del paradigma antiguo greco-romano, tal como he argumentado en mi obra Hacia el Nuevo Concilio. El paradigma de la modernidad aborda la hermenéutica del cristianismo desde la manera de entender el mundo creado por Dios, de acuerdo con la ciencia moderna y la cultura de la modernidad. Aparece así una nueva hermenéutica moderna que hace posible una profundización en el sentido actual del cristianismo. Dios ha querido un mundo para la libertad qu se manifiesta en el eterno designio divino al crear en el logos cristológico, manifiesto en el Misterio de su Muerte y Resurrección. Es lo que he explicado en Hacia el Nuevo Concilio.

Sexto. Multiversos y cristianismo. Como hemos dicho, el teísmo cristiano no tiene por qué identificarse, en las actuales circunstancias de alta especulación, con la teoría de multiversos. Le basta argumentar la verosimilitud de que el universo descrito en el “modelo cosmológico estándar” pudiera haber sido creado por Dios y que hay una argumentación objetiva que lo avala. Sin embargo, no es excluible ni repugna a la teología cristiana, construida desde el paradigma de la modernidad, que Dios, para no imponer su presencia en la realidad, hubiera querido crear un universo que bien diera pié a construir una teoría especulativa de multiversos (como parece ser el caso), bien incluso hubiera sido creado a través de una creación real de multiversos. Esta forma de creación no impediría que la razón humana siguiera descubriendo argumentos de verosimilitud para un Dios que hubiera emprendido la creación a través de una realidad de multiversos. A ello me he referido también en Hacia el Nuevo Concilio (capítulo IV).



El presente artículo fue publicado originalmente en el blog Hacia un Nuevo Concilio, editado por Javier Monserrat.



Martes, 3 de Mayo 2011
Javier Monserrat
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1.Publicado por Andres Cuevas Flores el 03/05/2011 18:33
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Excelente artículo, sobre todo el segundo comentario conclusivo.

2.Publicado por Gustavo Rozas Valz el 04/05/2011 00:52
Mucho mejor hubiera sido dejarnos las conclusiones a nosotros ( los lectores ) luego de un artículo laborioso, detallado y con evidente demostración de conocimientos científicos, por parte del articulista.... Pero ha preferido establecer el mismo, conclusiones arbitrarias y sesgadas por una irredimible convicción religiosa, que desnaturaliza y echa por los suelos el rigor de análisis demostrado en toda la parte netamente expositiva de la teoría en cuestión...

El la parte primera. y para repetir hasta el cansancio, no tienen los científicos que probar " la no existencia de Dios", sino los creyentes " demostrar fehacientemente la existencia del mismo". Y es que no se puede probar la no existencia de cuanta fantasiosa identidad se nos pueda pasar por la mente", el cargo por tamaña afirmación corre por cuenta de quién la postula... Si yo afirmo que existe un lider extrarrestre llamado Orus en Alpha Centaury, no es deber de los demás probarme que no existe tal personaje... Soy yo el que tiene que aportar las pruebas concluyentes, so pena de hacer un espantoso ridículo...
Y cuando dice: " Puede que Dios haya querido crear un universo que pueda ser explicado sin él" ( es una añagaza y declaración de parte sin el mayor sustento )sinceramente prefiero tomarlo como una broma de buen o muy mal gusto, o pensar candorosamente que " dios" es un aficionado a jugar a las escondidas...

En el segundo punto, demuestra una inequidad de criterios y doble rasero escandaloso, cuando se muestra muy riguroso,y puntilloso, con la falta concluyente de pruebas empíricas que establezcan como verdaderas una o ambas teorías, pero no se aplica el cuento ante la " absoluta falta de evidencias" ( ni siquiera un modelo teórico plausible como los de Hawking o Penrose) acerca de la arbitraria postulación de la existencia de una deidad creadora... y dice que los modelos científicos no llegan al fondo " metafísico" del universo... ¿ necesariamente tendría que tenerlo?. ¿ No se le ha ocurrido al Sr, que lo único que está a nuestro verdadero alcance es tratar incesantemnete de explicar el cómo y no el por qué?... ¿ Que el por qué, podría ser un error conceptual apriorístico nacido de nuestra consciencia cerebral animal, que además implica el prejuicio o presunción arbitraria de una voluntad o propósito definido para todo? ( que desde el mismo cuestionamiento lleva implícita la arbitraria presunción de un necesario creador como explicación final y causa última )¿ Que ese oscuro prejuicio podría tener una mejor explicación en el campo de la psicología ( como fenómeno socio-cultural )y por lo mismo haciéndose extensivo a la neurología?.

En la tercera consideración, vuelve arbitrariamente al principio de la " causa última" y de perdonavidas, pone en la misma categoría a una explicación teísta, " porque no existe evidencia científica que la excluya..." volvemos a lo mismo... Osea que la ciencia tendría que demostrar la no existencia de un creador y no al contrario...¿ Qué evidencia, me pregunto yo presentarían los postulantes de un modelo teísta, que esté más allá de su respetable fé, creencias y emotivas convicciones ?. ¿ No sería mejor no adentrarse en esos senderos escabrosos que les son completamente adversos, y seguir creyendo humildemente para su fuero más interno?.

Cuarta conclusión: El argumento falaz de presentar a la ciencia como una creencia más... teísmo y ateísmo como las dos caras dogmáticas de una misma moneda... Y encima adjetiva al ateísmo como " decimonónico"... ¿ Qué podría decirse entonces de un anacronismo inexplicable en pleno siglo XXI ( no XIX) como el teísmo..? Y luego dicen que son los ateos los intolerantes....

Quinta: Me pregunto ?que pensarán de esa nueva visión post modernista de la santísima trinidad, nuevo paradigma para ser legitimado en un " nuevo concilio" los creyentes mayoritarios por cierto, en otras religiones no cristianas?... ¿ Qué pensarán acerca de un Dios que permite el martirio de su hijo en una cruz....y en una época que ya no conoce del verdadero significado e infamia de la cruz...?

Y finalmente sexto: ¿ Qué sólidos argumentos o evidencias existen para la existencia de una entidad creadora, que no pasen por las arbitrarias creencias y dogmas transmitidos a las mentes infantiles de generación en generación? o por último ¿para la candorosa creencia de una " necesaria" causa última y voluntad creadora de todo....?

Saludos.




3.Publicado por Héctor el 04/05/2011 02:44
http://lospinguinos11.blogspot.com/2009/06/12-niveles-energia.html

14 ÷ 10 x √ 42 ÷ 9 = 1.008 Hidrógeno

14 en la columana "vertical" al "centro" de la Gravedad.
10 niveles de energía fundamentales relativista.
42 es la magnitud aleatoria ,diagonal transversal del centro al borde del agujero negro. Suma 13+14+15=42
Si el electrón tiene 8 condiciones de cuantización + 1 dirección de cuantización en condición favorable, el resultado es 9 condiciones de posición posible y condición favorable en la dirección de cuatización
Por lo tanto , en el borde nace otro universo.
HRB

4.Publicado por Cornelio Gonzalez el 05/05/2011 19:41

En su artículo: Evidencias de actividad física antes del Big Bang Halladas señales cósmicas de violentas colisiones entre agujeros negros en un universo pasado, publicado por Tendencias 21 el día 29-01- 2011, su autor, Manuel Béjar, nos informa:

“…De acuerdo con el modelo cosmológico cíclico conforme (CCC) de Penrose, nuestro universo, que se supone comenzó en el Big Bang y finalizará en una tras una etapa de expansión acelerada tipo de Sitter, no es sino un eon más de una probablemente ilimitada sucesión de eones con sus respectivos big bang. Al final de su último libro, Cycles of time, Penrose argumenta una posible comprobación experimental de su modelo CCC basada en el análisis de la Microondulatoria Radiacion de Fondo Cósmico (MRFC) de los 3° Kelvin. En una nueva publicación, Concentric circles in WMAP data, Penrose nos muestra la dirección para mirar por la ventana del tiempo hacia estadios previos al Big Bang…”

Y Béjar prosigue:

“…Se trata de observar en la las huellas de interacciones gravitatorias entre agujeros negros supermasivos de los centros galácticos, que tuvieron lugar antes del Big Bang en un eon anterior. Como consecuencia de estos violentos bailes cósmicos debió liberarse enormes cantidades de energía en forma de ondas gravitatorias. Desde nuestro lado del Big Bang, esta descomunal energía no se presenta en forma de ondas gravitatorias, sino como intensas explosiones de energía que impregnó sus huellas en la materia oscura inicial del universo en todas direcciones…” (Hasta aquí la trascripción de Béjar).

Y el tema es de nuevo traído a colación en este interesante artículo de Javier Monserrat cuando al principio del mismo su autor nos dice, (lo resaltado constituye la esencia del tema que, basado en la esencial aritmética del Sistema de Numeración Decimal, quiero abordar):

“…En la concepción de Penrose, como en general para la ciencia, nuestro universo es el único hecho empírico existente, en cuya función podemos especular sobre su naturaleza, sus orígenes y su previsible futuro. Es la argumentación científica construida, así pues, desde el universo fáctico la que permite pensar en un futuro cuyo estado equivaldría a un pasado. Las condiciones de un estado final que equivaldrían a las condiciones de un estado inicial. Comienzo y fin, pasado y futuro coincidirían en el ámbito de las “singularidades” (de un “estado intermedio singular”) y el discurrir entre ellos sería el presente cósmico. El final de un eón se constituiría en comienzo de otro. Nuestro universo sería uno de los eones, o tiempos cósmicos, que estaría precedido y continuado por otros eones que, en conjunto, serían una infinitud de multiversos que se sucederían unos a otros…”

Quiero con antelación explicar cómo el UNITARIO Código de los Números del Sistema de Numeración Decimal (desde la mismísima Eternidad, literalmente escrito en el siguiente aunque poco divulgado aspecto de la aritmética de dicho Sistema) nos describe el hecho de que la operación 1/273=1/(×7×13)= los infinitos ciclos 0.003663..003663... (conocidos como el coeficiente de Gay-Lussac y que cuantifican el incremento o la disminución del volumen de un gas ideal con la temperatura), se pueden interpretar como la natural unidad que cuantifica a la escala de temperatura absoluta, medida en grados Kelvin: 1° Kelvin= 1/273= los infinitos ciclos 0.003663..003663... Los 3° Kelvin son entonces fácilmente calculables según el siguiente desarrollo aritmético: 3° Kelvin= 3/273= 1/(7×13)= 1/91= los infinitos ciclos 0.010989.010989... Con esta última información decimal se puede desarrollar una matriz numérica de 90 estados cuánticos, poseedora de una intrigante geometría cartesiana compleja, que opera mediante un mutuo juego de reflejos especulares que se sostienen y se contienen a sí mismos, en lo que la mecánica cuántica denomina “radiación de cuerpo negro” y que se halla presente, tanto en dos como en tres dimensiones, en la TOTALIDAD del Universo, según lo confirmó la NASA con sus satélites COBE y WMAP. Esta radiación, identificada ahora como Microondulatoria Radiación de Fondo Cósmico de los 3° Kelvin ─ MRFC * ─, es del rango de las microondas y se encuentra limitada y comprendida entre los estadístico-probabilistas límites informático-decimales de: la NADA 0 y/o la TOTALIDAD 1. Como trasfondo del fenómeno, se observa el accionar del algoritmo natural fundamental 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, y 9, que regula y cuantifica a la Naturaleza entendida como una TOTALIDAD UNIFICADA al interior de los infinitos ciclos 999999..999999..., siendo, en el caso que ahora nos ocupa, la dinámica propia (¿la “numeronalidad”?) de los factores primos 3, 7 y 13 de cada ciclo 999999= 1, lo que se realmente se percibe tras la enigmática geometría cuántica que despliega 1/91 pero entendido como: 3° Kelvin= 3/273= 3/(3×7×13)= 1/(7×13) =1/91= los infinitos ciclos 0.010989..010989...

Para la correcta interpretación en grados Kelvin de la citada matriz numérica de 90 estados cuánticos, el lector debe tener en cuenta que:

1° Kelvin= 1/273= 1/(3×7×13)= los infinitos ciclos 003663..003663..., luego:
3° Kelvin= 3/273= 3/(3×7×13) 1/91= los infinitos ciclos 010989..010989...

Esto significa que la matriz numérica que genera 1/91 (ver en www.hombreycosmos.org, página 143) es en realidad la matriz numérica cuantificada por el valor inicial de 3° Kelvin, así:

0/91= 0/273= 0° Kelvin = 0 = LÍMITE

1/91= 03/273= los ciclos 010989..010989.. = 3° Kelvin= Estado inicial
2/91= 06/273= los ciclos 021978..021978...= 6° Kelvin
3/91= 09/273= los ciclos 032967..032967...= 9° Kelvin
4/91= 12/273= los ciclos 043956..043956...=12° Kelvin.

Y así sucesivamente hasta:

89/91= 267/273= los ciclos 978021..978021...= 267° Kelvin
90/91= 270/273= los ciclos 989010..989010...= 270° Kelvin= Estado final

91/91= 273/273= los ciclos 999999..999999...= 273° Kelvin= 1= LÍMITE

Como el lector puede apreciar, todos los valores están comprendidos a la vez que limitados por los estadístico-probabilistas límites informático-decimales: 0 y/o 1

Ahora bien, los estados: inicial (1/91= el ciclo 010989) y final (90/91= el ciclo 989010) y en tanto que mutuos reflejos especulares, a la vez que se TOTALIZAN en la "singularidad intermedia" de la UNIDAD [1/91= 010989) + (90/91= 989010)= 91/91= 1= 999999], también se coordenan cartesianamente de manera compleja, de acuerdo con la suma:

001/91= 010 989 = Estado inicial
-------------------------- = Abscisa= (91/91)/2= (1= 999999)/2= 499999.5
+90/91= 989 010 = Estado final
______________

091/91= 999 999 = la "singularidad intermedia" de la UNIDAD que TOTALIZA y coordena complejamente a la MRFC.

(La ordenada se ubica verticalmente en el espacio dejado en blanco entre los números que identifican a los estados inicial y final)

Pero como a continuación se podrá observar, el estado inicial ─ leído “normalmente” izquierda-derecha ─ es así mismo el estado final si se lee “anormalmente” al revés: derecha-izquierda. Estas conductas de los estados inicial y/o final originan la inversión de sus coordenadas de una manera tal que, de acuerdo con Penrose y como comenta Monserrat: “…Las condiciones de un estado final que equivaldrían a las condiciones de un estado inicial. Comienzo y fin, pasado y futuro coincidirían en el ámbito de las “singularidades” (de un “estado intermedio singular”) y el discurrir entre ellos sería el presente cósmico…” La literal mecánica cuántica de lo anterior (y que escrita como está en el eterno y UNITARIO Código de los Números del Sistema de Numeración Decimal no es para nada una invención mía), es como sigue:

==========================================

Lectura “normal” de arriba-abajo y de izquierda-derecha:


------- 000 000= 00/91 = Límite= la NADA

↓→ 010 989= 01/91 = Estado inicial (antes) de la MRFC
-------------------------------- = Abscisa
+↓→ 989 010= 90/91 = Estado final (después) de la MRFC
_________________
↔↕ 999 999= 91/91= Límite = el singular UN0 que TOTALIZA vertical-horizontalmente a la MRFC

===========================================

Lectura “anormal” (léase: invertida) de abajo-arriba y de derecha-izquierda:


---999 999 ↔↕= 91/91=Límite=el singular UNO que TOTALIZA vertical-horizontalmente a la MRFC

+ 010 989←↑= 90/91 = Estado final de la MRFC que ahora es... ¡el anterior estado inicial!
------------------------------- = Abscisa
--989 010←↑= 01/91 = Estado inicial de la MRFC que ahora es... ¡el anterior estado final!

---000 000 = 00/91 = Límite= la NADA

========================================

Si tenemos en cuenta que la MRFC está presente en la singularidad de la UNIDAD que TOTALIZA a los "eones" ─ término de Penrose ─ que constituyen al Cosmos que habitamos, la lectura “normal” izquierda-derecha necesariamente se tomaría, “eones” de tiempo para volverse “anormal”, es decir para invertirse como derecha-izquierda... vectorialidad esta última la cual, a su vez, duraría eones para nuevamente invertirse...etc., etc., produciéndose así y de acuerdo con Penrose, unos eternos... “ciclos de tiempo” que nos permitirían
“...una extraordinaria nueva visión del Universo".

……………………………………………………

* Ver en las páginas 142 y 143 de www.hombreycosmos.org, las respectivas gráfica geométrico-cartesiana- compleja y matriz numérica que identifican, tanto en 2D como en 3D, a la Microondulatoria Radiación de Fondo Cósmico de los 3 ° Kelvin.


5.Publicado por Cornelio Gonzalez el 08/05/2011 18:38

Como desde mi particular punto de vista pienso que es imposible deshacerse de los ecos de trascendencia que resuenan entre estos temas sobre la dinámica que ha dado origen al Universo y nuestra Humana Condición, trascribo a continuación una parte del reportaje: Encontrar el Espíritu en el tejido del espacio y el tiempo (http://www.enlightennext.org/magazine/j46/hameroff.asp ) que Stuart Hameroff le concedió a la revista norteamericana EnlightenNext Número 46, Primavera/Verano 2010. Como de todos es sabido, Hameroff, médico anestesiólogo de la Universidad de Tucson, Arizona, a partir del año 1994 ha sido el gestor de congresos bianuales que reúnen lo más granado del mundo sobre los diferentes temas que tienen que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro y de manera más general, con la consciencia humana. En asociación con el famoso físico y matemático inglés Sir Roger Penrose, han elaborado entre ambos un potente modelo de consciencia basado, tanto en una micro-gravitatoria, objetiva y orquestada reducción o colapso de la función de onda cuántica (Orch. OR), como en las naturales condiciones que como computadores cuánticos exhiben los microtúbulos, los cuales, en cierta forma, constituyen el “esqueleto” de nuestro andamiaje celular.
………………………………………………………………………….

LA ESPIRITUALIDAD DE LA GEOMETRÍA ESPACIO-TEMPORAL

EnlightenNext, EN: Bueno, tengo una pregunta que hacer acerca de esto. Si la consciencia está surgiendo como una cierta frecuencia de colapsos cuánticos en el cerebro, entonces el modelo todavía podía ser considerado materialista, ¿no? ¿La consciencia en último término es solo un subproducto de la actividad cerebral, empujada hasta el nivel de lo que se llama el espacio-tiempo cuántico?

Stuart Hameroff, SH: ¡Espera un segundo! Material significa "materia". La materia se deriva de algo más fundamental, que es la geometría cuántica del espacio-tiempo, veinticinco órdenes de magnitud más pequeña que los átomos. Así que esto va muy por debajo de la escala de la materia. La materia entonces es…. ¡inmaterial!

EN: ¿Puedes explicarlo mejor?

SH: Básicamente, si usted piensa sobre la mente y la materia y la relación entre ellas, hay una serie de filosofías diferentes para elegir. En primer lugar tiene el dualismo, donde la mente y la materia no se corresponden, existiendo un muro de ladrillo entre ellas. A continuación, usted tiene el materialismo ordinario, la visión convencional que dice que la materia crea la mente. También existe el idealismo y diversos enfoques místicos, que dicen que la mente crea a la materia. Y por último está el panpsiquismo en el que la mente y la materia son lo mismo. Pero en mi opinión, ninguno de ellos trabaja apropiadamente. Todos tienen problemas. Así que la elección final, creo, es lo que se llama el monismo neutral, que ha sido planteado por figuras como Bertrand Russell, William James, y Baruch Spinoza en la filosofía occidental, y varios puntos de vista no duales en la filosofía oriental. El monismo neutral dice que hay una entidad común subyacente que da lugar a, por un lado, la materia y por el otro, la mente. En nuestro modelo, esa entidad subyacente que da lugar tanto a la materia como a la mente, es la geometría cuántica del espacio-tiempo. Si usted tiene una superposición cuántica que entra en decoherencia, se obtiene la materia. Si usted tiene una superposición que evita la decoherencia y evoluciona para alcanzar el umbral para un evento cuántico-consciente, se obtiene la materia y la mente. En las tradiciones védicas, esto se podría llamar el espacio-tiempo propio de la geometría de Brahman, el suelo subyacente del ser. Puedes llamarlo como quieras: el espíritu, el cosmos, la gravedad cuántica, o lo que sea, pero que dé lugar, tanto a la mente como a la materia y que se constituya en la base de toda la realidad.

EN: ¿Entonces está diciendo usted que en base a su modelo, la realidad podría ser vista como fundamentalmente espiritual?

SH: En primer lugar quisiera decir que Roger no relaciona su trabajo investigativo con la espiritualidad. Pero yo personalmente no tengo nada que perder, así que pienso, ¿y por qué no? Hace poco escribí un blog sobre este tema, después de haber hablado en una conferencia para ateos que llamé "Ser la mofeta en una convención de ateos". Richard Dawkins, Patricia Churchland y otros ateos estaban allí azotando duramente a la religión. Sostuve que no pertenezco a ninguna religión organizada, pero que en base a lo que sabemos de la física cuántica y la consciencia, tenemos que tomar en serio la posibilidad científica de la espiritualidad. Ni que decir tiene, que no les gustó mucho. En relación con mi definición de espiritualidad debo mencionar tres cosas: La primera es una interconexión entre los seres vivos y el universo como un todo, afirmando que esto podría ser posible a través del entrelazamiento cuántico o conexión íntima entre las partículas cuánticas aparentemente más allá de las limitaciones de espacio y tiempo. El segundo es una especie de guía divina o la sabiduría cósmica que influye en nuestras decisiones debido a los valores platónicos intrínsecos a la geometría espacio-temporal fundamental (postulados por Penrose). Y por último, existe la posibilidad de que la consciencia persista fuera del cuerpo, o después de la muerte.

Hace aproximadamente diez años, varios estudios sobre experiencias cercanas a la muerte y de la consciencia operando fuera del cuerpo, irrumpieron en Europa. En ellos participaron varios cientos de pacientes que habían sufrido paros cardíacos, habiéndose encontrado que alrededor del diecisiete por ciento de ellos estuvieron muy próximos a la muerte y tuvieron experiencias de consciencia fuera del cuerpo. A continuación, la BBC hizo una serie sobre el tema que llamó "El día en que morí", en el que se pidió a los investigadores que hicieran los estudios pertinentes que permitieran explicar científicamente estas experiencias a lo que respondieron: "No tenemos ni idea ¿Por qué no se lo preguntan a Penrose y a Hameroff”? De todos modos, Roger no quiso hacer comentarios, pero yo dije, bueno, en condiciones normales, la consciencia está ocurriendo en el plano de la geometría del espacio-tiempo dentro y alrededor de los microtúbulos en el cerebro. Sin embargo, cuando la sangre y el oxígeno dejan de fluir y la coherencia cuántica en los microtúbulos del cerebro se detiene, entonces, a la escala de Planck, la información cuántica no se destruye; sigue existiendo a nivel de esa la escala y puede ser removida o disiparse, pero sigue estando entrelazada y con una frecuencia determinada, al menos temporalmente. Así que si el paciente es revivido, el patrón cuántico vuelve a ingresar a los microtúbulos en el cerebro y el paciente refiere haber tenido una experiencia cercana a la muerte o de consciencia fuera del cuerpo. Si el paciente realmente muere, entonces es posible que la información cuántica pueda permanecer entrelazada en algún tipo de estado más allá de la muerte. Y tal vez la información pueda ser recogida en una nueva criatura, un cigoto o embrión, en cuyo caso tendríamos algo así como la reencarnación. Aclaro que yo no estoy ofreciendo ninguna prueba de que esto ocurra. Sólo estoy proporcionando un argumento de plausibilidad. Lo que estoy diciendo aquí es cómo esto puede ocurrir, basado en el modelo Orch OR.

EN: Vamos a ver si es que he podido entender correctamente la esencia de su teoría. ¿Fundamentalmente usted está diciendo que por lo menos algún grado de base de la consciencia está entretejido en la trama del espacio-tiempo en sí, y que es la actividad cuántico-coherente entre los microtúbulos en nuestro cerebro lo que nos permite amplificar o reforzar la consciencia universal básica que ya existe?

SH: Sí. O simplemente para tener acceso a ella, conectarse a ella, hacerse uno con ella. Los procesos cuánticos en los microtúbulos del cerebro realizan esta conexión de forma que incluya también la cognición, la computación y la inteligencia. La mayoría de la gente piensa que la conciencia surgió durante los eones como un subproducto de las mutaciones al azar y la complejidad inherente a la selección natural, pero yo lo veo al contrario. Creo que el ámbito fundamental de la experiencia proto-consciente ha estado incorporado todo el tiempo, desde el big-bang, a la escala de Planck, y que la biología se ha desarrollado y adaptado para poder acceder y conectarse a él. Cuando alguien medita o llega a “iluminarse”, lo que en realidad sucede es que se está moviendo más profundamente en ese reino cuántico. Si meditas y alcanzas lo que la gente llama la “nada”, en realidad no es que sea… nada. Creo más bien que se trata de la geometría del espacio-tiempo, con su sabiduría platónica. Si te mueves más profundamente en el tejido básico del universo, de hecho y cada vez más conscientemente, te conviertes en parte de él.

Si efectivamente la Cábala nos dice que sí tenemos este mundo de sabiduría y de luz, entonces también efectivamente tenemos un mundo en el que nuestra lucha habitual del diario vivir se agrava y por ello la consciencia se ve obligada a bailar en un estrecho límite entre esos dos mundos. Creo que esto que te digo se halla muy cercano a lo que está pasando, con un mundo clásico, pleno de esa agravante lucha pero, la cual, paradójicamente, también nos permite vislumbrar y vivir la geometría cuántica de un espacio-tiempo lleno de posibilidades de sabiduría y de luz. OR es un proceso, literalmente, "al margen" entre los mundos cuántico y clásico, en donde las posibilidades cuánticas se convierten en realidades clásicas. Las prácticas espirituales nos permiten sumergirnos profundamente en el platónico mundo cuántico de la geometría espacio-temporal. Puedes llamar a esto Dios, si así lo prefieres.

Debo añadir que nuestra teoría tiene muchos, pero muchos críticos. Un argumento en contra nuestra ha sido que el cerebro es demasiado caliente para los efectos cuánticos y la decoherencia que eso causa impediría que las superposiciones cuánticas alcancen el umbral para llegar a la consciencia. Pero la evidencia de los últimos años ha demostrado que la coherencia cuántica y la superposición juegan un papel importante en los sistemas vivos, aún a temperaturas cálidas, por ejemplo, en la fotosíntesis de las plantas. Si las plantas pueden evitar la decoherencia causada por el calor, es muy probable que el cerebro también haya desarrollado una capacidad semejante. Así que estoy apostando a nuestro lado. Si la hipótesis cuántica de la consciencia es demostrada, se dará credibilidad a la dimensión espiritual de la vida. Se socavan así el materialismo y el ateísmo. Y creo que, por muchas razones, se justifican la fe y la esperanza.

……………………………………………………………………………………


Como un importante complemento para la intelección de los anteriores comentarios de Hameroff, trascribo a continuación los siguientes conceptos de su autoría, los cuales, como parte integrante de su entrevista en EnlightenNext aparecen en la página 149 de ¿Hombre=Cosmos? Para su mejor comprensión, me he permitido intercalarle −en negrilla −, tanto la disyunción o, como la conjunción y:

“Me enteré que la computación cuántica requiere de ‘bits’ de información los cuales, por ejemplo, pueden existir, o bien discontinuamente como los separados 1 o 0, o bien existir continuamente durante algún tiempo como ‘superposición cuántica’ en tanto que ‘qubits’ (quantum bits) 1 y 0, los cuales, después de interactuar computacionalmente, se “reducen” o “colapsan” con base en la gravedad cuántica, fuerza que de este modo está necesariamente asociada con la consciencia. Dicho de otro modo: después de interactuar computacionalmente los qubits, como respuesta, se ‘reducen’ o ‘colapsan’, o bien como 1, o bien como 0”.

“Roger propone una nueva explicación para la reducción o colapso, basada en la gravedad cuántica y la asocia con la consciencia (su proceso OR: reducción orquestada de la función de onda). Pero para el cerebro, Roger no tenía un candidato fuerte como si lo es el qubit, el cual sugiere la posibilidad de superposiciones de las neuronas, tanto para ON como para OFF. Me dije, bueno, tal vez las tubulinas son qubits y los microtúbulos son los ordenadores cuánticos que Penrose está buscando”


Mi comentario:

La importancia de estas aparentemente simples: disyunción o y/o conjunción y, se constituye en pieza clave para que el lector entienda correctamente que, a nivel biológico, fisiológico y psicológico, la computación cuántica constituye la UNITARIA esencia de nuestra propia HUMANIDAD, vale decir, lo que como HOMBRE(s) somos y que en última instancia y en términos de la aritmética filosofía de una ciencia física fundamental, en nada difiere de la UNITARIA dinámica propia de la reciprocidad inversa (no-linealidad) entre:

a) la einsteniana luego energética continuidad-simetría de la onda cuántica, típica del bosón magnético y representada por la conjunción “y” y/o,

b) la(s) másica(s) −y en consecuencia también einstenianas − discontinuidad-asimetría inherente(s) a cada uno de los componentes del par eléctrico mutuamente especular: fermión-antifermión y tipificada(s) por la disyunción “o”, UNITARIA dinámica que se plasma en el siguiente producto entre los números 2 y 5 [tener muy presente el hecho de su mutua co-relación como recíprocos inversos (no-linealidad)] dentro de su propia UNIDAD). A mi modo de ver, este producto se constituye, per se, en la mismísima Esencia Humana de la computación cuántica y sobre la cual pienso que, difícilmente y en tanto que súmmum de tal Consciencia, algún día pueda ser reproducida fielmente por un computador. ¿Se tipifica de esta manera la no-computabilidad de la Esencia Humana, tan definitiva para Penrose?:

Continuidad‐simetría de la onda cuántica típica del bosón magnético y cuantificada por el número primo 2 × discontinuidad‐asimetría inherente(s) a cada uno de los componentes del par eléctrico mutuamente especular: fermión‐antifermión y cuantificada por el número primo 5 = la UNIDAD que como HOMBRE(s) nos TOTALIZA.

El anterior UNITARIO producto se puede descomponer inversamente (no-linealmente) de la siguiente manera, dando cabida con ello, al auto-medido (orquestado) y en consecuencia auto-consciente, proceso OR de Penrose:

1/2= 0.5: 1/(2=Continuidad-simetría de la energía de la onda cuántica, típica del bosón magnético) = discontinuidad-asimetría (o bien este 0.5 o bien el “otro” 0.5) inherente(s) a la(s) masa(s) de cada uno de los componentes del par eléctrico mutuamente especular: fermión-antifermión. Dicho de otra manera: se produce el orquestado auto-colapso (Orch OR) de la energía de la onda cuántica intrínseca al bosón magnético y ello en razón de que la “medición” de la UNIDAD (1/2) por parte de la magnética continuidad-simetría inherente a la bosónica onda cuántica y tipificada por el número primo 2, “colapsa” a dicha onda, haciendo aparecer, como consecuencia, a la(s) másica(s) discontinuidad-asimetría inherente(s) a cada uno de los dos componentes (0.5 o el “otro” 0.5) del par eléctrico mutuamente especular: fermión-antifermión. Y/o, a la inversa:

1/5= 0.2: 1/(5=Discontinuidad-asimetría inherente(s) a cada uno de los componentes del par eléctrico mutuamente especular: fermión-antifermión) = continuidad-simetría (0.2= 0.1+0.1)) de la onda cuántica, típica del bosón magnético. Dicho de otra manera: el proceso es mutuamente reversible y esto se sabe muy bien desde mediados del siglo XIX, cuando Faraday dejó claramente establecido que la discontinuidad-asimetría entre las cargas eléctricas “mide” (1/5), induce, a la continuidad-simetría (0.2= 0.1 y 0.1) entre las dos polares “cargas” magnéticas y/o a la inversa: que la continuidad-simetría entre los dos polos magnéticos, “mide”(1/2), induce, a la discontinuidad-asimetría (0.5 o el “otro” 0.5) entre las dos cargas eléctricas. Y ya atrás habíamos explicado cómo la UNIDAD puede TOTALIZAR este orquestado proceso de “auto-medición”, generándose así las mismísimas Vida y Consciencia, es decir: y-o = yo… ¡nosotros mismos…!

El lector podrá encontrar mayor profundidad para estas ideas en mi obra virtual ¿Hombre=Cosmos?, especialmente los capítulos 2 y 3 (página 20 y siguientes) y muy especialmente en los Epílogos 2 y 3, en los cuales, mis ideas y las de Penrose-Hameroff y otros, toman cuerpo en función de un....¡ Cósmico Ser Humano en espera de auto-realizarse...!!!


6.Publicado por Marcel Sicart el 08/05/2011 21:49

Para los interesados en el tema, les recomiendo la "Teoria del desdoblamiento del tiempo", pues según su autor Jean Pierre Garnier-Malet:

Por primera vez, la teoría del desdoblamiento permite calcular constantes universales (velocidad de la luz, constante de estructura fina). Define, explica, justifica el ciclo de precesión de los equinoccios (según la observación, siendo este ciclo el del desdoblamiento del tiempo). Prevee asimismo modificaciones en nuestro sistema solar al final de ese ciclo, por la llegada de planetoides, y fue publicado en el 2006 por el American Institute of Physics. En fin, trastornando toda nuestra noción del tiempo, pone sobre todo en evidencia una energía de intercambio de información particular entre pasado, presente y futuro en aperturas temporales imperceptibles.

Ahora bien, el ciclo de desdoblamiento del tiempo en nuestro sistema solar llega a su fin y esto puede conllevar conmociones planetarias. La llegada de estos planetoides en el lejano cinturón de Kuiper desencadena a la vez graves modificaciones en el cinturón de asteroides y violentas explosiones solares. Tampoco ignoramos la lluvia de meteoritos que se abate sobre la tierra y que va en aumento. Para compensar este aporte de masa, nuestro planeta reacciona con movimientos volcánicos cada vez más peligrosos. Todos estos intercambios de información, de masa, y, pues de energía, trastornan nuestro mundo cuyo clima cambia de manera brutal.

Entendiendo el éter y los intercambios de energía de información entre partículas en las aperturas temporales de los tres tiempos (pasado, presente, futuro) sería posible mejorar el equilibrio de nuestro planeta, sobre todo, cuando el final actual del ciclo de desdoblamiento hace permanentes estos intercambios.

Pueden encontrar mas información en:

http://www.garnier-malet.com/index_203.htm

7.Publicado por Carlos el 10/05/2011 17:14
Todo esto podría tratarse en una película cuyo guión estoy desarrollando: Las Nuevas Batallas de Dios. Resulta que Dios había estado tranquilo en su sitial, pero ahora parece que Adán le toca una de las puertas.Pero no la del Paraiso condenada con el furioso arcangel Miguel. No, es otra puerta. ¿Cómo la descubrieron? ¿En qué momento se coló tal información?,

8.Publicado por Cachi Quaglia el 10/05/2011 21:19
ENTONCES NO HABÍA LO EXISTENTE NI LO NO-EXISTENTE.
NO HABÍA REINO DEL AIRE, NI DEL CIELO, MÁS ALLÁ DE ÉL.
¿QUÉ HABÍA DENTRO Y DONDE?... ¿Y QUÉ DABA AMPARO? ¿HABÍA AGUA ALLÍ, INSONDABLE PROUNDIDAD DE AGUA?
NO HABÍA ENTONCES MUERTE, NI HABÍA ALGO INMORTAL, NO HABÍA ALLÍ NINGÚN SIGNO QUE DIVIDIERA LOS DÍAS Y LAS NOCHES.
ESE ALGO, SIN ALIENTO, RESPIRABA POR SU PROPIA NATURALEZA.
APARTE DE ESO, NO HABÍA NADA.

(De El Cántico de la Creación - Vedas X, 129)

9.Publicado por Cornelio Gonzalez el 11/05/2011 17:10

Para Carlos y Quachi Quaglia:

¿Dentro de todas las factibles posibilidades, no estará el hecho de que la "creación" del Universo y del Hombre sea más bien una "re-creación (el regocijo de...¡ volver a crear!) de algo que desde la misma Eternidad ya está "programado" (léase: el UNITARIO Código de los Números del Sistema de Numeración Decimal) y que una ─ yo diría: la única ─ de nuestras funciones como seres inteligentes sea precisamente la de desvelar, es decir, la de quitar el velo que por ahora y por ausencia de un genuino afán investigativo hace que todavía permanezca oculto el sentido profundo de lo que somos y de lo que nos rodea?. Al respecto es muy claro Hameroff:

"...La mayoría de la gente piensa que la conciencia surgió durante los eones como un subproducto de las mutaciones al azar y la complejidad inherente a la selección natural, pero yo lo veo al contrario. Creo que el ámbito fundamental de la experiencia proto-consciente ha estado incorporado todo el tiempo, desde el big-bang, a la escala de Planck, y que la biología se ha desarrollado y adaptado para poder acceder y conectarse a él. Cuando alguien medita o llega a “iluminarse”, lo que en realidad sucede es que se está moviendo más profundamente en ese reino cuántico. Si meditas y alcanzas lo que la gente llama la “nada”, en realidad no es que sea… nada. Creo más bien que se trata de la geometría del espacio-tiempo, con su sabiduría platónica. Si te mueves más profundamente en el tejido básico del universo, de hecho y cada vez más conscientemente, te conviertes en parte de él..."

10.Publicado por LarvaMaster el 12/05/2011 04:46
Articulo muy interesante.

todas las teorias que explican el universo son especulaciones. la de Hawkins, la de Penrose y claro está la religiosa. tienen todas la misma validez si uno lo mira con un ojo imparcial.

si las leyes que rigen el universo pierden su validez de eon a eon o de universo a universo. tenemos poco suelo para poder dilucidar algo.

como sea tenemos una restringida percepcion tanto sensorial como intelectual como para tener una certeza solo queda especular....

y como dije antes... Muy buen articulo.

11.Publicado por Cachi Quaglia el 12/05/2011 20:59
Jua jua jua, cuántos eruditos académicos tratando de hacer creer que saben algo usando artilugios lingüísticos y frases hechas memorizadas!....

12.Publicado por Cornelio Gonzalez el 13/05/2011 20:37

Cachi Quaglia: Tal parece que estas normas que aparecen en el libro de de tu maestro: "El mensaje de Silo" no cuentan contigo:


II. DISPOSICION PARA COMPRENDER:

1. Sé cómo te sientes porque a tu estado puedo experimentarlo pero tú no sabes cómo se experimenta lo que digo. Por consiguiente, si te hablo con desinterés de aquello que hace feliz y libre al ser humano, vale la pena que intentes comprender.
2. No pienses que vas a comprender discutiendo conmigo. Si crees que contrariando esto tu entendimiento se aclara puedes hacerlo pero no es ése el camino que corresponde en este caso.
3. Si me preguntas cuál es la actitud que te conviene, te diré que es la de meditar en profundidad y sin apuro lo que te explico aquí.
4. Si replicas que tienes cosas más urgentes en qué ocuparte, responderé que siendo tu deseo dormir o morir, no haré nada para oponerme.
5. No argumentes tampoco que te desagrada mi modo de presentar las cosas porque eso no dices de la cáscara cuando te agrada el fruto.
6. Expongo del modo que me parece conveniente no del que fuera deseable para quienes aspiran a cosas alejadas de la verdad interior.

13.Publicado por Cornelio Gonzalez el 29/05/2011 01:46

Estas aparentemente revolucionarias ideas de unos universales, eternos y creadores-aniquiladores-creadores….. ciclos de tiempo, no son de exclusiva producción de nuestros modernos sabios. Nos dice Wikipedia sobre la antigua doctrina hindú que predica de la adoración al dios Visnú o Vaisnavismo:

“…Lila/Lillah (del Sánscrito Leela) es un concepto dentro del Hinduismo que significa literalmente 'juego' u 'obra teatral'. Es común a las escuelas filosóficas no dualistas y dualistas, pero tiene un significado diferente en cada una. En el dualismo, Lila es una forma de describir toda la realidad, incluyendo el cosmos, como resultado de la obra teatral creativa del Divino Absoluto o Brahmán En las escuelas dualistas de Vaisnavismo, Lila simplemente se refiere a las actividades de Dios y sus creyentes, a distinción de las actividades comunes del karma…”

Al respecto, un buen amigo de Argentina me ha enviado un interesante correo con esta cita*:

En el Bhagavad Gita, el dios Krishna describe este rítmico juego de la creación con las siguientes palabras: “Al final de la noche de los tiempos, todas las cosas vuelven a mi naturaleza; y cuando el nuevo día de los tiempos comienza, las saco de nuevo a la luz. Así, a través de mi naturaleza, hago nacer a toda la creación, la cual gira en los ciclos del tiempo. Sin embargo yo no estoy ligado a este vasto trabajo de la creación. Yo soy, y observo el drama de su funciona¬miento. Yo vigilo, y en su función creadora, la naturaleza hace nacer todo aquello que se mueve y todo lo que no se mueve y así el mundo sigue girando.”

¿No son estas casi que exactamente las mismas ideas de Penrose y también una aplicación/explicación de la matriz numérica auto-coordenada complejamente, que inicia y desarrolla a la Microondulatoria Radiación de Fondo Cósmico de los 3° Kelvin, la cual lleva en sí la temporal impronta de los eónicos sucesos de creación-aniquilacion-creación... de sucesivos universos y que responde a las siguientes aritméticas igualdades que he descrito en los comentarios 4 y 5 cómo: 3° Kelvin= 3/(3x7x13)= 1/91= los infinitos ciclos decimales 0.010989..010989…?

……………………………………………………………………

*http://oldcivilizations.wordpress.com/2010/08/27/la-fisica-moderna-%C2%BFdebe-algunos-de-sus-conceptos-a-civilizaciones-remotas/

14.Publicado por Mariano el 13/12/2011 09:47
Las teorías del tipo de Hawking, Penrose, etc, no tienen una base científica, es decir, no se basan en pruebas experimentales contrastadas, pues son meras imaginaciones que pueden pasar por ciencia ficción.
Preocuparse por diseñar una forma de la generación del universo es perder el tiempo. No hay ni se pueden hacer pruebas de lo que ocurrió.
Toda teoría tiene que basarse en pruebas físicas reales. Toda teoría física aceptable tiene que solucionar y dar respuesta a los nuevos descubrimientos cuya interpretación no es posible con las teorías vigentes.
Tal es el caso de la Teoría de la Relatividad.
Los científicos no se atreven a decirlo, pero la relatividad es incompleta y debería encontrarse una teoría alternativa.
En el libro "La materia, energía oscura" de la que se ha publicado un artículo en Internet con el título :
"La-materia-es-en-realidad-energía-oscura" , se puede encontrar una teoría alternativa en la que no se considera válido el principio de la constante universal de la velocidad de la luz, pues se presenta una alternativa que explica los mismos experimentos que sirvieron a Einstein, y da respuesta a los nuevos descubrimientos, a los que la relatividad no puede explicar.
Saludos

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